viernes, 22 de febrero de 2019

Tras las huellas de Nerón (2ª Parte)


Nerón niño. Siglo I d.C. Detroit, Instituto


Para bucear en la personalidad del emperador, tendremos que viajar hasta su complicada infancia. Nerón nació siendo emperador su tío Calígula. Su padre, Domicio Enobarbo, 32 años mayor que su madre, era un hombre despreciable, según opinión de muchos. Las primeras palabras que dedicó al recién nacido cuando se lo pusieron a su pies, a fin de que lo reconociera, fueron las que recoge Suetonio “al recibir [Domicio] las felicitaciones de sus amigos, exclamó que nada podía nacer de Agripina y de él que no fuera detestable y para desgracia pública” (Vida de Nerón, 6,1-2).



El pequeño Nerón aún con la bulla infantil en su cuello. París. Museo del Louvre

Así y todo, el pequeño fue desde el primer momento el centro del mundo de su madre que concentró en él todas sus ansias de poder y las frustraciones de su matrimonio. De hecho propuso a su hermano Calígula que le pusiera nombre (con la esperanza que éste que no tenía herederos, lo tuviese en cuenta para una futura sucesión) pero el depravado emperador se burló de la propuesta y le sugirió el nombre del tío de ambos, Claudio, al que todos consideraban idiota. Agripina lo rechazó con desprecio.
Cuenta una leyenda que siendo sólo un bebé intentaron asesinar a Nerón mientras dormía por orden de Mesalina, que veía peligrar la posición futura de su hijo Británico y que los atacantes huyeron al ver salir una serpiente debajo de la almohada. En realidad Agripina inventó esta historia al encontrar en la cuna de su hijo una piel de la muda de una serpiente. Con ella le hizo un brazalete engarzado en oro que Nerón llevaba siempre hasta que el recuerdo de su madre empezó a atormentarlo. En sus momentos difíciles volvió a buscarlo sin éxito. (Suetonio. Vida de Nerón, 6,4).


Nerón adolescente. Siglo I d.C. San Petesburgo. Museo del Hermitage

Entre los años 39-40 cuando Nerón contaba con menos de 3 años se quedó solo de la noche a la mañana: su madre fue enviada al exilio por su hermano Calígula y su padre Domicio murió de hidropesia. El pequeño pasó a estar bajo la tutela de su tia Domicia Lépida, hermana y supuesta amante de su padre, con la que Agripina tenía una pésima relación. Aunque Enobarbo había dejado parte de su patrimonio a su hijo, Calígula se lo confiscó, por lo que se convirtió en una carga para una mujer soltera y austera como Domicia, aunque más cariñosa con él que la intratable Agripina. En definitiva, en sus primeros años de vida Nerón recibió muy poco afecto. Y eso lo marcaría durante toda su vida. Sus primeros maestros fueron un barbero y un bailarín, algo nada normal en un miembro de la familia imperial. Sólo de ellos y de sus nodrizas Eglogle y Alejandra recibió cariño a tan corta edad. Ambas le fueron leales hasta la muerte.
Durante el año 41, tras el asesinato de Calígula, Agripina volvió del exilio. Nerón (que sólo contaba 4 años) vio cómo nuevamente se le apartaba de un ambiente que parecía agradarle para enfrentarse a una educación más severa, pues Agripina estaba horrorizada por la educación que estaba recibiendo su hijo. Así que trajo a Séneca del exilio para que lo educara. Su autoritarismo agobiaba al niño, que cuando mostró síntomas de preferir a la tía, dio lugar sin pretenderlo a una guerra entre las dos mujeres. Años después, siendo emperatriz, Agripina hizo a acusar a Domicia de complot contra Claudio por lo que fue condenada a muerte. Nerón fue obligado por su madre a testificar contra su tía. Algo que le costó superar.



Nerón. Siglo I d.C.


