martes, 3 de diciembre de 2019

Nerón en Grecia


Nerón 

Meses después de la muerte de Popea, Nerón huyendo de su dolor, partió hacia Grecia para participar en los Juegos Ístmicos, famoso festival de composiciones artísticas y deportivas que tenía lugar cada dos años en la ciudad de Corinto. Ese sólo sería el inicio de una larga gira pues el emperador pretendía concursar en todos los festivales que se celebraran ese año; así, a petición suya, se pospusieron incluso los Juegos Olímpicos por primera vez en su historia y se reprogramaron otros festivales para hacer factible su sueño. Después continuaría en un viaje hacia Oriente. Su llegada causó una gran expectación en el país heleno. En Roma, en cambio, sus planes causaron un gran desagrado en las élites superiores.
Nerón excluyó a la mayoría del cuerpo senatorial de la comitiva que lo acompañaba, en los que sí tenían cabida Vitinio (un exzapatero cuyo abuelo había sido cobrador de deudas) y Vespasiano (militar experimentado pero de un linaje no del todo noble), además de un gran número de músicos, profesores de canto y entrenadores personales.



Antigua Olimpìa

Según Suetonio “apenas puede creerse, la enorme inquietud y ansiedad con que participaba en el certamen, el empeño que ponía en derrotar a sus adversarios y el miedo que le inspiraban los jueces […]. Antes de comenzar su actuación se dirigía a los jueces con el máximo respeto y les decía que él había hecho todo lo posible, pero que el resultado estaba en manos de la Fortuna; y que ellos debían como hombres sabios y eruditos que eran, dejar a un lado los caprichos del azar; cuando éstos le exhortaban entonces a cobrar confianza, se retiraba algo más tranquilo, pero ni aun así totalmente libre de inquietud, atribuyendo el silencio y la timidez de algunos de ellos a un ánimo hostil y malevolente” (Suetonio, Vida de Nerón, 23, 2-3). Toda esta ansiedad no le impidió obtener las coronas de vencedor en todos los festivales, incluso si cometía errores.
También participó en las carreras de cuadrigas celebradas en Olimpia. Aunque fue arrojado del carro, insistió en volver a subirse a él magullado y dolorido; si bien no consiguió completar la carrera obtuvo el título de vencedor por su valentía y determinación.
Tan satisfecho quedó el emperador de su periplo griego que el 28 de noviembre del año 67 Nerón, durante una magnífica ceremonia en Corinto, concedió la libertad a Grecia, además de algunos beneficios fiscales. También intentó construir un canal para unir el Golfo de Corinto con el mar Egeo, algo que ya había sido ideado por Julio César, pero su sucesor Galba canceló el proyecto por ser demasiado costoso, y  ya no pudo materializarse hasta el siglo XIX. Y todo lo hizo el César sin consultar al Senado Romano.



Ruinas de la antigua Corinto

Durante su estancia en Grecia, Nerón disfrutó bastante pues los griegos eran mucho más permisivos que los romanos, que desaprobaban en general sus gustos por las interpretaciones artísticas, pues Roma era más partidaria de las luchas en el anfiteatro que del teatro y la música. Y sobre todo, los más moralistas desaprobaban categóricamente que el emperador participara en dichos espectáculos.
No obstante, no todo podía ser diversión para el dueño del mundo. Durante este período, en el año 66, se produjo una revuelta en Judea derivada de la creciente tensión entre griegos y judíos. Nerón envió a Vespasiano para que la aplacara, algo que no consiguió por completo hasta el año 70 (un año después de la muerte del emperador).
Pero el ambiente era mucho más pesimista en Occidente. En la Galia, Hispania y áfrica las tensiones iban en aumento por la presión de los agentes del emperador que se mostraban crueles y adoptaban la mayoría de las veces conductas opresivas. Asimismo, Nerón era continuamente objeto de mofa por su comportamiento. Los gobernadores preferían no adoptar ninguna postura ante las rebeliones que se cocían por doquier. Al final, el liberto que Nerón había nombrado para administrar Roma en su ausencia se desplazó a Grecia para rogarle que volviera. Nerón accedió no sin pesar, pero aun así aprovechó el momento para entrar en Roma con toda la pompa triunfal, incluso montando el carro que Augusto usaba en sus triunfos. El pueblo se rindió a sus pies, demostrando que aún estaba con él.

domingo, 17 de noviembre de 2019

La muerte de Popea Sabina

“Ojalá muera antes de hacerme vieja”. Frase de Popea Sabina
Dión Casio. Historia Romana, 62,28,1.

