domingo, 15 de abril de 2018

Semblanza de Claudio


Claudio. Siglo I d.C. Madrid, Museo Arqueológico Nacional
Fuente: De Anónimo - Fotografía: Luis García (Zaqarbal), 14 de mayo de 2006., Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=790441

Las fuentes antiguas en general no son mucho más benévolas con Claudio de lo que lo fueron los miembros de su familia. Algunos lo juzgan con suma severidad, frivolizando sobre los problemas físicos que padecía el emperador desde su cuna. La historiografía moderna ha intentado rescatar su figura y lo definen como una persona muy inteligente, culto y buen gobernante. Estas contradicciones hacen que el cuarto emperador romano siga siendo un enigma en nuestros días.
Lo cierto es que la difícil infancia y adolescencia de Claudio influyeron notablemente en su carácter como adulto, convirtiéndolo en un hombre extremadamente miedoso y desconfiado, a pesar de que en su círculo más cercano se comportaba como alguien aparentemente manipulable. También se irritaba con frecuencia y se dejaba dominar por la cólera. Sin embargo, también nos cuentan sus biógrafos que era generoso, accesible, que incluso comía y reía con la plebe de vez en cuando y que, en múltiples ocasiones, pedía perdón tras algún ataque de ira.
Claudio con corona cívica. Siglo I d.C. Nápoles. Museo Archeologico Nazionale

Físicamente cuenta Suetonio que “su figura no carecía de prestancia ni de nobleza, pero eso cuando estaba de pie o sentado, y especialmente cuando descansaba, pues era un hombre alto y corpulento, de bello aspecto y hermosos cabellos blancos, dotado de un poderoso cuello; sin embargo, al caminar, las rodillas le flaqueaban, pues las tenía débiles, y cuando desarrollaba cualquier actividad, de recreo o en serio, muchos defectos le afeaban: una risa inconveniente, que llenaba de espuma su boca dilatada y le humedecía las narices, una cólera aún más indecorosa, un hablar entrecortado, y un temblequeo de cabeza que aun siendo constante, se acentuaba  mucho más al menor gesto” (Vida de Claudio, 30, 1). Los retratos que no han llegado de Claudio no muestran un gran atractivo físico, mientras que el resto de patologías que describe el historiador, serían consecuencia de las múltiples enfermedades que padecía. Séneca añade despectivamente que su voz no pertenecía a ningún animal terrestre y que sus manos también eran débiles.

Claudio. Siglo I d.C.- Roma. Museos Vaticano
Fuente: By Unknown - Jastrow (2003), Public Domain, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=1308269

El origen de la enfermedad que padeció en su infancia continúa siendo un misterio, aunque los historiadores actuales concluyen que pudo padecer algún tipo de parálisis cerebral, poliomielitis o esclerosis múltiples, que no afectaron a sus capacidades mentales aunque sí le provocaron múltiples problemas de salud como cojera, tartamudez y otros síntomas como los que describe Suetonio.
No obstante, según este último, desde que se convirtió en Príncipe gozó de una excelente salud, salvo por los dolores de estómago que padecía, tan atroces que a veces le hacían pensar en el suicidio. No por ello perdió sus ganas de comer y beber, siendo su costumbre no retirarse del comedor hasta que no estaba harto.
El filósofo Séneca, enviado al exilio por Claudio, se burló cruelmente de él tras su muerte en su obra Apocolocyntosis divi Claudii (La Calabacificacion del divino Claudio) en la que en lugar de una apoteosis a los altares auguraba al emperador su conversión en calabaza, siendo presentado grotescamente como un espíritu débil sometido a sus libertos y a sus esposas. A pesar de ello, Claudio fue el primer emperador, después de Augusto, proclamado Dios. No hay mejor testimonio de un buen gobierno.

