martes, 21 de mayo de 2019

Nuevos aires en el círculo de Nerón


Nerón. Siglo I d.C. Roma. Museos Capitolinos

El año 62 d.C. Nerón estaba preparado para cortar con los vínculos que le unían a los primeros años de su principado, así que progresivamente desaparecieron de su vida Burro y Séneca. Sin la influencia de ellos, nadie le impidió divorciarse de su esposa Octavia, por la que sentía una aversión absoluta y profunda indiferencia.
El primero en desaparecer de su vida fue el prefecto del Pretorio, Sexto Afranio Burro. Ascendido por Agripina durante el Principado de Claudio ostentó un gran poder pero no pudo impedir su asesinato. Junto con Séneca, dio estabilidad a los primeros años de gobierno de Nerón, sin embargo, a medida que el joven se volvía más independiente fue perdiendo influencia sobre él. En el año 62 murió probablemente de enfermedad. Nerón lo reemplazó por un hombre muy diferente, ambicioso y sin escrúpulos: Ofonio Tigelino. Consciente del carácter de éste, Nerón dividió el mando nombrando a un segundo Prefecto del Pretorio, Fenio Rufo.


Supuesto retrato de Séneca. Siglo I d.C. Museo de las Termas. Roma 2011

Por esa misma época, se unieron al círculo de Nerón otros personajes arribistas y aduladores como Vitelio (que tras la muerte de Nerón llego a ser emperador) y Cayo Petronio, (autor de El Satiricón y también conocido como Árbitro de la elegancia por ser el encargado de organizar muchos de los espectáculos que se organizaron en el palacio imperial). Séneca cada vez más aislado y horrorizado ante la conducta del emperador le solicitó poder retirarse de la vida pública al mismo tiempo que le ofrecía toda su fortuna. La eliminación de dos senadores descendientes de Augusto y la condena al exilio por maiestas de otro (por primera vez bajo Nerón) precipitaron su decisión. En su retiro mostró a través de sus escritos las sensaciones pesimistas que tenía sobre la ruina del mundo. En este contexto hay que entender la frustración de Séneca ante su aislamiento.
Desaparecidos los dos antiguos consejeros, nadie ni nada impedía ya a Nerón actuar bajo su propia voluntad, acertada a veces, escandalosa otras. El primer acto que cometió fue algo que largamente le desaconsejaban tanto Burro como Séneca: el divorcio de Octavia y su posterior asesinato.

domingo, 12 de mayo de 2019

Rebelión en Britania

Aunque la captura de Carataco supuso un antes y un después en la pacificación de Britania, la zona continuó siendo fuente de conflicto;  la población autóctona (hastiada del abuso de los gobernadores romanos y de ver como las fuentes de riqueza de su país apenas recaía en ellos) comenzó a aliarse con pueblos fronterizos hostiles a Roma. Suetonio Paulino fue enviado al país britano para dar estabilidad a la conquista.

Britania romana

Mientras que Paulino estaba intentando apaciguar una revuelta en la Isla de Mona (actual Anglesey), al norte de Gales varias tribus se unieron contra los romanos tomando como líder a una mujer, Boudica, viuda del rey de los icenos, Prasutago. Éste, antes de morir había nombrado herederas a sus hijas junto con Nerón. Sin embargo a su muerte, las autoridades romanas se apropiaron de todas sus riquezas y posesiones, violaron a sus hijas y azotaron a Boudica. Ésta encabezó la rebelión. Su primer objetivo fue Camulodunum (convertida en colonia romana) que fue arrasada por los rebeldes. Muchos funcionarios romanos huyeron a la Galia. Había un peligro latente de que Roma pudiera perder Britania. Suetonio Paulino acudió con rapidez a Londinium, el próximo objetivo de Boudica, pero no pudo defenderla y se retiró. Los rebeldes la incendiaron y masacraron a su población.
En la batalla de Watling Street se enfrentaron ambos contingentes. A pesar de estar en inferioridad numérica, las más disciplinadas y mejor armadas legiones romanas batieron con relativa facilidad a las huestes britanas. Boudica y sus hijas se envenenaron para evitar ser apresadas con vida.


