viernes, 10 de abril de 2015

Agripa y Julia

“Le has hecho tan poderoso que (Agripa) debe convertirse en tu yerno o ser asesinado”
Consejo de Mecenas a Augusto. Dión Casio. Historia Romana. 54, 6-5 

Tal cúmulo de acontecimientos negativos acaecidos en tan poco espacio temporal motivaron que Augusto, ansioso de recuperar su estabilidad tanto personal como política, reclamara a Agripa (que se encontraba en Oriente desde hacía un par de años). Siguiendo el consejo de Mecenas, el Príncipe le ofreció en matrimonio a su hija Julia, una vez finalizado el período de luto estipulado tras la muerte de su primer esposo, Marcelo. Esta opción también fue promovida por una desolada Octavia (aunque supuso el divorcio de su hija Marcela casada con Agripa) pues amargada por la muerte de Marcelo y resentida con Livia (que siempre había puesto impedimentos a la promoción de aquel) deseaba evitar a toda costa que fuera el hijo de la emperatriz, Tiberio, el elegido para sustituir al desventurado joven. Fue la última intervención en política de Octavia, pues a continuación se retiró de la vida pública para vivir su luto en soledad hasta su muerte.

Agripa y Julia junto a su hijo Cayo ocupan un lugar preeminente en el Ara Pacis Augustae. 9 a.C.
Roma 2013

 Agripa aceptó encantado tan grande honor que no sólo le suponía entrar de lleno en la familia imperial sino que materializaba por parte de un plebeyo una aspiración imposible en cualquier otra circunstancia: tener como esposa a un miembro de una de los linajes más antiguos y poderosos de Roma, descendiente del divino Julio y de la mismísima diosa Venus. La ceremonia se celebró el año 21 a.C. y como regalo de bodas, la mano derecha del Príncipe obsequió a su flamante esposa con una villa a orillas del Tíber, cuyas preciosas pinturas murales aún se conservan en el Museo de las Termas de la capital italiana.

Villa de Agripa y Julia conocida como Casa de la Farnesina. 21 a.C. 
Museo de las Termas. Roma 2011

No sabemos, en cambio, cómo puedo haber reaccionado la joven de 18 años obligada a casarse con un hombre de la edad de su padre, o sea, 24 años mayor que ella; aparentemente no mostró rechazo, no obstante el hecho de que el comportamiento licencioso de Julia, que marcaría su vida y destino, comenzara a manifestarse desde su segundo matrimonio es indicativo de que no debió digerirlo muy bien, no tanto por la diferencia de edad (algo muy habitual en la antigua Roma) sino a causa de la baja estirpe de su esposo (algo que aborrecían también algunos de sus descendientes como su nieto Calígula). Así y todo, de esta unión nacieron 5 hijos, el germen de la famosísima dinastía julio-claudia: Cayo, Lucio, Agripina (madre de Calígula y abuela de Nerón), Julia la Menor y Agripa Póstumo.
El primero de ellos, Cayo, vino al mundo en el año 20 a.C., regalando a Augusto uno de los momentos más felices de su vida. El pequeño, (al que el Príncipe apodaba cariñosamente como su burrito) ocupó con facilidad el gran vacío que había dejado Marcelo en su corazón y desde el primer momento su cariño por él fue infinito. Tres años después nació Lucio, momento que aprovechó Augusto para adoptar a los dos niños, lo que equivalía a  nombrarlos sus herederos. Al vivir sus padres se celebró una curiosa ceremonia que implicaba una compra simbólica: Augusto golpeaba tres veces una balanza con una moneda de poco valor en presencia de un pretor. El Príncipe volvía  a vivir sereno sintiendo asegurado el futuro de Roma.

Cayo César niño. Copia de busto en mármol. Museo del Ara Pacis. Roma 2013

Por ello, y a pesar del profundo desprecio que muchos de los nobles profesaban a Agripa, debido a sus orígenes, su suegro lo colmó de los máximos honores, por lo que su estatus sobrepasaba con diferencia a la de cualquier senador: entre estos destacan que en 18 a.C. se le concedió un proconsulado de cinco años que se transformaría en  maius (mayor de los de cualquier gobernador) al mismo tiempo que se le concedió la tribunicia potestad por cinco años, algo que sólo Augusto (éste con carácter permanente) había poseído. Como yerno de aquel y padre de los príncipes, ocupaba el segundo puesto del Estado por lo que en el caso de que el emperador falleciera, Agripa habría ocupado su lugar como regente de sus hijos.

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