domingo, 14 de enero de 2018

El puente más increible: de Pozzuoli a Baia

“Sé que la mayoría ha creído que Cayo (Calígula) imaginó este puente para rivalizar con Jerjes, el cual provocó una gran admiración cuando cubrió de forma similar el Helesponto, que sin embargo es bastante más estrecho; y que según otros, su intención era atemorizar con la fama de alguna obra grandiosa a los germanos y britanos, a los cuales hostilizaba. Pero cuando yo era niño, oía contar a mi abuelo que el motivo de esta obra, revelado por los esclavos personales del emperador, habían sido las palabras del astrólogo Trásilo a Tiberio, cuando se hallaba angustiado a propósito de su sucesor y más inclinado hacia su verdadero nieto, asegurándole que Cayo (Calígula) tenía tantas posibilidades de ser emperador como de recorrer a caballo el golfo de Bayas”.
Suetonio. Vida de Calígula. 19, 3


Golfo de Pozzuoli con Baya a la izquierda y Pozzuoli a la derecha


En mayo del año 40 a.C. (según Séneca la fecha más acertada), Calígula llegó a las afueras de Roma tras su periplo de viajes por Germania y la Galia. Para sorpresa de todos no entró en la ciudad, sino que se dirigió hacia el sur rumbo a la bahía de Nápoles, donde puso en marcha uno de los espectáculos más impactantes de su Principado: un inmenso puente para unir Puteoli (el puerto más grande de Italia, actual Pozzuoli) con Bayas (un célebre lugar de ocio), durante un recorrido de más de 5 kilómetros de mar.
Para conseguirlo  confiscó barcos mercantes en todo el Mediterráneo, los unió y creo un gran puente de pontones a lo largo del cual se habían amontonado grandes pilas de tierra y se habían construido estaciones de servicio con agua corriente para que asemejara la Via Appia.

El Puente de Calígula. Ferdinando Roberto. Principios del siglo XIX

Al llegar a Bayas, el emperador ofreció sacrificios a Neptuno (dios del mar) y a la Envidia. Ataviado con la armadura que se dice había arrebatado al cadáver de Alejandro Magno y capa dorada, con la cabeza coronada por hojas de encina, cabalgó a lomos de su caballo bajo el sol estival resplandeciendo como un dios, seguido de una hilera de soldados totalmente uniformados a pie y a caballo. Calígula quería demostrar que era el señor no sólo de todo el orbe, sino también de los mares.
El mundo jamás había visto algo así, por lo que una multitud se agolpó en la costa para contemplar extasiada la tremenda puesta en escena llevada a cabo por el emperador.
¿Pero que pretendía Calígula con algo así?. En primer lugar, con el eco de las palabras de Trasilo resonando en sus oídos, volver a demostrar que para él, dueño del mundo, todo era posible.

Probable estatua de Calígula a caballo. Siglo I d.C. Londres. Museo Británico

En segundo lugar, ridiculizar una vez más al Senado y a las tradiciones de Roma, pues en vez de contentarse con celebrar un triunfo tras su vuelta del Norte a la manera tradicional, optó por esta forma de celebración donde no estuvieran presentes senadores ni magistrados algunos. Sólo se rodeó de los pretorianos y de sus mejores amigos. A su lado, para demostrar su supremacía universal, cabalgaba un príncipe parto como rehén.
Cuando anocheció, se encendieron grandes hogueras que iluminaban a los hombres que habían participado en el desfile mientras se celebraban banquetes en los barcos atracados  a lo largo de todo el puente. Para aumentar la diversión, Calígula, cuando hubo bebido y comido cuanto quiso, arrojó a algunos de sus acompañantes al mar, al mismo tiempo que ordenó que unos barcos fueran embestidos por otros.
Aún en el siglo XVIII se conservaban restos del puente, que algunos historiadores tachan como una idea innovadora y visionaria para acercar ambos polos del Golfo, independientemente del motivo que animó al emperador a levantarlo.
Tras haber demostrado a los nobles los irrelevantes y aburridos que eran frente a él que era capaz de cabalgar sobre el mar, lleno de euforia decidió regresar a Roma.

domingo, 7 de enero de 2018

Julia Livila

Julia Livila era la hermana pequeña de Calígula y la menos famosa de las tres. Nació aproximadamente en el año 18 d.C. en la Isla de Lesbos, por tanto era 6 años menor que el emperador.
Cuando apenas contaba con 1 año de edad se produjo la muerte, en extrañas circunstancias, de su padre Germánico lo que la condenó a una infancia convulsa. Tras la caída en desgracia y muerte de su madre y hermanos mayores, pasó a vivir con su abuela Antonia la Menor junto con sus hermanas. En 29 d.C., tras la muerte de la emperatriz Livia, Calígula también se instaló con ellas.

