jueves, 23 de abril de 2015

Hacia Oriente (22-20 a.C)

Mapa del Imperio romano en tiempos de Augusto. Tomado de H. Kinder y W. Hilgemman, Atlas Histórico Mundial (tomo I). ISBN: 84-7090-005-6. Ediciones Istmo. Madrid

Un Imperio tan extenso como el romano requería la presencia de su máximo representante en cualquier territorio del mismo para supervisar de primera mano el cumplimiento de la leyes impuestas por Roma; por este motivo, tanto Augusto como Agripa alternaban estancias en Roma con visitas a las provincias. Como consecuencia, el Príncipe no se encontraba presente en la capital cuando se celebró la boda entre su colega de gobierno y su hija Julia pues en el momento de su celebración hacía meses que había partido hacia Oriente. Agripa, por su parte, tras la ceremonia nupcial marchó hacia Hispania y la Galia donde reanudó con éxito las campañas militares allí pendientes. En 19 a.C., acabó con las guerras cántabras y se dedicó a fundar ciudades al mismo tiempo que a patrocinar grandes obras públicas en estas provincias.
En su nuevo viaje, Augusto hizo una primera parada en Sicilia, la más antigua provincia romana de ultramar y que era una de las que permanecía bajo la tutela del Senado (de todas maneras la auctoritas del emperador impedía que el gobernador de la isla pudiera oponérsele). Todas las provincias independientemente de su tipología se habían acostumbrado a solicitar audiencia al Príncipe para tratar directamente con él cuestiones que se escapaban a la esfera del gobernador.
El emperador (que siempre fue una persona muy cercana que trataba de escuchar a todo el mundo) permaneció en esta ocasión en Sicilia durante el invierno del 22-21 a.C. No visitaba la isla desde las luchas contra Sexto Pompeyo, motivo por el cual los sicilianos (que gozaban de derechos latinos desde los tiempos de Julio César) habían pagado un alto precio: tras la batalla de Nauloco, el entonces Octavio arrasó ciudades, confiscó tierras, ejecutó a los cabecillas que habían apoyado al hijo de Pompeyo y probablemente revocó a la población la categoría de latinos. Sin embargo, ahora, en su afán pacificador, Augusto estaba dispuesto a recuperar la estabilidad de la zona (a pesar de que el suministro de grano ya no dependía tanto de Sicilia  sino más bien de Egipto y el Norte de África). En esta línea fundó 6 nuevas colonias entre las que se incluían Siracusa, Catania (Catina) y Palermo (Panormus). En realidad las ciudades (de origen griego) ya existían pero se aumentó la población de las mismas con veteranos del ejército, en un intento de enraizar más profundamente allí la cultura romana. Al mismo tiempo, devolvió la categoría de latinos a muchos de sus habitantes a la vez que ordenó importantes proyectos constructivos animando a las élites locales a seguir su ejemplo, empeñado como estaba en que cada rincón del Imperio fuera un reflejo de su Roma de mármol. Así. Sicilia llegó a ser considerada como una parte de Italia, si bien se mantuvieron sus cultos y costumbres locales de raigambre griega. Como consecuencia, el comercio comenzó a fluir por todas las localidades costeras lo que otorgó una gran prosperidad a la zona.

Restos de los pilares del Arco Augusteo. Siglo I a.C. Siracusa
  Di Codas2 - Opera propria. Con licenza CC BY-SA 3.0 tramite Wikimedia Commons Fuente: http://commons.wikimedia.org/wiki/File:Arco_augusteo_di_Siracusa.JPG#/media/File:Arco_augusteo di_Siracusa.JPG

Desde aquí, en 21 a.C., Augusto se dirigió a Grecia. Allí desde su victoria en Accio se le había considerado como un monarca. Ya en 27 a.C. se erigió un templo en su honor en la Acrópolis; él permitió el culto siempre que fuera dedicado junto a la diosa Roma. Igualmente en Efeso se consagró un altar a Augusto y a la diosa que personificaba a la capital del mundo. A pesar de que Augusto no era especialmente religioso ni aspiraba a la divinización en vida, permitió ese culto como una forma de acercamiento de los habitantes de las provincias a su persona y a la idea de Roma, pues facilitaba que estas gentes entendieran que él era quien gobernaba sobre ellos bajo la autoridad de la Ciudad Eterna pero a la vez era quien velaba por su prosperidad. Por su parte las provincias intentaban así captar la atención del César que se veía obligado a recibir a sus benefactores y a escuchar sus peticiones de primera mano.
A pesar del apoyo que Grecia había prestado primero a los asesinos de Julio César y después a Marco Antonio y Cleopatra, el gran respeto y veneración que Augusto y la civilización romana en general profesaban hacia la cultura griega  le llevó  a ser más magnánimo con estos territorios que con otros aliados de sus enemigos. De hecho Augusto y Agripa invirtieron grandes cantidades de dinero con el deseo de imprimir su sello en la capital helénica. Agripa, siguiendo sus grandes dotes constructivas,  diseñó un Odeón muy alabado (un teatro cubierto erigido en medio del antiguo Ágora o mercado). Del mismo modo, ambos patrocinaron la creación de un nuevo mercado. Al igual que en Sicilia esto animó a la población local a realizar proyectos constructivos lo que conllevó que se volvieran a celebrar festivales y competiciones atléticas en nuevos teatros y estadios. También se levantaron anfiteatros, pero las luchas de gladiadores no contaron con tanto entusiasmo entre la población griega.

Ágora romana. Siglo I a.C. Atenas

En el año 21 a.C. Augusto pasó el invierno en la isla de Samos y luego en 20 a.C. se dirigió hacia Asia y Bitinia en dirección a Siria. En todos los lugares por los que iba pasando, Augusto siguió recibiendo a todos los que querían acercarse a él. Como consecuencia de esto algunas ciudades como Esparta consiguieron ampliar su autoridad pero otras, en cambio, como Cizio en Asia perdió categoría cívica y algunos de sus ciudadanos fueron esclavizados por haberse rebelado contra el poder de Roma y haber ejecutado a varios ciudadanos romanos.

Cesárea Romana en Israel. Fundada en el Siglo I a.C. por Herodes el Grande

Uno de los reyes clientes que acudió a rendir pleitesía a Augusto fue Herodes el Grande, uno de los más grandes aduladores del poder imperial. Dedicó más de una ciudad con el nombre de Cesárea y multitud de santuarios fueron consagrados por él a Roma y Augusto. Por ello en 20 a.C. se le concedieron nuevos territorios y se le  permitió a varios de sus hijos estudiar en Roma bajo la tutela directa del emperador. De hecho uno de sus nietos, Herodes Agripa (que recibió su sobrenombre para honrar al yerno de Augusto) fue muy querido por la familia imperial llegando a trabar una gran amistad con Calígula y Claudio, quien lo coronó rey de Judea.
A pesar de encontrase lejos de su amada ciudad, Augusto no abandonaba los asuntos de Roma por lo que ordenó a Agripa trasladarse hacia allí para resolver algunos desordenes que estaban teniendo lugar en la gran urbe.
La última escala del viaje oriental del emperador fue Partia, donde conseguiría un gran logro diplomático: la devolución de las águilas arrebatadas a Craso en 53 a.C. tras su derrota en la batalla de Carras. El momento de la entrega de los estandartes nuevamente a Roma fue inmortalizado para la posteridad en la coraza que cubre el pecho de la escultura más sublime del Príncipe, el Augusto de Prima Porta.

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