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lunes, 12 de octubre de 2015

Antonia la Menor


Antonia Menor. Siglo I a.C. Museo de las Termas. Roma 2018

Antonia era la menor de las hijas de Octavia y Marco Antonio, de ahí su cognomen. Nació el 31 de enero del año 36 a.C., y nunca llegó a conocer a su padre pues en el momento de su alumbramiento éste ya había partido hacia Egipto para reanudar su relación sentimental con la reina Cleopatra. En consecuencia, cuando el divorcio de sus padres se hizo oficial, se trasladó junto con su madre y hermanos a casa de su tío, el futuro Augusto, donde recibió una esmerada educación que la convirtieron en una mujer culta y refinada.
En el 17 a.C. contrajo nupcias con Druso, el hijo menor de la emperatriz Livia, con el que se había criado. Fue un matrimonio político pero ambos estaban muy enamorados; debido a ello, algo raro en la época, fueron siempre fieles el uno con el otro.

Druso el Mayor. Siglo I. Roma. Museos Capitolinos

Antonia no podía vivir mucho tiempo alejada de Druso por lo que acompañaba a su marido en las campañas militares siempre que era posible. Del matrimonio nacieron tres hijos: el espléndido Germánico (en 15 a.C.), la intrigante Livilla (en 13 a.C.) y el enfermizo Claudio (en 10 a.C.) que llegaría a ser emperador. En todas las representaciones con su esposo se muestra a una mujer radiante heredera de todas las virtudes de las grandes matronas romanas.

Antonia y Druso en el Ara Pacis Augustae. 13-9 a.C. Roma

Sin embargo la felicidad de Antonia se vio truncada poco después al morir Druso prematuramente en el 9 a.C., quedando con sólo 27 años viuda y madre de 3 hijos pequeños. Tan grande era su dolor que pidió a Augusto dispensa para no volver a casarse. El emperador, a pesar de que iba contra sus propias leyes matrimoniales aprobadas años antes, se lo concedió.
Así la bella Antonia se trasladó junto con sus hijos nuevamente a la casa donde había vivido su infancia y se había enamorado de Druso, instalándose con su suegra Livia, a la que estaba muy unida. Del mismo modo, tenía una conexión especial con su difícil cuñado Tiberio, contándose entre las pocas personas que éste apreciaba. Valerio Máximo lo relata así: “Después de la muerte de Druso, aún siendo ella bellísima y encontrándose en la flor de la vida, vivió con la suegra. Durmiendo junto a ella en el mismo lecho Antonia dejó morir su juventud mientras Livia envejecía, afrontando así su viudez”. (Dichos y Hechos memorables. p. 132).

Casa de Livia en el Palatino. Siglo I a.C. Roma

En la Casa de Livia se dedicó a las labores propias de las matronas romanas: el telar y la educación de sus hijos. Germánico era claramente su favorito, pues era la viva imagen de su padre, tan bello y noble de carácter como lo había sido Druso. Livila en cambio era ambiciosa y manipuladora muy alejada del carácter de sus ilustres padres. Por su parte, Claudio, el niño de las mil enfermedades, fue siempre su gran preocupación. Algunas fuentes antiguas nos dejan la imagen de una madre que despreciaba a su hijo “(Antonia) repetía con frecuencia que Claudio había sido comenzado por la naturaleza y no había sido terminado, y cuando quería tachar a alguien de estúpido, decía que era más tonto que su hijo Claudio” (Suetonio. Vida de Claudio.3.2). No obstante, no sabemos hasta que punto son ciertas estas consideraciones porque siempre estuvo al lado de Claudio y cuidó de él hasta el final. De hecho, cuando fue emperador, Claudio le concedió múltiples honores, emitiendo incluso monedas con su rostro.

Monedas con la imagen  de Antonia Menor. Siglo I d.C. 

