Mostrando entradas con la etiqueta Augusto. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Augusto. Mostrar todas las entradas

jueves, 8 de mayo de 2014

El Teatro Marcelo


Roma 2013

        De los tres grandes teatros en piedra que existían en Roma en la época imperial, el único que permanece parcialmente en pie es el Teatro Marcelo. Proyectado por Julio César, fue ejecutado por Augusto entre los años 13 y 11 a.C quien lo dedicó a su querido sobrino y yerno Marco Claudio Marcelo, su potencial heredero si la muerte (acaecida en el 23 a.C.) no le hubiera sobrevenido de forma prematura cuando sólo contaba 19 años de edad.
Aún no finalizado, en el 17 a.C., se inauguró con los Juegos Seculares (que se celebraban cada 100 años para marcar el comienzo de una nueva era) en los que Horacio escenificó su Carmen Saeculare. Ese día se produjo una  anécdota curiosa: la silla curul donde estaba sentado el emperador se rompió precipitándolo al suelo de manera estrepitosa, hecho que provocó la paralización de la obra. Ante el estupor y preocupación de todos, el Príncipe, con su habitual naturalidad se alzó sonriendo y con un gesto de la mano solicitó que continuara la representación.
Construido en la zona de Circo Flaminio, la elección del lugar junto al Pórtico de Octavia y el templo de Apolo Sosiano, viene determinada por este último edificio, al dedicársele a Apolo las representaciones teatrales.
El teatro Marcelo constituye una de las grandes obras arquitectónicas del principado. Junto al teatro de Balbo el Joven (que se ubicaba muy próximo a él) y el teatro de Pompeyo evidencian la clara apuesta de Augusto por la cultura griega.
Aunque en determinadas ocasiones, Augusto ofrecía al público espectáculos más acordes con la mentalidad romana (como las luchas de fieras y gladiadores, la representación de batallas o las naumaquias), su principal objetivo era fomentar por encima de todos ellos el teatro, en un afán de intentar superar a los griegos y convertir a Roma en la capital cultural del imperio. Asimismo, lo concibió como el lugar idóneo de encuentro con el pueblo, es decir, aquel en el que los poetas leales a Augusto cantaban las gestas del elegido por los dioses para inaugurar una nueva era. Por otra parte, el teatro se convirtió en el púlpito donde el pueblo a través de aplausos o protestas aprobaba la gestión de un Príncipe muy dispuesto, tanto a aceptar los unos como a escuchar las otras. Así quedaba patente que el primer ciudadano accedía gustoso a dialogar con un pueblo, que precisamente por este motivo lo adoraba y respetaba.


Reconstrucción del teatro Marcelo

El teatro Marcelo, que podía albergar hasta 15.000 espectadores, tenía 32,60 metros de altura repartidos en tres pisos en los que se distribuían 41 arcadas. Su fachada reproduce por primera vez la superposición de órdenes (toscano en el primer piso, jónico en el segundo y pilastras de orden corintio en el tercero en forma de ático)  que inspiraría al constructor del Coliseo, en un modelo que ejercería una poderosa influencia en la historia de la arquitectura. El material usado, mármol travertino, también se utilizaría en la construcción del mayor anfiteatro del mundo.


Interior de las arcadas

Detalle de la fachada. Superposición de órdenes

Anfiteatro Flavio o Coliseo. 71-80 d.C. Roma 2013

Patio del Palazzo Pitti con superposición de órdenes. 1458. Florencia. 2012

Su interior (del que no se han conservado apenas restos) al igual que la mayoría de teatros romanos seguía el modelo heredado de Grecia y propuesto por Vitruvio, el cual constaba de las siguientes partes:
  • Frente escénico (scenae frons): Es el frente del edificio, normalmente compuesto por un doble cuerpo de columnas.
  • Orchestra: Espacio semicircular donde se sentaban las autoridades, actuaba el coro, etc.
  • Proscenio (Proscaenium): Lugar donde se representaba la obra.
  • Pórtico detrás de la escena (Porticus post scaenam): patio porticado detrás del Frente escénico.
  • Aditus: Pasillos laterales de entrada a la orchestra.
  • Cavea: Graderío donde por estratos sociales se acomodaba el público. Se dividía en ima cavea (gradas inferiores), media cavea (gradas medias) y summa cavea (gradas superiores).
  • Vomitoria: galerías abovedadas por las que se accedía al teatro.


