viernes, 25 de septiembre de 2015

Druso, el último romano

Druso. Siglo I. Nápoles. Museo Archeologico Nazionale

Nerón Claudio Druso era el segundo hijo de Livia y del primer marido de aquella, Tiberio Claudio Nerón. Nació el 14 de enero del año 38 a.C., estando ya su madre prometida con Augusto, de ahí que corrieran rumores sobre la verdadera paternidad del recién nacido “Hay afortunados que tienen hijos a los tres meses” (Suetonio. Vida de Claudio 1).
Si bien basta una mirada a los retratos que han llegado de Druso para descartar la paternidad de Augusto (las facciones del joven son por completo claudianas muy semejantes a las de su hermano Tiberio), con la finalidad de acallar rumores en una etapa en la que su posición política era muy incierta, envió al pequeño junto con su hermano Tiberio a casa de su padre. Por mi parte pienso que Druso no podía ser de ninguna manera hijo de Augusto pues éste anhelaba más que nada en el mundo un heredero varón de su sangre; nadie le hubiera impedido siendo ya emperador y el hombre más poderoso del mundo reconocerlo como tal o incluso adoptarlo (algo que nunca hizo).


Aula Sacra del Teatro romano con copias de las imágenes de Augusto, Tiberio y Druso. Mérida

Así Druso pasó los primeros años de su infancia alejado de su madre surgiendo un  fuerte vínculo entre los hermanos a pesar de la disparidad de sus caracteres. En 33 a.C. al morir su padre se trasladaron con su madre y su padrastro, siendo educados por éstos a partir de entonces.
Augusto adoraba a Druso y nunca se molestó en disimular su preferencia hacia él entre los hijos de su esposa. Por lo que se extrae de las fuentes era imposible no querer a Druso pues su carácter abierto y franco le hacía ganarse las simpatías de todos, incluido su hermano Tiberio, cuya personalidad era diametralmente opuesta a la suya, pero que jamás albergó hacia Druso envidia alguna. Al contrario, no dudaba en afirmar que se contaba entre las pocas personas a las que amaba sinceramente.


Antonia, Druso y el pequeño Germánico en el Ara Pacis. 13-9 a.C. Roma 2013

En 19 a.C. Druso se casó con Antonia Menor, sobrina favorita de Augusto e hija de Marco Antonio y Octavia. El gran amor que se profesaba la pareja ha quedado plasmado para la posteridad en el friso meridional del Ara Pacis Augustae en una de las escenas más bellas en él representadas. Antonia, que lleva de la mano a Germánico (primer hijo del matrimonio nacido en 15 a.C.) mientras avanza en la procesión vuelve la mirada hacia Druso que la mira con dulzura. Tuvieron dos hijos más: Claudia Livila (nacida en 13 a.C.) y el que sería el futuro emperador Claudio (nacido en 10 a.C.). Hombre de elevados principios morales, siempre se mantuvo fiel a su esposa, que lo acompañaba en sus campañas militares cuando era posible.
Bajo el patrocinio de Augusto, Druso accedió a diversas magistraturas 5 años antes de lo estipulado en las leyes: así fue cuestor en 18 a.C. y pretor en 11 a.C. Con sólo 28 años alcanzó el consulado en 9 a.C.

Druso como magistrado. Siglo I. Museo Nacional de Arte Romano. Mérida 2005

Sin embargo, la política no era algo que entusiasmara particularmente al joven (que se declaraba abiertamente republicano, algo que divertía sobremanera a Augusto), el segundo hijo de Livia se consideraba fundamentalmente un soldado y era entre las legiones, lejos de Roma, donde se sentía plenamente realizado.
Fue un general muy prestigioso y competente, al que sus soldados adoraban, llegándolo a proclamar incluso imperator. Las primeras campañas lideradas por él (junto a Tiberio) tuvieron lugar en los Alpes y la Galia, tras la muerte de Agripa. No obstante, fue en Germania donde Druso consiguió sus éxitos más rotundos.