La vida fue muy injusta con Antonia pues en 19 d.C. tuvo que enterrar a su adorado hijo Germánico muerto con tan sólo 34 años en extrañas circunstancias. Asimismo tuvo que soportar la deshonra de su hija Livila que envenenó a su marido, Druso el menor (hijo de Tiberio) para allanar el camino de su amante Sejano hacia el trono imperial. Dión Casio sostiene que fue la misma Antonia quien descubrió la conjura para derrocar a Tiberio al leer la correspondencia entre su hija y su amante, el favorito del emperador. Ella misma lo puso en conocimiento de Tiberio que mandó matar a Sejano. Continúa Dión contando que “Tiberio había perdonado a Livila pero que fue la propia Antonia, quien por propia iniciativa, la dejó morir de hambre” (Historia Romana. Libro VIII). Otras fuentes sin embargo, dicen que Tiberio mandó a Livila al exilio.

Livila en el Gran Camafeo de Francia. 23 d.C. París. Gabinete de Medallas

Igualmente, tuvo que asistir a la muerte violenta de sus nietos mayores Druso y Nerón (hermanos de Calígula) y a la degeneración de Calígula y sus nietas Agripina, Drusila y Livila.
Precisamente su relación con su nieto Calígula sufrió de grandes altibajos. Éste se fue a vivir con ella en 29 d.C., año en que murió Livia (con quien se había trasladado cuando su madre Agripina fue desterrada). En los inicios de su principado, Calígula colmó a Antonia de todos los honores que en vida disfrutara la difunta esposa de Augusto. Sin embargo, una matrona virtuosa como Antonia no podía soportar la conducta depravada de su nieto a quien una vez sorprendió acariciando lascivamente a su propia hermana Drusila, de ahí que lo reprendiera severamente en múltiples ocasiones, lo que irritaba al joven emperador. Según Suetonio, “A una amonestación de su abuela Antonia, como si no bastara con desobedecerla Calígula contestó: recuerda que todo me está permitido y con todas las personas” (Vida de Calígula. 29,1).

Calígula. Siglo I d.C, Nueva York. Metropolitan Museum of Art

Antonia falleció en 37 d.C, precisamente durante el reinado de Calígula. No se sabe a ciencia cierta si por orden de su nieto o si ésta se suicidó al no poder soportar más el destino de su familia (Calígula acababa de ordenar la muerte de su otro nieto Tiberio Gemelo, algo que Antonia le recriminó con dureza). Sus últimas palabras fueron dirigidas a su amado esposo Druso rogándole perdón por haberle hecho esperar tanto. Sobre la muerte de Antonia cuenta Suetonio que “cuando su abuela Antonia le pidió (a Calígula) una audiencia privada, se negó a recibirla a menos que estuviera presente el prefecto Macrón, y a fuerza de humillaciones y disgustos de este tipo, provocó su muerte, administrándole, no obstante, también veneno según la opinión de algunos; una vez muerta, no le rindió ningún honor, e incluso contempló su pira ardiente desde su triclinio” (Vida de Calígula. 23,2).
Mujer influyente y de gran mérito, Antonia tuvo muchos amigos, entre ellos algunos familiares de Herodes el Grande. Su belleza, testimoniada en los retratos que han llegado hasta nosotros, es heredera de las facciones dulces de su madre y del gran atractivo de su padre. De Octavia heredó también su inmenso virtuosismo. No obstante, era temperamental y con arrojo como Marco Antonio pues nunca dejó de decir lo que pensaba ya fuera a Augusto o a Calígula.

Antonia se despide de su hijo Claudio antes de morir. Fotograma de la serie Yo, Claudio. 1976

Su hijo Claudio al acceder al poder le devolvió todos los honores que Calígula le había arrebatado: le dedicó exequias públicas, una carroza para pasear su imagen por el circo y el sobrenombre de Augusta. De esta época son las monedas acuñadas con la imagen de Antonia y las múltiples esculturas que la representan como Hera o Venus, en las que Claudio no sólo quería aludir a la belleza de Antonia sino también a su papel de progenitora de la gens Claudia.


