domingo, 16 de septiembre de 2018

Agripina o el precio de la ambición. 1ª Parte


Agripina la Menor, Siglo I d.C, Copenhage, New Carlsberg Glyptotek

Julia Agripina (también conocida como Agripina la menor) fue la hija mayor de Germánico y Agripina la mayor. Nació el año 15 d.C. en Oppidum Ubiorum (actual Colonia), por tanto era tres años más pequeña que su hermano Calígula. Sin embargo, a pesar de su ilustre linaje, ha pasado a la historia principalmente por ser la madre de Nerón, con quien tuvo una relación tan convulsa que la encumbró como la más famosa emperatriz romana.
Su infancia estuvo marcada por la dramática muerte de su padre y la caída en desgracia de su madre y hermanos mayores. Tras la desaparición de éstos, vivió junto con sus hermanas Drusila y Livila en casa de su abuela Antonia la menor.
En la domus de la estricta Antonia las tres niñas se educaron en las labores propias de las matronas romanas (como la lana y el telar), pero también recibieron lecciones de retórica, latín y griego.
En el año 28 d.C, con tan sólo trece años, se casó por imposición del emperador Tiberio (también su tío abuelo) con su primo segundo Cneo Domicio Enobarbo, 32 años mayor que ella. Según las fuentes antiguas, Domicio era un hombre despreciable, disoluto y cruel además de mujeriego y corrupto. De hecho fue acusado por Tiberio de lesa majestad, adulterio e incesto con su hermana Lépida, pero la muerte del emperador le libró de la condena. En definitiva, una pésima influencia para la adolescente Agripina.
Del matrimonio nació el único hijo de la pareja, Lucio Domicio (futuro emperador Nerón) el 15 de diciembre del año 37 d.C. Según Suetonio, “al recibir [Domicio] las felicitaciones de sus amigos, exclamó que nada podía nacer de Agripina y de él que no fuera detestable y para desgracia pública” (Vida de Nerón, 6,1-2).
No obstante, Lucio Domicio se convirtió en el centro de la existencia de su madre. Desde el primer instante que lo acunó entre sus brazos albergó para él grandes planes; lo primero que hizo fue proponerle a su hermano Calígula (ya emperador) que pusiera nombre al pequeño con la esperanza que lo adoptara (hay que recordar que Calígula no tenía herederos). Calígula, con sorna, le sugirió el nombre del tío de ambos, Claudio, al que todos consideraban idiota. Agripina lo rechazó con desprecio.


Moneda con Calígula en el anverso y sus hermanas en el reverso
Fuente: De Classical Numismatic Group, Inc. http://www.cngcoins.com, CC BY-SA 2.5, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=29068141

En los inicios del Principado de su hermano gozó de grandes privilegios, pero tras la grave enfermedad que sufrió éste, quedó claro que su predilecta era Drusila en detrimento de las otras dos hermanas. Tras la muerte de aquella, Calígula perdió el interés por Livila y Agripina. Ésta última, dominada desde siempre por una ciega ambición, no lo digirió bien.
Tres años después enviudó al morir Enobarbo. Agripina contaba con 25 años. Sin embargo, no pudo disfrutar mucho de su libertad pues meses después fue desterrada a la isla de Pandataria por orden de Calígula, acusada junto con su otra hermana Livila de conspirar para matar al emperador. Sufrió también la humillación de tener que portar hasta Roma a pie las cenizas de su amante Emilio Lépido (amigo del emperador y acusado igualmente de estar implicado en la conjura). Agripina asumió su destino sin bajar la cabeza, pero su corazón sufrió un gran revés al tener que separarse de su hijo y verse obligada a ceder su tutela a Domicia Lépida, hermana y supuesta amante de Domicio.
Tras la muerte de Calígula, el nuevo emperador Claudio llamó del exilio a sus dos sobrinas. Al contrario de su hermana Livila (mandada ejecutar al poco tiempo bajo las intrigas de Mesalina), Agripina se alejó de la vida de la corte. Volvió a contraer matrimonio con Cayo Salustio Pasieno Crispo, que al morir en el año 47 le dejó una gran fortuna. Hubo rumores de que éste había sido envenenado.