Moneda con Calígula en el anverso y sus tres hermanas en el reverso
Fuente: By Classical Numismatic Group, Inc. http://www.cngcoins.com, CC BY-SA 2.5, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=29068141

Las fuentes aportan pocos datos sobre Livila. Aún en vida de Tiberio, la joven contrajo matrimonio en 33 d.C. con Marco Vinicio. Cuando su marido fue nombrado procónsul de Asia, Livila lo acompañó a Oriente. Después, en los primeros momentos de su Principado, Calígula la colmó de honores, al igual que a sus hermanas mayores. Como ellas, fue acusada de cometer incesto con el emperador, algo que no está demostrado.
Como he apuntado en otras ocasiones, la obsesión de Calígula por su hermana Drusila y el desinterés total demostrado por éste, tras la muerte prematura de la muchacha, por sus otras dos hermanas, enfrió las relaciones entre Calígula y Livila.
En 39 d.C. fue acusada de participar en la conspiración de Getúlico para acabar con la vida del emperador, por lo que fue desterrada por éste a la isla de Pandataria junto a su otra hermana Agripina la menor.

Villa de Punta Eolo en Pandataria donde vivían los exiliados de la familia imperial. Siglo I a.C.

En 41 d.C., cuando Calígula fue asesinado, regresó a Roma de la mano del nuevo emperador, su tío Claudio. Éste sentía una tierna simpatía hacia su sobrina lo que despertó la suspicacia de la emperatriz Mesalina que la acusó injustamente de adulterio con Séneca, por lo que fue mandada ejecutar por Claudio en el año 42 d.C. El filósofo también fue condenado a muerte aunque la pena le fue conmutada por el exilio. Los celos de Mesalina impidieron la salvación de Livila. Una vida desdichada para una joven nacida en cuna de oro.
Su lápida funeraria es una de las que se encontraron en el interior del Mausoleo de Augusto. La inscripción funeraria dice así “LIVILLA GERMANICI CAESARIS FILIA HIC SITA EST”. En los Museos Vaticano también se conserva una preciosa urna de alabastro que debió contener sus cenizas. Probablemente su hermana Agripina la enterró allí cuando se convirtió en emperatriz.

Lápida funeraria de Livila. Siglo I d.C. Roma. Museos Vaticano

domingo, 24 de diciembre de 2017

Feliz Navidad y año 2018

Una vez más nos acercamos a los últimos días del año. Este 2017, que ha sido testigo de la liberación de Palmira y de la reapertura de dos nuevas domus en Pompeya, deja dos hitos importantes en la arqueología romana de la Ciudad Eterna: la apertura del anillo V del Coliseo que permite la visión del monumento más famoso de Italia desde una perspectiva hasta ahora inédita y el gran avance en las obras de restauración del Mausoleo de Augusto que se prevé finalicen en abril del año 2019.
Precisamente la Fundación Tim, principal mecenas del monumento, ha recibido en estos días uno de los premios Corporate Art Awards (premios destinados a reconocer la excelencias de las colaboraciones en el mundo del arte) por este apoyo a la recuperación del sepulcro circular más grande del Mediterráneo.
Gracias a esta colaboración ya ha sido posible una instalación artística que rodea al monumento, la iluminación nocturna, la creación de una página web: www.mausoleodiaugusto.it y la realización de un paseo virtual en el tiempo desde los orígenes de Roma hasta nuestros días. La dignidad ha vuelto al lugar del último reposo del más grande emperador.
Esperemos que el año 2018 siga reportando grandes satisfacciones a la arqueología romana ya sea en la capital del Imperio o en cualquier punto del que fue su extenso territorio. Y que no se destruya ningún vestigio cultural en el mundo ni por falta de conservación ni a causa de la barbarie humana.
Por mi parte, me despido hasta el final de las fiestas. Seguiremos en enero con los últimos momentos de vida de Calígula.


