miércoles, 4 de febrero de 2015

Auditorium de Mecenas

“Ahora se puede habitar en el saludable Esquilino y pasear en su llanura soleada, por donde hace poco los desdichados contemplaban el deforme campo por los blancos huesos”
                                                                                              Horacio. Sátira. I, 8
                                                                                                        
                                                                                                
Mecenas en el jardín de su Villa del Esquilino. C.F. Jalabert. Siglo XIX. Nimes.  Museo de Bellas Artes


Gracias a estos versos del poeta Horacio, unos restos arqueológicos encontrados en el Esquilino se identificaron como los de la villa que Cayo Cilnio Mecenas se construyó en esa zona de Roma durante los años 40-30 a.C.
Mecenas, el consejero más leal de Augusto junto con Agripa, era de un carácter muy diferente a estos últimos, cuyos actos estaban dominados en gran medida por la moderación y la austeridad. En cambio, Mecenas sentía un gusto desmedido por el lujo y los placeres, de ahí que se construyera una de las más suntuosas villas de Roma en esta zona del Esquilino que antes había sido ocupada por un cementerio (de ahí la alusión de Horacio al campo cubierto de huesos). Para la construcción de la misma fue necesario cubrir la antigua necrópolis con una gran capa de tierra en la que se plantaron flores y árboles a la vez que se tuvieron que aplanar parcialmente los terraplenes de la Muralla Serviana, dando lugar a uno de los más bellos jardines de la antigua Roma, los horti Maecenatis, que estaban decorados con numerosas obras de arte, lo que evidencia el gusto de Mecenas por el coleccionismo de antigüedades. Sabemos también por las fuentes que Augusto “cuando se encontraba enfermo dormía en casa de Mecenas”. (Suetonio. Vida de Augusto. 72.2), por lo que podemos hacernos una idea de la inmensa paz que transmitía el lugar.

Plano del Esquilino con la localizaciòn de los Horti Maecenatis

 La elección del sitio vino determinada por dos factores: el primero, la reforma urbanística promovida por Augusto de alejar las necrópolis de la ciudad y el segundo, es eminentemente práctico: para mantener el verdor de tan inmensos jardines se precisaba abundante agua, algo que no faltaba en el Esquilino al ser lugar de paso de casi todos los acueductos de Roma. A esto se unía que desde allí podía obtenerse una espectacular vista de la ciudad.
El edificio encontrado fue excavado en 1874. Los restos que aún se conservan pertenecen a una gran sala rectangular de 13 x 24 metros. En uno de los lados cortos la pared se curva en un gran ábside al que se abren una serie de nichos a modo de ventanales ficticios donde aún pueden verse trazas de la decoración pictórica. En cada uno de los dos lados más largos se distribuyen 6 nichos. Una techumbre moderna cubre la construcción sustituyendo a la original, hoy desaparecida, que debió ser abovedada.

Auditorium de Mecenas

A los pies del ábside surge una escalinata de 7 escalones concéntricos que evoca una especie de cavea teatral lo que dio nombre al edificio, sin embargo la estrechez de los escalones han identificado el lugar como un ninfeo monumental. Desde el escalón más alto descendían los flujos que vertían abundante agua en la sala. Probablemente la escalinata se decoraría con jarrones con flores entre los que discurriría la corriente lo que unido a la decoración de jardín de los nichos daba la idea de un magnífico parque subterráneo. 

Detalle del ábside

Este ninfeo formaba parte de un conjunto destinado seguramente a triclinio estivo, es decir, un lugar de reunión inmejorable para el círculo de poetas que frecuentaban a Mecenas como corroboran los versos del poeta griego Calímaco grabados en el ábside que aluden a los efectos del amor y el vino.
Tras su muerte, Mecenas legó su impresionante villa a Augusto que posteriormente la cedió a su hijastro Tiberio al regresar de su exilio en Rodas. A éste se deben las espectaculares pinturas que adornaban el ninfeo, datadas a finales del siglo I d.C. Estos frescos murales pertenecen al tercer estilo pompeyano y están íntimamente conectados con las pinturas murales del Triclinio estivo de la villa que su madre, Livia, poseía en Prima Porta.

Detalle de pájaro del ninfeo de Mecenas

       Desgraciadamente de las pinturas de la Villa de Mecenas sólo podemos hacernos una idea a partir de las reproducciones de los mismos de la época del descubrimiento de los mismos. Cada nicho estaba decorado por árboles movidos por el viento sobre los que sobrevuelan diferentes pajarillos. Al igual que en la Villa de Livia, un friso marmóreo abierto en el centro cierra el jardín por la parte baja. Justamente delante de la curvatura central de esta balaustrada se colocaba una fuente o una vasija. La parte de arriba de los nichos se ornamentaba con una profusa lluvia de flores. Dominaba el conjunto de nichos un friso decorado con escenas dionísiacas.


Grabado del siglo XIX con las pinturas de jardín del Auditorium de Mecenas


Escenas dionísiacas en el ábside


Recreación con efectos audiovisuales 3D del Ninfeo de Mecenas

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