martes, 3 de junio de 2014

Octavia, Señora de Roma

Octavia. Siglo I a.C. Roma. Museo de las Termas

Octavia, la hermana de Augusto, es sin lugar a dudas el personaje que más me conmueve de todos los que lo rodean. Leal, honesta, siempre al servicio de Roma y de su hermano, defendió los intereses de su marido, Marco Antonio, aún cuando éste la había repudiado y humillado ante todo el mundo. Mujer de grandes valores y nobleza de espíritu reunía todas las virtudes de las tradicionales matronas romanas.
Octavia Menor nació el 69 a.C., por tanto era 6 años mayor que Augusto. Ambos tenían una hermanastra, Octavia Mayor, fruto de un matrimonio anterior de su padre. Los dos más pequeños estaban muy unidos, mucho más de lo que era frecuente en la estricta sociedad romana. Sin embargo, el futuro emperador y Octavia nunca ocultaron el gran afecto mutuo que se profesaban.
La joven tuvo una infancia feliz en Velletri. En el 54 a.C fue dada en matrimonio a Cayo Claudio Marcelo, un miembro distinguido de la poderosa gens Claudia, 20 años mayor que ella. Con anterioridad Julio César (que era su tío abuelo) la había ofrecido a Pompeyo como esposa. Éste, que acababa de enviudar de Julia (la hija de César) rechazó la oferta. De haberse producido el matrimonio quizás hubiera podido evitarse una guerra civil. A pesar de que Marcelo era contrario a César, el dictador lo perdonó y su joven sobrina vivió un matrimonio más o menos feliz. De esta unión, Octavia tuvo tres hijos: las dos Marcela y en 43 a.C., el que sería la gran alegría de su vida, el único varón que trajo al mundo, Marco Claudio Marcelo. Durante este período prestó ayuda a muchos de los condenados por las proscripciones ordenadas por el triunvirato, de ahí el amor y la admiración que todos sentían por ella.
En 41 a.C, a la edad de 29 años y embarazada de su tercera hija se quedó viuda. Sin embargo, ese mismo año por decreto senatorial casó en segundas nupcias con Marco Antonio en un matrimonio que debía consolidar la posición del triunvirato. Marco Antonio acababa de enviudar de su esposa Fulvia al mismo tiempo que había abandonado a Cleopatra, que había dado a luz a sus gemelos, fruto del invierno que habían pasado juntos en Alejandría. Octavia se convirtió en la mujer más poderosa de su tiempo, al ser hermana y esposa de los dos romanos más influyentes de su tiempo. El matrimonio fue acogido y celebrado por Roma con gran júbilo pues significaba el triunfo de la paz.

Moneda con Marco Antonio en el anverso y Octavia en el reverso

Entre el 40 y el 36 a.C., la nueva pareja vivió en Atenas junto con los tres hijos de ella y los dos de él. ¿Fue una unión feliz?. No hay nada que indique lo contrario. A pesar de la diferencia de caracteres, Antonio era un hombre que sabía satisfacer a cualquier tipo de mujer mientras que Octavia era considerada una de las mujeres más hermosas del mundo, mucho más que la reina Cleopatra. Por otro lado, su carácter paciente y dulce aportaba al triunviro una estabilidad y serenidad de la que nunca había disfrutado. Los cuatro años que estuvieron juntos mostraron al Marco Antonio más centrado y volcado en sus tareas de gobierno. La mediación de Octavia entre los dos triunviros otorgó un período armonía al mundo romano. Del matrimonio nacieron dos hijas: Antonia Mayor (abuela de Nerón) y Antonia Menor (madre de Claudio).
Pero un espíritu lujurioso como el de Marco Antonio no podría ser dichoso eternamente junto a la virtuosa Octavia. Por ello, y ante algunas divergencias surgidas con su cuñado Octavio (que Octavia logró aplacar en parte consiguiendo la renovación del triunvirato en Tarento), Antonio abandonó a su esposa romana y volvió a los brazos de Cleopatra.
            No obstante, Octavia continúo viviendo en Atenas fiel a su marido y al cuidado de los 7 niños a su cargo. En el 35 a.C., deseando reconciliarse con su esposo partió tras él con dinero y tropas para su campaña contra los partos. Éste le ordenó dejar los pertrechos para la guerra en Atenas y volver a Roma. Al llegar allí, Octavia rechazó la propuesta de su hermano de vivir con él y se instaló con sus hijos y los de Antonio en la casa de aquel, permaneciendo leal a sus intereses como una buena esposa romana. Residió allí hasta que en el 32 a.C. Antonio se divorció de ella y le exigió abandonar su casa. Aún así Octavia llevó con ella a los hijos de Antonio y Fulvia a los que continuó educando junto a los suyos propios. Humillación tras humillación, Octavia jamás mostró deslealtad ni rencor hacia su marido. Su nobleza no tenía fin, hasta tal punto que tras la batalla de Accio (que supuso en el 31 a.C. la muerte de Marco Antonio y Cleopatra), acogió también a los pequeños hijos de aquella funesta unión.

Octavia

            Cuando Augusto se hizo con el poder absoluto, Octavia (que no volvió a casarse) vivió los años más felices de su vida dedicada en exclusiva al cuidado de la numerosa prole a su cargo y, en especial a Marcelo, su hijo más querido, al que vio convertirse en un espléndido adolescente adorado por el mismo Príncipe. De hecho, éste aunque no lo adoptó como hijo lo casó en el 25 a.C. con su única hija Julia, lo que suponía considerarlo su heredero por delante de los hijos de su esposa Livia. Augusto nunca ocultó la debilidad que sentía por su joven sobrino, y al igual que César había hecho con él, Marcelo lo acompañaba en casi todos los actos públicos al mismo tiempo que lo cubrió de honores, quizás desmedidos para su corta edad, como desfilar con tan sólo 12 años a su derecha en el triunfo celebrado tras la victoria de Accio. A causa de Marcelo, tuvo Augusto las únicas desavencias con Agripa, a quien le costaba digerir los excesivos mimos y atenciones que aquel dedicaba al muchacho.

