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viernes, 21 de febrero de 2014

El hijo de un dios

      A finales de 45 a.C. el joven Octavio partió hacia Apolonia acompañado de su ya inseparable Marco Agripa, de otro amigo de la infancia, Quinto Salvidieno, y de un pintoresco personaje, Cayo Cilnio Mecenas.
      Apolonia era una ciudad griega que tenía una importante escuela de filosofía y retórica. Los jóvenes estarían allí bajo la tutela de Apolodoro de Pérgamo y dedicarían parte de su jornada al estudio de las lenguas griega y latina, entre otras disciplinas. El resto del tiempo lo emplearían en el entrenamiento con las legiones asentadas en Macedonia. A pesar de su delicada condición física, Octavio se empeñaba más allá de sus fuerzas en la práctica de estos ejercicios militares.


El joven Octavio

         No pasaron ni 4 meses de su estancia allí cuando un liberto de Atia, la madre de Octavio, se presentó ante el joven con una carta de ella en la que se le anunciaba que su tío abuelo había sido asesinado en el Senado y lo instaba a volver a casa lo antes posible, pues en torno a los seguidores del dictador cundía el el pánico y una gran inestabilidad.
        Las esperanzas de una gran carrera política y militar de la mano de César, se esfumaron en un segundo para Octavio, que debió sentir un gran dolor ante la pérdida de la persona que más había confiado en él.
        He hablado de los sentimientos de Julio César por su sobrino pero no de los que éste le profesaba. Tan cariñoso como se demostró a lo largo de su vida con los miembros de su familia y leal a sus afectos, el futuro Augusto debió haber sentido una gran adoración por la figura más cercana a un padre que había conocido y al que le debía todo: su linaje noble, su acercamiento a la alta política romana y una esmerada educación. El vil asesinato le inspiró un odio tan profundo hacia sus asesinos que lo incitó a una venganza obsesiva que no vio satisfecha hasta que pereció el último de ellos. Tan importante fue para él que inmortalizo ese sentimiento en una de las obras arquitectónicas más imponentes de su principado: el Foro de Augusto, cuyo Templo dedicó a Marte Vengador.

Reconstrucción del Foro de Augusto
Fuente: Roma Capitale

        Independientemente de que en muchas ocasiones posteriores utilizara la figura y la fascinación que César inspiraba para su propia propaganda y que no siguiera todos sus planes y proyectos políticos, para Octavio fue una pérdida profunda e irremplazable porque aún hubiera necesitado su protección y tutela durante tantos años. Además, ya nunca tendría la oportunidad de cumplir su sueño de luchar a su lado.
De este modo, cuando aún no había cumplido los 19 años se encontró desamparado, solo y desorientado ante una delicadísima situación política. No sólo su futuro pendía de un hilo sino también el de Roma y el de todas las provincias de ella dependientes. En una situación de absoluta vulnerabilidad se enfrentó al hecho de tener que tomar decisiones demasiado trascendentales para un adolescente.
Pero las tomó, aún cuando adoptar la primera de ellas le supuso decir adiós para siempre a la despreocupación de la juventud. En deliberación con sus tres íntimos amigos y rehusando la idea de Agripa (que ya entonces despuntaba en el ámbito militar) de hacerse con el mando de las legiones macedónicas los 4 jóvenes partieron hacia Italia de una manera discreta.
          Al desembarcar en Bríndisi, en el sur de Italia, recibió una nueva misiva de su madre que debió conmocionarlo profundamente pues le anunciaba que había sido abierto el testamento de Julio César y que no sólo lo nombraba como el heredero de las 3/4 partes de su patrimonio, sino lo que era más importante: lo adoptaba como hijo legándole su nombre, su clientela y el afecto de sus legiones. A pesar de las reticencias de su madre y padrastro que le instaban a renunciar a todo, Octavio aceptó los términos del testamento y, a partir de entonces, el muchacho de Velletri de dudosos orígenes pasó a convertirse en el hijo póstumo del hombre más poderoso del mundo, y en breve, por aclamación popular, dios insigne del Olimpo romano.
         Esa primavera romana fue muy inestable en cuanto a la meteorología. Temporales de lluvia y niebla asolaban la ciudad de las siete colinas desde los Idus de marzo. Cuentan las crónicas que el día que el heredero de César entró en Roma, el sol resplandecía, lo que fue considerado como un excelente augurio.