Supuesto retrato de Popea Sabina, Siglo I d.C., París, Museo del Louvre
Fuente: De Desconocido - Marie-Lan Nguyen (2007), Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=2201731

Una nueva desgracia esperaba a Nerón el año 65: la muerte de Popea Sabina. Dos años antes, la emperatriz había dado al emperador una hija, Claudia, que murió con sólo 4 meses. De nuevo embarazada, la emperatriz murió antes de dar a luz, por lo que la pérdida de Nerón fue doble. Aunque también se ha acusado a éste de ser el responsable de su muerte al propinarle una patada durante una sonora pelea, lo cierto es que no está demostrado y el mismo Tácito reconoce que no pretendía hacerle daño pues “estaba ansioso de hijos y prendado de amor de su esposa” (Anales, XVI, 6, 1).
El dolor de Nerón fue desmesurado, tanto que no permitió su cremación. “El cuerpo no fue incinerado según la costumbre romana, sino que, conforme a la de los reyes extranjeros, es embalsamado y colocado en el túmulo de la familia Julia. Eso sí, se le hicieron exequias oficiales, y el propio Nerón pronunció su elogio en la Rostra alabándola por su belleza y por haber sido madre de una niña divina, así como por otras prendas de la fortuna, aunque como si todas fueran virtudes” (Anales, XVI, 6, 2). Dión Casio añade en su Historia Romana (Libro 63) que Popea fue declarada diosa con el título de Venus Sabina.



Nerón y Popea Sabina en una moneda de la época

Continúa Tácito que “la muerte de Popea, si bien acogida con muestras externas de dolor, resultó grata a los que tenían memoria a causa de su impudor y de su saña” (Anales, XVI, 7, 1). No obstante, para el emperador fue un golpe durísimo.
Aunque era incapaz de superar la pérdida, al año siguiente (66 d.C.) Nerón volvió a contraer matrimonio con una mujer muy similar a Popea: Estatilia Mesalina, que como aquella era bella, estilosa e inteligente, pero a pesar de compartir aficiones con él fue incapaz de llenar el hueco dejado por su antecesora. Después de probar con algunas prostitutas que se le parecían, encontró al doble perfecto en un chico, un eunuco al que llamaba Esporo Sabino al que obligaba a peinarse, vestirse y maquilarse como la difunta emperatriz. “Paseó a este Esporo, ataviado con las galas de las emperatrices y llevado en litera, por las audiencias y mercados de Grecia, y más tarde en Roma por las Sigilares cubriéndole de besos a cada instante” (Suetonio, Vida de Nerón, 28,2).

jueves, 7 de noviembre de 2019

La muerte de Séneca y de Petronio


Supuesto retrato de Séneca. Siglo I d.C. Museo de las Termas. Roma 2011

Aproximadamente en el año 62 d.C., Séneca cada vez más apartado del círculo de Nerón y con apenas influencia sobre él, le solicitó retirarse de la vida pública alegando problemas de salud. En su retiro no dejó de escribir sobre sus sensaciones pesimistas en relación a la ruina del mundo.
Aunque no está clara del todo la implicación de Séneca en la conjura, Tácito señala que Séneca le había dicho a Pisón en una ocasión “que ni a uno ni a otro convenía que conversaran con frecuencia, y que por lo demás su vida dependía de que a Pisón no le ocurriera nada” (Anales, XV, 60, 3). Según mi opinión es un argumento muy vago para acusar a alguien, pero también es cierto que Séneca no había digerido bien el verse separado del poder y de que el emperador no hubiera seguido en modo alguno sus enseñanzas. Continúa Tácito que Séneca partió desde Campania en dirección a Roma al enterarse del fracaso de la conspiración, quizás para intentar encontrarse con el emperador, pero se quedó a 6 kilómetros de la capital en una villa de su propiedad. Allí, fue rodeado por los pretorianos y le transmitieron que Nerón esperaba que se quitara la vida. ¿Tiene sentido si hubiera sido culpable de encaminarse a Roma en vez de intentar huir fuera de Italia?. Difícil saber.
“Él, sin inmutarse, pide las tablillas de su testamento; como el centurión se las niega, se vuelve a sus amigos y les declara que, dado que se le prohíbe agradecerles su afecto, les lega lo único, pero lo más hermoso, que posee: la imagen de su vida; si se acuerdan de ella, tendrán la reputación de hombres virtuosos como premios por tan constante amistad […]. Les pregunta […] ¿a quién había pasado desapercibida la crueldad de Nerón?. Asesinados su madre y su hermano- les decía- ya nada le faltaba sino añadir a esas muertes la de su educador y maestro” (Anales, XV, 62, 2).


