domingo, 10 de julio de 2016

Eterno Coliseo

"Mientras exista el Coliseo existirá Roma; si cae el Coliseo caerá Roma... y si cae Roma caerá el mundo"
Antiguo proverbio romano


      



          Una obsesión me perseguía desde mi más tierna infancia, cuando siendo sólo una niña fantaseaba entre las galerías del anfiteatro de Mérida o de Itálica sintiendo crecer en lo más profundo de mi ser el germen de una gran pasión por la arqueología romana. En medio de mis sueños, una imagen se repetía una y otra vez, aquella del más legendario anfiteatro del mundo. Mi anhelo de llegar hasta él se materializó por primera vez en agosto de 1996 cuando contaba con 21 años, y entonces entendí que toda una vida merecía la pena sólo por sentir lo que yo sentí aquel día.
Aún cuando rechazo cualquier tipo de violencia y sé que no me hubiera gustado asistir en la antigüedad a los espectáculos que tenían lugar sobre su arena, ningún lugar en el mundo logra sobrecogerme ni emocionarme más. El Coliseo es Roma y perdiéndome entre su majestad llegó a la absoluta convicción de que nada como él expresa el sueño de eternidad de una ciudad que nació para ser inmortal.



Cada vez que viajo hasta Roma reservo un hotel lo más cercano posible a él pues vaya a donde vaya, y a la hora que sea, cada día de estancia debo dedicar aunque sólo sean unos instantes a contemplarlo, ya sea de noche, al amanecer, cuando el sol más aprieta o bajo la lluvia. Y para empaparme de él cuando estoy lejos, su incomparable silueta preside el salón de mi casa, atrapada en una preciosa acuarela pintada en exclusiva para mí. Así, no me permito dejar de mirarlo ni un solo día de mi vida aunque nos separen más de 2.000 kilómetros.
Si bien el Coliseo se inauguró 65 años después de la muerte del divino Augusto, la culminación de la limpieza y restauración, que han mantenido semiocultas parcialmente las maravillosas arcada de su fachada durante tres largos años, merece que le dedique unas palabras, pues el Coliseo no es sólo el monumento más importante de Italia sino que es el  símbolo más sublime de la civilización romana y un legado de toda la humanidad. Nunca, desde aquellos primeros juegos inaugurales de 79 d.C., habían resplandecido tanto los mármoles travertinos que cubren esta joya arquitectónica, sencillamente perfecta en sus 19.000 m2 de extensión.



La restauración, que ha costado 25 millones de euros, sufragados en su totalidad por el empresario italiano Diego Della Valle, dueño de Tod´s, fue presentada el pasado 1 de julio. Las labores continuarán aún durante dos años más en el interior, donde se pretende cubrir en su totalidad la arena para poder organizar sobre ella eventos culturales. Aunque el Coliseo fue concebido para ofrecer espectáculo, este proyecto no me convence en absoluto, por lo que prefiero posicionarme con los críticos del mismo pues como ellos pienso que es someter a mayor riesgo a una estructura sumamente frágil. Pero en este mundo ya sabemos que el marketing y la manera de incrementar los ingresos priman por encima de todo. Cómo si no fuera suficiente ser uno de los monumentos más visitados del mundo con sus casi 6.000.000 de visitantes al año que dejan en las arcas romanas unos 33 millones de euros anuales

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