domingo, 19 de julio de 2020

La erupción del Vesubio del año 79 d.C.

“Todo yace sumergido en llamas y triste ceniza. Ni los dioses hubieran tenido poder para hacer algo parecido”
              Marco Valerio Marcial, Epigramas


Erupción del Vesubio y destrucción de Pompeya

Finales de octubre del año 79 d.C.
              El emperador Tito recibe consternado la noticia que tres prósperas ciudades del sur de Italia han desaparecido bajo una capa de lava y cenizas en una catástrofe natural sin precedentes, difícil de asimilar por la mentalidad de la época. Con toda celeridad comienza a preparar un viaje a Campania para estar cerca de los afectados y ofrecerles su ayuda.
Antes ha enviado a dos ex cónsules que lo preceden para que evalúen los daños y empiecen a plantear la reconstrucción de la zona. El Vesubio ha estallado y el mismo fuego del Averno lo ha envuelto todo y se ha llevado por delante la vida de más de 5000 personas, aunque sólo se han encontrado restos de 1500 fallecidos.
Años 62-64 d.C.             
El 5 de febrero del año 62 d.C., un terrible terremoto causa una gran destrucción en el Golfo de Nápoles afectando particularmente a la ciudad de Pompeya. Muchos de sus principales edificios públicos y villas se ven dañados gravemente.
Séneca, por su parte, en esa misma época recoge en sus escritos la muerte de centenares de ovejas en las cercanías de Pompeya debido a aire contaminado.
Sólo dos años después, en el año 64, tanto Suetonio como Tácito relatan que cuando Nerón cantó por primera vez en un teatro público en Nápoles ocurrió otro movimiento sísmico que provocó la destrucción del teatro una vez había sido evacuado.
Plinio el joven también cuenta que eran frecuentes los pequeños temblores en la zona y que sus habitantes estaban acostumbrados; por eso unos días antes del 24 de octubre del año 79 no les dieron demasiada importancia a los sucesivos movimientos sísmicos que se estaban produciendo en esos días.
“Hacía muchos días había sufrido un terremoto no muy alarmante, ya que es algo muy frecuente en Campania. Pero aquella noche fue tan fuerte que parecía que todo más que moverse se venía abajo. Mi madre entró precipitadamente en mi habitación en el preciso momento que yo salía con intención de despertarla si dormía. Nos sentamos en la explanada que había entre los edificios y el mar. No sé si por provocación o por imprudencia, pues aún no tenía dieciocho años, me llevé un volumen de Tito Livio, y para distraerme, me puse a leerlo y a tomar notas, como había hecho antes. De pronto se acercó un amigo de mi tío, que recientemente había llegado de España para visitarlo, y al vernos ahí sentados, y a mí que aún estaba leyendo, reprochó a mi madre su paciencia y a mí mi confianza. No obstante, yo seguí ocupado con mi libro”. (Plinio el joven, Carta a Tácito).
Los vulcanólogos actuales relacionan toda esa actividad sísmica y el asunto de las ovejas con el despertar del gigante dormido y la emisión de gases volcánicos.
22 de octubre del año 79



Erupción pliniana. Grabado de 1822
Fuente: De George Julius Poulett Scrope - In G. Julius Poullet Scrope, Masson, 1864. Historical Drawing by George Julius Poulett Scrope (1797-1876), Dominio público, 