Marcelo. Siglo I a.C, París. Museo del Louvre

Sin embargo, este momento dichoso de Octavia se vio truncado funestamente en el 23 a.C. debido a la repentina e inesperada muerte del joven causada probablemente por una epidemia que asolaba Roma ese año. Y entonces el alma de Octavia que  había soportado durante su vida tristezas de todo tipo se rompió en mil pedazos. La muerte de Marcelo la sumió en una profunda depresión de la que nunca se recuperó; vistió luto el resto de su vida, se alejó de la vida pública e incluso evitaba encontrarse con su hermano viviendo en soledad y amargura los últimos años de su existencia hasta su muerte acaecida en el 11 a.C.
 Un último sacrificio de Octavia por Roma fue consentir que su hija Marcela Mayor se divorciara de Agripa a fin de que éste pudiera casarse con la viuda Julia, hija de Augusto. Para la posteridad queda el momento en que Virgilio ofreció una lectura privada de su Eneida a la familia imperial; al pronunciar los bellísimos versos dedicados al desafortunado Marcelo, Octavia se desmayó delante de todos.
“Y entonces Eneas, que a su lado marchar veía a un joven de hermoso aspecto y armas brillantes, mas ensombrecida su frente y los ojos en un rostro abatido, preguntó ¿Quién padre, es aquel que así acompaña el caminar del héroe? ¡Qué estrépito forma su séquito! ¡Qué talla la suya! Pero una negra noche de triste sombra vuela en torno a su cabeza. A lo que el padre Anquises sin contener las lágrimas repuso:. ¡ay, hijo! No preguntes por un gran duelo de los tuyos; los hados lo mostrarán a las tierras solamente y que más sea no habrán de consentir. ¡Pobre muchacho, ay! Si puedes quebrar un áspero sino, tú serás Marcelo. Dadme lirios a manos llenas, que  he de cubrirlo de flores” (Eneida. Virgilio. Libro VI).

Octavia se desvanece en el regazo de Augusto durante la lectura de la Eneida. Musee Toulousse

Por primera vez en su vida el dolor desgarrado de una madre se impuso al rígido protocolo de la familia imperial en una muestra más de la gran humanidad de Octavia, quien agradecida al poeta, le donó diez mil sestercios por los conmovedores versos. Éstos, junto al maravilloso teatro que su tío le dedicó, han perpetuado la memoria de Marcelo hasta nuestros días.
            ¿Y cómo era Octavia en realidad?. Los escasos retratos fiables que de ella se conservan y las fuentes nos muestran a una mujer bellísima, de delicadas facciones y exquisita elegancia. Su carácter virtuoso se reflejaba en su manera de vestir, recatada y al antiguo estilo romano. Mujer innovadora, puso de moda el nodus, primer peinado femenino romano que se conoce. Consistía en una especie de tupe sobre la frente, el resto del cabello se recogía en un moño realizado a base de trenzas sobre la nuca; a ambos lados de la cabeza se dejaban dos mechones ahuecados mientras que el resto del pelo se fijaba muy tenso. Este peinado reforzaba su imagen de castidad. Por ello, su cuñada Livia lo copió y universalizó aunque con algunas variaciones.

Peinado nodus en Octavia

            Se ha hablado mucho sobre una posible rivalidad entre las dos mujeres, lo que no es de extrañar sobre todo por parte de Livia. Un carácter tan bondadoso y altruista como el de Octavia es difícil que se dejara gobernar por bajas pasiones. Sin embargo, alguien tan temperamental y controlador como Livia, probablemente sentía celos de la gran influencia de su cuñada sobre su esposo, del amor que le tenía a Octavia el pueblo romano, de la importancia de aquella en la situación política, de las atenciones de Augusto a Marcelo en detrimento de sus hijos….No obstante, la emperatriz era demasiado inteligente para dejar aflorar esos sentimientos y siempre apoyó al Príncipe en todas sus decisiones; de ahí la devoción incondicional que aquel le profesaba. Sólo la pérdida de Marcelo llevó a Octavia a sentir rencor hacia Livia, ante la suerte de ésta de poder disfrutar de sus dos hijos.

Livia y Octavia. Copias de esculturas en mármol en el Museo del Ara Pacis
Roma. 2013

Octavia recibió grandes honores por parte de su hermano: fue la primera mujer romana cuyos retratos se exhibieron en lugares públicos así como el primer rostro femenino que se esculpió en una moneda. Además, Augusto le dedicó el  Pórtico que aún hoy lleva su nombre junto al teatro dedicado a su hijo. Octavia y Marcelo permanecerían unidos para siempre en su sepultura en el Mausoleo de Augusto, tal y como demuestra la lápida que compartían encontrada en su interior y que aún se conserva. El último anhelo cumplido de una mujer extraordinaria.


Pórtico de Octavia. Roma 2013

Epígrafe de Marcelo y Octavia

4 comentarios:

  1. Grandísimo blog y una gran aportación sobre una mujer importantísima de la Roma de Augusto.

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    1. Muchas gracias por leerme...la verdad que Octavia fue una gran mujer y de gran relevancia en una época en la que las mujeres pintaban poco. Es conmovedor el gran cariño que se profesaron ella y su hermano, lo que también era muy poco habitual en aquellos años en que demostrar los sentimientos eran vistos como un signo de debilidad.

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  2. Muchas gracias! Octavia fue la matrona romana por excelencia y mejor persona aún. Un saludo

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