domingo, 9 de febrero de 2020

El sistema monetario romano


Monedas romanas

El sistema monetario constituía la base del comercio romano, aunque en los primeros tiempos se usaba, al igual que en el resto de civilizaciones antiguas, el trueque. Aproximadamente a principios del siglo V a.C., este sistema fue cambiando.
Las unidades de los primeros sistemas monetarios romanos eran unos lingotes de cobre sin marca o inscripción alguna llamados aes rude. Este método no era sencillo porque obligaba a hacer tasaciones para determinar las equivalencias o a pesar y evaluar la pureza de los metales.


Aes rude
Fuente: By Chuy1530 - Own work, CC BY-SA 3.0, 

No obstante, el primer vestigio de moneda circular es el as elaborado en bronce fundido o cobre, que surgió a mediados del siglo III a.C. Tenía varias divisiones dependiendo del peso del metal: as libralis (1 libra), semis (1/2), triens (1/3), quadrans (1/4), sextans (1/6), uncia (1/12). Poco a poco el as y sus variantes fueron perdiendo peso, debido entre otras cosas a la gran abundancia de plata que empezó a llegar a Roma a partir de la expansión de las conquistas, lo que hizo que perdiera valor, dejándose el cobre y el bronce para las monedas fraccionarias.


Antiguo as romano
Fuente: De Classical Numismatic Group, Inc. http://www.cngcoins.com, CC BY-SA 3.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=37054217

En bronce se acuñaba también el dupondio con un valor de 2 ases o medio sestercio. A partir de Augusto, el personaje que aparece representado siempre aparece coronado por una corona radial similar a la del dios Helios, para diferenciarla del as y el sestercio que eran similares en esa época.

Dupondio de Augusto

           
Tetradracma con perfil de Augusto

Las primeras monedas de plata, surgidas en el siglo III a.C., seguían el modelo de las didracmas griegas que circulaban en el sur de Italia;  probablemente se acuñaban allí, hasta que a mediados de ese mismo siglo parece ser que se instaló la Ceca en Roma en el Templo de Juno Moneta (palabra de la que deriva el término moneda). Las acuñaciones eran vigiladas por los tresviri monetales, magistrados nombrados para tal fin. Estas primeras monedas solían llevar grabadas la leyenda ROMA o ROMANO. Aproximadamente en el 187 a.C. apareció el denario de plata (del que deriva la palabra dinero) y sus divisiones: el quinario y el sestercio.
El denario en sus inicios equivalía a 10 ases trientales pero con posterioridad valdría 16 ases. Esta moneda se usó más durante la República que durante el Imperio y se decoraba con divinidades como la diosa Roma, Apolo, Júpiter, etc y leyendas que representaban a las familias consulares que habían encargado la acuñación. Durante el Imperio en el denario de plata siempre se representaba el perfil del emperador. Desde la época de Nerón redujo su valor a la mitad, siendo restituido por Dioclesiano.



Denario de tiempos de Augusto

Aunque el sestercio en sus orígenes fue una moneda de plata (1/4 de denario o 2,5 ases), posteriormente a partir de Augusto comenzó a acuñarse en latón y en bronce (4 ases). Solían mostrar al emperador o su familia en una cara y en la otra, cualquier acontecimiento  que deseaban honrar. Era el Senado quien ordenaba la acuñación de estas monedas (oro y plata estaban bajo tutela imperial). Los gobernadores de las provincias también podían acuñar monedas, pero siempre con la figura del emperador en una cara.


Sestercio Augusto

Las monedas de oro (áureos) alcanzaron mayor difusión en época de Augusto, aunque ya existían en tiempos de la República. Su valor fluctuó entre los 25 denarios en los inicios del siglo I d.C. y los 20 con Caracalla (siglo II d.C.).