La muerte de Séneca. Manuel Domínguez Sánchez, 1871, Madrid, Museo del Prado

Sigue contando Tácito que a continuación se abrió las venas de las muñecas y como la sangre le manaba muy lentamente, se cortó también la de los muslos y pantorrillas. A continuación pidió un veneno, que no le causó efecto alguno hasta que “por fin entró en un baño de agua caliente, y salpicando a los esclavos que se encontraban a su lado añadió que hacía libación de aquellas aguas a Júpiter Liberador. Acto seguido se metió en la bañera, cuyos vapores lo asfixiaron. Su cuerpo es incinerado sin funeral alguno; así lo había dispuesto en un codicilo cuando, todavía en la cima de la riqueza y del poder, no dejaba por ello de ocuparse de sus momentos supremos” (Anales, XV, 64, 4).
Aunque unos meses después, otro que perdió la vida a causa de la conjura fue Petronio, el más refinado consejero de Nerón. Aún menos clara es su participación en los hechos, pero parece que Tigelino, celoso de la gran influencia que ejercía el Arbitro de la Elegancia sobre Nerón lo acusó de amistad con Escevino (uno de los conjurados), según Tácito comprando a un esclavo para que lo denunciara y privándolo de defensa al apresar a casi todos sus siervos.


La muerte de Petronio (Leo Genn) en un fotograma de la película Quo Vadis? (1955)
Fuente: De trailer screenshot (MGM) - Quo Vadis trailer, Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=10621136

“Era el caso que por aquellos días el César había marchado a Campania, y Petronio que llegó hasta Cumas, quedó allí detenido; ya no quiso dar largas a su temor o a su esperanza. Pero no se quitó la vida precipitadamente, sino que, tras cortarse las venas, se las ligó y se las volvió a abrir de nueva según le vino en gana, mientras hablaba a sus amigos, no en términos serios o que le procuraran fama de valeroso; y escuchaba lo que le decían, que no era nada acerca de la inmortalidad del alma y de las opiniones de los filósofos sino canciones ligeras o versos ocasionales. A sus siervos, a unos le hizo larguezas y a otros les dio de azotes. Se puso a la mesa, y se entregó al sueño para que su muerte, aunque forzada, se pareciera a la natural. Tampoco aduló en sus codicilos, al contrario de los que perecían, a Nerón o a Tigelino o a cualquier otro de los poderosos, sino que relató con detalle las infamias del Príncipe con los nombres de los degenerados y de las mujeres que en ellas participaran, así como la originalidad de cada uno de sus escándalos; los selló y se los envío a Nerón, y luego rompió su anillo a fin de que no sirviera para perder a otros” (Anales. XVI, 19).
Aunque de forma exagerada y, analizándola con las reservas que me produce esta película, en Quo Vadis? se refleja más o menos fiablemente el relato de Tácito sobre la muerte de Petronio.

La muerte de Petronio (Leo Genn) en un fotograma de la película Quo Vadis? (1955)

Nerón con estas medidas cada vez se iba quedando más solo, aunque no creo que fuera consciente aún de su aislamiento.

miércoles, 30 de octubre de 2019

La conjura de Pisón


Busto de Nerón, Siglo I d.C., Ropma, Museos Capitolinos

Tras el incendio de Roma, Nerón tuvo que enfrentarse a dificultades financieras por los enormes gastos que supusieron la reconstrucción de la capital y la edificación de la Domus Aurea. A los nobles se le gravó con nuevos impuestos y se le expropiaron propiedades, por lo que el descontento era constante entre las clases senatoriales.
A principios del año 65 d.C., un gran número de senadores y caballeros se unieron para acabar con la vida de Nerón. A ellos se agregaron algunos pretorianos, incluido uno de los jefes de ese cuerpo militar, Fenio Rufo, hombre de gran honestidad y rectitud, que ayudó a multiplicar el número de conspiradores y poetas como Lucano. Sin embargo, no pretendían volver a instaurar la República sino que su objetivo era reemplazar a Nerón por un nuevo emperador. Entre los miembros más influyentes participantes en la conjura se encontraba Cneo Calpurnio Pisón, descendiente de aquel otro Pisón que casi 50 años antes estuvo supuestamente implicado en la muerte de Germánico, abuelo de Nerón. Pretendían entronizar a Pisón, quien contraería matrimonio con una de las hijas de Claudio que aún vivía, para legitimizar su vínculo con Augusto.
Un primer proyecto planeaba que el asesinato tuviera lugar en la villa que Pisón poseía en Baias, pero éste se negó porque no quería atentar contra las leyes de la hospitalidad y porque consideraba que el crimen debía hacerse en público y no en acto privado. Entonces decidieron apuñalar a Nerón el 19 de abril, durante los juegos de Ceres que tendrían lugar en el Circo Máximo, mientras Pisón estaría siendo presentado a los pretorianos por Fenio Rufo.
Sin embargo, un liberto de uno de los conjurados, Flavio Escevino, delató a su amo. Otro conspirador, Antonio Natal también fue denunciado. Ambos fueron torturados por separado por lo que incriminaron a numerosas personas, entre las que se encontraba el poeta Lucano, e incluso Séneca, aunque la implicación de éste no está demostrada totalmente.

