domingo, 22 de octubre de 2017

Carreras de caballo en la Antigua Roma

No hay para mí escena más épica en la historia del cine que aquella en que Judá Ben Hur se enfrenta sobre una cuadriga, tirada por cuatro bellísimos caballos blancos, a otra, si cabe más hermosa de caballos negros, bajo la égida del malísimo Mesala en el circo de Jerusalén.


Aunque las carreras de caballos en Roma derivan de las etruscas y griegas, según una leyenda fue Rómulo quien celebró una primera competición de este tipo al poco tiempo de la fundación de la ciudad, como estrategia para entretener a los sabinos mientras que los romanos raptaban a sus mujeres.
Poco a poco, estos espectáculos alcanzaron gran popularidad en la ciudad del Tíber, tanto que eran frecuentes los altercados entre los aficionados de uno y otro equipo. Éstos estaban financiados por diferentes grupos. Los aficionados no sólo apostaban grandes cantidades de dinero por uno u otro equipo, incluso a veces hasta su propia libertad. En muchos casos  las peleas entre aficiones acaban convirtiéndose en batallas campales.

Mosaico de carrera de cuadrigas. Siglo IV d.C. Akaki. Chipre
Foto propiedad del Departamento de Antigüedades de Chipre

Los juegos se iniciaban mediante un desfile ritual presidido por un magistrado montado en una cuadriga y vestido con los atributos de Júpiter Capitolino. Le seguían sus clientes vestidos de blanco, los aurigas y los sacerdotes que portaban las imágenes de los dioses. Las carreras podían durar desde el amanecer hasta el ocaso.
A continuación se realizaba un sorteo para determinar qué posición ocuparía cada auriga. La posición más codiciada era la más cercana a la spina pues el carro recorría menos espacio al girar.
Existían 4 equipos: los Rojos, los Verdes, los Blancos y los Azules. Domiciano creó dos nuevas facciones (Púrpuras y Dorados) que desaparecieron tras su muerte. En cada carrera participaban 3 carros de cada color. Los conductores de carros solían ser esclavos, cuya fama no tenía límites. Si ganaban suficientes carreras podían incluso comprar su libertad, aunque la esperanza de vida en el gremio no era muy alta. Algunos nobles también en ocasiones bajaron a competir a la arena del circo, incluso emperadores como Calígula y Nerón, pero era algo muy excepcional.

Mosaico de los aurigas que representa las 4 facciones. Siglo II- III d. C. Museo de las Termas. Roma 2011

Los carros habitualmente eran tirados por 4 caballos (quadrigae) o dos (bigae). En cuanto a los caballos, auténticos protagonistas de las carreras, estaban muy bien adiestrados. Su disposición en el tiro de la cuadriga era fundamental para aprovechar las capacidades de cada uno de ellos. El más importante era el más cercano a la spina pues debía saber cómo y cuándo girar para evitar chocar y conservar la posición. Los preferidos por los romanos eran los caballos de Hispania, de Sicilia, África, Tesalia y Capadocia.
Una vez comenzada la carrera, unos jueces se encargaban de que todo fuera legal, aunque era frecuente que las corporaciones los sobornaran para que favoreciesen a sus aurigas.
Una carrera normal consistía en 7 vueltas alrededor de la spina, corriendo en sentido contrario a las agujas del reloj. Los huevos y delfines situados en los extremos indicaban los giros. La única arma con la que contaban los aurigas era un cuchillo para cortar las riendas que  llevaba atada a la cintura y a los caballos, en caso de accidente. Por tanto, es falso que un carro pudiera llevar cuchillas en las ruedas como el de Mesala en la famosa película.

Mosaico de un auriga. Siglo III- IV d. C. Villa romana del Casale. Sicilia
Fuente: De No machine-readable author provided. Urban~commonswiki assumed (based on copyright claims). - No machine-readable source provided. Own work assumed (based on copyright claims)., CC BY-SA 3.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=295128

Los accidentes eran algo cotidiano. En cada carrera había unas cuadrillas que se dedicaban a retirar los restos de los accidentados. Debían de ser muy veloces porque corrían el riesgo de ser arrollados por el resto.
La carrera la ganaba el primer carro en completar las 7 vueltas reglamentarias, independientemente si llevaba el auriga subido encima o no. De ahí la importancia de la pericia de los caballos.
Al principio de la época imperial sólo se celebraban 12 carreras, Calígula las amplió a 24 y en la época Flavia se elevaron a 48.
El circo por excelencia era el Circo Máximo de Roma. Ubicado entre el Palatino y el Aventino tenía capacidad para 250.000 espectadores (muchas más que los mayores estadios de futbol). Su origen se remonta a la época de los etruscos, aunque fue reconstruido por Julio César en torno al año 50 a.C. Un edificio imponente del que sólo queda su trazado y algunos vestigios arqueológicos.

