domingo, 14 de febrero de 2016

Agripa Póstumo

Agripa Póstumo. Siglo I d.C. París. Museo del Louvre

           Marco Vipsanio Agripa nació en 12 a.C., algunos meses después de que falleciera su ilustre padre del mismo nombre, de ahí que recibiera el cognomen por el que fue coloquialmente conocido: Póstumo. Su abuelo (el emperador Augusto) no quiso adoptarlo (como había hecho con sus hermanos mayores, Cayo y Lucio) en homenaje a su yerno y amigo más leal para que no se perdiera su nombre.
Las circunstancias de la vida de Póstumo son extrañas, pues nunca gozó de las atenciones y honores que desde bien pequeños recibieron sus hermanos varones. Con 10 años debutó al igual que ellos lo hicieron a su edad en los juegos troyanos que tuvieron lugar durante los festejos para la inauguración del Foro de Augusto. Y después, nada más se sabe de él hasta su adopción.


Augusto (Brian Blessed) y Póstumo (John Castle). Fotograma de la serie Yo, Claudio. 1976

Poco dicen las fuentes al respecto, aunque algunos historiadores romanos lo definen como grosero y violento. Tácito dice de él que era “un muchacho carente, desde luego, de cualquier clase de aptitudes y de una fortaleza física que le producía un orgullo estúpido pero inocente de cualquier infamia” (Anales. I, 3, 4-5). Su carácter era colérico, pero no sabemos si era fruto de una enfermedad mental. Lo que si es cierto es que Augusto lo tenía apartado de la alta política. Incluso retrasó la ceremonia en la que Póstumo asumió la toga virilis, por lo que no se convirtió en hombre legalmente hasta los 17 años. El emperador no le nombró Príncipe de la Juventud ni le concedió ningún privilegio, siendo muy significativo que la muerte de sus hermanos no lo situara en el primer puesto en la línea de sucesión, pues fue adoptado por Augusto sólo a la vez que su antiguo padrastro, Tiberio. Quizás Augusto presentía su muerte cercana y no quería ligar la suerte del Imperio a un joven inexperto cuya integridad no estaba fuera de toda duda. Sin embargo, sorprende la frialdad de Augusto hacia Póstumo ya que el emperador tenía la suficiente paciencia para ser uno de los únicos miembros de la familia imperial capaz de conmoverse ante la desdicha del joven nieto de Livia, Claudio, e intentar facilitarle su integración en la familia divina. Extraña por tanto la insensibilidad hacia su propio nieto.


Isla de Planasia (actual Pianosa) en la Toscana

Misteriosos también son los motivos que llevaron a Augusto en el año 6 o 7 d.C. a desterrarlo a la diminuta isla de Planasia mantenido bajo una estrecha vigilancia. La versión novelada de Robert Graves en Yo, Claudio hace referencia a un complot urdido por Livia que implicaba a Póstumo en una violación, con la finalidad de acabar así con el último obstáculo de Tiberio en la sucesión, “En efectos, Livia se había impuesto de tal manera al ya decrépito Augusto, que éste relegó a la isla de Planasia  a su único nieto, Póstumo Agripa. En cambio a Germánico, hijo de Druso, lo puso al frente de ocho legiones junto al Rin” (Tácito. Anales. I, 3, 4-6). Esta teoría está en consonancia con la línea de desprestigio hacia la emperatriz iniciada por Tácito y carece totalmente de fundamento pues en la antigua Roma la adopción otorgaba al hijo adoptado los mismos derechos jurídicos que a aquellos naturales y así Tiberio, por edad, era legalmente el heredero de Augusto.
Igualmente improbable es la historia tramada por Tácito que habla de un posterior arrepentimiento de Augusto que habría visitado a Póstumo en Planasia para pedirle perdón y restituirle su posición. De la misma vuelve a hacerse nuevamente eco Robert Graves. Ambos cuentan que los planes del emperador quedaron interrumpidos a causa de su muerte acaecida en 14 d.C.: “Se había esparcido el rumor de que pocos meses antes de morir, Augusto se había hecho llevar hasta Planasia a visitar a Póstumo, y que allí había habido por ambas partes muchas lágrimas y señales de cariño, de donde parecía surgir la esperanza de que el muchacho fuera devuelto al hogar de su abuelo” (Anales. I, 5, 1). Yo por mi parte pienso que no hay ningún indicio real para creer que Augusto (que se mostró tan inflexible ante las súplicas del pueblo romano cuando le imploraba un indulto para su hija Julia) hubiera cambiado de opinión con respecto a su nieto, pues para tomar la determinación de desterrarlo, muy grave debió ser el delito que cometió ante sus ojos.