Así, a una tierna edad, tenemos al joven Nerón atemorizado y manipulado por una madre que lo dominaba por completo, creando en él una serie de inseguridades y una baja autoestima, sentimientos que originarán la principal nota característica de su carácter: la necesidad compulsiva de reconocimiento.
Por ello, todos los honores que le otorgó Claudio siendo muy joven, sin que hiciera nada para merecerlo (reconocerlo como hijo adoptivo, hacerle destacar en actos públicos frente a Británico, dejar que se diera baños de masas cada vez con más frecuencia) fueron modelando un carácter caprichoso y mimado en una persona que en lo más profundo de su interior se sentía tremendamente sola y perdida, encerrada en una vida creada a su medida sin que nadie le hubiera preguntado si la deseaba.
“Cuando todavía era un niño de corta edad, durante las representaciones del circo participó en los juegos troyanos con el mayor arrojo y cosechando un gran éxito. A los once años fue adoptado por Claudio y entregado a Anneo Séneca […]. Cuando fue presentado en el Foro después de vestir la toga viril, prometió al pueblo un reparto extraordinario, a los soldados un donativo, e hizo desfilar a los pretorianos marchando a la cabeza de ellos escudo en mano; luego dio las gracias a su padre [Claudio] en el Senado. Ante éste mismo, a la sazón cónsul, defendió a los habitantes de Bolonia en latín, y a los rodios e ilienses en griego. Administró también justicia por primera vez como prefecto de Roma durante el sacrificio de las fiestas Latinas, rivalizando los más prestigiosos abogados en presentarle no las demandas corrientes, de rápida tramitación como es costumbre, sino un sinfín de casos de la mayor importancia, a pesar de haber sido prohibido por Claudio” (Suetonio, Vida de Nerón 7).


Nerón. Siglo I d.C. Museo de las Termas. Roma 2018

Séneca se dio cuenta del inconformismo de su joven pupilo cuando se puso al frente de su educación, pues enseguida percibió que no era un trabajo fácil moldear su pensamiento. Así y todo, se empeñó en enseñar a Nerón las vías más adecuadas para alguien que va a ejercer el más grande poder. De ahí que centrara sus enseñanzas en lo que él consideraba los pilares fundamentales de los que gobiernan: disciplina y apoyo de las legiones, obediencia, respeto por el deber y la defensa de la familia y de las tradiciones ancestrales romanas como centro de la vida del individuo. También intentó inculcarle el valor sagrado de la benevolencia y la piedad.
A pesar de la rebeldía del adolescente la influencia de Séneca se sintió sobre todo en los primeros 5 años de su reinado, de hecho cuando le presentaron su primera sentencia de muerte Nerón expresó que desearía no saber escribir. A medida que fue rodeándose de otros círculos, fue alejándose de las enseñanzas del filósofo cordobés.
De hecho, uno de los hobbies favoritos de Nerón en los primeros años de su Principado era vestirse de noche como cualquier joven romano y mezclarse con el pueblo sin ser reconocido, disfrutando de la vida como cualquier joven de su edad. Además, se mostraba siempre cercano llamando por su nombre a personas de todos los estamentos sociales.



Nerón. Siglo I d.C. Moscú, Pushkin Museum
Fuente: De shakko - Trabajo propio, CC BY-SA 3.0, 

Así, poco a poco y con el devenir de los años fueron fluyendo otros matices de la personalidad de Nerón que habían permanecido ocultos mientras vivieron su madre y Séneca. Entre estos destacan su egocentrismo, su megalomanía y su gusto por el espectáculo a todos los niveles. Nerón buscaba crear un mundo nuevo a partir de sus deseos e intuiciones, con más o menos acierto, pues en su época el imperio gozó de gran prosperidad, de dinamismo económico y cultural, éste último impulsado por su gran amor por el helenismo. Fue un exhibicionista, narcisista y un gran showman. Por eso, gustaba a la plebe, y por eso lo odiaban las élites aristocráticas e intelectuales romanas porque suponían una merma de su poder e influencia.
Así y todo, ¿era Nerón un psicópata? ¿tenía doble personalidad? La mayoría de las fuentes que he consultado coinciden en que su perfil es más cercano al sociópata, pues algunos de los rasgos conductuales de esta patología coinciden perfectamente con los de Nerón: ausencia de empatía en general, autoestima ambigua, constante búsqueda de nuevas sensaciones, egocentrismo, megalomanía, falta de responsabilidad, exceso de hedonismo, altos niveles de impulsividad….todo acompañado por ataques de pánico. Otro rasgo del carácter de Nerón, que era bastante miedoso.
Estos individuos (como queda claramente reflejado en la figura de emperador) sufren la crítica y el desprecio generalizados por lo que se vuelcan en aquellos que lo aprecian, en el caso de Nerón, la plebe que lo adoraba.