              La mañana amanece tranquila, pero sobre la una de la tarde, del Vesubio comienza a salir violentamente una columna de gran altura de la que cae ceniza y piedra pómez. La gente, atemorizada, empieza a huir del lugar. No obstante, muchos no prestan atención pues otras veces el volcán también ha expulsado una columna de humo.
“Llegó la primera hora del día y no era todavía claro. Los edificios de los alrededores estaban tan agrietados que en aquel lugar descubierto y angosto el miedo crecía por momentos. Entonces nos pareció oportuno abandonar la villa. La multitud nos seguía admirada, pues en los momentos de pánico uno se suele guiar por las decisiones de los demás, y todos empujaban a los fugitivos. Al llegar al campo, nos paramos. Nos sorprendían muchas cosas dignas de admiración y de temor. Entre otras, ocurría que los vehículos que habíamos ordenado que nos precedieran, a pesar de estar en un campo llanísimo, emprendían diversas direcciones y no era posible mantenerlos quietos”  (Plinio el joven, Carta a Tácito).
23 de octubre del año 79
En algún momento de la noche o por la mañana temprano empiezan a salir del volcán flujos piroclásticos (efusiones compuestas por gases y material sólido capaces de fluir a grandes temperaturas y velocidades). Los flujos avanzan a gran velocidad y arrasan todo lo que se encuentra a su paso. Ha cambiado incluso la estructura de la costa, debido a un pequeño maremoto en el Golfo de Nápoles.

Ciudades afectadas por la erupción del Vesubio
Fuente: De MapMaster - Trabajo propio, CC BY-SA 3.0, 

“Veíamos que el mar se recogía en sí mismo, como si temiese los temblores de la tierra. La playa se había ensanchado y muchos animales marinos habían quedado en seco sobre la arena. Por otro lado una negra y horrible nube, rasgada por torcidas y vibrantes sacudidas de fuego, se abría en largas grietas de fuego, que semejaban relámpagos, pero eran mayores” (Plinio el joven, Carta a Tácito).
24 de octubre del año 79



El último día de Pompeya, Karl Briullov, 1830-33, San Petesburgo, Museo Estatal
Fuente: De Karl Briullov - here / здесь, Dominio público, 

La erupción se desarrolla en dos fases: una primera, llamada pliniana (con una duración de entre 18 y 20 horas) que produce una caída de piedra pómez y ceniza; a continuación se produce una segunda en la que el flujo piroclástico llega incluso a Miseno (donde se encontraba Plinio a 30 kilómetros de distancia). Pompeya se ve envuelta por dos de estos flujos piroclásticos que asfixian y queman a todas las personas que aún se encuentran en la ciudad. Antes una finísima capa de cenizas seguida de una lluvia de piedras y de vapores de azufre envuelven la ciudad. Muchas personas mueren también aplastadas por las rocas o por el derrumbe del techo de las estancias donde se habían ocultado.
Por su parte, Herculano se ve sepultado por una marea de fango, mezcla de ceniza, lava y lluvia.


Flujos piroclásticos sobre Pompeya

“Apenas había dicho esto cuando anocheció, no como en las noches sin luna o nubladas sino con una oscuridad igual a la que se produce en un sitio cerrado en el que no hay luces. Allí hubieras oído chillidos de mujeres, gritos de niños, vocerío de hombres: todos buscaban a voces a sus padres, a sus hijos, a sus esposos, los cuales también a gritos respondían. Unos lamentaban su desgracia, otros la de sus parientes, y había quienes que por miedo a la muerte la imprecaban. Muchos eran los que elevaban las manos hacia los dioses, y otros se habían convencido de que los dioses no existen, creían que era la última noche del mundo. No faltaban los que con terror falso y fingido exageraban los peligros reales. Algunos notificaban a los crédulos con falsedad que se había desmoronado e incendiado el Miseno. Cuando aclaró un poco nos pareció que no amanecía sino que el fuego se iba aproximando; pero se detuvo un poco lejos y luego volvieron las tinieblas y otra vez la densa y espesa ceniza. De cuando en cuando nos levantábamos para sacudirnos las cenizas, de lo contrario nos hubiera cubierto y ahogado con su peso. Me podría envanecer de no haberme lamentado y no haber proferido ningún grito fuerte en medio de tantos peligros, pero me consolaba, en mi mortalidad, la idea de que todos y todo acababa conmigo” (Plinio el joven, Carta a Tácito).
26 de octubre del año 79
Dos días después el sol vuelve a salir en el cielo, del Vesubio apenas sale una débil columna de humo. A sus pies, sólo ceniza y paisajes chamuscados, llenos de muerte y destrucción. Las cenizas llegaron hasta África.
“Aquel vaho caliginoso, no obstante, se desvaneció en humo y niebla, y pronto amaneció de veras y hasta lució el sol, aunque algo sombrío, como cuando se produce un eclipse. Ante nuestros ojos parpadeantes todo parecía distinto y cubierto de espesa ceniza, como si fuera nieve. Tras haber curado como pudimos nuestros cuerpos volvimos a Miseno y pasamos una noche angustiosa y terrible entre la esperanza y el miedo. Prevaleció el miedo, porque todavía duraba el terremoto, y eran muchos los que añadían a las desventuras propias y ajenas terroríficos vaticinios” (Plinio el joven, Carta a Tácito).