El teatro Marcelo resultó muy dañado durante el incendio de Roma del 64 d.C y abandonado en siglo IV, sus bloques de mármol se usaron para construir el Puente Cestio. En la Edad Media se usó como fortaleza convirtiéndose en el palacio de los Savelli durante el siglo XII. Más tarde, su interior fue demolido para la construcción de casas de vecinos. A principios del siglo XX el teatro fue sacado a la luz liberándolo de todos los edificios que lo ocultaban.


Roma 2011


                          
           https://www.youtube.com/watch?v=jwDtlOSpA88

viernes, 14 de marzo de 2014

Agripa, la sombra del Príncipe. 1ª Parte

Marco Vipsanio Agripa. Siglo I a.C. París. Museo del Louve

Me gusta creer que si Agripa hubiera vivido en el Renacimiento hubiera sido un genio comparable al mismísimo Miguel Ángel Buonarotti, quien conmocionado ante la cúpula del Panteón (obra cumbre diseñada por el romano y a la que dio forma Adriano en el siglo II d.C.), no pudo más que exclamar su famoso “angelico e non umano” (Obra de los ángeles y no de los hombres).


Interior del Panteón de Agripa. Siglo II d.C. Roma 2013

Uno de los máximos aciertos de la política de Augusto fue rodearse de hombres de su absoluta confianza, cuyas familias no pertenecían a la nobleza romana del más rancio abolengo y cuyo ascenso debían mayoritariamente a él, ganándose de este modo su lealtad incondicional. Válidos por sus méritos, no por la pureza de su sangre, entre ellos sobresale por encima de todos, Marco Vipsanio Agripa, que se convertiría en su amigo íntimo, consejero y valuarte de casi todas sus victorias militares gracias a su genialidad en el campo de batalla ya fuera por tierra o por mar. No sólo eso, ingeniero y arquitecto, Agripa dio forma a la Roma ideada por Augusto. Fue el perfecto segundo, siempre a la sombra del Príncipe, siempre trabajando para que él brillara. A las cualidades de Agripa se añaden también las de cartógrafo y escritor, o sea un perfecto humanista quince siglos antes.
Pertenecía a una familia de cierta riqueza del orden ecuestre afincada en las zonas rurales cercanas a Roma aunque no se sabe con certeza si procedía del Véneto. Ninguno de sus miembros había accedido nunca a ningún cargo público. Parece que su hermano luchó en la Guerra de África contra César y que fue perdonado por éste gracias a la intercesión de su sobrino Octavio. Este hecho sirve para corroborar el fuerte vínculo que unía a los dos jóvenes desde la más tierna adolescencia.
Debido al escaso talento militar de Octavio, desde el momento que los jóvenes conocieron la noticia del asesinato de César, delegó el control de las legiones en Salvidieno y Agripa. En el 40 a.C. la traición del primero dejó el mando de las mismas a Agripa, que las condujo victoriosas en las Batallas de Naulocos y Accio. Participó también en la Batalla de Munda bajo el mando de César, y ya junto a Octavio en Filipos, Módena y Perugia. Por su triunfo en Naulocos sobre los piratas liderados por Sexto Pompeyo (que tanto daño hacían a la población al impedir el suministro de trigo) se le condecoró con una corona naval, la corona rostrata; un hecho sin precedentes, pues ningún hombre en la historia la había recibido jamás ni volvería a concederse.



