martes, 19 de septiembre de 2017

Calígula y sus hermanas

Calígula no manifestó en su vida grandes afectos por casi nadie. Se deduce del estudio de las fuentes que debió estar muy unido a su padre. Con Germánico pasó los primeros años de su vida en campamentos militares mientras sus hermanos se educaban en Roma y, con él, se encontraba en Antioquía cuando murió en el año 19 d.C. Meses antes habían visitado juntos Egipto, en viaje privado, para conocer las riquezas del país del Nilo. La cultura egipcia fascinó desde ese momento al pequeño Cayo Calígula (que contaba con 7 años).


Drusila, la predilecta de Calígula. Siglo I d.C. Munich. Glyptothek
Fuente: Por © José Luiz Bernardes Ribeiro /, CC BY-SA 4.0,

Una de las cosas que más llamó la atención de Calígula de la costumbres del Antiguo Egipto fue la tendencia de los faraones a casarse con sus hermanas. Aunque nunca manifestó cariño alguno hacia sus hermanos varones, sin embargo, sí se sentía muy unido a sus tres hermanas: Agripina, Drusila y Livila, con las que vivió en casa de su abuela Antonia tras la muerte de sus padres.
Cuando Calígula se convirtió en emperador ellas estaban ya casadas, Agripina con Lucio Domicio Ahenobarbo, Drusila con Cayo Casio Longino y la más pequeña, Livila con Marco Vinicio. Las niñas habían compartido la misma infancia turbulenta de su hermano, que ahora siendo el dueño del mundo las colmó de todos los privilegios que a la emperatriz Livia le había costado conseguir toda una vida.
Según Suetonio “ordenó que se añadieranen todos los juramentos la fórmula siguiente: “no me tendré ni a mí mismo ni a mis hijos en mayor estima que a Cayo y, después de él, a sus hermanas”; e, igualmente en las propuestas de los cónsules: “¡por el bien y la felicidad de Cayo César y de sus hermanas!” (Vida de Calígula, 15, 3). Incluso emitió monedas con la imagen de las tres en el reverso.


Moneda con Calígula en el anverso y sus hermanas en el reverso
Fuente: De Classical Numismatic Group, Inc. http://www.cngcoins.com, CC BY-SA 2.5, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=29068141

Esta relación tan cercana ha dado mucho que hablar pues Suetonio no duda en afirmar que mantuvo relaciones incestuosas con las tres y que en los banquetes las sentaba por turnos a su derecha mientras que a su esposa oficial la sentaba a la izquierda. Dión Casio también hace alusiones al tema en la misma línea. Ambos también añaden que las obligaba a prostituirse. Sin embargo, los contemporáneos del emperador, Filón y Séneca (que tanto lo aborrecía) no mencionan nada al respecto.
Lo que sí es cierto es la predilección que Calígula sentía por Drusila, a la que incluso nombró su heredera universal durante su grave enfermedad. Esto provocó el resentimiento de las otras dos, especialmente de la ambiciosa Agripina. Ésta, cuando dio a luz a su hijo (el futuro emperador Nerón), ante la falta de descendencia de su hermano le sugirió que le pusiera él mismo nombre, con la esperanza que lo adoptara. Calígula se mofó respondiéndole que le pusiera Claudio en honor a su tío al que todos despreciaban. Agripina lo rechazó con gran desdén. Igualmente Agripina tuvo que soportar a la muerte de su marido Domicio Ahenobarbo que Calígula se apoderará de la mayoría de los bienes que tenía que heredar su hijo.


Agripina la menor. Siglo I d.C. Milán. Museo Arqueológico
Fuente: Di Giovanni Dall'Orto - Opera propria, Attribution,

 Cuando Drusila murió inesperadamente con sólo 22 años en el año 38, la relación de Calígula con Agripina y Livila se deterioró por completo, hasta tal punto que fueron acusadas de formar parte de una conspiración, la de Getúlico en el año 39, siendo ambas deportadas a una isla.

lunes, 11 de septiembre de 2017

Primeros meses de gobierno de Calígula

Según Filón de Alejandría los primeros siete meses del gobierno de Calígula fueron los más felices que había experimentado el Imperio durante mucho tiempo.
Tras su entrada triunfal en Roma, Calígula aceptó todos los poderes que el Senado puso en sus manos, en detrimento de Tiberio Gemelo, a quien adoptó cuando éste asumió la toga viril.
Para ganarse el apoyo del ejército colmó con importantes dádivas a la Guardia Pretoriana y al resto de las tropas así como a la plebe. A ello se añadió que pagó todos los legados del testamento de Tiberio e incluso los de Livia que su hijo había retenido. En definitiva, no escatimó esfuerzos para cultivar las simpatías de la gente intentando agradar a todos.

