miércoles, 12 de junio de 2019

Muerte de Octavia


Supuesto retrato de Claudia Octavia. Siglo I d.C. Museo de las Termas. Roma 2018


       Una de las primeras órdenes que Nerón dio a Tigelino fue en relación a Octavia, la esposa que le había sido impuesta en su adolescencia y por la que no sentía amor alguno. La muchacha como su bisabuela homónima (la hermana de Augusto) era una discreta y  virtuosa matrona romana, y como aquella, muy amada por el pueblo a causa de su bondad y atenciones con los más necesitados. Aunque era bella como su madre Mesalina, nada de su carácter podía atraer a un pasional Nerón.
Tras la muerte de Británico y Agripina, la joven (que dormía en estancias separadas) se había mantenido en segundo plano sin llamar la atención mientras su marido vivía un tórrido romance con Popea Sabina, que era totalmente público. Así y todo, ante la insistencia de su amante, Nerón había tratado en varias ocasiones de librarse de su esposa para poder contraer nuevas nupcias con Popea. Burro y Séneca siempre se lo habían desaconsejado. Desaparecidos los dos de la corte, Tigelino no puso ningún impedimento cuando el emperador se divorció de ella acusándola de esterilidad. Según Tácito, Popea no contenta con esto compró a uno de los  sirvientes de Octavia para acusarla de amores con un esclavo. La mayoría de las esclavas se mantuvo fiel a su ama, de hecho una de ellas espetó a Tigelino cuando la torturaba para que confesase que “el sexo de Octavia era más casto que la boca de él” (Anales, 60, 4). A pesar de ello la hija de Claudio fue condenada por yacer con un esclavo. Así, se le apartó de la corte, tras el divorcio y después se la relegó a Campania, bajo escolta militar.



Supuesto retrato de Claudia Octavia. Siglo I d.C. Museo de las Termas. Roma 2018


        No obstante, el pueblo (tal y como habían vaticinado los antiguos consejeros imperiales) montó en cólera, tanto que Nerón estuvo a punto de dar marcha atrás. “Inmediatamente el pueblo sube alegre al Capitolio para dar gracias a los dioses; derriban las efigies de Popea, llevan a hombros imágenes de Octavia, las cubren de flores y las colocan en el Foro y en los templos. Se llega incluso a pronunciar alabanzas del príncipe con estrepitosas voces de veneración. Y ya llenaban el palacio con su multitud y sus clamores, cuando se les soltaron bandas de soldados que con látigos y hierro en mano los disolvieron dispersándolos. Se dio vuelta a lo que por sedición habían hecho cambiar y Popea se vio repuesta en sus honores” (Tácito. Anales, 61, 1). Continúa Tácito relatando que Popea indignada y aterrorizada de que Nerón cambiara de opinión, se le abrazó a las rodillas llorando y le gritó “que su situación había llegado a tal punto que ya no luchaba por su matrimonio, que le era más caro que la vida, sino que su vida misma estaba en peligro por obra de los clientes y esclavos de Octavia, que habían dado el nombre de plebe […]. Le decía […] que sólo les había faltado un jefe, fácil de hallar en medio en medio de la agitación; bastaba con que abandonara la Campania y se presentara en persona en la ciudad aquella que con un gesto de su cabeza, estando ausente podía, podía mover tales tumultos (Anales, 61, 2-3).
De este modo, Tigelino dispuso una nueva acusación mejor preparada que la primera por lo que Octavia fue exiliada a Pandataria “no hubo desterrada que provocara tal misericordia en los ojos de quienes la veían. Algunos todavía se acordaban de Agripina (la mayor), relegada por Tiberio, y más reciente era la memoria de Julia (Livila, hermana de Calígula), exiliada por Claudio. Pero éstas se hallaban  en la plenitud de la edad, habían conocido cierta dicha y podían aliviar la crueldad presente con el recuerdo de su mejor fortuna pasada. En cambio, para Octavia el día de su boda fue como su funeral, llevada a una casa en la que no vería más que duelos, arrebatado su padre por el veneno y poco después su hermano; y luego aquella criada con más poder que su señora, y Popea, cuyo romance no podía traer más que la perdición de la esposa; por último aquella acusación más grave que cualquier clase de muerte” (Tácito, Anales, 63, 2-3).



Moneda con Nerón y Popea Sabina
Fuente: De Classical Numismatic Group, Inc. http://www.cngcoins.com, CC BY-SA 3.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=2192239

Mas esto no fue suficiente para Popea, por lo que a los pocos días Octavia fue condenada a muerte, contando apenas 20 años de edad. Su cabeza fue el regalo de bodas que recibió con más gozo. Corría el año 62 d-C., el mismo que Nerón presentaba al mundo a su nueva emperatriz, con la que contrajo matrimonio once días después de haberse divorciado.
Es difícil saber, hasta qué punto es cierta una implicación tan clara de Popea en el asesinato de Octavia, del cual no hay ninguna duda fue ordenado por el emperador. Suetonio menciona igualmente los tumultos que siguieron al divorcio de Nerón pero no dice que Nerón actuara influenciado por Popea. Quizás Tácito (que inventó la figura de Livia como temible madrasta) también haya exagerado la participación de la entonces amante. No obstante, todas las fuentes coinciden en lo mucho que Nerón amaba a Popea y lo influenciable que éste era. Lo cierto es que incluso casi un siglo después Tácito se muestra conmovido por el destino desgraciado de la joven e inocente hija de Claudio, lo que es prueba de la gran consternación que provocó su infausto destino.

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