Un desolado Augusto pide perdón a su nieto en Planasia. Fotograma de la serie Yo, Claudio. 1976

Póstumo sobrevivió a Augusto sólo unos días pues en los momentos de confusión que se produjeron a la muerte del emperador, un centurión de la guardia pretoriana viajó hacia Planasia con la misión de asesinarlo, probablemente ordenada por Tiberio, aunque éste lo negó tajantemente. Las fuentes apuntan a que quizás fuera Livia quien diera la orden a sus espaldas para evitar conflictos entre las facciones Julia y Claudia y que nada pusiera en duda la legitimidad de Tiberio. E incluso hay quien sugiere que lo había dejado escrito el propio Augusto, algo que descarto totalmente pues jamás ordenó la muerte de nadie de su familia y si quería hacerlo no tenía ningún motivo para no haberlo ejecutado en vida. La opción que me parece más plausible es la primera pues Tiberio albergaba un odio atroz hacia  su ex esposa Julia y sus descendientes.
Ya muerto Póstumo, aún hubo lugar para una historia más que envolviera en tinieblas la breve y dramática vida del joven. Cuenta Tácito que tenía el nieto de Augusto un esclavo llamado Clemente que se parecía a él mucho físicamente y que tras su fallecimiento se hizo pasar por él haciendo creer a todos que el que había muerto era el esclavo. Tiberio mandó apresarlo y que lo llevaran a su presencia. Mítico el diálogo entre ambos que plasma Tácito: “¿cómo has tenido el atrevimiento para fingirte Agripa?, le preguntó enfurecido el nuevo emperador. El supuesto Póstumo le respondió con altanería “el mismo que tú para ser César”. Tiberio mandó asesinarlo cruelmente dando rienda suelta al resentimiento que había ido acumulando durante años de sentirse menospreciado.


Busto de Tiberio. Siglo I d.C. Roma. Museos Vaticanos
Fotografía de Bill Storage y Laura Maish

    “Aquel mismo año la osadía de un solo hombre, y además esclavo, estuvo a punto de afligir a la república con guerras civiles, si no fuera porque se acudió a tiempo. Un siervo de Agripa Póstumo llamado Clemente, al saber el final de Augusto concibió el plan de llegarse a la isla de Planasia y, tras apoderarse por la fuerza o con engaño de Agripa, llevárselo a los ejércitos de Germania. Impidió su intento la lentitud de la nave de carga en la que se embarcó; y como entretanto ya se había perpetrado el asesinato de Agripa, decidiéndose por un plan más grande y descabellado, robó sus cenizas y se dirigió a Cosa, promontorio de Etruria, donde se escondió en un lugar ignorado hasta que le crecieron el pelo y la barba, pues en edad y aspecto físico no era muy distinto a su señor. Entonces, por medio de colaboradores, cómplices de su secreto, difunde el bulo de que Agripa está vivo [….]. El rumor de que por gracia de los dioses Agripa se había salvado se extendió rápido por Italia dándosele credibilidad en la misma Roma [….]. (Tiberio) encargó prenderle y que lo llevaran ante su presencia. Cuando le preguntó cómo se había convertido en Agripa, se cuenta que le respondió: “del mismo modo que tú te convertiste en César” (Tácito. Anales. II, 40).

2 comentarios:

  1. Y todo eso ocurría en la civilizada Roma, qué no pasaría en la salvaje Hispania...pues como ahora jajajaja ☺

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  2. Hola Javi! Uno de los grandes defectos del hombre es que es incapaz de aprender de los errores del pasado, si bien la Historia es un ciclo que se repite una y otra vez. La dinastía Julio- Claudia era un avispero y en los últimos años de vida de Augusto aún le quedan más escándalos que afrontar. Y lo que vino tras su muerte, como todo el mundo sabemos, fue muchísimo peor. Un saludo

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