Calígula trasladando las cenizas de su madre. Eustache Le Seur. 1647. Londres. Collección Real del Castillo de Windsor.
Fuente: De Eustache Le Sueur - Web Gallery of Art:   Image  Info about artwork, Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=15462540

Su primer gran golpe de efecto fue que a pesar del mal tiempo partió apresuradamente hacia las islas de Pandataria y Poncia para traer las cenizas de su madre y de su hermano. Cuenta Suetonio que “se acercó a ellas con el máximo respeto y las guardó en unas urnas con sus propias manos; con la misma pompa las transportó a Ostia, llevando una bandera colocada en la popa del birreme, y de allí, por el Tíber a Roma, donde los miembros más ilustres del orden ecuestre las llevaron sobre dos andas al Mausoleo (de Augusto), a mediodía cuando mayor era la animación” (Vida de Calígula, 15, 1).
Colmó de honores a sus padres para gran regocijo del pueblo: instituyó en memoria de su madre unos juegos en el circo anuales y una carroza para llevar su imagen en la procesión y para recordar a su amado padre llamó Germánico al mes de septiembre. Por su parte a su abuela Antonia le concedió todas las distinciones que otrora ostentara la emperatriz Livia y a su tío Claudio, que siempre había estado apartado de la vida pública debido a sus problemas de salud lo nombró como colega suyo de consulado. Esta medida no se sabe a ciencia cierta si fue una burla pues siempre había despreciado al hermano tartamudo de su padre.

Calígula (John Hurt) y Claudio (Derek Jacobi) en un fotograma de la serie Yo, Claudio, 1976

No obstante, a quienes favoreció por encima de todos fue a sus hermanas por las que sentía una especial debilidad, sobre todo por Drusila. Pero a ello le dedicaré una reseña en exclusiva
Durante los meses sucesivos de año 37 quemó en el Foro todos los documentos que contenían nombres de acusados de traición en época de Tiberio y los relacionados con los casos de su madre y hermanos. Todos los exiliados pudieron regresar a Roma. Asimismo ayudó a los afectados por el sistema imperial de impuestos, desterró a los delincuentes sexuales y celebró grandiosos juegos de gladiadores, espectáculos circenses y representaciones teatrales
Por otro lado retomó algunas prácticas habituales durante la época de Augusto y que habían sido relegadas por Tiberio como la publicación de los registros del Imperio así como la continuación de obras que éste último había dejado inacabadas. Inicio otras de gran envergadura como el Acqua Claudia.
Así, fue ganándose el amor incondicional de todos los estratos de la sociedad romana, al que se unió también una gran simpatía por parte de los pueblos de Italia y del resto del Imperio.
Para agradecerle tanta generosidad se le decretaron varios honores se le dedicó un escudo de oro que una vez al año en una fecha determinada de cada año sería llevado en procesión al Capitolio escoltado por los senadores mientras un coro le seguía cantando las virtudes del emperador. Por otra parte se decretó que el día que asumió el poder fuera llamado Parilia como regocijo de que Roma había sido fundada por segunda vez. La Parilia era una fiesta que se celebraba el 21 de abril  para conmemorar la fundación de Roma, en honor a Pales (divinidad pastoril arcaica protectora del Palatino).

Calígula. Siglo I d.C. Nueva YorK. Museo Metropolitano. 
Fotografía propiedad de Bill Storage, Laura Maish, John Pollini y Nick Stravrinides

La historiografía moderna analiza el comportamiento político de Calígula en estos primeros momentos de una forma particularmente favorable indicando que el joven emperador tenía un buen planteamiento y que estaba rodeado de consejeros válidos. Su gran defecto fue, no obstante, seguir un modelo político poco apropiado para regir la mentalidad romana, influenciado en cierta manera por el programa que su bisabuelo Marco Antonio había trazado para Oriente, asumiendo poderes cercanos a este tipo de monarquías. Igualmente marcó el fin de este buen período su juventud e inexperiencia política unidos a su desequilibrio psicológico, que tras su enfermedad se hizo manifestó en toda su virulencia.

domingo, 3 de septiembre de 2017

Calígula, perfil de un psicópata

           "En mi opinión la naturaleza lo ha creado para demostrar cuán lejos puede llegarse al combinar un vicio incontenible con un poder ilimitado". 
Séneca

Busto de Calígula. Siglo I d.C. Nueva York. Museo Metropolitano
Fuente: https://hinocinte.blogspot.com.es/2016/10/los-excesos-del-emperador.html