Áureo de Augusto

En realidad estas monedas eran demasiado valiosas para las transacciones corrientes, por lo que se usaban otras de menor valor hechas en bronce, cobre o latón (semis, triente, cuadrante, sextante y onza). En el Bajo Imperio aparecieron nuevas monedas de bronce o cobre como el follis y el centenionalis. Con Constantino se acuñaron monedas con estos metales conocidas como  AE1, AE2, etc.

domingo, 26 de enero de 2020

Conclusiones finales del Principado de Nerón

A pesar de la imagen sumamente negativa con la que Nerón ha pasado a la posteridad, su Principado se caracterizó por un período de prosperidad y paz, considerado por algunos autores como uno de los más atractivos de la Antigüedad. Muchos coinciden que la personalidad y el carisma de Nerón fueron elementos decisivos para ello. Los historiadores de la época, entre ellos Plutarco valoraron positivamente su obra mientras que Otón y Vitelio (emperadores tras la muerte de Galba) intentaron revalorizar su figura e imitarla. Fue la dinastía Flavia en su intento de rivalizar con la dinastía precedente las que inició el descrédito del último representante de aquella.

Denario con la efigie de Nerón

La principal característica del Principado de Nerón fue el intento de instaurar una monarquía absoluta basada en las monarquías orientales y helenísticas que identificaba al César con los dioses. No obstante, la idea no es nueva, pues la misma dinastía Julio Claudia se jactaba de descender del troyano Eneas y de la diosa Venus, acentuando un origen heroico y divino. Así, la cultura, la lengua, las costumbres e incluso la religión greco oriental estaban cada vez más presentes de Roma. Nerón llevo estas manifestaciones a su máximo esplendor orientándolas fundamentalmente hacia los espectáculos públicos en una doble vertiente: reforma estética y atracción de las masas populares.
A pesar de ello no hubo grandes programas innovadores en la administración. Sin embargo, cuando se necesitó incrementar las arcas del Estado se tomaron principalmente dos medidas de gran alcance: la apropiación de la fortuna de senadores ricos condenados por lesa majestad y la reforma monetaria. La primera medida comenzó a llevarse a cabo principalmente a partir de la Conjura de Pisón y contra los participantes de las sucesivas conspiraciones contra el emperador.
En los inicios de su gobierno se intentaron suprimir algunos impuestos indirectos como el del peaje, pero al afectar a los intereses de muchos caballeros volvieron a instaurarse. No obstante, tras el incendio del año 64 d.C. se llevó a cabo una reforma monetaria. Se modificó el valor de las diferentes monedas, por ejemplo, la moneda de oro o aureus que correspondía a 1/40 de libra pasó a tener 1/45. Esto se resume en que un antiguo áureo de 7,70 gramos tenía un valor de 25 denarios de 3,70 gramos mientras que uno de los nuevos equivalía a 25 denarios de 3,25 gramos. Estas medidas beneficiaron, además de al Estado, a los medianos propietarios.
En cuanto a la política exterior, en general no hubo conflictos de gran envergadura durante este período salvo un intento de rebelión en Britania y algunos conflictos en Partia. Ambos se resolvieron eficazmente. A su vez, el reino del Bósforo fue anexionado a Roma. Por ello, para la vigilancia del comercio entre las orillas del Mar Negro y el Mediterráneo se creó una flota de 40 naves, la classis Pontica, cuya finalidad era defender las naves comerciales del ataque de piratas.

Vespasiano. Siglo I d.C. Museo Pushkin. San Petesburgo
Fuente: De shakko - Trabajo propio, CC BY-SA 3.0, 
https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=3244629

Mayores conflictos tuvieron con los judíos pues en el año 61 la guarnición romana en Judea fue aniquilada. El año 66 fueron confiscados por Roma los tesoros del templo y la rebelión se extendió por todos los territorios de Judea.  Nerón puso al frente de un gran ejército que restableciera la paz en la zona al que sería emperador años después: Tito Flavio Vespasiano que poco a poco fue eliminado los focos de resistencia. Pero sólo su hijo Tito concluyó su obra con la toma y destrucción de Jerusalén llevada a cabo en el año 70 d.C.

domingo, 19 de enero de 2020

La muerte de Nerón, el fin de una dinastía


Remordimientos de Nerón tras la muerte de su madre. J. William Waterhouse. 1878
Fuente: Di John William Waterhouse - sconosciuta, Pubblico dominio, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=1170898