La muerte de Lucano. José Garnelo.  1887, Madrid, Museo del Prado

Pisón, al igual que la mayoría de los conjurados, se suicidó cortándose las venas. Algunos otros como Fenio Rufo o Flavio Escevino fueron ejecutados mientras que amigos y familiares de los acusados fueron condenados al exilio. Lucano también se quitó la vida, del mismo modo que Séneca y Petronio, acusado por Tigelino quien estaba celoso de su influencia sobre el emperador. No se ha podido demostrar la culpabilidad de estos dos últimos.
Nerón nombró a Nifindio Sabino prefecto del pretorio, con una reputación tan terrible como la de su colega Tigelino, que prolongaron para su provecho el clima de terror imperante.
A pesar de la represión, había quedado claro que Nerón no gozaba del apoyo de la clase senatorial, algo que ya no recuperaría en los años restantes de su Principado.

viernes, 18 de octubre de 2019

La Domus Aurea, el Palacio Dorado de Nerón


Reconstrucción de la Domus Aurea

“19 de mayo de 2018, Roma. Pasado el mediodía mis pasos se encaminan hacia el Colle Oppio y mi corazón late acelerado; me espera soterrado el Palacio más impresionante jamás concebido en la Ciudad Eterna, el que guarda la memoria de su más famoso emperador: la Domus Aurea, llamado así por el resplandor que emanaba de la gran cantidad de elementos decorativos brillantes y de tonalidades doradas que lo adornaban. Un nuevo secreto escondido en lo más profundo de su suelo que me desvela la urbe que más amo".



Resto de decoración en tonos dorados. Domus Aurea. Roma 2018

"Después de cubrir nuestras cabezas con el casco protector y ponernos ropas de abrigo (a pesar del calor que hacía) descendimos a las entrañas de la colina llegando a un largo pasillo cubierto con bóveda de cañón y de una altura impresionante. Nos esperaba un audiovisual que  nos sumergió en la historia del edificio y de su constructor. El primer pensamiento que vino a mi mente es la gran diferencia entre las personalidades de Augusto y Nerón proyectadas en sus casas: el hogar del fundador del imperio es reflejo de la modestia y humildad de un Primer Ciudadano cuya imagen se proyecta al nivel de la de su pueblo, mientras su tataranieto no puede ocultar en el suyo su ansia de grandeza y exuberancia, dominado por un hombre casi divino que no duda en poner de manifiesto su supremacía sobre todos”.



Tras el incendio de Roma, y aprovechando que su palacio (la Domus Transitoria) había quedado parcialmente arrasado por el fuego, Nerón se apropió de unas 50 hectáreas entre el monte Palatino y la colina Oppio en el Esquilino. Todo ello enmarcado dentro del proyecto ideado por el emperador para hacer resurgir Roma de las cenizas y construir una urbe más segura, con grandes avenidas en las que se limitó incluso la altura de los edificios.
Encargado a los arquitectos Severo y Celer, se pretendía que el conjunto fuera el centro de un jardín frondoso en medio del cual se extendía un lago artificial. En las cercanías de éste se alzaba una estatua colosal de Nerón, identificado como Helios (dios del Sol), conocida como el coloso. Encima de ese terreno se levanta aún hoy el mayor símbolo de Roma, el Coliseo, que recibe precisamente su nombre desde el siglo XI de la estatua colosal. “Levantó una mansión en la que no eran tanto de admirar las piedras preciosas y el oro - algo ya antes usual y por entonces lujo muy corriente- como los jardines y estanques y, cual en lugar despoblado, los bosques por una parte, por otra los espacios abiertos y hermosas vistas; fueron los directores y proyectistas de la obra Severo y Céler, que tenían ingenio y osadía bastante para intentar con el arte incluso lo que naturaleza había negado y abusar de los recursos del príncipe” (Tácito. Anales, XV, 42, 1).


