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lunes, 22 de abril de 2019

El asesinato de Agripina

“Hacía muchos años que Agripina creía que tal sería su fin, y había desdeñado darle importancia; pues unos caldeos cuando los consultó acerca de Nerón, le respondieron que había de reinar y de matar a su madre; ella dijo: “que la mate, con tal que reine”.
Tácito. Anales, XIV, 9, 3

Agripina la menor. Siglo I d.C. Milán. Museo Arqueológico
Fuente: Di Giovanni Dall'Orto - Opera propria, Attribution,

A pesar de todas las medidas que tomó el emperador para aislar a su madre, Agripina siguió conspirando a sus espaldas, o esos fueron los rumores que llegaron a oídos de Nerón pues ahora, los múltiples enemigos que aquella había acumulado en su vida, no dudaron en atacarla. Así, Domicia (tía paterna del César) la acusó ante su sobrino de querer contraer matrimonio con un descendiente de Augusto en la misma medida que Nerón, Rubelio Plauto y, que de este modo, buscaría reemplazar a su hijo en el trono imperial.
Aun cuando se demostró la falsedad de tales acusaciones, Nerón alentado por Popea, empezó entonces a plantearse el asesinato de Agripina, aunque  Séneca y Burro (temerosos de su propia posición sin la mujer que les había puesto al lado del emperador) se lo desaconsejaron. De hecho Séneca estaba tan inquieto que envió incluso a Acté (la antigua amante de Nerón), con quien seguía manteniendo amistad, para que hablara con él y lo calmara.



Supuesto retrato de Popea Sabina, Siglo I d. C., París, Museo del Louvre
Fuente: De Desconocido - Marie-Lan Nguyen (2007), Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=2201731

Si bien parecía que las relaciones entre madre e hijo habían mejorado, Nerón ya había decidido acabar con su madre. Para no levantar un escándalo mandó preparar un barco mortal que regaló a la Augusta con la finalidad de que naufragara en el mar, pero la estratagema no le salió bien.
A Nerón “le pareció bien aquella astucia, a la que además favorecían las circunstancias, dado que celebraba las fiestas de los Quincuatros en Bayas. Atrae allí a su madre, diciendo una y otra vez que hay que soportar las iras de los padres y refrenar los impulsos, a fin de provocar el rumor de la reconciliación y de que Agripina lo acogiera con la fácil credulidad de las mujeres ante las noticias gratas. Luego, cuando ella llegó, le salió al encuentro a la orilla del mar (pues ella venía de Anzio), le ofreció su mano, la abrazó y la acompaña a Baules. Es ese el nombre de una villa situada entre el cabo Miseno y el lago de Bayas, y bañada por un brazo de mar”  (Tácito. Anales, XIV, 4, 1-2).



Agripina coronando a Nerón. Siglo I d.C. Afrodisias, Museo

Esa misma tarde Nerón la invitó a un banquete para que el crimen fuera cometido al amparo de la noche. “Allí las ternuras disiparon su miedo [Agripina dudaba del cambio de actitud de su hijo]: fue recibida afectuosamente y colocada en lugar superior al del propio Nerón. El caso es que con conversaciones diversas, ya procediendo con juvenil familiaridad, ya con seriedad como aparentando confidencias importantes, Nerón alargó el banquete, la acompañó cuando se marchaba y la abrazó besando sus ojos y estrechándose contra su pecho, ya para completar su simulación, ya porque el contemplar por última vez a su madre que iba a morir impresionaba su ánimo por feroz que fuera” (Tácito. Anales, XIV, 4, 4). Añade Dión Casio que las últimas palabras de Nerón a su madre, antes de que ésta subiera a la nave mortal, fueron “por ti vine al mundo y gracias a ti gobierno” (Historia romana, 61, 13, 2).
Siguen contando las fuentes antiguas que al poco de partir el techo del camarote de Agripina se desprendió matando en el acto a uno de sus sirvientes. Ella y su criada Acerronia se salvaron por poco. La nave comenzó a hundirse por lo que Agripina y su esclava acabaron en el agua. Ésta última empezó a pedir socorro gritando que era Agripina, por lo que fue asesinada golpeada en la cabeza con unos remos. La madre del emperador percatándose de la situación se alejó en silencio nadando hasta que fue recogida por unas barcas que la trasladaron a su villa.



