lunes, 24 de febrero de 2020

Tras la tumba de Rómulo



La pasada semana tuvo lugar un descubrimiento excepcional en el Foro Romano ligado a los orígenes de la ciudad, y más en concreto a Rómulo, el mítico fundador de Roma. Bajo la escalera de acceso a la Curia Julia ha aparecido un sarcófago de 1,40 metros realizado en toba, que se ha asociado con Rómulo. Según los arqueólogos del Parco Colosseo no se trataría de su tumba (pues no se ha encontrado ningún resto humano) pero sí afirman que estaríamos ante un cenotafio dedicado a la memoria del héroe, levantado en el siglo VI (en fechas próxima a su muerte) junto al Lapis Niger para honrar su memoria. El Lapis Niger está asociado funestamente a Rómulo pues algunos creen que marcaba el lugar de la tumba o el lugar donde fue asesinado, aunque otras fuentes sitúan este suceso en el Campo de Marte.
Los antiguos romanos afirmaban que Rómulo había sido asesinado por un grupo de senadores y que su cuerpo había sido despedazado. No obstante, la leyenda recogida por algunos historiadores clásicos afirmaba que Romulo había ascendido a los cielos convirtiéndose en el dios Quirino. Ambas versiones refuerzan la idea de que el sarcófago esté vacío.



Algo que también refuerza las teorías de los arqueólogos es que Varrón escribió en el siglo I a.C. que Rómulo había sido sepultado detrás de la Rostra en la misma posición que se ha encontrado el espacio funerario.
Los investigadores iban tras la pista dejada hace 120 años por el arqueólogo Giacomo Boni que había señalado que en “El Foro Romano a pocos metros del Santuario del Lapis Niger y del Comicio, está la tumba de un héroe”. No sabemos por qué no le dio la debida importancia y la idea se perdió en la memoria del tiempo, ayudada por la construcción de la escalinata de la Curia Julia en 1990 que tapó por completo la zona.
No obstante, hay que ser muy prudentes y esperar a los resultados finales de la investigación que se reanudará en el mes de abril y se pretende que sea visitable dentro de dos años
Independientemente a la leyenda a mí me gusta creer que el primer rey de Roma existió y estos descubrimientos arqueológicos nos acercan a esa teoría. Esperemos que en unos meses podamos tener algo más claro.


La loba Capitolina. Siglo V a.C.  Museos Capitolinos, Roma 2018. Foto propiedd de Francisco Javier Díaz Benito

“Su elevación a la inmortalidad se produjo cuando Rómulo pasaba revista a su ejército en el "Caprae Palus" en el Campo de Marte. Una violenta tormenta se levantó de pronto y envolvió al rey en una nube tan densa que le hizo casi invisible a la Asamblea. Desde ese momento ya no se volvió a ver a Rómulo sobre la Tierra. Cuando los temores de los jóvenes romanos se vieron aliviados por el regreso de un sol brillante y de la calma tras un tiempo tan temible, vieron que el asiento real estaba vacío. Creyendo plenamente la afirmación de los senadores, que habían estado situados cerca de él, de que había sido arrebatado al cielo en un torbellino, todavía quedaron, por el miedo y el dolor, algún tiempo sin habla como hombres repentinamente desconsolados. Por fin, después que algunos tomasen la iniciativa, todos los presentes aclamaron a Rómulo como "un dios, el hijo de un dios, el rey y Padre de la Ciudad de Roma". Suplicaron por su gracia y favor, y rezaron para que fuera propicio a sus hijos y les guardase y protegiese. Creo, sin embargo, que aun entonces hubo algunos que secretamente dieron a entender que había sido descuartizado por los senadores (una tradición en este sentido, aunque ciertamente muy tenue, ha llegado a nosotros).
              La otra, que yo sigo, ha prevalecido debido, sin duda, a la admiración sentida por los hombres y la aprensión causada por su desaparición. Esta creencia generalmente aceptada fue reforzada por la disposición inteligente de un hombre. La tradición cuenta que Próculo Julio, un hombre cuya autoridad tenía peso en los asuntos de la mayor importante, viendo cuán profundamente sentía la plebe la pérdida del rey y lo indignados que estaban contra los senadores, se adelantó en la asamblea y dijo: "¡Quirites! al rayar el alba, hoy, el Padre de esta Ciudad de repente bajó del cielo y se me apareció. Mientras que, emocionado de asombro, quedé absorto ante él en la más profunda reverencia, rogando ser perdonado por mirarle, me dijo: "Ve y di a los romanos que es la voluntad del cielo que mi Roma debe ser la cabeza de todo el mundo". Que en adelante cultiven las artes de la guerra, y hazles saber con seguridad, y que transmitan este conocimiento a la posteridad, que ningún humano podrá resistir las armas romanas".
Es prodigioso el crédito que se dio a la historia de este hombre, y cómo el dolor del pueblo y del ejército se calmó con el convencimiento que él creó sobre la inmortalidad de Rómulo”. (Tito Livio, Ad Urbe Condita, Libro 1).