Nerón, preso de la desesperación, tras los últimos acontecimientos que habían llevado a Marco Sulpicio Galba a proclamarse emperador, huyó de la Domus Aurea. “Entretanto, también la defección de los demás ejércitos le fue anunciada en una carta que le entregaron mientras almorzaba; Nerón la hizo añicos, volcó la mesa, estrelló contra el suelo dos copas que le gustaba muchísimo utilizar […], y, después de haber pedido a Lucusta un veneno que guardó en una cajita de oro, se dirigió a los Jardínes de Servilio” (Suetonio, Vida de Nerón, 47, 1). Continúa Suetonio diciendo que todo los intentos de Nerón de reunir un ejército y atraer a los pretorianos fueron en vano. Incluso uno le gritó con osadía “¿tan gran desdicha es morir?” (Suetonio. Vida de Nerón, 47.2). Tanto Tigelino como Ninfindio Sabino (los dos Prefectos del Pretorio) lo habían abandonado y habían prometido a los guardias grandes sumas para que siguieran su ejemplo. A éstos se unieron todos sus amigos y sus criados durante la noche.
Ante esta situación, Nerón pensó pedir clemencia a Galba o implorar perdón públicamente ante el Foro romano. También valoró huir a Partia o a Alejandría. Al final decidió huir nuevamente a la villa de uno de sus libertos, Faonte, situada en las afueras de Roma. Acompañado únicamente de éste, de su amante Esporo Sabino y dos ayudantes se envolvió en una capa vieja y se cubrió la cabeza, y se puso en camino. Nerón estaba conmocionado y no podía creerse la desgracia que se le había venido encima tan repentinamente. Su estado de ánimo empeoró cuando recibió una carta del Senado que lo declaraba enemigo público, al mismo tiempo que decretaba su muerte.
Esta circunstancia le hizo tomar la decisión definitiva, después de todo era el último descendiente de Augusto y merecía morir como un romano. Consiguió una daga y tras varios intentos fallidos, se la hundió en la garganta con la ayuda de un liberto. Le animó a ello el sonido de cascos de caballos que se acercaban. Un centurión entró en la habitación e intentó parar la hemorragia con su capa, pero ya era demasiado tarde. “Esto sí que es lealtad”, exclamó con su último aliento el hijo de Agripina (Suetonio. Vida de Nerón, 49.4). El único ruego que hizo a los que asistieron a su muerte fue que no permitieran que le cortaran la cabeza y que lo incineraran entero, deseo que le fue concedido por Galba. Murió meses antes de cumplir 31 años, el 9 de junio del año 68.

La muerte de Nerón, 1888, Vassili Smirnov, San Petesburgo, Museo Estatal Ruso

“Los gastos de sus funerales ascendieron a doscientos mil sestercios, y en ellos se emplearon los lienzos blancos bordados de oro que había usado el día de las calendas de enero. Sus nodrizas Égloge y Alejandría, junto con su antigua amante Acté depositaron sus restos en el sepulcro familiar de los Domicios, que se divisa desde el Campo de Marte sobre la colina de los Jardines. En este sepulcro, su ataúd de pórfido, coronado por un altar de mármol de Luna, fue rodeado por una balaustrada de piedra de Thasos” (Suetonio. Vida de Nerón, 50).
Según Suetonio “hubo quienes adornaron durante largo tiempo su tumba con flores, en primavera y en verano, y expusieron en las tribunas de las arengas estatuas que lo representaban vestido con la pretexta, o edictos suyos, como si estuviera vivo y pensara volver pronto para castigar a sus enemigos” (Suetonio. Vida de Nerón, 57,1). Incluso relata el biógrafo de los Césares que el rey de los partos Vologeso pidió con insistencia que se rindiera culto a la memoria de Nerón.
Con Nerón murió también la dinastía Julio- Claudia, la más influyente y mística de todo el Imperio Romano.