Intento de asesinato de Agripina en la nave regalada por su hijo

Siendo consciente de que su hijo había querido matarla prefirió hacer como si no supiera nada y le mandó a éste una nota diciéndole que estaba a salvo pero que no la visitara pues necesita recuperarse de sus heridas y de la traumática experiencia.
Cuando Nerón recibió las noticias se aterrorizó pensando en las posibles venganzas de su madre. Consultando a Séneca y Burro sobre cómo debía reaccionar, ambos concluyeron que era necesario acabar con Agripina pues ésta aún tenía poder suficiente para acusar a su hijo de intento de asesinato, pero desaconsejaron enviar a los pretorianos a darle muerte pues eran fiel a toda la casa de Germánico y que su liberto Aniceto (el encargado de preparar la nave mortal) debía concluir lo que había comenzado. Así “Aniceto rodea la villa [de Agripina] con un destacamento y tras violentar la puerta se deshace de los esclavos que le salieron al paso hasta que llegó a la puerta de la alcoba, junto a la cual permanecían sólo unos pocos, pues a los demás los había puesto en fuga el pánico ante aquella irrupción. En la alcoba, había una luz escasa y sólo una de las sirvientas, y Agripina más y más angustiada porque nadie llegaba de parte de su hijo, ni siquiera Agermo [el mensajero que había enviado a Nerón][…]. Luego cuando la criada se iba, le dijo cara a cara: ¿también tú me abandonas?, ve tras de sí a Aniceto, acompañado por el trierarco Herculeyo y por Obarito, centurión de la flota; le dice que si ha venido a visitarla, podía anunciar que se había recuperado, pero que si estaba allí para cometer un crimen, no estaba dispuesta a creer nada de su hijo; no se le había ordenado un parricidio. Los asesinos rodean el lecho y primero el trierarco la golpeó en la cabeza con un bastón; cuando ya el centurión desenvainaba su espada para darle muerte, mostrándole sus entrañas le gritó: hiéreme en el vientre, y al momento acabaron con ella cosiéndola a cuchilladas” (Tácito. Anales, XIV, 8, 2-5).



Nerón ante el cadaver de su madre, Agripina la menor, 1887, Madrid, Museo del Prado

De esta manera acabó sus días Agripina la menor, pensando en su hijo hasta el último aliento de vida. Ésta y la muerte de Octavia son las dos únicas que se pueden atribuir a Nerón sin lugar a dudas.
Es una lástima que debido a las luchas de poder la relación entre madre e hijo acabaran así. Es cierto que la muerte de Agripina se justificó como una conspiración contra el emperador, aunque yo dudo que Agripina en el fondo hubiera sido capaz de cumplir las amenazas continuas contra su hijo. No hay duda de que era ambiciosa y muy orgullosa, pero en realidad ella siempre fue muy consciente que su supervivencia dependía de una situación de poder fuerte como los hechos de su vida le habían demostrado.
Por otro lado, en realidad ella sabía que hubiera sido la descendiente natural de Augusto y que fue privada de ese privilegio debido a su condición de mujer, algo que a mi entender Agripina no toleraba, pues se consideraba tan capaz como cualquier hombre. Pero no estábamos en el siglo XXI, sino en la antigua Roma, donde sólo Livia fue capaz de detentar un gran poder durante décadas, y eso porque fue lo suficiente prudente de no destacar y mantenerse siempre a la sombra de su marido.