domingo, 23 de febrero de 2020

Nerón en la ficción



Nerón ha aparecido en numerosas ocasiones en literatura, cine o televisión ya sea como personaje principal o secundario.
Desde la antigüedad, la imagen de Nerón que se ha difundido es casi siempre negativa, no habiendo llegado hasta nosotros ningún relato de su vida de contemporáneos suyos. Tácito en sus Anales, Suetonio en Vidas de los Doce Césares y Dión Casio en su Historia Romana (que escribieron entre finales del siglo I d.C. y el siglo II) siguen esta línea, aunque se contradicen entre ellos en las versiones de diferentes episodios decisivos. No obstante, Flavio Josefo (siglo I d.C.) y el propio Tácito dudan en ocasiones de la veracidad de los escritos contra Nerón.
Pero fue la tradición cristiana posterior la que difundió la peor leyenda de Nerón siendo reconocido incluso como el Anticristo. Tertuliano (siglo II) consideró a Nerón el primer perseguidor de cristianos. Otros autores como Commodiano difundieron esta teoría en la Edad Media.


En 1613, La tienda de oro de Joost van den Vondel hace comparaciones de personajes colocando a Nerón por encima de Eneas por el asesinato de su madre. En 1693 Jean François Nodot adaptó de forma literaria El Satiricón de Petronio, resaltándose la vida desenfrenada del emperador. Ya en los inicios del siglo XVIII, François de Salignag publica Dialogues des morts en el que Nerón y Calígula conversan intentando dilucidar quien fue más cruel de los dos. A mediados del mismo siglo, Alonso Verdugo Castillo escribe “Al incendio de Roma” donde vuelve a reflejar un emperador sanguinario y caprichoso.


En el siglo XIX tampoco decae el interés por Nerón, cuya vida se desgrana en una serie de obras como Acté de 1841 de Alejandro Dumas o L’Antichrist de 1873 de Ernest Renan. No obstante, la más famosa obra en la que aparece Nerón y que inmortalizó  el retrato que en general tenemos de él en la actualidad es Quo Vadis? de Joseph L. Sienkiewickz de 1894 donde un Nerón histriónico somete a tortura a los primeros cristianos tras culparlos de haber provocado el incendio de Roma. La obra se hace eco de la peor leyenda transmitida desde los clásicos sobre el emperador.
En el siglo XX las novelas más destacables sobre Nerón serán las de Lion Feuchtwanger, Der falsche Nero de 1936 y la de John Richard Hersey de 1972 sobre la conjura de Pisón, The Conspiracy. Otras obras interesantes son Proceso a Nerón y Memorias de Agripina de Pierre Grimao o el Yo, Nerón de Juan Eslava Galán. Esta última está dentro de la corriente histórica dedicada a recuperar la maltratada figura del hijo de Agripina. Estudios de este tipo abundan en la actualidad.

Peter Ustinov como Nerón

En cuanto al cine son múltiples las versiones de Quo Vadis? basada en el best seller de Joseph L. Sienkiewickz, siendo la más lograda la de 1951 dirigida por Mervin Le Roy y que encumbró a Peter Ustinov como la imagen más reconocida de Nerón. Dentro de la temática de persecución de los primeros cristianos se encuadran también El Signo de la Cruz (1932) en el que Nerón es encarnado por Charles Laughton, El Cáliz de plata (1954) interpretado por Jacques Aubuchon o Barrabás (1961), en la que Ivan Triesault da vida al mediático emperador.
Por su parte en televisión, Nerón (Christopher Biggins) aparece al final de la serie Yo, Claudio de 1976  o en la miniserie Imperio (Hans Matheson) de 2004. También aparece como villano en Las pruebas de Apolo de Percy Jackson o en la famosa saga de videojuegos Fate, en la que se exhibe como un personaje femenino que oculta su verdadera identidad de emperador.

