Octavia. Siglo I a.C. Museo de las Termas. Roma 2018
Octavia, la hermana de
Augusto, es sin lugar a dudas el personaje que más me conmueve de todos los que
lo rodean. Leal, honesta, siempre al servicio de Roma y de su hermano, defendió
los intereses de su marido, Marco Antonio, aún cuando éste la había repudiado y
humillado ante todo el mundo. Mujer de grandes valores y nobleza de espíritu reunía
todas las virtudes de las tradicionales matronas romanas.
Octavia Menor nació el 69 a.C., por tanto era 6 años
mayor que Augusto. Ambos tenían una hermanastra, Octavia Mayor, fruto de un
matrimonio anterior de su padre. Los dos más pequeños estaban muy unidos, mucho
más de lo que era frecuente en la estricta sociedad romana. Sin embargo, el
futuro emperador y Octavia nunca ocultaron el gran afecto mutuo que se
profesaban.
La joven tuvo una infancia
feliz en Velletri. En el 54 a.C
fue dada en matrimonio a Cayo Claudio Marcelo, un miembro distinguido de la
poderosa gens Claudia, 20 años mayor que ella. Con anterioridad Julio César
(que era su tío abuelo) la había ofrecido a Pompeyo como esposa. Éste, que
acababa de enviudar de Julia (la hija de César) rechazó la oferta. De haberse
producido el matrimonio quizás hubiera podido evitarse una guerra civil. A pesar
de que Marcelo era contrario a César, el dictador lo perdonó y su joven sobrina
vivió un matrimonio más o menos feliz. De esta unión, Octavia tuvo tres hijos:
las dos Marcela y en 43 a.C.,
el que sería la gran alegría de su vida, el único varón que trajo al mundo,
Marco Claudio Marcelo. Durante este período prestó ayuda a muchos de los
condenados por las proscripciones ordenadas por el triunvirato, de ahí el amor y
la admiración que todos sentían por ella.
En 41 a.C, a la edad de 29 años y
embarazada de su tercera hija se quedó viuda. Sin embargo, ese mismo año por
decreto senatorial casó en segundas nupcias con Marco Antonio en un matrimonio
que debía consolidar la posición del triunvirato. Marco Antonio acababa de
enviudar de su esposa Fulvia al mismo tiempo que había abandonado a Cleopatra,
que había dado a luz a sus gemelos, fruto del invierno que habían pasado juntos
en Alejandría. Octavia se convirtió en la mujer más poderosa de su tiempo, al
ser hermana y esposa de los dos romanos más influyentes de su tiempo. El
matrimonio fue acogido y celebrado por Roma con gran júbilo pues significaba el
triunfo de la paz.
Moneda con Marco Antonio en el anverso y Octavia en el reverso
Entre el 40 y el 36 a.C., la nueva pareja vivió
en Atenas junto con los tres hijos de ella y los dos de él. ¿Fue una unión
feliz?. No hay nada que indique lo contrario. A pesar de la diferencia de
caracteres, Antonio era un hombre que sabía satisfacer a cualquier tipo de
mujer mientras que Octavia era considerada una de las mujeres más hermosas del
mundo, mucho más que la reina Cleopatra. Por otro lado, su carácter paciente y
dulce aportaba al triunviro una estabilidad y serenidad de la que nunca había
disfrutado. Los cuatro años que estuvieron juntos mostraron al Marco Antonio
más centrado y volcado en sus tareas de gobierno. La mediación de Octavia entre
los dos triunviros otorgó un período armonía al mundo romano. Del matrimonio
nacieron dos hijas: Antonia Mayor (abuela de Nerón) y Antonia Menor (madre de
Claudio).
Pero un espíritu lujurioso
como el de Marco Antonio no podría ser dichoso eternamente junto a la virtuosa
Octavia. Por ello, y ante algunas divergencias surgidas con su cuñado Octavio
(que Octavia logró aplacar en parte consiguiendo la renovación del triunvirato en
Tarento), Antonio abandonó a su esposa romana y volvió a los brazos de
Cleopatra.
No
obstante, Octavia continúo viviendo en Atenas fiel a su marido y al cuidado de
los 7 niños a su cargo. En el 35
a.C., deseando reconciliarse con su esposo partió tras
él con dinero y tropas para su campaña contra los partos. Éste le ordenó dejar
los pertrechos para la guerra en Atenas y volver a Roma. Al llegar allí,
Octavia rechazó la propuesta de su hermano de vivir con él y se instaló con sus
hijos y los de Antonio en la casa de aquel, permaneciendo leal a sus intereses
como una buena esposa romana. Residió allí hasta que en el 32 a.C. Antonio se divorció de
ella y le exigió abandonar su casa. Aún así Octavia llevó con ella a los hijos de
Antonio y Fulvia a los que continuó educando junto a los suyos propios.
Humillación tras humillación, Octavia jamás mostró deslealtad ni rencor hacia
su marido. Su nobleza no tenía fin, hasta tal punto que tras la batalla de
Accio (que supuso en el 31 a.C.
la muerte de Marco Antonio y Cleopatra), acogió también a los pequeños hijos de
aquella funesta unión.

Octavia
Cuando
Augusto se hizo con el poder absoluto, Octavia (que no volvió a casarse) vivió
los años más felices de su vida dedicada en exclusiva al cuidado de la numerosa
prole a su cargo y, en especial a Marcelo, su hijo más querido, al que vio
convertirse en un espléndido adolescente adorado por el mismo Príncipe. De
hecho, éste aunque no lo adoptó como hijo lo casó en el 25 a.C. con su única hija Julia, lo que
suponía considerarlo su heredero por delante de los hijos de su esposa Livia.
