- www.es.wikipedia.org
- it.wikipedia.org
- http://www.mundohistoria.org/blog/articulos_web/marco-agripa-companero-fiel-augusto
- http://www.arqweb.com/vitrum/agrippa.asp
- http://algargosarte.lacoctelera.net/post/2013/07/26/el-tesoro-boscoreale-vajilla-plata-vasos-de-2
- http://www.romanoimpero.com/
- http://www.juntadeandalucia.es/averroes/centros-tic/14002996/helvia/aula/archivos/repositorio/250/263/html/Nomisma/sis/sis.htm
- https://gladiatrixenlaarena.blogspot.com/2018/12/diferentes-tipos-de-gladiadores.html
- https://historia.nationalgeographic.com.es/a/domiciano-despota-palatino_7852
- https://historia.nationalgeographic.com.es/a/vestales-guardianas-fuego-sagrado-roma_15367
- https://www.hahistoriayarte.com/el-puente-de-apolodoro/
- https://euclides59.com/2014/05/25/foro-de-trajano-roma/
- https://www.investigart.com/2021/03/02/el-arco-de-trajano-en-benevento/
jueves, 8 de mayo de 2014
Fuentes Web
lunes, 5 de mayo de 2014
Relieves Grimani
Siglo I d.C. Viena. Kunsthistoriches Museum y Palestrina. Museo Arqueológico Nacional.
Fuente: http://www.angelopinci.it/palestrina/rilievi-grimani-conservati-al-museo-di-vienna-e-di-palestrina
Son tres preciosos relieves que formaban parte
de una fuente en Praeneste (actual Palestrina, municipio cercano a Roma) y que hoy se encuentran
repartidos por los museos de Viena y Palestrina. Reciben ese nombre a causa de
su primer propietario. Pertenecen al tipo de relieve romano conocido como
ilusionista, aquel que consigue un efecto de ilusionismo óptico modificando la
altura del relieve y la orientación de las figuras. Esto, unido a la concepción espacial, a la creación de la
perspectiva, al naturalismo y a la narración continuada son aportaciones de la escultura romana que la diferencian de la
griega. Su perfección técnica y la sabia composición
conectan estos relieves con los del Ara
Pacis Augustae.
Los
paneles, de formato cuadrado ligeramente cóncavos, representan animales
amamantando a sus crías en un paisaje idílico evocando sentimientos de paz,
serenidad, fecundidad y prosperidad como prerrogativas de la nueva edad de oro
nacida de la mano de Augusto.
En este sentido, el Príncipe
promulgó dos leyes a favor del matrimonio que perseguían un aumento de la
población para paliar el declive democrático de la ciudad de Roma. Por tanto,
estos paneles que plasman la felicidad materna y la prole numerosa se conciben
como instrumentos de la propaganda augustea.
Los grupos de animales
ocupan el primer plano. Sin embargo, enriquecen la composición numerosos
símbolos alusivos a Augusto, por ejemplo, sobre la jabalina aparecen las hojas
de encina (propios de su corona cívica) y el motivo de la fecundidad
representado por los juncos.
Relieve con jabalina. Palestrina. Museo Arqueológico Nacional
Sobre
la leona se perfila el laurel (símbolo de Apolo) y un santuario campestre
acompañado de ofrendas votivas. Por su parte, encima de las ovejas, el morral
del pastor y el establo pregonan la felicidad de la vida sencilla de la gente
de campo, muy en consonancia con los ambientes cantados por Virgilio en sus Bucólicas.
