domingo, 19 de noviembre de 2017

Calígula y el Senado

[A su caballo Incitato] se dice que hasta tenía pensado otorgarle el consulado”                                                                                       Suetonio. Vida de Calígula, 55, 3
Las relaciones de Calígula con el Senado se fueron deteriorando progresivamente, hasta el punto que ningún senador estaba seguro cerca de él. El desprecio que sentía el emperador hacia los senadores queda reflejado en la famosa cita de Suetonio. El historiador, en contra del tópico popular que afirma que Calígula nombró cónsul a su caballo, apuntó que se decía que tenía pensado hacerlo, no que lo hiciera de manera categórica. En definitiva, el célebre episodio no es más que otra burla más de Calígula hacia las altas magistraturas del Estado, en el sentido que consideraba tan ineptos a quienes las ostentaban, que hasta un caballo lo haría mejor.
       Aunque se desconoce cuál fue el origen de los conflictos, sí sabemos con certeza que desde que Tiberio se trasladó a Capri el Senado adquirió más autonomía y se había acostumbrado a tomar sus propias decisiones. Algo que Caligula no estaba dispuesto a permitir.
Lo primero que hizo el emperador para eliminar a senadores hostiles fue desempolvar los juicios por traición pendientes de juicio desde los tiempos de Tiberio (y que Calígula había fingido destruir cuando llegó al trono imperial). Los cónsules fueron destituidos (estando varios días el Estado sin esta sagrada magistratura) y muchos senadores fueron juzgados y, en muchas ocasiones, ejecutados. La ley de lesa majestad (que protegía al Estado de conjuras o sediciones) empezó a aplicarse caprichosamente. Los condenados perdían todos sus bienes que iban a parar al Tesoro Público.


Senadores en el Ara Pacis Augustae. 13-9 a.C. Roma

 Los senadores eran tratados como miembros de una corte oriental, siendo obligados a humillarse ante el emperador. La adulación y el soportar las vejaciones se convirtieron en el única arma de los senadores para sobrevivir. Pues la caída en desgracia no sólo podía suponer la muerte o el exilio, sino también la privación de riquezas para la supervivencia de sus familiares y la pérdida del prestigio de su linaje, a veces antiquísimo.
“Había un cierto Protógenes, que ayudaba al emperador en sus asuntos más duros que siempre llevaba consigo dos libros, uno de los cuales llamaba su espada (donde apuntaba la gente que iba a ser ejecutada) y el otro su daga (donde anotaba a aquellos que se les iba a conceder la oportunidad del suicidio). Este Protógenes entró en el Senado un día como si fuera a tratar otros asuntos, y cuando los senadores lo saludaron con naturalidad, él lanzó una mirada siniestra a Escribonio Próculo y exclamó: “¿No me saludas? ¿Es que odias al emperador?”. Al escuchar esto los allí presentes rodearon a su compañero y lo despedazaron. Cuando Cayo (Calígula) mostró placer ante esto, declaró que se había reconciliado con ellos. Así, los senadores aprobaron celebrar varios festivales en su honor al mismo tiempo que decretaron que el emperador ocupara una alta plataforma en la misma Curia, para evitar que nadie se le acercara y aprobaron que militares lo protegieran incluso allí; también le ofrecieron que sus estatuas debían ser custodiadas. Cayo (Calígula)  dejó al lado su ira contra ellos, y con impetuosidad juvenil hizo algunas cosas excelentes”. (Dión Casio. Historia romana. 26, 1-4). Este estremecedor relato de Dión Casio, sea cierto o no, muestra con gran crudeza cómo la relación de Calígula con la principal institución de Roma quedó reducida al sometimiento y el miedo.


