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jueves, 2 de mayo de 2019

Tras la muerte de Agripina

“Ni en aquel momento ni jamás en los tiempos que siguieron pudo soportar la consciencia de su crimen, a pesar de verse confortado por las felicitaciones de los soldados, del Senado y del pueblo, y a menudo confesó que el fantasma de Agripina lo perseguía, al igual que las Furias con sus golpes y sus antorchas ardiendo”.
Suetonio. Vida de Nerón, 34, 4.

Remordimientos de Nerón tras la muerte de su madre. J. William Waterhouse. 1878
Fuente: Di John William Waterhouse - sconosciuta, Pubblico dominio, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=1170898


              El cadáver de Agripina fue incinerado rápidamente y sus cenizas fueron enterradas junto a un promontorio con vistas al mar. Nerón partió precipitadamente hacia Nápoles aunque algunos historiadores antiguos recogen que visitó antes el cuerpo inerte de su madre y que lo contempló desnudo. Es difícil de saber si esto fue cierto, aunque dadas las circunstancias del primer fallido intento de asesinato no dudo que Nerón quisiera asegurarse de que Agripina estaba definitivamente muerta. De esta manera, al ver el horror en el cuerpo de su madre, es más sencillo de explicar las horribles pesadillas que lo aterrorizaron hasta el final de sus días, y que Suetonio deja patente en el fragmento que puede leerse en el párrafo anterior.
              Porque a pesar de que el pueblo, el Senado y los pretorianos (inducidos por Burro) aceptaron y felicitaron al emperador por haber acabado con la mujer que conspiraba para arrebatarle el trono, Nerón sintió profundamente el matricidio. Ni siquiera la carta que Séneca escribió para convencer al Senado de la necesidad política del asesinato, alivió la desazón que le produjo la muerte de Agripina. De ahí que dejara incluso de portar el brazalete que ella mandó hacerle con la piel de la serpiente que apareció en su cuna, cuando era un bebé, pues el recuerdo de su madre lo atormentaba. Tan apegado estaba a esta joya talismán, que en los peores tiempos de su vida, intentó buscarlo en vano.
Así y todo, para que todos olvidaran el asunto y no se hablara más de ello volvió a Roma desde Campania siendo recibido por una multitud que lo aclamaba y organizó unos espectaculares juegos dispersos por toda la ciudad. El eterno remedio para todo, el tan romano panem et circenses volvió a funcionar nuevamente.

Nerón. Siglo I d.C. Cagliari. Museo Arqueológico

En esa línea, ese mismo verano celebró en la otra orilla del Tíber un festival privado para celebrar el primer afeitado de su barba. Fueron los denominados Juvenales. Nerón contaba 21 años y aprovechando la euforia colectiva subió por primera vez a un escenario tocando la lira y entonando un canto que fue aplaudido largamente. El emperador fue muy aclamado y comparado con Apolo. No obstante, Burro y Séneca manifestaron su disgusto ante este comportamiento impropio del dueño del mundo. “Nada nos lava el cerebro y nos esclaviza más que el resplandor del espectáculo” así manifestaba el filósofo a un amigo en sus Cartas (14,6), en la que sin nombrarlo se mostraba muy crítico con Nerón.
En esta época también, libre del yugo de Agripina, comenzó a montar en cuadriga en el Circo que Calígula había construido en la colina Vaticana, algo que también estaba mal visto por la sociedad romana.
Todo en vano para intentar alejar de su mente el execrable crimen que lo marcaría de por vida.

lunes, 22 de abril de 2019

El asesinato de Agripina

“Hacía muchos años que Agripina creía que tal sería su fin, y había desdeñado darle importancia; pues unos caldeos cuando los consultó acerca de Nerón, le respondieron que había de reinar y de matar a su madre; ella dijo: “que la mate, con tal que reine”.
Tácito. Anales, XIV, 9, 3

Agripina la menor. Siglo I d.C. Milán. Museo Arqueológico
Fuente: Di Giovanni Dall'Orto - Opera propria, Attribution,

A pesar de todas las medidas que tomó el emperador para aislar a su madre, Agripina siguió conspirando a sus espaldas, o esos fueron los rumores que llegaron a oídos de Nerón pues ahora, los múltiples enemigos que aquella había acumulado en su vida, no dudaron en atacarla. Así, Domicia (tía paterna del César) la acusó ante su sobrino de querer contraer matrimonio con un descendiente de Augusto en la misma medida que Nerón, Rubelio Plauto y, que de este modo, buscaría reemplazar a su hijo en el trono imperial.
Aun cuando se demostró la falsedad de tales acusaciones, Nerón alentado por Popea, empezó entonces a plantearse el asesinato de Agripina, aunque  Séneca y Burro (temerosos de su propia posición sin la mujer que les había puesto al lado del emperador) se lo desaconsejaron. De hecho Séneca estaba tan inquieto que envió incluso a Acté (la antigua amante de Nerón), con quien seguía manteniendo amistad, para que hablara con él y lo calmara.