El coloso de Nerón
Fuente: De Art: Jaime Jones. Source: Marianne Bergmann, Institute for the Study of the Ancient World, New York University, CC BY-SA 4.0, 

       El coloso se encontraba delante de la fachada principal del edificio que medía 260 metros de ancho. En el centro, sobre el eje de simetría se abría una gran exedra de 50 m de ancho, con la forma de un semi-octógono.


Roma 2018

Roma 2018

Roma 2018

“Entre altos pasillos decorados con delicadas pinturas murales fuimos pasando de sala en sala, de ninfeo en ninfeo hasta llegar a una sala donde pudimos viajar a través de un contenido multimedia impresionante hasta el edificio tal y como era en el siglo I d.C. La proyección está concebida de tal manera que parece que las paredes reviven y la Domus Aurea cobra vida; incluso se puede percibir el olor de la hierba fresca y de las flores que nacen en el espléndido jardín, el rumor de las fuentes…. Es como estar allí. Una sensación maravillosa".



Roma 2018

Roma 2018

Roma 2018

"Tras este salto en el tiempo continuamos avanzando hacia la joya arquitectónica que es la gran Sala Octogonal cuya cúpula con óculo central adelanta en un siglo a la del Panteón”.

Sala Octogonal. Roma 2018

En el ala este, encontramos una gran sala octogonal construida a base de hormigón que tenía finalidad de salón comedor, coronada por una cúpula de 14 metros de diámetro, con un gran óculo central. Está rodeada por una serie de habitaciones que se comunican entre sí; entre ellas destacan dos alcobas y dos triclinia que flanquean un gran ninfeo central abovedado. Al fondo del mismo, una escalera de agua hacía sonar una cascada.


Sala Octogonal. Roma 2018


Sala Octogonal. Roma 2018

Sala Octogonal. Roma 2018

“Todas sus habitaciones estaban forradas de oro y adornadas con piedras preciosas y conchas de perlas; sus comedores estaban cubiertos por unos paneles de marfil movibles y perforados por tubos, para que se pudieran esparcir desde el techo flores o perfumes; el comedor principal era redondo y giraba continuamente sobre sí mismo, de día y de noche, como el mundo; sus baños tenían agua corriente del mar y de los manantiales de Álbula” (Suetonio, Vida de Nerón, 31, 2). Añade Séneca en su Carta a Lucilio (Libro XIV, 90,14) que “un mecánico ha inventado como hacer llover desde una gran altura agua teñida de azafrán y ha conseguido ensamblar los artesones del techo de ese salón de tal manera que la imagen que ofrecen se modifica como uno quiere”.


Sala Octogonal. Roma 2018

La sala está bien conservada y se aprecian alrededor del óculo dos ranuras con función de railes que permitían colgar una serie de adornos giratorios hemiesféricos que se adaptaban al interior de la cúpula.
“Y nuestra visita continuó hasta llegar a un espacio donde se ubica el único pavimento original de todo el palacio, con un colorido precioso y de gran viveza, se nos muestra ese rincón en el que aún resuenan las huellas de Nerón”.


Pavimento original de la Domus Aurea. Roma 2018

Pavimento original de la Domus Aurea. Roma 2018


Tras la muerte del emperador, el palacio quedó inconcluso y gravemente dañado durante el incendio del año 104. Posteriormente, Trajano la cubrió de escombros, para construir sus termas. Este hecho lo favoreció pues libró al edificio de los expolios que sufrieron otros monumentos romanos. Permaneció oculto hasta el siglo XV, cuando un joven romano cayó accidentalmente a través de una hendidura y descubrió la rica decoración pictórica que dio origen al término grutesco y que tanto influenció en el Renacimiento. El mismo Rafael Sanzio fascinado por las pinturas las estudió pormenorizadamente y se hizo eco de su influencia en las Salas que pintó en el Vaticano.


Roma 2018

Roma 2018

      Los restos encontrados con posterioridad muestran un gran estado de conservación, aunque el principal peligro que amenaza a los delicados frescos son las humedades que, a su vez, producen grietas que hacen temer estabilidad del edificio. No obstante, se está trabajando para crear un jardín sobre él que absorba la humedad y que proteja esta maravilla única en el mundo… y que no deja de asombrar: este año se ha descubierto un nuevo ambiente, denominado Sala de las Esfinges, pues está decorada con figuras de animales reales y míticos. La memoria de Nerón más viva que nunca.