Nerón. Siglo I d.C. Roma, Antiquario del Palatino
Fuente: De Jastrow - Trabajo propio, Dominio público, 

¿Y cómo era Nerón físicamente? A pesar de ser tataranieto de Augusto, no tenía apenas ningún rasgo juliano pues era muy parecido a los Enobarbo: de piel muy clara, ojos azules, pelo rubio rojizo que a él le gustaba llevar de un modo muy poco romano, largo y escalonado sobre los hombros. Tenía toda la piel cubierta de pecas, lo que es normal en las personas pelirrojas. En cuanto a su estructura física, era de mediana estatura y tendente a la obesidad, aunque tenía las piernas muy delgadas. Gozó siempre de una excelente salud. Vestía de forma extravagante, algo que también irritaba a las altas clases romanas por lo que consideraban un insulto.
Su gran pasión desde su niñez fueron las artes: la poesía, el canto, el baile, la pintura y la escultura; sólo cuando se vio libre de la opresión de su madre dejó que fluyeran en su total apogeo. Otra de sus grandes aficiones eran las carreras de cuadriga, siendo un gran admirador de los Verde puerro, el equipo del pueblo.



Nerón. Siglo I d.C. Roma, Museos Capitolinos
Fuente: De cjh1452000 - Trabajo propio, CC BY-SA 3.0, 

Para concluir, decir que dentro de la corriente de rehabilitación de su figura, el alcalde de su ciudad natal en 2009 inauguró un monumento a Nerón que hoy es el lugar más fotografiado de Ancio, a pesar de  la incredulidad de los muchos visitantes que se acercan al leer la leyenda que lo acompaña: “durante su Principado el imperio conoce un periodo de paz, de gran esplendor y de importantes reformas”· En 2011, Roma le dedicó un exposición que batió todos los records de visitantes. Malvado o maltratado por la historia, lo que sí es cierto es que Nerón vende y sigue siendo el emperador más mediático. Estuve en la exposición, pero no me gustó que mientras reivindicaban la figura de Nerón con material arqueológico de gran calidad proyectaban los mismos organizadores la película Quo Vadis?. Me pareció muy desacertado que la superintendenza utilizara para recordar a Nerón la novela y película que más han injuriado su figura, en la sede del Templo de Rómulo en pleno Foro Romano.



Monumento a Nerón en Ancio. 

viernes, 15 de febrero de 2019

Tras las huellas de Nerón (1ª Parte)


Pintura que representa a Nerón


           Nerón es uno de los emperadores más controvertidos no sólo por la complejidad de su carácter, sino también por la dudosa fiabilidad de las fuentes antiguas al referirse a él.
En primer lugar, no ha llegado hasta nosotros ningún escrito contemporáneo al emperador, y lo que se sabe de ellos, por otros autores posteriores, es que eran contrarios a Nerón. Coetáneo suyo y muy crítico con él fue Plinio el Viejo (tristemente fallecido en el año 79 d.C. durante la erupción del Vesubio) que consideró a Nerón en su Naturalis Historia como “enemigo de la humanidad” (XXXVI, III). Hay que decir que Plinio era muy cercano a Claudio y no digirió demasiado bien la sucesión del viejo emperador.
No obstante, la mayoría de autores que abordaron la figura de Nerón son posteriores a él como es el caso de Tácito y Suetonio que escribieron unos 50 años después de su muerte y Dión Casio que vivió 150 años después. Los tres pertenecían a la alta aristocracia (estatuto social al que Nerón azotó sin piedad) y entre ellos mismos se contradicen al narrar sucesos tan polémicos como el asesinato de Claudio, la muerte de Agripina y, principalmente, el que marcó a Nerón para siempre: el gran incendio de Roma del año 64.


