lunes, 16 de diciembre de 2013

Los Idus de marzo

Cayo Julio César. Roma 2011

 No concibo empezar ningún relato sobre Augusto sin hablar del día que cambió no sólo su vida, sino el devenir de la historia romana y, probablemente, con ella el de toda la humanidad, el 15 de marzo del año 44 a.C.
Ese día, las 23 puñaladas que acabaron con la vida de Cayo Julio César, una de las mentes más brillantes de la Historia, al mismo tiempo aniquilaron definitivamente aquello que los que se llamaron asimismo “libertadores” pretendían salvar, la República romana. Y el mundo cambió para siempre.
Mucho se ha debatido sobre las causas que motivaron la conspiración que culminó con la muerte de César: sociales (temor al final de la República y con ello a los privilegios de la nobleza), patrióticas (miedo a que se coronara rey y trasladara la capital del imperio lejos de Roma), políticas (acabar con la tiranía que suponía la acumulación de poderes en la persona de César, nombrado Dictador vitalicio de Roma), etc…en resumen, motivos de interés general. Pero interés general, ¿para quién?. El pueblo y las legiones adoraban a César. De su muerte sólo se beneficiaba parte del patriciado, enrabietados porque César les había masacrado en el campo de batalla lo que a ellos les supuso una merma en sus privilegios; mortificados porque debían su vida y su bienestar a la clemencia de César. De ahí que a estos, se unieran otros motivos, no tan heroicos, tales como la envidia, la sensación de sentirse pequeños ante un hombre con un magnetismo y carisma capaz de arrastrar a sus legiones a cualquier objetivo que él marcara, de seducir a la mayoría de mujeres romanas de más alta alcurnia, incluidas las esposas de sus enemigos e incluso enamorar con 52 años a una adolescente reina Cleopatra de tan sólo 21; un hombre con una voluntad y determinación de hierro, de la que ellos mismos carecían como demostraron después de perpetrar el magnicidio, pues al ver a César ensangrentado y desecho huyeron aterrorizados a esconderse, no siendo capaces ni siquiera de cumplir su plan original, en el que se incluía arrojar el cuerpo de César al Tíber, como solía hacerse con los peores criminales.
Y ese fue su gran error…pues cuando el pueblo constató la realidad, ya no hubo marcha atrás para ellos. Marco Antonio, cuyo conocimiento del complot para asesinar a su general, primo segundo y amigo, aún suscita dudas, aprovechó la situación y demostrando una gran inteligencia supo beneficiarse de la situación, y  pronunció en el funeral de César en el Foro Romano, el discurso de su vida, versionado por William Shakespeare en su obra Julio César cuyo momento culminante fue aquel en el que arrojó la toga ensangrentada de César a un populacho que hasta ese momento había permanecido incrédulo y silencioso y que enloqueció con ese gesto. La multitud improvisó una gran hoguera con todo lo que cogían a su paso y quemaron el cuerpo del líder en uno de los lugares más sagrados de la ciudad eterna: en el centro del Foro Romano. Desde ese momento los asesinos fueron acusados de traición y escaparon de Roma en dirección a Oriente para nunca más volver a la ciudad que habían pretendido salvar y que desde aquel instante los cubrió con el velo negro de la indiferencia.
Para ellos el olvido… y para César un pasaje directo a la inmortalidad. A los 3 años de su muerte fue deificado, por voluntad del Senado y el pueblo, y en el mismo lugar donde fue quemado, se erigió un altar y un templo, el templo del divino Julio, que estuvo al culto hasta la caída del Imperio romano de occidente en el siglo V d.C. y que aún hoy puede contemplarse siempre cubierto de flores, ofrendas eternas del pueblo romano que tanto lo amó.                       

Altar de César en el Foro Romano. 29 a.C. Roma 2013

4 comentarios:

  1. La tan cacareada clemencia de César es dudosa cuando permitió que se masacraran 10.000 prisioneros romanos tras la batalla de Tapsos e hizo cortar la cabeza al hijo de Pompeyo. En una ocasión, cuando el pueblo protestó por el despilfarro de uno de sus triunfos, hizo que una docena de manifestantes fueran ejecutados en el altar de Marte.
    Se ha criticado que Bruto y Casio solo defendían los privilegios de una minoría. De ser así, porque hombres como Trebonio (general de César de humilde cuna) se unieron a ellos? Cabe preguntar si César era tan "magnético" cuando sus generales (Décimo Bruto, Trebonio y según algunos, Antonio) le asesinaron o no hicieron nada para impedirlo.

    ¿Porque sus legionarios (que fueron veteranos de César) lucharon por Bruto y Casio con tal ferocidad en Filipos, si solo defendían una minoría?