Claudio como Júpiter. Siglo I d.C. Museos Vaticano. Roma 2011

Por eso, a pesar del perfil negativo sobre Claudio que reflejan las obras clásicas, nadie puede dudar que fuera un excelente administrador, un gran constructor, un considerable expansionista en política extranjera (pues a pesar de su poca formación militar conquistó Britania) y un incansable legislador, que presidía personalmente los tribunales y que promulgó 20 edictos en un día. Pero su situación inestable en el poder le hacía ver conjuras por todos lados, por lo que condenó a muerte a muchos senadores y nobles que lo habían aceptado a mala gana como su Príncipe. Estos, y sus descendientes, fueron los que escribieron las crónicas que han llegado hasta nuestros días.

domingo, 8 de abril de 2018

Claudio y Calígula


Calígula (John Hurt) y Claudio (Dereck Jacobi) en un fotograma de la serie Yo, Claudio, 1976

Cuando Calígula se convirtió en emperador, Claudio pasó a estar en la primera línea en la política romana, más por un deseo de Calígula de burlar a las instituciones romanas que tanto despreciaba que por un verdadero deseo de honrar a su tío, tal y como después pusieron de manifiesto las continuas burlas y humillaciones a los que lo sometió. 
La primera medida de Calígula fue nombrarle senador y su colega en el consulado durante el año 37; a punto estuvo de costarle el cargo el hecho de que no estuvieran en la fecha estipulada unas esculturas que Calígula le ordenó erigir de sus hermanos Druso y Nerón. Tres años después volvió a ser designado cónsul por segunda vez.
No obstante, padeció múltiples ultrajes por parte de su sobrino. “Si llegaba a cenar un poco más tarde de la hora señalada, no se le hacía sitio sino a regañadientes y sólo después de haberlo hecho recorrer el comedor, y cada vez que se adormilaba después de la comida, cosa que le sucedía con frecuencia, le incordiaban tirándole huesos de aceitunas o de dátiles, y a veces los bufones lo tomaban por objeto de sus bromas despertándole con la palmeta o con el látigo. Solían también ponerle chinelas en la manos mientras roncaba, para que al despertarse de repente, se frotara la cara con ellas” (Suetonio. Vida de Claudio, 8).

Busto de Calígula. Siglo I d.C. Copenhage. New Carlsberg Glyptotek. Fotografia propiedad de S. Sosnovski

Al mismo tiempo su vida estuvo en peligro en varias ocasiones, por ejemplo cuando el senado envió una embajada, presidida por Claudio, para felicitar a Calígula que se encontraba en Germania por su éxito en la represión de la conspiración de Getúlico. El emperador se indignó tanto, de que se le hubiera tomado por un niño al que su tío debía supervisar, que incluso se dice que lo arrojó al río Rin. Este incidente empeoró mucho  la situación de Claudio en la corte.
Continúa Suetonio diciendo que “a partir de entonces, fue siempre el último de los exconsules en manifestar su opinión en el Senado, pues se le consultaba después de todos para humillarle. Se aceptó incluso un proceso por falsificación de un testamento en el que también él había estampado su sello. Por último, se vio obligado a pagar 8 millones de sestercios por ingresar en un nuevo sacerdocio, quedando de tal manera arruinado, que al no poder cumplir el compromiso contraído con el fisco, bajo el edicto de los prefectos sus bienes fueron puestos a la venta sin condiciones, como establece la ley hipotecaria” (Vida de Claudio, 9, 2).
Añade Dión Casio, que durante esta época Claudio enfermó y adelgazó mucho a causa del estrés y el miedo que lo tenían paralizados.
Ya lo comenté en otra ocasión que, aunque se ha especulado, es muy poco probable la participación de Claudio en el complot que acabó con la vida de Calígula, pues nadie lo consideraba inteligente como para hacerle partícipe de un plan tan arriesgado.


Busto de Claudio. Siglo I d.C. Roma, Museos Vaticano

A pesar de todo, Claudio logró sobrevivir a todos sus ilustres parientes, incluido su cruel sobrino, obteniendo  sin buscarlo algo que todos anhelaban menos él: la púrpura imperial.

domingo, 1 de abril de 2018

Difícil vida de Claudio en la familia divina

Para entender un poco la psicología y la forma de comportarse del nuevo emperador quiero retrotraerme algunos años en su vida para analizar cómo fue su infancia y adolescencia en la familia imperial, en la que la mayoría de sus miembros destacaban por su gran atractivo físico, por ser inmensamente populares o excelentes soldados adorados por las tropas.
La familia imperial en el Ara Pacis, 13-9 a.C, Roma 2013