Peter Ustinov en un fotograma de Quo Vadis? (1951)

Y es en la tradición cristiana posterior donde Nerón adquirió su peor leyenda, siendo considerado por algunos autores como el Anticristo. Hay que aclarar que en su época no había aún muchos cristianos en Roma (Nerón murió en el año 68 d.C, solo unos 30 después de la muerte de Jesús) y que fueron mucho más sangrientas las persecuciones de otros emperadores como Diocleciano. Incluso grandes emperadores como Trajano y Marco Aurelio ordenaron persecuciones a esta fe, algo que apenas es conocido. Así y todo, Tertuliano (que vivió en el siglo II d.C.), consideró a Nerón como “el primer perseguidor de cristianos”. Ni siquiera esta afirmación es cierta pues Claudio también decretó algunas medidas contra ellos.
En esta línea la novela de Henryk Sienkiewicz, Quo Vadis?, interpretada magistralmente en el cine por Peter Ustinov en 1951 fue la que cincelaría definitivamente la imagen de Nerón. De niña era mi película favorita; desde que empecé a investigar con seriedad  sobre la historia de Roma, no la he vuelto a ver más. Pues la imagen icónica de Nerón tocando el arpa mientras veía arder la ciudad fue narrada por Suetonio, no obstante Tácito pone incluso en duda la implicación del emperador en la catástrofe, pues hechos de este tipo eran muy frecuentes en la antigua Roma. Él mismo dice que hay historiadores de los que él ha consultado que apoyan una u otra versión. Tácito afirma que en ese momento Nerón está en Ancio y que volvió enseguida a la ciudad para abrir el Campo de Marte y los monumentos de Agripa para acoger al pueblo. Ordenó también levantar construcciones provisionales para albergar a la multitud. Igualmente bajó el precio del trigo. Este mismo autor afirma conocer el rumor de que subido al escenario que tenía en su casa Nerón cantó la destrucción de Troya. Pero dice que es sólo eso, un rumor, y lo hace tras contar que Nerón estaba en Ancio y que volvió a Roma cuando ya se había quemado su Palacio y todas sus posesiones (Anales, XV, 39). Por tanto, la historia se hace difícil de creer ante tanta contradicción. Si el palacio estaba destruido ¿cómo cantó desde allí?. Está claro que si un hecho tan atroz hubiera ocurrido, sólo cincuenta años después se sabría con absoluta certeza, no estaría sólo basado en rumores, por tanto me inclino a desconfiar de su fiabilidad.


El Incendio de Roma. Hubert Robert, 1787, Le Havre, Musee Andre Malraux

Y no sólo yo, pues a pesar de la mala fama, historiadores antiguos como Flavio Josefo y el propio Tácito (en general contrarios a Nerón) reconocen la aversión de la mayoría de escritores hacia él por lo que ellos mismos advierten de la dudosidad de sus escritos. “Omitiré una serie de discursos de los que han relatado la vida de Nerón; alguno de los cuales debido a que, por sus favores personales han tergiversado la verdad a su favor, y los de otros por venganza y por odio han mentido” (Flavio Josefo. Antigüedades de los judíos, XX, 8.3).
Pero no sólo hay que tener en cuenta las fuentes escritas para analizar una época o un personaje; existen otras igual de importantes, es decir, los vestigios arqueológicos, las monedas y epígrafes entre otros, que en muchas ocasiones nos cuentan otra historia diferente. Por lo que hay que encontrar el equilibrio entre todas para intentar sacar a la luz la versión más acertada de un hecho.
La historiografía actual se debate entre dos corrientes: por un lado, la mayoritaria engloba a aquellos autores que están intentando una revalorización más justa de la figura de Nerón, pues si bien es cierto, que llevó a cabo acciones que a nuestros ojos del siglo XXI consideramos atrocidades, no fueron de menor crueldad las que realizaron otros personajes de la antigüedad y, en concreto de la Roma imperial, como Constantino (que también mató a su primogénito, a su segunda esposa y a su suegro) pero como instauró el cristianismo como religión oficial su valoración es diferente. Por otro lado, están los autores que opinan que Nerón no puede aspirar a redención alguna. Yo, aunque sea sólo por las maravillosas sensaciones que me produjo visitar por primera vez en mayo la Domus Aurea, me alinearé con la primera tendencia. Porque quizás Nerón no fue un gran emperador, pero no fue mucho peor que la mayoría de sus sucesores, y desde luego no el peor de todos, pues el pueblo lo amó hasta mucho tiempo después de su muerte. Y en esa afirmación hasta las fuentes más hostiles se ponen de acuerdo.

viernes, 8 de febrero de 2019

Últimas noticias sobre el Mausoleo de Augusto

Hay nuevas noticias sobre el Mausoleo de Augusto, aunque un poco descorazonadoras, pues a pesar de que las obras de restauración y conservación del edificio ya están casi finalizadas, lo que es un logro infinito, aún faltan más de 500 días para que puedan completarse los trabajos que permitan la apertura a los visitantes.