La reina Boudica hablando a los icenos. John Opie. Finales siglo XVIII. Loncres. National Gallery

Las fuerzas romanas atacaron también los símbolos religiosos que unían a la población nativa como los centros druidas de isla Mona que fueron devastados. Tal fue el grado de violencia que los romanos aplicaron para disciplinar Britania que en los siglos venideros la provincia se mantuvo en paz. Incluso Nerón redujo las legiones en Britania de cuatro a tres.
El emperador mostró su disgusto contra de la dureza de los métodos usados por los soldados romanos por lo que ordenó la sustitución de Suetonio (en parte temeroso de que se volviera contra él).  Para recuperar la administración en Britania nombró a un galo, Julio Clasiciano, que mostraba el ejemplo de lo que podía ofrecer Roma a los pueblos sometidos, no sólo opresión sino la ciudadanía romana e integración.
Nerón, poco interesado en asuntos militares, no hizo de acto de presencia en la isla durante la sublevación.

jueves, 2 de mayo de 2019

Tras la muerte de Agripina

“Ni en aquel momento ni jamás en los tiempos que siguieron pudo soportar la consciencia de su crimen, a pesar de verse confortado por las felicitaciones de los soldados, del Senado y del pueblo, y a menudo confesó que el fantasma de Agripina lo perseguía, al igual que las Furias con sus golpes y sus antorchas ardiendo”.
Suetonio. Vida de Nerón, 34, 4.

Remordimientos de Nerón tras la muerte de su madre. J. William Waterhouse. 1878
Fuente: Di John William Waterhouse - sconosciuta, Pubblico dominio, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=1170898


              El cadáver de Agripina fue incinerado rápidamente y sus cenizas fueron enterradas junto a un promontorio con vistas al mar. Nerón partió precipitadamente hacia Nápoles aunque algunos historiadores antiguos recogen que visitó antes el cuerpo inerte de su madre y que lo contempló desnudo. Es difícil de saber si esto fue cierto, aunque dadas las circunstancias del primer fallido intento de asesinato no dudo que Nerón quisiera asegurarse de que Agripina estaba definitivamente muerta. De esta manera, al ver el horror en el cuerpo de su madre, es más sencillo de explicar las horribles pesadillas que lo aterrorizaron hasta el final de sus días, y que Suetonio deja patente en el fragmento que puede leerse en el párrafo anterior.
              Porque a pesar de que el pueblo, el Senado y los pretorianos (inducidos por Burro) aceptaron y felicitaron al emperador por haber acabado con la mujer que conspiraba para arrebatarle el trono, Nerón sintió profundamente el matricidio. Ni siquiera la carta que Séneca escribió para convencer al Senado de la necesidad política del asesinato, alivió la desazón que le produjo la muerte de Agripina. De ahí que dejara incluso de portar el brazalete que ella mandó hacerle con la piel de la serpiente que apareció en su cuna, cuando era un bebé, pues el recuerdo de su madre lo atormentaba. Tan apegado estaba a esta joya talismán, que en los peores tiempos de su vida, intentó buscarlo en vano.
Así y todo, para que todos olvidaran el asunto y no se hablara más de ello volvió a Roma desde Campania siendo recibido por una multitud que lo aclamaba y organizó unos espectaculares juegos dispersos por toda la ciudad. El eterno remedio para todo, el tan romano panem et circenses volvió a funcionar nuevamente.

Nerón. Siglo I d.C. Cagliari. Museo Arqueológico

En esa línea, ese mismo verano celebró en la otra orilla del Tíber un festival privado para celebrar el primer afeitado de su barba. Fueron los denominados Juvenales. Nerón contaba 21 años y aprovechando la euforia colectiva subió por primera vez a un escenario tocando la lira y entonando un canto que fue aplaudido largamente. El emperador fue muy aclamado y comparado con Apolo. No obstante, Burro y Séneca manifestaron su disgusto ante este comportamiento impropio del dueño del mundo. “Nada nos lava el cerebro y nos esclaviza más que el resplandor del espectáculo” así manifestaba el filósofo a un amigo en sus Cartas (14,6), en la que sin nombrarlo se mostraba muy crítico con Nerón.
En esta época también, libre del yugo de Agripina, comenzó a montar en cuadriga en el Circo que Calígula había construido en la colina Vaticana, algo que también estaba mal visto por la sociedad romana.
Todo en vano para intentar alejar de su mente el execrable crimen que lo marcaría de por vida.

lunes, 22 de abril de 2019

El asesinato de Agripina

“Hacía muchos años que Agripina creía que tal sería su fin, y había desdeñado darle importancia; pues unos caldeos cuando los consultó acerca de Nerón, le respondieron que había de reinar y de matar a su madre; ella dijo: “que la mate, con tal que reine”.
Tácito. Anales, XIV, 9, 3