Calígula es un personaje con una personalidad sumamente compleja. A ello contribuye el hecho de que contemos con pocas fuentes antiguas fiables que nos hablen de él. Sólo han llegado hasta nuestros días la obra de dos autores contemporáneos al emperador: la de Filón de Alejandría que ofrece algunos detalles de los primeros momentos de su gobierno y algunas obras de Séneca. Éste último, sí proporciona algunos datos sobre la personalidad del sucesor de Tiberio, pero no pueden ser considerados objetivos pues sabemos que el filósofo cordobés fue acusado de formar parte de una conspiración contra la vida de Calígula y que por ello estuvo a punto de ser ejecutado en el año 39. El resto de obras coetáneas al emperador, juzgadas como muy críticas o excesivamente aduladoras, se han perdido. Así y todo sirvieron de base de inspiración a otros escritores en años posteriores.
De este modo, la mayor parte de los datos sobre la vida de Calígula que conocemos proceden de Suetonio y Dión Casio que vivieron 80 y 180 años después que aquel, respectivamente. La objetividad de éstos también se considera dudosa al ser ambos patricios que habían perdido mucho poder con la consolidación del sistema imperial. Desgraciadamente, los capítulos de los Anales de Tácito dedicados al gobierno de Calígula no se han conservado. Una verdadera lástima pues se trata del más justo de los historiadores clásicos. Sí se han conservado en esta obra en cambio los datos sobre el emperador durante el gobierno de Tiberio. Algunos fragmentos parciales sobre Calígula también los encontramos en obras de Flavio Josefo o Plinio el Viejo, pero ninguno de ellas da una visión favorable del tercer César.
Aunque está claro que Calígula no fue precisamente un modelo de buen gobernante, ¿hasta qué punto se han exagerado los hechos de su vida y los actos de crueldad a él atribuidos?. Intentaré con los datos de los que dispongo trazar un perfil de su personalidad lo más ecuánime posible.

Busto de Germánico: Siglo I d.C. París. Museo del Louvre. Fotografia proiedad de Obra de  Marie_Lan Nguyen

Como ya he ido apuntando en anteriores reseñas Calígula fue el tercer hijo varón del matrimonio formado por Germánico (nieto de Livia) y Agripina la mayor (nieta de Augusto), mujer pasional y de fuerte carácter que acompañaba a su marido en todas las expediciones. Por este motivo, mientras sus hermanos mayores se educaban en Roma, el pequeño Cayo César se crió entre las legiones de su padre, convirtiéndose en la mascota de las mismas. Con sólo 1 año, su madre lo vestía con traje de soldado y con unas minúsculas cáligas idénticas a las que calzaban los militares, de ahí que los legionarios lo apodaran tiernamente Calígula, o sea pequeña cáliga, botitas. Tan encariñado estaban los rudos soldados con el crio que cuando tras la muerte de Augusto las legiones de Germania se amotinaron, Germánico para protegerlo lo envío a la Galia junto con su madre embarazada. Las tropas aceptaron entregar a los promotores del motín a cambio de que Calígula permaneciera con ellos, algo a lo que Germánico accedió. “[Los soldados] respondieron a su discurso [de Germánico] confesando que sus reproches eran justos, y suplicando que castigaran a los culpables, perdonara a los extraviados y los guiara contra el enemigo; que hiciera volver a su esposa, que retornara aquel niño criado por las legiones, y no fuera entregado como un rehén a los galos. El regresó de Agripina lo excusó por la inminencia de su parto y del invierno; vendría su hijo, y el resto sería cometido de ellos mismos” (Tácito. Anales, 44, 1). Tengo que señalar que ya adulto, el hijo de Germánico aborrecía que lo llamaran Calígula.

Agripina la mayor y Calígula. Detalle del Gran Camafeo de Francia.19 d.C. París. Gabinete de Medallas 

No sólo la legión sino las masas populares adoraban al encantador chiquillo por lo que era aclamado cada vez que pisaba las calles de Roma o de cualquier lugar donde se encontrara con su padre. En estos hechos, según mi opinión, está el origen del carácter caprichoso y narcisista de Calígula pues desde su infancia fue excesivamente mimado y adulado, más allá de lo que un niño de tan tierna edad podía comprender. No encontramos en las fuentes indicios de que Germánico o Agripina pusieran freno a la inmensa popularidad de su hijo.
A medida que fue creciendo y que las desgracias de sus familiares más cercanos acabaron con su idílica vida, conduciendo los últimos años de su infancia y su adolescencia hacia una existencia desequilibrada, su carácter fue volviéndose cada vez más enigmático. Aparentemente no le afectó la muerte de su padre (acaecida en trágicas circunstancias cuando sólo contaba 7 años) ni la de su madre y hermanos (condenados por Tiberio). Calígula incluso después de tanto sufrimiento se comportaba de manera dócil y cortés. Esto se acentúo durante la etapa en la que fue llevado a vivir a Capri con Tiberio. Cuenta Suetonio que durante estos años no expresó jamás queja alguna, ni demostró que le afectara en lo más mínimo el infortunio de sus familiares. Incluso cuando Tiberio lo ponía a prueba era con él sumamente servicial. Ello dio lugar a que se dijera de él que nunca hubo esclavo mejor para peor amo, y que, desde entonces, fuera considerado un maestro en las artes del disimulo. Pero Tiberio conocía la verdadera naturaleza de su carácter.