La Hera Ludovisi es un retrato de Antonia Menor. Siglo I d.C. Roma. Museo de las Termas


Antonia como Venus. Siglo I d.C. Ninfeo Claudiano de Punta Epitaffio, rescatado del mar de Baiae. Museo Archeologico di Campi Flegrei

viernes, 2 de octubre de 2015

Germania Augustea



Augusto de Bevilacqua. Siglo I d.C. Munich. Gliptoteca


      Aunque el más bello busto de Augusto se encuentra en la Gliptoteca de Munich, Germania fue siempre el talón de Aquiles del Imperio Romano, y como se demostró con las invasiones bárbaras en el siglo IV d.C., la causa de su ruina.
 La primera aproximación romana a los territorios germanos tuvo lugar durante las campañas de César en la Galia entre los años 58-51 a.C. La porción de Germania conquistada por el Divino Julio llegaba en sus límites orientales hasta al río Rin.
Como las tribus que poblaban la zona no se mostraban particularmente belicosas ni Augusto pretendía la conquista de nuevas tierras, el emperador optó por levantar dos fortalezas para prevenir cualquier incursión bárbara en territorio romano: una en Mogontiacum (Maguncia) y otra en Castra Vetera (Xanten).

Reconstrucción de la fortaleza de Castra Vetera

No obstante, cuando algunas de estas tribus rebeldes atravesaron el Rin llegando incluso hasta la Galia, Druso sofocó  la revuelta y persiguió a los invasores hasta los río Weser y Elba. Entonces Augusto dividió la región en dos parte: Germania inferior (Países Bajos y Noroeste de Alemania) y Germania superior (Alsacia, parte de la actual Suiza y la orilla occidental del Rin) para una mejor organización.
Aunque son realmente escasos los restos de época de Augusto que quedan en pie en Alemania, intentaré apuntar lo más significativo.

  • Maguncia (Mogontiacum)

Tiene su origen en una fortaleza legionaria levantada por Druso entre los años 13-12 a.C. Fue una importante ciudad militar siendo base de numerosas legiones e incluso de la flota romana fluvial. Favorecía su carácter defensivo su situación geográfica pues se ubicaba en una meseta con grandes pendientes en tres de sus lados.

Teatro romano de Maguncia


Un retrato de Druso preside la base de la fachada del Teatro de Maguncia

        Las excavaciones han revelado una ciudad variada y bien equipada con todos los edificios típicos de las urbes romanas, aunque la mayoría de ellos son de fines del siglo I d.C. Entre sus construcciones más importantes de esa época se encuentran un puente y el teatro romano más grande al norte de los Alpes que se levantó en honor a Druso. Tenía una capacidad para 10.000 espectadores y en siglos posteriores fue usado como cantera hasta quedar totalmente cubierto. Hoy en día está en proceso de recuperación. También quedan restos de un acueducto.

Restos del Acueducto de Maguncia

         En la orilla derecha del Rin se encuentra el Cenotafio de Druso, edificado por sus soldados y por las colonias galas a la muerte del amado general. De planta circular, con sus casi 30 metros de altura es el mayor monumento funerario romano de Alemania aunque tenía un valor conmemorativo pues las cenizas del hijastro de Augusto fueron enterradas en el Mausoleo imperial en Roma. Está realizado en aparejo de piedra en gres y rojo caliza. En la parte frontal exhibía un poema escrito por Augusto y la dedicatoria de los soldados de Druso.

Cenotafio de Druso
Fuente: «Zitadelle Mainz Drususstein». Publicado bajo la licencia CC BY-SA 3.0 vía Wikimedia Commons - https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Zitadelle_Mainz_Drususstein.jpg#/media/File:Zitadelle_Mainz_Drususstein.jpg.

  • Augst (Augusta Raurica)

        Fue fundada en 6 a.C. por Augusto sobre un asentamiento anterior. Situada en Augst, cerca de Basilea, contó con 20.000 habitantes en su época de mayor apogeo. Actualmente es un museo al aire libre donde se combinan restos de lo que fueron grandes monumentos con varias salas de Exposición en las que se exponen todos los tesoros encontrados en Augusta Raurica. Entre las construcciones destaca el Teatro, uno de los más grandes al norte de los Alpes.