domingo, 17 de diciembre de 2017

El Acueducto Aqua Claudia


Reconstrucción de Roma con vista del Aqua Claudia

Cada vez que viajo a Roma, el Aqua Claudia es el primer monumento romano que divisan mis ojos desde la carretera, cuando el taxi que me traslada desde el aeropuerto de Ciampino hasta el interior de las Murallas Aurelianas sigue la ruta de la Via Appia. Las inmensas arcadas que aún permanecen en pie me conmueven enormemente, ya sea por su majestuosidad ya porque su contemplación me acerca inminentemente hasta el corazón del lugar que más amo en el mundo.
Iniciado por Calígula en el año 38 d.C. el Acueducto fue culminado por Claudio en el 52 d.C. Se tiene constancia de que 5 años antes de su finalización estaba ya activo debido a la gran necesidad de abastecimiento de agua que tenía la capital del Imperio.

Aqua Claudia

Es el octavo acueducto por antigüedad que se construyó en Roma, siendo uno de los más importantes levantados, tanto por las innovaciones técnicas que se plasmaron en él como por la calidad de su factura y el coste de su fabricación.
En los restos conservados en el conocido como Parque de los Acueductos, se pueden apreciar actualmente las características morfológicas del Aqua Claudia (al que después se sobrepuso el Anio Novo). Su altura varía desde un mínimo de 17 metros a un máximo de 27,40 metros; los pilones dictan unos de otros una distancia de 5,50 metros mientras que los vanos de las arcadas miden aproximadamente 6 metros. Aún hoy podemos observar la vistocidad de sus arcos en los que destaca el claroscuro conseguido a través de la alternancia de materiales en bruto, como el tufo volcánico o rojo, y bloques de mármol travertino.


Entraba a la ciudad por la zona llamada spem veterem junto a la Porta Maggiore, sobre cuyas arcadas monumentales, unidas hoy a las murallas aurelianas, se pueden ver aún el doble canal del Aqua Claudia y del Anio Novo. El agua desembocaba en una piscina limaria donde se le retiraban las impurezas que pudiera traer.

Porta Maggiore. Siglo I d.C. Roma
Fuente: Di Livioandronico2013 - Opera propria, CC BY-SA 4.0, 

domingo, 10 de diciembre de 2017

Conspiración en Germania

              La expedición de Calígula en Germania tuvo también otra consecuencia que afectó gravemente a su inestable estado mental: el descubrimiento de una conspiración para acabar con su vida en la que estaban involucrados altos miembros del ejército y sus familiares más cercanos. Aunque ésta había fracasado, el golpe que sufrió su confianza fue enorme.


Estandarte de una legión romana

              Nada más llegar a Germania, Calígula destituyó y mandó ejecutar a Cneo Cornelio Léntulo Getúlico, general de las legiones allí acantonadas, gran profesional veterano. Se rumoreaba que Getúlico había pronunciado alguna vez amenazas veladas sobre el gran número de legiones que tenía bajo su mando y que sus hombres lo obedecían a él, no al emperador. Acto seguido, Calígula mandó destituir a los dos Cónsules. Empezó a tomar cuerpo la noticia que los tres hombres habían participado en un complot para que los ejércitos del Rin derrocaran al César y pusieran en su lugar a un nuevo emperador. A finales del otoño las noticias se hicieron oficiales. La gran sorpresa era que el posible sustituto de Calígula no era otro que su gran amigo y excuñado, Marco Emilio Lépido, amante actual de su hermana Agripina. En la conspiración también habría formado parte la otra hermana del emperador, Julia Livila. No es extraño que al salir de Roma el emperador ya sospechara algo pues los tres habían viajado con él a Germania.
              Calígula, sumamente dolido ante la traición de tres de las personas más cercanas a él, mandó ejecutar a Lépido. Y a sus hermanas las exilió a la isla de Pandataria (donde también sufrió destierro la hija de Augusto). Agripina sufrió además la gran humillación de tener que trasladar en una urna hasta Roma los restos de su amante. Ésta, antes de partir al destierro, tuvo que sufrir además el más grande dolor de su vida, pues su marido acababa de morir, y la única persona que le importaba en la vida, su hijo Nerón, pasó al cuidado de la hermana de su esposo, Domicia, enemiga declarada de Agripina; aquella aprovechó la ocasión para ganarse el corazón de su sobrino y alejarlo para siempre de su madre. Consternada la orgullosa hija de Germánico partió hacia la isla junto con Livila. Antes de su partida, Calígula les recordó a ambas que “no sólo tenía islas, sino también espadas” (Suetonio. Vida de Calígula, 29). Hizo traer de Roma todas las joyas y posesiones valiosas de sus hermanas para subastarlas en Lyon a unos galos deseosos de poseer objetos de la familia imperial.