Sala de las Esfinges

Sala de las Esfinges

Sala de las Esfinges


                                   


                                   


domingo, 6 de octubre de 2019

¿Persiguió Nerón a los cristianos?


La última oración de los mártires cristianos. Jean Leon Gerome. 1883. Museo Walters. Baltimore

Una de las consecuencias del incendio de Roma, y que aún causa profundos debates, fueron las persecuciones contra los cristianos, acusados por el propio Nerón de ser los causantes de la tragedia para alejar las sospechas sobre si mismo. Este hecho, apuntado por Tácito, y amplificado por la historiografía cristiana posterior, fue lo que fraguó por encima de todo la leyenda negra de Nerón. ¿Pero qué hay de cierto en todo ello?.
“Ni con los remedios humanos ni con las larguezas del príncipe o con los cultos expiatorios perdía fuerza la creencia infamante de que el incendio había sido ordenado. En consecuencia, para acabar con los rumores, Nerón presentó como culpables y sometió a los más rebuscados tormentos a los que el vulgo llamaba cristianos” (Tácito. Anales, 44, 2). Continúa Tácito “el caso fue que se empezó por detener a los que confesaban abiertamente su fe, y luego por denuncia de aquellos, a una ingente multitud, y resultaron convictos no tanto de la acusación del incendio cuanto de odio al género humano. Pero a su suplicio se unió el escarnio, de manera que perecían desgarrados  por los perros tras haberlos hecho cubrirse con pieles de fieras, o bien clavados en cruces, al caer el día eran quemados de manera que sirvieran como iluminación durante la noche. Nerón había ofrecido sus jardines para tal espectáculo, y daba festivales circenses mezclado con la plebe con atuendo de auriga o subido en el carro. Por ello, aunque fueran culpables y merecieran los máximos castigos, provocaban la compasión, ante la idea de que perecían no por el bien público, sino para satisfacer la crueldad de uno solo” (Tácito. Anales, 44, 4-5).
Por su parte Suetonio apunta que durante el principado de Nerón “se entregó al suplicio a los cristianos” (Vida de Nerón, 16,2).

Crucifixión de San Pedro. Caravaggio. 1601, Roma, Santa María del Popolo
Fuente: De Caravaggio, Dominio público, 

Ni está probado que la plebe (que tanto amaba a Nerón) lo acusara del incendio ni que éste culpara a la comunidad cristiana de Roma. No obstante, es difícil de despojar a Nerón de la imagen que han vertido sobre él desde hace siglos. En el siglo II, Tertuliano definió a Nerón como “el primer perseguidor del naciente cristianismo” (Apologeticum) y el responsable de las condenas de San Pedro y San Pablo. Esta afirmación en sí no puede ser cierta porque Claudio antes que él llevó a cabo algunas medidas contra ellos. Con posterioridad fue reconocido como el Anticristo: “un rey sin ley, asesino de su madre, llegará a este mundo con todos los poderes, y todo el mundo accederá a lo que desee” (La Ascensión de Isaias, Cap. 4.2).
Según Brent D. Shaw, autor de un artículo sobre el tema en The New York Review of Books, analizando el párrafo de Tácito señala que el historiador romano se está refiriendo más a su propia época donde las persecuciones a los cristianos eran más frecuentes. Insiste también en el hecho de que no hablan de ellas los escritores de época neroniana. Yo también me lo pregunto ¿por qué hablan de unos hechos tan horrorosos historiadores que vivieron entre 50 y 100 años después de los mismos y no comentan nada los historiadores coetáneos de Nerón, habiendo quedado claro que la mayoría lo detestaban?. También es llamativo que Dión Casio, que escribió pormenorizadamente sobre el incendio de Roma y que tanto ha vilipendiado a Nerón no escribiera nada sobre la persecución a los cristianos, aun acusando a Nerón de ser el causante del desastre “la población acusaba Nerón, aunque no mencionaron su nombre, sino que simplemente maldijeron en términos generales a aquellos que habían incendiado la ciudad” (Historia Romana, Libro LXII, 17, 2
 Según Shaw la conexión de los cristianos con el incendio es más tardía, aunque no duda en afirmar que seguramente Nerón dirigió las sospechas hacía algún otro colectivo. Sus argumentos se dirigen también a analizar la muerte de San Pedro y San Pablo, de las que no se conocen apenas datos. Pues del primero no se sabe a ciencia cierta las condiciones de su ejecución, mientras que Pablo fue mandado ejecutar por agitador, no por su fe cristiana. El español Juan Eslava Galán apunta en esa misma dirección, llegando aún más lejos, pues según su opinión ese párrafo habría sido insertado en la Edad Media, basándose en que los más antiguos manuscritos de la obra de Tácito conservados son del siglo XI y proceden de los escritorios monacales. Él se basa para afirmar esto en que durante los primeros tiempos del cristianismo ningún escritor cristiano aludió a la persecución de Nerón. Algo que no es del todo cierto, pues como hemos señalado Tertuliano, Lactancio y San Agustín, mencionaron la supuesta malignidad de Nerón.