Agripina la menor. Siglo I d.C. Milán. Museo Arqueológico
Fuente: Di Giovanni Dall'Orto - Opera propria, Attribution,

A pesar de todas las medidas que tomó el emperador para aislar a su madre, Agripina siguió conspirando a sus espaldas, o esos fueron los rumores que llegaron a oídos de Nerón pues ahora, los múltiples enemigos que aquella había acumulado en su vida, no dudaron en atacarla. Así, Domicia (tía paterna del César) la acusó ante su sobrino de querer contraer matrimonio con un descendiente de Augusto en la misma medida que Nerón, Rubelio Plauto y, que de este modo, buscaría reemplazar a su hijo en el trono imperial.
Aun cuando se demostró la falsedad de tales acusaciones, Nerón alentado por Popea, empezó entonces a plantearse el asesinato de Agripina, aunque  Séneca y Burro (temerosos de su propia posición sin la mujer que les había puesto al lado del emperador) se lo desaconsejaron. De hecho Séneca estaba tan inquieto que envió incluso a Acté (la antigua amante de Nerón), con quien seguía manteniendo amistad, para que hablara con él y lo calmara.



Supuesto retrato de Popea Sabina, Siglo I d. C., París, Museo del Louvre
Fuente: De Desconocido - Marie-Lan Nguyen (2007), Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=2201731

Si bien parecía que las relaciones entre madre e hijo habían mejorado, Nerón ya había decidido acabar con su madre. Para no levantar un escándalo mandó preparar un barco mortal que regaló a la Augusta con la finalidad de que naufragara en el mar, pero la estratagema no le salió bien.
A Nerón “le pareció bien aquella astucia, a la que además favorecían las circunstancias, dado que celebraba las fiestas de los Quincuatros en Bayas. Atrae allí a su madre, diciendo una y otra vez que hay que soportar las iras de los padres y refrenar los impulsos, a fin de provocar el rumor de la reconciliación y de que Agripina lo acogiera con la fácil credulidad de las mujeres ante las noticias gratas. Luego, cuando ella llegó, le salió al encuentro a la orilla del mar (pues ella venía de Anzio), le ofreció su mano, la abrazó y la acompaña a Baules. Es ese el nombre de una villa situada entre el cabo Miseno y el lago de Bayas, y bañada por un brazo de mar”  (Tácito. Anales, XIV, 4, 1-2).



Agripina coronando a Nerón. Siglo I d.C. Afrodisias, Museo

Esa misma tarde Nerón la invitó a un banquete para que el crimen fuera cometido al amparo de la noche. “Allí las ternuras disiparon su miedo [Agripina dudaba del cambio de actitud de su hijo]: fue recibida afectuosamente y colocada en lugar superior al del propio Nerón. El caso es que con conversaciones diversas, ya procediendo con juvenil familiaridad, ya con seriedad como aparentando confidencias importantes, Nerón alargó el banquete, la acompañó cuando se marchaba y la abrazó besando sus ojos y estrechándose contra su pecho, ya para completar su simulación, ya porque el contemplar por última vez a su madre que iba a morir impresionaba su ánimo por feroz que fuera” (Tácito. Anales, XIV, 4, 4). Añade Dión Casio que las últimas palabras de Nerón a su madre, antes de que ésta subiera a la nave mortal, fueron “por ti vine al mundo y gracias a ti gobierno” (Historia romana, 61, 13, 2).
Siguen contando las fuentes antiguas que al poco de partir el techo del camarote de Agripina se desprendió matando en el acto a uno de sus sirvientes. Ella y su criada Acerronia se salvaron por poco. La nave comenzó a hundirse por lo que Agripina y su esclava acabaron en el agua. Ésta última empezó a pedir socorro gritando que era Agripina, por lo que fue asesinada golpeada en la cabeza con unos remos. La madre del emperador percatándose de la situación se alejó en silencio nadando hasta que fue recogida por unas barcas que la trasladaron a su villa.



