lunes, 26 de noviembre de 2018

La muerte de Claudio

“Los principales presagios de su muerte fueron la aparición de un cometa, la caída de un rayo sobre la tumba de su padre Druso, y el hecho de que ese mismo año habían muerto la mayor parte de los magistrados de todas las categorías. Pero al parecer tampoco él ignoró ni ocultó cuál había de ser su última hora; al menos dio varios indicios de ello. En efecto, al designar a los cónsules, no nombró a ninguno para los meses posteriores a aquel en que murió; en la última reunión del Senado a la que asistió, exhortó a sus hijos encarecidamente a la concordia y encomendó su juventud a los senadores en términos suplicantes; finalmente, en la última instrucción que llevó a cabo en un tribunal anunció una y otra vez, aunque los que lo oían rechazaron este presagio funesto, que había llegado al fin de su vida mortal”.
Suetonio. Vida de Claudio, 46

Claudio. Siglo I d.C. Museos Vaticano. Roma 2018

Durante el último año de su vida, Claudio dio muestras evidentes de desear cambiar sus planes sucesorios, pues Británico se acercaba a la mayoría de edad. Sin embargo, tres meses antes de que llegara este momento, el emperador cayó enfermo. Semanas antes su principal protector Narciso había salido de viaje hacia el Sur de Italia buscando un clima más cálido que le permitiera recuperarse de un fuerte ataque de gota.
El Senado fue convocado y se ofrecieron múltiples votos a los dioses rogando por la recuperación del César. No obstante, todo fue inútil, el 13 de octubre Claudio moría en su cama del Palatino. Aunque ese año había asolado Roma una fuerte epidemia de fiebre, la opinión pública, tal y como recogen los historiadores antiguos, no tiene ninguna duda, de que Claudio fue asesinado por orden de su esposa. Así y todo circularon varias versiones: que Agripina había encargado a una famosa envenenadora que contaminara un plato de setas (uno de los manjares favoritos de Claudio), que ante la indigestión que le provocaron las setas había convencido al médico de su esposo que le introdujera un pluma impregnada en veneno en la garganta, etc. La afirmación de Nerón meses después de que las setas debían ser la comida de los dioses porque habían permitido a Claudio convertirse en un dios (Dión Casio, Historia romana, 61) parece confirmar estas teorías.

Moneda que representa a Claduio y Agripina
Fuente: Di Classical Numismatic Group, Inc. http://www.cngcoins.com, CC BY-SA 2.5, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=29719072

“Agripina, que desde tiempo atrás estaba decidida al crimen, aprovechando con presteza la ocasión que se le ofrecía (la ausencia de Narciso) y no faltándole servidores para el caso, deliberó sobre el veneno a elegir: uno súbito y de efecto precipitado denunciaría el crimen; si escogía uno lento que lo fuera minando, era de temer que Claudio, cerca de la muerte y dándose cuenta del engaño, volviera al amor de su hijo. Quería algo especial, que le perturbara la mente y dilatara su muerte. Se elige como artífice de tal obra a una mujer a la que llamaban Locusta, recientemente condenada por envenenamiento y largo tiempo tenida como uno de los instrumentos del reino. Por el ingenio de aquella mujer fue preparado el veneno, y suministrado por Haloto, uno de los eunucos, que solía servir y probar los manjares” (Tácito, Anales, 66).
No obstante, continúa Tácito “quedo todo tan pronto al descubierto que los historiadores de aquellos tiempos cuentan que el veneno se echó en una suculenta seta, y que la fuerza de la poción no se sintió inmediatamente, ya fuera por la estupidez de Claudio, ya porque estuviera borracho; también parecía que una descomposición de vientre lo había salvado. Con ello se aterrorizó Agripina y, como temía lo peor, despreciando la desaprobación de los presentes, emplea la complicidad del médico Jenofonte, la cual ya se había preparado. Éste, como si tratara de ayudar a los esfuerzos de Claudio por vomitar le clavó en la garganta, según se cree, una pluma mojada en veneno, no ignorando que los grandes crímenes se acometen con peligro y se rematan premio” (Anales, 67).

Claudio (Derek Jacobi) ingiere la seta que acabaría con su vida en un fotograma del serie Yo, Claudio, 1976

De esta manera tan cruel abandonó Claudio este mundo; un buen emperador no valorado adecuadamente en su época. Los historiadores posteriores han aceptado por unanimidad el asesinato pues no se ha encontrado ningún argumento que lo desmienta.

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