Calígula. Siglo I d.C. Nápoles. Museo Arqueológico Nacional

Aunque Suetonio no recoge este episodio, describe otros en la misma línea. Por ejemplo cuando Calígula se desplazó a Germania a una expedición militar, frustrado al no tener enemigos con los que combatir “abandonó la asamblea y se dirigió inmediatamente a Roma, volviendo toda su ira contra el Senado, al que amenazaba abiertamente para desviar los rumores de tantos actos vergonzosos, quejándose, entre otras cosas que se le había privado del triunfo completo, aunque él mismo había ordenado poco antes, incluso bajo pena de muerte, que no se abriera ninguna deliberación sobre los honores debidos a su persona. Así, cuando una comisión de este ilustrísimo cuerpo vino a verle, mientras se hallaba en camino, con el ruego de que apresurara su regreso, le respondió a grandes voces: “llegaré, llegaré y ésta conmigo”, mientras golpeaba repetidas veces la empuñadura de la espada que llevaba en su cintura. Por un edicto hizo saber además […] que para el Senado no volvería a ser ni un conciudadano ni un príncipe. Prohibió incluso que ningún senador le saliera al encuentro. (Vida de Calígula. 48, 2 y 49, 1-2).
En conclusión, queda patente con estos relatos que Calígula vertió todo su odio contra la institución que podía suponer un límite a su poder absoluto.

domingo, 12 de noviembre de 2017

El Palacio de Calígula en el Palatino

(Calígula) cortó en dos el templo de Cástor y Pólux en el Foro Romano e hizo a través de él un acceso al palacio que corría directamente entre las dos estatuas, en orden, como solía decir, de tener a los dioscuros de guardianes de su casa”
Dión Casio. Historia Romana. 28, 5


Reconstrucción de la Domus Tiberiana y Palacio de Calígula

En los inicios del Principado de Calígula varias casas dispersas pertenecientes a la familia imperial se diseminaban por el Palatino. El nuevo emperador le dio al conjunto cierta homogeneidad, construyendo algunas estructuras con la finalidad de crear un espacio unitario. Para ello, amplió hacia el lado noroeste del Palatino el Palacio de Tiberio (el primero que se construyó en esta área), que tenía una fachada sobre el Foro y otra hacia el Velabro. El nuevo edificio se ubicaría al sur del Templo de Castor y Polux y de la Fuente de Juturna.
Nada queda del alzado del edificio, por lo que todos son conjeturas en relación a su aspecto. Se piensa que en la planta baja estarían las estancias del servicio y almacenes, mientras que en la primera planta se distribuirían las estancias principales. El Palacio poseería también un atrio y una piscina que seguramente estaba unida a un triclinio donde el emperador llevaría a cabo sus actividades lúdicas y sociales.
En la zona de la piscina se encontró una inscripción [ger]MANICI F, lo que la asocia a época de Calígula. El atrio, con sus 26,5 x 22,30 metros es el más grande descubierto jamás en el mundo romano. Sus muros eran de mármol travertino. No se han hallado trazas del impluvium y de las columnas que lo sostenían, sólo se han conservado pequeños fragmentos. Al sur del mismo se encontraba el tablinum con un muro que lo atravesaba en dirección al atrio.



Restos del Templo de Cástor y Polux y el Palacio de Calígula

A pesar de los escasos restos conservados, lo que verdaderamente ha llamado siempre la atención de arqueólogos y estudiosos es la búsqueda de vestigios arqueológicos que diesen veracidad a los escritos de los historiadores clásicos que afirman que Calígula usó el templo de Cástor y Polux como vestíbulo de su palacio. Al mismo tiempo dicen que el emperador construyó un puente de madera para conectar el mismo con el templo de Júpiter Óptimo Máximo en el Palatino, teniendo así contacto directo con el dios supremo de la religión romana. (Suetonio. Vida de Calígula. 22, 4). Del puente no se ha encontrado ningún rastro, a pesar de que Flavio Josefo también refiere en su obra que Calígula una vez arrojó monedas al pueblo desde el techo de la Basílica Julia. Si esto es cierto, debería haber existido una estructura que le permitiera el acceso hasta allí. Quizás, de haber existido, fuera de madera y hubiera sido retirada posteriormente por Claudio.
“Tras haber transformado en vestíbulo el templo de Cástor y Pólux, se colocaba a menudo entre los dos divinos hermanos y se mostraba a los visitantes en el centro del grupo para que lo adoraran” (Suetonio. Vida de Calígula. 22, 2). En 2013, las excavaciones llevadas a cabo por arqueólogos de la Universidad de Oxford y Stanford en el Foro Romano sacaron a la luz restos de muro y cimientos probablemente pertenecientes al Palacio de Calígula. Estos restos parece que de alguna manera estuvieron conectados al templo. Más revelador es el hecho que también encontraran un desagüe que va en dirección norte desde el Palacio de Calígula y atraviesa la calle al sur del templo de Cástor y Pólux. Debido a que la calle ya tenía un desagüe en dirección oeste, no tenía sentido la construcción de otro, salvo que  al unir el palacio al templo, Calígula hubiera construido un nuevo sistema de drenaje. No obstante, el responsable de la Superintendencia Capitolina para los Bienes Culturales de Roma se mostró cauto y señaló que debían esperarse nuevas excavaciones en el área antes de confirmar tales teorías.