Augusto, Calígula y Nerón

“El linaje de los Césares se extinguió con Nerón; hubo muchas señales que lo anunciaron, pero dos de ellas fueron particularmente claras. Durante la visita que Livia hizo años atrás a su finca de Veyes, inmediatamente después de contraer matrimonio con Augusto, un águila que pasó volando por encima de ella dejó caer en su regazo una gallina blanca, que aún conservaba en el pico la ramita de laurel que llevaba en el momento de ser apresada; decidió entonces alimentar al ave y plantar la ramita, tras la cual nacieron tantos pollos, que todavía hoy se conoce esta finca con el nombre de “Las Gallinas”; creció asimismo un lloredo tan extenso que los Césares cogían de allí sus laureles cuando iban a celebrar un triunfo; tuvieron también la costumbre de plantar inmediatamente otros en el mismo lugar, y se observó que, por la época en la que cada uno de ellos fallecía, el árbol que había plantado se secaba. Pues bien, el último año que vivió Nerón, todo el bosque se secó desde la raíz, y todas las gallinas de la finca murieron. Acto seguido, el templo de los Césares fue alcanzado por un rayo, las cabezas de todas sus estatuas  se desplomaron a la vez, e incluso el cetro de Augusto fue arrancado de sus manos” (Suetonio. Vida de Galba, 1).
En el año 2014, con ocasión de la celebración de la muerte de Augusto, la Villa de Livia en Prima Porta (Ad Gallinas) fue reabierta al público; al mismo tiempo se replantó el laurel sagrado de manera simbólica. La dinastía que fundaron Augusto y Livia no morirá nunca. Su memoria vive eternamente en la Ciudad Eterna y en la historia de la humanidad.



El bosque de laurel de la Villa de Livia en Prima Porta

             Este es mi artículo 300 y lo he querido dedicar a un hecho tan relevante.

miércoles, 8 de enero de 2020

Galba es proclamado emperador


Marco Sulpicio Galba, siglo I d.C., Estocolmo, Antiques Museum
Fuente: De Wolfgang Sauber - Trabajo propio, CC BY-SA 3.0, 

No obstante, las legiones del Rin habían acabado con facilidad con la Rebelión de Julio Víndex, los victoriosos soldados en lugar de jurar fidelidad a Nerón nombraron imperator a su general Virginio Rufo, algo que él rechazó.  A pesar de ellos, Rufo se declaró neutral en las luchas venideras.
El otro legado fiel al emperador, Petronio Turpiliano (enviado por éste a vigilar la frontera gala) también empezaba a dudar sobre su lealtad a Nerón. Mientras, en Hispania Servio Sulpicio Galba (gobernador de la Tarraconense) se había declarado legado del Senado y el pueblo romano, no del César. El gobernador de Lusitania, Marco Salvio Otón (ex amigo de Nerón exiliado a Hispania por él tras arrebatarle a su esposa Popea Sabina), juró fidelidad a Galba, que acababa de ser proclamado emperador.
Galba tenía ya una edad avanzada (65 años), pero contaba con una gran experiencia de gobierno: había sido gobernador en Aquitania y África, general de las legiones de Germania, sacerdote por partida triple, cónsul además de gobernador de la Tarraconense. Contaba con una nueva legión recién reclutada (la VII Gemina). El propio Virginio Rufo se unió a la causa de Galba mientras que el Senado consiguió el apoyo de uno de los dos Prefectos del Pretorio: Ninfidio Sabino que prometió una gran recompensa a los pretorianos a cambio de su apoyo. El otro prefecto Tigelino huyó abandonando a Nerón a su suerte, uniéndose a Galba posteriormente.


Busto de Nerón, siglo I d.C., Roma, Museos Capitolinos

Cuando estas noticias llegaron a oídos de Nerón, éste huyó de Roma a una de sus villas de la periferia presa de la desesperación. “Cuando [Nerón] se enteró de que Galba y las Hispanias habían hecho también defección, cayó sin sentido y permaneció en este estado durante largo tiempo; cuando recobró el conocimiento, se desgarró las vestiduras y se golpeó con furia la cabeza, exclamando que se había acabado con él, y al recordarle su nodriza, para consolarle, que también a otros príncipes les habían ocurrido desgracias similares, le respondió que sus males no tenían comparación, pues sufría la desgracia inaudita y  nunca vista de perder en vida el mando supremo” (Suetonio. Vida de Nerón, 42, 1).

