domingo, 6 de abril de 2014

Augusto y Cicerón

Tras la huida de los asesinos de César propiciada tras el brillante discurso que Marco Antonio pronunció en el funeral, éste (cónsul aquel funesto año 44 a.C.) se hizo con el poder absoluto de la ciudad. Por ello, fue incapaz de digerir la llegada a Roma del joven heredero de César y se negó a dar validez a su testamento. Octavio reaccionó con audacia subastando muchas de sus propiedades para pagar al pueblo los legados que su padre adoptivo había determinado en sus últimas voluntades. Esto le reportó gran popularidad a la vez que comenzó a mermar la de Antonio.


Marco Antonio elogia a César y promete venganza
Fuente: Historia y Vida. nº 463

Del mismo modo, y nuevamente a sus expensas, Octavio comenzó a formar un ejército con los veteranos de César, también pretendidos por Antonio. Acompañado de sus inseparables Agripa y Mecenas partió hacia Campania con un carro cargado de oro para reclutar más soldados (Antonio lo acusó de haber robado en Brindisi los fondos que César guardaba para la guerra contra los partos).
Esto encendió la disputa entre ambos, por lo que Marco Antonio al expirar su consulado presionó al Senado a través de sus legiones para obtener la provincia de la Galia Cisalpina, ya ocupada por Décimo Bruto, uno de los asesinos de César, que se negó a abandonarla.
Por su parte, Octavio para dar legalidad a sus acciones (simulando ingenuidad y ausencia de ambición política) buscó el amparo del hombre fuerte del Senado, el único de la vieja guardia republicana contraria a César que permanecía en Roma, Marco Tulio Cicerón. Considerado el mejor orador de todos los tiempos, Cicerón no había participado en la conspiración de los Idus de marzo aunque era partidario de los asesinos (quienes no le confiaron la conjura debido a su fama de imprudente). Enemigo manifiesto de Marco Antonio, Cicerón accedió a defender, no sin reservas, la posición del muchacho contra aquel, que había salido de Roma con sus propias legiones para plantar batalla a Décimo Bruto por la provincia de la Galia. 


Cicerón (David Bambers) y Marco Antonio (James Purefoy). Fotograma de la serie Roma

         Entre el 2 de septiembre de 44 a.C. y el 21 de abril de 43 a.C. Cicerón pronunció catorce discursos contra Marco Antonio, las llamadas Filípicas, que constituyen el culmen de la oratoria. Entre ellas destaca la segunda, una auténtica obra maestra de la inventiva, en la que usando todos los recursos retóricos a su alcance y con suma elegancia denigra a Antonio y sus seguidores de manera contundente. Del mismo modo, en la tercera alaba al heredero de César, tomando claramente partido: “Cayo César, que es un adolescente, casi un niño, por propia determinación en la que a la vez brillan la sabiduría y valor increíbles y casi divinos, cuando mayor era el furor de Antonio, cuando se temía su vuelta de Brindisi como la plaga más cruel y pestífera, ha organizado un poderoso ejército de invictos veteranos sin que se le pidiese, empleando su patrimonio en la salvación de la república, pues si este joven no hubiera detenido el ímpetu de aquel furioso la república hubiera sido destruida hasta en sus fundamentos. Por esto, padres conscriptos en el día de hoy debemos concederle autoridad para que pueda defender la república, no por espontánea protección suya, sino por encargo nuestro” (Filípica Tercera, 2). Sin embargo, en sus cartas privadas se burlaba de la candidez del muchacho y se jactaba de utilizarlo en su batalla personal con Antonio. “El chico debe ser elogiado, honrado y luego eliminado”. (Cicerón. Cartas, XI, 20,1), lo que llegó a oídos de Octavio, a quien no le agradó en absoluto. El propio narcisismo de Cicerón le impidió darse cuenta que era él, el viejo senador, quien  había caído en las redes de un adolescente de 19 años.