jueves, 4 de abril de 2019

Nerón conoce a Popea Sabina


Supuesto retrato de Popea. Siglo I d.C. Museo de las Termas. Roma 2018


              Tras la muerte de Británico, Agripina fue progresivamente apartada por Nerón del centro del poder. Esto se hizo más evidente tras la aparición en la vida del emperador del que sería el gran amor de su vida: Popea Sabina.
              Popea era hija Tito Olio (que había sido pretor en época de Tiberio) y de una aristócrata romana que se suicidó a instancias de Mesalina. Nació probablemente en Pompeya durante el año 30 d.C. (por lo tanto era 7 años mayor que Nerón). Tras un primer matrimonio con el prefecto de la Guardia Pretoriana,  Rufrio Crispino (con el que tuvo un hijo), casó con Marco Salvio Otón, amigo íntimo del emperador. Durante una cena que éste organizaba en su casa conoció Nerón a la bella dama. El hijo de Agripina quedó fascinado desde el primer momento por la belleza Popea, quien no tuvo reparos en convertirse en su amante casi desde el primer momento; no obstante, Otón estaba enamorado de Popea y no estaba dispuesto a compartirla, por lo que Nerón anuló el matrimonio y lo envío como gobernador a Lusitania (actual Portugal) donde permaneció durante los siguientes 10 años.


Aureo con la imagen de Otón, quien llegó a ser emperador
Fuente: De http://ancientrome.ru/art/artworken/img.htm?id=383, Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=1244490

              La llegada de Popea a la Corte fue el detonante final de la ruptura definitiva entre Agripina y Nerón, pues ambas mujeres veían en la otra una rival en su ambición de poder. Popea no cesaba de reprochar al emperador su situación de concubina y la falta de libertad de él para elegir a la esposa que deseaba. Al mismo tiempo atacaba a Agripina espetándole continuamente a Nerón entre lágrimas que si el hecho de no tenerla como esposa “era que se temía que al menos una esposa le descubriera los agravios hechos al senado y los odios del pueblo motivados por la soberbia y avaricia de su madre. Si Agripina no podía aceptar una nuera que no fuera enemiga de su hijo, a ella debía devolverla al matrimonio con Otón; prefería marchar a cualquier lugar de la tierra donde oiría de los ultrajes proferidos contra el emperador de mejor grado que teniéndolos ante su vista, implicada en los peligros que él corría” (Tácito, Anales, XIV, 1, 2).
              Locamente enamorado de Popea y hastiado de la actitud de su madre (que no perdía ocasión de mostrarse cercana a su nuera Octavia y de reunirse con amigos influyentes a espaldas suyas), Nerón expulsó a Agripina de Palacio, instalándola en una villa anexa que había sido propiedad de su abuela Antonia la Menor. Al mismo tiempo le retiró la escolta militar y la guardia germana. Cada vez que Nerón la visitaba “lo hacía rodeado de un pelotón de centuriones y se retiraba tras un beso apresurado” (Tácito, Anales, XIII, 18, 3).


Agripina la Menor. Siglo I d.C. Nápoles. Museo ARcheologico Nazionale

              De la noche a la mañana, Agripina vio como todos sus amigos desaparecían y se enfrentó a la más absoluta soledad pues nunca fue una mujer capaz de inspirar amor. Como escribe sabiamente Tácito, “ninguna cosa humana es tan inestable e insegura como la fama de poder no apoyada en la propia fuerza” (Anales, XIII, 19, 2).