Teatro Romano de Augusta Raurica

       Jugó un importante papel en los planes de Augusto en la creación de las otras tres ciudades que llevan su nombre en esa área: Augusta Treverorum (Tréveris), Augusta Praetoria (Aosta) y Augusta Vindelicum (Augsburg en la actual Baviera). Todas ellas, concebidas como bases militares sirvieron para asegurar las estabilidad en los territorios conquistados en Germania.

Horno romano en el parque arqueológico de Augusta Raurica
Fuente: «RoemischerBackofen» de MCaviglia - Trabajo propio. Disponible bajo la licencia CC BY-SA 3.0 vía Wikimedia Commons - https://commons.wikimedia.org/wiki/File:RoemischerBackofen.jpg#/media/File:RoemischerBackofen.jpg

        Además del teatro, han quedado restos de un anfiteatro, del Foro con su templo de Júpiter y de un acueducto que abastecía de agua desde la cercana Liestal.
      
  • Tréveris (Augusta Treverorum)

      Se construyó a orillas del Mosela donde en 17 a.C. los romanos construyeron el primer puente de madera sobre ese río. Los restos de una inscripción dedicada a Cayo y a Lucio ponen de manifiesto la estabilidad del asentamiento a finales del siglo I a.C. Tras la reorganización de la Galia de 16 a.C. Augusto la nombró capital de la Galia Bélgica.

Reconstrucción ideal de Augusta Treverorum
Fuente: «RoemischerBackofen» de MCaviglia - Trabajo propio. Disponible bajo la licencia CC BY-SA 3.0 vía Wikimedia Commons - https://commons.wikimedia.org/wiki/File:RoemischerBackofen.jpg#/media/File:RoemischerBackofen.jpg

         La ciudad creció rápidamente debido a su situación geográfica y a una vía fluvial con fácil acceso a los establecimientos militares del Rin. En el siglo I d.C. se construyeron unas termas y un anfiteatro. En el siglo IV d.C. llegó a tener 80.000 habitantes. Las principales construcciones de época romana que han quedado en pie son posteriores a la muerte de Augusto.

viernes, 25 de septiembre de 2015

Druso, el último romano


Druso. Siglo I. Nápoles. Museo Archeologico Nazionale

Nerón Claudio Druso era el segundo hijo de Livia y del primer marido de aquella, Tiberio Claudio Nerón. Nació el 14 de enero del año 38 a.C., estando ya su madre prometida con Augusto, de ahí que corrieran rumores sobre la verdadera paternidad del recién nacido “Hay afortunados que tienen hijos a los tres meses” (Suetonio. Vida de Claudio 1).
Si bien basta una mirada a los retratos que han llegado de Druso para descartar la paternidad de Augusto (las facciones del joven son por completo claudianas muy semejantes a las de su hermano Tiberio), con la finalidad de acallar rumores en una etapa en la que su posición política era muy incierta, envió al pequeño junto con su hermano Tiberio a casa de su padre. Por mi parte pienso que Druso no podía ser de ninguna manera hijo de Augusto pues éste anhelaba más que nada en el mundo un heredero varón de su sangre; nadie le hubiera impedido siendo ya emperador y el hombre más poderoso del mundo reconocerlo como tal o incluso adoptarlo (algo que nunca hizo).


Aula Sacra del Teatro romano con copias de las imágenes de Augusto, Tiberio y Druso. Mérida

Así Druso pasó los primeros años de su infancia alejado de su madre surgiendo un  fuerte vínculo entre los hermanos a pesar de la disparidad de sus caracteres. En 33 a.C. al morir su padre se trasladaron con su madre y su padrastro, siendo educados por éstos a partir de entonces.
Augusto adoraba a Druso y nunca se molestó en disimular su preferencia hacia él entre los hijos de su esposa. Por lo que se extrae de las fuentes era imposible no querer a Druso pues su carácter abierto y franco le hacía ganarse las simpatías de todos, incluido su hermano Tiberio, cuya personalidad era diametralmente opuesta a la suya, pero que jamás albergó hacia Druso envidia alguna. Al contrario, no dudaba en afirmar que se contaba entre las pocas personas a las que amaba sinceramente.


