martes, 12 de octubre de 2021

Itálica. 1ª Parte

        “Fue en esta época cuando los romanos empezaron a enviar cada año a las ciudades conquistadas dos pretores, en calidad de gobernadores o supervisores de mantenimiento de la paz. Escipión dejó allí un pequeño ejército, el más propio de un tiempo de paz, y avecindó a los soldados heridos en una ciudad, que del nombre de Italia, llamó Itálica; ésta fue la patria de Trajano y Adriano, que más tarde llegaron a ser emperadores de los romanos”.

Apiano de Alejandría. Historia Romana

 

Entre esos muros comenzó mi idilio con el mundo romano, cuando siendo apenas una niña de 11/12 años visité por primera vez Itálica en una excursión organizada por el colegio. Aunque no recuerdo nada de aquel día, mi fascinación ante las majestuosas ruinas de la ciudad  fue tan grande, que entre sus calzadas inicié el camino que me llevaría, con varias paradas en Emerita Augusta, al pie del Capitolio, para quedar atrapada en el embrujo del lugar  más legendario y que más amo en el mundo: Roma.


Vista de Itálica

Aproximadamente en el año 203 a.C., Publio Cornelio Escipión en la fase final de la Segunda Guerra Púnica, asentó a los soldados heridos en una ciudad turdetana preexistente en la rivera oeste del río Betis, ubicada a medio camino entre Hispalis (Sevilla) e Ilipa (Alcalá del Río). El texto de Apiano de Alejandría permite deducir que la procedencia de esos soldados era fundamentalmente itálica, y de ahí el nombre elegido por el gran general. Actualmente se encuentra en la localidad de Santiponce.

La ciudad mantuvo en sus orígenes su carácter militar al estar situada en una región  que ofreció durante un tiempo resistencia a la ocupación romana.


Vista de Itálica


Durante la época republicana, Itálica fue una ciudad importante, y mucho más en la etapa imperial.

Probablemente la ciudad fue fundada como colonia Latina, siendo Julio César, aproximadamente en el 45 a.C., quien concedió a Itálica el estatus jurídico de Municipium Civium Romanorum, probablemente como recompensa al apoyo de la ciudad durante la guerra civil contra Pompeyo, aunque no acuñó moneda como tal hasta la época de Augusto. Entre los símbolos de la acuñación predominaron los motivos militares.

La ciudad alcanzó su período de mayor esplendor durante finales del siglo I y el siglo II, durante la época de Trajano y Adriano. Ambos fueron muy generosos con su ciudad natal, ampliándola, embelleciéndola y relanzando su economía. Fue Adriano quien le otorgó el rango de colonia, empezando a conocerse desde entonces como Colonia Aelia Augusta Itálica. En ese momento su organización paso a ser una copia exacta de la Ciudad Eterna. Este emperador amplió la ciudad por el lado norte, creando un nuevo barrio de calles amplias y mansiones grandes. Esta zona mantiene la estructura de las ciudades romanas de trazado hipodámico. Es la conocida con Nova Urbs o Ciudad Nueva.


Vista del Anfiteatro


Los restos conservados son fundamentalmente de esta época entre los que destaca el anfiteatro,  el 4º por capacidad del Imperio Romano. Además se conservan restos del supuesto templo de Trajano, las termas llamadas mayores y menores y los diferentes pavimentos de numerosas casas. La Ciudad Vieja se encuentra casi en su totalidad bajo la actual Santiponce

Las murallas, que en el siglo II tenían una extensión de 3.000 metros y un grosor de 1,5 metros son de mediados del siglo I a.C, aunque Augusto las retocó y Adriano las amplió. Tenían una función defensiva. Aunque están totalmente devastadas, quedan restos visibles en dos puntos: un torreón de tiempos de Augusto en la zona del teatro, que combina el hormigón con sillería y un trozo de época de Adriano en la zona del Anfiteatro, de la que se conserva la cimentación de hormigón.

No obstante, el edificio más importante de la ciudad es el anfiteatro, uno de los más grandes de todo el Imperio Romano. Con una capacidad de 25.000 espectadores y de refinada arquitectura, se construyó en época del emperador Adriano. Aunque hay que decir que su tamaño es desmesurado porque la ciudad sólo contaba con 8.000 habitantes. Su estructura de hormigón estaba recubierta con sillares y placas de mármol.