Mausoleo de Augusto

Aproximadamente, entre los próximos 26 de febrero y 8 de marzo, tendrá lugar el concurso público para la adjudicación de las obras de la segunda fase de trabajos: la destinada a construir un museo que acogerá exposiciones temporales y conferencias. Por esto motivo, aunque se organizarán visitas preliminares todavía queda mucho para que podamos disfrutar del sepulcro más grande del mediterráneo después de las pirámides.
Esta nueva intervención conllevará el cerramiento completo del edificio y la eliminación de barreras arquitectónicas para que todo el mundo pueda acceder a él. Además se pondrá en marcha una nueva iluminación. Según se dice se prevé que sobre las paredes del Mausoleo se proyectarán imágenes de la historia de Roma realizadas por importantes cineastas italianos.
Entretanto, sí irán desapareciendo paulatinamente, los andamios destinados a garantizar la seguridad del edificio durante las obras de restauración del mismo.
Aunque aún debamos esperar casi dos años para poder contemplarlo en todo su esplendor, es maravilloso que el edificio esté a salvo, y con él la mayor parte de la obra de Augusto, en una ciudad donde es misión casi imposible ofrecer en buenas condiciones todos los vestigios del pasado más glorioso que existe. Gracias desde aquí a la Superintendenza Capitolina, al Ministero dei beni e delle attivitá culturali, a las empresas privadas que con sus donaciones permiten la salvaguarda del patrimonio romano y a tantas, tantas personas que dedican su vida para que Roma siga siendo la ciudad de la antigüedad que mejor ha envejecido.

viernes, 1 de febrero de 2019

Nerón y Claudio


Moneda con Claudio y Nerón
Fuente: De Classical Numismatic Group, Inc. http://www.cngcoins.com, CC BY-SA 3.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=2500013

Aunque ya he ido esbozando en artículos anteriores a que se debió la preferencia de Claudio por Nerón a la hora de elegir un heredero, quiero analizar más pormenorizadamente la relación entre ambos y los motivos que llevaron a Nerón a sentarse en el trono imperial.
Lo primero, resaltar que de las fuentes no se extrae que existiera un verdadero afecto entre el viejo emperador y su sobrino nieto. Este hecho contrasta con el gran cariño que, según estos mismos documentos, se profesaban César y Augusto o éste último y su íntimo amigo Agripa, su sobrino Marcelo o sus nietos Cayo y Lucio. No obstante, sí nos dejan constancia en varias ocasiones del afecto que Claudio sentía por su hijo Británico, como aquella vez en la que narra Suetonio el acercamiento del emperador a su hijo, tras haberlo tenido apartado “al salirle al encuentro  Británico, le abrazó estrechamente y le exhortó a crecer con la promesa de rendirle cuenta de todos sus actos, prosiguiendo, además, en griego: el que te ha herido, te curará” (Vida de Claudio, 43).

