“Sé que la mayoría ha creído que Cayo (Calígula) imaginó este puente para rivalizar con
Jerjes, el cual provocó una gran admiración cuando cubrió de forma similar el
Helesponto, que sin embargo es bastante más estrecho; y que según otros, su
intención era atemorizar con la fama de alguna obra grandiosa a los germanos y
britanos, a los cuales hostilizaba. Pero cuando yo era niño, oía contar a mi
abuelo que el motivo de esta obra, revelado por los esclavos personales del
emperador, habían sido las palabras del astrólogo Trásilo a Tiberio, cuando se
hallaba angustiado a propósito de su sucesor y más inclinado hacia su verdadero
nieto, asegurándole que Cayo (Calígula)
tenía tantas posibilidades de ser emperador como de recorrer a caballo el golfo
de Bayas”.
Suetonio.
Vida de Calígula. 19, 3
Golfo de Pozzuoli con Baya a la izquierda y Pozzuoli a la derecha
En mayo del año 40 a.C.
(según Séneca la fecha más acertada), Calígula llegó a las afueras de Roma tras
su periplo de viajes por Germania y la Galia. Para sorpresa de todos no entró
en la ciudad, sino que se dirigió hacia el sur rumbo a la bahía de Nápoles,
donde puso en marcha uno de los espectáculos más impactantes de su Principado:
un inmenso puente para unir Puteoli (el puerto más grande de Italia, actual
Pozzuoli) con Bayas (un célebre lugar de ocio), durante un recorrido de más de
5 kilómetros de mar.
Para conseguirlo confiscó barcos mercantes en todo el
Mediterráneo, los unió y creo un gran puente de pontones a lo largo del cual se
habían amontonado grandes pilas de tierra y se habían construido estaciones de
servicio con agua corriente para que asemejara la Via Appia.
El Puente de Calígula. Ferdinando Roberto. Principios del siglo XIX
Al llegar a Bayas, el
emperador ofreció sacrificios a Neptuno (dios del mar) y a la Envidia. Ataviado
con la armadura que se dice había arrebatado al cadáver de Alejandro Magno y
capa dorada, con la cabeza coronada por hojas de encina, cabalgó a lomos de su
caballo bajo el sol estival resplandeciendo como un dios, seguido de una hilera
de soldados totalmente uniformados a pie y a caballo. Calígula quería demostrar que era el señor no sólo de todo el orbe, sino también de los
mares.
El mundo jamás había
visto algo así, por lo que una multitud se agolpó en la costa para contemplar
extasiada la tremenda puesta en escena llevada a cabo por el emperador.
¿Pero que pretendía
Calígula con algo así?. En primer lugar, con el eco de las palabras de Trasilo
resonando en sus oídos, volver a demostrar que para él, dueño del mundo, todo
era posible.
Probable estatua de Calígula a caballo. Siglo I d.C. Londres. Museo Británico
En segundo lugar,
ridiculizar una vez más al Senado y a las tradiciones de Roma, pues en vez de
contentarse con celebrar un triunfo tras su vuelta del Norte a la manera
tradicional, optó por esta forma de celebración donde no estuvieran presentes
senadores ni magistrados algunos. Sólo se rodeó de los pretorianos y de sus
mejores amigos. A su lado, para demostrar su supremacía universal, cabalgaba un
príncipe parto como rehén.
Cuando anocheció, se
encendieron grandes hogueras que iluminaban a los hombres que habían
participado en el desfile mientras se celebraban banquetes en los barcos
atracados a lo largo de todo el puente.
Para aumentar la diversión, Calígula, cuando hubo bebido y comido cuanto quiso,
arrojó a algunos de sus acompañantes al mar, al mismo tiempo que ordenó que unos barcos
fueran embestidos por otros.
Aún en el siglo XVIII se
conservaban restos del puente, que algunos historiadores tachan como una idea
innovadora y visionaria para acercar ambos polos del Golfo, independientemente del motivo que animó al emperador a levantarlo.
Tras haber demostrado a
los nobles los irrelevantes y aburridos que eran frente a él que era capaz de
cabalgar sobre el mar, lleno de euforia decidió regresar a Roma.
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