Reconstrucción del Circo Máximo de Roma
Fuente: https://www.youtube.com/watch?v=aksOAH7dYsQ

Este tipo de competiciones tienen hoy un claro reflejo en el famosísimo Palio de la Asunta que se celebra todos los años en Siena durante Ferragosto.

domingo, 15 de octubre de 2017

El Circo de Cayo y Nerón


Mosaico de los Aurigas. Siglo IV. Museo Nacional de Arte Romano. Mérida 2014


         Calígula era un gran aficionado a las carreras de caballo, hasta el punto que él mismo conducía carros en el circo, costumbre muy mal vista entre los nobles. Era tan ferviente admirador del equipo de los Verdes (uno de los que competían), que solía comer y pasar el día en sus caballerizas. Se dice que en una de sus orgías donó al auriga de esta escuadra, Eutico, dos millones de sestercios y que la víspera de los juegos solía poner soldados en las cuadras para que su caballo Incitato no fuera molestado.
Por ello, en la ladera de un valle donde se encontraba una villa que había pertenecido a su madre Agripina, Calígula construyó un circo privado (con cabida para no más de 20.000 espectadores), a fin de celebrar carreras de caballos y cuadrigas para su corte, aunque a veces, abría las puertas para disfrute del pueblo romano.


Reconstrucción del Circo de Cayo y Nerón

Tenía unas medidas de 540 metros de largo x 100 metros de ancho extendiéndose en dirección Oeste a Este. De forma oval, contaba con las partes características de cualquier circo romano:
-   Arena: ocupaba el centro dividiendo en dos la spina. Era el espacio donde se desarrollaba la carrera. Los carros podían dar hasta siete vueltas.
-   Spina: era un muro bajo que dividía longitudinalmente la arena constituyendo la parte más ricamente ornamentada del edificio. La spina formaba sobre la arena dos calles por donde corrían las cuadrigas. En cada uno de los extremos de la spina había un pilar cónico denominado meta. Los contadores de vueltas solían ser huevos de piedras o estatuillas de delfines. 
-  Cavea: se alzaba sobre un podio que limitaba la arena y en ella se distribuía el público.
-   Carceres: eran las puertas de salida de los carros, dispuestas de manera oblicua para equiparar las posibilidades de los participantes. Desde allí se partía, una vez concluido el desfile previo, hacia la alba línea desde la que se iniciaba la carrera.
Sin embargo, lo más famoso del Circo de Calígula fue el obelisco que mandó traer de Egipto para colocarlo en la spina del mismo, que pesaba más de 300 toneladas. Según testimonio de Plinio, para transportarlo desde Heliópolis el emperador mandó construir un enorme barco destinado sólo a ese fin.


Circo de Calígula junto a la necrópolis

A la muerte de Calígula, toda la zona fue heredada por Nerón que completó la construcción del edificio. Según la tradición, en él fue ajusticiado San Pedro, posteriormente sepultado en la cercana necrópolis. Esto ha sido ampliamente debatido, aunque algunas fuentes apuntan que en los jardines de Nerón tuvieron lugar algunas ejecuciones de cristianos acusados de haber ocasionado el gran incendio de Roma. Tácito escribe que “Nerón había ofrecido sus jardines para tal espectáculo (suplicio de cristianos), y daba festivales circenses mezclado con la plebe, con atuendo de auriga o subido en el carro” (Anales, 46,5). Aunque de dudosa interpretación, a partir de la lectura de estas breves líneas se ha sugerido la idea de que Tácito se refiera al circo de Calígula como lugar de martirio de cristianos, al ser propiedad privada del emperador.
El circo fue abandonado durante la mitad del siglo II d.C., y su área repartida a algunos privados para la construcción de tumbas naciendo al norte del mismo una necrópolis donde muchos cristianos se querían enterrar al lado de la tumba de San Pedro. Así y todo, en la biografía de Heliogábalo del siglo III d.C. se recoge como este emperador guiaba allí una cuadriga tirada por elefantes sobre una pista cubierta de sepulcros.