Agripina la menor. Siglo I d.C. Milán. Museo Arqueológico
Fuente: Por © José Luiz Bernardes Ribeiro /, CC BY-SA 3.0, 

              ¿Qué podría haber motivado  el odio de sus familiares más cercanos hacia el emperador? Está claro que tras la muerte de Drusila todos habían perdido privilegios. Lépido además había tenido que padecer la humillación constante que le suponía la desbordante obsesión de Calígula hacia su esposa y hermana de aquél, Drusila. Por otro lado, Agripina y Livila no debían haber visto con buen ojo la predilección de Calígula por ésta ni la pérdida de interés por ellas tras la muerte de la joven. A Agripina la empujaban también las grandes ambiciones que albergaba para su hijo, único descendiente varón del emperador. Más difícil discernir lo que animaba a Livila. Se rumorea que era amante de Séneca y que ésta había caído en desgracia ante el César. Pero son sólo conjeturas. De una manera u otra, de la noche a la mañana, Calígula se quedó sin familia, pues nunca mostró interés alguno por el pequeño Nerón.
              Aunque la conspiración fracasó, Calígula reforzó la seguridad en torno a él, sufriendo a partir de entonces un miedo atroz a ser asesinado. Su ánimo estaba tan alterado que cuando el Senado envió una delegación encabezada por su tío Claudio a felicitarlo por haber acabado con la conspiración, los trató con gran desprecio, mandado a arrojar a Claudio al río. Tanto el Senado como su propia familia lo habían traicionado y ya nadie estaría seguro cerca de él.

domingo, 3 de diciembre de 2017

Política exterior de Calígula

En Oriente, tanto Augusto como Tiberio habían mantenido una política dirigida al mantenimiento de una serie de reinos clientes en las fronteras del Imperio. Tiberio se vio obligado a intervenir más directamente anexionando Capadocia y Comagene a Roma. Calígula deshizo estas actuaciones pues entregó de nuevo Comagene al descendiente del antiguo rey ampliándole su territorio a costa de la provincia de Siria. No sólo eso, sino que también devolvió al rey todos los impuestos cobrados por Roma mientras estuvo anexionada. Este comportamiento puede deberse a relaciones de amistad con los hijos de algunos de estos reyes que se educaban en Roma más que a una política premeditada.