domingo, 5 de noviembre de 2017

Calígula, un dios caprichoso

Calígula tras la muerte de Drusila empezó a mostrarse más trastornado que nunca. Este desequilibrio mental se manifestó en su sentido más profundo en el ámbito religioso, en el que desarrolló una serie de políticas muy controvertidas.

Busto de Calígula. Siglo I d.C. Copenhage. New Carlsberg Glyptotek. 
Fotografía de Bill Storage, Laura Maish, John Pollini y Nick Stravrinides


Durante su Principado, Augusto sólo permitió que se le rindiera culto divino en vida en las regiones orientales, únicamente como una medida de acercamiento a pueblos acostumbrados a divinizar a sus gobernantes y siempre asociando su figura a la de la diosa Roma. Solamente después de su muerte fue elevado a los altares en todo el Imperio e incluso en la misma Roma como antes de él únicamente lo había sido Julio César. Ambos recibieron este honor tras  una vida dedicada al engrandecimiento del poder de Roma y empujados por el gran amor que les profesaba el pueblo. Calígula no sólo divinizó a su fallecida hermana (una joven que no había cosechado mérito alguno) sino que empezó a considerarse él mismo un dios y a exigir al Senado y al pueblo romano que le rindieran culto divino. Este viraje religioso puede asociarse en parte a su programa político, muy afín a las monarquías orientales, lo que chocaba con la mentalidad de Occidente.

Augusto y Roma. Detalle de la Gema Augustea. siglo I d.C, Viena. Kunsthistorisches Museum

Así empezó a aparecer en público vestido como semidios (Hércules), como dios (Mercurio, Apolo o Júpiter) o incluso como diosa (Venus o Luna) “Después de haber adoptado un gran número de sobrenombres (se le llamaba, en efecto, “Pío”, “Hijo de los Campamentos”, “Padre de los Ejércitos”, César Óptimo Máximo”) al oír casualmente a los reyes que habían venido a Roma a presentarle sus respetos discutir ante él durante la comida sobre la nobleza de sus linajes, exclamó: “haya un solo soberano, un solo rey”, y poco faltó para que tomara al punto la diadema y transformara la apariencia del Principado en una monarquía. Pero como le recordaron que él había sobrepasado la altura de los príncipes y de los reyes, comenzó desde ese momento, a atribuirse majestad divina”. (Suetonio. Vida de Calígula, 22, 1-2).
A veces firmaba los documentos públicos como Júpiter. Incluso se construyó tres templos en los que recibir culto: dos en Roma y uno en Mileto. Creó además un grupo de sacerdotes y víctimas rarísimas (flamencos, pavos reales, urogallos y faisanes). Afirma Suetonio que en uno de sus templos de Roma colocó una escultura suya de oro, que cada día vestía con las mismas vestiduras que él llevara.

Calígula (John Hurt) como Venus en un fotograma de la serie Yo, Claudio, 1976

En general, y probablemente movidos por el miedo, todos aceptaron la pretendida divinidad del emperador. Cuenta Dión Casio que “en una ocasión un galo, al verlo proferir oráculos desde una plataforma elevada disfrazado de Júpiter, se echó a reír. Entonces Cayo (Calígula) lo llamó a su presencia y le preguntó: “¿Quién te parece que soy? Y el otro respondió (doy sus palabras exactas): una gran farsa. Sin embargo, el hombre no sufrió ningún daño ya que sólo era un zapatero. Pues alguien de la dignidad de Cayo podía soportar la franqueza del rebaño común más fácilmente que de aquellos que ocupan un alto cargo” (Historia Romana, 26, 8-9).
Solamente los judíos causaron graves conflictos en Oriente, al negarse a rendir culto al emperador, por lo que surgieron diversas revueltas en la ciudad de Jamnia a causa de la construcción de un altar. Fue tal la escalada de violencia que los dirigentes locales ordenaron destruirlo. En venganza Calígula ordenó que se erigiera una enorme estatua suya en el Templo de Jerusalén. El gobernador de Siria, Publio Petronio, retrasó lo posible la ejecución de la orden, temeroso de que tal acto blasfemo diera lugar a una guerra. Finalmente, parece que Calígula revocó dicho mandato aconsejado por sus asesores.