Planta de la Basílica de San Pedro en su ubicación sobre la del Circo


     Por el hondo sentimiento devocional que esta zona tenía para los cristianos, se erigió allí la Basílica de San Pedro del Vaticano, cuyo ábside se correspondía con la exedra este del circo y la actual nave meridional de la basílica con el lado norte del mismo superponiéndose a la necrópolis allí ubicada.


Obelisco del Vaticano


El obelisco estuvo en su sitio hasta 1586, cuando el Papa Sixto V proyectó colocarlo en el centro de la Plaza de San Pedro. El traslado no fue nada fácil y tardó un año. Se pensaba que en la esfera que lo coronaba se encontraban las cenizas de Julio César, sin embargo, al abrirla se demostró que estaba vacía. Este globo se sustituyó por una cruz y el símbolo de los Chigi. 

domingo, 8 de octubre de 2017

Calígula y su abuela Antonia la Menor

La relación de Calígula con su abuela Antonia la Menor varió según la época. Estuvo dominada por el ansia de la mujer por proteger al único hijo varón de Germánico que quedaba con vida y la gran contrariedad y repulsa que provocaron en ella los actos de Caligula, ya emperador. Del mismo modo, éste tan pronto la cubrió de honores como la trató con el más absoluto de los desprecios.
En un primer momento, ante la desgracia que devastó su familia, Calígula vivió con su bisabuela Livia hasta la muerte de ésta. Con posterioridad, cuando contaba 17 años se trasladó a vivir con su abuela Antonia, hija de Marco Antonio y sobrina de Augusto.


Busto de Antonia Anciana. Siglo I d.C. Venecia. Museo archeologico Nazionale

Cuenta Suetonio que viviendo con ellos la anciana sorprendió a Calígula manteniendo relaciones incestuosas con su hermana Drusila. Esta afirmación tiene poca credibilidad pues ningún autor más lo menciona. Suetonio se refiere al asunto con la palabra “se cree”, por tanto, ni siquiera él está seguro.
Lo que sí se acepta de manera general es que Antonia, que gozaba de gran estima del entonces emperador Tiberio como viuda de su hermano Druso, fue quien desveló a éste los planes de Sejano de derrocarlo, al mismo tiempo que procuró salvaguardar a Calígula haciéndolo enviar a Capri cerca del emperador en el año 31 d.C. para alejarlo del clima de terror imperante en Roma. Antonia no podía permitir que el último varón  de la gens Julia muriera a manos de Sejano
Por ello, al ocupar el trono imperial Calígula otorgó a su abuela paterna todos los honores que había gozado la emperatriz Livia.
Sin embargo, a partir de ahí, se deduce en las fuentes antiguas que a Calígula empezaron a molestarle profundamente los consejos de una mujer tan recta y austera como Antonia. Suetonio recoge varios fragmentos en este sentido.“[Calígula] a una amonestación de su abuela Antonia, como si no bastara con desobedecerla, contestó: recuerda que todo me está permitido y con todas las personas” (Vida de Calígula, 29,1). En otra ocasión “cuando su abuela Antonia le pidió una audiencia privada, se negó a recibirla a menos que se hallara presente el prefecto Macrón” (Vida de Calígula, 23,2).
Suetonio va más allá afirmando que “a fuerza de humillaciones y disgustos, provocó su muerte, administrándole, no obstante, también veneno, según la opinión de algunos” (Vida de Calígula, 23,2). Otros piensan que Antonia se suicidó al no poder soportar la vergüenza del comportamiento de Caligula (que acababa de asesinar a su otro nieto, Gemelo).
El último pensamiento de Antonia fue para su marido Druso (muerto en 9 a.C.) pidiéndole perdón por haberle hecho esperar tanto tiempo.