Aunque Augusto predicaba la humildad y normalidad dentro de su familia, lo cierto es que ésta no pudo abstraerse al gran influjo mediático que proyectaba entre todos los estratos de la sociedad romana. Cabe recordar los casos de Marcelo, Cayo y Lucio César, Druso el mayor, Germánico o la popularidad llevada al extremo más absoluto de la que gozó Calígula desde que era un bebé. Por su parte, las mujeres también sobresalían ya fuera por sus actos o por su belleza como ocurrió con Livia, Octavia, Julia la mayor o Antonia, entre otras. Precisamente, ésta última, fue la que peor asumió haber engendrado un vástago con los problemas físicos y de salud de Claudio.
El cuarto emperador nació el 1 de agosto del año 10 a.C. en Lyon siendo el tercer hijo de la pareja formada por Druso el mayor y Antonia la menor, o sea era nieto de la emperatriz Livia y sobrino nieto de Augusto. Su linaje no podía ser más impecable. Su padre murió el año siguiente por lo que Antonia (que se negó a volver a casarse) tuvo que afrontar sola la educación de tres niños pequeños (el mayor, Germánico, contaba entonces con 6 años).

Copia de busto de Druso, padre de Claudio. Ara Pacis Augustae. Roma

 Claudio en sus primeros años de vida se vio afectado por una serie de enfermedades serias que lo debilitaron gravemente. Como consecuencia de ellas se le quedó una tartamudez y cojera crónica; lo que era intolerable para los miembros de la familia divina. Así y todo, Claudio podía sentirse afortunado pues en el siglo I a.C. ya no se practicaba la antigua costumbre ancestral de abandonar a los recién nacidos deformes o débiles condenándolos a morir por exposición (eran abandonados en la calle y si nadie los recogía morían irremediablemente).
No obstante, para las mentalidades de nuestro siglo, son estremecedores los relatos que nos han dejado las fuentes antiguas sobre los primeros años de vida de Claudio. Cuenta Suetonio que su madre “repetía con frecuencia que era un engendro humano que la naturaleza había dejado sin terminar, y, cuando quería tachar a alguien de estúpido, decía que era más tonto que su hijo Claudio” (Vida de Claudio, 3, 2). En cuanto a su abuela Livia “lo tuvo siempre en el mayor de los desprecios; no solía hablarle más que en contadas ocasiones, y todos sus avisos se los hacía llegar por medio de notas duras o lacónicas o por intermediarios” (Vida de Claudio, 3, 2). Ambas eran mujeres de virtud intachable y de moral íntegra, pero no dudaron en mostrar tal trato a un niño débil e indefenso.

Antonia Menor, madre de Claudio. Siglo I a.C. Roma. Museo de las Termas

Debido a esto, estuvo durante largo tiempo sometido a la tutela de un preceptor, incluso tras haber superado la mayoría de edad. Relata Suetonio que él mismo se quejaba en un escrito del maltrato que le dispensaba éste, quien lo corregía con la mayor crueldad posible y bajo cualquier pretexto.
 En cuanto a sus hermanos, nada dicen las fuentes en relación a Germánico, por lo que es de suponer, basándonos también en los homenajes que Claudio le dedicaría con posterioridad, que alguien tan bondadoso como Germánico tendría más consideración con él.  No ocurriría del mismo modo con la intrigante Livila, que lo despreciaba sin disimulo. Cuando alguien predijo que Claudio llegaría a ser emperador “abominó públicamente y en voz alta de la suerte tan miserable e indigna que le estaba reservada al pueblo romano” (Vida de Claudio, 3, 2).
Augusto de Prima Porta. Detalle. Siglo I d.C. Museos Vaticano, Roma 2011