Cicerón habla ante el Senado. Detalle de los frescos de la sala Maccari del Senado italiano
Cesare Maccari. 1880. Roma

         Así, Octavio fue nombrado propretor y senador (diez años antes de la edad legal) logrando legitimizar su posición. Enseguida puso sus tropas al servicio de los Cónsules del año, Hircio y Pansa, con los que partió hacia Mutina (Módena) donde Marco Antonio (declarado enemigo público) tenía sitiado a Décimo Bruto. Antonio fue derrotado y marchó hacia el oeste con los restos de su ejército. Los cónsules murieron en la batalla por lo que Octavio se hizo con el mando de sus legiones. Desde ese momento, el joven, que para salvaguardar sus intereses y contra natura había tenido que acudir en ayuda de uno de los asesinos de su padre (algo que debió afectarle profundamente), dejó de cooperar con Décimo Bruto (según Apiano en su Historia de las Guerras Civiles se expresó del siguiente modo: “Mi naturaleza me prohíbe mirar y dirigirle la palabra a Décimo. Dejadle buscar su propia seguridad”). El Senado concedió un triunfo a Décimo Bruto, del mismo modo que ignoró totalmente a Octavio. El partido de los asesinos de César cobraba fuerza nuevamente.
Por todo esto, Octavio solicitó el consulado (vacante tras la muerte de los cónsules), lo que se consideró una exigencia desmedida, pues sólo tenía 20 años (La edad legal para acceder al consulado era 39-43 años). Con Cicerón en contra (que lo acusó de desmesurada ambición), y tras varios intentos infructuosos, Octavio marchó hacia Roma con su ejército lo que puso al Senado y a Cicerón contra las cuerdas. El 19 de agosto de 43 a.C., Cayo Julio César Octavio fue nombrado cónsul por primera vez. Inmediatamente, se apoderó del tesoro para pagar a sus tropas y consiguió que se aprobara por fin la lex curiata que lo convertía legalmente en el heredero de César. Su colega consular, Quinto Pedio hizo aprobar asimismo una ley que establecía un tribunal especial para juzgar a los asesino de César. El sol de los Julio volvía a brillar sobre Roma.

Retrato del Augusto de Prima Porta. H.F. Helmoid, 1901

Mención aparte merece la figura de Cicerón, el último gran defensor de la República, que tras estos últimos acontecimientos se retiró a su villa de Formia a esperar una muerte segura, ordenada por los triunviros, a instancias de Marco Antonio sólo meses después, el 7 de diciembre de ese mismo año 43 a.C. La crueldad de éste y de su mujer Fulvia con el cadáver fue extrema: él, ordenó cortarle las manos que habían escrito las Filípicas y colgarlas en la puerta del Senado; ella, traspasó con sus horquillas la lengua que las había pronunciado. Este ensañamiento hacia una figura tan preeminente conmocionó al pueblo romano y repugnó a Octavio, que sin embargó lo consintió, al no poder indisponerse contra Antonio en esta etapa de su vida.
El insigne orador y jurista, célebre por su ingenio, fue siempre rival de un César a quien no dudó en alabar a pesar de sus diferencias políticas; de pensamiento conservador y moderado defendió los ideales en que creía y los de la república hasta el final de la mejor manera que supo y como nadie ha conseguido superarlo jamás: con el don de la palabra. Se despidió de este mundo con el convencimiento y la amargura de que con él moría la república y que César, finalmente, había vencido incluso muerto; el inteligente Cicerón en sus últimos momentos pudo adivinar que el joven Octavio, era sin duda el más audaz de los que sobrevivían, el último y certero dardo que César había lanzado desde el más allá. Su triunfo definitivo.
Octavio, tras su victoria sobre Marco Antonio quiso restituir el honor de Cicerón y su familia: en el 30 a.C. nombró cónsul junto a él, al hijo de aquel, por lo que Marco Tulio Cicerón hijo fue el encargado de anunciar la muerte de Antonio y de ordenar la destrucción de todas sus estatuas en una muestra más de la nobleza de sentimientos del Príncipe. “De esta manera, la justicia divina confía a la familia de Cicerón los actos finales del castigo de Antonio” (Plutarco. Vidas  Paralelas). 

Marco Tulio Cicerón. S. I a.C. Roma. Museos Capitolinos

miércoles, 2 de abril de 2014

El Pórtico de Octavia


Pórtico de Octavia. Roma 2013

El Pórtico de Octavia fue construido por Augusto entre el 27 y el 23 a.C. en la zona del Circo Flaminio y dedicado a su querida hermana en el lugar donde desde el 143 a.C. se alzaba el Pórtico Metello. De considerables dimensiones (132 x 140 metros), se ubicaba junto el teatro erigido en honor al malogrado hijo de aquella, Marcelo. Enmarcaba un complejo que contenía los templos de Jupiter Estator y de Juno Regina, una schola, la Curia Octavia (de la que quedan restos de una exedra detrás de lo que fueron los dos templos) y una biblioteca patrocinada por la propia Octavia en memoria nuevamente de  Marcelo (la pérdida más dolorosa de su vida que la sumió en una profunda depresión).