Busto de Calígula. Siglo I d.C. Copenhage. Carsberg Glytotek Museum

Ya siendo emperador, las escasas fuentes de las que disponemos coinciden que en los inicios de su gobierno Calígula se comportó como un buen Príncipe. No obstante en el otoño de 37 d.C. a los pocos meses de su ascenso al trono sufrió una grave enfermedad que estuvo a  punto de costarle la vida. Aún hoy no está clara la naturaleza de la misma. Algunos autores afirman que sufrió una encefalitis, es decir una inflamación del cerebro causada por alguna infección. Otras hipótesis apuntan a alguna enfermedad venérea, hipertiroidismo o epilepsia.
Filón de Alejandría opina que fuese cual fuese la enfermedad que padeció Calígula se debió al cambio en los hábitos de su vida al ser aclamado emperador. Sostiene que pasó de una existencia relativamente tranquila y saludable a la práctica de todo tipo de excesos. “Había cambiado su alimentación no hacía mucho (cuando todavía vivía Tiberio era más ordinaria y por eso más sana, por una dieta de lujo; vino puro en abundancia, golosinas, apetito insaciable con el vientre lleno, baños calientes intempestivos, vómitos inmediatos seguidos de nuevas borracheras, glotonería renovada” (Legatio Ad Gaium. 14).
Lo cierto es que cuando se recuperó de la enfermedad empezó a experimentar desórdenes mentales que hasta ahora no se habían puesto de manifiesto, evidenciando un carácter violento desconocido para todos. El insomnio que padecía acrecentaban sus ataques de ira y crueldad, pues según Suetonio “no dormía más de tres horas, y éstas ni siquiera con un sueño tranquilo” (Vida de Calígula. 50, 3).

Busto de Calígula. Siglo I d.C. Copenhage. New Carlsberg Glyptotek. Fotografia propiedad de S. Sosnovskiy

Regis F. Martín en su obra Los doce Césares. Del Mito a la Realidad siguiendo una teoría del alemán J. Lucas se inclina más por afirmar que Calígula poseía el perfil de un psicópata pues según éste “Los psicópatas se caracterizan por una pérdida de la capacidad de autodeterminación, por movimientos instintivos violentos y  descoordinados, por una curiosa perversión o degeneración del principio moral (no conocen esa molesta angustia que impide las malas acciones), por problemas de temperamento, de costumbres y de sentimientos, en particular el sentimiento del amor; por último, por la ausencia de esfuerzos por integrarse socialmente y un desconocimiento del orden de los valores que presupone la vida en comunidad”. Continúa afirmando Martín que “la psicopatía explica también el gusto por lo desmesurado, la ausencia de límites claros entre el bien y el mal, la fuente tendencia al narcicismo y el marcado deseo de ser admirado por los demás”. Todas estas patologías se pueden apreciar en las descripciones sobre Calígula que han llegado hasta nosotros. Según Suetonio una de las frases favoritas del emperador era “No hay nada en mi naturaleza que exalte o apruebe más que mi adriaptesia” (desfachatez, falta de pudor o indiferencia por sus actos). (Vida de Calígula, 29,1). Por su parte Filón de Alejandría afirmó que Calígula “era un hombre carente de cualquier sentimiento humano, joven, innovador, provisto de un poder exento de controles. Y la juventud unida a un poder absoluto cuando sigue inclinaciones incontroladas es más difícil de combatir” (Legatio Ad Gaium. 190).
A ello se unía la promiscuidad sexual y la inmensa influencia que tenía sobre él la monarquía teocrática, caracterizada por la ausencia de límites, el autoritarismo y el gusto por hacerse ensalzar. Nuevamente Suetonio nos relata que “ante una amonestación de su abuela Antonia, como si no bastara con desobedecerla Calígula contestó: recuerda que todo me está permitido y con todas las personas” (Vida de Calígula, 29,1).
A todos estos rasgos del carácter del emperador hay que añadir que Calígula a pesar de ser tan osado era sumamente cobarde. Tenía mucho miedo a las tormentas y una obsesión casi paranoica por su seguridad pues temía que podía ser asesinado.
Martin no considera de ningún modo que Calígula estuviera loco o fuera un demente pues no hay constancia de que jamás perdiera la consciencia de la realidad.

Busto de Calígula. Siglo I d.C. París. Museo del Louvre.
 Fotografía propiedad de Bill Storage, Laura Maish, John Pollini y Nick Stravrinides

En cuanto a la apariencia física de Calígula hay igualmente una gran diferencia entre las descripciones que han llegado hasta nosotros realizadas por distintos autores y sus representaciones en esculturas y monedas. En la misma línea las descripciones de su físico son totalmente negativas. Dice Suetonio que “era de gran estatura, de tez muy pálida y cuerpo desproporcionado; tenía el cuello y las piernas excesivamente delgados, los ojos y las sienes hundidos, la frente ancha y ceñuda, y el cabello ralo, pero en la coronilla estaba totalmente calvo, aunque por lo demás era muy velludo” (Vida de Calígula, 50,1). Séneca cuenta por su parte que poseía “una tez pálida y repelente que dejaba ver la locura, ojos torvos emboscados bajo una frente de vieja  y un cráneo pequeño salpicados por algunos pelos mal puestos. Añadidle a esto una nuca enmarañada, la delgadez de sus piernas y el gran tamaño de sus pies” (Sobre la constancia del sabio, 18,1). Hay que tener en cuenta que Séneca odiaba fervientemente a Calígula y que Suetonio se basó en su testimonio. Algunos autores actuales basándose en el parecido que presenta la imagen del emperador retratada en las monedas con el de su madre Agripina (mujer de gran belleza) indican que se ha exagerado hasta lo grotesco la imagen de Calígula para ajustarla a su carácter. Algo a lo que también han hecho alusión algunas fuentes es a la fijeza de su mirada lo que incrementaba la sensación de crueldad de la misma.