Habitante de Pompeya muerto al caerle una enorme piedra encima

Aunque muchas investigaciones sostienen que los fallecidos por la erupción lo fueron en su mayor parte por asfixia, recientes estudios desvelan que murieron abrasados por una nube volcánica con temperatura entre 300 y 600 grados.
La mayoría murieron boca arriba tapándose la cara con las manos, otros acuclillados mostrando un terror absoluto, otros en su intento de huida intentando proteger a sus hijos… En la escuela de gladiadores se encontraron varios cuerpos escondidos junto a una mujer joven muy engalanada que no sabemos si buscaba sus servicios (los gladiadores eran muy deseados por las mujeres patricias) o si la desventurada chica se escondió allí intentando salvarse. Otros agarran con fuerza sus pertenencias  o un esclavo lucha por quitarse los grilletes. También se han encontrado restos de animales: caballos, mulas y perros, como el que se expone en el Foro que murió retorcido tratando de zafarse de su cadena. Testimonios desgarradores que han llegado hasta nosotros gracias a la técnica empleada por Giuseppe Fiorelli en 1860 de inyectar yeso líquido entre los huesos y la capa de ceniza.




Pompeya 2011

           Tradicionalmente se ha venido considerando la fecha de la erupción del Vesubio del año 79, el 24 de agosto a partir de la interpretación de las cartas de Plinio que habla de “el noveno día antes de las Kalendas de septiembre”. No obstante, los escritos que han llegado hasta nosotros son cartas transcritas en la Edad Media, por lo que seguramente hubo un error de traducción. Esa fecha siempre había sido puesta en duda pues se encontraron muchos indicios que sugerían otra: frutos propios del otoño, los restos de gruesas vestiduras hallados en los cuerpos, braseros en las puertas de las casas etc. Confirma la fecha del 24 de octubre una inscripción hecha a carboncillo hallada recientemente en Pompeya en una casa que se estaba construyendo que indica que fue escrita el “decimosexto día antes de las kalendas de noviembre”, o sea el 17 de octubre, 7 días antes de la erupción. Por tanto, el 24 de agosto, Pompeya seguía en pie.


Inscripción que demuestra que la erupción del Vesubio no fue en agosto

Me he conmovido en cada frase que he escrito para este artículo, sintiendo la misma emoción que me embargó cuando recorrí cada palmo de Pompeya aquel junio de 2011. Pocos lugares en el mundo me han causado una impresión tan profunda, porque cuando estás allí, además de admirar la belleza del yacimiento arqueológico más espectacular del mundo,  no eres capaz de dejar de pensar en la fugacidad de la vida, en cómo en un instante se puede derrumbar todo un mundo. Ni siquiera fui capaz de mirar los moldes de los fallecidos, porque pensar en la tragedia que vivieron y en su dolor, es algo que me supera.
El gigante, hoy aletargado, te recuerda cada vez que alzas la vista y, lo ves, majestuoso y eterno, dominando el horizonte, la fragilidad de nuestra existencia, que hoy más que nunca en la situación de pandemia mundial que estamos viviendo vuelve a poner de manifiesto la insignificancia del ser humano en un Universo, que nunca podremos dominar, y que cuando quiere nos devuelve a nuestro lugar como especie, aunque a veces nos creamos más superiores que los propios dioses.