Relieve con leona. Viena. Kunsthistoriches Museum
Relieve con oveja. Viena. Kunsthistoriches Museum
Fuente: http://www.angelopinci.it/palestrina/rilievi-grimani-conservati-al-museo-di-vienna-e-di-palestrina
En
el Museo de Bellas Artes de Budapest se encuentra un fragmento, del que se ha
considerado el cuarto relieve de la serie, en el que se ha conservado la
representación de una platanera y el ala de un pájaro. Esto ha permitido a
algunos autores asociar los relieves con la 4 estaciones, ya que según
Aristóteles y Plinio el parto de la oveja tiene lugar en invierno, el de la
jabalina en verano y el de la vaca (que
se piensa sería el animal representado en el 4º relieve) en otoño.
miércoles, 30 de abril de 2014
Marco Antonio. 2ª Parte
Marco Antonio y Cleopatra
Fuente: http://arquehistoria.com/los-hijos-de-cleopatra-y-marco-antonio-en-el-olvido-de-la-historia-6994
Ríos de tinta se han
escrito sobre la relación entre Marco Antonio y Cleopatra: ¿se trataba de
política? ¿se trataba de amor?. Por supuesto que lo que los unió desde el
principio fue la política: ella, necesitaba una alianza fuerte con Roma para
seguir manteniendo un trono que desde hacía décadas era sólo de paja; él,
precisaba el oro de Egipto para poder vencer a los partos; a ello se sumaba la mutua ambición de hacer realidad el sueño de Alejandro: un imperio oriental
cuya capital fuera Alejandría. Sin embargo, con el paso de los años también llegaría el amor.
Ambos, de carácter
ingenioso y con gran sentido del humor, compartían una vida dominada por un
fuerte hedonismo. Cleopatra tenía una mentalidad muy diferente a la de las
recatadas matronas romanas, más acorde con el temperamento de él, por lo que no dudó en inventar para Marco Antonio
todo tipo de placeres ya fueran sexuales o de ocio: participaba en todas las
actividades que él practicaba ya se tratara de pesca, escapadas por Alejandría
disfrazados de gente común o acudir a contemplarlo cuando realizaba sus
ejercicios físicos y militares….en resumen, colmaba la necesidad imperiosa que tenía él de sentirse
querido e importante. Cuenta una anécdota que en uno de los frecuentes
banquetes que ella organizaba en su honor, la reina disolvió en vinagre una
perla valorada en 10 millones de sestercios para demostrarle al general que era
capaz de organizarle la cena más cara de la historia. Nadie nunca había
mostrado a Marco Antonio una devoción así.
Cleopatra disolviendo la perla en el vino. Andrea Casali. Siglo XVIII.
Sin embargo, él no dudó en
abandonarla la primera vez que convivieron juntos en Alejandría (entre los años
41 y 40 a .C);
estuvieron separados durante cuatro años en los que el triunviro no sólo
contrajo matrimonio con Octavia, la hermana del futuro Augusto en un matrimonio
que debía asegurar la paz entre ambos, sino que no envío ni una sola carta a
Cleopatra durante ese periodo ni se interesó por los gemelos que ella había
dado a luz al poco de marchar él. Por eso, la reina cuando Antonio volvió a
requerirle ayuda en el año 37 a .C.
le exigió una serie de prerrogativas que lo alejarían definitivamente de Roma,
al no estar en posición de negarle nada.
Moneda de Marco Antonio y Cleopatra
Marco Antonio y Cleopatra se suicidaron en el 30 a .C, abandonados por todos,
después de ver caer Alejandría en manos de Octavio. Él se arrojo sobre su espada
al creer que ella había muerto; ella lo siguió un mes después tras intentar
asegurar la vida de sus hijos. Hay quien dice que pretendió seducir a Octavio;
me cuesta creerlo pues conociendo la inteligencia de la reina debía conocer
perfectamente que el vencedor de Accio aborrecía el lujo y la sensualidad
oriental y que era un hombre al que no dominaba más pasión que su amor por
Roma. Su último acto en este mundo fue una petición al amo de mundo: recibir sepultura junto a Marco Antonio. “Que la
eternidad sea para los dos o no sea para ninguno”. (Terenci Moix. No digas que fue un sueño). El futuro
Augusto consintió y le organizó un entierro digno de su alcurnia, en un gesto
que volvía a revelar su grandeza.