Nerón.  Siglo I d.C. Museo de las Termas. Roma 2018

Entonces, ¿por qué Claudio desde su matrimonio con Agripina favoreció al hijo de ésta en detrimento de su propia progenie?. En general, los historiadores atribuyen a la debilidad de Claudio en sus relaciones sentimentales que éste se sometiera a los deseos de su esposa. Sin embargo, la historiografía actual apuesta más por el hecho de que Claudio, sintiéndose enfermo y mayor, presentía su muerte cercana; en cierto modo consideró que los casi 4 años que Nerón llevaba a Británico suponían a determinada edad, la diferencia entre un adulto y un niño. Así, el miedo a que al ser su heredero un niño pequeño diera lugar a nuevas guerras civiles le hicieron preferir apostar sobre Nerón. Lo adoptó, le dio preeminencia en los actos públicos y, por último, permitió su matrimonio con su hija Octavia, pero no dudó en volver a replantearse todo cuando Británico cumplió 13 años, sin embargo ya era demasiado tarde. Agripina había llegado demasiado lejos para ver que todo el trabajo de su vida se desmoronaba.
De todos modos opino que si Claudio hubiera optado desde el primer momento por Británico las cosas no hubieran sido diferentes, ya que Agripina se había rodeado de un grupo de adeptos que controlaban el Senado y la guardia pretoriana. Además, Nerón era el nieto de Germánico, por lo que Británico lo hubiera tenido difícil de todas maneras.
Por su parte, Nerón tampoco manifiesta en ningún momento afecto por su padrastro pues aunque ordenó un gran funeral de Estado y su deificación, lo hizo más por su propio beneficio de ser considerado hijo de un dios. En ningún momento tomó ninguna determinación para castigar a Séneca por la obra sarcástica que publicó sobre ese hecho: La calabacificación del divino Claudio.

viernes, 25 de enero de 2019

Nerón emperador de Roma


Nerón a la edad que más o menos sucedió a Claudio. Siglo I d.C.

Tras contraer matrimonio con Claudio, Agripina puso en marcha el que había sido el gran objetivo de su vida desde que acunó por primera vez a su hijo: convertirlo en emperador de Roma. Por eso, no perdió ni un segundo como emperatriz en trabajar para ello; así poco a poco fue rodeándose de personajes afines, no a Claudio, sino a ella, como es el caso de Palas el liberto imperial, el prefecto del pretorio Afranio Burro o el filósofo Séneca.
De este modo, no tuvo dudas en precipitar la muerte del emperador y acudir a sus adeptos para conseguir su propósito, cuando sintió amenazada la posición de Nerón al estar reconsiderando Claudio reconocer a su hijo natural Británico como heredero.
Sólo momentos después de anunciarse la muerte de Claudio, Nerón acompañado del prefecto del pretorio Burro, acudió, entre vítores, al campamento de los pretorianos para anunciar la triste noticia y ofrecer grandes donativos a los soldados. Tácito sugiere que algunos entre la multitud preguntaron por Británico, pero que como nadie les siguió la corriente, aceptaron lo que les decía su prefecto. A continuación, se dirigió al Senado donde se le ofrecieron por unanimidad todos los títulos que habían tenido sus predecesores; Nerón aceptó todos menos el de  Padre de la Patria, que parecía irrisorio que lo ostentara un joven de 17 años que por la patria no había hecho nada reseñable. Su primera propuesta fue ofrecer a Claudio un funeral de estado y divinizarlo, por lo que el pasaba a ser también el hijo de un dios. Corría el mes de octubre del años 54 d.C. Y Nerón se convirtió en el segundo emperador más joven de la historia del Imperio (el primero fue Heliogábalo que accedió al trono con 14 años).

Agripina coronando a Nerón. Siglo I d.C. Afrodisias, Museo
Fuente: Por Carlos Delgado, CC BY-SA 3.0, 

Conocedor del papel clave que había desempeñado Agripina en el momento más glorioso de su vida, esa noche cuando le pidieron su primer santo y seña la frase que escogió fue un reconocimiento sincero hacia ella: “la mejor de las madres” (Suetonio. Vida de Nerón, 9, 1).

viernes, 18 de enero de 2019

Tito Livio


Monumento a Livio en Padua

            Tito Livio fue, además de uno de los más grandes historiadores romanos, maestro del emperador Claudio y uno de sus mayores inspiraciones a la hora de escribir.
              Miembro de una familia acomodada, Tito Livio nació en Padua en el año 59 a.C. Adquirió una buena formación en Grecia mientras que en su Padua natal estudió retórica y filosofía, formación que continuó en Roma, a donde se trasladó cuando contaba 24 años, aproximadamente durante los años en la que las tensiones entre el futuro Augusto y Marco Antonio se iban acercando a su punto culmen.
A pesar de su fascinación por la época republicana, Livio entabló una gran amistad con el primer emperador romano, al que no dudó en criticar en sus obras, sin que afectara al aprecio que Augusto sentía por él. De hecho, el Príncipe apodó al historiador cariñosamente como el “pompeyano” por el gran espacio que dedicó en sus libros a las grandes figuras de esa época.
              Su obra maestra fue Ad Urbe Condita, una vasta producción sobre la historia de Roma que abarcaba desde los orígenes hasta el año 9 a.C.. Casi inmediatamente se convirtió en fuente principal en la historiografía romana, pues Livio fue muy admirado ya por sus contemporáneos como Séneca. También fue un referente para Quintiliano, Plinio el joven, Marcial y Tácito entre otros. Sin embargo, su gran momento tuvo lugar durante el humanismo, llegando a ser elogiado en su canto al infierno por el mismísimo Dante Alighieri y siendo muy admirado por Petrarca y muchos otros escritores del Renacimiento italiano. Su influencia también es notoria sobre filósofos como Maquiavelo, Voltaire y Montesquieu.