Antonia, Druso y el pequeño Germánico en el Ara Pacis. 13-9 a.C. Roma 2013

En 19 a.C. Druso se casó con Antonia Menor, sobrina favorita de Augusto e hija de Marco Antonio y Octavia. El gran amor que se profesaba la pareja ha quedado plasmado para la posteridad en el friso meridional del Ara Pacis Augustae en una de las escenas más bellas en él representadas. Antonia, que lleva de la mano a Germánico (primer hijo del matrimonio nacido en 15 a.C.) mientras avanza en la procesión vuelve la mirada hacia Druso que la mira con dulzura. Tuvieron dos hijos más: Claudia Livila (nacida en 13 a.C.) y el que sería el futuro emperador Claudio (nacido en 10 a.C.). Hombre de elevados principios morales, siempre se mantuvo fiel a su esposa, que lo acompañaba en sus campañas militares cuando era posible.
Bajo el patrocinio de Augusto, Druso accedió a diversas magistraturas 5 años antes de lo estipulado en las leyes: así fue cuestor en 18 a.C. y pretor en 11 a.C. Con sólo 28 años alcanzó el consulado en 9 a.C.

Druso como magistrado. Siglo I. Museo Nacional de Arte Romano. Mérida 2005

Sin embargo, la política no era algo que entusiasmara particularmente al joven (que se declaraba abiertamente republicano, algo que divertía sobremanera a Augusto), el segundo hijo de Livia se consideraba fundamentalmente un soldado y era entre las legiones, lejos de Roma, donde se sentía plenamente realizado.
Fue un general muy prestigioso y competente, al que sus soldados adoraban, llegándolo a proclamar incluso imperator. Las primeras campañas lideradas por él (junto a Tiberio) tuvieron lugar en los Alpes y la Galia, tras la muerte de Agripa. No obstante, fue en Germania donde Druso consiguió sus éxitos más rotundos.

Druso (Ian Ogilvy). Fotograma de la serie Yo, Claudio. 1976

Durante los meses de invierno de los años 13-12 a.C. reiteradas incursiones de guerreros germanos fueron rechazadas por Druso quien en primavera lanzó nuevos ataques contra las tribus al este del Rin. Parte del ejército se desplazó por tierra y el resto por el mar del norte. En esta ocasión los barcos quedaron varados debido a un descenso de la marea pero gracias a la ayuda de sus aliados frisios salieron del grave aprieto. A pesar del percance, la campaña fue un gran éxito pues se saquearon pueblos enteros lo que disuadió a algunas tribus más a someterse para escapar de la ira romana. Druso mandó edificar algunas fortalezas fijas para controlar mejor la zona a la vez que construyó varios canales gigantescos más allá del Rin, conocidos como canales de Druso, para transportar la flota desde el Rin al Zuiderzee, siendo el primer general romano que navegó el océano septentrional.
En el año 10 a.C. durante una estancia en Roma Druso recibió una ovatio, lo que unido a su inmensa popularidad, motivó a Augusto a otorgarle Imperium proconsular que le permitió regresar a Germania a seguir con su campaña de pacificación de la provincia. Desde la nueva fortaleza de Maguncia combatió a numerosas tribus, tales como los sugambros, queruscos y suevos. A fines de ese año partió hacia Lyon donde se encontró con su hermano Tiberio y con Augusto, que estaba consagrando un altar allí. Viajaba con él su mujer Antonia en avanzado estado de gestación, por  lo que en la ciudad francesa dio a luz a Claudio. Todos regresaron desde allí a Roma para celebrar el nacimiento de un nuevo varón en el seno de la familia imperial.


