martes, 29 de marzo de 2016

Teutoburgo

“Cuando recibió la noticia de esta derrota, Augusto fijó guardias por toda la ciudad, para prevenir cualquier tumulto, y prolongó su mandato a los gobernadores de las provincias para que pudieran contener a los aliados al ser personas expertas en el trato con ellos. Hizo también voto a Júpiter Óptimo Máximo de unos grandes juegos si la situación política cambiaba para mejor, como se había hecho en la guerra de los cimbros y en la de los marsos. Cuentan, por último, que quedó tan consternado que durante varios meses se dejó crecer la barba y los cabellos; que se golpeaba a veces la cabeza contra las puertas gritando: “Quintilio Varo, devuélveme mis legiones!”, y que consideró cada año el día de la derrota como día de dolor y de luto”.
Suetonio. Vida de Augusto. Libro II, 23, 1-2

Augusto. Siglo I a.C. París. Museo del Louvre. Foto de Bill Storage y Laura Maish

           Poco duró la alegría en la familia imperial pues sólo 5 días después de la finalización de la revuelta Ilírica, en otoño del año 9 d.C., los ejércitos romanos asentados en Germania fueron duramente masacrados en la batalla del bosque de Teutoburgo y que sería la mayor derrota sufrida por Augusto durante su Principado. 
                En aquellos años, era gobernador de Germania Publio Quintilio Varo, casado con una sobrina nieta de Augusto. Aunque no era un brillante general había prestado buenos servicios en Siria donde había sofocado una rebelión judía. Su política era romanizar lo antes posible Germania y a la fuerza en caso necesario. Ese fue su gran error. "Los soldados romanos se encontraban en Germania invernando y fundando ciudades, mientras los bárbaros se adaptaban al nuevo tipo de vida, frecuentaban las plazas y se reunían pacíficamente [...] sin haber olvidado sus antiguas costumbres [...] iban progresivamente perdiéndolas [...], pero cuando Varo asumió el mando del ejército que se encontraba en Germania [...] los forzó a adecuarse a un cambio demasiado violento, imponiendo sus órdenes como si se dirigiese a esclavos y obligándolos a unos impuestos exagerados [...]. Los germanos no toleraron esta situación, por lo que sus líderes comenzaron a restablecer el antiguo y tradicional estado de cosas, mientras sus pueblos preferían los precedentes ordenamientos antes que el dominio de un pueblo extranjero. Pero aún no se rebelaron abiertamente".(Dión Casio. Historia Romana. LVI, 18).


Mapa de la Germania romana
Fuente: De Cristiano64 - Trabajo propio, CC BY-SA 3.0, 

            A esto se unía la incompetencia de Varo para entender la psicología del pueblo cuyo control se le había encomendado "[...] Varo creía que los germanos podían ser civilizados con el derecho y las leyes, aquel pueblo que no se había podido domar con las armas. Con esta convicción llegó a Germania donde esperaba encontrar hombres que gozaban de la serenidad de la paz y se pasaba el período estivo impartiendo justicia [...] delante de su tribunal [...] pero los germanos, muy astutos en su extrema ferocidad fingiendo haberse romanizado indugeron a Varo a una total desatención de los problemas reales. Varo pensaba que era un Pretor urbano impartiendo justicia en el Foro romano en lugar del comandante en jefe de un ejército en Germania". (Veleyo Paterculo. Historia Romana. II, 117).