Moneda con Calígula en el anverso y Agripina la Mayor en el reverso

Por otro lado, su forma de vestir, muy próxima al estilo oriental, también era motivo de escándalo pues seguramente había heredado ese gusto de su bisabuelo Marco Antonio “A menudo se mostraba en público con mantos cubiertos de adornos y de piedras preciosas, una túnica provista de mangas y luciendo brazaletes; en ocasiones vestido de sedas y ataviado con una cíclada (prohibida a los varones en 16 d.C.); y una veces en sandalia o conturnos, otras con las botas de los correos, y otras, en fin, con chinelas de mujer” (Vida de Calígula, 52,1).
Independientemente de todo lo que se ha escrito sobre el emperador, Calígula poseía grandes dotes intelectuales siendo un gran orador. No obstante, como era envidioso del talento de otros, gustaba desprestigiar a Homero, a Virgilio y sobre todo a Séneca de cuyos escritos decía que eran meros ejercicios de efecto, sólo arena sin sal.  No obstante su gran afición eran los juegos, sobre todo las carreras en el Circo. Le gustaba montar en carro y combatir con diferentes armas. Del mismo modo sentía una desmedida afición por el canto y el baile que practicaba en público con frecuencia. Estos hobbies estaban muy mal vistos por la nobleza.
Como en todos los actos de su vida, era muy visceral también en sus simpatías y escasos afectos. No dudaba en besar en público a su actor o auriga favorito al mismo tiempo que los cubría de oro. A ellos se unía el desmesurado amor que sentía por su caballo, el famosísimo Incitato o por encima de todos por su hermana Drusila. A pesar de que contrajo matrimonio 4 veces sólo sintió cierto afecto por la última de sus esposas, Milonia Cesonia, mujer de orígenes humildes, mayor que él y de escasa belleza. Con ella tuvo su única hija, llamada Julia Drusila como recuerdo a su difunta hermana.


Posible escultura de Calígula a lomos de Incitato. Siglo I d.C. Londres. Museo Británico

viernes, 4 de agosto de 2017

Anzio

Anzio es una ciudad costera situada a unos 53 kilometros al sur de Roma. En ella nació Calígula, el emperador que será protagonista de este blog durante los próximos meses, de ahí que la haya escogido para felicitar las vacaciones a todos los lectores y lectoras de este mi rincón augusteo y romano.


Restos de la villa de Nerón en Anzio


Fundada como Antium, fue capital de los volscos hasta la conquista romana llevada a cabo en el siglo V a.C. Debido a su proximidad con Roma, Anzio se convirtió pronto en un lugar de veraneo de las élites romanas que se construyeron allí lujosas villas junto al mar, cuyos restos se han sacado a la luz progresivamente. Cicerón pasó allí una temporada reorganizando su biblioteca cuando regresó del exilio. Por su parte, los emperadores julio-claudios la visitaban con frecuencia. El mismo Mecenas tenía allí una villa. Entre las ruinas de éstas lujosas viviendas se encontraron obras artísticas tan importantes como el bellísimo Apolo del Belvedere o el Gladiador Borghese.


Apolo del Belvedere. Museos Vaticano. Roma 2011

En Anzio, también nació el sobrino de Calígula y más famoso quizás aún que aquel, el emperador Nerón. De su época, se conserva los restos de su supuesta villa y del nuevo puerto que mandó edificar. Nerón también fundó una colonia de veteranos en la ciudad. La villa de Nerón se construyó sobre una antigua donde Augusto recibió a una delegación del Senado cuando fue proclamado Pater Patriae. Ésta, modesta como la personalidad del primer emperador romano, no era suficiente para su megalómano tataranieto que la amplió, erigiendo un edificio de gran magnificencia. Todos los emperadores posteriores ocuparon la villa hasta la dinastía de los Severos.
En 2010, el alcalde de Anzio dedicó, no exenta de polémica, una escultura precisamente a Nerón, junto al puerto por él construido. Esta iniciativa se une a otras destinadas a revalorar la imagen de un emperador muy maltratado por algunos escritores y sobre todo por el cine de romanos.