domingo, 15 de diciembre de 2019

Feliz Navidad y Año 2020

Una vez más nos disponemos a despedir otro año. Tengo que reconocer que 2019 me ha dejado más frustraciones a nivel artístico que satisfacciones. La primera de ellas, es que no se ha materializado la tan anhelada reapertura del Mausoleo de Augusto, por la que hay que seguir esperando posiblemente algún añito más. Aun así, quiero pensar que el mejor regalo que nos hará Roma en el año 2020 será mostrar al mundo la tumba del Pater Patriae perpetuo, más imponente que nunca.
No obstante, los dos momentos más impactantes del año que han afectado al Patrimonio, han sido la visión esperpéntica de la destrucción en directo de la Catedral de Notre Dame de París a causa del fuego o más recientemente la imagen de Venecia ahogada por su propia marea mostrándonos la cripta de San Marco inundada. Ambas desgracias me han arrancado lágrimas de impotencia.
A pesar de ello, 2019 nos ha  permitido algún momento dulce, como ver la reapertura de la Domus Transitoria de Nerón o de los Foros Imperiales así como nuevos descubrimientos cada día en Pompeya.
Esperemos que el 2020 nos traiga toda la esperanza de un mundo mejor en todos los aspectos: un mundo en el que Notre Dame comience a resurgir de sus cenizas y Venecia siga resistiendo el embiste del tiempo, porque el pasado nos trae la memoria de los que hemos sido y sólo siendo consciente de ello podremos avanzar hacia el futuro.


La rebelión de Julio Víndex


       A pesar del regreso de Nerón a Italia, el ambiente en la zona occidental del imperio continuaba revuelto. Sus últimos años de gobierno presentaban síntomas claros de estar convirtiéndose en algo muy cercano a las monarquías helenísticas, basado en el apoyo del pueblo y los pretorianos junto a un gran control sobre los senadores.

Nerón. Siglo I D.C., Munich, Gliptoteca
Fuente: De User:Bibi Saint-Pol, own work, 2007-02-08, Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=1814923

En marzo del año 68, Julio Víndex gobernador de la Galia Lugdunenesis se reveló contra la política fiscal de Nerón; incluso ordenó acuñar una moneda que mostraba dos dagas y un píleo (especie de gorra que portaban los esclavos a los que se les concedía la libertad). Lo significativo del hecho es que Marco Junio Bruto había emitido una moneda similar unos 100 años antes tras asesinar a César. De nuevo estábamos en marzo.
El día 19 del mismo mes (fecha del aniversario de la muerte de su madre, elegida también a propósito por Víndex), éste envió una provocadora misiva al emperador en el que se dirigía a él como Enobarbo (en alusión al cognomen de su padre biológico y que llevó hasta su adopción por Claudio). Nerón “se enteró en Nápoles de la revuelta de las Galias precisamente el día en el que había matado a su madre, y recibió la noticia con tanta calma y aplomo, que provocó incluso la sospecha de que se alegraba, como si se le hubiera presentado la ocasión de saquear, por derecho de guerra, unas provincias tan ricas” (Suetonio. Vida de Nerón, 40, 4). Continúa Suetonio diciendo que Nerón siguió practicando sus aficiones habituales sin prestar demasiada atención al asunto, mas “alarmado por fin por los edictos ultrajantes que Víndex no dejaba de publicar, envió una carta al Senado en la que le exhortaba a vengarle a él y al Estado […]. Pero como no dejaban de llegarle noticias apremiantes, regresó a Roma presa del pánico; sólo se reanimó un poco durante el trayecto por un presagio insignificante; sobre un monumento percibió la imagen esculpida de un soldado galo abatido por un caballero romano que lo arrastraba por los cabellos; al verlo saltó de gozo y dio gracias al cielo” (Suetonio. Vida de Nerón, 41).


Denario de Galba que menciona a Víndex

Estos párrafos de Suetonio dejan entrever la inestabilidad emocional que padecía Nerón desde la adolescencia y que con el devenir de los años se le había acrecentado. Su indiferencia inicial se debe más a su deseo de no responder a su enemigo cómo éste esperaba. Por ello, envió un contingente de legiones a la frontera con la Galia al frente de Petronio Turpiliano al mismo tiempo que le indicaba a Virginio Rufo, general de los ejércitos del Rin, que marchara al encuentro de Víndex, que había pedido auxilio a Servio Sulpicio Galba (Gobernador de Tarraconense en Hispania), el cual fue declarado enemigo público. Los rebeldes fueron aplastados cerca de Vesontio y Víndex se suicidó. Nerón había recuperado el control militar del Imperio, pero  lo quedaban unos escasos dos meses de vida.

