domingo, 30 de noviembre de 2014

La Pirámide de Cestio

Pirámide de Cestio. Roma 2011

La conquista de Egipto en 30 a.C. provocó en la sociedad romana una auténtica egiptomanía de la que no se vio libre ni siquiera el mismísimo conquistador del país, el futuro Augusto, que nada más volver a Roma, impresionado del anhelo egipcio de búsqueda de la inmortalidad comenzó a edificar algo tan poco romano como un inmenso Mausoleo (el más grande del Mediterráneo) en el Campo de Marte para que albergara tanto sus cenizas como la de todos los miembros de la familia imperial. Esta costumbre fue copiada por algunos nobles, como Cayo Cestio, que fue más allá incluso que el emperador, al construirse como sepulcro una pirámide, el símbolo más sagrado del país del Nilo, a las afueras de la Ciudad Eterna.

Interior de la cámara funeraria

Inspirada en el modelo egipcio, la pirámide de Cestio (datada entre el 18-12 a.C.) mide 29,50 metros en la base x 36,40 metros de altura por lo que visualmente da la sensación de desproporción, estando realizada en mampostería revestida de mármol. Considerada en la Edad Media como la tumba de Remo con posterioridad en el siglo III d.C. fue incluida en la muralla Aureliana. Las inscripciones conservadas en ambos lados del monumento funerario confirman tanto su atribución a Cayo Cestio como la duración de su construcción (330 días). En el lado oeste se abre una pequeña puerta por la que se accede a la cámara funeraria, una cámara sencilla rectangular cubierta por una bóveda de cañón. Las paredes estaban decoradas con pinturas murales del tercer estilo, copiadas en 1660 por Pietro Santi Bartoli, hoy desaparecidas. Hoy en día su interior no se puede visitar a no ser con permisos especiales. 

Grabado de la Pirámide Cestia junto a la Porta di San Paolo

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