Agripina y Claudio

Y así, tras la ejecución de Mesalina, volvió a acercarse al emperador Claudio, a quien se dirigía con grandes muestras de cariño y adulación. Con 34 años se casó con él, a pesar de que eran tío y sobrina. Esa contrariedad la solucionó el Senado, que promulgó un decreto permitiendo este tipo de matrimonios. Agripina regresó por la puerta grande al centro del poder.
Desde ese momento, Claudio la cubrió de honores que ni siquiera Livia había recibido de Augusto. Por primera vez. una mujer lució el título de Augusta con un emperador vivo. Asimismo, se le dedicaron esculturas que la representaban como diosa y se acuñaron monedas con su rostro, que a diferencia de las de Mesalina, que siempre iban acompañadas en el reverso por gestas del emperador, la nueva emperatriz sólo las compartía con su hijo.
         La emperatriz había tenido siempre clara su prioridad: un futuro glorioso para Nerón, a quien consideraba el verdadero heredero de Augusto. De hecho cuando  consultó a unos astrólogos caldeos sobre el destino del pequeño “le respondieron que había de reinar y de matar a su madre; ella dijo: que la mate, con tal que reine” (Tácito. Anales, XIV, 9, 3).

Moneda que representa a Agripina junto a Nerón

         Ahora en su nuevo papel de emperatriz, Agripina vio cómo había llegado el momento de colocar a su hijo en la posición ideal para que heredara el trono imperial, pese a que Claudio ya tenía a su hijo Británico. Para conseguirlo, convenció al emperador que adoptara a Nerón en el año 50, cuando éste tenía 13 años y, posteriormente, consiguió que aceptara el matrimonio del joven con la hija de Mesalina, Octavia. Incluso le persuadió para nombrar como Prefecto del Pretorio a un hombre de su total  confianza: Sexto Afranio Burro; de esta forma Agripina se aseguraba la lealtad del hombre al mando del ejército que sustentaba el poder imperial. Para culminar su plan, mandó traer del exilio al filósofo Lucio Anneo Séneca para que ejerciera como tutor de Nerón.
El por qué accedió Claudio a elegir a Nerón por delante de su propio hijo ha suscitado siempre grandes dudas en la historiografía. En su época, el emperador fue menospreciado por muchos que lo acusaban de dejarse manipular nuevamente por una mujer. Sin embargo, teorías más actuales se inclinan por pensar que al sentirse enfermo y que su vida llegaba a su fin, Claudio no quería sumir al Imperio en una gran inestabilidad al dejar el poder en un niño de 9 años, que podía ser aprovechado por muchos para iniciar un nuevo período de guerras civiles. Nerón era 4 años mayor y por tanto, podía comenzar antes a ser instruido en las labores de gobierno.
 No obstante, Claudio seguía vivo cuando Británico cumplió 14 años lo que le hizo empezar a replantearse su apuesta por Nerón. Agripina no estaba dispuesta a perder lo que tanto esfuerzo le había costado conseguir. Aprovechando una ausencia del liberto Narciso (principal protector de Claudio), envenenó al emperador con un plato de setas. Esta teoría no está confirmada pero ningún historiador antiguo ni moderno la pone en duda. Era el año 54 d.C. y Nerón tenía 17 años. Conocedor del papel ejercido por su madre en su ascenso al trono, su primer santo y seña dado a los pretorianos fue “la mejor de las madres” (Suetonio. Vida de Nerón, 9).


Agripina coronando a Nerón. Siglo I d.C. Afrodisias, Museo
Fuente: De Carlos Delgado, CC BY-SA 3.0, 

2 comentarios:

  1. Jopeee con los decretos......si hoy estamos igual, jajajaja.

    Pobre Claudio !!!!

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