Mostrando entradas con la etiqueta Carmen Saeculare. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Carmen Saeculare. Mostrar todas las entradas

sábado, 13 de junio de 2015

Los Juegos Seculares

Después del retorno de las águilas arrebatadas por los partos, de la purga del Senado y de la promulgación de la leyes relativas a la moral (actuaciones encaminadas todas a recuperar los conceptos ancestrales de virtus, mores maiorem y familia numerosa), Augusto quiso atraer el favor de los dioses a la vez que brindar al pueblo un espectáculo único en el que dejar clara su propaganda mediante la celebración de los Juegos Seculares (Ludi saeculares), gran celebración religiosa en la que se llevaban a cabo sacrificios y representaciones teatrales. Tenían lugar durante 3 días y 3 noches cada 100 años. Los últimos se habían celebrado hacía 136 años, por lo que el Príncipe no dudó en recuperarlos para exaltar el advenimiento de una nueva Era (anunciada según Augusto por el cometa que reveló el ascenso de César al Olimpo). Tuvieron lugar entre los días 31 de mayo y 3 de junio del año 17 a.C.

Moneda conmemorativa de los Juegos Seculares

Meses antes de los juegos, heraldos vestidos a la antigua usanza fueron anunciando “una fiesta que nadie había contemplado ni volvería a contemplar” (Suetonio. Vida de Claudio. 21,2).
Los ritos tendrían lugar en la colina palatina (siendo el centro neurálgico el impresionante templo de Apolo) y en el Campo de Marte. A diferencia de anteriores juegos en los que se exhortaban a los dioses del inframundo, éstos estaban destinados a invocar a las Moiras (diosas del destino), a las Ilitías (diosas del nacimiento y las comadronas) y a Tellus (la diosa Tierra) pues las ofrendas eran para favorecer la fertilidad y el bienestar del pueblo romano. Además se hicieron sacrificios a Júpiter, Juno, Apolo y Diana.
El pueblo colaboró activamente. El día antes de la inauguración, los ciudadanos, portando antorchas encendidas con sulfuro y asfalto como símbolos de purificación, debían realizar ofrendas a los sacerdotes de productos del campo: trigo, frutas, habas, etc. en alusión a los orígenes campesinos de Roma. Incluso los solteros y las viudas (a los que las recientes leyes prohibían asistir a espectáculos públicos) pudieron concurrir, pues la prohibición fue levantada para la ocasión).
Augusto participó en los sacrificios infatigablemente. En los nocturnos guiaba solo la ceremonia mientras que en los diurnos estaba acompañado por Agripa. La primera noche, antes de sacrificar a las Moiras 9 corderos hembra y 9 cabras hembra, pronunció una oración de corte arcaico por el destino glorioso y la salud del pueblo romano, por las legiones, por el crecimiento de su imperio terrenal, por los sacerdotes y por la familia imperial, encargada de la custodia del legado romano. Durante las dos noches sucesivas, se sucedieron las ofrendas a las Ilitías (27 libum) y a Tellus (el sacrificio más espectacular llevado a cabo por el propio Augusto que consistía en una cerda preñada). Todos ellos se celebraron en el Campo de Marte.

Relieve que representa un sacrificio en el Altar de Enobarbo. Siglo I A.C. París. Museo del Louvre

Los sacrificios diurnos fueron dedicados a Júpiter (2 toros), a Juno (2 vacas) en sus templos del Capitolio y en el Palatino a Apolo y Diana (ofrenda de 27 libum). El espectáculo debió ser inolvidable.
Coros de matronas cantaban por la bendición del Estado y de la familia mientras que  niños y niñas vestidos de blanco entonaban ante el Templo de Apolo Palatino el Carmen Saeculare, escrito por Horacio para la ocasión, que hacía referencia a los ritos de los juegos y encerraban una glorificación de la política de Augusto. El cántico también se entonó en el Teatro Marcelo (que aún no estaba acabado).

Diosa Tellus en el Ara Pacis Augustae. 13-9 a.C. Roma 2013

Tras la finalización de los grandes sacrificios se siguieron rindiendo cultos a los dioses durante el mes de junio al mismo tiempo que se celebraron carreras de cuadrigas y luchas en el anfiteatro.