Posible réplica del Zeus de Olimpia, obra de Fidias  San Petesburgo. Museo del Hermitage

Otras medidas que adoptó Calígula y que ocasionaron malestar en algunas puntos del Imperio fue la de sustituir la cabeza de los dioses (algunos realizados por importantes escultores antiguos) por la suya propia. Cuenta la leyenda que cuando los soldados romanos se acercaron al famoso Zeus de Olimpia con esa intención, la escultura emitió una sonora carcajada, por lo que huyeron asustados sin cumplir la orden (Dión Casio. Historia Romana, 28, 4). En Roma, narran las fuentes antiguas, que construyó un puente por encima del Palatino hasta el Capitolio para tener contacto directo con Júpiter Óptimo Máximo y que unió el templo de Castor y Pólux a su propio Palacio. Los arqueólogos debaten aún sobre la veracidad de estos hechos en base a los vestigios arqueológicos del Foro Romano.
¿Había perdido la cordura totalmente Calígula al comportarse de este modo? Yo pienso que no, que nunca perdió el sentido de la realidad sino que su divinización fue exclusivamente un pulso destinado a demostrar al mundo su omnipotencia, tras los ecos de la famosa frase que dirigió a su abuela Antonia “recuerda que todo me está permitido y con todas las personas” (Suetonio. Vida de Calígula, 29,1). Al mismo tiempo, un poder político de origen divino no podía ser puesto en entredicho por humanos ni someterse a los designios del Senado. Sin embargo, la idea de divinización de un emperador vivo era una de las que más horrorizaban al pensamiento occidental, a pesar de su presunta aceptación por todos los estratos de la sociedad romana.

domingo, 29 de octubre de 2017

Drusila, la predilecta de Calígula

Aunque Calígula estuvo casado en cuatro ocasiones ninguna de sus esposas le importó tanto como su hermana Drusila, una de las únicas personas a las que amó sinceramente, hubiera o no incesto, algo que, como ya apunté, no mencionan los escritores contemporáneos a Caligula. No obstante, es normal que la devoción tan apasionada que inspiraba Drusila en el emperador diera lugar a habladurías en una sociedad romana tan poco propensa a demostrar los afectos en público.

Julia Drusila. Siglo I d.C. Munich. Gliptothek


          Julia Drusila nació durante el año 16 d.C. (por tanto era 4 años menor que Calígula). Al igual que sus hermanos y hermanas tuvo una infancia convulsa marcada por la muerte prematura de su padre Germánico y la caída en desgracia de su madre y sus dos hermanos mayores. A la muerte de éstos se trasladó junto con sus hermanas a la casa de su abuela Antonia la Menor. A ellos se unió Calígula en el año 29 d.C., al morir la emperatriz Livia con quien vivía.
Suetonio apunta que bajo el techo de su abuela ambos adolescentes de 17 y 13 años fueron sorprendidos por aquella mientras mantenían relaciones íntimas. Es algo muy poco probable, pues una matrona tan severa como Antonia (que no dudó en dejar morir de hambre a su propia hija Livila acusada de haber matado a su marido) no hubiera dejado de aplicar un castigo ejemplar ante ese tipo de conductas tan censuradas en la Roma Antigua.
Con 18 años, Drusila se casó por orden de Tiberio con Cayo Casio Longino. Ya muerto el viejo emperador, Calígula la obligó a divorciarse y a casarse con su íntimo amigo Marco Emilio Lépido, con quien se rumoreaba que el emperador había tenido una aventura. Ambos se trasladaron a vivir al Palacio imperial. Se piensa que este matrimonio era una farsa pues al entregar a Drusila a un marido totalmente afín a él, Calígula dictaba el comportamiento de Lépido hacia su hermana. Durante su enfermedad, el emperador al nombrar como su heredera a Drusila en lugar de a Lépido dejo bien claras sus preferencias.