miércoles, 27 de marzo de 2019

Nerón y Agripina


Nerón y Agripina en una moneda


         La relación entre Nerón y Agripina siempre fue tumultuosa y oscilante entre el amor y el odio, ambos sentimientos llevados a sus máximos extremos.
Nerón apenas recordaba a su madre cuando en el año 41 (tras el asesinato de su tío Calígula), se reencontró con ella a la vuelta del exilio. El niño tenía en aquel momento 4 años. Entonces vio cómo su vida cambiaba enormemente pues, de habitar con su tía Domicia en una ambiente humilde se trasladó a vivir con Agripina y su nuevo esposo, uno de los hombres más ricos de Roma.
Desde que nació, Nerón había sido la única obsesión de su madre ¿lo quería verdaderamente o era simple ambición lo que la ataba a su pequeño?. A pesar de los grandes proyectos que Agripina planeaba para su hijo (único descendiente de Germánico y tataranieto de Augusto), que fueron evidentes desde el primer momento al solicitar a Calígula que le pusiera nombre (con la esperanza que lo adoptara y lo designara sucesor), pienso que Agripina quería a su hijo. Su pasión por él nace de la soledad de la mujer, huérfana de padres desde su más tierna infancia y obligada a contraer matrimonio con un marido despreciable siendo apenas una adolescente que no le profesaba el más mínimo cariño. ¿Cómo no iba a querer en estas circunstancias al fruto de su vientre?. No es extraño que se volcara en él pues el bebé era lo único enteramente suyo, el único ser que podía inspirar amor en una mujer con corazón pétreo, consecuencias de una vida carente de afectos.

Agripina coronando a Nerón. Siglo I d.C. Afrodisias, Museo


          Cuando se convirtió en emperatriz, Agripina ya no tuvo reparos en preparar el camino de su hijo al trono, algo que ella consideraba legítimo pues Claudio sólo era sobrino nieto de Augusto, mientras que ella era su biznieta e hija de Germánico. En Nerón confluían las sangres Julia y Claudia en mayor medida que en la descendencia legítima de Claudio.
En esta época, ninguna fisura hay en la relación entre madre e hijo. Ella lo mima hasta la saciedad y lo cubre de honores, que Claudio tolera. Él, consciente de su papel decisivo en su acceso al trono imperial, la complace en todo: su primer santo y seña fue dedicado a ella, “la mejor de las madres”, permite esculturas en las que Agripina corona sus sienes y monedas en las que ambos están al mismo tamaño. Nunca una madre fue más honrada por un hijo. No hay ningún indicio de que el amor entre ellos no sea sincero en estos momentos, incluso excesivo en una sociedad que no toleraba las muestras públicas de afecto.
De ahí los rumores de incesto entre ambos que los persiguió desde siempre, aunque ninguna fuente antigua los confirman. Incluso existen divergencias entre ellas, mientras Tácito afirma que “Agripina, en su pasión por conservar el poder llegó hasta tal punto que en pleno día, a horas en que Nerón se hallaba excitado por el vino y el banquete, se ofreció varias veces a su hijo borracho, muy arreglada y dispuesta al incesto” (Anales, XIV, 2), Suetonio señala que fue Nerón quien “deseó incluso tener trato carnal con su madre” (Vida de Nerón, 28, 2). Lo que sí coinciden ambas fuentes es que nada llegó a ocurrir entre ellos. Por tanto, pienso que esa historia fue una treta más de Agripina para desprestigiar a su hijo, y que si en la época se dio veracidad fue por el carácter extremo de la relación entre ambos.                                                                                                                                      
Moneda que representa a Agripina junto a Nerón
   
¿Cuándo empezaron los problemas entre ellos? Claramente, cuando Nerón empezó a convertirse en un hombre y a no soportar la absoluta posesión que Agripina pretendía ejercer sobre él. 
Varios episodios que ya hemos ido desgranando evidenciaron el distanciamiento entre ellos: la pretensión de Agripina de ocupar un sitial junto a Nerón para recibir a los embajadores abortada por el emperador en el último momento (en Roma ninguna mujer podía sentarse junto el Príncipe en actos de gobierno), la voluntad de la otrora emperatriz de interferir en la vida privada de su hijo (por ejemplo sus protestas airadas ante la relación de éste con la liberta Acté) y, por último, cuando fue consciente de que Nerón reaccionaba a sus presiones alejándose cada vez más de ella, sus amenazas de elevar a Británico al trono. A partir de aquí la ruptura fue total.