Campañas de Druso en Germania. 12-9 a.C.
Fuente: "Druso in Germania per Wikipedia" di Cristiano64 - Lavoro proprio, self-made. Con licenza CC BY-SA 3.0 tramite Wikimedia Commons - https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Druso_in_Germania_per_Wikipedia.JPG#/media/File:Druso_in_Germania_per_Wikipedia.JPGç

      Mas Druso no podía vivir mucho tiempo alejado del campamento militar, así que el enero del  9 a.C., tras ser nombrado cónsul volvió a Germania donde inició una nueva campaña de contención de tribus rebeldes. Esta vez condujo sus tropas hasta el río Elba. En las cuatro campañas Druso había conseguido que la mayoría de los pueblos cercanos al Rin y al Elba reconocieran el poder de Roma lo que fue un logro enorme.
En el camino de regreso Druso sufrió un accidente al caer del caballo hiriéndose una pierna de gravedad. A pesar de las misivas imperiales que le instaban al volver a Roma, el joven rechazó moverse de Germania. Después de un mes en el que sufrió grandes dolores murió a causa de la cangrena que le produjo la infección de la herida. A su lado, en su lecho de muerte estuvo su hermano Tiberio, que sufrió la pérdida más grande de su vida, de la que nunca se repuso. De hecho, el primogénito de Livia (que se encontraba en Panonia) al recibir las primeras noticias de la enfermedad de su hermano corrió a su lado, en una travesía frenética a caballo en la que no se permitió ni un segundo de descanso. Al conocer Druso que Tiberio estaba llegando a su campamento, incluso moribundo, envió a sus legiones que salieran a su encuentro y lo recibieran como comandante en jefe. Druso murió en brazos de su hermano.


Un desconsolado Tiberio (George Baker) llora la muere de Druso (Ian Ogilvy)  Fotograma de Yo, Claudio. 1976

El campamento donde murió se llamó desde entonces “el maldito”. Sus soldados le levantaron un cenotafio funerario en Mongontiacum (Maguncia) ciudad situada en la orilla derecha del Rin, en torno al cual debían desfilar cada año. Éste sería el mayor monumento funerario de época romana localizado en la actual Alemania. En la parte frontal del mismo se colocó un poema que le había dedicado el propio Augusto. Igualmente en Roma el Senado le decretó un arco triunfal en la Via Appia y le concedió el título de Germánico que desde entonces podían llevar todos sus herederos.


Cenotafio de Druso en Maguncia (Alemania)

El cuerpo del joven general (contaba sólo con 29 años) fue trasladado a Roma con gran ceremonia encabezando Tiberio el cortejo funerario a pie todo el trayecto. El féretro fue portado por sus soldados y  por ciudadanos insignes de las colonias romanas. Las muestras de dolor se sucedieron a lo largo de todo el recorrido poniendo de manifiesto la popularidad de Druso. Tiberio pronunció el discurso funerario principal en la rostra del Templo del Divino Julio en el Foro Romano mientras que Augusto leyó otro en el Circo Flaminio en el que comenzaba diciendo que rogaba a los dioses que sus queridos nietos Cayo y Lucio se asemejaran a él y que tuvieran una muerte igual de gloriosa. Fue un funeral tan esplendoroso que años después Séneca diría que más que un entierro parecía que se hubiera celebrado un triunfo. Por tercera vez en 4 años se abrieron las puertas del Mausoleo de Augusto para acoger las cenizas de otro miembro de la familia imperial.


Livia. Siglo I a.C. Moscú. Museo Pushkin

Livia estaba destrozada por la muerte de su hijo y para sobrellevar el dolor consultó a un filósofo alejandrino, Ario Didimo, que le aconsejó que no reprimiera sus sentimientos y que colgara retratos de Druso en lugares públicos y privados así como que no dejara de hablar de él. A diferencia de Octavia, no permitió que el dolor la dominara hasta el extremo de volverse amargada y rencorosa; una muestra de la diferencia de caracteres de las dos mujeres. La emperatriz no podía flaquear pues ella era la imagen de Roma.