Augusto, por su parte, manifiesta preocupación por el destino del joven, algo que Suetonio testimonia a través de varios pasajes de cartas escritas por el emperador a su esposa Livia que se conservaban en época del biográfo. En una de ellas se expresa así “cumpliendo tu encargo, mi querida Livia, hablé con tu hijo mayor acerca de lo que debía hacerse con tu nieto Tiberio durante los Juegos de Marte. Los dos estamos, por otra parte, de acuerdo en que debemos decidir de una vez por todas qué criterio hemos de seguir respecto a él. Pues si es apto, por decirlo así, en todos los sentidos, ¿qué motivos tenemos para dudar en promocionarlo haciéndole pasar gradualmente por las mismas etapas que hemos hecho atravesar a su hermano? Y si, por el contrario, pensamos que es inferior, que tiene dañadas sus facultades físicas o mentales, no hay que proporcionar a los hombres, que tienen por costumbre burlarse de estas cosas, la ocasión de reírse no sólo de él sino también de nosotros”. (Vida de Claudio, 4, 1-2)
En otra dice  “durante tu ausencia, invitaré cada día a comer al joven Claudio, para que no lo haga solo con sus preceptores. Deseo que observe las maneras de alguien a quien pueda imitar. El pobrecillo no tiene suerte, pues cuando su mente  no se extravía, se deja ver claramente la nobleza de su espíritu” (Vida de Claudio, 4, 5).
Una tercera carta vuelve a poner de manifiesto la sensibilidad de Augusto hacia su joven sobrino nieto: “por mi vida que me admiro, mi querida Livia, de que tu nieto Tiberio haya podido agradarme cuando declamaba, pues no veo como un hombre que se expresa con tan poca claridad puede decir claramente lo que se debe decir cuando declama”. (Vida de Claudio, 4, 6).

Livia. Siglo I d.C. Copenhage.Carlsberg Glyptotek

Las cartas dejan claro que Augusto mostró compasión y deseo de integrar a Claudio. A pesar de ello, al joven no se le permitió ejercer ningún cargo; probablemente Augusto fue aconsejado negativamente por sus colaboradores en un tema en el que tenía enormes dudas, como también evidencian las misivas.
Así, cuando Claudio tomó la toga viril, fue llevado en litera al Capitolio a media noche, para no llamar la atención y sin la ceremonia habitual. Del mismo modo, aunque le dejaron presidir la ceremonia en unos juegos de gladiadores en honor de su padre, tuvo que hacerlo con la cabeza cubierta.
Siendo emperador su tío Tiberio, tampoco obtuvo ninguna magistratura ni papel relevante aunque sí se le concedieron algunas insignias honoríficas.

Claudio togado. Siglo I d.C. Roma. Museos Vaticano

Por ese motivo, Claudio, gran aficionado a la historia, se consagró a escribir, siguiendo los consejos del gran historiador romano Tito Livio. Tomó como punto de partida el asesinato de César, algo que acabó abandonando ante la censura de su madre y abuela que no le permitían narrar los hechos con veracidad. Se centró entonces en temas menos espinosos como en relatar una historia sobre los cartagineses en 8 volúmenes y de los tirrenos en  20. Al mismo tiempo se dedicó al ocio lo que le hizo ganarse una mala fama de borracho y jugador.
Sería su sobrino Calígula quien reclamó a Claudio para desempeñar cargos públicos de importancia, no tanto para honrarlo sino para burlarse de las instituciones romanas.

domingo, 25 de marzo de 2018

Aliter dulcia o el origen de la torrija

Como hoy comienza la Semana Santa quiero dedicar esta breve reseña al origen romano del dulce más típico de la Cuaresma: la torrija.
La primera referencia de un producto de elaboración parecida la realizó el gastrónomo Apicio, que vivió en época Tiberio. Marco Gavio Apicio es un extravagante personaje que dedicó su vida y su fortuna a la organización de impresionantes banquetes en los que se deleitaba en asombrar a sus invitados con nuevos y exóticos sabores. A él se debe, el libro de cocina más antiguo conservado: De Re Coquinaria.


En éste incluye la receta de un dulce que él denomina Aliter dulcia, que consistía en pan bañado en leche, cocido y cubierto de miel. Apicio indica que se debe “poner en leche la miga de pan de mosto (el de África es el de mejor calidad). Cuando haya absorbido bien la leche, ponerlo en el horno sólo un momento, para evitar que se seque. Sacar y untarlo con miel mientras está caliente, pichándolo para que la absorba. Espolvorear pimienta y servir” (De Re Coquinaria, Libro VII, XI).
En España, la torrija aparece ya documentada en el siglo XV. Comenzó a prepararse para insuflar energía a las parturientas tras dar a luz.
Con posterioridad se asoció a la Cuaresma, aunque no se sabe el motivo con exactitud; quizás porque en el tiempo que no se podía comer carne era una forma de no desperdiciar el pan sobrante, que también se consumía en menor cantidad o, al ser un producto de gran aporte calórico, se utilizaba para compensar los períodos de abstinencia.
No sólo se elaboran en España sino que muchos países tienen su propia versión, como es el caso de Francia (pain perdu), Gran Bretaña (knights of Windsor)o Alemania (Arme ritter), entre otros.