Intento de asesinato de Agripina en la nave regalada por su hijo

Siendo consciente de que su hijo había querido matarla prefirió hacer como si no supiera nada y le mandó a éste una nota diciéndole que estaba a salvo pero que no la visitara pues necesita recuperarse de sus heridas y de la traumática experiencia.
Cuando Nerón recibió las noticias se aterrorizó pensando en las posibles venganzas de su madre. Consultando a Séneca y Burro sobre cómo debía reaccionar, ambos concluyeron que era necesario acabar con Agripina pues ésta aún tenía poder suficiente para acusar a su hijo de intento de asesinato, pero desaconsejaron enviar a los pretorianos a darle muerte pues eran fiel a toda la casa de Germánico y que su liberto Aniceto (el encargado de preparar la nave mortal) debía concluir lo que había comenzado. Así “Aniceto rodea la villa [de Agripina] con un destacamento y tras violentar la puerta se deshace de los esclavos que le salieron al paso hasta que llegó a la puerta de la alcoba, junto a la cual permanecían sólo unos pocos, pues a los demás los había puesto en fuga el pánico ante aquella irrupción. En la alcoba, había una luz escasa y sólo una de las sirvientas, y Agripina más y más angustiada porque nadie llegaba de parte de su hijo, ni siquiera Agermo [el mensajero que había enviado a Nerón][…]. Luego cuando la criada se iba, le dijo cara a cara: ¿también tú me abandonas?, ve tras de sí a Aniceto, acompañado por el trierarco Herculeyo y por Obarito, centurión de la flota; le dice que si ha venido a visitarla, podía anunciar que se había recuperado, pero que si estaba allí para cometer un crimen, no estaba dispuesta a creer nada de su hijo; no se le había ordenado un parricidio. Los asesinos rodean el lecho y primero el trierarco la golpeó en la cabeza con un bastón; cuando ya el centurión desenvainaba su espada para darle muerte, mostrándole sus entrañas le gritó: hiéreme en el vientre, y al momento acabaron con ella cosiéndola a cuchilladas” (Tácito. Anales, XIV, 8, 2-5).



Nerón ante el cadaver de su madre, Agripina la menor, 1887, Madrid, Museo del Prado

De esta manera acabó sus días Agripina la menor, pensando en su hijo hasta el último aliento de vida. Ésta y la muerte de Octavia son las dos únicas que se pueden atribuir a Nerón sin lugar a dudas.
Es una lástima que debido a las luchas de poder la relación entre madre e hijo acabaran así. Es cierto que la muerte de Agripina se justificó como una conspiración contra el emperador, aunque yo dudo que Agripina en el fondo hubiera sido capaz de cumplir las amenazas continuas contra su hijo. No hay duda de que era ambiciosa y muy orgullosa, pero en realidad ella siempre fue muy consciente que su supervivencia dependía de una situación de poder fuerte como los hechos de su vida le habían demostrado.
Por otro lado, en realidad ella sabía que hubiera sido la descendiente natural de Augusto y que fue privada de ese privilegio debido a su condición de mujer, algo que a mi entender Agripina no toleraba, pues se consideraba tan capaz como cualquier hombre. Pero no estábamos en el siglo XXI, sino en la antigua Roma, donde sólo Livia fue capaz de detentar un gran poder durante décadas, y eso porque fue lo suficiente prudente de no destacar y mantenerse siempre a la sombra de su marido.

viernes, 12 de abril de 2019

Reapertura de la Domus Transitoria de Nerón

“En ningún asunto gastó tanto como en sus construcciones, pues edificó una casa que llegaba desde el Palatino hasta el Esquilino y a la que llamó primero Transitoria y luego, después que fue consumida por un incendio y restaurada, Dorada”.
Suetonio. Vida de Nerón, 31, 1

          Antes de que Nerón se trasladara a la Domus Aurea tras el incendio de Roma del año 64 d.C., vivió en la Domus Transitoria en el Palatino, que recibe este nombre porque el emperador la usaba para transitar desde el Palatino al Esquilino (de una parte a otra de la ciudad).
Hoy, 12 de abril, Roma vuelve a asombrar al mundo abriéndola por primera vez al público tras 10 años de restauración. La visita será en pequeños grupos guiados previa reserva.

Reconstrucción de la Domus Transitoria


El recorrido comienza con el descenso de una de las dos antiguas escaleras originales. De frente nos encontramos con la estructura arquitectónica de un ninfeo , concebido como la escena de un teatro, que acogía juegos acuáticos en un espectáculo teatral para entretener a Nerón y sus invitados. Sobre el púlpito se abrían pequeños nichos decorados con finas columnillas del mármol policromado de los que salían, hace 2000 años, explosiones de saltos de agua sincronizados con la cascada del ninfeo. La casa era un refugio estivo donde Nerón encontraba frescor en verano.

