domingo, 24 de mayo de 2015

Virgilio, el poeta de Augusto

“Después de Dios, tú fuiste el primero que me iluminaste. Tú actuaste, sin saberlo, como un hombre que lleva tras sí una luz iluminando a quienes te siguen”.
             Palabras que Dante Alighieri dirige a Virgilio a través de Estacio.
                                                                                Canto XXII, Divina Comedia

Virgilio entre las Musas. Mosaico del Siglo III d.C. Túnez. Museo del Bardo

El regreso desde Oriente fue lento porque Augusto iba recibiendo en audiencia a todas las comunidades que salían a su encuentro con el afán de solicitarle favores, que él intentaba atender en la medida de lo posible. Volvió a recalar durante varias semanas en Atenas coincidiendo en la capital helena con el poeta Virgilio que se encontraba viajando por Grecia cotejando datos y localizaciones de su gran epopeya “Eneida” en la que llevaba trabajando desde hacía más de 10 años.
Publio Virgilio Marón era uno de los poetas del círculo de Mecenas y el favorito de Augusto, quien probablemente le sugirió la idea de su obra maestra. Es uno de los poetas más influyentes de la historia, admirado en todas las épocas y reverenciado ya en vida. Nació el 15 de octubre de 70 a.C. en Andes, una pequeña población cercana a Mantua, llamada hoy Virgilio en su honor.

Monumento a Virgilio. Mantua

La fuentes no se ponen de acuerdo sobre si su padre era un campesino o un pequeño terrateniente, pero lo cierto es que debía ser lo bastante rico para poder dar al único hijo que le sobrevivió una educación esmerada, primero con un pedagogo en su localidad natal y después en Cremona con un grammathicus; allí Virgilio amplió sus estudios en griego, gramática, historia y literatura. Su padre, reconociendo sus altas capacidades, adelantó en dos años la ceremonia de asunción de la toga virilis. Así pues, con 15 años fue reconocido legalmente como mayor de edad y partió hacia Milán para iniciar sus estudios en retórica pues su progenitor había proyectado para él un futuro en política. Al poco tiempo (en el año 54 a.C.) se instaló en Roma,  no teniendo éxito en sus primeras intervenciones como abogado, pues su voz demasiado dulce unida a su precaria salud y  a su gran timidez le impidieron destacar en el Foro.
La visión de la gran urbe, donde se encontraba cuando estalló la guerra civil entre César y Pompeyo, debió impresionarlo bastante como recoge en un diálogo entre dos pastores en la Égloga I de sus Bucólicas “A la urbe que llaman Roma, ingenuo de mí, la había imaginado, Melibeo, semejante a la nuestra, donde con frecuencia acostumbramos los pastores destetar de las madres las tiernas crías. Igual que los cachorros se asemejan a sus madres, así, a partir de las pequeñas cosas, acostumbraba yo a imaginar las cosas grandes. Pero tanto ha destacado ésta (Roma) entre las demás ciudades como los cipreses suelen descollar de los flexibles juncos”.

Virgilio en un grabado. Anónimo
Fuente:  http://www.buzzle.com/articles/virgil-publius-vergilius-maro-roman-poet.html. 
Con licenza Pubblico dominio tramite Wikimedia Commons - http://commons.wikimedia.org/wiki/File:Virgil_.jpg#/media/File:Virgil_.jpg

Aunque partidario de César no es seguro que participase en la contienda debido a su débil salud. No obstante, todos los acontecimientos de la guerra afectaron profundamente al alma sensible del poeta que marchó, tras la batalla de Farsalia, a Nápoles (ciudad que se convertiría en su segunda patria), donde se unió al círculo del epicúreo Sirón, frecuentado por filósofos y artistas e incluso por el mismísimo vencedor de la contienda, Julio César. Tras el asesinato de éste, Virgilio vio como sus tierras eran confiscadas por los triunviros, sin embargo, el entonces conocido como Octavio, gracias a la intervención de Mecenas, le devolvió sus propiedades, lo que creó un lazo indisoluble entre ambos, y una gran devoción de Virgilio hacia el que sería el primer emperador romano.


Escenas de pastores en las Bucólicas

Poco después, en 39 a.C. fueron publicadas las Bucólicas, sugeridas por Asinio Polión, partidario de Marco Antonio. Esta obra, dedicada a la vida y trabajo de los pastores, gozó de un gran éxito desde el principio lo que brindó a Virgilio una inmensa fama y popularidad que digirió mal debido a su carácter retraído, poco proclive a la vida mundana. En 38 a.C. comenzó a escribir por mediación de Mecenas, sus Geórgicas (publicadas en 29 a.C.), cuatro libros de poesía didáctica relacionada con la vida en el campo que escondía implícitamente un canto a la reconstrucción de la madre Italia devastada por las guerras civiles. El poema lo dedicó a Mecenas fervorosamente. También recoge alabanzas al gobierno de Augusto comparándolo con la labor que realizan las abejas en sus colmenas.