martes, 3 de diciembre de 2019

Nerón en Grecia


Nerón 

Meses después de la muerte de Popea, Nerón huyendo de su dolor, partió hacia Grecia para participar en los Juegos Ístmicos, famoso festival de composiciones artísticas y deportivas que tenía lugar cada dos años en la ciudad de Corinto. Ese sólo sería el inicio de una larga gira pues el emperador pretendía concursar en todos los festivales que se celebraran ese año; así, a petición suya, se pospusieron incluso los Juegos Olímpicos por primera vez en su historia y se reprogramaron otros festivales para hacer factible su sueño. Después continuaría en un viaje hacia Oriente. Su llegada causó una gran expectación en el país heleno. En Roma, en cambio, sus planes causaron un gran desagrado en las élites superiores.
Nerón excluyó a la mayoría del cuerpo senatorial de la comitiva que lo acompañaba, en los que sí tenían cabida Vitinio (un exzapatero cuyo abuelo había sido cobrador de deudas) y Vespasiano (militar experimentado pero de un linaje no del todo noble), además de un gran número de músicos, profesores de canto y entrenadores personales.



Antigua Olimpìa

Según Suetonio “apenas puede creerse, la enorme inquietud y ansiedad con que participaba en el certamen, el empeño que ponía en derrotar a sus adversarios y el miedo que le inspiraban los jueces […]. Antes de comenzar su actuación se dirigía a los jueces con el máximo respeto y les decía que él había hecho todo lo posible, pero que el resultado estaba en manos de la Fortuna; y que ellos debían como hombres sabios y eruditos que eran, dejar a un lado los caprichos del azar; cuando éstos le exhortaban entonces a cobrar confianza, se retiraba algo más tranquilo, pero ni aun así totalmente libre de inquietud, atribuyendo el silencio y la timidez de algunos de ellos a un ánimo hostil y malevolente” (Suetonio, Vida de Nerón, 23, 2-3). Toda esta ansiedad no le impidió obtener las coronas de vencedor en todos los festivales, incluso si cometía errores.
También participó en las carreras de cuadrigas celebradas en Olimpia. Aunque fue arrojado del carro, insistió en volver a subirse a él magullado y dolorido; si bien no consiguió completar la carrera obtuvo el título de vencedor por su valentía y determinación.
Tan satisfecho quedó el emperador de su periplo griego que el 28 de noviembre del año 67 Nerón, durante una magnífica ceremonia en Corinto, concedió la libertad a Grecia, además de algunos beneficios fiscales. También intentó construir un canal para unir el Golfo de Corinto con el mar Egeo, algo que ya había sido ideado por Julio César, pero su sucesor Galba canceló el proyecto por ser demasiado costoso, y  ya no pudo materializarse hasta el siglo XIX. Y todo lo hizo el César sin consultar al Senado Romano.



Ruinas de la antigua Corinto

Durante su estancia en Grecia, Nerón disfrutó bastante pues los griegos eran mucho más permisivos que los romanos, que desaprobaban en general sus gustos por las interpretaciones artísticas, pues Roma era más partidaria de las luchas en el anfiteatro que del teatro y la música. Y sobre todo, los más moralistas desaprobaban categóricamente que el emperador participara en dichos espectáculos.
No obstante, no todo podía ser diversión para el dueño del mundo. Durante este período, en el año 66, se produjo una revuelta en Judea derivada de la creciente tensión entre griegos y judíos. Nerón envió a Vespasiano para que la aplacara, algo que no consiguió por completo hasta el año 70 (un año después de la muerte del emperador).
Pero el ambiente era mucho más pesimista en Occidente. En la Galia, Hispania y áfrica las tensiones iban en aumento por la presión de los agentes del emperador que se mostraban crueles y adoptaban la mayoría de las veces conductas opresivas. Asimismo, Nerón era continuamente objeto de mofa por su comportamiento. Los gobernadores preferían no adoptar ninguna postura ante las rebeliones que se cocían por doquier. Al final, el liberto que Nerón había nombrado para administrar Roma en su ausencia se desplazó a Grecia para rogarle que volviera. Nerón accedió no sin pesar, pero aun así aprovechó el momento para entrar en Roma con toda la pompa triunfal, incluso montando el carro que Augusto usaba en sus triunfos. El pueblo se rindió a sus pies, demostrando que aún estaba con él.