lunes, 23 de junio de 2014

La Casa de Augusto en el Palatino

          “Habitó  primero cerca del Foro Romano, luego en el Palatino, en una casa modesta, nada notable por su amplitud ni por su adorno, pues sus pórticos eran pequeños, y sus habitaciones carecían de mármol o pavimento precioso. Durante más de cuarenta años ocupó el mismo dormitorio tanto en invierno como en verano, aunque sabía por experiencia que Roma en invierno era poco recomendable para su salud. Para cuando quería trabajar en privado o sin interrupciones, tenía un lugar reservado en el piso superior, al que llamaba, su taller”. 

           Suetonio. Vida de Augusto. 72, 1-2.

Casa de Augusto. Roma 2011

En mis paseos por la Roma de Augusto ningún lugar me ha emocionado más que las estancias de su casa que aún se conservan en el Palatino. Reabiertas al público en el 2007 tras 20 años de restauración, tuve el placer de visitarlas por primera vez en junio de 2011. Independientemente de su indudable valor artístico y sobre todo histórico, es difícil describir con palabras las sensaciones que te brinda el poder entrar en el interior de la que fue la vivienda del protagonista de este blog; sin duda alguna, la más hermosa de todas, percibir que te absorbe la misma atmósfera que envolvió no ya sólo al Príncipe sino al hombre sencillo que se escondía detrás de él. Recorriendo aquellas habitaciones pude exhalar el mismo aire que él respiraba e imbuirme de su presencia eterna entre esos muros que fueron testigos de su vida. Así, a la vez que me deleitaba con las exquisitas pinturas murales que el dueño del mundo contempló cada día, no me costó imaginarlo departiendo con Agripa y Mecenas, discutiendo con Livia algún asunto doméstico o paseando entre la frondosa vegetación de sus jardines para ver como el atardecer cubría de oro el perfil amado de Roma recortándose a los pies del Palatino. Ningún lugar más idóneo para descubrir al verdadero fundador del imperio romano.
La casa, mandada construir por Octavio en el 36 a.C. en la colina más sagrada de Roma, se encontraba en las cercanías del Lupercal (la cueva convertida en santuario donde según la leyenda la loba amamantó a Rómulo y Remo) y el Templo de Apolo Palatino con el que estaba conectada. De esta manera, una vez más el futuro Augusto vinculaba su imagen a los fundadores de Roma y al dios Apolo.


Fuente: Roma Capitale

Descubierta en 1969 era relativamente modesta para tratarse de la residencia del que llegaría a ser el hombre más poderoso del mundo. Aunque sigue el esquema de las domus romanas consistente en combinar estancias más simples de reducidas dimensiones para el uso privado (entre ellas las de la llamada Casa de Livia) con otros espacios más amplios destinados a la representación, su complejidad de estructuras radica en que Octavio la construyó  a partir de la fusión de un grupo de casas antiguas con la que había comprado al orador Hortensio Ortalo. Sus líneas sobrias, reflejan fielmente la personalidad de su propietario.
El ala norte (en la parte privada)  alberga las más famosas estancias de la casa: la Sala de las máscaras y la Sala de los pinos, cuyas maravillosas pinturas están ejecutadas magistralmente en el segundo estilo pompeyano; es decir aquel que se caracteriza por la representación de paisajes arquitectónicos en los que la profundidad se alcanza a través de la perspectiva. En la primera de ellas, unas máscaras teatrales coronan la arquitectura fantástica, cuyo espacio libre permite vislumbrar una panorámica de un paisaje. En el centro de cada una de las paredes se conserva una imagen de una divinidad rural. Esta estancia pone de manifiesto la pasión que Augusto sentía por el teatro. La conocida como Sala de los pinos exhibe, por su parte, guirnaldas de piñas que cuelgan entre delgadas columnas. Estas habitaciones han sido reabiertas al público el pasado 18 de septiembre.

Sala de las máscaras

Detalle de la Sala de las máscaras

Sala de los pinos

Las cuatro habitaciones situadas en ala este, al lado septentrional del peristilo, se podían ya visitar desde el año 2007: una de ellas estaba destinada al recibimiento de visitas (Oecus), otra pertenece a un dormitorio inferior, mientras que el pequeño estudio del piso superior, es el que menciona Suetonio como el espacio en donde Augusto solía retirarse en soledad. La última sala es una especie de rampa en la planta baja que comunicaba con la superior. Sus dimensiones son reducidas pero están decoradas con excelentes pinturas también del segundo estilo pompeyano de una altísima calidad, que reproducen en colores encendidos figuras fantásticas, motivos animales y vegetales junto a elementos arquitectónicos que dan profundidad a unas paredes que parecen abrirse al exterior creando ambientes refinados aunque no ostentosos.


Dependencias de la Casa de Augusto. Roma 2013

Peristilo. Roma 2013

Sala con rampa. Roma 2013

Detalle de la bóveda de Sala con rampa. Roma 2013

Oecus. Roma 2013

Oecus. Roma 2013

Detalle de máscara del Oecus. Roma 2013

Dormitorio. Roma 2013

Detalle de Dormitorio. Roma 2013

Estudio de Augusto. Roma 2013

Video de Luigi Manfredi

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