Escultura de Nerón en Anzio

Felices vacaciones y buen mes del divino Augusto. Continuaremos en septiembre con la vida y gobierno del más temido de los emperadores romano: Cayo Calígula.

domingo, 30 de julio de 2017

El Foro Romano en tiempos de Augusto


Reconstrucción del Foro Romano. Lanciani. 1910

     Amanece en la colina Palatina, Augusto abandona su Domus, modesta pero ubicada en el lugar más sagrado de Roma, cerca del Lupercal (donde según la leyenda Rómulo y Remo fueron amamantados por la loba) y del Templo de Apolo Capitolino, uno de los más espectaculares construidos por él en honor de su dios tutelar. Respirando la brisa fresca de marzo se dirige al Capitolio a realizar una ofrenda a Júpiter Óptimo Máximo. Al salir del templo más importante del mundo romano, el Príncipe vuelve sus ojos hacia la inmensidad eternizada en mármol que se extiende bajo sus pies. Y siente el mismo orgullo, que veinte siglos después experimentaría el alcalde de Roma durante una visita de Bill Clinton cuando descorriendo las cortinas de su despacho en ese mismo lugar, ante el estupor del presidente de los Estados Unidos le comentó: “usted es el presidente del país más poderoso del mundo, pero nunca podrá tener esto”.


El Foro Romano desde el Capitolio. Roma 2011

        Y así, cuando los primeros rayos de sol acarician la colina capitolina, el primer emperador se deleita contemplando el Foro Romano, en las horas previas a que el cotidiano bullicio que lo circunda altere esa paz que sólo alcanza ante la visión de lo que más ama.
Lo primero que distinguen sus ojos es el Tabularium, uno de los únicos edificios de época republicana que ha llegado hasta nuestros días en buen estado de conservación. Se usaba para guardar las leyes y otros archivos del estado transcritos en tabulae. Construido en el año 65 a.C. poseía grandes muros de piedra adornados con columnas y otros elementos arquitectónicos, aún visibles en la actualidad. La distribución interior era como una doble muralla, con corredores estrechos para guardar los documentos oficiales. Probablemente el edificios original tenía dos alturas, estando la superior destinada a registros públicos. Durante época imperial perdió su importancia al ser sustituido por los archivos  imperiales.



Restos del Tabularium. Roma 2013
Reconstrucción 

Delante de éste se yergue el Pórtico de los dioses consejeros, datado en el siglo III a.C. que se alzaba sobre una plataforma. Constaba de varias cámaras dispuestas en dos filas frente a las cuales se levantaba un pórtico de columnas corintias. En estas habitaciones se veneraban las esculturas de oro de los dioses consejeros.


Pórtico de los dioses consejeros. Roma 2013

Un poco más a la derecha la mirada de Augusto se posa en los majestuosos templos de Saturno y de la Concordia. El primero, tan antiguo como la ciudad misma dibuja el perfil del Foro desde tiempos ancestrales al mismo tiempo que custodia el tesoro del Estado romano. Construido en el siglo VI a.C. en honor de Saturno, fue reconstruido por completo en el año 42 a.C. A partir de ahí se convirtió en un templo pseudoperiptero, hexástilo y de orden jónico. Se alza sobre un podio que lo eleva unos 9 metros sobre el Foro. En él, a través de una escalera se accedía al pronaos, aunque no quedan rastros de la misma. Ante su aspecto imponente el dueño del mundo se siente empequeñecer.


Templo de Saturno. Roma 2011

Más al lado oriental dedica su atención a contemplar la Cárcel Marmetina y el Comitium. La primera según la tradición tiene su origen con Anco Marcio alrededor del 640-616 a.C, sin embargo los vestigios arqueológicos son del siglo II a.C. De este siglo es la parte superior, trapezoidal y la sala abovedada construida en toba. Fue originariamente concebida como una cisterna en el suelo del segundo nivel, pero posteriormente se construyó un paso entre ésta y la Cloaca Máxima para que los cuerpos salieran a ella. Entre la cárcel y el Tabularium se encontraría años después la penosa escalera de la Gemonia (atribuida a Tiberio), por donde se arrojaban los condenados. Anterior a ésta y con una finalidad parecida  la roca Tarpeya aún se erguía durante la República sobre la colina Capitolina.


Interior de la Cárcel Marmetina. Siglos  IV- II a.C. Roma

Del Comitium sólo se aprecian en la actualidad unas leves trazas. Era el lugar de reunión de las asambleas de ciudadanos. Se situaba en frente a la Curia Julia y junto al Ficus Ruminalis, la higuera sagrada donde se decía había encallado la cesta que transportaba a Rómulo y Remo y bajo cuyas ramas la loba amamantó a los gemelos. Esta encina fue trasladada desde las cercanías del Lupercal hasta esta nueva ubicación.  César reubicó en su proximidad la rostra, lugar desde donde los oradores realizaban sus discursos. Junto a ella se elevaba también el Miliarium aureum, una columna en mármol revestida de bronce erigida sobre una base por Augusto como punto de partida de todas las calzadas romanas. Asociado a él surgió la famosa frase pronunciada por Schaff “todos los caminos conducen a Roma”. A su lado el Umbilicus Urbis Romae, marcaba el centro de Roma, otro monumento que la leyenda atribuye a Rómulo, aunque los restos que hoy se conservan son de época de Septimio Severo.


