jueves, 4 de mayo de 2017

Amor y sexualidad en la Antigua Roma

Aprovechando mi reseña anterior sobre las acusaciones vertidas por Suetonio acerca de la supuesta depravación sexual de Tiberio en su retiro de Capri, voy a escribir unas líneas sobre el amor y la sexualidad en un pueblo romano imbuido siempre de una gran sensualidad y  erotismo, elementos que  jugaron un papel fundamental desde los tiempos más remotos. La misma palabra Roma es un anagrama que leído al revés tanto en español como en latín encierra el secreto de ese sentimiento conocido como Amor.

Venus, Anquises y Eneas.. Andrea Caracci. 1597. Roma. Fresco de la bóveda del Palacio Farnesio

Ya en sus legendarios orígenes nos encontramos con varios episodios en los que las relaciones amorosas sellarían el destino de la vaticinada a ser la ciudad más poderosa de la tierra. En primer lugar, Eneas, que huyó de Troya buscando la costa de Italia para fundar una nueva ciudad, es el fruto del amor apasionado entre la diosa Venus y el mortal Anquises (por ello, los Julios decían tener sangre divina al descender de Iulo, hijo de Eneas y a la vez de la diosa del amor). Siglos después Rómulo y Remo fueron concebidos tras la violación de la sacerdotisa Rea Silvia (hija del rey de Alba Longa) por parte del dios Marte. Algunas interpretaciones afirman que la loba que amamantó a los gemelos abandonados a la orilla del río, era en realidad una prostituta, jugando con la segunda interpretación del término lupa que ya en latín tenía el doble sentido que en la actualidad atribuimos a esa palabra. Con posterioridad los romanos raptaron y violaron a las mujeres sabinas que después convertirían en sus castas esposas para sellar la paz con los padres y hermanos de las muchachas. De ahí procede el fingido rapto que tiene lugar en las bodas romanas cuando el marido arranca a la esposa de los brazos de sus padres. Del mismo modo de las sabinas surgió la figura de la matrona romana virtuosa y respetable, cuyos valores en época de Augusto encarnaron a la perfección tanto la emperatriz Livia como su hermana Octavia.

Rapto de las Sabinas. Giambologna. 1582. Florencia. Piazza della Signoria, Loggia dei Lanzi. 2012

Del matrimonio romano llama la atención que el amor, salvo excepciones, se considera algo secundario. Para ellos, la unión legal entre hombres y mujeres libres no es más que un deber civil y social con la finalidad de engendrar hijos educados para hacer grande a Roma. A estas consideraciones se unían los grandes beneficios y alianzas que obtenían las familias a través de un buen matrimonio de sus hijos. Augusto y Livia fueron uno de los pocos matrimonios llevados a cabo por amor, pues por ella puso el Príncipe por primera y última vez en su vida su interés personal por encima del de Roma, al elegir no divorciarse de Livia a pesar de que la emperatriz no pudo darle hijos, tan necesarios para asegurar su sucesión.


Matrimonio entre dos ciudadanos romanos. Museo de Capodimonte

Debido a que estas uniones estaban concebidas para la procreación, el erotismo entre los esposos era algo impensable. La sociedad romana, eminentemente machista, se regía por leyes que imponían a la mujer fidelidad y castidad absoluta mientras que el marido podía entablar fácilmente relaciones fuera del matrimonio. Eso no fue óbice para que muchas féminas llevaran una vida desenfrenada a espaldas de sus maridos, como es el caso de Julia, la hija de Augusto, que pagó con el destierro su vida licenciosa.
Sin embargo, para el hombre romano también había limitaciones, pues las relaciones extraconyugales debían ser con personas de rango inferior para evitar en caso de embarazo que la criatura pudiera reclamarle nada, de ahí que la prostitución y el concubinato de esclavas fueran la mejor alternativa. Entre las prostitutas había esclavas, mujeres libres carentes de recursos y también cortesanas de lujo con buena posición aunque sin un prestigio social real a pesar de que todas debían estar registradas y pagar un impuesto.
Para pagar a las prostitutas en los burdeles se crearon las sprintia, especie de monedas o fichas que no tenían valor legal pero que sustituían al idioma para indicar lo que deseaba el cliente. Algunas teorías que apoyan la imagen de la vida lujuriosa de Tiberio en Capri afirman que fueron creadas por él, pues sólo se usaron durante los siglos I y II d.C.