Antonia Menor. Siglo I a.C. Museo de las Termas. Roma 2018


          Sólo una persona resultó inconsolable, la amada esposa de Druso, Antonia, que quedó desolada, hasta tal punto que pidió a Augusto dispensa para no volver a contraer matrimonio, a pesar de su belleza y juventud (tenía 27 años). A partir de entonces se trasladó con su suegra Livia a las estancias que esta poseía en la Casa de Augusto en el Palatino y se dedicó en exclusiva a cuidar a sus hijos y a sus nietos. Cuando murió en 37 d.C. sus últimas palabras suplicaban perdón a Druso por haberle hecho esperar tanto tiempo.
A pesar de la conmoción que produjo la muerte de Druso en la familia imperial nuevamente surgieron rumores de juego sucio. Suetonio apunta a que fue mandado envenenar por Augusto debido a sus ideas republicanas, sin embargo, el mismo autor lo descarta al instante pues “a decir verdad, Augusto quería tanto a Druso, que como admitió en alguna ocasión ante el Senado, le consideraba tan heredero suyo como a sus hijos Cayo y Lucio” (Vida de Claudio. 1-5). De hecho el emperador no dudó, por consejo de Druso, durante el año de su consulado en reforzar la posición del Senado e incluso escribió una biografía sobre su hijastro que desgraciadamente se ha perdido.
Ya hemos trazado algunas pinceladas acerca del carácter de Druso: era amable, extrovertido, dulce y encantador. No obstante, no hay que olvidar que era un fiero guerrero, y como tal se comportaba en el campo de batalla, siendo despiadado en la lucha cuando las circunstancias lo requerían. Era además orgulloso y valiente y anhelaba la gloria por lo que con frecuencia persiguió a los jefes enemigos hasta los más recónditos lugares con el ansia de obtener una spolia opima (prestigioso trofeo que se otorgaba a quien en la batalla había derrotado a un general enemigo en combate singular). No obstante, nunca anidaron en él vicios ni maldad alguna.


Copia de bustos de Druso y Tiberio en el Ara Pacis Augustae. Roma

Físicamente era alto y atlético; de gran atractivo, su rostro era absolutamente Claudiano. Como su hermano había heredado la mirada ligeramente apagada de su madre Livia, aunque lo que en Tiberio podía revelar oscuridad en Druso irradiaba viveza y bondad.
Su pronta desaparición fue una gran pérdida para el Imperio romano. Quizás si Druso hubiera tenido una vida más larga el devenir de la dinastía Julio-Claudia hubiera sido muy diferente y no hubiera caído en la degeneración que ésta sufrió tras la muerte de Augusto. Druso era el único camino de Tiberio hacia a la luz, que sin la influencia de su hermano fue volviéndose cada vez más siniestro, maldad que transmitió a su heredero Calígula, que aún siendo nieto de Druso fue el miembro más funesto de la famosa dinastía.

domingo, 28 de junio de 2015

La pacificación de la Galia e Hispania


La Galia e Hispania pacificadas en ambos costados de la coraza del Príncipe
Detalle del Augusto de Prima porta. Museos Vaticanos. Roma 2011


       A finales del 17 o comienzos del 16 a.C. varias tribus germanas crucificaron a varios mercaderes romanos. A continuación realizaron una incursión al otro lado del Rhin penetrando en la Galia romana. Para contener su avance, el legado Marco Lolio reunió un gran contingente, siendo a pesar de ello derrotado. Como consecuencia se perdió nuevamente un águila, el de la Legio V Alaudade. Lolio y la mayoría del ejército sobrevivió pero la pérdida del estandarte fue un duro revés.
Augusto abandonó inmediatamente Roma en dirección a la Galia (en la que sería su cuarta visita) pero cuando llegó Lolio ya había restaurado el orden en la zona y recuperado el águila. No obstante, el Príncipe aprovechó la ocasión para visitar nuevamente las provincias occidentales. Como siempre le acompañaba Livia y con posterioridad se les unió el hijo de ésta, Tiberio. Éste había sido nombrado pretor en el año 16 cuando contaba con 25 años gracias a un decreto senatorial que adelantaba la edad para presentarse a los cargos con 5 años de antelación. Con esta medida se volvieron a ocupar los cargos públicos importantes con las nuevas generaciones de las grandes familias romana devastadas durante las guerras civiles. Así, no sólo Tiberio, sino también el hijo pequeño de Livia (Druso) empezaron a tener una gran preeminencia en los asuntos de Estado.