Reconstrucción del Pórtico de Octavia
Fuente: Roma Capitale

Actualmente son visibles los restos del ingreso sobre el lado que da al Circo Flaminio. Entradas similares debieron levantarse al centro de los otros tres lados, pues el Pórtico tenía dos fachadas iguales y simétricas con cuatro columnas cada una encuadras por pilastras de capiteles corintios figurados coronados por un águila. Presentaba pórticos dobles en los lados más largos y simples en los más cortos.

Roma. 2013

Detalle de los capiteles de las columnas. Roma 2013

Detalle de capitel de una pilastra. Roma 2013

Sobre los lados del ingreso presenta paredes en ladrillo en origen revestidas con paneles de mármol blanco, con arcos que comunicaban el propileo con los pórticos externos. La techumbre se cubría a base de  tejas.
Fue restaurado en varias ocasiones a causa de incendios y fenómenos de la naturaleza como un terremoto en 442 d.C. Durante la Edad Media el propileo acogió el Mercado del pescado que estuvo en funcionamiento hasta 1885 año en fue trasladado a Piazza San Teodoro. Desde 1555 el Pórtico de Octavia forma parte del ghetto de Roma.

lunes, 31 de marzo de 2014

Mecenas o el poder de las artes

Cayo Cilnio Mecenas

Si buscamos en el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española la palabra mecenas la definición  que encontramos es la siguiente: “persona que patrocina las letras o las artes”. Dicho término alude a Cayo Cilnio Mecenas, el otro fiel consejero del emperador Augusto que destacó precisamente por su labor de protección de las artes y la literatura y, que poniéndolas al servicio del principado, creó un vehículo de propaganda sin precedentes en la historia. En los tiempos actuales se equipararía a un Ministro de Cultura.
Perteneciente a una rica familia noble de origen etrusco afincada en Arezzo, Mecenas nació en el año 70 a.C. Las primeras noticias que tenemos de él es cuando, por recomendación de Julio César, se une al círculo que acompaña a su sobrino nieto Octavio a Apolonia. Junto con Agripa, a pesar de las diferencias entre ambos, los tres jóvenes desde el primer momento establecieron unos fuertes vínculos que los mantendrían unidos durante toda su vida.

Agripa, Augusto y Mecenas

Frente al liderazgo militar de Agripa, Mecenas, si bien participó en alguna campaña militar, desempeñó sobre todo un papel decisivo como consejero y confidente de Augusto que reconoció que nunca había recibido mejores consejos de nadie. Incluso leía y corregía sus discursos. Intervino también como mediador en numerosas ocasiones como en el Tratado de Brindisi (40 a.C) que reconciliaría a los triunviros y que se refrendaría con la boda entre Marco Antonio y la dulce Octavia (hermana del futuro emperador) o en aquel con Sexto Pompeyo que culminó con la boda de Octavio y Escribonia, pariente de Sexto. También están sus consejos detrás de la estructura del Estado romano creada por Augusto en  la que las instituciones tradicionales sobrevivían despojadas de poder. En múltiples ocasiones se quedó al cargo de Roma en ausencia del Príncipe  (en 30 a.C. desbarató una conjura para matar a Augusto encabezada por el hijo del ex-triunviro Lépido). Todos los historiadores coinciden que gracias a la influencia de Mecenas, Augusto se dulcificó y humanizó su política.
Sin embargo, su mayor aportación al principado fue el descubrimiento y protección de jóvenes talentos literarios como Horacio (al cual regaló una villa en los Montes Sabinos) y por encima de todos al mejor poeta latino, Publio Virgilio Marón, quien le dedicó sus Geórgicas. Otros poetas a los que favoreció fueron: Propercio, Lucio Varo Rufo, Plocio Tucca, Cayo Valgio Rufo o Domicio Marso. Así elevó el tono de la vida literaria y cultural en la Era de Augusto y puso a todos los poetas de su círculo al servicio del régimen. El ejemplo más claro es La Eneida de Virgilio, una oda a la Gens Julia y a las virtudes de Augusto. 