domingo, 18 de marzo de 2018

Restableciendo el orden: comienza el Principado de Claudio


      
Claudio. Siglo I d.C, Roma. Museos Capitolinos


          Las primeras medidas que tomó Claudio tras ser investido como emperador del mundo romano estuvieron encaminadas a poner orden en el caos provocado tras el asesinato de su sobrino. Casio Querea fue ajusticiado y ejecutado, pues no sólo había matado a un emperador sino a su mujer y a su hijita, que no habían cometido más crímenes que ser su familia. Otro de los máximos implicados, Cornelio Sabino se suicidó ante el desprecio que les mostró la sociedad a la que habían pretendido salvar. Una vez más, tal y como ocurrió con el asesinato de César, Roma dio la espalda a los asesinos.
              Las represalias de Claudio no fueron más allá, ni siquiera contra los senadores que habían manifestado abiertamente no desearlo como emperador. Se mostró clemente, algo que los magistrados agradecieron, aún sobrecogidos por el trato que les dispensaba Calígula. El hecho de que Claudio hubiera sido el principal objeto de burla de su sobrino le sirvió para mostrarse muy cauteloso en el trato a los demás, poniendo toda su atención en no ofender a nadie.
              Así y todo no gozaba de ninguna popularidad, ni en el Senado ni entre el pueblo de Roma. Por ello, no disminuyó su temor a ser asesinado, por lo que siempre iba rodeado de guardias, incluso en el Senado o a la hora de comer. Nadie se podía acercar a él sin haber sido sometido a un intenso cacheo.

Moneda con el perfil de Claudio

              Eso sí, contaba con el apoyo de los dos prefectos del pretorio de Calígula, que habían salido indemne de la conspiración de enero (aunque cuando tuvo una posición más sólida los sustituyó por otros), y el del poderoso liberto imperial Cayo Julio Calixto (en la sombra máximo sospechoso de haber instigador el asesinato de Calígula). Flavio Josefo justifica esta teoría recogiendo en su obra que Calixto “había llegado a la cima del poder, igual al del tirano, gracias al miedo que inspiraba a todos y a la gran fortuna que había acumulado. Se apoderaba de todo lo que podía y era insolente con todos usando su poder con injusticia. Sabía que Cayo era implacable y tan terco que nunca desistía de lo que había decidido; por esto y por muchas otras cosas se sentía en peligro, especialmente por su gran fortuna. Por eso servía a Claudio, habiéndose pasado secretamente a su lado, pensando que éste obtendría el Imperio si Cayo desaparecía y que él encontraría, en un poder similar al que ocupaba, un pretexto para obtener favores y honores, si tomaba la precaución de conquistar la gratitud de Claudio y la reputación de que le había sido fiel. Incluso había llegado su audacia a decir que había recibido del emperador la orden de envenenar a Claudio, y había diferido su ejecución con mil pretextos” (Antigüedades Judías, Libro XIX, 10).
Calixto era un funcionario, no un soldado, pero manejaba todo los hilos ocultos del poder en el palacio imperial. Su trabajo incluía cuidar el patrimonio del emperador y administrar las finanzas de todo el mundo romano: los impuestos, el pago a las legiones, etc. El liberto conocía las cifras exactas de las cuentas públicas, sabía dónde se escondía la reserva de monedas y disfrutaba de privilegios nada inferiores a los de los senadores. Decían que tenía tanto poder que se comportaba como un déspota. Contar con su apoyo fue fundamental para Claudio.
Sin embargo, el nuevo emperador dando una muestra más de inteligencia, para que Calixto no acaparara tanto poder, buscó otros libertos de similar talento que lo contrarrestaran; éstos se convertirían en piezas claves de las intrigas palaciegas y del devenir de la dinastía Julio-Claudia en los años venideros: Narciso (antiguo esclavo del propio Claudio, sumamente habilidoso para resolver problemas) y Palas (que combinaba su gran capacidad organizativa con una lealtad férrea hacia la familia Claudia).