Copia de busto de Tiberio. Ara Pacis Augustae. Roma 2018

Copia de busto de Druso. Ara Pacis Augustae. Roma 2018

La Galia estaba romanizada en casi su totalidad a excepción de algunos poblados de los Alpes que se veían ayudados por las siempre rebeldes tribus germánicas. Augusto encargó a sus hijastros la conquista completa de la zona. Druso comenzó las operaciones en primavera del 15 a.C. avanzando desde Italia en varias columnas hasta el valle del Inn. Por su parte Tiberio avanzó desde posiciones en la misma Galia. Fue una campaña dura de escaramuzas y asaltos a fortificaciones. El 1 de agosto ambos unificaron sus fuerzas y vencieron en una batalla a gran escala, coincidiendo con el 15 aniversario de la batalla de Accio. En La Turbie se erigió un monumento conmemorativo  donde se mencionan los 45 pueblos derrotados en la campaña, según recogió Plinio el Viejo. Horacio dedicó sendos poemas a las gestas de Tiberio y Druso, que permitieron mejorar las comunicaciones entre Italia y la Galia. “Como el águila portadora del rayo a quien Júpiter, rey de los dioses, concedió el imperio sobre las demás aves por haber experimentado su fidelidad en el rapto del rubio Ganímedes, en otro tiempo los bríos juveniles, el aliento de sus padres y  la inexperiencia de los trabajos la hicieron abandonar el nido, y los vientos primaverales impulsaron en un cielo sin nubes sus primeros y vacilantes esfuerzos; después con ímpetu violento, se arroja como enemiga contra apriscos, y por último el afán ardoroso de presas y combates la precipita contra las irritadas serpientes; como la cabra que trisca en los alegres pastos contempla el cachorro que la roja leona acaba de criar, quitándole la leche, y con terror se ve ya devorada por sus finos y agudos dientes, así vieron los vindélicos al gran Druso mover la guerra en los Alpes de Retia. No pretendo averiguar de donde tomaron estos pueblos la costumbre de armar sus diestras con el hacha de las Amazonas, que no es lícito saberlo todo; pero las falanges vencedoras en cien combates, vencidas a su vez por el joven caudillo, probaron a su costa lo que puede una gran fortaleza, una índole excelente adoctrinada por sabios consejos y la solicitud paternal de Augusto en pro de los jóvenes Nerones (rama de la gens Claudia a la que pertenecían los hijos de Livia por vía paterna). Los fuertes son hijos de los fuertes y animosos. Los toros y caballos rebelan el esfuerzo de sus progenitores, y nunca el águila feroz ha engendrado a la tímida paloma. Mas la enseñanza perfecciona el buen natural, y el ejercicio de la virtud fortalece los bríos”. (Odas. Libro IV. VI).

Éstas, no fueron campañas vistosas pero sí muy ventajosas a la hora de favorecer el proceso de romanización a pesar de los escasos beneficios en botín que aportaban. Sólo alguien como Augusto dedicó tiempo a librarlas, pues eran imprescindibles para conseguir un Imperioromano estable y pacificado.
Desde la Galia, el emperador pasó a Hispania. Desde que Agripa acabó con las rebeliones en el norte en 19 a.C., la península estaba en paz. En ese momento  transfirió la provincia de la Bética al dominio senatorial, quedándose él con el control de la Lusitania y la Tarraconensis. En este viaje fundó la colonia de Caesaraugusta (Zaragoza) a orillas del Ebro. Del mismo modo mejoró la comunicación entre las diferentes provincias con una amplia red de carreteras lo que permitió un gran florecimiento del comercio dando lugar a grandes cambios económicos. Muchos de los veteranos recibieron tierras aquí, como fue el caso de Emerita Augusta (Mérida) que acogió a los licenciados de las guerras cántabras.