Calígula (Malcolm MacDowel) y Drusila (Teresa Ann Savoy ) en un fotograma del film Calígula, 1979

Mucho es lo que se ha escrito en época moderna sobre la relación entre Calígula y Drusila, pero las fuentes antiguas cuentan bien poco. Ni siquiera está claro cómo murió la joven con sólo 22 años durante el año 38, aunque la versión más aceptada es que murió a causa de las fiebres provocada por alguna epidemia de las que asolaban Roma con frecuencia. No tienen ninguna credibilidad las versiones que en la actualidad acusan a Calígula de haberla asesinado él mismo. De hecho algo que sí recogen las fuentes antiguas es la gran desolación que sintió el emperador ante la muerte de su adorada hermana, circunstancia que no ayudó mucho al frágil equilibrio mental de Calígula en esta época. No asistió al entierro porque era incapaz de soportar ver el cuerpo de Drusila devorado por las llamas; por ello se retiró a una de sus fincas a las afueras de Roma y después vagó por Sicilia y Campania.
“Una vez muerta (Drusila), ordenó un luto público, durante el cual se consideró un delito capital haber reído, haberse bañado o haber comido con los padres, la esposa o los hijos. Incapaz de soportar la tristeza, huyó, además de Roma una noche de repente y, después de haber atravesado Campania a la carrera, se dirigió a Siracusa, de donde regresó rápidamente con la barba y el cabello sin cortar” (Suetonio. Vida de Calígula. 24, 2).


Busto de Calígula. Siglo I d.C. . Los Ángeles. Getty Museum. 
Fotografía de Bill Storage, Laura Maish, John Pollini y Nick Stravrinides

Mientras, un senador declaró que había visto a Drusila ascender a los cielos. Calígula  le concedió una generosa recompensa y divinizó a su hermana oficialmente, algo negado hasta ese momento por su bisnieto a la más grande emperatriz, Livia (fue deificada por Claudio 3 años después). Se erigieron estatuas de la infortunada joven por toda Roma mientras la sensación de tristeza obligada asfixiaba a la ciudad. Un hombre que vendía agua caliente para añadir al vino fue ejecutado por atacar a la dignidad imperial. Séneca relata que el pueblo romano “no estaba seguro de si Calígula quería que se llorara a su hermana o la adorarán” y, mientras, temblaba de miedo ante la devastadora pena de Calígula quien sintiéndose infeliz más detestaba la felicidad de los demás.

domingo, 22 de octubre de 2017

Carreras de caballo en la Antigua Roma

No hay para mí escena más épica en la historia del cine que aquella en que Judá Ben Hur se enfrenta sobre una cuadriga, tirada por cuatro bellísimos caballos blancos, a otra, si cabe más hermosa de caballos negros, bajo la égida del malísimo Mesala en el circo de Jerusalén.


Aunque las carreras de caballos en Roma derivan de las etruscas y griegas, según una leyenda fue Rómulo quien celebró una primera competición de este tipo al poco tiempo de la fundación de la ciudad, como estrategia para entretener a los sabinos mientras que los romanos raptaban a sus mujeres.
Poco a poco, estos espectáculos alcanzaron gran popularidad en la ciudad del Tíber, tanto que eran frecuentes los altercados entre los aficionados de uno y otro equipo. Éstos estaban financiados por diferentes grupos. Los aficionados no sólo apostaban grandes cantidades de dinero por uno u otro equipo, incluso a veces hasta su propia libertad. En muchos casos  las peleas entre aficiones acaban convirtiéndose en batallas campales.