Coros de niños y niñas
¡Oh poderoso Febo, y tú, Diana, que en los bosques reina,
 astros brillantes del cielo, siempre adorados y siempre dignos de adoración,
 escuchad nuestras súplicas estos días!

¡Hoy consagrados por los versos de la Sibila, las vírgenes escogidas y los castos mancebos eleven sus cánticos en loor de los dioses protectores de las siete colinas!
Coros del pueblo y niños
¡Sol divino que en con fulgente carro descubres y escondes el día, siempre igual y diferentes naces, nada más hermoso que Roma podrás contemplar!
Coro de doncellas
¡Dulce Ilitía, que presides los alumbramientos felices, protege a las madres; ya seas llamada Lucina, ya Genital
¡Favorece, ¡oh diosa!, su fecundidad, y haz que prosperen los decretos de los senadores sobre los matrimonios y la ley conyugal llamada a multiplicar nuestra prole!
Así, transcurridos otros ciento diez años, volverán a resonar estos cantos y celebrarse estos juegos tres veces bajo la luz radiante del sol, y otras tantas
en la callada de la noche.
Coro del pueblo
Y vosotras, Parcas, siempre veraces al anunciar lo que el destino ha decretado, lo que guarda el orden estable de la naturaleza, añadid nuevas dichas a las ya logradas.
Que la tierra, fértil en granos y rica en rebaños, ciña con corona de espigas las sienes de Ceres, y fecunde sus gérmenes vitales las ondas cristalinas
y las auras de Jove.
Niños
Depón los certeros dardos, Apolo, y escucha grato y benévolo a los jóvenes suplicantes.
Niñas
¡Oh Luna, creciente reina de los astros, dígnate oír a las doncellas!
Coro general
Si la potente Roma es obra vuestra, si obedientes a vuestros mandatos abandonaron sus Lares y su ciudad y emprendieron próspero viaje hacia las playas de Etruria los habitantes de Ilión,
a quienes el piadoso Eneas, sobreviviendo a la catástrofe de su patria y fiel a sus promesas, abrió libre camino a través de la incendiada Troya para darles más de lo que abandonaban

 ¡Oh dioses!, conceded a la dócil juventud puras costumbres, plácido descanso a los ancianos, y al pueblo de Rómulo sucesión, riquezas y glorias envidiables.

Que el descendiente esclarecido de Anquises y Venus, que ahora os sacrifica los blancos toros, impere vencedor del enemigo belicoso, y clemente con el enemigo humillado a sus plantas.

Ya el medo reconoce su poder, tan grande en la Tierra como en el mar, y tiembla ante las segures de Alba; ya los escitas y los indos, antes tan soberbios, aguardan sus soberanos decretos.

Ya se atreven a volver el honor, la buena
fe, la paz, el antiguo pudor y la virtud tanto tiempo olvidada; ya aparece la feliz Abundancia
con su cuerno henchido de frutos.
Coro de niños
Y el profético Apolo, ornado de su aljaba rutilante, y siempre querido por las nueve hermanas, cuya ciencia saludable vigoriza los cuerpos que languidecen enfermos,
contempla orgulloso los alcázares del Palatino, la grandeza de Roma y la tierra feliz del Lacio, ¡que prolongue la inmortal gloria latina otro siglo con días siempre mejores!
Coro de doncellas
Que Diana, tan reverenciada en el Aventino y el Álgido, acepte los ruegos de los quince sacerdotes, y preste atento oído a los votos de los mancebos.
Coro general
Nosotros, que aprendimos a cantar en coro las alabanzas de Febo y Diana, nos llevamos a casa la firme y consoladora esperanza de que han atendido nuestras súplicas Jove y todos los dioses.

