domingo, 2 de diciembre de 2018

La divinización de Claudio

“Comenzando luego por hacer ostentación filial, [Nerón] enterró a Claudio con un magnífico funeral, hizo su elogio fúnebre y lo incluyó entre los dioses”
Suetonio. Vida de Nerón, 9.

Camafeo que representa la Apoteosis de Claudio. Siglo I d.C. París. Cabinet des Medailles
Fuente: Di I, Sailko, CC BY 2.5, 


              Una de las primeras medidas de Nerón tras acceder al trono imperial fue la de decretar la divinización de Claudio, quizás movido por el deseo de legitimar su posición como divus filius. Según Tácito “se celebra un solemne funeral semejante al del divino Augusto, tratando Agripina de rivalizar con la magnificencia de su bisabuela Livia” (Anales, XII, 69, 3). No obstante, continúa Tácito afirmando que no se leyó el testamento del difunto temiendo que la preferencia de éste hacia Nerón en detrimento de Británico soliviantara a las masas. Este hecho es prueba fehaciente de los muchos romanos que preferían a Británico, y que sabían las intenciones de Claudio de volver a cambiar el testamento, algo que impidió su asesinato.
              Así, Claudio se convirtió en el tercer romano mortal tras Julio César y Augusto en subir a los altares. Este hecho demuestra que no lo debió hacer tan mal pues el Senado y el Pueblo no lo hubieran permitido de haber sido considerado nefas (como en el caso de Calígula). No obstante, el culto a Claudio no tuvo tanta difusión como el de sus dos predecesores.
        Contribuyó a ello, la venganza planeada por Séneca, que nunca disimuló su aborrecimiento por Claudio, al escribir su obra “Apocolocyntosis divi Claudi”, es decir, “La Calabacificación del divino Claudio” una sátira escrita en prosa en la que se burlaba del ascenso de Claudio a los altares, pues el título parece referirse la divinización de la estupidez, demostrando claramente lo que le parecía a Séneca el asunto.
              La obra narra la muerte de Claudio, su ascensión a los cielos y el juicio de los dioses. Tras pasar por una serie de fases en las que se sacan a la luz todos los defectos del emperador, haciendo hincapié en su tartamudez y los errores cometidos durante su Principado, los dioses deciden que no lo consideran dignos de divinidad y lo condenan al Hades.


Claudio como Júpiter. Siglo I d.C. Museos Vaticano. Roma 2018

              Los motivos de Séneca son claros pues guardaba gran rencor hacia Claudio al haberlo desterrado, según él injustamente. El hecho de haberlo hecho volver del exilio no palió el rencor del filósofo como evidencia la obra. Es significativo que la misma no fuera censurada, lo que demuestra la falsedad de Nerón a la hora de haber ordenado la apoteosis. Otro significado que se atribuye a la sátira es que Séneca quería advertir que si se abusaba de las deificaciones el pueblo podía perder la fe en los dioses, porque si alguien tan despreciable como el consideraba a Claudio podía acceder a los altares, se devaluaba el sentido de la deificación. De hecho de 84 emperadores romanos, sólo 17 fueron deificados contándose entre ellos los considerados por la mayoría los mejores y más importantes.
“Aquí debo asentar lo que sucedió en el cielo en el décimo-tercer día de este año, el año que nos ha hecho penetrar en una nueva era tan gloriosa. Ni malicia ni favor para nadie. Está bien, ¿no es cierto? Si alguien me pregunta cómo obtengo mi información, bueno, en primer lugar, si no quiero contestar, no contestaré. ¿Quién me obligará a hacerlo? Soy un hombre libre, ¿no es cierto? Fui liberado el día en que murió un conocidísimo personaje, el hombre que hizo cierto el proverbio «o nacer emperador, o idiota». Sin embargo, si decido contestar diré lo primero que me surja a los labios. ¿Acaso los historiadores se ven obligados alguna vez a presentar testigos al tribunal, para jurar que han dicho la verdad? Aun así, si me fuese necesario llamar a alguien, llamaría al hombre que vio el alma de Drusila camino del cielo; jurará que vio a Claudio tomar el mismo camino, «con paso vacilante» (como dice el poeta). Ese hombre no puede dejar de observar todo lo que sucede en el cielo; es el Custodio de la Vía Apia, que, por supuesto, es el camino que tomaron Augusto y Tiberio cuando fueron a unirse a los dioses. Si se le pregunta en privado, dirá la misma historia, pero no hablará cuando haya mucha gente cerca. Es que desde que juró ante el Senado que había visto a Drusila subir al cielo, y nadie creyó la noticia, que por cierto era demasiado buena como para ser verdadera, ha jurado solemnemente no volver a contar nada de lo que ha visto... ni siquiera aunque vea asesinar a un hombre en la plaza del Mercado. Pero lo que él me contó yo ahora lo repito, y buena suerte para él” (Primer párrafo de La Calabacificación del divino Claudio. Traducción de Robert Graves, incorporada en Claudio el dios y su esposa Mesalina).

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