Cleopatra y Marco Antonio moribundo. Battoni Pompeyo Girolame.siglo XVIII
Política por encima de
todo, pero amor también, si bien entendido a la manera de hace 2.000 años. De
ello da fe Plutarco en sus Vidas
Paralelas al relatar la muerte de Antonio, texto conmovedor que hace creíble el hecho
de que el autor fuera totalmente contrario a Cleopatra llegando a denominarla
como “la más terrible peste que podía
asolar a Antonio” (Vida de Antonio.
36).
“Informado de que la reina vivía, pidió con encarecimiento a los esclavos
que le tomaran en brazos, y así lo llevaron a las puertas de aquel edificio.
Cleopatra no abrió la puerta, sino que, asomándose por las ventanas, le echó
cuerdas y sogas con las que ataron a Antonio; ella tiraba de arriba con otras
dos mujeres, que eran las únicas que había llevado al sepulcro. Dicen los que
presenciaron este espectáculo haber sido el más miserable y lastimoso, porque
le subían del modo que referimos, bañado en sangre, moribundo, tendiendo las
manos y teniendo en ella clavados los ojos. Porque la obra no fue tampoco fácil
para unas pobres mujeres, sino que Cleopatra misma, alargando las manos y
descolgando demasiado el cuerpo, con dificultad pudo tomar el cordel,
animándola y ayudándole los que se hallaban abajo. Luego que le hubo recogido
de esta manera y que le puso en el lecho, rasgó sobre él sus vestiduras, se
hirió y arañó el pecho con las manos, y manchándose el rostro con su sangre, le
llamaba su señor, su marido y su emperador, pudiéndose decir que casi se olvidó
de los propios males, compadeciendo y lamentando los de Antonio. Hízola éste
suspender el llanto, y pidió le dieran un poco de vino, o porque tuviera sed, o
esperando acabar así más presto. Bebió, y la exhortó a que, si podía ser sin
ignominia, pensara en salvarse, poniendo de los amigos de César su mayor
esperanza en Proculeyo; y en cuanto a él, que no llorase por las mudanzas que
acababa de experimentar, sino que antes le tuviese por dichoso, a causa de los
grandes bienes que había disfrutado, pues había llegado a ser el más ilustre y
de mayor poder entre los hombres; y si entonces era vencido, lo era noblemente romano
por romano” (Plutarco. Vida de Antonio, 77). Con su último aliento Marco
Antonio reivindicaba su romanidad.
La muerte de Marco Antonio. Ernest Hillemache. 1863.Grenoble. Musée des Beaux-Arts
Fuente: https://www.facebook.com/photo.php?fbid=140105192800249&set=o.329350713813658&type=1&theater
Sin embargo, no fue
suficiente pues de manera póstuma el Senado revocó todos los poderes que aún
tenía, declaró maldito el día de su nacimiento, ordenó destruir todas sus estatuas
a la vez que se decretó que nunca más nadie de la gens Antonia volviera a
llevar el praenomen Marco. Su recuerdo fue sepultado en la memoria del tiempo
por una Roma, incapaz de perdonar a quien un día pretendió mermar su
supremacía, que borró su nombre de todos sus monumentos y calles, algo que ha
mantenido hasta nuestros días.
De ahí la dificultad para
saber de manera fidedigna cómo era realmente Marco Antonio. No hay ninguna
escultura identificada como suya con total claridad y aquellas que se le
atribuyen son tan diferentes entre si que es difícil hacerse una idea. Sólo las monedas y las descripciones de las
fuentes nos permiten aproximarnos a él. Carente de la delicada belleza de
Augusto, era un hombre de gran atractivo: alto, fuerte, musculoso, poseedor de
un físico excepcional que él no dudaba en explotar vistiendo túnicas ajustadas
y mostrando su desnudez cada vez que tenía ocasión. Tenía la frente despejada
así como la nariz aguileña y cuando se dejaba crecer la barba, ésta era muy
poblada.