Ninfeo


Ninfeo

En frente destaca un pequeño pabellón central donde a Nerón le gustaba relajarse, que es el preámbulo de una serie de salas abovedadas lujosamente decoradas con frescos, donde se crearon los fundamentos de la Domus Aurea.


Ninfeo

También podemos ver una imponente letrina de 80 puestos de época de Domiciano.
El recorrido irá acompañado de una iluminación especial y proyecciones en 3 D de la casa reconstruida que permiten hacernos una idea de la grandiosidad de la estructura.
También se mostraran a partir de ahora en el Museo Palatino los frescos que decoraban las bóvedas, hasta hoy en el Museo Arqueológico de Nápoles y que han vuelto a Roma gracias a un acuerdo entre instituciones.

Fuente: http://www.rainews.it/dl/rainews/media/Domus-Transitoria-Roma-apertura-al-pubblico-reggia-di-Nerone-0105b89f-a29a-4e03-8a12-a864739c2958.html#foto-1
https://www.ilcaffe.tv/articolo/52447/da-aprile-aprira-al-grande-pubblico-la-domus-transitoria-prima-casa-di-nerone

jueves, 4 de abril de 2019

Nerón conoce a Popea Sabina


Supuesto retrato de Popea. Siglo I d.C. Museo de las Termas. Roma 2018


              Tras la muerte de Británico, Agripina fue progresivamente apartada por Nerón del centro del poder. Esto se hizo más evidente tras la aparición en la vida del emperador del que sería el gran amor de su vida: Popea Sabina.
              Popea era hija Tito Olio (que había sido pretor en época de Tiberio) y de una aristócrata romana que se suicidó a instancias de Mesalina. Nació probablemente en Pompeya durante el año 30 d.C. (por lo tanto era 7 años mayor que Nerón). Tras un primer matrimonio con el prefecto de la Guardia Pretoriana,  Rufrio Crispino (con el que tuvo un hijo), casó con Marco Salvio Otón, amigo íntimo del emperador. Durante una cena que éste organizaba en su casa conoció Nerón a la bella dama. El hijo de Agripina quedó fascinado desde el primer momento por la belleza Popea, quien no tuvo reparos en convertirse en su amante casi desde el primer momento; no obstante, Otón estaba enamorado de Popea y no estaba dispuesto a compartirla, por lo que Nerón anuló el matrimonio y lo envío como gobernador a Lusitania (actual Portugal) donde permaneció durante los siguientes 10 años.


Aureo con la imagen de Otón, quien llegó a ser emperador
Fuente: De http://ancientrome.ru/art/artworken/img.htm?id=383, Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=1244490

              La llegada de Popea a la Corte fue el detonante final de la ruptura definitiva entre Agripina y Nerón, pues ambas mujeres veían en la otra una rival en su ambición de poder. Popea no cesaba de reprochar al emperador su situación de concubina y la falta de libertad de él para elegir a la esposa que deseaba. Al mismo tiempo atacaba a Agripina espetándole continuamente a Nerón entre lágrimas que si el hecho de no tenerla como esposa “era que se temía que al menos una esposa le descubriera los agravios hechos al senado y los odios del pueblo motivados por la soberbia y avaricia de su madre. Si Agripina no podía aceptar una nuera que no fuera enemiga de su hijo, a ella debía devolverla al matrimonio con Otón; prefería marchar a cualquier lugar de la tierra donde oiría de los ultrajes proferidos contra el emperador de mejor grado que teniéndolos ante su vista, implicada en los peligros que él corría” (Tácito, Anales, XIV, 1, 2).
              Locamente enamorado de Popea y hastiado de la actitud de su madre (que no perdía ocasión de mostrarse cercana a su nuera Octavia y de reunirse con amigos influyentes a espaldas suyas), Nerón expulsó a Agripina de Palacio, instalándola en una villa anexa que había sido propiedad de su abuela Antonia la Menor. Al mismo tiempo le retiró la escolta militar y la guardia germana. Cada vez que Nerón la visitaba “lo hacía rodeado de un pelotón de centuriones y se retiraba tras un beso apresurado” (Tácito, Anales, XIII, 18, 3).