Ptolomeo de Mauritania. Siglo I d.C, París. Museo del Louvre

Sin embargo, en el otro extremo del Mediterráneo, en Mauritania, su intervención fue diametralmente opuesta pues mandó asesinar al rey Ptolomeo (primo segundo suyo en cuanto a nieto de Marco Antonio y Cleopatra) y anexionó la provincia. Mucho se ha debatido sobre esta decisión: algunos hablan de problemas internos en la zona mientras que otros historiadores, basándose en las fuentes clásicas, abogan por los celos del emperador ante un monarca de su sangre al que podía considerar un rival.
Por otro lado, preparó una expedición militar a Germania sin ningún fundamento objetivo. Es posible que deseara continuar con el proyecto de su padre de llevar la frontera hasta el Elba o que quizás Calígula deseara ganarse el título de imperator que ostentaba sin haber pisado un campo de batalla. La campaña fue totalmente inútil aunque no menos escandalosa que su vida en Roma. Llegó hasta el Rin acompañado de sus dos hermanas, de Lépido (viudo de Drusila) y un séquito de pretorianos. El estado de abandono en el que encontró el campamento le llevó a purgar al ejército de todos los generales incompetentes y se embarcó en una serie de incursiones contra los germanos. Hasta en 7 ocasiones fue saludado por las tropas como imperator, algo que él se encargó de magnificar en su publicidad en Roma. Antes de retirarse a pasar el invierno a Lugdunum (Lyon) puso en marcha el reclutamiento de tropas que conformarían dos nuevas legiones, las primeras creadas desde la batalla de Teutoburgo.
En nada quedó también su proyecto de conquistar Britania. A pesar de que ninguna legión había cruzado el canal de la Mancha desde hacía un siglo, la influencia romana había crecido allí de manera constante. La isla estaba dividida entre una serie de belicosos caudillos rivales. Uno de aquellos, hijo de Cunobelino, rey de los catuvellaunos, cuyos territorios abarcaban parte de la Britania central  y oriental, al fracasar en su intento de  conquistar Kent, se dirigiera a Calígula. Esto fue un gran golpe de efecto para el emperador pues propagó la noticia que Britania se había rendido a él. No obstante, su intervención se redujo a una concentración de tropas en la Galia para después devolverlas a los cuarteles tras pactar con los reyes britanos.

Sestercio de Calígula. En el reverso el emperador arenga las tropas

Otras versiones de sus gestas militares corrían por la ciudad del Tíber. Se decía que había salido huyendo nada más atisbar algunos contingentes bárbaros y que sus combates eran contra  germanos de su propia guardia privada “Como no tenía enemigo contra quien combatir, ordenó que unos germanos de su guardia atravesaran el Rin y se ocultaran, y que se le anunciara después del almuerzo, con el mayor alboroto posible, que el enemigo estaba cerca. Ejecutadas sus órdenes, se lanzó con sus amigos y una parte de la caballería pretoriana al bosque cercano y, después de haber cortado algunos árboles que cortaron a modo de  los trofeos, regresó a la luz de las antorchas, censuró la cobardía e indolencia de aquellos que no le habían seguido, y recompensó a sus compañeros y partícipes de su victoria con coronas de nuevo tipo y de una nueva denominación, adornadas con la figura del sol, la luna y las estrellas, que llamó corona exploratorias” (Suetonio. Vida de Calígula, 45,1). También se rumoreaba que de Britania el único tesoro que traía eran cofres llenos de conchas marinas recogidas por sus soldados “Como si se hallara dispuesto a dar fin a la guerra, colocó sus tropas en orden de batalla sobre el litoral del océano, sitúo balistas y máquinas de guerra sin que nadie supiera ni pudiera imaginar qué era lo que pensaba hacer, y, de repente, ordenó recoger conchas y llenar con ellas los cascos y los pliegues de las ropas, diciendo que eran los despojos del océanos que se debían al Capitolio y al Palatino” (Suetonio. Vida de Calígula, 46, 1)
Aunque estas habladurías hay que tomarlas con cierta prudencia, lo cierto es que salvo la anexión de Mauritania (y ésta conseguida de forma ignominiosa), Calígula no aportó gran cosa en la definición de las fronteras del Imperio.

domingo, 26 de noviembre de 2017

Los matrimonios de Calígula

En lo que respecta a sus matrimonios, no es fácil discernir si su conducta fue más vergonzosa al contraerlos,  al romperlos, o mientras le duraron”
Suetonio. Vida de Calígula (25, 1).

A pesar de su corta vida (murió cuando tenía sólo 28 años), Calígula tuvo una intensa vida sexual. Como es lógico, en esta faceta no iba a ser menos extravagante que en el resto de otros ámbitos de su vida.


