domingo, 9 de marzo de 2014

Pompeya


Pompeya. Foro. 2011

“Imagínese que me encontraba en Pompeya, en lo alto de un muro estrecho y en ruinas. De pronto se producía una sacudida, viniéndose abajo y arrastrándome hacia el suelo de mármol antiguo…Debo decir que nunca encontraría una ocasión más hermosa para morir, ni un lugar tan propicio para ser enterrado”. F. Mazois. Carta a la Srta. Duval
Por primera vez voy a desviarme ligeramente de la figura de Augusto y su mundo para dedicar unas líneas a Pompeya en otra semana triste para los que amamos tanto la arqueología y el arte: nuevos muros han vuelto a caer en la ciudad del Vesubio a causa del mal tiempo, el séptimo derrumbe en los últimos 6 meses y no es posible sentir mayor impotencia y desconsuelo. Por eso quiero dejar aquí unas letras que escribí en “Paisajes de una ilusión (mis diarios italianos) sobre mis sensaciones tras visitar Pompeya.
“Acabo de llegar desde Italia y un gran pesar  lacera mi alma. No han pasado ni 24 horas desde mi regreso y la tierra ha vuelto a temblar en mi amado país transalpino dejando un paisaje de desolación y muerte a su alrededor, tan sólo 9 días después del anterior y devastador terremoto. Al igual que en el año 2009 con la tragedia del L’Aquila y en 1997 en Asis, siento el dolor de Italia como si fuese mío, porque cada vez que cae un trozo de Italia, es como si cayera un trozo de mi corazón.
 Esa fragilidad es la que me empujo allá en el año 2011 a no demorar más mi visita a Pompeya. Un sueño pospuesto una y otra vez  por culpa de este espíritu mío, siempre reacio a alejarse de  Roma cuando está allí.
Sin embargo, meses antes se había derrumbado la Casa pompeyana de los Gladiadores provocándome una gran zozobra, y en ese mismo instante, cuando leí la noticia en la prensa, decidí que no podía demorar más mi cita con ese lugar mítico, tan romano como la propia Roma. Así que en el que fue mi cuarto viaje a la Ciudad Eterna, obligué a mi espíritu a abandonarla durante un día y cogí el tren en dirección a Nápoles.
Y aunque haya pasado un año…no puedo dejar de escribir sobre ella. Pocas veces he sentido una emoción tan intensa como aquel 10 de junio cuando al bajar de la Circumvesubiana (el tren de cercanías que me llevó desde Nápoles) atravesé la cancela de la ciudad devastada por el Vesubio el 24 de agosto del año 79 de nuestra era. Cuando te vas  acercando a la capital de Campania, la visión del inmenso volcán recortando el horizonte, es una imagen indescriptible, que te deja sin palabras. Y ya en Pompeya, da igual hacia donde mires…desde cualquier punto si alzas la vista, allí está ese regalo de la naturaleza dominando el paisaje y grabando en tu retina una estampa inigualable.
Pompeya es mucho más que un enclave arqueológico turístico. Su atmósfera es única. Lo más conmovedor es que este lugar maravilloso te hace sentir la fugacidad de la vida a cada paso que das. Desde que atravesé la Porta Marina, que da entrada a la ciudad, mi mente no dejó de pensar en cómo en un segundo se puede perder todo. Y esa sensación, que no me abandonó durante todo el día y que se reafirmaba cada vez que mis ojos se posaban en el Vesubio terminó de convencerme de que lo más importante en la vida es aprender a disfrutar de la felicidad, allá donde ésta se encuentre.
Pompeya era una ciudad próspera, un punto importante de paso de las mercancías que llegaban vía marítima hacia Roma y el lugar escogido por los romanos adinerados para refugiarse del calor sofocante de la Ciudad Eterna.
  No obstante, de nada sirvió la opulencia ni el dinero aquel 24 de agosto cuando la vida de la urbe y de sus habitantes quedó congelada. En un segundo de desgracia todo ese mundo apacible desapareció bajo una capa infinita de cenizas y lava. Y para la eternidad…por primera y única vez en la historia: el regalo inmortalizado de ese instante.
Llevaba preparado un vasto itinerario, que pude cumplir casi en su totalidad…pero todavía hoy soy incapaz de decidir que estampa me emocionó más: si las huellas de las ruedas de los carros sobre el asfalto flanqueando los pasos de peatones de hace dos mil años, el arrullo del agua que aún puede oírse procedente de las fuentes, el pintoresco prostíbulo, los gimnasios, las inmensas villa con sus espectaculares pinturas murales, las tabernas donde todavía se siente el eco de las voces de dos amigos compartiendo un vaso de vino, las bulliciosas termas, los grafitos electorales o aquello que te traspasa el alma dejándola encogida, y que los italianos llaman calchi: los cuerpos (conservados bajo una capa de yeso) de víctimas de todas las edades e incluso de un perro retorciéndose en su cadena intentando huir de la tragedia. No hay palabras para explicar los sentimientos que se agolpan en tu corazón ante esa sucesión de imágenes que nos desvelan la inmensidad del legado de Roma y que corrobora la magnitud de un Imperio romano que aún hoy domina nuestro mundo.
La lucha para salvaguardarla debe ser prioritaria, pues Pompeya es la enciclopedia en piedra que nos ha transmitido la mayor parte de los conocimientos que poseemos de la cultura romana, o sea la nuestra. Es un patrimonio, no sólo de Italia sino de toda la humanidad, un milagro donde más allá de la muerte se resucita la vida y los sueños de nuestros antepasados que entre sus muros viven eternamente”.