Supuesto retrato de Marco Antonio. Siglo I a.c. Roma. Museos Capitolinos
Su carácter era prepotente,
altanero y a veces lo dominaban ataques de ira cercanos a la locura pero
también era extrovertido, dicharachero, muy amigo de sus amigos y aunque rozaba
muchas veces la vulgaridad, esto le unió a sus soldados profundamente que lo
consideraban uno más entre ellos; aficionado a la juergas y a las orgías
interminables gustaba identificarse con Dionisio (dios del vino, la locura
ritual y el éxtasis). No tenía problemas en comer y beber ante todo el mundo,
presentarse vomitando en cualquier reunión a causa de las borracheras o a
meter en su cama a cualquier mujer,
casada o no, costumbres que exasperaban a la alta sociedad romana. A ello se
sumaba un amor por la ostentación que le
llevó incluso a pasear en una carroza junto a su amante de turno, la
actriz Citeris tirada por leones acompañado de prostitutas y efebos. No
obstante, lo que más irritó a los romanos fue que adquirió la casa que había
pertenecido a Pompeyo Magno, negándose a pagar por ella, alegando que el Estado
estaba en deuda con él.
Ritos Dionísiacos. Siglo I a.C. Pompeya. Villa de los Misterios. 2013
En cuanto a sus matrimonios
y descendencia, se casó cuatro veces con mujeres romanas: con Fadia, con su
prima Antonia Híbrida (con la que tuvo una hija Antonia), con la pasional
Fulvia (tuvo dos hijos, Antillo y Julio Antonio) y con la dulce Octavia con la
que tuvo dos hijas: Antonia Maior y Antonia Minor (madre del emperador
Claudio). De su matrimonio egipcio con Cleopatra tuvo tres hijos: los gemelos
Cleopatra Selene y Alejandro Helios y Ptolomeo Filadelfo.
Una pequeña revancha desde
ultratumba se tomó Marco Antonio ya que su descendencia perduró más allá en el
tiempo que la de Augusto: los futuros emperadores Calígula (bisnieto de ambos)
y Nerón (tataranieto de ambos), heredaron las excentricidades y el gusto por lo
oriental de Antonio; por su parte Claudio (sobrino nieto de Augusto y nieto de
Marco Antonio) se identificaba más con el Príncipe. En cuanto a sus otras
hijas, la gemela Cleopatra Selene fue dada por
Augusto en matrimonio al rey Juba II de Mauritania, llegando a ser reina
y estableciendo allí una dinastía que terminó cuando Calígula mandó asesinar a
su primo Ptolomeo de Mauritania. Por su parte, su primera hija Antonia casó con Fitodoro de Tralles convirtiendo a Antonio en antepasado de reyes y reinas de
Asia.
En relación a la literatura,
William Shakespare recuperó su recuerdo en sendas obras: Julio César (1599) y Antonio
y Cleopatra (1606). Por su parte en cine, la figura de Marco Antonio ha
sido interpretada por actores de reconocido prestigio entre los que destacan
Marlon Brando en Julio César de
Joseph Manckiewicz (1953), Richard Burton en Cleopatra nuevamente de Manckiewicz (1963) y Charlton Heston que
protagonizó y dirigió Marco Antonio y
Cleopatra (1972).
Sin embargo, para mí, es en televisión donde se ha llevado a cabo la mejor interpretación de Marco Antonio, realizada por James Purefoy en la serie Roma (2005-2007). Este actor británico capta genialmente la esencia del general romano dando vida a un personaje muy fidedigno, según la idea que podemos a hacernos de él a partir de los datos históricos.