Moneda con Agripa en el anverso y Neptuno en el reverso

          Augusto lo colmó de todos los honores y gracias al patronazgo de su amigo, Agripa accedió a importantes cargos públicos llegando a ostentar la más alta magistratura del estado, el consulado, en tres ocasiones. Además, fue Tribuno de la Plebe, Pretor urbano, Gobernador de la Galia Transalpina y Edil, magistratura de carácter inferior con la que se sintió plenamente realizado pues en calidad de responsable de de las construcciones de Roma pudo dedicarse a su gran pasión: la arquitectura.
Contrajo matrimonio tres veces: en primeras nupcias con Cecilia Ática de la que tuvo una hija, Vipsania, que fue la primera esposa del futuro emperador Tiberio. Con posterioridad, se casó con Claudia Marcela, sobrina de Octavio con quien tuvo otra hija. Su matrimonio definitivo fue con Julia Mayor, la hija de Augusto, tras la muerte del primer marido de ésta, el joven Marcelo. El otro amigo de ambos, Mecenas, aconsejó a Augusto sobre Agripa del siguiente modo: “Le has hecho tan poderoso que debe convertirse en tu yerno o ser asesinado” (Historia de Roma.. Dión Casio).  Este matrimonio le supuso a Agripa el reconocimiento como heredero del Príncipe y a éste el malestar de su esposa Livia que aspiraba a casar con Julia a su hijo Tiberio. Agripa y Julia tuvieron cinco hijos: Cayo, Lucio (adoptados inmediatamente por Augusto) Agripina, Julia Menor y Agripa Póstumo.


Medallón con Augusto, Agripa y Julia. Siglo XVI
En cuanto a descripción física y psicológica, Agripa representaba el contrapunto de Augusto. De rasgos duros, era alto, musculoso y fuerte. Su físico imponente contrastaba con el perfil aniñado y menudo de su amigo. Respecto a su carácter lo que se puede extraer de las fuentes es que tenía la rudas maneras de un soldado, sin embargo, era generoso, leal, altruista, un hombre sencillo al que por ejemplo le gustaba el arte, pero como algo que debía disfrutar todo el mundo y no sólo unos cuantos privilegiados; por este motivo, gastó ingentes cantidades de dinero en  comprar cuadros pero los expuso en los baños que construyó para el pueblo de Roma. Otra anécdota que nos hace comprender su grandeza es que rechazó la celebración de los tres triunfos que se le ofrecieron por sus éxitos militares para no ensombrecer al Príncipe. Hombre práctico y muy romano, poseía una férrea voluntad que no admitía errores ni retraso en nada de lo que hacía. Era a todos los efectos el igual de Augusto, único hombre al que obedecía, pero siempre iba un paso por detrás de él en los desfiles.


 
Agripa. Siglo I a.C. Museo Pushkin. Reconstrucción virtual de su rostro

Marco Vipsanio Agripa. Procesión del Ara Pacis Augustae. 13-9 a.C. Roma 2013

Era tal la conexión entre los dos amigos que nunca los separó celos ni envidias. Sólo en una ocasión Agripa pareció molestarse ante los excesivos honores que Augusto concedía a su jovencísimo sobrino Marcelo. Aún así en el 23 a.C. Augusto, gravemente enfermo, entregó su sello a Agripa, lo que suponía reconocerlo como su sucesor en detrimento de Marcelo. Sin embargo Agripa, antes de poner al Príncipe en una situación difícil, cuando aquel se recuperó se alejó de Roma durante dos años, volviendo ya como esposo de Julia, a la muerte del joven en el 21 a.C. Suetonio define su actitud ante esta situación como impaciente: “A veces echó en falta paciencia en Marco Agripa pues por una ligera sospecha de frialdad y, porque a su entender, se le posponía a Marcelo, lo había dejado todo y se había retirado a Mitilene” (Vida de Augusto. 66.3)


Augusto y Agripa (con corona rostrata)