Agripina la Menor. Siglo I d.C, Milán. Museo Arqueológico

         En el ámbito de su propia casa, Claudio encaminó sus acciones a restaurar la armonía familiar. De ahí que una de sus primeras medidas fuera hacer regresar a sus sobrinas Agripina y Livila del exilio a las que había relegado su hermano Calígula.

domingo, 11 de marzo de 2018

Claudio, el emperador inesperado

La muerte de Calígula, a pesar de las características del personaje, produjo un caos y un vacío de poder en los días sucesivos a su asesinato. Por un lado, los soldados germanos sedientos de sangre buscaron palmo a palmo por la ciudad con la intención de acabar con los asesinos, matando a gente inocente al confundirlos con los tiranicidas. Éstos por su parte, escondidos debatían sobre la mejor manera de restaurar la República pues no estaban dispuestos a aceptar un nuevo tirano.

Senadores romanos. Siglo III d.C, Roma. Museos Vaticano
Fuente: De Sailko - Trabajo propio, CC BY-SA 3.0, 

Mientras el Senado se reunía para decidir sobre el futuro, no en la Curia Julia, sino en el templo de Júpiter Capitolino, con la intención de envolver de un hondo sentimiento simbólico la cita. Esa noche los dos cónsules fueron quienes ordenaron a los guardias mantener el orden. La euforia por parte de los senadores se resume en estas palabra que pone Flavio Josefo en boca de uno de los cónsules “para los que han crecido educados en la virtud, basta vivir una sola hora en un país libre, sin responder a nadie más que a uno mismo, gobernados por las leyes que nos han hecho grandes” (Antigüedades Judías, 19, 2, 2).
Sin embargo, los pretorianos tenían otros planes. A sabiendas de que nada podían ganar ellos con la vuelta de la República, no tardaron en movilizarse para buscar un sucesor que tuviera la sangre de Augusto. La tarea no era fácil pues el único descendiente del emperador, su sobrino Lucio Domicio (futuro emperador Nerón) era aún un niño. Sólo quedaba con vida un  varón, sobrino nieto del divino Augusto, considerado tan insignificante por su gloriosa familia que ni Sejano, ni su hermana Livila, ni su tío Tiberio ni su sobrino Calígula se tomó la molestia de asesinar. Por tanto, no podía haber otro candidato posible que el considerado el tonto de la corte, el tío Claudio.

Claudio es proclamado emperador. 
Detalle del cuadro Un emperador romano. Lawrence Alma Tadema. 1872
Fuente: De Lawrence Alma-Tadema - Art Renewal Center – description, Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=2255808

[Claudio] mantenido aparte con los demás por los que preparaban la emboscada contra Cayo y alejaban a la gente con el pretexto de que deseaba estar solo, se había retirado a una cámara que recibe el nombre de Hermeo; poco después, aterrado por la noticia del asesinato, se deslizo hasta una terraza contigua y se escondió entre las cortinas que cubrían la puertas. Un soldado raso que pasaba casualmente por allí vio sus pies y sintió curiosidad de saber quién era; al punto le reconoció, le sacó de su escondite y, mientras Claudio caía a sus plantas lleno de terror, le saludo como emperador. Luego le llevó ante sus otros compañeros, que estaban indecisos y que por el momento no hacían más que vociferar. Éstos lo colocaron en una litera y, como sus esclavos habían huido, por turnos lo llevaron sobre sus hombros hasta el campamento; iba afligido y tembloroso, mientras la multitud que encontraba a su paso le compadecía como a un inocente al que arrastraran al suplicio. Recibido dentro de la empalizada, pasó la noche entre centinelas, con muchas menos esperanzas que seguridad” (Suetonio. Vida del divino Claudio. 10, 1,2).


 Porta Praetoria. Restos de la Castra Praetoria. Siglo I d.C. Roma
Fuente: De No machine-readable author provided. Joris assumed (based on copyright claims). - No machine-readable source provided. Own work assumed (based on copyright claims)., Dominio público, 