Horacio. Carmen Saeculare

jueves, 8 de mayo de 2014

El Teatro Marcelo


Roma 2013

        De los tres grandes teatros en piedra que existían en Roma en la época imperial, el único que permanece parcialmente en pie es el Teatro Marcelo. Proyectado por Julio César, fue ejecutado por Augusto entre los años 13 y 11 a.C quien lo dedicó a su querido sobrino y yerno Marco Claudio Marcelo, su potencial heredero si la muerte (acaecida en el 23 a.C.) no le hubiera sobrevenido de forma prematura cuando sólo contaba 19 años de edad.
Aún no finalizado, en el 17 a.C., se inauguró con los Juegos Seculares (que se celebraban cada 100 años para marcar el comienzo de una nueva era) en los que Horacio escenificó su Carmen Saeculare. Ese día se produjo una  anécdota curiosa: la silla curul donde estaba sentado el emperador se rompió precipitándolo al suelo de manera estrepitosa, hecho que provocó la paralización de la obra. Ante el estupor y preocupación de todos, el Príncipe, con su habitual naturalidad se alzó sonriendo y con un gesto de la mano solicitó que continuara la representación.
Construido en la zona de Circo Flaminio, la elección del lugar junto al Pórtico de Octavia y el templo de Apolo Sosiano, viene determinada por este último edificio, al dedicársele a Apolo las representaciones teatrales.
El teatro Marcelo constituye una de las grandes obras arquitectónicas del principado. Junto al teatro de Balbo el Joven (que se ubicaba muy próximo a él) y el teatro de Pompeyo evidencian la clara apuesta de Augusto por la cultura griega.
Aunque en determinadas ocasiones, Augusto ofrecía al público espectáculos más acordes con la mentalidad romana (como las luchas de fieras y gladiadores, la representación de batallas o las naumaquias), su principal objetivo era fomentar por encima de todos ellos el teatro, en un afán de intentar superar a los griegos y convertir a Roma en la capital cultural del imperio. Asimismo, lo concibió como el lugar idóneo de encuentro con el pueblo, es decir, aquel en el que los poetas leales a Augusto cantaban las gestas del elegido por los dioses para inaugurar una nueva era. Por otra parte, el teatro se convirtió en el púlpito donde el pueblo a través de aplausos o protestas aprobaba la gestión de un Príncipe muy dispuesto, tanto a aceptar los unos como a escuchar las otras. Así quedaba patente que el primer ciudadano accedía gustoso a dialogar con un pueblo, que precisamente por este motivo lo adoraba y respetaba.


Reconstrucción del teatro Marcelo

El teatro Marcelo, que podía albergar hasta 15.000 espectadores, tenía 32,60 metros de altura repartidos en tres pisos en los que se distribuían 41 arcadas. Su fachada reproduce por primera vez la superposición de órdenes (toscano en el primer piso, jónico en el segundo y pilastras de orden corintio en el tercero en forma de ático)  que inspiraría al constructor del Coliseo, en un modelo que ejercería una poderosa influencia en la historia de la arquitectura. El material usado, mármol travertino, también se utilizaría en la construcción del mayor anfiteatro del mundo.


Interior de las arcadas

Detalle de la fachada. Superposición de órdenes

Anfiteatro Flavio o Coliseo. 71-80 d.C. Roma 2013

Patio del Palazzo Pitti con superposición de órdenes. 1458. Florencia. 2012

Su interior (del que no se han conservado apenas restos) al igual que la mayoría de teatros romanos seguía el modelo heredado de Grecia y propuesto por Vitruvio, el cual constaba de las siguientes partes:
  • Frente escénico (scenae frons): Es el frente del edificio, normalmente compuesto por un doble cuerpo de columnas.
  • Orchestra: Espacio semicircular donde se sentaban las autoridades, actuaba el coro, etc.
  • Proscenio (Proscaenium): Lugar donde se representaba la obra.
  • Pórtico detrás de la escena (Porticus post scaenam): patio porticado detrás del Frente escénico.
  • Aditus: Pasillos laterales de entrada a la orchestra.
  • Cavea: Graderío donde por estratos sociales se acomodaba el público. Se dividía en ima cavea (gradas inferiores), media cavea (gradas medias) y summa cavea (gradas superiores).
  • Vomitoria: galerías abovedadas por las que se accedía al teatro.


El teatro Marcelo resultó muy dañado durante el incendio de Roma del 64 d.C y abandonado en siglo IV, sus bloques de mármol se usaron para construir el Puente Cestio. En la Edad Media se usó como fortaleza convirtiéndose en el palacio de los Savelli durante el siglo XII. Más tarde, su interior fue demolido para la construcción de casas de vecinos. A principios del siglo XX el teatro fue sacado a la luz liberándolo de todos los edificios que lo ocultaban.


Roma 2011


                          
           https://www.youtube.com/watch?v=jwDtlOSpA88