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    1. Muy interesantes tus observaciones Robert. La historia afortunadamente no es una disciplina cerrada sino que admite tantos matices como interpretaciones se puedan hacer de un mismo hecho. Está claro que para entender a cualquier gobernante de la antigüedad debemos trasladarnos a la mentalidad de la época; según mi opinión tanto César como Augusto si lo comparamos con muchos otros son de los menos malo, pues su actitud ante muchas situaciones y el legado tan impresionante que nos han dejado los redime en parte. César cometió muchos actos difíciles de entender hoy en día por personas civilizadas no sólo los que has mencionado sino, muchos más, como la masacre en las Galias o la crucifixión de los piratas que lo habían secuestrado, pero también es cierto que es de los únicos dictadores que conozco que perdonara la vida a nadie que hubiera osado enfrentarse a él.
      No puedo negar que me encanta César y que me emociona hasta las lágrimas ver, más de dos mil años después de su muerte, su altar en el Foro romano siempre cubierto de flores o, en los idus de marzo, contemplar las ofrendas a los pies de su escultura junto a los restos del templo de Venus Genitrix ¿no es eso devoción por parte del pueblo romano?; evidentemente también ha tenido muchos detractores y es cierto que en la guerra la fidelidad va muchas veces en función de quien paga mejor. Pero a algunas de tus preguntas contestó con otra ¿por qué Casio, Bruto y los demos asesinos abandonaron Roma apresuradamente y no volvieron jamás?. Puedo comprender que cada uno defendiera sus ideales que pueden ser más o menos nobles, lo que no puedo perdonar a los asesinos de César es que acorralaran y atacarán de ese modo tan brutal, por la espalda, de un modo tan poco romano a un hombre indefenso y desarmado de 56 años. Gracias por tu interés.

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  2. Les "perdonó" porque les necesitaba. Para tener un Senado con oposición de cartón piedra. Para no parecer un nuevo Sila (aunque reconozco que no era tan sanguinario como Sila. Octavio si lo fue).

    Abandonaron Roma porque los veteranos de César y la chaquetería de Antonio no les dejaban otra opción. Reconozco además que el Senado se había hecho muy impopular antes.

    Sobre lo de dejar flores, te diré que también las dejaban ante la tumba de Nerón.

    Teniendo en cuenta que César era el hombre más poderoso del mundo, con legiones enteras a su mando, con un Senado lleno de sus partidarios, no creo que matarle fuera de cobardes.
    Creían que asesinarlo era la única forma de librarse de él. ¿Qué iban a hacer sino, desafiarlo a un duelo? ¿Derrotarlo en las elecciones? No habría elecciones. Cobardía habría sido emboscarlo por la noche o asesinarlo en su cama durmiendo y luego ocultarse. Ellos eran de los pocos que podían acercarse tanto a él sin desperar sospechas. Y César había echado a sus líctores hacia poco. Era entonces o nunca. Lo hicieron en público y sin ocultarse.
    No dudo que hubiera gente en Roma que lo apreciara. Pero ten en cuenta que después de la guerra civil, sus disidentes habían quedado arrambados y dispersados, y su fama había crecido mucho.
    De haber luchado sus hombres solo por dinero, lo hubieran traicionado tras la muerte de Casio. Por dinero uno no lucha hasta la muerte. Luego parte de los supervivientes siguieron la lucha, uniéndose al joven Pompeyo. Otros se pasaron a los Triunviros.

    César tampoco era un vejete desvalido. Solo dos años antes habia luchado cuerpo a cuerpo en Munda.

    Él no tuvo empacho en invadir una Italia indefensa. En dejar sin un sestercio al hijo de Pompeyo tras haber llorado hipócritamente la muerte de su padre. O a los hijos de Catón. En dejar morir de hambre miles de mujeres galas. ¿Porqué iban a mostrar clemencia con él? El primer Bruto y Servilio Ahala también asesinaron tiranos por sorpresa, y se les consideraba héroes.

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    1. Realmente puedo darte la razón en algunas cosas; es cierto que la historia la escriben los vencedores y que la idea que hoy tenemos de los “buenos” o “los malos” en general en los hechos de aquellos años es la que vendió el gran vencedor, que no fue otro que Augusto, uno de los mayores propagandistas de la historia y cuando hizo falta manipulador sin escrúpulos. También es cierto que Shakespeare ha influenciado bastante en la idea que tenemos de César, Antonio y Cleopatra a veces en perjuicio injustamente del mismo Augusto, que siendo el pilar fundamental sobre el que se sustentó el Imperio Romano es tratado como un personaje secundario en esas obras.
      No sé si ha estado en Roma, pero la ciudad hoy en día es un reflejo de lo que Augusto hubiera querido, o sea una oda a los Julio, algo que se aprecia incluso en el cuidado y promoción de las obras vinculadas a ellos. La ciudad dedica calles a todos sus héroes, incluido los republicanos como Catón, Cicerón…; sin embargo hasta ahora no me he encontrado nunca con una calle dedicada a Casio o a Bruto ni siquiera a Marco Antonio.
      En cuanto a las flores de César, me refiero en la actualidad, 2000 años después, probablemente sea por lo que te refiero arriba, pues el mismo Augusto se encargó de difundir el culto al divino Julio, algo que le favorecía mucho a él, considerado “hijo de un dios”.
      En cuanto a la muerte, siendo cierto todo lo que dices pues César era un portento físico, no puedo estar de acuerdo contigo, pues el considerado por muchos, el más grande entre los romanos, no merecía morir de la misma manera que un impresentable como Calígula; me encanta la época republicana, y por eso puedo admirar la brillantez de Cicerón, el honor infranqueable de Catón, incluso la ingenuidad de Bruto al no querer acabar con Marco Antonio y los más leales seguidores de César, pero no puedo aprobar esa forma de acabar con lo que ellos consideraban un tirano; si tenían tantos seguidores y apoyos como defiendes deberían haberse reorganizado con las armas para luchar la República pues al final su gesto no sirvió para evitar nuevas guerras.

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