De nuevo los dos amigos


         Murió en Campania a la edad de 51 años a la vuelta de Panonia en el 12 a.C., sin lograr regresar a Roma. Hasta allí se trasladó Augusto que no consiguió ver a su querido amigo por última vez con vida. Fue un gran golpe para el Príncipe que llevó luto por él durante un mes entero. Él mismo leyó el discurso en el funeral de Estado con que lo honró. Ordenó que lo enterraran en el Mausoleo imperial. En su testamento, Agripa legó a Augusto su fortuna y al pueblo de Roma sus baños y jardines lo que refleja la nobleza de su carácter. Es bellísimo el párrafo que le dedica Dion Casio en su Historia de Roma:
“Fue enterrado en el propio Mausoleo del emperador, aunque Agripa había preparado uno para sí mismo en el Campo de Marte. Este fue el final de Agripa, que en todos los sentidos se había mostrado claramente como el más noble de los hombres de su época y había utilizado su amistad con Augusto, con miras de ofrecer el mayor provecho tanto para el propio emperador como para el Imperio. El que superó a todos en excelencia, se mantuvo por su propia voluntad a las ordenes del emperador y al mismo tiempo dedicó toda su sabiduría y valentía a los más altos intereses de Augusto, y todos ellos prodigados y por el honor e influencia que recibió de él hacía el beneficio de los demás. 
Es por esto, en particular, que él nunca se convirtió en odiado por Augusto ni por sus conciudadanos, por el contrario, ayudó a Augusto para establecer la monarquía, como si fuera realmente un dedicado valedor del régimen autocrático. Y se ganó a la gente en su beneficio, como si fuera el más alto grado de un gobierno popular. 
En cualquier caso, incluso a su muerte dejó sus jardines y los baños que llevan su nombre para que en ellos puedan bañarse los ciudadanos sin pagar y, a tal fin dio a Augusto determinadas fincas. Y el emperador no sólo revirtió éstas al Estado, sino también distribuyó a la población cuatrocientos sestercios a cada uno, dando a entender que había sido Agripa quién así lo ordenara. De hecho Augusto había heredado la mayor parte de los bienes de Agripa, incluida la Chersonese en el Hellespont, que habían llegado de alguna manera u otra a ser propiedad de Agripa. 
Augusto sintió su pérdida durante mucho tiempo y, por tanto, propició que fuera honrado a los ojos del pueblo, y llamó al hijo póstumo nacido de él como Agripa”.
Y Roma ha reconocido su grandeza de la mejor manera: su joya más preciada, el Panteón, muestra en su friso a los millones de personas que al igual que Miguel Ángel contemplan extasiadas el cielo a través de su cúpula, el nombre del hombre excepcional que no sólo soñó un día atrapar en hormigón el firmamento sino que superó sus propios anhelos; pues si el cielo existe, no es posible que pueda deleitarnos con una visión más hermosa que la que se nos ofrece al elevar los ojos hacia lo alto cuando traspasamos el dintel que da acceso a su Pantheon.

El Panteón de Agripa. Siglo II d.C. Roma 2013 
"Marco Agripa, hijo de Lucio, lo construyó durante su tercer consulado"

viernes, 21 de febrero de 2014

El hijo de un dios

      A finales de 45 a.C. el joven Octavio partió hacia Apolonia acompañado de su ya inseparable Marco Agripa, de otro amigo de la infancia, Quinto Salvidieno, y de un pintoresco personaje, Cayo Cilnio Mecenas.
      Apolonia era una ciudad griega que tenía una importante escuela de filosofía y retórica. Los jóvenes estarían allí bajo la tutela de Apolodoro de Pérgamo y dedicarían parte de su jornada al estudio de las lenguas griega y latina, entre otras disciplinas. El resto del tiempo lo emplearían en el entrenamiento con las legiones asentadas en Macedonia. A pesar de su delicada condición física, Octavio se empeñaba más allá de sus fuerzas en la práctica de estos ejercicios militares.


El joven Octavio

         No pasaron ni 4 meses de su estancia allí cuando un liberto de Atia, la madre de Octavio, se presentó ante el joven con una carta de ella en la que se le anunciaba que su tío abuelo había sido asesinado en el Senado y lo instaba a volver a casa lo antes posible, pues en torno a los seguidores del dictador cundía el el pánico y una gran inestabilidad.
        Las esperanzas de una gran carrera política y militar de la mano de César, se esfumaron en un segundo para Octavio, que debió sentir un gran dolor ante la pérdida de la persona que más había confiado en él.
        He hablado de los sentimientos de Julio César por su sobrino pero no de los que éste le profesaba. Tan cariñoso como se demostró a lo largo de su vida con los miembros de su familia y leal a sus afectos, el futuro Augusto debió haber sentido una gran adoración por la figura más cercana a un padre que había conocido y al que le debía todo: su linaje noble, su acercamiento a la alta política romana y una esmerada educación. El vil asesinato le inspiró un odio tan profundo hacia sus asesinos que lo incitó a una venganza obsesiva que no vio satisfecha hasta que pereció el último de ellos. Tan importante fue para él que inmortalizo ese sentimiento en una de las obras arquitectónicas más imponentes de su principado: el Foro de Augusto, cuyo Templo dedicó a Marte Vengador.