Mosaico de carrera de cuadrigas. Siglo IV d.C. Akaki. Chipre
Foto propiedad del Departamento de Antigüedades de Chipre

Los juegos se iniciaban mediante un desfile ritual presidido por un magistrado montado en una cuadriga y vestido con los atributos de Júpiter Capitolino. Le seguían sus clientes vestidos de blanco, los aurigas y los sacerdotes que portaban las imágenes de los dioses. Las carreras podían durar desde el amanecer hasta el ocaso.
A continuación se realizaba un sorteo para determinar qué posición ocuparía cada auriga. La posición más codiciada era la más cercana a la spina pues el carro recorría menos espacio al girar.
Existían 4 equipos: los Rojos, los Verdes, los Blancos y los Azules. Domiciano creó dos nuevas facciones (Púrpuras y Dorados) que desaparecieron tras su muerte. En cada carrera participaban 3 carros de cada color. Los conductores de carros solían ser esclavos, cuya fama no tenía límites. Si ganaban suficientes carreras podían incluso comprar su libertad, aunque la esperanza de vida en el gremio no era muy alta. Algunos nobles también en ocasiones bajaron a competir a la arena del circo, incluso emperadores como Calígula y Nerón, pero era algo muy excepcional.

Mosaico de los aurigas que representa las 4 facciones. Siglo II- III d. C. Museo de las Termas. Roma 2011

Los carros habitualmente eran tirados por 4 caballos (quadrigae) o dos (bigae). En cuanto a los caballos, auténticos protagonistas de las carreras, estaban muy bien adiestrados. Su disposición en el tiro de la cuadriga era fundamental para aprovechar las capacidades de cada uno de ellos. El más importante era el más cercano a la spina pues debía saber cómo y cuándo girar para evitar chocar y conservar la posición. Los preferidos por los romanos eran los caballos de Hispania, de Sicilia, África, Tesalia y Capadocia.
Una vez comenzada la carrera, unos jueces se encargaban de que todo fuera legal, aunque era frecuente que las corporaciones los sobornaran para que favoreciesen a sus aurigas.
Una carrera normal consistía en 7 vueltas alrededor de la spina, corriendo en sentido contrario a las agujas del reloj. Los huevos y delfines situados en los extremos indicaban los giros. La única arma con la que contaban los aurigas era un cuchillo para cortar las riendas que  llevaba atada a la cintura y a los caballos, en caso de accidente. Por tanto, es falso que un carro pudiera llevar cuchillas en las ruedas como el de Mesala en la famosa película.

Mosaico de un auriga. Siglo III- IV d. C. Villa romana del Casale. Sicilia
Fuente: De No machine-readable author provided. Urban~commonswiki assumed (based on copyright claims). - No machine-readable source provided. Own work assumed (based on copyright claims)., CC BY-SA 3.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=295128

Los accidentes eran algo cotidiano. En cada carrera había unas cuadrillas que se dedicaban a retirar los restos de los accidentados. Debían de ser muy veloces porque corrían el riesgo de ser arrollados por el resto.
La carrera la ganaba el primer carro en completar las 7 vueltas reglamentarias, independientemente si llevaba el auriga subido encima o no. De ahí la importancia de la pericia de los caballos.
Al principio de la época imperial sólo se celebraban 12 carreras, Calígula las amplió a 24 y en la época Flavia se elevaron a 48.
El circo por excelencia era el Circo Máximo de Roma. Ubicado entre el Palatino y el Aventino tenía capacidad para 250.000 espectadores (muchas más que los mayores estadios de futbol). Su origen se remonta a la época de los etruscos, aunque fue reconstruido por Julio César en torno al año 50 a.C. Un edificio imponente del que sólo queda su trazado y algunos vestigios arqueológicos.

Reconstrucción del Circo Máximo de Roma
Fuente: https://www.youtube.com/watch?v=aksOAH7dYsQ

Este tipo de competiciones tienen hoy un claro reflejo en el famosísimo Palio de la Asunta que se celebra todos los años en Siena durante Ferragosto.

domingo, 15 de octubre de 2017

El Circo de Cayo y Nerón


Mosaico de los Aurigas. Siglo IV. Museo Nacional de Arte Romano. Mérida 2014


         Calígula era un gran aficionado a las carreras de caballo, hasta el punto que él mismo conducía carros en el circo, costumbre muy mal vista entre los nobles. Era tan ferviente admirador del equipo de los Verdes (uno de los que competían), que solía comer y pasar el día en sus caballerizas. Se dice que en una de sus orgías donó al auriga de esta escuadra, Eutico, dos millones de sestercios y que la víspera de los juegos solía poner soldados en las cuadras para que su caballo Incitato no fuera molestado.
Por ello, en la ladera de un valle donde se encontraba una villa que había pertenecido a su madre Agripina, Calígula construyó un circo privado (con cabida para no más de 20.000 espectadores), a fin de celebrar carreras de caballos y cuadrigas para su corte, aunque a veces, abría las puertas para disfrute del pueblo romano.