 Reloj de Sol del Templo de Apolo. 2011

Calzada con huellas de ruedas de carro y paso de peatones. 2011
 
Frescos de la Villa de los Misterios. 2011

Horno de pan. 2011

Fuente. 2011

Casa de la Fuente Grande. 2011 

Termas del Foro. 2011 

Prostíbulo. 2011 

 Thermophilium de Vetitius. 2011

Fresco de la Casa de Venus en concha. 2011 

Casa de los Cei 

Grafitos electorales. 2011 

Calchi en el Jardín de los Fugitivos.2011

Calco de perro. 2011

Calle de Pompeya. Al fondo el Vesubio. 2011

miércoles, 5 de marzo de 2014

Fuentes Bibliográficas

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Camafeos y joyas

La glíptica es el arte de la incisión sobre piedra ejecutada en bajo relieve o en relieve. Se habla de talla cuando la decoración es incisa en la gema y de camafeo cuando ésta se realiza en relieve. A menudo los camafeos presentan varias capas que dejan ver diferentes tonos cromáticos. Es un arte de lujo que requiere el uso de piedras preciosas o semipreciosas. De ahí que su producción esté ligada en exclusiva a la familia imperial y a altos dignatarios.
La producción de tallas y camafeos se desarrolla desde finales del período helenístico, dado que la conquista de Oriente favoreció la extracción de piedras hasta ese momento inaccesibles. El apogeo de este arte en la antigua Roma se alcanza precisamente bajo el principado de Augusto. La imagen del emperador es representada con frecuencia en piedras preciosas ya sea como retrato oficial o con semblanza divina, siempre cargada de gran simbolismo. 
Una magnífica selección de camafeos y gemas preciosas de la época augustea se han expuesto en Le Scuderie del Quirinale. Analizaré aquellos que me han resultado interesantes. 
  • Camafeo Blacas. 14-20 d.C. Londres. Museo Británico

Londres 2011

          De exquisita factura y tallado en ónix, muestra al príncipe de perfil siguiendo la estética de los soberanos helenísticos: desnudo, portando sobre el hombro izquierdo un escudo con una representación de la Gorgona Medusa y encima del derecho una espada. Su cabeza aparece ceñida con la diadema macedónica. Esta iconografía confiere a Augusto imagen de rey de reyes, emulando al mismísimo Alejandro Magno.
  • Camafeo. 25 a.C. París. Bibliotheque National du France

Realizado en sardónice está incrustado en una montura del siglo XIV. La imagen del emperador de perfil coronado con hojas de encina y olivo auna con gran simbolismo su significado de ejercicio de poder sobre la ciudad de Roma (en 27 a.C. le fue concedida por el Senado la corona cívica por haber salvado la vida de sus ciudadanos) y la vinculación al Olimpo griego, lo que se refuerza con sus hombros desnudos que evocan a los atletas, héroes y dioses helénicos. En el rostro se plasma la belleza ideal que alcanzará su culmen en el modelo Prima Porta.
De gran virtuosismo técnico, se aprecia un gran contraste entre el fondo de la talla y el blanco del relieve. Es excelente el tallado de la cinta que anuda la corona, de una tonalidad más clara, lo que le confiere un aspecto aéreo y transparente.
  • Camafeo de Augusto como Apolo. Siglo I a.C. Florencia. Museo Archeologico Nazionale 