Supuesto retrato de Popea Sabina, Siglo I d. C., París, Museo del Louvre
Fuente: De Desconocido - Marie-Lan Nguyen (2007), Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=2201731

Si bien parecía que las relaciones entre madre e hijo habían mejorado, Nerón ya había decidido acabar con su madre. Para no levantar un escándalo mandó preparar un barco mortal que regaló a la Augusta con la finalidad de que naufragara en el mar, pero la estratagema no le salió bien.
A Nerón “le pareció bien aquella astucia, a la que además favorecían las circunstancias, dado que celebraba las fiestas de los Quincuatros en Bayas. Atrae allí a su madre, diciendo una y otra vez que hay que soportar las iras de los padres y refrenar los impulsos, a fin de provocar el rumor de la reconciliación y de que Agripina lo acogiera con la fácil credulidad de las mujeres ante las noticias gratas. Luego, cuando ella llegó, le salió al encuentro a la orilla del mar (pues ella venía de Anzio), le ofreció su mano, la abrazó y la acompaña a Baules. Es ese el nombre de una villa situada entre el cabo Miseno y el lago de Bayas, y bañada por un brazo de mar”  (Tácito. Anales, XIV, 4, 1-2).



Agripina coronando a Nerón. Siglo I d.C. Afrodisias, Museo

Esa misma tarde Nerón la invitó a un banquete para que el crimen fuera cometido al amparo de la noche. “Allí las ternuras disiparon su miedo [Agripina dudaba del cambio de actitud de su hijo]: fue recibida afectuosamente y colocada en lugar superior al del propio Nerón. El caso es que con conversaciones diversas, ya procediendo con juvenil familiaridad, ya con seriedad como aparentando confidencias importantes, Nerón alargó el banquete, la acompañó cuando se marchaba y la abrazó besando sus ojos y estrechándose contra su pecho, ya para completar su simulación, ya porque el contemplar por última vez a su madre que iba a morir impresionaba su ánimo por feroz que fuera” (Tácito. Anales, XIV, 4, 4). Añade Dión Casio que las últimas palabras de Nerón a su madre, antes de que ésta subiera a la nave mortal, fueron “por ti vine al mundo y gracias a ti gobierno” (Historia romana, 61, 13, 2).
Siguen contando las fuentes antiguas que al poco de partir el techo del camarote de Agripina se desprendió matando en el acto a uno de sus sirvientes. Ella y su criada Acerronia se salvaron por poco. La nave comenzó a hundirse por lo que Agripina y su esclava acabaron en el agua. Ésta última empezó a pedir socorro gritando que era Agripina, por lo que fue asesinada golpeada en la cabeza con unos remos. La madre del emperador percatándose de la situación se alejó en silencio nadando hasta que fue recogida por unas barcas que la trasladaron a su villa.



Intento de asesinato de Agripina en la nave regalada por su hijo

Siendo consciente de que su hijo había querido matarla prefirió hacer como si no supiera nada y le mandó a éste una nota diciéndole que estaba a salvo pero que no la visitara pues necesita recuperarse de sus heridas y de la traumática experiencia.
Cuando Nerón recibió las noticias se aterrorizó pensando en las posibles venganzas de su madre. Consultando a Séneca y Burro sobre cómo debía reaccionar, ambos concluyeron que era necesario acabar con Agripina pues ésta aún tenía poder suficiente para acusar a su hijo de intento de asesinato, pero desaconsejaron enviar a los pretorianos a darle muerte pues eran fiel a toda la casa de Germánico y que su liberto Aniceto (el encargado de preparar la nave mortal) debía concluir lo que había comenzado. Así “Aniceto rodea la villa [de Agripina] con un destacamento y tras violentar la puerta se deshace de los esclavos que le salieron al paso hasta que llegó a la puerta de la alcoba, junto a la cual permanecían sólo unos pocos, pues a los demás los había puesto en fuga el pánico ante aquella irrupción. En la alcoba, había una luz escasa y sólo una de las sirvientas, y Agripina más y más angustiada porque nadie llegaba de parte de su hijo, ni siquiera Agermo [el mensajero que había enviado a Nerón][…]. Luego cuando la criada se iba, le dijo cara a cara: ¿también tú me abandonas?, ve tras de sí a Aniceto, acompañado por el trierarco Herculeyo y por Obarito, centurión de la flota; le dice que si ha venido a visitarla, podía anunciar que se había recuperado, pero que si estaba allí para cometer un crimen, no estaba dispuesta a creer nada de su hijo; no se le había ordenado un parricidio. Los asesinos rodean el lecho y primero el trierarco la golpeó en la cabeza con un bastón; cuando ya el centurión desenvainaba su espada para darle muerte, mostrándole sus entrañas le gritó: hiéreme en el vientre, y al momento acabaron con ella cosiéndola a cuchilladas” (Tácito. Anales, XIV, 8, 2-5).



Nerón ante el cadaver de su madre, Agripina la menor, 1887, Madrid, Museo del Prado

De esta manera acabó sus días Agripina la menor, pensando en su hijo hasta el último aliento de vida. Ésta y la muerte de Octavia son las dos únicas que se pueden atribuir a Nerón sin lugar a dudas.
Es una lástima que debido a las luchas de poder la relación entre madre e hijo acabaran así. Es cierto que la muerte de Agripina se justificó como una conspiración contra el emperador, aunque yo dudo que Agripina en el fondo hubiera sido capaz de cumplir las amenazas continuas contra su hijo. No hay duda de que era ambiciosa y muy orgullosa, pero en realidad ella siempre fue muy consciente que su supervivencia dependía de una situación de poder fuerte como los hechos de su vida le habían demostrado.
Por otro lado, en realidad ella sabía que hubiera sido la descendiente natural de Augusto y que fue privada de ese privilegio debido a su condición de mujer, algo que a mi entender Agripina no toleraba, pues se consideraba tan capaz como cualquier hombre. Pero no estábamos en el siglo XXI, sino en la antigua Roma, donde sólo Livia fue capaz de detentar un gran poder durante décadas, y eso porque fue lo suficiente prudente de no destacar y mantenerse siempre a la sombra de su marido.