         En el Senado ya había corrido la voz de la intención de los pretorianos, por lo que las cohortes urbanas habían ocupado el Foro y el Capitolio para defender la libertad apenas obtenida. Cuando llevaron a Claudio ante los senadores aquel respondió “que se hallaba retenido por la fuerza y la necesidad. Pero al día siguiente, en vista de que el Senado se mostraba más remiso en ejecutar sus propósitos a causa del enojoso desacuerdo a que llevaba la diversidad de pareceres, y de que ya la multitud que rodeaba la curia reclamaba un solo dirigente pronunciando su nombre, permitió que los soldados en armas, reunidos en asamblea, le prestaran juramento, y prometió a cada uno 15.000 sestercios, siendo así el primer César que recurrió al dinero para asegurarse la lealtad de los soldados” (Suetonio. Vida del divino Claudio. 10, 3,4).
El Senado no tuvo más remedio que aceptar a Claudio ante la insistencia del pueblo y los pretorianos. Incluso varios senadores se propusieron ellos mismos como candidatos recalcando la incompetencia de Claudio para desempeñar tal ardua tarea. Sin embargo, no podían competir con el linaje de Claudio: sobrino nieto de Augusto y hermano de Germánico. No obstante, al no haber sido adoptado por nadie de la gens julia, los senadores le concedieron el título de César. De esa forma, el nombre del genial general quedaría asociado para siempre como el título de los gobernantes del Imperio romano, y de muchos líderes del futuro.
Así, la última persona en la que nadie hubiera pensado, el hombre al que todos despreciaban, sobre todo dentro de su propia familia,  se convirtió en el cuarto emperador romano a la edad de 50 años, convertido en Tiberio Claudio César Augusto Germánico.


Claudio (Dereck Jacobi)  en el Senado rodeado de pretorianos. Fotograma de Yo, Claudio, 1976

“Y qué pensamientos o recuerdos pasaban por mi mente en esa extraordinaria ocasión?¿pensaba en la profecía de la sibila, en el augurio del lobezno, en el consejo de Polión, en el sueño de Briseis? ¿en mi abuelo y en mi libertad?¿en mis tres predecesores imperiales, Augusto, Tiberio, Calígula, en sus vidas y muertes?¿en el gran peligro que corría en manos de los conspiradores, del Senado y de los batallones de la guardia en el campamento?¿en Mesalina y nuestro hijo no nacido?¿en mi abuela Livia y la promesa que le había hecho de deificarla si alguna vez llegaba a ser emperador?¿en Póstumo y Germánico?¿en Agripina y Nerón?¿en Camila? No, nunca podrán adivinar lo que me pasaba por la mente. Pero seré franco y lo diré, aunque la confesión resulte vergonzosa. Pensaba: de modo que soy emperador, ¿eh? ¡Qué tontería! Pero por lo menos ahora podré hacer que la gente lea mis libros. Recitales públicos ante grandes multitudes. Y son buenos libros, he trabajado en ellos 35 años. No seré injusto […]. Eso era lo que pensaba. Y pensaba también en las oportunidades que tendría, como emperador, para consultar los archivos secretos y descubrir qué había ocurrido en tal ocasión y en tal otra. ¡Cuántas historias deformadas quedaban aún por corregir! ¡qué milagroso destino para un historiador!. (Robert Graves. Yo, Claudio, Cap. XXXIV).

domingo, 4 de marzo de 2018

Calígula en la literatura y el cine


Busto de Calígula. Siglo I d.C. Copenhage. New Carlsberg Glyptotek. 
Fotografía de Bill Storage, Laura Maish, John Pollini y Nick Stravrinides

Calígula ha aparecido frecuentemente en la literatura, el cine o la televisión ya sea como protagonista o como secundario. Su aparente locura y sadismo han despertado la curiosidad de generación tras generación. Aunque es muy triste, un personaje así, ha sido siempre mucho más mediático que Augusto.
Las fuentes antiguas, como he subrayado en múltiples ocasiones, son poco fiables pues de aquellas contemporáneas al emperador sólo se han conservado algunos detalles de Filón de Alejandría y de Séneca, éste último muy crítico al ser enemigo declarado de Calígula. Quienes proporcionan más datos sobre su Principado, en época posterior, son Suetonio y Dión Casio, a los que hay que analizar con reservas, pues ambos son miembros de clases privilegiadas que perdieron muchos derechos durante los años que Calígula estuvo al mando. También hablan del tercer emperador romano Plinio el joven y Flavio Josefo pero ninguno aporta una visión favorable.