Druso (Ian Ogilvy). Fotograma de la serie Yo, Claudio. 1976

Durante los meses de invierno de los años 13-12 a.C. reiteradas incursiones de guerreros germanos fueron rechazadas por Druso quien en primavera lanzó nuevos ataques contra las tribus al este del Rin. Parte del ejército se desplazó por tierra y el resto por el mar del norte. En esta ocasión los barcos quedaron varados debido a un descenso de la marea pero gracias a la ayuda de sus aliados frisios salieron del grave aprieto. A pesar del percance, la campaña fue un gran éxito pues se saquearon pueblos enteros lo que disuadió a algunas tribus más a someterse para escapar de la ira romana. Druso mandó edificar algunas fortalezas fijas para controlar mejor la zona a la vez que construyó varios canales gigantescos más allá del Rin, conocidos como canales de Druso, para transportar la flota desde el Rin al Zuiderzee, siendo el primer general romano que navegó el océano septentrional.
En el año 10 a.C. durante una estancia en Roma Druso recibió una ovatio, lo que unido a su inmensa popularidad, motivó a Augusto a otorgarle Imperium proconsular que le permitió regresar a Germania a seguir con su campaña de pacificación de la provincia. Desde la nueva fortaleza de Maguncia combatió a numerosas tribus, tales como los sugambros, queruscos y suevos. A fines de ese año partió hacia Lyon donde se encontró con su hermano Tiberio y con Augusto, que estaba consagrando un altar allí. Viajaba con él su mujer Antonia en avanzado estado de gestación, por  lo que en la ciudad francesa dio a luz a Claudio. Todos regresaron desde allí a Roma para celebrar el nacimiento de un nuevo varón en el seno de la familia imperial.


Campañas de Druso en Germania. 12-9 a.C.
Fuente: "Druso in Germania per Wikipedia" di Cristiano64 - Lavoro proprio, self-made. Con licenza CC BY-SA 3.0 tramite Wikimedia Commons - https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Druso_in_Germania_per_Wikipedia.JPG#/media/File:Druso_in_Germania_per_Wikipedia.JPGç

      Mas Druso no podía vivir mucho tiempo alejado del campamento militar, así que el enero del  9 a.C., tras ser nombrado cónsul volvió a Germania donde inició una nueva campaña de contención de tribus rebeldes. Esta vez condujo sus tropas hasta el río Elba. En las cuatro campañas Druso había conseguido que la mayoría de los pueblos cercanos al Rin y al Elba reconocieran el poder de Roma lo que fue un logro enorme.
En el camino de regreso Druso sufrió un accidente al caer del caballo hiriéndose una pierna de gravedad. A pesar de las misivas imperiales que le instaban al volver a Roma, el joven rechazó moverse de Germania. Después de un mes en el que sufrió grandes dolores murió a causa de la cangrena que le produjo la infección de la herida. A su lado, en su lecho de muerte estuvo su hermano Tiberio, que sufrió la pérdida más grande de su vida, de la que nunca se repuso. De hecho, el primogénito de Livia (que se encontraba en Panonia) al recibir las primeras noticias de la enfermedad de su hermano corrió a su lado, en una travesía frenética a caballo en la que no se permitió ni un segundo de descanso. Al conocer Druso que Tiberio estaba llegando a su campamento, incluso moribundo, envió a sus legiones que salieran a su encuentro y lo recibieran como comandante en jefe. Druso murió en brazos de su hermano.


Un desconsolado Tiberio (George Baker) llora la muere de Druso (Ian Ogilvy)  Fotograma de Yo, Claudio. 1976

El campamento donde murió se llamó desde entonces “el maldito”. Sus soldados le levantaron un cenotafio funerario en Mongontiacum (Maguncia) ciudad situada en la orilla derecha del Rin, en torno al cual debían desfilar cada año. Éste sería el mayor monumento funerario de época romana localizado en la actual Alemania. En la parte frontal del mismo se colocó un poema que le había dedicado el propio Augusto. Igualmente en Roma el Senado le decretó un arco triunfal en la Via Appia y le concedió el título de Germánico que desde entonces podían llevar todos sus herederos.


Cenotafio de Druso en Maguncia (Alemania)

El cuerpo del joven general (contaba sólo con 29 años) fue trasladado a Roma con gran ceremonia encabezando Tiberio el cortejo funerario a pie todo el trayecto. El féretro fue portado por sus soldados y  por ciudadanos insignes de las colonias romanas. Las muestras de dolor se sucedieron a lo largo de todo el recorrido poniendo de manifiesto la popularidad de Druso. Tiberio pronunció el discurso funerario principal en la rostra del Templo del Divino Julio en el Foro Romano mientras que Augusto leyó otro en el Circo Flaminio en el que comenzaba diciendo que rogaba a los dioses que sus queridos nietos Cayo y Lucio se asemejaran a él y que tuvieran una muerte igual de gloriosa. Fue un funeral tan esplendoroso que años después Séneca diría que más que un entierro parecía que se hubiera celebrado un triunfo. Por tercera vez en 4 años se abrieron las puertas del Mausoleo de Augusto para acoger las cenizas de otro miembro de la familia imperial.


