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miércoles, 2 de septiembre de 2015

Tiberio y Julia, el matrimonio imposible

Después de valorar varias opciones, entre ellas la de desposar a su hija con un simple eques sin peso político, Augusto (quizás influenciado por Livia) decidió que la mejor opción para el futuro del Principado era el matrimonio entre Julia y su hijastro Tiberio, que entonces tenía 31 años.

Julia y Tiberio en el Ara Pacis Augustae. 13-9 a.C. Roma 2013

Aunque el Príncipe nunca sintió gran afecto por Tiberio, descartó a su hermano Druso (su candidato favorito) porque ya estaba casado con su sobrina Antonia (hija de Octavia y Marco Antonio). La pareja, muy bien avenida, ya tenía un hijo: Germánico, sobrino nieto del emperador. Tiberio, por su parte, estaba casado con Vipsania (hija de un anterior matrimonio de Agripa), y también tenía un hijo, Druso el menor.


Vipsania (Sheila Ruskin) y Tiberio (George Baker) en un fotograma de la serie Yo, Claudio. 1976

      El primogénito de Livia sufrió mucho al verse obligado a romper su matrimonio, pues estaba muy enamorado de su esposa, una mujer discreta y dulce que había encajado perfectamente con el carácter reservado y taciturno de Tiberio. Así y todo obedeció, por lo que en el año 11 a.C contrajo matrimonio con Julia. Ésta mostró gran entusiasmo por su nuevo marido, del que dicen que había estado enamorada en su juventud; no obstante, la frialdad de él acabó pronto con su pasión. Tiberio, a pesar de que no congeniaba con la hija de Augusto ni con su carácter caprichoso (la joven incluso estando casada con Agripa había flirteado con él) intentó guardar las apariencias por un tiempo y fingir que vivía un matrimonio feliz. Sin embargo, esta aparente felicidad se esfumó pronto, al morir muy pequeño el único hijo que concibió la pareja.
A partir de ese momento, el aborrecimiento que Tiberio sentía hacia Julia se incrementó, pues Julia para olvidar la muerte del pequeño retomó su alegre vida social, la cual chocaba frontalmente con la personalidad reservada y discreta de su marido, quien no toleraba el hecho de que Julia. como hija de Augusto, gozara de mayor independencia que cualquier otra mujer.


Julia la Mayor. Siglo I a.C. Berlín. Altes Museum

 Por otro lado, Tiberio echaba terriblemente de menos a Vipsania. Cuenta Suetonio que en una ocasión se encontró con ella por la calle y que él le dedicó una mirada tan intensa y llena de tristeza que los ojos se le llenaron de lágrimas. Esto llegó a oídos de Julia, que sintiéndose humillada se quejó a Augusto, quien indignado prohibió a Tiberio cualquier contacto con su primera esposa (Vida de Tiberio. Libro III,.7, 2-3).
Esta situación incrementó el odio de Tiberio hacia Julia por lo que acabó rompiendo la relación marital con ella y trasladándose a otro dormitorio. A raíz de esta ruptura Julia comenzó a comportarse de forma indiscreta para herir a su marido, algo que a la larga le acarrearía su ruina. Por su parte, el ya de por sí difícil carácter de Tiberio empeoró debido a las humillaciones a las que sentía sometido por Julia, por lo que en el año 6 a.C., aún siendo el segundo hombre más poderoso del Imperio no dudó en dejarlo todo y en desterrarse voluntariamente a la Isla de Rodas. A la muerte de Augusto, Tiberio, ya emperador, dejó morir a Julia lentamente de hambre (la joven había sido desterrada por su propio padre primero a Pandataria y después a Reghium). 

viernes, 10 de abril de 2015

Agripa y Julia

“Le has hecho tan poderoso que (Agripa) debe convertirse en tu yerno o ser asesinado”
Consejo de Mecenas a Augusto. Dión Casio. Historia Romana. 54, 6-5 