Druso el Mayor. Siglo I. Roma. Museos Capitolinos

      Calígula ni se inmutó ante la muerte de la mujer que lo había protegido en los peores momentos de su vida. Dicen que incluso contempló su pira funeraria desde su triclinio. No le rindió ningún honor.
Robert Graves en un fragmento de Yo, Claudio recoge la última conversación entre Antonia y su hijo, expresando de manera soberbia, el supuesto estado de ánimo de Antonia en los últimos días de su vida:
  • “Estoy a punto de suicidarme, Claudio [...]
  • ¿Cómo madre? ¿suicidarte? ¿por qué? ¡Oh, no hagas eso!                                            Ella sonrió agriamente.
  • Mi vida es mía ¿no? ¿por qué habrías de disuadirme que me la quite? Sin duda  no me echaras de menos ¿verdad?.
  • Eres mi madre. Un hombre sólo tiene una madre.
  • Me sorprende que hables como un hijo obediente. No he sido una madre obediente para ti. ¿Cómo habría podido esperarse de mí que lo fuera? Siempre fuiste una gran desilusión, una cosa enfermiza, débil, medrosa, tonta. Bien, los dioses me han castigado por no haberte cuidado. Mi espléndido hijo Germánico asesinado, y mis pobres nietos Nerón, Druso y Gemelo asesinados, y mi hija Livila castigada por su maldad, su abominable maldad, por mi propia mano…ese fue el peor castigo que sufrí, ninguna madre sufrió uno peor, y mis nietas arruinadas, y este sucio e impío Calígula…pero tú le sobrevivirás. Creo que serías capaz de sobrevivir a un diluvio  universal” (Capitulo XXX).

Antonia se despide de su hijo Claudio antes de morir. Fotograma de la serie Yo, Claudio. 1976

miércoles, 4 de octubre de 2017

Acariciando el cielo desde el Coliseo

Ayer martes se presentó el nuevo recorrido arqueológico que permitirá al público, a partir de próximo 1 de noviembre, visitar el IV y V anillo del Coliseo.


El Coliseo visto desde su anillo V

     De este modo continúan dando sus frutos las obras de restauración del más impresionante monumento romano del mundo. Ello va a permitir que, 40 años después, se pueda volver a visitar la zona destinada a los más pobres, situada a 40 metros de altura, muy cerca del mecanismo que posibilitaba cubrir el Anfiteatro Flavio en los días de sol.
La visita, obligatoriamente guiada y previa reserva, comenzará a través de la única galería conservada como en sus orígenes, un espacio cubierto con bóveda de cañón, situada entre el II y III nivel. Esta galería, jamás visitable hasta ahora, presenta además algo único: yesos blancos con restos de coronas. El V nivel del Coliseo era el destinado a la plebe, el IV a los comerciantes, el III a la pequeña burguesía, el II a los caballeros y el I a los senadores (que se sentaban en sillones de mármol) y otros invitados de alto rango.



Roma, una vez más, ha sido capaz de superar lo insuperable. Es la magia única de la ciudad predestinada desde los últimos ecos de una Troya agonizante. La belleza de las imágenes distribuidas por la prensa italiana me han sobrecogido hasta lo más hondo de mi corazón. Ahora sólo me queda contar los días para tener el privilegio de acariciar el cielo con los dedos desde lo más alto del edificio concebido como la perfección tallada en mármol.

Fuentes http://roma.repubblica.it, ilmessaggero.it



miércoles, 27 de septiembre de 2017

Enfermedad y conspiración

En otoño del año 37 cuando sólo llevaba algunos meses rigiendo la suerte del Imperio más poderoso de la antigüedad, Calígula cayó gravemente enfermo. Ya hemos analizado en una reseña anterior que ni los historiadores antiguos ni los modernos han sabido diagnosticar con certeza la naturaleza de dicha enfermedad. Para Filón de Alejandría, ésta había sido la consecuencia de la transformación brusca que sufrió la vida de Calígula, desde una existencia relativamente tranquila a una vida de excesos en todos los niveles. Encefalitis, enfermedad venérea, hipertiroidismo, epilepsia….fuese lo que fuese lo que originó su mal, lo cierto es que el emperador estuvo a las puertas de la muerte.