Representa a Augusto como el dios Apolo. Realizado en sardónice, es una de sus retratos más helenizados, desprovisto por completo de cualquier indicio de romanidad. Es curiosa la larga cabellera del príncipe que cae sobre sus hombros desnudos coronada exclusivamente de laurel, símbolo de este dios.
Apolo era la divinidad tutelar de Augusto, hasta tal punto que le levantó un templo al lado de su casa, el Templo de Apolo Palatino, hoy desaparecido. Augusto, en su identificación con él, se alza como dios de la paz, purificador y sanador de la urbe. Es el contrapunto a la asociación de su rival Marco Antonio con Dionisos, que en Roma se vincula a la lujuria e inmoralidad extranjeras.
Asimismo Apolo era el dios de la belleza, de la perfección, de la armonía, virtudes siempre presentes en los retratos de Augusto quien, consciente de que su físico delicado le desaconsejaba equiparse a otros dioses más corpulentos, la asociación con Apolo le permitió explotar al máximo su atractivo y el poder que su belleza ejercía sobre los demás.
  • Camafeo de Livia. 20 d.C.Roma. Museos Capitolino

Camafeo de Livia de los Museos Capitolinos
Camafeo de Livia y Augusto. S. I a.C. Viena. Kunsthistorisches Museum

        Realizado en ónix en dos capas, sobre el fondo oscuro resalta el perfil de la primera emperatriz. Aparece vestida como una matrona romana con túnica y velo adornada con los atributos de Ceres (corona de espigas de trigo, hojas de olivo, pétalos de amapola y laurel) adoptados por Livia como símbolos de castidad, prosperidad y abundancia. Gran virtuosismo en el estudio de los pliegues de los ropajes.
Se ha perdido la otra mitad del Camafeo, donde probablemente aparecería la figura de Augusto divinizado, a la que Livia en calidad de sacerdotisa rendía culto asemejando al camafeo de Viena.
  • Gema con trofeos y prisioneros.30- 20 a.C.Viena. Kunsthistorisches Museum


Elaborado en sardónice bicolor la montura es del siglo XIX. Presenta dos estratos: el superior en color blanco y el fondo en distintas tonalidades de marrón.
Éste también es poco común porque el centro de la composición lo preside Augusto desnudo en una actitud heroica. El emperador no era muy dado a mostrar un físico del que no se sentía orgulloso. Independientemente del toque de idealización helénica de la escultura augustea, para un romano un retrato es siempre un retrato, es decir, se puede mejorar ligeramente la imagen, no inventar lo que no existe. Personificando a Júpiter, porta escudo, cetro y rayo. Coronado de laurel, lo flanquean prisioneros y el águila romana.
  • Gema engarzada en un anillo de oro.20 a.C.Roma. Museo de las Termas


Roma 2013

Muy hermosa me resultó también la gema de amazonita engarzada en un anillo de oro donde está esculpido el perfil de un muchacho que se ha identificado con Marcelo, el desafortunado sobrino de Augusto. 
  • Talla de Octaviano Ionides.31-27 a.C. Londres. Museo Británico

                                                                      Roma 2013
Como ejemplo de tallas, me gustó ésta realizada en ágata que muestra al Príncipe como Mercurio (31-27 a.C.) tal y como lo parangonó Horacio en sus Odas: Augusto, vencedor del caos tras Accio, será el fundador de una nueva Edad de Oro que garantizará la paz, la armonía y la prosperidad.

jueves, 27 de febrero de 2014

El Arco de Augusto

            En el Foro romano se levantaron dos arcos en honor del emperador Augusto: uno el Aziaco (en conmemoración de la victoria en la batalla de Accio contra Marco Antonio y Cleopatra) y otro el Pártico (para celebrar la recuperación de las insignias pérdidas por Craso ante los partos).
El Aziaco se erigió en el 29 a.C. entre el templo del Divino Julio y el Templo de Cástor y Pólux y el Pártico en el 19 a.C.


Reconstrucción del Foro romano. Destacado el Arco de Augusto

        Los especialistas no se ponen de acuerdo a cuál de ellos pertenecen los escasos restos que se conservan en el Foro ni si el Pártico sustituyó al Aziaco, pero sabemos cómo era gracias a las representaciones que han llegado hasta nuestros días en las monedas.