Anfiteatro de Itálica

Como cualquier edificio de estas características tenía tres niveles de graderío en los que se distribuían los espectadores según su ascendencia social. La más baja, la Inma cavea, se componía de seis gradas a las que se accedía por 8 puertas de acceso. Estaba destinada a la clase dirigente, que accedía a su espacioso pódium a través de discretos pasillos, casi privados. La central, la media cavea  constaba de 12 gradas y 14 puertas de acceso y en ella se acomodaba la población más humilde. La última y más elevada, la summa cavea, estaba destinada a las mujeres y los niños y se cubría con un toldo. En esta zona, había pórticos de columnas semejantes a los del Coliseo.


Arena del Anfiteatro de Itálica


En el anfiteatro había también varias salas destinada al culto de Némesis y la Dea Caelestis, que se abrían como otras muchas salas, en el amplio pasillo que se encontraba tras el alto muro del pódium.

Su gran foso central necesitaba pilares para sostener la enorme tapa de madera con espaciosos arcos casi tan anchos como los del Coliseo.


Foso del Anfiteatro de Itálica


Foso del Anfiteatro de Itálica


Este Anfiteatro demuestra el apego de Adriano a su patria natal pues es desmesurado para una provincia discreta y está más pensado para la propia Roma.

En cuanto al teatro, es la obra civil más antigua de Itálica, pues se data entre los siglo I a.C y I d.C. El edificio, que se asienta en una ladera natural sobre el Betis es de piedra caliza y en él se realizaron posteriores reconstrucciones y reformas, especialmente en el siglo II d.C. que lo embellecieron con mármoles polícromos de gran belleza y calidad. En la actualidad, tras varias fases de restauración iniciadas en los años 80, se usa para festivales, destacando el de Itálica.


Teatro de Itálica


Teatro de Itálica


Aunque no existen muchas evidencias arqueológicas hay constancia de una gran templo dedicado al culto de Trajano, el Traianeum, erigido por Adriano. Se encontraba en la una zona de la Nova Urbs, rodeado por una plaza porticada.

Por otra parte, Itálica contaba con dos complejos termales: las menores o de Trajano en la Ciudad Vieja y las mayores en la Nova Urbs. Éstas últimas, muy expoliadas, parece que quedaron inconclusas.

Ambas contaban con las salas típicas de este tipo de edificación: una piscina de agua caliente (caldarium), otra de agua fría (frigidariun), templada (tepidarium), sudatorio (laconicum) y salas para ejercicios (palaestrae).

Las mayores ocupaban una extensión de unos 32.000 m2 y están aún sin excavar. A ellas se accedía a través de una escalinata de mármol que finalizaba en el vestíbulo. Tras éste,  se encontraba la piscina en forma de T, con paredes y suelo revestidos de mármol blanco. A continuación se accedía al resto de estancias. También albergaba una biblioteca, una sala de masajes, una sauna y un vestuario, además de la palestra, que ocupaba la mitad del edificio.


Restos de las Termas Mayores

Termas Mayores


Las menores, que se encuentran en el casco antiguo de Santiponce, están datadas en época de Trajano, lo que se evidencia gracias al método constructivo. Se extendería a través de 1.500 m2 y se localizaban en una zona urbanizada por el primer emperador hispano con edificios público. Quedan vestigios del área central y la trasera de los baños.

Existen trazas de dos acueductos que surtían de agua a Itálica. El más antiguo, datado a comienzos del siglo I d.C. traía agua de dos manantiales junto al río Guadiamar para abastecer la Ciudad Vieja. Gran parte de esta construcción discurre de forma subterránea pero es visible en algunos puntos. Posee una altura de 1,70-80 metros. El canal se cubre con bóveda de cañón. Esta construido en hormigón sin revestimiento de ladrillo, salvo el dovelaje de los arcos puntualmente. Sus lumbreras eran circulares.


Interior del Acueducto del siglo II
Fuente: De Edudemonio - Template:Eduardo Ariza Rojano, CC BY-SA 4.0,  

Tras la ampliación de las nova urbs llevada a cabo por Adriano en el siglo II, se hizo necesaria la construcción de un nuevo acueducto, que recogía agua de numerosos manantiales. Éste se realizó en hormigón, revestido de ladrillo en su totalidad, algo que presentan muy pocos acueductos en el Imperio y ninguno en Hispania. Sus lumbreras son cuadradas, también cubiertas de ladrillo. Contaba de un largo tramo de arquerías para salvar arroyos, hoy casi todas desaparecidas, aunque se conserva un tramo majestuoso en el cruce del río Guadiamar.


Recreación del acueducto del siglo II

2 comentarios:

  1. Debe de ser Magnífico, y yo todavía estoy sin ir a verlo para fotografiarlo. A ver cuándo puedo ir....

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  2. Ya sabes, apuntalo en la agenda para cuando bajes al sur. Un saludo

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