Mecenas presentado las Artes Liberales al Emperador Augusto.
Giovanni Battista Tiepolo. 1745. San Petesburgo. Museo del Hermitage

Frente a la sencillez y seriedad de Agripa, Mecenas era un personaje bastante pintoresco, un sibarita de maneras exóticas y afeminadas. Llamaba la atención  su forma de llevar la túnica ceñida sobre las rodillas por lo que le pendía suelta hasta los pies igual que las mujeres o el modo de cubrirse la cabeza con el manto. Amaba la ostentación y el lujo, a la vez que sentía debilidad por las sedas, las joyas y la opulencia en los banquetes (puso de moda en las mesas más refinadas la carne de mono joven e incluso construyó la primera piscina climatizada de Roma). Veleyo Paterculo lo define como “Insomne en la vigilancia y en las emergencias del Estado, clarividente en sus reacciones, pero en los momentos de ocio era más suntuoso y afeminado que cualquier mujer”.

Villa de Mecenas en Tívoli. Jakob Philipp Hackert.1783. San Petesburgo. Museo del Hermitage

Mecenas también era escritor, sin embargo, la calidad de su prosa estaba muy alejada de la de sus protegidos. El propio Augusto se mofaba de él en tono cariñoso por su estilo y el uso de palabras raras.
A pesar de tener múltiples amantes de ambos sexos, estuvo casado con Terencia con la que pasó media vida discutiendo aunque siempre acababan reconciliándose. Y aquí aparece el motivo por el que las relaciones con Augusto se enfriaron hacia 23 a.C. Parece ser que Terencia mantuvo un affaire con el Príncipe, lo que no molestaba a Mecenas; el problema surgió a causa de la indiscreción que cometió el consejero al comentar asuntos de Estado con su esposa (una conspiración contra el principado en la que estaba implicado el hermano de Terencia, Aulo Terencio Varrón Murena y a la que ella advirtió de correr peligro). Este asunto irritó mucho a Augusto. El propio Suetonio lo comenta en su Vida de Augusto “Echó en falta discreción en Mecenas pues había revelado a su mujer Terencia el secreto en que se tenía el descubrimiento de la conjura de Murena”. Siguieron relacionándose con cierta cordialidad y Augusto continúo recurriendo a él de vez en cuando en busca de consejo pero el emperador lo excluyó de su círculo íntimo de máxima confianza.
Así y todo, Mecenas lo nombró su heredero cuando murió en el septiembre del 8 a.C. Mecenas era hipocondriaco y temía mucho a la muerte. Para tranquilizarlo Horacio le dedicó una oda bellísima (Oda 2, 17, 8-12) en la que le prometía seguirle en la muerte, promesa que cumplió, pues murió dos meses después que su patrón:

“El mismo día
tirarán tierra sobre los dos:
Presto el juramento del soldado:
tú diriges e iremos los dos juntos,
preparados para pisar el camino
que pone fin a todos los caminos,
como amigos inseparables”

El comportamiento de Mecenas fue imitado por muchos a través de los siglos. El caso más significativo es el de Los Medici en Florencia que reunieron en su torno a sí los más grandes talentos de su tiempo.

martes, 25 de marzo de 2014

Retratos de Augusto

A excepción del busto de la Gliptoteca de Munich (mi favorito entre los que se conservan del emperador) la Exposición ha logrado reunir los más importantes retratos de Augusto. Ya se han analizado los dos más imponentes: el Augusto de Prima Porta y el Pontifex Maximus. Ahora quiero hacer una recopilación de otros tantos interesantes en los que se refleja su evolución desde un joven triunviro ansioso de poder a la imagen serena de un príncipe perfecto de belleza apolínea acorde con las reformas de la moral y la dignitas que él mismo impulsó. 
  • Busto de Octaviano. 40 a.C. Roma. Museos Capitolinos


         Este modelo tan fidedigno, en el que se aprecian sin ninguna duda los rasgos del futuro Augusto, es el primer tipo de retrato oficial que se le conoce. Aquí el heredero de César (con tan sólo 23 años) se nos muestra en toda su plenitud; de rostro delgado y cabellos despeinados hacia un lado, su expresión tensa está llena de la ambición que habría de llevarlo a detentar el poder absoluto. El ceño fruncido concentra la fuerza expresiva en la mirada, de la cual emanaba ese ímpetu divino,  del que tanto hablan las fuentes.
Transmite la imagen de un hombre de acción, de un líder resolutivo que a pesar de su corta edad se enfrenta a la misión de reorganizar la República a través del apoyo del pueblo y de sus legiones a las que guía con absoluta seguridad. 