Reconstrucción del Foro de Augusto
Fuente: Roma Capitale

        Independientemente de que en muchas ocasiones posteriores utilizara la figura y la fascinación que César inspiraba para su propia propaganda y que no siguiera todos sus planes y proyectos políticos, para Octavio fue una pérdida profunda e irremplazable porque aún hubiera necesitado su protección y tutela durante tantos años. Además, ya nunca tendría la oportunidad de cumplir su sueño de luchar a su lado.
De este modo, cuando aún no había cumplido los 19 años se encontró desamparado, solo y desorientado ante una delicadísima situación política. No sólo su futuro pendía de un hilo sino también el de Roma y el de todas las provincias de ella dependientes. En una situación de absoluta vulnerabilidad se enfrentó al hecho de tener que tomar decisiones demasiado trascendentales para un adolescente.
Pero las tomó, aún cuando adoptar la primera de ellas le supuso decir adiós para siempre a la despreocupación de la juventud. En deliberación con sus tres íntimos amigos y rehusando la idea de Agripa (que ya entonces despuntaba en el ámbito militar) de hacerse con el mando de las legiones macedónicas los 4 jóvenes partieron hacia Italia de una manera discreta.
          Al desembarcar en Bríndisi, en el sur de Italia, recibió una nueva misiva de su madre que debió conmocionarlo profundamente pues le anunciaba que había sido abierto el testamento de Julio César y que no sólo lo nombraba como el heredero de las 3/4 partes de su patrimonio, sino lo que era más importante: lo adoptaba como hijo legándole su nombre, su clientela y el afecto de sus legiones. A pesar de las reticencias de su madre y padrastro que le instaban a renunciar a todo, Octavio aceptó los términos del testamento y, a partir de entonces, el muchacho de Velletri de dudosos orígenes pasó a convertirse en el hijo póstumo del hombre más poderoso del mundo, y en breve, por aclamación popular, dios insigne del Olimpo romano.
         Esa primavera romana fue muy inestable en cuanto a la meteorología. Temporales de lluvia y niebla asolaban la ciudad de las siete colinas desde los Idus de marzo. Cuentan las crónicas que el día que el heredero de César entró en Roma, el sol resplandecía, lo que fue considerado como un excelente augurio.

Agripa (Allen Leech), Octavio (Simon Woods) y Mecenas (Alex Wyndham).
Fotograma de la serie Roma

       Sin embargo, enseguida tuvo que enfrentarse a la animosidad del hombre en quien confiaba encontrar ayuda al haber sido durante años la mano derecha de su ahora padre adoptivo: el cónsul Marco Antonio, que no sólo había concedido una amnistía a los asesinos que lo convirtió en el Primer Hombre de Roma en aquellos días convulsos sino que se negó a validar el testamento de César, alegando ilegitimidad.
       Octavio, aunque tremendamente desilusionado, no se amilanó. Él era indudablemente el heredero que César había deseado en un testamento que validó en septiembre del 45 a.C., en una época en que su amante Cleopatra se encontraba en Roma con el hijo ilegítimo de ambos, el pequeño Ptolomeo César de casi 3 años, y que  pese a Hollywood y su filmografía, ni siquiera mencionó entre sus últimas voluntades. La designación de Octavio fue el último destello de genialidad de un César que supo ver en su joven sobrino la integridad y talento necesarios para el bienestar de Roma y su Imperio.