Reconstrucción del Circo de Cayo y Nerón

Tenía unas medidas de 540 metros de largo x 100 metros de ancho extendiéndose en dirección Oeste a Este. De forma oval, contaba con las partes características de cualquier circo romano:
-   Arena: ocupaba el centro dividiendo en dos la spina. Era el espacio donde se desarrollaba la carrera. Los carros podían dar hasta siete vueltas.
-   Spina: era un muro bajo que dividía longitudinalmente la arena constituyendo la parte más ricamente ornamentada del edificio. La spina formaba sobre la arena dos calles por donde corrían las cuadrigas. En cada uno de los extremos de la spina había un pilar cónico denominado meta. Los contadores de vueltas solían ser huevos de piedras o estatuillas de delfines. 
-  Cavea: se alzaba sobre un podio que limitaba la arena y en ella se distribuía el público.
-   Carceres: eran las puertas de salida de los carros, dispuestas de manera oblicua para equiparar las posibilidades de los participantes. Desde allí se partía, una vez concluido el desfile previo, hacia la alba línea desde la que se iniciaba la carrera.
Sin embargo, lo más famoso del Circo de Calígula fue el obelisco que mandó traer de Egipto para colocarlo en la spina del mismo, que pesaba más de 300 toneladas. Según testimonio de Plinio, para transportarlo desde Heliópolis el emperador mandó construir un enorme barco destinado sólo a ese fin.


Circo de Calígula junto a la necrópolis

A la muerte de Calígula, toda la zona fue heredada por Nerón que completó la construcción del edificio. Según la tradición, en él fue ajusticiado San Pedro, posteriormente sepultado en la cercana necrópolis. Esto ha sido ampliamente debatido, aunque algunas fuentes apuntan que en los jardines de Nerón tuvieron lugar algunas ejecuciones de cristianos acusados de haber ocasionado el gran incendio de Roma. Tácito escribe que “Nerón había ofrecido sus jardines para tal espectáculo (suplicio de cristianos), y daba festivales circenses mezclado con la plebe, con atuendo de auriga o subido en el carro” (Anales, 46,5). Aunque de dudosa interpretación, a partir de la lectura de estas breves líneas se ha sugerido la idea de que Tácito se refiera al circo de Calígula como lugar de martirio de cristianos, al ser propiedad privada del emperador.
El circo fue abandonado durante la mitad del siglo II d.C., y su área repartida a algunos privados para la construcción de tumbas naciendo al norte del mismo una necrópolis donde muchos cristianos se querían enterrar al lado de la tumba de San Pedro. Así y todo, en la biografía de Heliogábalo del siglo III d.C. se recoge como este emperador guiaba allí una cuadriga tirada por elefantes sobre una pista cubierta de sepulcros.

Planta de la Basílica de San Pedro en su ubicación sobre la del Circo


     Por el hondo sentimiento devocional que esta zona tenía para los cristianos, se erigió allí la Basílica de San Pedro del Vaticano, cuyo ábside se correspondía con la exedra este del circo y la actual nave meridional de la basílica con el lado norte del mismo superponiéndose a la necrópolis allí ubicada.


Obelisco del Vaticano


El obelisco estuvo en su sitio hasta 1586, cuando el Papa Sixto V proyectó colocarlo en el centro de la Plaza de San Pedro. El traslado no fue nada fácil y tardó un año. Se pensaba que en la esfera que lo coronaba se encontraban las cenizas de Julio César, sin embargo, al abrirla se demostró que estaba vacía. Este globo se sustituyó por una cruz y el símbolo de los Chigi. 

domingo, 8 de octubre de 2017

Calígula y su abuela Antonia la Menor

La relación de Calígula con su abuela Antonia la Menor varió según la época. Estuvo dominada por el ansia de la mujer por proteger al único hijo varón de Germánico que quedaba con vida y la gran contrariedad y repulsa que provocaron en ella los actos de Caligula, ya emperador. Del mismo modo, éste tan pronto la cubrió de honores como la trató con el más absoluto de los desprecios.
En un primer momento, ante la desgracia que devastó su familia, Calígula vivió con su bisabuela Livia hasta la muerte de ésta. Con posterioridad, cuando contaba 17 años se trasladó a vivir con su abuela Antonia, hija de Marco Antonio y sobrina de Augusto.