Restos del Arco de Augusto. Roma. 2013

Denario con el rostro de Augusto en una cara y su Arco en la otra


Otro denario con el rostro de Augusto en el anverso y su Arco en el reverso

            En primer lugar, es de reseñar que es el primer arco de tres vanos que se erigió en Roma, precursor de los Arcos de Septimio Severo y Constantino que aún lucen su esplendor en el Foro. El vano central, más alto y con cubierta curvilínea, estaba flanqueado por dos esculturas de la Victoria mientras que los dos laterales eran arquitrabados rematados con frontones triangulares. Coronaba el arco una cuadriga guiada por Augusto triunfal. En las paredes de los vanos laterales estaban grabados en placas los nombres de todos los cónsules (Fasti consolari), mientras en los pilares que sostenían los arquitrabes aparecían los nombres de todos los generales romanos que habían celebrado un triunfo (Fasti trionfali). Esta placas se han conservado en el Palazzo dei Conservatori y hoy forman parte de la arquitectura miguelangelesca del Capitolio.    


Reconstrucción del Arco de Augusto en el Foro romano
Detrás, el Templo de Cástor y Pólux donde se resaltan las tres columnas que quedan de él

Arco de Constantino. 312-315 d.C. Roma 2011

         En otros muchos lugares del imperio se dedicaron arcos en honor del primer emperador romano, como es el caso de Rímini, Aosta o Fano.

 Arco de Augusto. Rímini. 27 a.C
       
Arco de Augusto. 25 a.C. Aosta 2014

Arco de Augusto. Fano. 29 a.C

viernes, 21 de febrero de 2014

El hijo de un dios

      A finales de 45 a.C. el joven Octavio partió hacia Apolonia acompañado de su ya inseparable Marco Agripa, de otro amigo de la infancia, Quinto Salvidieno, y de un pintoresco personaje, Cayo Cilnio Mecenas.
      Apolonia era una ciudad griega que tenía una importante escuela de filosofía y retórica. Los jóvenes estarían allí bajo la tutela de Apolodoro de Pérgamo y dedicarían parte de su jornada al estudio de las lenguas griega y latina, entre otras disciplinas. El resto del tiempo lo emplearían en el entrenamiento con las legiones asentadas en Macedonia. A pesar de su delicada condición física, Octavio se empeñaba más allá de sus fuerzas en la práctica de estos ejercicios militares.


El joven Octavio

         No pasaron ni 4 meses de su estancia allí cuando un liberto de Atia, la madre de Octavio, se presentó ante el joven con una carta de ella en la que se le anunciaba que su tío abuelo había sido asesinado en el Senado y lo instaba a volver a casa lo antes posible, pues en torno a los seguidores del dictador cundía el el pánico y una gran inestabilidad.
        Las esperanzas de una gran carrera política y militar de la mano de César, se esfumaron en un segundo para Octavio, que debió sentir un gran dolor ante la pérdida de la persona que más había confiado en él.
        He hablado de los sentimientos de Julio César por su sobrino pero no de los que éste le profesaba. Tan cariñoso como se demostró a lo largo de su vida con los miembros de su familia y leal a sus afectos, el futuro Augusto debió haber sentido una gran adoración por la figura más cercana a un padre que había conocido y al que le debía todo: su linaje noble, su acercamiento a la alta política romana y una esmerada educación. El vil asesinato le inspiró un odio tan profundo hacia sus asesinos que lo incitó a una venganza obsesiva que no vio satisfecha hasta que pereció el último de ellos. Tan importante fue para él que inmortalizo ese sentimiento en una de las obras arquitectónicas más imponentes de su principado: el Foro de Augusto, cuyo Templo dedicó a Marte Vengador.