  • Estatua ecuestre del Mar Egeo. Último cuarto del Siglo I a.C. Atenas. Museo Arqueológico Nacional
         

        Este tipo ecuestre en bronce, único que se ha conservado de la Edad Augustea, fue encontrado en los años 70 en el Mar Egeo junto a la Isla de Eubea.
Puede datarse casi con toda seguridad con posterioridad a la Batalla de Accio, pero no mucho más por su parecido fisonómico al busto anterior, aún exento de un alto grado de idealización, aunque su rostro es más maduro. Muestra al Príncipe con la vestimenta militar propia de los equites senatoriales (una túnica con una tira púrpura denominada clavus purpurea) con una espada al lado y el manto de flecos de campaña cubriendo sus hombros atado sobre el brazo derecho por un broche lo que lleva a la interpretación de la escultura como un general victorioso que regresa de la campaña dotado de un imperium legítimo. Su mano derecha alzada en posición de saludo refuerza esta imagen.

  • Busto con corona cívica. 27 a.C. Roma. Museos Capitolinos
     

       En uno de sus bustos más bellos el príncipe ciñe sus sienes con una espectacular corona que según algunos es de mirto y para otros es una corona triunfal de oro enriquecida con tres grandes piedras preciosas. El rostro no difiere mucho del modelo Prima Porta (impuesto a partir del 27 a.C cuando recibe el título de Augusto) que lo idealiza y lo priva de toda expresión lo que incrementa la espiritualidad.

  • Busto de Augusto de Meroe (Nubia). 29-20 a.C. Londres. Museo Británico


Es un retrato en bronce que sigue también la estela de Prima Porta; sin embargo difiere de éste en el vigoroso movimiento de la cabeza y en la boca semiabierta lo que le confiere una mayor expresividad, que se acentúa en la mirada en la que el excelente estado de conservación de la policromía hace recordar el “fulgor del sol” que atribuye Suetonio al rostro de Augusto.

  • Escultura de Augusto heroizado. siglo I d.C. Arlés. Musée departemental Arles Antique


 Esta escultura colosal (mide 2,30 metros) fue hallada en el teatro antiguo de Arlés (Francia). El modelo a seguir es nuevamente el de Prima Porta y el Doríforo de Policleto con sus formas plenas y geométricas. El cuerpo semidesnudo se cubre con unos ropajes en los que están conseguidos el estudio de los pliegues. En el rostro se identifican las dulces facciones del Príncipe aunque esculpidas de forma más rudimentaria lo que puede deberse a que sea una obra local no importada desde Roma. Aquí el emperador se identifica con Júpiter, padre de todos los dioses, en un tipo de representación que como ya he indicado en otra ocasión no le era muy grata.

jueves, 20 de marzo de 2014

El Foro de Augusto


     Foro de Augusto. Roma 2013

         La obra más colosal del Principado de Augusto es su propio Foro. Siguiendo el ejemplo del Foro César, Augusto levantó en terrenos de su propiedad y, perpendicular a aquel, un imponente complejo dominado por el templo de Marte Vengador. Su forma irregular se debe a que el primer emperador no quiso expropiar las viviendas colindantes y tuvo que adaptarlo a la orografía del terreno.
Comenzado en 30 a.C. e inaugurado en 2 a.C, tenía la misma finalidad que el Foro Julio: ampliar los espacios del Foro romano a la vez que glorificar a la gens Julia y al propio emperador.
La plaza porticada tenía forma rectangular y medía 125 x 118 metros. El pórtico, de columnas corintias, estaba dominado por un ático muy alto con escudos y cariátides copiadas del Erecteion de Atenas.

Reconstrucción del ático del Foro de Augusto
Fuente: Roma Capitale

Restos del ático del Foro de Augusto. Roma 2013

         La gran originalidad es que el conjunto del Foro estaba flanqueado por dos exedras semicirculares en las que Augusto colocó las estatuas de los más famosos Caudillos de las historia de Roma (entre las que sobresalía la de Julio César) y la República enlazándolos de alguna manera con su familia. En el centro de la plaza se instaló una cuadriga en bronce dedicada al Príncipe.