De la obra sólo se conservan 35 de los 142 libros. Livio concebía la historia desde un punto de vista moral y su obra más que científicamente construida está concebida como un poema que canta la grandeza del pueblo romano, por eso se permite el lujo de intercalar entre la narración reflexiones propias. Está construida fundamentalmente a partir de la fusión de varias fuentes que él reelaboró según la conveniencia de su relato por lo que su veracidad depende de la autenticidad las mismas. Los libros conservados se estructuran de la siguiente forma:
  • Los diez primeros se centran en Rómulo, el período de los 7 reyes y hasta el año 293 a.C.
  • Los libros comprendidos entre XXI y XLV tratan sobre las campañas de Aníbal, la segunda Guerra Púnica, la tercera guerra macedónica y los sucesos ocurridos hasta el año 170 a.C.
Livio organizó su obra en grupos de 5 libros narrados año tras año, siguiendo la técnica analítica. Para hacer la lectura más amena alternó hechos civiles de carácter político y social con episodios militares intercalando discursos, con narración propiamente dicha, con descripción de personajes consiguiendo una gran unidad y magistral exposición de los hechos. A veces su estilo es propagandístico y moralizante para exaltar el pasado de Roma.
Para finalizar, dejo las palabras que Robert Graves pone en boca de Claudio en relación de su admiración por Livio.
[Mi preceptor Atenodoro] trató de interesarme en la filosofía especulativa, pero cuando vio que
no tenia inclinaciones en ese sentido no me obligó a superar los límites habituales de la educación. Fue él quien primero me interesópor la historia. Tenía ejemplares de los primeros veinte volúmenes de la historia de Roma por Livio, que me dio a leer como ejemplo de redacción lúcida y agradable. Los relatos de Livio me encantaron, y Atenodoro me prometió que en cuanto hubiese dominado mi tartamudeo, me presentaría al propio Livio, que era amigo suyo.
Cumplió con su palabra. Seis meses más tarde me llevó a la biblioteca de Apolo y me presentó a un hombre barbudo y encorvado, de unos sesenta años de edad, tez amarillenta, mirada alegre y forma precisa de hablar, quien me saludó con cordialidad como al hijo del padre a quien tanto había admirado. En esa época Livio no estaba siquiera en la mitad de su historia, que cuando fuese completada tendría ciento cincuenta volúmenes y abarcaría desde los más remotos tiempos legendarios hasta la muerte de mi padre, ocurrida doce años antes.
En esa fecha comenzó a publicar su obra, a razón de cinco volúmenes por año, y ahora había llegado al momento en que nacía Julio César.
Livio me felicitó por tener a Atenodoro como preceptor. Este dijo que yo le compensaba con creces los esfuerzos que me dedicaba; y luego yo le hablé a Livio del placer que había encontrado en la lectura de sus libros, desde que Atenodoro me los recomendó como modelo de redacción. Todos se sintieron satisfechos, en especial Livio.
-¡Cómo! ¿Tú también quieres ser historiador, joven? -me preguntó.
-Me gustaría ser digno de ese honorable nombre -contesté si bien nunca había considerado el asunto con seriedad. Entonces él me sugirió que escribiese una biografía de mi padre, y se ofreció a
ayudarme haciéndome conocer las fuentes históricas más dignas de confianza. Yo me sentí muy halagado, y decidí comenzar el libro al día siguiente. Pero Livio dijo que escribir era la última tarea del
historiador: primero tenía que reunir sus materiales y aguzar su pluma. Atenodoro me prestaría su pequeño cortaplumas, bromeó”.
              Yo, Claudio. Capitulo V