Restos de la base y reconstrucción de Millearium Aureum


Umbilicus Urbis Romae. Roma 2013

Y al pensar en él un escalofrío recorre el cuerpo de Augusto. Una y otra vez la presencia del mítico fundador de la Urbe está presente en cada rincón del Foro. Rómulo lo es todo para la Ciudad Eterna pues a él incluso debe su nombre inmortal. Ésta, desde tiempos inmemoriales custodia en el Lapis Niger, su supuesta tumba. El santuario deriva de un lugar de culto antiguo de los siglos VIII y VII a.C. aunque los restos que quedan son de la época en la que César reorganizó toda la zona para construir la Curia Julia. Su nombre se debe a la piedra negra en la que está elaborado el monumento o al posterior mármol negro del pavimento. Aquí se encontró la inscripción más antigua escrita en lengua latina. Contribuía a la sacralidad del lugar la proximidad del Volcanal o Altar de Vulcano que según la tradición había sido consagrado también por Rómulo. Roma necesita mantener viva la memoria de su primer rey pues de su esencia mítica bebe su eternidad.


Detalle del Lapis Niger

Los ojos de Augusto, aún humedecidos por las lágrimas que luchan por no brotar, se emocionan ante tanta belleza. Es consciente de que ha cumplido el mayor objetivo de su vida pues sólo él después de Rómulo ha dejado una huella tan indeleble en el Foro: el templo del divino Julio con su nueva rostra, el Arco destinado a celebrar su triunfo sobre Marco Antonio y sobre los partos, y la impresionante Basílica Julia así lo atestiguan. Enfrentada a ésta en la cercanía de la Curia Julia vislumbra la Basílica Emilia, del siglo II a.C. de la que sólo quedan las bases de las columnas exteriores y de la nave, así como los cimientos de las tiendas que se asentaban bajo sus arcos sostenidos por pilastras. El edificio estaba precedido de un pórtico de dos pisos. Augusto alzó delante de la basílica una columnata dórica que ocultaba las tiendas. Con posterioridad el pórtico fue dedicado a sus queridos Cayo y Lucio, sus pequeños.


Restos de la Basílica Emilia. Roma 2013

Por delante de ésta transcurría la Via Sacra, que se extendía hasta donde hoy se sitúa el Coliseo. Siempre fue la vía principal de Roma, pues surgió durante la fundación de la Ciudad. Formaba parte del recorrido por el que transcurrían los triunfos. Cada una de sus piedras resuman gloria. Más allá del Senado el Argileto unía esta zona con el Suburra, uno de los más populosos y de peor fama de la antigua Roma.


Tramo de la Via Sacra. Roma 2005

Hacia el área central del Foro Augusto divisa el Lacus Curtius, un pequeño estanque al que se atribuía un carácter sacro. Aunque hay varias versiones para explicar el origen mítico de este lugar, la más extendida es que se abrió un abismo en el Foro Romano, que en vano se trató de tapar. Según la leyenda el abismo sólo se cerraría si se lanzaban las cosas más preciosas para el pueblo romano. Así, el joven Marco Curzio entendiendo que lo más valioso de Roma era el valor de sus soldados, montado en su caballo y armado se lanzó dentro del precipicio. Una gran multitud le arrojó después un gran número de ofertas votivas. En la actualidad el lugar se presenta como un pequeño hundimiento del terreno de forma trapezoidal rodeado de la pavimentación del Foro que se remonta a la época de César. En el nivel más bajo se divisa parte de la pavimentación más antigua  en bloques de tufo; en el centro había un pozo, en el que en tiempos de Augusto la gente lanzaba monedas, otra tradición  que Roma ha elevado a mítica. Al lado del Lacus se alza una copia del relieve de que representa a Marco Curcio lanzándose al abismo.


Lacus Curtius
Fuente: Di MM - Opera propria, CC BY-SA 3.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=10340386

Detalle del relieve que representa a Curcio. Original en Roma. Museos Capitolinos
Fuente: Di Lalupa - Opera propria, CC BY-SA 3.0, 


Poco a poco la mirada del Príncipe se va adentrando en el corazón del Foro hasta detenerse en el Templo de Castor y Pólux y en la fuente de Juturna, y ligeramente más allá, en el templo más sagrado de Roma, el de Vesta, cuyos restos más antiguos están datados en fechas próximas a la fundación de la ciudad. En él se conservaba el fuego sacro que velaba por la eternidad de Roma. Su custodia correspondía a las Vírgenes Vestales. En el lugar más secreto del Santuario se guardaban las reliquias que Eneas llevó con él desde Troya, entre ellas el famoso Palladión. Era de planta circular sostenido por 20 columnas corintias. Sus vestigios se elevan sobre un podio de 15 metros de diámetro.