Drusila (Beth Morris) y Calígula (John Hurt) en un fotograma de la serie Yo, Claudio, 1976


Como ya apunté en otra ocasión, las fuentes coinciden en que sólo por su hermana Drusila, experimentó Calígula un sentimiento asimilable al amor, independientemente de la índole del mismo. Por lo demás, tuvo relaciones con personas de ambos sexos, de cualquier índole social, incluso le tuvo un cariño especial a una prostituta llamada Piralis.
“No respetó ni a su propio pudor ni al ajeno. Cuentan que amó a Marco Lépido (marido de su hermana Drusila), al actor Mnéster y a algunos rehenes, y que mantuvo con ellos relaciones ilícitas. Valerio Catulo, joven perteneciente a una familia de cónsules, llegó a proclamar a gritos que había violado a Calígula y que tenía los costados fatigados de su comercio con él. Además de los incestos que cometía con sus hermanas (algo no corroborado por las fuentes coetáneas al emperador) y de su famosísimo amor por la cortesana Piralis, apenas hubo mujer de condición ilustre que escapara a sus manos. Solía invitarlas a comer con sus maridos, y, mientras pasaban por delante de él, las examinaba con toda su atención y detenimiento, a la manera de los compradores, levantándoles incluso el rostro con la mano cuando lo bajaban por pudor; luego abandonaba el triclinio cada vez que le apetecía, llevándose consigo a la que más le gustaba, y poco después volvía, con las marcas de la lascivia todavía frescas, y alababa o criticaba abiertamente a su compañera, enumerando todas las cualidades o defectos que había encontrado en su cuerpo y en su manera de hacer el amor. Envió a algunas al divorcio en nombre de sus maridos ausentes y ordenó que así constara en las actas oficiales” (Suetonio. Vida de Calígula, 36).


La copa Warren muestra escenas homoeróticas. Siglo I d.C. Lóndres. Museo Británico


Estuvo casado cuatro veces. En primeras nupcias contrajo matrimonio por orden de Tiberio con Junia Claudia, hija del senador Marco Junio Silano, que tanto apoyó a Calígula los primeros meses de su gobierno. Murió de parto antes de que Calígula vistiera la púrpura imperial.
Su segundo matrimonio (con Livia Orestila) fue mucho más escandaloso. Tanto Suetonio como Dión Casio narran que habiendo asistido como invitado a la boda de Cayo Calpurnio Pisón tras la ceremonia le arrebató la novia al joven esposo y que cansado de ella la repudió a los pocos días. “El día de la boda de Livia Orestila con Cayo Pisón, ceremonia que él había querido honrar con su presencia, ordenó que la novia fuera conducida a su casa; luego, al cabo de pocos días, la repudió, y dos años después la relegó, porque parecía haber reanudado en el intervalo las relaciones con su anterior marido. Según otros, cuando fue invitado al banquete nupcial, mandó decir a Pisón, que se sentaba enfrente de él: “no estreches tanto a mi esposa”, y al punto la sacó de la reunión llevándosela consigo; al día siguiente declaró en un edicto que se había procurado un matrimonio a la manera de Rómulo y Augusto (es decir quitando la esposa a su marido)”. (Suetonio. Vida de Calígula, 25, 1).
Su tercera esposa fue Lolia Paulina. En esta ocasión hizo venir a la joven patricia desde la provincia gobernada por su entonces marido Memmio Regulo (del que la obligó a divorciarse) porque había escuchado que su abuela había sido una de las mujeres más bellas de su tiempo. Igualmente la repudió al poco tiempo alegando infertilidad, prohibiéndole volver a besar ni a tener trato carnal con nadie.


Cesonia (Helen Mirrer) y Calígula (Malcolm Mcdowel) en un fotograma de Calígula. 1984

      Su cuarto y último matrimonio no fue menos indecoroso. En esta ocasión convirtió en emperatriz a Milonia Cesonia, una mujer no muy joven ni bella ni de ilustre linaje, madre de tres hijas de un matrimonio anterior. Al parecer compartía los gustos perversos del emperador, de ahí que éste le profesara “un amor ardiente y duradero”, según Suetonio, “llegando a mostrarla a menudo a sus soldados ataviada con una clámide, un escudo y un casco, y cabalgando a su lado, e incluso completamente desnuda a sus amigos” (Vida de Calígula, 25,3). Con ella tuvo Calígula en el año 39 su única hija a la que llamó Julia Drusila en honor de su añorada hermana. El emperador sentía gran devoción por la pequeña y solía exclamar con orgullo que no dudaba de su paternidad debido a la fiereza de la pequeña, que aún a tan corta edad trataba de herir a otros niños cuando jugaban con ella.