Sprintiae romanas

Las numerosas imágenes eróticas que nos ha legado la antigua Roma nos desvelan que los romanos vivían fuera del matrimonio una sexualidad más libre que nosotros como ponen de manifiesto los abundantes objetos, relieves y pinturas eróticas encontradas sobre todo entre las ruinas de la ciudad de Pompeya, que muestran como nuestros antepasados conocían innumerables posturas sexuales. De hecho, sólo son excepcionales las imágenes que plasman un cunnilungus pues este tipo de sexo oral significaba el sometimiento del varón a la mujer, algo que el hombre romano machista, viril y dominante no podía permitirse. Al mismo tiempo era como mancillar la boca donde salían los discursos en el Senado para salvaguarda del Estado. Lo mismo ocurre con la homosexualidad, tolerada en Roma, siempre que el hombre romano libre asumiera el rol activo y el acoplamiento fuera con sirvientes o esclavos. En el siglo I d.C. Séneca afirma “La pasividad sexual para un hombre libre es un crimen, para un esclavo una obligación y para un liberto una necesidad”.


La copa Warren muestra escenas homoeróticas. Siglo I d.C. Lóndres. Museo Británico


Pintura erótica que representa un cunnilungus. Siglo I d.C. Termas Suburbanas. Pompeya
Fuente: De User:Fer.filol - Trabajo propio, Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=1351928

Ovidio en su Arte de Amar que tanto escandalizo a Augusto dedica en su libro tercero un capítulo aconsejando a las mujeres diferentes posiciones eróticas “Cada cual se conozca bien a sí misma y preste a su cuerpo diversas actitudes: no conviene a todas la misma postura. La que destaque por su rostro, muéstrelo en posición supina, y la que tenga hermosa la espalda ofrézcala a los ojos de amante. Milanio cargaba sobre sus hombros las piernas de Atalanta; si las tuyas son tan hermosas lúcelas del mismo modo. La mujer pequeña cabalgue sobre su amigo de tal manera que disimule la diferencia de altura. Andrómaca, que era altísima, nunca se puso sobre los de su esposo Héctor. La que tenga el talle largo, oprima con las rodillas el tálamo y deje caer un poco la cabeza; si sus músculos incitan con la frescura juvenil y sus pechos carecen de máculas, que el amante en pie la vea ligeramente inclinada en el lecho. No creas vergonzoso desatar, como una bacante de Tesalia, los cabellos y dejarlos caer sobre los hombros, y si Lúcina señaló tu vientre con las arrugas, pelea como el ágil parto volviendo las espaldas. Venus se huelga de cien maneras distintas; la más sencilla y de menos esfuerzo es acostarse tendida a medias sobre el costado derecho mientras el amante la abraza por detrás”.


Pintura erótica de la Casa del Centenario. Siglo I d.C. Pompeya

Pintura erótica de las Termas suburbanas. Siglo I d.C. TErmas Suburbanas. Pompeya

      Cuando las excavaciones de Pompeya y Herculano en el siglo XVIII sacaron a la luz múltiples piezas y pinturas de índole eróticas fueron causa de gran asombro y consternación hasta el punto que todas las obras de arte de este tipo fueron escondidas en 1819 en una sala prohibida del Museo de Nápoles, conocida como Gabinete Secreto. Estas piezas sólo podían visitarlas personas de moral reconocida y edad madura que gozaran de un permiso especial. Hasta el año 2.000 no se han abierto al público en general.
Para concluir ¿qué hay de cierto en las lujuriosas bacanales mostradas frecuentemente en el cine? De origen griego, las bacanales tomaron en Roma un carácter más festivo en honor del dios del vino, Baco. Pronto, esta celebración de origen religioso tomo un cariz más erótico. En ellas participaban mayoritariamente hombres mientras las mujeres que acudían eran las prostitutas y esclavas, pues en ellas se bebía vino de forma desmedida y se sucedían los actos de carácter erótico y sexual totalmente carentes de pudor. Fueron prohibidas en 186 d.C. por el Senado Romano pues se convirtieron en un foco de conspiración política, aunque siguieron celebrándose, sobre todo en el sur de Italia. 


La Bacanal de los Andrios. Tiziano. 1526. Madrid. Museo del Prado

2 comentarios:

  1. ¡Muchas gracias! Excelente artículo. Yo también tengo un blog. Pesquise en lo Google: Prof. Raphael.

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    1. Muy bonito tu blog. Lo visitaré de vez en cuando aunque no sé portugués, pero vivo cerquita de Portugal y algo lo entiendo. Gracias a ti por leerme! Saludos.

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