Livia. Siglo I a.C. Moscú. Museo Pushkin

Livia estaba destrozada por la muerte de su hijo y para sobrellevar el dolor consultó a un filósofo alejandrino, Ario Didimo, que le aconsejó que no reprimiera sus sentimientos y que colgara retratos de Druso en lugares públicos y privados así como que no dejara de hablar de él. A diferencia de Octavia, no permitió que el dolor la dominara hasta el extremo de volverse amargada y rencorosa; una muestra de la diferencia de caracteres de las dos mujeres. La emperatriz no podía flaquear pues ella era la imagen de Roma.


Antonia Menor. Siglo I a.C. Roma. Museo de las Termas

Sólo una persona resultó inconsolable, la amada esposa de Druso, Antonia, que quedó desolada, hasta tal punto que pidió a Augusto dispensa para no volver a contraer matrimonio, a pesar de su belleza y juventud (tenía 27 años). A partir de entonces se trasladó con su suegra Livia a las estancias que esta poseía en la Casa de Augusto en el Palatino y se dedicó en exclusiva a cuidar a sus hijos y a sus nietos. Cuando murió en 37 d.C. sus últimas palabras suplicaban perdón a Druso por haberle hecho esperar tanto tiempo.


Camafeo con Druso y Antonia. Siglo I d.C, San Pesterburgo. Museo del Hermitage 

A pesar de la conmoción que produjo la muerte de Druso en la familia imperial nuevamente surgieron rumores de juego sucio. Suetonio apunta a que fue mandado envenenar por Augusto debido a sus ideas republicanas, sin embargo, el mismo autor lo descarta al instante pues “a decir verdad, Augusto quería tanto a Druso, que como admitió en alguna ocasión ante el Senado, le consideraba tan heredero suyo como a sus hijos Cayo y Lucio” (Vida de Claudio. 1-5). De hecho el emperador no dudó, por consejo de Druso, durante el año de su consulado en reforzar la posición del Senado e incluso escribió una biografía sobre su hijastro que desgraciadamente se ha perdido.
Ya hemos trazado algunas pinceladas acerca del carácter de Druso: era amable, extrovertido, dulce y encantador. No obstante, no hay que olvidar que era un fiero guerrero, y como tal se comportaba en el campo de batalla, siendo despiadado en la lucha cuando las circunstancias lo requerían. Era además orgulloso y valiente y anhelaba la gloria por lo que con frecuencia persiguió a los jefes enemigos hasta los más recónditos lugares con el ansia de obtener una spolia opima (prestigioso trofeo que se otorgaba a quien en la batalla había derrotado a un general enemigo en combate singular). No obstante, nunca anidaron en él vicios ni maldad alguna.


Copia de bustos de Druso y Tiberio en el Ara Pacis Augustae. Roma

Físicamente era alto y atlético; de gran atractivo, su rostro era absolutamente Claudiano. Como su hermano había heredado la mirada ligeramente apagada de su madre Livia, aunque lo que en Tiberio podía revelar oscuridad en Druso irradiaba viveza y bondad.
Su pronta desaparición fue una gran pérdida para el Imperio romano. Quizás si Druso hubiera tenido una vida más larga el devenir de la dinastía Julio-Claudia hubiera sido muy diferente y no hubiera caído en la degeneración que ésta sufrió tras la muerte de Augusto. Druso era el único camino de Tiberio hacia a la luz, que sin la influencia de su hermano fue volviéndose cada vez más siniestro, maldad que transmitió a su heredero Calígula, que aún siendo nieto de Druso fue el miembro más funesto de la famosa dinastía.

2 comentarios:

  1. Existe otra posible consecuencia de la muerte de Druso El Mayor, la pérdida de Germania, es difícil creer que el desastre de Teutoburgo hubiese ocurrido de estar él al mando de la legiones en el limes norte del imperio, es más sabemos que su hijo Germánico fue también un gran comandante de tropa, por lo que juntos Druso, Tiberio y, a su debido tiempo Germánico, habrían asegurado la extensión del Imperio Romano hasta el Elba, con todas la enormes consecuencias históricas de ello para los siglos e incluso los milenios siguientes.

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    1. Efectivamente. Como bien dices la situación en Germania hubiera sido diferente con Druso liderando el ejército romano. Fue una perdida irreemplazable para el Imperio y para Augusto. Es una triste ironía que los mejores de la dinastía Julio-Claudia desaparecieran tan jóvenes. Muchas gracias por leerme!

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