Marlon Brando, Richard Burton y Charlton Heston como Marco Antonio
Sin embargo, para mí, es en televisión donde se ha llevado a cabo la mejor interpretación de Marco Antonio, realizada por James Purefoy en la serie Roma (2005-2007). Este actor británico capta genialmente la esencia del general romano dando vida a un personaje muy fidedigno, según la idea que podemos a hacernos de él a partir de los datos históricos.
James Purefoy como Marco Antonio. Fotograma de la serie Roma
viernes, 25 de abril de 2014
Marco Antonio. 1ª Parte
Supuesto retrato de Marco Antonio. Siglo I a.C. Roma. Museos Vaticanos
Del cuarteto formado entre César, Octavio, Cleopatra y él mismo, quizás sea Marco Antonio el punto más frágil. Los tres primeros han logrado sobrevivir al embiste de los siglos por sí mismos mientras que Marco Antonio sólo fue el lugarteniente y mano derecha de Julio César, el aliado, cuñado y después enemigo del futuro Augusto, el marido y soberano consorte de la reina de Egipto. Por tanto, ¿Qué le queda a Marco Antonio simplemente de Marco Antonio?. Extranjero en Alejandría y olvidado por una ciudad de Roma, a la que amó a su manera, pero que jamás lo entendió ni perdonó su traición oriental, de él queda poco, francamente muy poco.
Genial militar y muy
querido por el pueblo romano durante casi toda su vida, fue un pésimo
administrador cuando tuvo la ocasión de ejercer el poder ya fuera bajo la
tutela de César o en los momentos inmediatos a la muerte de éste. Demasiado natural, demasiado despreocupado para ser
comprendido por la rígida e hipócrita sociedad romana, el perfil psicológico
del personaje nos muestra a un hombre dominado por fuertes pasiones pero con
una inmensa necesidad de afecto y de reconocimiento. Y ese fue su punto débil.
Nació en el 83 a .C (era por tanto 20 años
mayor que Octavio) en el seno de una familia romana de rancio abolengo, los
Antonio, que se decían descendiente de Anteo (hijo de Hércules). Marco Antonio
presumió siempre de este ascendente mítico, asociándose a Hércules (hecho que
favorecía su físico corpulento). Por parte de su madre, Julia Antonia, estaba
emparentado con César, del que era primo segundo.
Hércules Farnesio. Copia romana de un original griego de Lisipo. Siglo III d.C. Nápoles. Museo Arqueológico Nacional
Tuvo una infancia compleja, en la que a la ausencia de un referente
paterno (su padre murió cuando él tenía unos 10 años) se sumaba una
madre virtuosa pero incapaz de imponer la disciplina y devoción que Aurelia
(madre de César) y Atia (madre de Augusto) supieron inculcar a sus hijos,
igualmente huérfanos de padre a corta edad. Julia Antonia era una madre un
tanto despreocupada, por lo que Marco Antonio se crió casi como un salvaje al
que nadie ponía límites. Pasó su juventud vagabundeando por Roma junto a sus
hermanos Cayo y Lucio entre las bandas callejeras de Publio Clodio Pulcro y Cayo Escribonio Curión. Aficionados a las juergas (en las que predominaba al exceso de alcohol
y sexo) y al juego, con apenas 20 años Antonio había acumulado unas deudas tan inmensas
que en 59 a .C.,
tuvo que marchar hacia Grecia para huir de sus acreedores; finalmente se unió a las legiones de Siria donde bajo el mando de Aulo Gabinio comenzó a
demostrar sus grandes dotes como militar y su don de mando y estrategia. A
continuación convenció a su general para ayudar a Ptolomeo XII a recuperar el
trono de Egipto lo que propiciaría su primer encuentro con Alejandría y con una
princesa Cleopatra de apenas 10 años.