Reconstrucción del Foro de Augusto
Fuente: Roma Capitale

        Independientemente de que en muchas ocasiones posteriores utilizara la figura y la fascinación que César inspiraba para su propia propaganda y que no siguiera todos sus planes y proyectos políticos, para Octavio fue una pérdida profunda e irremplazable porque aún hubiera necesitado su protección y tutela durante tantos años. Además, ya nunca tendría la oportunidad de cumplir su sueño de luchar a su lado.
De este modo, cuando aún no había cumplido los 19 años se encontró desamparado, solo y desorientado ante una delicadísima situación política. No sólo su futuro pendía de un hilo sino también el de Roma y el de todas las provincias de ella dependientes. En una situación de absoluta vulnerabilidad se enfrentó al hecho de tener que tomar decisiones demasiado trascendentales para un adolescente.
Pero las tomó, aún cuando adoptar la primera de ellas le supuso decir adiós para siempre a la despreocupación de la juventud. En deliberación con sus tres íntimos amigos y rehusando la idea de Agripa (que ya entonces despuntaba en el ámbito militar) de hacerse con el mando de las legiones macedónicas los 4 jóvenes partieron hacia Italia de una manera discreta.
          Al desembarcar en Bríndisi, en el sur de Italia, recibió una nueva misiva de su madre que debió conmocionarlo profundamente pues le anunciaba que había sido abierto el testamento de Julio César y que no sólo lo nombraba como el heredero de las 3/4 partes de su patrimonio, sino lo que era más importante: lo adoptaba como hijo legándole su nombre, su clientela y el afecto de sus legiones. A pesar de las reticencias de su madre y padrastro que le instaban a renunciar a todo, Octavio aceptó los términos del testamento y, a partir de entonces, el muchacho de Velletri de dudosos orígenes pasó a convertirse en el hijo póstumo del hombre más poderoso del mundo, y en breve, por aclamación popular, dios insigne del Olimpo romano.
         Esa primavera romana fue muy inestable en cuanto a la meteorología. Temporales de lluvia y niebla asolaban la ciudad de las siete colinas desde los Idus de marzo. Cuentan las crónicas que el día que el heredero de César entró en Roma, el sol resplandecía, lo que fue considerado como un excelente augurio.

Agripa (Allen Leech), Octavio (Simon Woods) y Mecenas (Alex Wyndham).
Fotograma de la serie Roma

       Sin embargo, enseguida tuvo que enfrentarse a la animosidad del hombre en quien confiaba encontrar ayuda al haber sido durante años la mano derecha de su ahora padre adoptivo: el cónsul Marco Antonio, que no sólo había concedido una amnistía a los asesinos que lo convirtió en el Primer Hombre de Roma en aquellos días convulsos sino que se negó a validar el testamento de César, alegando ilegitimidad.
       Octavio, aunque tremendamente desilusionado, no se amilanó. Él era indudablemente el heredero que César había deseado en un testamento que validó en septiembre del 45 a.C., en una época en que su amante Cleopatra se encontraba en Roma con el hijo ilegítimo de ambos, el pequeño Ptolomeo César de casi 3 años, y que  pese a Hollywood y su filmografía, ni siquiera mencionó entre sus últimas voluntades. La designación de Octavio fue el último destello de genialidad de un César que supo ver en su joven sobrino la integridad y talento necesarios para el bienestar de Roma y su Imperio.

domingo, 16 de febrero de 2014

Perfil de un hombre sencillo

Un adolescente Augusto 
Fuente: Dibujo de Colleen McCullough 

Tal y como puede constatarse en los numerosos retratos que de él se han conservado y lo que cuentan las fuentes escritas, Augusto era un hombre de un gran atractivo físico, algo que conservó a lo largo de toda su vida.
De tez muy blanca, tenía una abundante cabellera rizada y rubia, que gustaba  peinar al modo romano: muy corta con flequillo desigual. Sus ojos de un azul grisáceo, destacaban en un rostro armonioso, en el que quizás sólo desentonaban un poco las orejas ligeramente despegadas. A él le gustaba creer en la fuerza de su mirada, pues muchos que lo miraban fijamente a los ojos se veían obligados a bajar la vista. Cuenta Suetonio que tenía una expresión tan serena que, un jefe galo al que había recibido en audiencia y que albergaba el propósito de empujarlo por un precipicio, desistió de ello al quedar cohibido ante su presencia.

Único retrato que ha conservado el color y la expresividad de sus preciosos ojos
Detalle del busto encontrado en Meroe (Nubia). 27-14 a.C. Londres. Museo Británico
Aunque era de pequeña estatura (el mismo Suetonio nos cuenta que medía 1,65 metros) y de complexión delicada, todo en él era tan proporcionado que sólo parecía bajo si alguien mucho más alto y fuerte se colocaba cerca. En algunas etapas de su vida intentó disimular su estatura usando calzado con alzas.