Reconstrucción del Foro de Augusto

Dominaba el conjunto el templo de Marte Vengador, el homenaje en piedra a la venganza obtenida sobre los asesinos de César y que el propio Augusto prometió en la víspera de la batalla de Filipos, en la que aquellos fueron aniquilados. Era octástilo y períptero, de grandes dimensiones. De orden corintio, se alzaba sobre un alto podio al modo romano. En el interior de la cella estaban dedicadas estatuas a Marte y Venus y se conservaba la espada de Julio César. Al su lado se hallaba la Sala del Coloso, destinada al culto imperial, donde  se exhibían importantes obras de arte junto a una escultura colosal de Augusto. Tenía un zócalo hasta la altura de la escultura (más o menos 11 metros) realizado a partir de mármoles de colores.

Reconstrucción del Templo de Marte Vengador


Restos del Templo de Marte Vengador. Roma 2013

Detalle de los capiteles del Templo de Marte Vengador. Roma 2013

Restos del Foro de Augusto. Roma 2013

Para proteger al Foro de la inmundicia de la Suburra (el barrio más pobre de Roma situado detrás de él y en el que se producían numerosos incendios), Augusto hizo levantar un muro de 33 metros de altura que separara al Foro de aquel lo que daba una sensación de espacio cerrado.


Restos del muro que separaba el Foro de la Suburra. Roma 2013

            El Foro es la materialización de las ideas de un hombre que detentaba el poder absoluto aunque velado bajo la apariencia de apego a la tradición, lo que queda patente en el homenaje en las exedras a los héroes de la República.
          La funcionalidad del Foro era sobretodo la de crear espacios para impartir justicia. Otras ceremonias se instauraron en el Templo de Marte Vengador: la asunción de la toga virilis por lo jóvenes, los rituales previos de partir hacia una batalla, etc. Su altar se convirtió en el lugar de ofrendas del botín saqueado a los distintos enemigos vencidos.
       En el siglo I d.C. Tiberio erigió sendos arcos en dos de sus entradas, dedicados a sus hijos Druso y Germánico.
Precisamente el Foro de Augusto se convertirá a partir del 21 de abril (día en el que cumple el 2767 aniversario de la fundación de Roma) en el centro de las celebraciones del bimilenario. Hasta el 18 de septiembre un espectáculo de luces en 3D reconstruirá el Foro a partir de los restos que se conservan. Asimismo y a través de medios audiovisuales se contará la historia del Pater Patriae y de la metrópoli.


Reconstrucción de la fachada y el ático de los pórticos

Reconstrucción del Pórtico y las exedras

Reconstrucción de la Sala del Coloso

miércoles, 19 de marzo de 2014

Exposición Moi Auguste Empereur de Roma

          

        Con el nombre de “Moi, Auguste, Empereur de Rome”, hoy día 19 de marzo de 2014 ha abierto sus puertas en Les Galeries nacionales du Grand Palais de París la gran Exposición sobre Augusto.
En un  recorrido diferente y más amplio (frente a los 800 m2  de Roma aquí cuenta con un espacio de 1400 m2) se ha querido mostrar no sólo el desarrollo de los aspectos relativos a la ciudad de Roma sino también su reflejo en las provincias, entre las que la Galia destacaba en cuanto a fidelidad al régimen imperial.
Augusto no es tan conocido en la Galia como su predecesor César (el conquistador de los galos) sin embargo, él fue quien pacificó esta región por completo e inició su romanización
Con un fin eminentemente pedagógico se exponen 375 piezas (125 más que en la muestra romana) entre las que destaca por encima de todas la imponente figura de Augusto de Prima Porta que por primera vez ha salido de Roma acompañado de una fuerte escolta policial que lo ha custodiado hasta París.
En la capital italiana sobrevuela el ligero malestar de que la mayor parte del año dedicado al bimilenario de su muerte, Augusto va a estar más presente en otro lugar que en la propia ciudad Roma. Aunque las circunstancias económicas así lo han querido, Roma no va a dejar de honrarlo e intentará ofrecerle lo mejor de ella misma. Sin embargo, si Augusto pudiera opinar, el mayor homenaje que podría desear sería ver como su amada ciudad sigue siendo la capital de uno de los países más importantes del mundo, la única urbe de la antigüedad que ha logrado mantener intacto su prestigio y esplendor, la única que siempre será eterna, en la que lo mármoles con los que él la cubrió siguen resplandeciendo bajo la luz de sol. 