Escenas agrarias en las Geórgicas

Física y psicológicamente es poco lo que sabemos del poeta. Era alto y moreno, de aspecto campesino y rudo. Desconocemos el alcance de sus dolencias pero al parecer padecía del estómago, de la garganta y de grandes dolores de cabeza a lo que se sumaba frecuentes hemorragias. Probablemente tenía problemas del pecho y respiratorios. Estas circunstancias debieron influir notablemente en su carácter melancólico, tímido e introvertido que le llevaba a rehuir el trato con la gente por lo que siempre que pudo llevó una vida solitaria prefiriendo la vida alejada en el campo antes que al ajetreo y el bullicio de la gran urbe. Nunca se casó ni se le conocen romances, por lo que en Nápoles, lo llamaban Parthenias (la virgen). Eso no le impidió ser el poeta que con más sensibilidad ha tratado las emociones amorosas en sus obras; sus personajes están exentos del fuego de la pasión, pero los domina la ternura y los sentimientos más profundos, como plasma por ejemplo en los amores entre Dido y Eneas o en los conmovedores versos dedicados al fallecido Marcelo, ambos fragmentos de la “Eneida”.

Virgilio lee la Eneida a Augusto.Vincenzo Camuccini. 1836

No obstante, cuando narra las gestas de Augusto, lo hace con un enardecimiento sin límites, como se aprecia en los versos que encabezan este blog. Su relación con el Príncipe fue la más incondicional de su vida pues incluso de Mecenas y Horacio, con quienes en algunas etapas mantuvo una estrecha amistad, acabó alejándose, probablemente debido a la disparidad de caracteres entre ellos pues los dos primeros eran unos hedonistas amantes de todo tipo de placeres tan alejados del gusto del poeta de Mantua. Augusto siempre protegió y mimó a Virgilio aunque este no participara activamente en asuntos políticos (le regaló incluso una villa en Roma). Hasta tal punto era su devoción por su obra que al volver de vencer a Marco Antonio y Cleopatra en Accio se paró en Atella donde Virgilio le leyó alternando con Mecenas, durante cuatro días seguidos, las Geórgicas.
En su viaje a Grecia Virgilio enfermó debido a una insolación, por lo que al coincidir con Augusto en Atenas, decidió regresar con él a Italia. Al desembarcar en Brindisi y sintiendo próximo su final, el poeta mandó traer el manuscrito de la Eneida prácticamente acabado, pidiéndole a Augusto que lo quemara, única súplica que le negó el Príncipe, que mandó publicar el texto tal como estaba, tras la muerte del poeta acaecida en de septiembre del 19 a.C., cuando contaba 52 años. Fue enterrado en Nápoles junto a la via Puteolana. Sella su lápida el famoso epitafio: “Mantua me genuit. Calabrae rapuere; tenec nun Parthenope. Cecini pasqua, rura, duces” (“Mantua me engendró. Calabria me arrebató la vida. Para siempre me quedaré en Nápoles. Canté a los pastores, a los campos, a los caudillos”).

Tumba de Virgilio  en el Parque Virgiliano. Nápoles

En cuanto a estilo poético, Virgilio aúna como nadie la tradición literaria griega (era un gran admirador de la métrica alejandrina) y el patriotismo romano con una elegancia sublime sin precedentes, que lo encumbró como el más grande poeta latino. El marcado carácter platónico de su lírica, dota a su obra de un alto grado de misticismo. Es grandioso el reflejo que hace de la época en que le tocó vivir y el estudio psicológico de sus personajes capaces de emocionar a través de los siglos. En su poesía expresa sus grandes anhelos de paz, de ahí, su gran admiración hacia el hombre que estaba pacificando el mundo romano, a pesar de ser consciente de que era una paz sustentada por las armas y de no estar siempre de acuerdo con la forma de actuar del Príncipe.
Aunque contó con detractores, la influencia posterior de Virgilio fue inmensa. Ya en vida tuvo el inusual honor de que las Bucólicas y las Geórgicas fueran usadas como textos en los libros de las escuelas. La Edad Media y el cristianismo casi lo santificaron al reconocer en él un nuevo profeta que anunció en la Égloga IV de sus Bucólicas el nacimiento de Jesucristo. En el Renacimiento el poeta es definitivamente encumbrado por los grandes escritores italianos del momento sobre todo por Dante Alighieri que lo eligió como su guía en el descenso a los infiernos y al purgatorio en su Divina Comedia, obra que tiene grandes reminiscencias del Libro VI de la Eneida (Eneas es llevado a los infiernos por la Sibila de Cumas) y por Petrarca, devoto Virgiliano que convirtió al poeta latino en todo un referente en el humanismo lo que le supuso una gran difusión en la literatura moderna europea.

Dante y Virgilio en el infierno. William A. Bouguereau. 18250. París. Musée D'Orsay 

2 comentarios:

  1. Magnífico respaso a la vida del gran Virgilio. ¡Qué difícil se me hace imaginarlo como un hombre rudo! En realidad, me resulta imposible. Saludos cordiales.

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  2. Pienso igual que tú Isabel....un hombre con una sensibilidad tan inmensa no podía ser rudo...las fuentes seguramente se refieran a su aspecto curtido de la vida en el campo, aunque yo prefiero imaginarlo como el dulce joven coronado de laurel del grabado anónimo. Muchas gracias por leerme. Un saludo

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