jueves, 29 de mayo de 2014

Un inestable triunvirato

Tras la batalla de Filipos, casi todos los asesinos de César habían muerto y la República con ellos. Ante la sospecha de que Lépido había colaborado con Sexto Pompeyo (fiel a la causa republicana), Antonio y Octavio reorganizaron nuevamente los territorios del triunvirato: redujeron los dominios de Lépido solamente a África mientras que Octavio se hizo cargo a partir de entonces de Italia y Antonio unió a las posesiones bajo su mando la Galia Narbonense.
Acto seguido, Antonio marchó hacia Oriente con la finalidad de recaudar dinero para pagar a las tropas y el más joven de los triunviros marchó hacia Roma para afrontar la molesta tarea de establecer a un gran número de veteranos del ejército; para empezar tuvo que confiscar tierras en 18 ciudades cuyos propietarios fueron desposeídos. Como los terrenos expropiados seguían sin ser suficientes para contentar a todos los  legionarios,  el descontento de unos y otros contra Octavio fue en aumento, dando lugar a múltiples disturbios. La situación se agravó al interceptar Sexto Pompeyo las naves de trigo que tenían que alimentar a la población romana y que provenían fundamentalmente de Sicilia, Cerdeña y África propiciando que el hambre asolara la capital del Imperio.
Para colmo de males de Octavio, Antonio no hacía más que aumentar su prestigio en Oriente, donde ya era conocido como el nuevo Dioniso. Necesitado de dinero para financiar la campaña parta, había puesto sus ojos en Egipto por lo que había mandado llamar a Tarsos a la reina Cleopatra; no sólo comenzaron entonces una relación sentimental sino que él la siguió a Alejandría donde pasaron todo el invierno.


El banquete de Cleopatra. Giovanni Battista Tiepolo. 1744. Victoria (Australia). Galeria Nacional

Así que mientras Marco Antonio vivía rodeado de lujos y placeres,  la situación en Italia se deterioraba a pasos agigantados.  En el año 40 a.C. el cónsul Lucio Antonio y Fulvia, respectivamente hermano y esposa del triunviro, movilizaron a campesinos desposeídos de tierras y a legionarios contrariados y desafiaron a Octavio, quien cedió el mando de sus legiones a Agripa y Salvidieno los cuales arrinconaron a Lucio y sus partidarios en Perugia. La ciudad fue sitiada y sellada con un foso y una empalizada de más de once kilómetros de longitud por lo que su rendición fue rápida. Lucio fue enviado a España por Octavio y Perugia fue saqueada y destruida. Algunas fuentes recogen que la venganza del triunviro fue implacable pues estando cercano los idus de marzo mandó sacrificar a 300 prisioneros ante el altar del Divino Julio.
Antonio afirmó no estar al corriente de lo que habían hecho su hermano y esposa en su nombre, pero en el momento que supo de la caída de Perugia abandonó Egipto en dirección a Atenas donde se encontró con Fulvia quien murió ese mismo año en extrañas circunstancias. Antonio recibió en esos días una misiva de Sexto Pompeyo que le proponía una alianza contra Octavio, el cual para evitarla, se divorció de la hija de Fulvia (sin haberla tocado pues le repugnaba todo lo que tuviera relación con la esposa de su colega), y contrajo un nuevo matrimonio con Escribonia, tía de Sexto, mucho mayor que él y a la que no le unía ningún sentimiento pero que se convertiría en la madre de su única hija, Julia.
Antes estos acontecimientos Antonio partió hacia Italia con la intención de enfrentarse a Octavio. Incluso convenció a Sexto Pompeyo para que atacara el país transalpino haciéndose con el control de Cerdeña. Nuevamente en el horizonte parecía vislumbrase una nueva guerra civil; sin embargo, los triunviros se encontraron con un problema añadido: los soldados de ambos ejércitos (todos veteranos de César) se negaban a luchar entre ellos y derramar, una vez más, sangre romana por lo que sólo quedaba como opción la vía de la negociación.

Áureo con Antonio y Octavio en cada cara

Asinio Polión actúo en nombre de Antonio y Mecenas en el de Octavio, que esta vez salió claramente favorecido. El triunvirato fue renovado por otros 5 años y el imperio dividido en dos partes: Oriente para Antonio y Occidente para Octavio. Italia sería compartida pues ambos podrían reclutar soldados allí. Lépido conservaría África. Ahora Sexto debería colaborar con Octavio y Antonio castigaría Partia. Para sellar el Tratado de Brindisi se concertó la boda de Antonio con Octavia, la hermana del futuro Augusto, que acababa de enviudar de su marido Cayo Claudio Marcelo. Octavio adoraba a su hermana y es difícil pensar que la hubiera entregado a Antonio si sus deseos de reconciliación no hubieran sido sinceros.

Octavia fue la primera mujer en aparecer en una moneda. Aquí junto a Marco Antonio

Por su parte Octavio salió reforzado de la guerra de Perugia: había quedado claro que el joven triunviro no era sólo el fruto del capricho de César y que había llegado a la política para quedarse. Su obstinado carácter convirtió la hostilidad del pueblo hacía él por sus políticas impopulares en confianza y respeto. Todos sus sacrificios y esfuerzos habían tenido éxito. Lo único negativo de este período es que descubrió que su amigo Salvidieno había conspirado a sus espaldas. No tuvo más remedio que procesarlo ante el Senado y condenarlo a muerte. A partir de ahora Agripa sería el único general de sus ejércitos.

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