Tal cúmulo de acontecimientos negativos acaecidos en tan poco espacio temporal motivaron que Augusto, ansioso de recuperar su estabilidad tanto personal como política, reclamara a Agripa (que se encontraba en Oriente desde hacía un par de años). Siguiendo el consejo de Mecenas, el Príncipe le ofreció en matrimonio a su hija Julia, una vez finalizado el período de luto estipulado tras la muerte de su primer esposo, Marcelo. Esta opción también fue promovida por una desolada Octavia (aunque supuso el divorcio de su hija Marcela casada con Agripa) pues amargada por la muerte de Marcelo y resentida con Livia (que siempre había puesto impedimentos a la promoción de aquel) deseaba evitar a toda costa que fuera el hijo de la emperatriz, Tiberio, el elegido para sustituir al desventurado joven. Fue la última intervención en política de Octavia, pues a continuación se retiró de la vida pública para vivir su luto en soledad hasta su muerte.

Agripa y Julia junto a su hijo Cayo ocupan un lugar preeminente en el Ara Pacis Augustae. 9 a.C.
Roma 2013

 Agripa aceptó encantado tan grande honor que no sólo le suponía entrar de lleno en la familia imperial sino que materializaba por parte de un plebeyo una aspiración imposible en cualquier otra circunstancia: tener como esposa a un miembro de una de los linajes más antiguos y poderosos de Roma, descendiente del divino Julio y de la mismísima diosa Venus. La ceremonia se celebró el año 21 a.C. y como regalo de bodas, la mano derecha del Príncipe obsequió a su flamante esposa con una villa a orillas del Tíber, cuyas preciosas pinturas murales aún se conservan en el Museo de las Termas de la capital italiana.

Villa de Agripa y Julia conocida como Casa de la Farnesina. 21 a.C. 
Museo de las Termas. Roma 2011

No sabemos, en cambio, cómo puedo haber reaccionado la joven de 18 años obligada a casarse con un hombre de la edad de su padre, o sea, 24 años mayor que ella; aparentemente no mostró rechazo, no obstante el hecho de que el comportamiento licencioso de Julia, que marcaría su vida y destino, comenzara a manifestarse desde su segundo matrimonio es indicativo de que no debió digerirlo muy bien, no tanto por la diferencia de edad (algo muy habitual en la antigua Roma) sino a causa de la baja estirpe de su esposo (algo que aborrecían también algunos de sus descendientes como su nieto Calígula). Así y todo, de esta unión nacieron 5 hijos, el germen de la famosísima dinastía julio-claudia: Cayo, Lucio, Agripina (madre de Calígula y abuela de Nerón), Julia la Menor y Agripa Póstumo.
El primero de ellos, Cayo, vino al mundo en el año 20 a.C., regalando a Augusto uno de los momentos más felices de su vida. El pequeño, (al que el Príncipe apodaba cariñosamente como su burrito) ocupó con facilidad el gran vacío que había dejado Marcelo en su corazón y desde el primer momento su cariño por él fue infinito. Tres años después nació Lucio, momento que aprovechó Augusto para adoptar a los dos niños, lo que equivalía a  nombrarlos sus herederos. Al vivir sus padres se celebró una curiosa ceremonia que implicaba una compra simbólica: Augusto golpeaba tres veces una balanza con una moneda de poco valor en presencia de un pretor. El Príncipe volvía  a vivir sereno sintiendo asegurado el futuro de Roma.

Cayo César niño. Copia de busto en mármol. Museo del Ara Pacis. Roma 2013

Por ello, y a pesar del profundo desprecio que muchos de los nobles profesaban a Agripa, debido a sus orígenes, su suegro lo colmó de los máximos honores, por lo que su estatus sobrepasaba con diferencia a la de cualquier senador: entre estos destacan que en 18 a.C. se le concedió un proconsulado de cinco años que se transformaría en  maius (mayor de los de cualquier gobernador) al mismo tiempo que se le concedió la tribunicia potestad por cinco años, algo que sólo Augusto (éste con carácter permanente) había poseído. Como yerno de aquel y padre de los príncipes, ocupaba el segundo puesto del Estado por lo que en el caso de que el emperador falleciera, Agripa habría ocupado su lugar como regente de sus hijos.