lunes, 3 de febrero de 2014

Fragmento del Ara Pacis Augustae

13-9 a.C. París. Museo del Louvre


Ara Pacis Augustae. Roma 2013
No me voy a extender sobre el maravilloso Altar de la Paz que el Senado decretó a Augusto en el 13 a.C a su vuelta de las campañas que supusieron la pacificación de Hispania y Galia porque hablaré de él ampliamente en la sesión Un paseo por la Roma de Augusto. Los relieves del Ara Pacis son la máxima expresión del relieve histórico romano. En sus frisos, sobre una decoración vegetal sin precedentes, se representa la procesión de la familia imperial y de los senadores, y su valor histórico y artístico es incalculable. Sin embargo, aquí comentaré un fragmento del mismo que se expone en el Departamento de Antigüedades griegas, etruscas y romanas del Museo del Louvre y que es una de las piezas expuestas en la Exposición del Quirinale.
Me emocionó particularmente la contemplación de este fragmento del friso septentrional que volvía por primera vez a Roma desde que saliera de allí en siglos anteriores. En el siglo XVI empezaron a redescubrirse los primeros restos del Ara Pacis. Al desconocerse su origen, las piezas fueron vendidas a museos de toda Italia y del extranjero. En 1895 las obras en un Palacio romano sacaron a la luz nuevos y espectaculares fragmentos que en 1093 Friedrich Von Duhn reconoció como los del Altar dedicado a la Pax Augusta del que hablaba el emperador en sus memorias. En 1937, coincidiendo con el bimilenario del nacimiento de Augusto se concluyeron las excavaciones. Mussolini obligó a la mayoría de los museos que albergaban fragmentos del mismo a devolverlos a Roma, inaugurando la reconstrucción del Altar el mismo día del cumpleaños del Príncipe. No consiguió recuperar los fragmentos de París y Viena.
Éste en concreto del Louvre es particularmente significativo porque en él se han identificado las dos mujeres más importantes de la vida de Augusto: su esposa Livia  y su hermana Octavia (portando en su mano izquierda una rama de laurel), ya fallecida en el 9 a.C., año en que se inauguró el Ara. Además de ellas, aparecen cinco personajes adultos y dos niños, la niña, es probablemente Julia Menor, nieta de Augusto.

Fragmento Ara Pacis del Museo del Louvre

       Siguiendo a la figura identificada como Octavia aparece una mujer anciana con la cabeza cubierta que se tapa la cara con el borde del manto. Es una alegoría de la muerte, que viste duelo por la hermana del Príncipe desaparecida 2 años antes.
Muy discutido ha sido el hecho de que Livia no aparezca representada junto a su esposo, inmortalizado en el friso meridional seguido muy de cerca por su yerno y amigo Agripa, su hija Julia y el hijo mayor de ambos Cayo César. Según apuntan puede deberse a que Livia no le había dado herederos, mientras que Julia era quien había asegurado la sucesión del Imperio a través de sus hijos.
Independientemente de su belleza y simbolismo, lo que me ha conmocionado es ver en un museo una pieza que debería estar ubicada en su lugar original. Al visitar el monumento esa misma tarde el hueco sin su presencia se hizo más intenso. Es muy triste para los que amamos el arte este tipo de circunstancias porque en este caso concreto no se trata de una escultura exenta o una pintura que puede exhibirse en cualquier lugar. Se trata de una pieza de un puzzle único que por las vicisitudes de los siglos se expone en un lugar descontextualizado y frio, en la que la mayoría de visitantes del Louvre, ansiosos en contemplar la sonrisa de la Gioconda, ni siquiera reparan. Es execrable la política de este museo y del Museo Británico de Londres, que a falta de riqueza arqueológica propia nutren sus colecciones del expolio del legado de las ciudades cuna de civilizaciones legendarias, la mayoría de las veces sacado de sus países de origen de una manera ilegal o aprovechando períodos bélicos o gobiernos totalitarios. El legado de la ciudad de Roma es de los romanos no existiendo mejor custodia para el mismo que la propia Roma. Espero que las autoridades italianas puedan algún día recuperar éste y los restantes fragmentos y que las generaciones venideras puedan contemplar el Ara Pacis en todo su esplendor tal y como lo vio Augusto.


Fragmento en su lugar de exposición en el Museo del Louvre

Friso septentrional del Ara Pacis

Reconstrucción del Friso septentrional del Ara Pacis con el fragmento del Louvre


No hay comentarios:

Publicar un comentario