Marco Antonio (James Purefoy). Fotograma de la serie Roma
Sus éxitos militares en
Oriente hicieron que César se fijara en él y lo llamara a las Galias donde
consolidó su prestigio en el campo de batalla y se hizo muy popular entre los
soldados por su valentía y camaradería con ellos. Sin embargo, su carácter
impulsivo ocasionó al general algunos problemas por lo que lo envío a Roma como
Tribuno de la Plebe
para defender sus intereses en el Senado frente a Pompeyo y sus partidarios. De aquí acabó siendo expulsado, siendo uno de los factores que según César lo habrían inducido a la Guerra Civil.
De ahí que Cicerón lo acusara de haberla provocado: “Como Helena para los troyanos, ha sido Antonio para nosotros causa de
guerra, ruina y destrucción” (Segunda
Fliípica, 55). Su animadversión con éste se remonta al año 63 a .C. cuando el famoso
orador condenó a muerte al padrastro de Marco Antonio, Publio Cornelio Lentulo
Sura, acusado de haber formado parte en la conspiración de Catilina.
Marco Antonio y las legiones cruzan el Rubicón tras César
En los inicios de la Guerra Civil , Antonio permaneció en Roma al frente de las fuerzas acantonadas en Italia,
aunque pronto fue mandado llamar por César para unirse a sus legiones, para lo
que tuvo que superar incluso un naufragio. En Farsalia la victoria de los
cesarianos fue absoluta.
Durante la estancia de
César en Egipto, Antonio quedó encargado del gobierno de la República y en esta coyuntura se hicieron patentes sus escasas aptitudes como político. Incapaz de
controlar su propio poder actuó a golpe de caprichos lo que provocó un gran
descontento en la sociedad romana. Cuando César regresó tuvo que arreglar todo
lo que Antonio había desarreglado lo que provocó la primera gran disputa entre
ambos.
Aunque con posterioridad se
reconciliaron, una de las mayores incógnitas en torno a la figura de Marco Antonio es su posible conocimiento y encubrimiento de la conjura de los idus de
marzo. Muchos indicios apuntan afirmativamente en esa dirección, sin embargo, no hay
sólidas pruebas que lo corroboren. Plutarco en su Vida de Antonio se refiere así al hecho de que éste conoció los
planes de los tiranicidas: “Algunos
querían asociar a Antonio, pero los contradijo Trebonio, refiriendo que cuando
salieron a recibir a César que volvía de España, tuvieron un mismo alojamiento
y caminaron junto a él, y que habiendo tocado a éste con mucho tiento y
precaución, lo había entendido, más no había admitido la confianza; aunque
tampoco lo había dicho a César, sino que había reservado con la mayor fidelidad
aquella conversación”. Otra pista nos la proporciona el hecho de que se
respetara la vida de Antonio aquel nefasto día por orden expresa de Marco
Junio Bruto. Sin embargo, hacen dudar en su implicación en la conjura dos factores:
por un lado, su actitud durante los días que siguieron a los Idus de marzo en
los que tras pactar con los asesinos una amnistía general alentó al pueblo contra
ellos en el entierro de César y, por otro, su alianza con Octavio contra
aquellos (en esto tuvo un gran peso la circunstancia que los legionarios de César
en uno y otro bando se negaban a luchar entre ellos).
Tras la huida de los
tiranicidas, Marco Antonio se apoderó del testamento y de todos los documentos
del Dictador fallecido comportándose como el Primer hombre de Roma; de ahí que
no supiera digerir la llegada a la capital del joven heredero de César: lo
trató con desprecio llamándole “chiquillo que debía todo a un nombre” y le negó
su herencia; el joven a su vez lo acusó de no haber perseguido a los asesinos
de su padre adoptivo. Es el inicio de una rivalidad que habría de durar casi
dos décadas.
