domingo, 17 de julio de 2016

La religión en tiempos de Augusto


Augusto Pontifex Maximus. Siglo I d.C. Museo de las Termas. Roma 2013

          A finales de la República las clases inferiores romanas seguían venerando a los dioses tradicionales mientras que las clases superiores se volvían cada vez más agnósticas y se volcaban en la filosofía antes que en la religión. En este sentido el estoicismo fue la corriente que tuvo mayor aceptación. No obstante, las escuelas filosóficas no excluían la existencia de los dioses.


Escuela de Atenas. Rafael Sanzio. 1509. Roma. Museos Vaticano. Stanza della Signatura

Si embargo, en los convulsos últimos años de la etapa republicana, el gobierno romano inmerso en numerosos conflictos políticos descuidó las prácticas religiosas. Nadie prestaba atención a los templos, cada vez más deteriorados. A esto se sumó la desazón provocada por la sucesión de guerras civiles que hizo nacer la fuerte creencia popular de que los dioses estaban enojados. Horacio expresó muy bien este sentimiento en su Oda III: “Aunque tú, romano, no tienes la culpa, habrás de pagar por las faltas de tus antepasados hasta que reconstruyas los templos y los desmoronados santuarios de los dioses, y sus estatuas, manchadas por el negro humo. Los descuidados dioses han cubierto de males a la enlutada Italia”.
Seguramente Augusto compartió ese sentimiento por lo que abanderó la resurrección de los antiguos cultos y edificios religiosos. En sus Res Gestae Divi Augusti se jactaba de haber restaurado 82 templos. Y no sólo, sino que construyó otros nuevos entre los que destacan el Templo de Marte Vengador, el Templo de Apolo Palatino y el maravilloso Panteón de Agripa.


Panteón de Agripa. Siglo II d.C. Roma 2011

Para cubrir las vacantes de vestales tuvo que admitir, aún a su pesar, a jóvenes hijas de libertos, debido a la falta de candidatas entre las familias nobles. También recuperó el complicado cargo de flamen dialis vacante desde los tiempos de Sila.
Así y todo, los cultos extranjeros siguieron teniendo gran aceptación en la ciudad del Tíber. Aunque Augusto observaba con recelo a la mayoría de ellos, él mismo estaba iniciado en el de Eleusis. Sin embargo, no aprobaba las prácticas druídicas que incluían sacrificios humanos prohibiendo a los ciudadanos romanos participar en ellas. También le desagradaba enormemente la religión egipcia, aún incluso cuando en el país del Nilo él mismo era venerado como un dios. Tomó medidas contra el culto a Isis y Serapis, prohibiendo su adoración dentro del pomerium sagrado. Aún así como siguieron teniendo gran éxito, Agripa en el 21 a.C. los prohibió en el radio de una milla más.

Templo de Isis. Pompeya 2013

No obstante con los judíos Augusto se mostró benévolo pues les permitió practicar su culto sin impedimento alguno, e incluso enviar dinero a Jerusalén al mismo tiempo que castigaba como sacrilegio el hurto o daño a sus objetos sagrados. Al final de su vida parece que el emperador retiro su favor al pueblo judío cuando Herodes cayó en desgracia, si bien nada parece indicar que perdiera sus privilegios religiosos.

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