Busto atribuido a Arminio.Siglo I a.C. Moscú. Puskin Museum


            Para consolidar su posición llevó a cabo una red de alianzas con algunos pueblos germanos, en especial con los queruscos, liderados por un tal Arminio, ciudadano romano de 25 años, miembro de los equites debido a que había luchado en el ejército romano. Algunos de los oficiales al mando de Varo trataron de prevenirle sobre Arminio, pero el gobernador no les prestó atención.
            Así en el año 9 d.C., Varo cruzó el Rin y estableció sus legiones en territorio querusco. Sólo dejó dos en la otra orilla del río. Alertado por Arminio de una presunta sublevación, un inmenso ejército formado por tres legiones (la XVII, la XVIII y la XIX), 6 cohortes auxiliares y 3 alas encabezadas por Varo se adentraron en el bosque de Teutoburgo. En un momento determinado Arminio se alejó con la excusa de organizar la fuerzas aliadas, uniéndose a los germanos que esperaban ocultos por la niebla y por la frondosidad del bosque. Al mismo tiempo habían construido una empalizada camuflada y excavada en la montaña, donde podían esperar al enemigo sin ser visto. Habían cortado árboles que dejaron caer al paso de las legiones romanas creando gran desconcierto, momento que aprovecharon los germanos para lanzar una lluvia de dardos. A continuación se produjo una lucha cuerpo a cuerpo en la que el pesado equipo de las legiones se volvió en su contra en un terreno como el de Teutoburgo. En un determinado punto los romanos comenzaron a huir y Varo fue herido. Temiendo ser capturado se suicidó. La mayoría de los altos oficiales siguieron su ejemplo.


Batalla del bosque de Teutoburgo. Otto Albert Koch. 1909
Fuente: De Otto Albert Koch - www.lwl.org, Dominio público,

         El ejército romano fue masacrado produciéndose un gran número de bajas (se piensa que unos 18.000 hombres perdieron la vida). Así y todo hubo lugar para alguna heroicidad: el joven oficial Casio Querea (que años después se haría famoso por asesinar a Calígula) dirigió la huida de algunos legionarios, que fueron los encargados de difundir el desastre. Los germanos apresaron a unos 1500 prisioneros, de los que algunos fueron vendidos como esclavos y la mayoría fueron sacrificados en altares como ofrendas a sus dioses.
La cabeza de Varo fue enviada a Augusto, a quien la derrota lo alteró más que ninguna otra cosa en su vida. Ni siquiera la muerte ni la deshonra de sus seres más queridos lo llevaron a un estado de desolación tan grande, pues sólo ahora sintió que el logro de su vida estaba a punto de desvanecerse. El emperador, con 72 años, deportó a todos los germanos de su guarda personal así como a las comunidades gala y germanas que vivían en Roma. Nunca se recuperó del tremendo golpe. Se rasgó las vestiduras y llevó luto durante mucho tiempo sin afeitarse ni cortarse los cabellos. Cada aniversario del desastre lo vivió con hondo pesar.
A pesar de la angustia del Príncipe nunca hubo una amenaza real de invasión de Italia y el descalabro fue menos importante de lo que se ha venido considerando; no obstante el gran miedo psicológico que provocó en el pueblo romano la posibilidad de que se produjera una invasión bárbara resucitó el antiguo pánico que invadió a la población cuando Aníbal, algunos siglos antes, consiguió llegar hasta las puertas de Roma. Aunque sí es cierto que a partir de ahí, Roma no intentó más someter el norte de Germania pues era una zona muy conflictiva para los escasos beneficios que reportaba.  Las fronteras quedaron fijadas en el Rin y en el Danubio. Nunca más se usaron los números de las legiones masacradas para nominar otras nuevas.
En principio el Príncipe envió a Tiberio para restablecer el orden en la zona con un nuevo ejército formado con veteranos y libertos. El hijo adoptivo de Augusto demostró una vez más ser un excelente general, pues sin temor alguno, no se contentó con pacificar la zona, sino que organizó nuevos ataques, abriendo nuevos caminos y devastando todos los territorios por los que pasaba sin registrar pérdidas en su ejército. Ya en el año 13, el emperador envío a sustituirlo a Julio César Germánico, que con sólo 28 años llegó hasta el mismísimo bosque de Teutoburgo, donde aún se esparcían los restos de los legionarios derrotados. 