Busto de Antonia Anciana. Siglo I d.C. Venecia. Museo archeologico Nazionale

Cuenta Suetonio que viviendo con ellos la anciana sorprendió a Calígula manteniendo relaciones incestuosas con su hermana Drusila. Esta afirmación tiene poca credibilidad pues ningún autor más lo menciona. Suetonio se refiere al asunto con la palabra “se cree”, por tanto, ni siquiera él está seguro.
Lo que sí se acepta de manera general es que Antonia, que gozaba de gran estima del entonces emperador Tiberio como viuda de su hermano Druso, fue quien desveló a éste los planes de Sejano de derrocarlo, al mismo tiempo que procuró salvaguardar a Calígula haciéndolo enviar a Capri cerca del emperador en el año 31 d.C. para alejarlo del clima de terror imperante en Roma. Antonia no podía permitir que el último varón  de la gens Julia muriera a manos de Sejano
Por ello, al ocupar el trono imperial Calígula otorgó a su abuela paterna todos los honores que había gozado la emperatriz Livia.
Sin embargo, a partir de ahí, se deduce en las fuentes antiguas que a Calígula empezaron a molestarle profundamente los consejos de una mujer tan recta y austera como Antonia. Suetonio recoge varios fragmentos en este sentido.“[Calígula] a una amonestación de su abuela Antonia, como si no bastara con desobedecerla, contestó: recuerda que todo me está permitido y con todas las personas” (Vida de Calígula, 29,1). En otra ocasión “cuando su abuela Antonia le pidió una audiencia privada, se negó a recibirla a menos que se hallara presente el prefecto Macrón” (Vida de Calígula, 23,2).
Suetonio va más allá afirmando que “a fuerza de humillaciones y disgustos, provocó su muerte, administrándole, no obstante, también veneno, según la opinión de algunos” (Vida de Calígula, 23,2). Otros piensan que Antonia se suicidó al no poder soportar la vergüenza del comportamiento de Caligula (que acababa de asesinar a su otro nieto, Gemelo).
El último pensamiento de Antonia fue para su marido Druso (muerto en 9 a.C.) pidiéndole perdón por haberle hecho esperar tanto tiempo.

Druso el Mayor. Siglo I. Roma. Museos Capitolinos

      Calígula ni se inmutó ante la muerte de la mujer que lo había protegido en los peores momentos de su vida. Dicen que incluso contempló su pira funeraria desde su triclinio. No le rindió ningún honor.
Robert Graves en un fragmento de Yo, Claudio recoge la última conversación entre Antonia y su hijo, expresando de manera soberbia, el supuesto estado de ánimo de Antonia en los últimos días de su vida:
  • “Estoy a punto de suicidarme, Claudio [...]
  • ¿Cómo madre? ¿suicidarte? ¿por qué? ¡Oh, no hagas eso!                                            Ella sonrió agriamente.
  • Mi vida es mía ¿no? ¿por qué habrías de disuadirme que me la quite? Sin duda  no me echaras de menos ¿verdad?.
  • Eres mi madre. Un hombre sólo tiene una madre.
  • Me sorprende que hables como un hijo obediente. No he sido una madre obediente para ti. ¿Cómo habría podido esperarse de mí que lo fuera? Siempre fuiste una gran desilusión, una cosa enfermiza, débil, medrosa, tonta. Bien, los dioses me han castigado por no haberte cuidado. Mi espléndido hijo Germánico asesinado, y mis pobres nietos Nerón, Druso y Gemelo asesinados, y mi hija Livila castigada por su maldad, su abominable maldad, por mi propia mano…ese fue el peor castigo que sufrí, ninguna madre sufrió uno peor, y mis nietas arruinadas, y este sucio e impío Calígula…pero tú le sobrevivirás. Creo que serías capaz de sobrevivir a un diluvio  universal” (Capitulo XXX).

Antonia se despide de su hijo Claudio antes de morir. Fotograma de la serie Yo, Claudio. 1976