El Vesubio en la actualidad

domingo, 5 de julio de 2020

El Principado de Tito


Busto de Tito, siglo I d.C., Roma, Museos Capitolinos
Fuente: By Sailko - Own work, CC BY 3.0, 

El breve Principado de Tito (duró sólo dos años) se caracterizó por continuar la política de su padre, aunque el nuevo Príncipe se mostró más moderado que Vespasiano pues no condenó a nadie a muerte a pesar de sufrir varios intentos de conjura.
Tito se centró en mejorar la calidad de vida de los ciudadanos: así promulgó un edicto confirmando las donaciones de otros emperadores para que los ciudadanos no tuvieran que volver a tramitar la misma petición. Además, suspendió los juicios por traición y lesa majestad y expulsó de Roma a los delatores.
No hizo gastos innecesarios y en cuanto a obras públicas finalizó e inauguró el edificio más espectacular del mundo romano: el Anfiteatro Flavio. También construyó unas termas para el pueblo junto a él: las Termas de Tito.
El Principado de Tito fue bastante tranquilo en cuestiones bélicas. Aunque surgieron algunos conflictos en Britania, Cneo Julio Agrícola, al mando de las legiones de las islas acabó sometiendo todo el territorio britano, no tanto por su capacidad militar sino por su habilidad para romanizarlo pacíficamente. Según Dión Casio, Agrícola “fue el primero de los romanos que descubrió el hecho de que Britania está rodeada por agua” (Historia Romana, LXVI, 20)
También tuvo que hacer frente a varias conjuras; una muy curiosa surgió en las provincias del Este capitaneada por Terencio Máximo, un asiático que se hizo pasar por Nerón pues se parecía al último emperador julio claudio tanto en su aspecto como en su voz e incluso tocaba la lira. Consiguió algunos seguidores, incluido el apoyo del rey parto Artabano II, que estaba encolerizado contra Tito. No obstante, Terencio fue ejecutado al desvelarse su verdadera identidad.

Vespasiano, Tito y Domiciano en una moneda

En Roma también hubo un complot, en el que estuvo implicado el mismo Domiciano; Tito no tomo represalias contra él. “A pesar de que su hermano no cesaba de conspirar contra él e incluso, casi sin disimulo, soliviantaba a los ejércitos y preparaba la huida, no fue capaz de matarle ni relegarle, sino, como había hecho desde el primer día de su imperio, continuó declarándole compañero y sucesor suyo, pidiéndole a veces, cuando se hallaban solos, entre súplicas y lágrimas, que consintiera al fin en corresponder a su afecto” (Suetonio, Vida de Tito, 9, 3).

Erupción de Vesubio. William Turner, 1817, New Haven, Centro Yale de Arte Británico

Sin embargo, el Principado de Tito ha pasado a la historia por encadenar una serie de catástrofes que mostraron aún más la generosidad y entrega del emperador: un incendio grave en Roma, una pestilencia y el mayor desastre natural de la Antigüedad: la erupción del Vesubio, que provocó la destrucción de Pompeya, Herculano y Estabia. “En este cúmulo de adversidades de semejante calibre mostró no sólo la solicitud de un Príncipe, sino el cariño que sólo un padre puede demostrar ya consolando al pueblo por medio de edictos, ya prestándole toda la ayuda de que era capaz. Eligió por sorteo a unos ex cónsules para que se ocuparan de reconstruir Campania; los bienes de las personas que habían fallecido en la erupción del Vesubio sin dejar herederos los empleó en la reconstrucción de las ciudades siniestradas” (Suetonio, Vida de Tito, 8, 3-4).