Templo de Vesta. Roma 2013


Reconstrucción de los templos de Vesta y de Cástor y Pólux del Prof.  Auer in A. Schneider, Das Alt Rom, tav III
Junto él se ubicaba la Regia, la residencia real fundada según la tradición por Numa Pompilio entre los siglos VII y VI antes de Cristo. Con posterioridad se convirtió en la casa del Pontifex Maximus. Hoy sólo podemos ver sus cimientos.
A su lado, completando el conjunto del Atrium Vestae se encuentra la Casa de las Vestales, situada justo detrás del templo de Vesta. El mismo Augusto entregó a las Vestales la Domus Pública, la residencia oficial del Pontifex Maximus, donde Julio César había vivido. Era un palacio de tres pisos y 50 habitaciones construidas alrededor de un elegante atrio. En el pórtico se colaban las estatuas de las Vestales Máximas, situadas sobre un podio donde se relataban sus virtudes.


Reconstrucción de la Casa de las Vestales 

La casa de las Vestales en la actualidad. Roma 2013

     Para terminar su recorrido, al final de la Via Sacra distingue el Pórtico Margaritaria el lugar de comercio donde se vendían las joyas más fascinantes de Roma.
Esta entrada, la número 200 la he querido dedicar a uno de los lugares que al igual que Augusto más amo en el mundo. En pocos sitios soy tan feliz como cuando recorro el Foro romano palmo a palmo sumergiéndome entre las historias que me cuentan cada una de sus piedras. Sólo allí me siento verdaderamente en Roma.

domingo, 23 de julio de 2017

Calígula emperador del mundo romano

“Calígula tenía 25 años cuando ascendió al trono del imperio. La historia del mundo conoció muy pocas veces, si es que conoció alguna vez, un príncipe aclamado con más entusiasmo, ni príncipe alguno se encontró con una tarea más fácil: sólo tenía que satisfacer los modestos deseos de su pueblo, que solamente quería paz y prosperidad. Con un abultado tesoro, ejércitos bien adiestrados, un excelente sistema administrativo, que únicamente necesitaba un poco de cuidado para volver a funcionar a la perfección, con todas esas ventajas, sumadas al legado de cariño y confianza de que gozaba por ser el hijo de Germánico, y al inmenso alivio experimentado tras la desaparición de Tiberio, ¡qué esplendida oportunidad para ser recordado por la historia como Calígula el bueno, o Calígula el sabio, o Calígula el Salvador!. Pero es inútil decir estas cosas. Porque si hubiera sido el hombre que la gente creía, no habría sobrevivido a sus hermanos, ni Tiberio lo hubiese elegido como su sucesor”.
Robert Graves. Yo, Claudio, XXIX



Probable estatua de Calígula a caballo. Siglo I d.C. Londres. Museo Británico

A pesar de que Tiberio no designó a Calígula como su sucesor sino que en su testamento declaraba a partes iguales como herederos al hijo de Germánico y a su propio nieto Tiberio Gemelo, el pueblo, las legiones y las instituciones del Estado, ansiaban investir a Calígula con la púrpura imperial.
“Así (Calígula) alcanzó el Imperio y colmó los deseos del pueblo romano, o, mejor dicho, de todo el género humano, pue era el Príncipe más ansiado por la mayor parte de los provinciales y de los soldados, ya que la mayoría de ellos le habían conocido siendo aún muy pequeño, pero también por toda la plebe de Roma, que recordaba a su padre Germánico y se compadecía de su familia, casi extinguida. Y así, cuando partió de Miseno, aunque iba vestido de luto y seguía al cortejo fúnebre de Tiberio, su marcha transcurrió entre altares, víctimas y antorchas ardientes, saliendo a su encuentro una multitud compacta y llena de gozo que, además de otros nombres de feliz presagio, le llamaba su estrella, su polluelo, su muñequito, su niño” (Vida de Calígula. 13). De esta forma narra Suetonio la llegada de Caligula a Roma para presidir los funerales del difunto Tiberio, envuelto en un clima de euforia infinita. El sueño de toda una generación se había cumplido un hijo de Germánico, por cuyas venas corría la sangre del divino Augusto, iba a continuar la gran obra de su bisabuelo.


Calígula. Siglo I d.C. Napoles. Museo Arqueológico Nacional.

El Senado, empujado por una gran multitud que colapsó la Curia, le otorgó por unanimidad el poder absoluto, anulando los derechos del aún adolescente Tiberio Gemelo. El pueblo estalló de gozo y durante los tres meses siguientes sacrificaron a los dioses más de 160.000 víctimas. Y cada día, las multitudes oraban e imploraban a las divinidades por la salud y seguridad de su bien más preciado.
Como bien refleja el texto de Robert Graves ningún príncipe en toda la historia de la humanidad fue tan deseado como Calígula. Nadie podía imaginar en esos momentos la verdadera naturaleza del emperador más controvertido de Roma.