Antorchas de Nerón. Henryk Siemiradski. 1877, Cracovia. Museo Nacional 
Fuente: De Henryk Siemiradzki - www.abcgallery.com, Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=320986

No obstante, otros biógrafos de Nerón sí creen que se produjeron duras persecuciones a cristianos tras el incendio, poniendo la atención en por qué iba a inventarse Tácito tales acontecimientos.
La realidad nunca se sabrá. Es cierto que el número de cristianos en época tan temprana era escaso en Roma (unos 2500) y que estaban aún muy vinculados al judaísmo, pero también lo es que el hecho de que se reunieran en lugares de culto propio y sus cultos propios eran interpretados como un indicador de que estaban vinculados a rituales mágicos y despertaba las suspicacias del pueblo romano, que siempre ha sido muy supersticioso. Según mi opinión, la persecución probablemente existió, sin embargo, la propaganda cristiana posterior la exageró, pues queda constancia que fueron mucho más duras las posteriores como la de Diocleciano (donde perdieron la vida unas 200.000 personas), la más grave de todas, llamada por su duración la Era de los Mártires no teniendo este emperador la mala fama de Nerón ni siendo tan conocida esta masacre. Trajano y Marco Aurelio, considerados buenos emperadores también persiguieron a los cristianos, y nadie habla de ello. ¿Por qué atacaron sin piedad la figura de Nerón?. 2000 años después esta cuestión sigue siendo un enigma.

lunes, 23 de septiembre de 2019

Arde Roma

“Sigue una catástrofe (no se sabe si debida al azar o urdida por el príncipe, pues hay historiadores que dan una y otra versión), que fue la más grave y atroz de cuantas le sucedieron a esta ciudad por la violencia del fuego”
Tácito. Anales. 38.1
Un gran cometa apareció sobre el cielo de Roma. Los ciudadanos lo contemplaban horrorizados, sin saber qué catástrofes anunciaba. El emperador se encontraba ausente, refugiado del gran calor de julio en su villa de Anzio, a orillas del mar. Acababa de regresar de Nápoles, donde ante la consternación de todos, había actuado por primera vez en público. Su actuación fue seguida de un presagio negativo, pues cuando ya había salido el público asistente se vino abajo el teatro vacío, sin que hubiera que lamentarse daños personales. Pero los ánimos estaban muy mermados.
La noche del 19 de julio del año 64, dos días después de que el cometa hubiera desaparecido, en el extremo Sureste del Circo Maximo, los temores del pueblo se materializaron en forma de voraces llamas que azuzadas por el viento y por mercancías inflamables acumuladas en las tiendas cercanas, se extendieron rápidamente arrasando todo lo que cogían a su paso. El incendio se propagó a una velocidad inusitada pasando de un barrio a otro y ascendiendo a las colinas de Roma, sin que los vigiles de fuego pudieran hacer nada para detenerlo. El pánico se apoderó de la ciudad.