A los 23 años en uno de sus retratos más realistas. 40 a.C. Roma. Museos Capitolinos
Como la mayoría de las personas atractivas, apenas prestaba atención a su imagen. Vestía de manera muy sencilla, incluso podría decirse que anticuada, siempre ropa tejida por las mujeres de su familia. En invierno tenía que abrigarse mucho debido a su tendencia al enfriamiento y en verano no soportaba el calor ni el sol, por lo que no salía a la calle sin cubrirse con un sombrero de ala ancha.

Los bellos rasgos del Príncipe captados nuevamente por la genial Colleen McCullough
Fuente: Dibujos de Colleen McCullough 

A pesar de ser el hombre más rico de su tiempo, era de condición muy humilde, consciente de que él más que nadie debía dar ejemplo. Vivía en una modesta casa en el Palatino, más pequeña que la de cualquier noble romano. Aborrecía cualquier tipo de lujo o gusto por la ostentación.
Moderado como era en todos los ámbitos, comía frugalmente y casi siempre alimentos comunes y naturales. Apenas probaba el vino. Su único vicio reconocido era el juego. Le apasionaba jugar a los dados.
De naturaleza delicada, tuvo muy mala salud toda su vida. No se sabe mucho del origen de las múltiples enfermedades graves que lo aquejaron. Suetonio apunta que padeció cólicos nefríticos, fluxiones hepáticas, resfriados y enfermedades periódicas cada año. También de las fuentes se desprende que en situaciones límites los nervios agravaban su condición física. Sin embargo, a veces contra pronóstico, se sobrepuso a todas sus dolencias y consiguió vivir hasta los 76 años. No obstante, su precario estado físico unido a sus pocas actitudes para los ejercicios militares, propició  el abandonó de su práctica nada más acabar las guerras civiles. Prefería jugar a la pelota, pasear e incluso correr. Otros de sus hobbies eran la pesca y jugar con niños a las canicas.

 Rondando los 40 años

En cuanto a su carácter, su personalidad es compleja, camaleónica como él mismo. Para entenderla es imprescindible retrotraerse a su mundo, un mundo en el que sólo los fuertes de espíritu sobrevivían y en que el nadie era totalmente bueno ni malo. Por ese motivo no tuvo más remedio que ser cruel en muchas ocasiones hasta que consiguió asentar su posición. Era eso o acabar como pronosticó Cicerón en una de sus Cartas a sus amigos: “El chico debe ser elogiado, honrado y luego eliminado”. (Cicerón. Cartas, XI, 20,1).

Augusto a una edad más madura. S. I a.C. Museo del Louvre
De una gran inteligencia, era frío, calculador y falto de escrúpulos cuando la situación lo requería a la vez que rencoroso e inmisericorde ante la traición o el deshonor. Otras veces era tierno, dulce y compasivo. No dudó en demostrar su amor por su esposa Livia, por su hermana Octavia y demás miembros de su familia en múltiples ocasiones, en una época donde no estaba bien vista la demostración pública de afectos y mucho menos hacia las mujeres. Su carácter bondadoso le llevaba siempre a volcarse en la ayuda a sus súbditos más necesitados y a los más débiles y su gran paciencia queda patente por ejemplo en el hecho de que fue de los únicos en la familia imperial que mostró compasión por su sobrino nieto, el tullido e inquietante Claudio, que llegaría a ser emperador, al que aborrecía hasta su propia madre. En una de sus cartas a su esposa Livia (abuela del pequeño) que ha llegado hasta nosotros gracias a Suetonio, se expresaba en estos términos: “Durante tu ausencia, invitaré cada día a comer al joven Claudio, para que no lo haga solo con sus preceptores. Deseo que observe las maneras de alguien a quien pueda imitar. El pobrecillo no tiene suerte, pues cuando su mente  no se extravía, se deja ver claramente la nobleza de su espíritu”. (Suetonio. Vida de los Doce Césares. Libro V).
Asimismo es de destacar un carisma capaz de atar alguna lealtades incondicionales de por vida, como es el caso de Agripa y Mecenas, fieles a él hasta la muerte.
Trabajador incansable, de increíble eficacia y olfato político puso su vida y la de los suyos al servicio de la única pasión en la que no supo mostrar moderación: su amor desmedido por Roma. 

Augusto y Roma. Detalle de la Gemma Augustea. 9-12 a.C. Viena. Kunsthistorisches Museum