"Confessio amantis". 1300
Fuente: By Bernard Quaritch. - https://archive.org/details/palographynote00quarrich, Public Domain, 

En siglos posteriores, ya en 1300, John Gower escribió “Confessio amantis” que presenta a Calígula como arquetipo de despotismo, crueldad  y lujuria, recalcando su carácter incestuoso. En 1712, François de Salignag de la Mothe Fenelon, obispo y dramaturgo contrario  a Luis XIV, refleja en sus “Dialogues des morts un debate en el otro mundo entre Calígula y su sobrino Nerón sobre cuál de ellos cometió más atrocidades. En 1930 Hans Sachs publicó una biografía psicológica, “Bubi Caligula” y en 1934, Robert Graves publica su obra “Yo, Claudio”, en la que el hijo de Germánico es un secundario de lujo. Esta obra recoge todas las excentricidades recalcadas por Suetonio, Dión Casio y Tácito.
En muchas otras publicaciones que ambientan los primeros años del cristianismo se resalta el contrapunto entre almas puras como San Pedro o San Pablo y almas corruptas como Calígula o Nerón. Ejemplo de esto son “El reino de los réprobos” (1985), que también conoció una serie televisiva,  Los últimos días de Pilatos” (1938),  o Le procurateur de Judée (1892), de Anatole France.



De mediados del siglo XX son “El caballo” de Gyula Hay, de 1964, que se centra en el nombramiento del caballo Incitato como cónsul satirizando sobre el servilismo con el que fue aceptado un hecho de esta índole, y “Aquellos nosotros” de Reinder Blijstra (1965) que refleja un diálogo entre Calígula y su hermana Drusila.
Respecto al teatro destacan el “Calígula” de Alejandro Dumas sénior de 1837 y el de Albert Camus de 1944. La segunda, une a sus valores teatrales intrínsecos el llevar a sus últimas consecuencias las premisas del nihilismo, anticipando el enloquecido final de los regímenes de Hitler y Mussolini. Aún hoy se representa con asiduidad en muchos festivales de teatro clásico. También en la obra de Nat Cassidy, “The Reckoning of Kit and Little Boots”, el autor hace una comparativa entre la vida del isabelino Christopher Marlowe y la de Calígula: ambos murieron asesinados y ambos tenían una peculiar visión de la religión. La obra también se centra en la relación del emperador con Drusila. Pepe Cibrián Campoy en 1983 llevo a escena el musical “Calígula” en 1983.


En cuanto a la literatura contemporánea existen múltiples biografías en todos los idiomas y novelas históricas. Entre las primeras destaca la de Daniel Nony, la de José Antonio  Rodríguez Valcárcel de 2010 o “El autócrata inmaduro” de José Manuel Roldan de 2012. Como novelas históricas hay que resaltar “Calígula, el dios cruel” obra de Siegfried Obermeier de 1998 o la de Paul Jean Franceschini y Pierre Lunel de 2002. Muy interesante también es el estudio de Regis Martín, “Los doce Césares” de 1998.
En el cine Calígula ha aparecido en muchas películas aunque normalmente representando a un personaje secundario, como en “La túnica sagrada” de 1953 interpretado por Jay Robinson y, en su continuación, “Demetrio y los gladiadores” de 1954. Un par películas tienen a Calígula como personaje principal: la de 1979 protagonizada por Malcolm McDowellen de gran contenido erótico y pornográfico, hasta tal punto que su emisión fue prohibida en muchos países y, otra de 1996, en la que Szabolcs Hajdu da vida al lunático emperador.

Malcolm McDowellen como Calígula. 1979

En televisión, John Hurt interpretó a Calígula en la más famosa serie sobre la familia imperial, “Yo, Claudio” de 1976. En la miniserie “Anno Domini” de 1986, Calígula también tiene un papel relevante. En esta ocasión John MvEnery se mete en su piel. Encarnado por John Simm, también aparece Calígula en la miniserie “Imperium: Nerone” de 2004.

John Hurt. Calígula en la serie Yo, Claudio. 1976

Para finalizar personajes de cine o televisión están profundamente inspirados en la figura de Calígula como es el caso de Cómodo (Joaquin Phoenix) en la película “Gladiator” (2000), el emperador Cartagia en la serie “Babylon 5” interpretado por Wortham Krimmer o el rey Joffrey Baratheon de la celebérrima “Juego de Tronos”, a quien da vida Jack Gleeson. En este último caso es asombroso el parecido, no sólo psicológico sino también físico, del personaje con el emperador romano.

Busto de Calígula. Siglo I d.C. Copenhage. Carsberg Glytokep Museum
Joffrey Baratheon (Jack Gleeson) en una escena de Juego de Tronos