domingo, 16 de marzo de 2014

Agripa, la sombra del Príncipe. 2ª Parte


Monumento a Agripa. Mérida 2014

Me ha sido imposible condensar en una única reseña una figura tan inmensa como la de Agripa. Por este motivo voy a dedicar una segunda a las otros campos en los que destacó.
En primer lugar quiero referirme a la faceta de Agripa como cartógrafo. Los romanos creían que el mundo era más o menos circular englobado únicamente por Europa, África y Asia y rodeado de agua. Casi todo ese vasto territorio estaba bajo la égida de Roma. Los mapas eran muy raros en el mundo antiguo. El mapa que Augusto encargó a Agripa, el orbis terrarum, reflejaba en él, de forma muy diferente a los mapas griegos,  un gran número de ciudades enlazadas por la red de calzadas de Roma. Agripa lo realizó a partir de informes que enviaban viajeros, generales y gobernadores romanos. Era bastante fiable. Tenía la finalidad de ayudar a los administradores imperiales, gobernadores provinciales y generales. Asimismo quería reflejar el poder del imperio romano. El mapa fue pintado en la pared del Pórtico Vipsania, aunque de él se hicieron muchas copias.

Orbis terrarum de Agripa. Copia de la Edad Media

Por otro lado, Agripa dedicó parte de su vida a escribir una autobiografía, que desgraciadamente se ha perdido.
Aunque también destacó inventando maquinaria de guerra, las grandes pasiones de Agripa fueron sin duda alguna la ingeniería y la arquitectura.
Como gran estratega militar, Agripa sabía que el éxito de una campaña no dependía únicamente del campo de batalla sino del dominio sobre el terreno. De ahí su primera obras de ingeniería: el Portus Iulius en la Bahía de Nápoles que se convirtió en un refugio estratégico en la lucha contra las naves pompeyanas derrotadas en Naulocos.

Portus Iulius

En Roma, lo primero que hizo durante su etapa de edil fue modernizar el circuito de circulación del agua a través de los acueductos. Se restauró el Aqua Marcia y se inició la construcción de dos nuevos acueductos: el Aqua Iulia y el Aqua Virgo. Asimismo creó un cuerpo de esclavos que se encargaran del mantenimiento y saneamiento de los mismos así como de la Cloaca Máxima. 

Agripa ordenando la construcción del Agua Virgo. Relieve de la Fontana de Trevi.  Nicola Salvi. 1629.  La famosa fontana se construyó en el lugar donde finalizaba el recorrido de ese Acueducto. Roma 2018

Se pavimentaron y cubrieron de mármol las calles y durante un período (27-24 a.C)  que se encargó del gobierno de Roma en ausencia de Augusto que se encontraba en Hispania, se dedicó a la construcción de grandes obras públicas en una gran área del Campo de Marte que comprendía:
  •      Las Termas de Agripa. Los primeros grandes baños públicos que se construyeron en la capital del Imperio.
  • Una Basílica. Dedicada al dios Neptuno.
  • La Saepta Iulia. Finalizó este proyecto iniciado por Julio César. Era el lugar para realizar las votaciones.
  • El Diribitorium: Era el lugar donde se recontaban los votos.
  • El Estanque de Agripa
  • Poniendo el broche de oro a todo el conjunto, el maravilloso Panteón, para glorificar a la gens Julia.
  • El estanque de Agripa.

Maqueta del área de Agripa en el Campo de Marte
Fuente: http://www.maquettes-historiques.net/P22.html

       En su etapa de Gobernador de la Galia construyó una red de calzadas y la Maison Carreè en Nimes dedicado al culto imperial, e inició los cuatro grandes acueductos franceses, entre los que destaca el famoso Pont du Gard.

Maison Carree. Nimes. 16 a.C.

Pont du Gard. Nimes. 19 a.C.
En Hispania, aunque se piensa que planificó el urbanismo de Zaragoza (Caesaraugusta) y de otras ciudades españolas, su legado más impresionante es la ciudad de Mérida (Emerita Augusta), donde diseñó los puentes, acueductos, el anfiteatro y el majestuoso teatro, uno de los mejor conservados del arte romano.

Teatro romano.16-15 a.C. Mérida 2005

Inscripción en el teatro donde se recoge el patronazgo de Agripa. Mérida 2014

Anfiteatro. 8 a.C. Mérida 2014

Puente romano. Siglo I a.C. Mérida 2014

No me he detenido en el comentario de ninguna de la obras porque la mayoría de ellas serán analizadas en meses sucesivos en la sesión Un paseo por la Roma de Augusto y en la nueva sesión que abriré más adelante que se llamará Augusto y las provincias.