Bosque de Teutoburgo bajo la Niebla.
Fuente: De Nikater - Trabajo propio, GFDL, 

“Germánico avanzó hasta el confín extremo de los brúcteros, y fue devastado todo el territorio entre el Ems y el Lippe, no lejos del bosque de Teutoburgo, en el que se decía que estaban insepultos los restos de Varo y sus legiones. Por ello se apoderó de Germánico el deseo de rendir postreras honras a aquellos soldados y a su general; todos los militares presentes se movían a conmiseración al pensar en los allegados, en los amigos, en fin, en los reveses de la guerra y en la suerte humana. Tras enviar por delante a Cécina con la misión de explorar las partes escondidas de los bosques y de tender puentes y terraplenes sobre el suelo húmedo y poco seguro de los pantanos, penetran en aquellos tristes lugares de aspecto y memoria siniestros. El primer campamento de Varo, por lo amplio de su recinto y las medidas del puesto de mando, denotaba el trabajo de las tres legiones. Luego se veía que los restos ya diezmados del ejército se habían asentado en una fortificación que se hallaba medio derruida, con una trinchera de escasa profundidad. En mitad del llano, huesos blanquecinos, esparcidos o amontonados según hubieran huido o resistido. Al lado yacían trozos de armas y restos de caballos; también había cabezas clavadas en los troncos de los árboles. En los bosques cercanos estaban los altares de los bárbaros, ante los cuales habían sacrificado a los tribunos y a los centuriones de los primeros órdenes. Y los supervivientes de aquel desastre, que habían escapado del combate o del cautiverio, contaban cómo aquí habían caído los legados, allá les habían arrebatado las águilas; donde había recibido Varo su primera herida, donde había hallado la muerte por un golpe de su desdichada diestra; en que tribuna había pronunciado Arminio su arenga, cuántos eran los patíbulos para los cautivos, cuáles las fosas, y cómo habían hecho altanero escarnio de enseñas y águilas.
Así el ejército romano que allí había llegado, a los seis años del desastre, daba sepultura a los huesos de las tres legiones; nadie sabía si enterraba restos de extraños o de los suyos, mas procedían como si todos hubieran sido allegados y aun consanguíneos, acrecentada su ira contra el enemigo y a un tiempo tristes y llenos de odio. Germánico colocó el primer terrón para levantar el túmulo, en un gesto de piedad para con los muertos y asociándose al dolor de los presentes. Ello no le pareció bien a Tiberio, ya porque juzgara mal todo cuanto Germánico hacía, ya por creer que la visión de aquellos hombres muertos e insepultos menguaría los ánimos del ejército de cara al combate y ante un enemigo tan temible, y que un general en jefe, investido con el augurio y los más antiguos ritos, no debía haber puesto su mano sobre objetos fúnebres”. (Tácito. Anales. Libro I, 60-63).


Germanico. Siglo I d.C. Amelia Terni. Museo Archeologico
Fuente: Di Moreno Lupparelli - Opera propria, CC BY-SA 3.0,

Germánico no sólo demostró su inmensa calidad humana sino que también ahuyentó cualquier mal augurio; así, obligó a salir a Arminio, derrotándolo en la batalla de Idistaviso (en el año 16), donde se puso de manifiesto su genialidad militar, acabando con la sublevación y recuperando dos de los estandartes arrebatados a las legiones. La batalla se saldó con 15.000 bajas germanas frente a sólo 1000 romanas. A pesar de ello no logró capturar ni matar al líder querusco, aunque lo anuló casi por completo hasta el punto que acabó siendo asesinado por los suyos. Sí apresó en cambio a su esposa Thusnelda entregada al joven general por su propio padre al haberse casado con Arminio contra su voluntad. Thusnelda fue exhibida en el desfile triunfal de Germánico por las calles de Roma.


Arminio se despide de Thusnelda. Johannes Gehrts, 1884
Fuente: De Johannes Gehrts - http://www.lippische-wochenschau.de, Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=6381855

            En 1987, el arqueólogo británico Anthony Clunn descubrió el lugar exacto donde se había desarrollado la batalla, en Kalkriese en la Baja Sajonia. Actualmente un museo alberga en el lugar los hallazgos arqueológicos hallados en la zona.
A pesar de su derrota final, Arminio se convirtió en un símbolo para el nacionalismo alemán en la segunda mitad del siglo XIX. Por su parte, Germánico se consagró como uno de los mejores generales de la historia Roma y su popularidad ante el pueblo romano alcanzó tales extremos que suscitaría los celos de su padre adoptivo y tío, Tiberio.


Monumento a Arminio en Grotenburg en las cercanía de Teutoburgo. 1875
            

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