Busto de Calígula. Siglo I d.C. París. Museo del Louvre

Hasta tal punto lo creía él mismo que nombró heredera de todos sus bienes y del Imperio a su querida hermana Drusila, en una decisión sin precedentes en la historia de Roma. Una gran multitud, de día y de noche, rodeaba el palacio imperial orando por la recuperación del César, y hubo hasta quien hizo voto de donar su vida por la de Calígula o combatir como gladiador si el emperador sanaba.
Calígula no era un soldado curtido en las batallas, de ahí que siempre tuviera su lado al hombre que le había ayudado a sentarse en el trono imperial, el prefecto de la guardia pretoriana, Nevio Sutorio Macrón. También se contaba entre sus más íntimos asesores, el padre de su difunta primera esposa, Junio Silano, un importante senador. Ambos al ver a Calígula moribundo sintieron muy cerca la amenaza que eso suponía para su situación privilegiada. Por eso, comenzaron a tantear al adolescente Tiberio Gemelo, nieto del difunto emperador, que contaba en esa época con 18 años.
Pero Calígula no murió, sino que se recuperó por completo aunque sus facultades mentales quedaron seriamente dañadas. De ahí que Suetonio apuntara en este punto de su relato sobre el emperador “hasta aquí hemos hablado de Calígula como de un Príncipe, réstanos referirnos a él como un monstruo” (Vida de Calígula, 22,1).
El primero que padeció su ira fue el desdichado Gemelo quien fue acusado de traición y obligado a suicidarse. Cuenta Suetonio que excusó esta decisión diciendo que joven pretendía envenenarlo pues “su aliento le  había olido a un antídoto que debía haber tomado para precaverse contra venenos”. Suetonio continúa narrando que el pobre chaval sólo “había tomado un medicamento a causa de una tos pertinaz que le aquejaba y que iban en aumento” (Vida de Calígula, 23, 3).


Tiberio Gemelo. Siglo I d.C. Luni (Liguria). Museo Arqueológico Nacional

Le siguieron Macrón y Silano. Al primero lo honró con el cargo de gobernador de Egipto, y luego, antes de que partiera, le obligó a suicidarse, junto con su esposa Nevia, antaño amante de Calígula. Silano también fue obligado a cortarse la garganta con una cuchilla. El descubrimiento de la facilidad con la que se había quitado de en medio a sus dos poderosos aliados, lo incitaba a probar hasta dónde llegaban sus límites.
A aquellas personas que habían ofrecido su vida por la suya durante su enfermedad les recordó que cumplieran su juramento. A Atanio Secundo, un ecuestre que había prometido luchar como gladiador, lo envío a la arena. Allí el desgraciado duró poco. Esto demostraba que nadie, independientemente de su estatus estaba libre del alcance de la mano del nuevo Calígula.

sábado, 23 de septiembre de 2017

Augusto...2080 años después


Cartel del Bimilenario. Detalle del Augusto de Prima Porta. Siglo I d.C. Roma. Museos Vaticanos
Fuente: Takashi Okamura. www.amazon.es

Un día como hoy, hace 2080 años, en una casa ubicada en la ladera del Palatino vino al mundo un niño, en una familia muy rica pero de origen oscuro. Cuando su padre lo recogió del suelo, reconociéndolo así como hijo suyo, recibió el relativamente modesto nombre de Cayo Octavio. Sin embargo, el precioso bebé de ojos grises azulados y cabello dorado, era nada más y nada menos que el sobrino nieto del hombre más poderoso de la tierra: Cayo Julio César, y por ese motivo, desde que abrió los ojos al mundo se supo que estaba predestinado a la más grande de las gestas: seguir la estela de Rómulo para hacer inmortal el bien más preciado que aquel legó al mundo: Roma y su cultura.
En estos días, diversas circunstancias me han llevado a pensar mucho en Augusto y a reflexionar sobre la inmensa mediocridad de la mayoría de los que hoy en día detentan el poder, ya sea a nivel local o en las más altas esferas de los gobiernos; por eso, observando las turbulencias que en la actualidad sacuden cada día al solar que otrora fue su Imperio, la grandeza del Príncipe permanece intacta, aún después de más de dos milenios de su paso por este mundo. Pues él, a pesar de los errores que su naturaleza humana le llevó a cometer, sigue siendo el más grande político, porque al mismo tiempo fue el más incansable trabajador, pues infatigablemente estuvo al pie del cañón como el más humilde de sus ciudadanos, hasta el último día de su vida, a fin de garantizar la paz y prosperidad a su pueblo, para mayor gloria de Roma.


Restos de la Casa natal de Augusto en el Palatino. Roma
     Una Roma que sabe que sigue siendo la ciudad de la antigüedad que mejor ha envejecido gracias a los sólidos pilares que para sostenerla construyó su hijo predilecto. Por eso, se vuelca cada día en la conservación de su legado. Así, la Ciudad Eterna espera con gran expectación la finalización de las obras que le devolverá el lugar de descanso de su eterno Padre de la Patria.
Para hacer más corta la espera diversas iniciativas se están encargando de que el monumento esté presente cada día. Una de ellas es la publicación de unas fotos, de gran valor histórico, que recogen la historia del monumento durante este siglo XX. 