domingo, 9 de febrero de 2020

El sistema monetario romano


Monedas romanas

El sistema monetario constituía la base del comercio romano, aunque en los primeros tiempos se usaba, al igual que en el resto de civilizaciones antiguas, el trueque. Aproximadamente a principios del siglo V a.C., este sistema fue cambiando.
Las unidades de los primeros sistemas monetarios romanos eran unos lingotes de cobre sin marca o inscripción alguna llamados aes rude. Este método no era sencillo porque obligaba a hacer tasaciones para determinar las equivalencias o a pesar y evaluar la pureza de los metales.


Aes rude
Fuente: By Chuy1530 - Own work, CC BY-SA 3.0, 

No obstante, el primer vestigio de moneda circular es el as elaborado en bronce fundido o cobre, que surgió a mediados del siglo III a.C. Tenía varias divisiones dependiendo del peso del metal: as libralis (1 libra), semis (1/2), triens (1/3), quadrans (1/4), sextans (1/6), uncia (1/12). Poco a poco el as y sus variantes fueron perdiendo peso, debido entre otras cosas a la gran abundancia de plata que empezó a llegar a Roma a partir de la expansión de las conquistas, lo que hizo que perdiera valor, dejándose el cobre y el bronce para las monedas fraccionarias.


Antiguo as romano
Fuente: De Classical Numismatic Group, Inc. http://www.cngcoins.com, CC BY-SA 3.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=37054217

En bronce se acuñaba también el dupondio con un valor de 2 ases o medio sestercio. A partir de Augusto, el personaje que aparece representado siempre aparece coronado por una corona radial similar a la del dios Helios, para diferenciarla del as y el sestercio que eran similares en esa época.

Dupondio de Augusto

           
Tetradracma con perfil de Augusto

Las primeras monedas de plata, surgidas en el siglo III a.C., seguían el modelo de las didracmas griegas que circulaban en el sur de Italia;  probablemente se acuñaban allí, hasta que a mediados de ese mismo siglo parece ser que se instaló la Ceca en Roma en el Templo de Juno Moneta (palabra de la que deriva el término moneda). Las acuñaciones eran vigiladas por los tresviri monetales, magistrados nombrados para tal fin. Estas primeras monedas solían llevar grabadas la leyenda ROMA o ROMANO. Aproximadamente en el 187 a.C. apareció el denario de plata (del que deriva la palabra dinero) y sus divisiones: el quinario y el sestercio.
El denario en sus inicios equivalía a 10 ases trientales pero con posterioridad valdría 16 ases. Esta moneda se usó más durante la República que durante el Imperio y se decoraba con divinidades como la diosa Roma, Apolo, Júpiter, etc y leyendas que representaban a las familias consulares que habían encargado la acuñación. Durante el Imperio en el denario de plata siempre se representaba el perfil del emperador. Desde la época de Nerón redujo su valor a la mitad, siendo restituido por Dioclesiano.



Denario de tiempos de Augusto

Aunque el sestercio en sus orígenes fue una moneda de plata (1/4 de denario o 2,5 ases), posteriormente a partir de Augusto comenzó a acuñarse en latón y en bronce (4 ases). Solían mostrar al emperador o su familia en una cara y en la otra, cualquier acontecimiento  que deseaban honrar. Era el Senado quien ordenaba la acuñación de estas monedas (oro y plata estaban bajo tutela imperial). Los gobernadores de las provincias también podían acuñar monedas, pero siempre con la figura del emperador en una cara.


Sestercio Augusto

Las monedas de oro (áureos) alcanzaron mayor difusión en época de Augusto, aunque ya existían en tiempos de la República. Su valor fluctuó entre los 25 denarios en los inicios del siglo I d.C. y los 20 con Caracalla (siglo II d.C.).



Áureo de Augusto

En realidad estas monedas eran demasiado valiosas para las transacciones corrientes, por lo que se usaban otras de menor valor hechas en bronce, cobre o latón (semis, triente, cuadrante, sextante y onza). En el Bajo Imperio aparecieron nuevas monedas de bronce o cobre como el follis y el centenionalis. Con Constantino se acuñaron monedas con estos metales conocidas como  AE1, AE2, etc.