martes, 11 de febrero de 2014

Clausurada con éxito la Exposición Augusto

Entrada a Le Scuderie del Quirinale. Roma 2013

El pasado domingo 9 de febrero se clausuró en Roma la Exposición sobre Augusto. Alrededor de 160.000 personas han acudido durante estos casi cuatro meses a Le Scuderie del Quirinale para contemplar el espectacular legado de la Edad de Oro romana, que podrán seguir admirándose a partir del 19 de marzo en Les Galeries nacionales du Grand Palais de París.
La muestra ha sido sólo la primera de una serie de iniciativas que se llevarán a cabo durante el 2014 en Roma para conmemorar el bimilenario.  Esperemos que la más importante de todas sea el inicio de las labores de restauración del Mausoleo Augusteo (para lo que hay ya disponibles dos millones de euros) y que anhelamos no se demoren mucho pues el monumento está sufriendo considerablemente con los últimos temporales de lluvia y viento que están asolando la capital italiana este invierno. El resto de celebraciones en los próximos meses se ampliarán a otros puntos de la ciudad eterna.

Mausoleo de Augusto en Roma anegado a causa de las lluvias


Riada en el Mausoleo de Augusto

Pero no sólo es Roma, otras regiones de Italia y parte del extranjero también están llevando a cabo actos para conmemorar al hombre que consolidó el mayor Imperio que ha conocido la historia de la humanidad. Concretamente en España, las ciudades más vinculadas a su figura como Mérida, Tarragona o Zaragoza preparan del mismo modo su homenaje particular.
Dos mil años después de la muerte de Augusto, su memoria está más viva que nunca. 

domingo, 15 de diciembre de 2013

Bimilenario de Augusto

El objetivo de este blog es rendir homenaje a Augusto, el primer emperador romano durante el año en que se cumple el segundo milenio de su muerte, hecho que tendrá lugar el 19 de agosto de 2014. No pretendo hacer un mero glosario de fechas y hechos históricos, me interesan mucho más los sentimientos y mostrar a la persona que se esconde debajo del personaje histórico que siendo apenas un adolescente heredó el inmenso legado de Julio César y que supo llevar a buen fin, en una época extremadamente convulsa, las inmensas expectativas que el gran César puso sobre sus hombros y que culminaron en la Edad de Oro Augustea.


   Foro de Augusto. Roma. 27-2 a.C. Roma 2013

El pasado 18 de octubre comenzaron en Roma los actos de conmemoración de dicha efemérides, al inaugurarse la magna exposición Augusto, que tendrá sus puertas abiertas en la Ciudad Eterna hasta el 9 de febrero y que, con posterioridad y desde el 19 de marzo al 13 de julio, se expondrá en las Galeries nationales du Grand Palais de París. No obstante, la capital italiana dedicará todo el año 2014 a glorificar a su Príncipe, al hombre que la amó más que ningún gobernante anterior y cuyo gran objetivo fue transformar la ciudad de ladrillo y barro que se encontró (abandonada y devastada por los continuos disturbios y guerras civiles de los últimos años de la República) en una ciudad de mármol, germen de la ciudad única que desde entonces ha maravillado a toda la humanidad y que, probablemente, en la actualidad no existiría si él no hubiera vencido a Marco Antonio en la Batalla de Accio en el 31 a.C.
            Augusto fue el sobrino nieto e hijo adoptivo del más grande de los romanos: Julio César. Falto del inmenso carisma y la genialidad de su tío abuelo, su grandeza residió en haber sabido reconocer sus carencias y aprovechar al máximo su enorme inteligencia e intuición política. Aprendiendo de los errores que llevaron a César a su asesinato, consiguió crear una nueva forma de gobierno, convirtiéndose en el primer gran político de la historia que hizo de  la propaganda a través del arte, las letras y todos los medios a su alcance, un arma fundamental en su extenso principado, siendo el emperador romano que más años ostentó el poder. Acabó con las guerras civiles, pacificó el mundo romano, asegurando así la prosperidad del imperio durante más de cuarenta años. Esto le permitió cumplir su gran sueño: embellecer y dar perdurabilidad a una Roma que con él comenzó a ser eterna. Hoy Roma no lo olvida y durante todo el año 2014 volverá a revivir el esplendor de su Edad Dorada de la mano de Cayo Julio César Octavio Augusto, perpetuo Padre de la Patria.

 Roma.Vista desde la Piazza del Quirinale. Roma 2013