Agripa (Allen Leech), Octavio (Simon Woods) y Mecenas (Alex Wyndham).
Fotograma de la serie Roma

       Sin embargo, enseguida tuvo que enfrentarse a la animosidad del hombre en quien confiaba encontrar ayuda al haber sido durante años la mano derecha de su ahora padre adoptivo: el cónsul Marco Antonio, que no sólo había concedido una amnistía a los asesinos que lo convirtió en el Primer Hombre de Roma en aquellos días convulsos sino que se negó a validar el testamento de César, alegando ilegitimidad.
       Octavio, aunque tremendamente desilusionado, no se amilanó. Él era indudablemente el heredero que César había deseado en un testamento que validó en septiembre del 45 a.C., en una época en que su amante Cleopatra se encontraba en Roma con el hijo ilegítimo de ambos, el pequeño Ptolomeo César de casi 3 años, y que  pese a Hollywood y su filmografía, ni siquiera mencionó entre sus últimas voluntades. La designación de Octavio fue el último destello de genialidad de un César que supo ver en su joven sobrino la integridad y talento necesarios para el bienestar de Roma y su Imperio.

miércoles, 5 de febrero de 2014

El sobrino nieto de César


 Augusto de Prima Porta. S. I d.C.  Museos Vaticano. Roma 2011
Julio César. S. II d.C. Roma. Museos Capitolinos.
Fuente: http://www.enigmasdelmundo.com/2011/05/julio-cesar-una-premonicion-fatal.html


El primer acto público del adolescente Octavio fue en el 51 a.C cuando con 12 años fue el encargado de leer el panegírico funerario en el entierro de su abuela Julia. A pesar de su corta edad, logró llamar la atención de todos, por su belleza, cuidada oratoria y saber estar.
No se sabe con certeza cuando empezaron los contactos con Julio Cesar, sin duda alguna la relación más importante de su vida, pues durante la infancia de Octavio el gran general estuvo ausente conquistando las Galias. Sí sabemos que el 18 de octubre del 48 a.C, el mismo día de la ceremonia en la que Octavio vistió la toga viril, dejando atrás su condición de niño, César en calidad de Pontifex Maximus ordenó nombrarlo pontífice de su Colegio sacerdotal.
También sabemos que desde que lo conoció, César, que no tenía descendientes, pues su única hija legítima, Julia, murió muy joven intentando dar a luz, se sintió fascinado por la inteligencia, perspicacia y seriedad del muchacho, prefiriéndolo claramente a los otros nietos de sus hermanas. Por eso, a su vuelta de Egipto en el 47 a.C,  lo  nombró patricio, lo que liberaba a Octavio de su dudoso origen.
Cuando César tuvo nuevamente que partir en dirección a África para combatir a los últimos reductos pompeyanos, Octavio, que ya tenía 16 años quiso acompañarlo, pero su madre Atia se lo prohibió alegando su juventud, y  como no gozaba de buena salud, prudente como era, el joven obedeció.
El afecto de César por su sobrino queda patente a su regreso victorioso cuando lo cubrió de honores: lo hizo desfilar a su lado en la celebración de sus Triunfos de sus victorias  militares y lo condecoró con insignias militares a pesar de no haber participado en las campañas, lo nombró Prefecto de la Ciudad, lo que permitió al  joven celebrar juicios, aunque de carácter simbólico en el Foro por primera vez, empezando a despertar la admiración de todos. Del mismo modo se hacía acompañar por él en numerosos actos públicos. Era tal el acercamiento entre ambos que la gente empezó a acudir a Octavio para obtener favores de César, a los que éste accedía la mayoría de las veces.

Cuando César partió una vez más en dirección Hispania detrás de los hijos de Pompeyo, Octavio tampoco pudo acompañarlo en esta ocasión al encontrarse de nuevo seriamente enfermo, algo que preocupó mucho al dictador. No obstante, en cuanto notó una cierta mejoría, aún convaleciente lo siguió en un viaje cargado de vicisitudes en el que sobrevivió incluso a un naufragio. Si bien cuando tío y sobrino se reunieron, la guerra hacía 7 meses que había terminado, César se sintió profundamente complacido de su arrojo y tesón al haber sabido vencer todos los obstáculos para alcanzar su objetivo.
Por eso, en el 45 a.C lo nombró jefe de la caballería y lo envío a Apolonia, con el fin de que se entrenara con el ejército acampado en dicha ciudad griega y al mismo tiempo completara su formación académica. En 4 meses se encontrarían de nuevo allí para iniciar la guerra contra los partos. Por primera vez, Octavio tendría la oportunidad de luchar a lado de César en una verdadera batalla.

Busto de un jovencísimo Octavio en su época de Apolonia. S. I a.C. Roma. Museos Vaticanos
Fuente: http://www.adevaherranz.es/Arte/UNIVERSAL/EDAD%20ANTIGUA/ROMA/ESCULTURA/Art%20Esc%20I