Augusto nunca ocultó la debilidad que sentía por su joven sobrino, y al igual
que César había hecho con él, Marcelo lo acompañaba en casi todos los actos
públicos al mismo tiempo que lo cubrió de honores, quizás desmedidos para su
corta edad, como desfilar con tan sólo 12 años a su derecha en el triunfo
celebrado tras la victoria de Accio. A causa de Marcelo, tuvo Augusto las
únicas desavencias con Agripa, a quien le costaba digerir los excesivos mimos y
atenciones que aquel dedicaba al muchacho.

Marcelo. Siglo I a.C, París. Museo del Louvre
Sin embargo, este momento
dichoso de Octavia se vio truncado funestamente en el 23 a.C. debido a la repentina
e inesperada muerte del joven causada probablemente por una epidemia que
asolaba Roma ese año. Y entonces el alma de Octavia que había soportado durante su vida tristezas de
todo tipo se rompió en mil pedazos. La muerte de Marcelo la sumió en una profunda
depresión de la que nunca se recuperó; vistió luto el resto de su vida, se
alejó de la vida pública e incluso evitaba encontrarse con su hermano viviendo
en soledad y amargura los últimos años de su existencia hasta su muerte
acaecida en el 11 a.C.
Un último sacrificio de Octavia por Roma fue
consentir que su hija Marcela Mayor se divorciara de Agripa a fin de que éste
pudiera casarse con la viuda Julia, hija de Augusto. Para la posteridad queda
el momento en que Virgilio ofreció una lectura privada de su Eneida a la familia imperial; al pronunciar los bellísimos versos dedicados
al desafortunado Marcelo, Octavia se desmayó delante de todos.
“Y
entonces Eneas, que a su lado marchar veía a un joven de hermoso aspecto y
armas brillantes, mas ensombrecida su frente y los ojos en un rostro abatido,
preguntó ¿Quién padre, es aquel que así acompaña el caminar del héroe? ¡Qué
estrépito forma su séquito! ¡Qué talla la suya! Pero una negra noche de triste
sombra vuela en torno a su cabeza. A lo que el padre Anquises sin contener las
lágrimas repuso:. ¡ay, hijo! No preguntes por un gran duelo de los tuyos; los
hados lo mostrarán a las tierras solamente y que más sea no habrán de
consentir. ¡Pobre muchacho, ay! Si puedes quebrar un áspero sino, tú serás
Marcelo. Dadme lirios a manos llenas, que
he de cubrirlo de flores” (Eneida. Virgilio. Libro VI).
Octavia se desvanece en el regazo de Augusto durante la lectura de la Eneida. Musee Toulousse
Por primera vez en su vida
el dolor desgarrado de una madre se impuso al rígido protocolo de la familia
imperial en una muestra más de la gran humanidad de Octavia, quien agradecida
al poeta, le donó diez mil sestercios por los conmovedores versos. Éstos, junto
al maravilloso teatro que su tío le dedicó, han perpetuado la memoria de
Marcelo hasta nuestros días.
¿Y
cómo era Octavia en realidad?. Los escasos retratos fiables que de ella se
conservan y las fuentes nos muestran a una mujer bellísima, de delicadas
facciones y exquisita elegancia. Su carácter virtuoso se reflejaba en su manera
de vestir, recatada y al antiguo estilo romano. Mujer innovadora, puso de moda
el nodus, primer peinado femenino
romano que se conoce. Consistía en una especie de tupe sobre la frente, el
resto del cabello se recogía en un moño realizado a base de trenzas sobre la
nuca; a ambos lados de la cabeza se dejaban dos mechones ahuecados mientras que
el resto del pelo se fijaba muy tenso. Este peinado reforzaba su imagen de
castidad. Por ello, su cuñada Livia lo copió y universalizó aunque con algunas
variaciones.
Peinado nodus en Octavia. Siglo I a.C. Museo de las Termas. Roma 2018
Se
ha hablado mucho sobre una posible rivalidad entre las dos mujeres, lo que no
es de extrañar sobre todo por parte de Livia. Un carácter tan bondadoso y
altruista como el de Octavia es difícil que se dejara gobernar por bajas
pasiones. Sin embargo, alguien tan temperamental y controlador como Livia,
probablemente sentía celos de la gran influencia de su cuñada sobre su esposo,
del amor que le tenía a Octavia el pueblo romano, de la importancia de
aquella en la situación política, de las atenciones de Augusto a Marcelo en
detrimento de sus hijos….No obstante, la emperatriz era demasiado inteligente
para dejar aflorar esos sentimientos y siempre apoyó al Príncipe en todas sus decisiones; de ahí la devoción
incondicional que aquel le profesaba. Sólo la pérdida de Marcelo llevó a
Octavia a sentir rencor hacia Livia, ante la suerte de ésta de poder disfrutar
de sus dos hijos.
Livia y Octavia. Copias de esculturas en mármol en el Museo del Ara Pacis
Roma. 2013
Octavia recibió grandes honores
por parte de su hermano: fue la primera mujer romana cuyos retratos se exhibieron
en lugares públicos así como el primer rostro femenino que se esculpió en una
moneda. Además, Augusto le dedicó el
Pórtico que aún hoy lleva su nombre junto al teatro dedicado a su hijo.
Octavia y Marcelo permanecerían unidos para siempre en su sepultura en el Mausoleo de
Augusto, tal y como demuestra la lápida que compartían encontrada en su
interior y que aún se conserva. El último anhelo
cumplido de una mujer extraordinaria.
Pórtico de Octavia. Roma 2013
Epígrafe de Marcelo y Octavia