Giuseppe Garibaldi en 1875en un banquete en su honor dentro el Mausoleo cuando se usaba de anfiteatro

El mismo banquete de 1875

Vista del interior en 1936. Al fondo la cúpula de la Basílica de los Santos Ambrosio y Carlos

1936: Demolición del teatro construido sobre las ruinas del Mausoleo

Las fotografía son propiedad de Roma Ieri e Oggi.

martes, 19 de septiembre de 2017

Calígula y sus hermanas

Calígula no manifestó en su vida grandes afectos por casi nadie. Se deduce del estudio de las fuentes que debió estar muy unido a su padre. Con Germánico pasó los primeros años de su vida en campamentos militares mientras sus hermanos se educaban en Roma y, con él, se encontraba en Antioquía cuando murió en el año 19 d.C. Meses antes habían visitado juntos Egipto, en viaje privado, para conocer las riquezas del país del Nilo. La cultura egipcia fascinó desde ese momento al pequeño Cayo Calígula (que contaba con 7 años).


Drusila, la predilecta de Calígula. Siglo I d.C. Munich. Glyptothek
Fuente: Por © José Luiz Bernardes Ribeiro /, CC BY-SA 4.0,

Una de las cosas que más llamó la atención de Calígula de la costumbres del Antiguo Egipto fue la tendencia de los faraones a casarse con sus hermanas. Aunque nunca manifestó cariño alguno hacia sus hermanos varones, sin embargo, sí se sentía muy unido a sus tres hermanas: Agripina, Drusila y Livila, con las que vivió en casa de su abuela Antonia tras la muerte de sus padres.
Cuando Calígula se convirtió en emperador ellas estaban ya casadas, Agripina con Lucio Domicio Ahenobarbo, Drusila con Cayo Casio Longino y la más pequeña, Livila con Marco Vinicio. Las niñas habían compartido la misma infancia turbulenta de su hermano, que ahora siendo el dueño del mundo las colmó de todos los privilegios que a la emperatriz Livia le había costado conseguir toda una vida.
Según Suetonio “ordenó que se añadieran en todos los juramentos la fórmula siguiente: “no me tendré ni a mí mismo ni a mis hijos en mayor estima que a Cayo y, después de él, a sus hermanas”; e, igualmente en las propuestas de los cónsules: “¡por el bien y la felicidad de Cayo César y de sus hermanas!” (Vida de Calígula, 15, 3). Incluso emitió monedas con la imagen de las tres en el reverso.


Moneda con Calígula en el anverso y sus hermanas en el reverso
Fuente: De Classical Numismatic Group, Inc. http://www.cngcoins.com, CC BY-SA 2.5, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=29068141

Esta relación tan cercana ha dado mucho que hablar pues Suetonio no duda en afirmar que mantuvo relaciones incestuosas con las tres y que en los banquetes las sentaba por turnos a su derecha mientras que a su esposa oficial la sentaba a la izquierda. Dión Casio también hace alusiones al tema en la misma línea. Ambos también añaden que las obligaba a prostituirse. Sin embargo, los contemporáneos del emperador, Filón y Séneca (que tanto lo aborrecía) no mencionan nada al respecto.
Lo que sí es cierto es la predilección que Calígula sentía por Drusila, a la que incluso nombró su heredera universal durante su grave enfermedad. Esto provocó el resentimiento de las otras dos, especialmente de la ambiciosa Agripina. Ésta, cuando dio a luz a su hijo (el futuro emperador Nerón), ante la falta de descendencia de su hermano le sugirió que le pusiera él mismo nombre, con la esperanza que lo adoptara. Calígula se mofó respondiéndole que le pusiera Claudio en honor a su tío al que todos despreciaban. Agripina lo rechazó con gran desdén. Igualmente Agripina tuvo que soportar a la muerte de su marido Domicio Ahenobarbo que Calígula se apoderará de la mayoría de los bienes que tenía que heredar su hijo.


Agripina la menor. Siglo I d.C. Milán. Museo Arqueológico
Fuente: Di Giovanni Dall'Orto - Opera propria, Attribution,

 Cuando Drusila murió inesperadamente con sólo 22 años en el año 38, la relación de Calígula con Agripina y Livila se deterioró por completo, hasta tal punto que fueron acusadas de formar parte de una conspiración, la de Getúlico en el año 39, siendo ambas deportadas a una isla.