Marco Antonio (Marlon Brando) pronuncia el discurso funerario ante el cadáver de César
Fotograma del film Julio César dirigida por Joseph Manckiewicz (1953)
El testamento de César fue una de los factores que marcó profundamente la vida de Antonio no logrando reponerse jamás: aquel no sólo no lo había nombrado su heredero (prefiriendo a un
jovenzuelo) sino que ni siquiera lo había mencionado, haciendo pedazos
su autoestima. A pesar de que apreciaba hasta cierto punto a Antonio, el Dictador era consciente
de que su heredero no sólo lo era de su fortuna sino de su legado político. La
desilusión que sintió ante la pésima conducta de Antonio como administrador le
llevó a tomar esa decisión así como su sagacidad, que le permitió ver que aunque
joven, su sobrino nieto Octavio era el futuro de Roma…la historia le dio la
razón.
Éste sentimiento de
menosprecio que lo carcomía unido a la creciente popularidad alcanzada tras masacrar
a los asesinos de César en Filipos (Octavio casi fue un convidado de piedra
debido a su escasa pericia militar) hicieron que Marco Antonio partiera hacia
Oriente con la clara intención de emular al dictador luchando contra los partos
la batalla que a aquel sólo la muerte le impidió librarla; de alguna manera
anhelaba demostrarse a si mismo y al espíritu del ahora venerado en los altares,
que el divino Julio se había equivocado; sin embargo, sus fracasos allí
propiciados en parte por la escasez de fondos para financiar la campaña y en
parte por la pésima administración del triunviro acabaron haciendo fuerte a
Octavio en Roma y ligaron a Antonio definitivamente a la relación más decisiva
de su vida, la que mantuvo con la reina Cleopatra VII Filopator, sellando el
destino de ambos más allá de esta vida.
Marco Antonio y Cleopatra
martes, 22 de abril de 2014
El Foro de Augusto 2000 años después
Ayer
21 de abril, día en que los romanos celebraron los 2767 años de la fundación de
Roma se inauguró el espectáculo “Foro di Augusto 2000 anni dopo” (Foro de Augusto 2000 años después) dentro de los actos organizados por la Ciudad Eterna para conmemorar
el bimilenario de la muerte de su primer emperador.
Todos
los días en tres sesiones que se sucederán a las 21:00, a las 22:00 y a las 23:00 horas hasta el 18 de septiembre, 600 personas podrán contemplar desde unas gradas de aproximadamente 2,60 metros de altura
situadas en la recién restaurada Via Alessandrina un espectáculo multimedia a
base de efectos especiales y reconstrucciones en 3D que mostrará el Foro tal
como lo vieron los contemporáneos de Augusto.
Presentación "Foro di Augusto 2000 anni dopo"
El impresionante documental realizado por el Piero Angela y Paco Lanciano fue presentado por el alcalde de Roma Ignazio Marino que
aprovechó el evento para anunciar igualmente otro regalo para Augusto: el
probable inicio de las tareas de restauración de su Mausoleo (financiado seguramente por mecenas saudíes) y la rehabilitación de la Piazza Augusto
Imperatore que lo circunda en unos seis u ocho meses.
Mausoleo de Augusto
domingo, 20 de abril de 2014
El Segundo Triunvirato
Antonio. Octavio y Lépido
Tras ser investido cónsul y haber logrado nombrar enemigos del Estado a los asesinos de César, ese mismo año (
El mundo romano al inicio del Segundo Triunvirato
La
reconciliación de Octavio y Antonio se confirmó con un matrimonio: Octavio
anuló su compromiso matrimonial con Servilia y contrajo matrimonio con
Clodia, hija de Fulvia, esposa de Antonio.
La
primera medida del triunvirato fue declarar una proscripción general, una de
las más sangrientas de la historia de Roma, con una doble finalidad: eliminar a
todos los enemigos del triunvirato y recaudar fondos para la guerra contra
Bruto y Casio. Fue una de las decisiones más difíciles que tuvo que tomar
Octavio, a la cual en un primer momento se opuso tajantemente; acabaron por
convencerlo algunas circunstancias entre las que destacan la importancia
vital que tenía para él vengar el asesinato de su padre adoptivo, el hecho de
necesitar fondos para pagar a las legiones para poder alcanzar tal fin y la
convicción de que la famosa clemencia de César no evitó el odio contra él. De
este modo 300 senadores y más de 2000 altos cargos fueron acusados de
complicidad en el asesinato de César y condenados a muerte. Casi toda la
oposición republicana de Italia fue aniquilada. Nada pudo hacer Octavio para
evitar la muerte de algunos ciudadanos, como es el caso de Cicerón, cuya cabeza
fue exigida de manera innegociable por Antonio para llegar al acuerdo.