Roma en llamas

“Se añadían, además, los lamentos de las mujeres aterradas, la incapacidad de los viejos y la inexperiencia de los niños, y tanto los que se preocupaban por sí mismos como los que lo hacían por los otros, arrastrando o aguardando  a los menos capaces, unos con sus demoras, otros con su precipitación, ocasionaban un atasco general. Muchos mientras se volvían a mirar atrás, se veían amenazados por los lados o por el frente, o si habían logrado escapar a las zonas vecinas, acababan también aquellas ocupadas por las llamas, e incluso las que parecían alejadas las hallaban en la misma situación. Al fin, sin saber de dónde huir ni hacía dónde tirar, llenaban las calles, se tendían por los campos; algunos, perdidos todos sus bienes, incluso sin alimentos con que sustentarse por un día, otros por amor a los suyos a quienes no habían podido rescatar, perecieron a pesar de que hubieran podido salvarse”. (Tácito. Anales. 38.2-6).
Nerón volvió a Roma enseguida que tuvo noticias de la catástrofe. Cuando llegó ya había ardido su palacio. Inmediatamente, hizo abrir el Campo de Marte, los monumentos de Agripa e incluso sus propios jardines para acoger a la gente sin hogar. Del mismo modo ordenó levantar construcciones efímeras para acoger a los más necesitados al mismo tiempo que mandó traer provisiones desde Ostia y bajó los impuestos del trigo.
Durante seis largos días con sus noches estuvo ardiendo la Ciudad Eterna. Una vez apagado el incendio volvieron a aparecer focos durante los dos días siguientes. Roma estaba de rodillas ante el enemigo más impredecible e incontrolable.
Los historiadores no han dejado cifras de las pérdidas humanas, que debieron ser numerosas, sin embargo, sí nos han aportado datos sobre el estado en que quedó la capital del mundo. De las 14 regiones en las que se dividía la ciudad ardieron 10, quedando 3 totalmente arrasadas.



“El enumerar las casas, manzanas y templos que se perdieron, no sería tarea fácil; pero de los lugares más antiguos de culto, el que Servio Tulio había dedicado a Lucina, el gran altar  y la capilla que el arcadio Evandro había consagrado a Hércules Auxiliador, el templo de Júpiter Estator, ofrecido por Rómulo, el palacio de Numa y el Santuario de Vesta con los dioses Penates del pueblo romano, todos ellos ardieron. Además, las riquezas ganadas en tantas victorias y las bellezas del arte griego, luego los testimonios antiguos e intactos de los ingenios literarios, de manera que, aun en la gran belleza de la ciudad que resurgía, los viejos recordaban muchas cosas que ya no podrían recuperarse” (Tácito. Anales. 41.1). Entre las pérdidas se encontraba el Ficus Ruminalis, la higuera sagrada donde los romanos creían que había encallado la cesta que transportaba a Rómulo y Remo, y donde los encontró la loba.
¿Fue Nerón el autor intelectual del incendio?. El debate continúa en nuestros días. Los historiadores actuales tienden a negarlo pues ni siquiera las fuentes antiguas lo confirman claramente. Suetonio dice con rotundidad que el emperador envió a sus esclavos con  antorchas a incendiar la ciudad e incluso relata como “Nerón, transportado de gozo por la belleza de las llamas, según sus propias palabras, cantó la toma de Ilión vestido con su traje de actor” (Vida de Nerón, 38, 2). Dión Casio acusa igualmente sin tapujos al emperador de ser el responsable del incendio (Historia Romana, 62, 19). Tácito, no obstante, pone en duda su implicación, pues en la antigua Roma eran frecuentes los incendios. Él mismo dice que hay historiadores de los que él ha consultado que apoyan una u otra versión. Tácito afirma conocer el rumor de que el emperador subido al escenario que tenía en su casa cantó la destrucción de Troya. Pero lo hace tras contar que aquel estaba en Ancio y que volvió a Roma cuando ya se había quemado su Palacio y todas sus posesiones (Anales, XV, 39). Por tanto, la historia se hace difícil de creer ante tanta contradicción. ¿Cómo iba a cantar desde su casa, si ésta había ardido? Si un hecho de tanta atrocidad hubiera sido cierto, sólo cincuenta años después, que es cuando escribió Tácito, se sabría con absoluta certeza, por tanto me inclino a desconfiar de su fiabilidad. Suetonio escribió más o menos en la misma época que Tácito. Dión Casio vivió, por su parte, más de un siglo después de los hechos y está muy influenciado por la versión de Suetonio. Sin embargo, historiadores coetáneos de Nerón como Plinio el Viejo, Séneca, Flavio Josefo, Plutarco o Epicteto, aunque hablan en sus obras del Principado de Nerón no mencionan el incendio o sólo se refieren a él someramente, lo que aporta indicios de que para los contemporáneos de Nerón fue uno más entre los numerosos incendios que eran habituales en la gran orbe.


Peter Ustinov en un fotograma de Quo Vadis? (1951)

          A pesar de ello, la imagen de Nerón con el arpa viendo extasiado arder Roma forma parte del imaginario popular y por mucho que lo intenten los historiadores actuales, es difícil de reparar el daño que se le hizo. La escena fue inmortalizada por la película Quo Vadis? de 1951 e incluso un programa informático de grabación de CDs y DVDs toma su nombre Nero burning Rom (Nerón quemando Roma) de la catástrofe.