lunes, 7 de enero de 2019

Claudio en la literatura y el cine




      Aunque Claudio ha aparecido tanto en numerosas obras literarias como en cine y televisión como personaje secundario, su gran papel protagonista se lo otorgó el gran escritor británico Robert Graves, que ha definido para siempre la imagen que de Claudio se tiene en la actualidad.
La novela Yo, Claudio datada en 1934 recrea magistralmente los Anales de Tácito, la Historia romana de Dión Casio y las Vidas de los doce Césares de Suetonio, entre otros. No obstante, alguna de las teorías del autor, hilvanadas a partir de ellas, dejan en mal lugar, sin demasiado fundamento a algunos personajes, como sería el caso de la emperatriz Livia, a quien es muy difícil desprenderla de la etiqueta de envenenadora y maquiavélica que Graves le impuso.
A pesar de ello, su deliciosa narrativa y la personalidad de sus personajes, le redimen. Hay que entender que es una obra que tiene casi 100 años y que en un siglo la historiografía ha avanzado muchísimo. Particularmente, se cuenta entre mis libros favoritos, si no el que más. Me ha acompañado desde que tenía 15/16 años y fue mi primera aproximación a la dinastía Julio-Claudio. Además me lo regaló una persona muy querida, que desgraciadamente ya no está entre nosotros, lo que dimensiona el cariño que le tengo a la obra. Su continuidad, Claudio el dios y su esposa Mesalina, completa una pieza maestra que ha encumbrado al emperador.
La obra, narrada como autobiografía (un guiño maestro del escrito a la obra del mismo género que escribió el propio emperador y que se ha perdido) ha sido llevaba a la televisión en varias ocasiones.
Ya en 1937 Josef Von Sternberg intentó rodar la película, pero tras varios incidentes el proyecto fue abandonado. Ya en 1976 la BBC lo retomó creando la maravillosa serie del mismo nombre, con guion de Jack Pullman. La producción obtuvo un gran éxito siendo galardonada con tres premios Emmy, en 1978 y cuatro premios Bafta en 1977. La ficción consagra a personajes como Livia interpretado magistralmente por Siam Phillips o al propio Claudio en el que soy incapaz de pensar sin recordar a Derek Jacobi.



De igual modo la telenovela mexicana Imperio de cristal está basada en la novela que también fue adaptada al teatro en 1972 siendo escrita por John Mortimer y protagonizada por David Warner o en 2006 por José Luis Alonso de Santos.
Con las últimas palabras escritas por Claudio anunciando su propia muerte en la obra de Robert Graves quiero despedirme de este gran emperador (Claudio el dios y su esposa Mesalina, XXXII):
“Mis ojos están fatigados y mi mano tiembla tanto, que apenas puedo formar las letras. Últimamente se han presenciado extraños presagios. En el cielo de la medianoche brilla un gran cometa, como el que presagió la muerte de Julio César. En Egipto se ha hablado de un fénix. Voló hasta allí desde Arabia, como es su costumbre, con una bandada de otros pájaros que lo admiraban. No creo que sea un verdadero fénix, porque aparece una vez cada 1461 años, y sólo han trascurrido 250 desde que se lo vio por última vez en Heliópolis, durante el reinado del tercer Tolomeo. Pero sin duda era una especie de fénix. Y si un fénix y un cometa no son maravillas suficientes, ha nacido un centauro en Tesalia, y me lo han traído a Roma (por vía de Egipto, donde los médicos de Alejandría lo examinaron por primera vez), y yo lo he tocado con mis propias manos. Sólo vivió un día, y llegó hasta mí conservado en miel, pero era un centauro indiscutible, y del tipo que tiene un cuerpo de caballo, no de la clase inferior que tiene cuerpo de asno. Fénix, cometa y centauro, un enjambre de abejas entre los estandartes del campamento de la guardia, un cerdo con garras como las de un halcón y el monumento de mi padre herido por un rayo. ¿Prodigios suficientes, adivinos?
No escribas más Tiberio Claudio, dios de los britanos, no escribas más".