Las masacres del triunvirato. Antoin Caron.1566. Museo del Louvre
Entre
tanto la causa republicana se iba afianzando al irrumpir en escena Sexto
Pompeyo (hijo de Pompeyo Magno) que tras ver morir a su padre de manera
ingnominiosa en las costas de Egipto, se había unido a los anticesarianos. Tras los Idus de marzo había conseguido el
mando de una gran flota y, bajo el gobierno ya del triunvirato, se había
adueñado de la isla de Sicilia lo que le otorgaba una posición muy ventajosa
pues controlaba el abastecimiento de grano que alimentaba a la población romana
proveniente de Egipto, África y la propia Sicilia. El bando republicano se
consolidaba: al este controlaban la situación Bruto y Casio y al oeste, Sexto
Pompeyo.
Aureo de Sexto Pompeyo en el que se proclama hijo del Magno Imperator desafiando a los triunviros
y, en especial. a Octavio
domingo, 13 de abril de 2014
El Templo de Apolo Sosiano
El primer templo dedicado en Roma al dios Apolo Médico se
remonta al 431 a .C.
y fue construido tras una epidemia de peste. Con posterioridad fue dedicado
también a su hermana Diana al ser demolido su templo para la edificación del
Teatro Marcelo. En el 34 a .C.,
Cayo Sosio lo reconstruyó a instancias de Augusto.
Reconstrucción del Templo de Apolo Sosiano junto al Teatro Marcelo
Restos del Templo de Apolo Sosiano junto al Teatro Marcelo. Roma 2005
Presentaba un podio con una escalera central; sin embargo fueron sustituida por
dos escalinatas que flanqueaban el pronaos cuando se construyó el teatro Marcelo (que se encuentra al lado).
Era hexástilo y pseudoperíptero con capiteles corintios adornados con motivos
vegetales.
Detalle de los capiteles y el friso
En el interior de la cella, las paredes estaban decoradas con escenas de las batallas legadas al triple triunfo celebrado por Augusto en el 29 a .C. El frontón del templo
se adornaba con esculturas traídas desde Grecia procedentes de los despojos de
un templo griego clásico de la época del Partenón escenificando una
amazonomaquia. Se conserva reconstruido en los Museos Capitolinos.
Escenas de una amazonomaquia. Reconstrucción del Frontón. Roma. Museos Capitolinos
Teseo. Detalle del Frontón. Roma. Museos Capitolinos
Escenas del desfile triunfal de Augusto. Roma. Museos Capitolinos
Escenas de batalla. Roma. Museos Capitolinos
El Templo de Apolo Sosiano refleja el nuevo estilo decorativo
que estaba despuntando; se aprecia por
ejemplo en las columnas en cuyo fuste las estrías se van volviendo desiguales a
la vez que van ascendiendo: alternativamente más largas y más estrechas. Se
mezcla la tradición republicana con las influencias de arquitectura helenística
griega y de Asia Menor. Otra novedad es la decoración destinada a honrar a Augusto como el laurel en el friso y en
los capiteles.
En la actualidad sólo se conservan tres columnas que salieron a
la luz en 1930 durante las tareas de limpieza y aislamiento del Teatro Marcelo. Es una de las pocas veces que la arqueología
devuelve unos restos de los que sólo se conocía su existencia a través de las
fuentes escritas.
Las tres columnas que aún siguen en pie del Templo de Apolo Sosiano. Roma 2013
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