Agripina la Menor. Siglo I d.C. Nápoles. Museo ARcheologico Nazionale

              De la noche a la mañana, Agripina vio como todos sus amigos desaparecían y se enfrentó a la más absoluta soledad pues nunca fue una mujer capaz de inspirar amor. Como escribe sabiamente Tácito, “ninguna cosa humana es tan inestable e insegura como la fama de poder no apoyada en la propia fuerza” (Anales, XIII, 19, 2).

miércoles, 27 de marzo de 2019

Nerón y Agripina


Nerón y Agripina en una moneda


         La relación entre Nerón y Agripina siempre fue tumultuosa y oscilante entre el amor y el odio, ambos sentimientos llevados a sus máximos extremos.
Nerón apenas recordaba a su madre cuando en el año 41 (tras el asesinato de su tío Calígula), se reencontró con ella a la vuelta del exilio. El niño tenía en aquel momento 4 años. Entonces vio cómo su vida cambiaba enormemente pues, de habitar con su tía Domicia en una ambiente humilde se trasladó a vivir con Agripina y su nuevo esposo, uno de los hombres más ricos de Roma.
Desde que nació, Nerón había sido la única obsesión de su madre ¿lo quería verdaderamente o era simple ambición lo que la ataba a su pequeño?. A pesar de los grandes proyectos que Agripina planeaba para su hijo (único descendiente de Germánico y tataranieto de Augusto), que fueron evidentes desde el primer momento al solicitar a Calígula que le pusiera nombre (con la esperanza que lo adoptara y lo designara sucesor), pienso que Agripina quería a su hijo. Su pasión por él nace de la soledad de la mujer, huérfana de padres desde su más tierna infancia y obligada a contraer matrimonio con un marido despreciable siendo apenas una adolescente que no le profesaba el más mínimo cariño. ¿Cómo no iba a querer en estas circunstancias al fruto de su vientre?. No es extraño que se volcara en él pues el bebé era lo único enteramente suyo, el único ser que podía inspirar amor en una mujer con corazón pétreo, consecuencias de una vida carente de afectos.

Agripina coronando a Nerón. Siglo I d.C. Afrodisias, Museo


          Cuando se convirtió en emperatriz, Agripina ya no tuvo reparos en preparar el camino de su hijo al trono, algo que ella consideraba legítimo pues Claudio sólo era sobrino nieto de Augusto, mientras que ella era su biznieta e hija de Germánico. En Nerón confluían las sangres Julia y Claudia en mayor medida que en la descendencia legítima de Claudio.
En esta época, ninguna fisura hay en la relación entre madre e hijo. Ella lo mima hasta la saciedad y lo cubre de honores, que Claudio tolera. Él, consciente de su papel decisivo en su acceso al trono imperial, la complace en todo: su primer santo y seña fue dedicado a ella, “la mejor de las madres”, permite esculturas en las que Agripina corona sus sienes y monedas en las que ambos están al mismo tamaño. Nunca una madre fue más honrada por un hijo. No hay ningún indicio de que el amor entre ellos no sea sincero en estos momentos, incluso excesivo en una sociedad que no toleraba las muestras públicas de afecto.
De ahí los rumores de incesto entre ambos que los persiguió desde siempre, aunque ninguna fuente antigua los confirman. Incluso existen divergencias entre ellas, mientras Tácito afirma que “Agripina, en su pasión por conservar el poder llegó hasta tal punto que en pleno día, a horas en que Nerón se hallaba excitado por el vino y el banquete, se ofreció varias veces a su hijo borracho, muy arreglada y dispuesta al incesto” (Anales, XIV, 2), Suetonio señala que fue Nerón quien “deseó incluso tener trato carnal con su madre” (Vida de Nerón, 28, 2). Lo que sí coinciden ambas fuentes es que nada llegó a ocurrir entre ellos. Por tanto, pienso que esa historia fue una treta más de Agripina para desprestigiar a su hijo, y que si en la época se dio veracidad fue por el carácter extremo de la relación entre ambos.                                                                                                                                      
Moneda que representa a Agripina junto a Nerón
   
¿Cuándo empezaron los problemas entre ellos? Claramente, cuando Nerón empezó a convertirse en un hombre y a no soportar la absoluta posesión que Agripina pretendía ejercer sobre él. 
Varios episodios que ya hemos ido desgranando evidenciaron el distanciamiento entre ellos: la pretensión de Agripina de ocupar un sitial junto a Nerón para recibir a los embajadores abortada por el emperador en el último momento (en Roma ninguna mujer podía sentarse junto el Príncipe en actos de gobierno), la voluntad de la otrora emperatriz de interferir en la vida privada de su hijo (por ejemplo sus protestas airadas ante la relación de éste con la liberta Acté) y, por último, cuando fue consciente de que Nerón reaccionaba a sus presiones alejándose cada vez más de ella, sus amenazas de elevar a Británico al trono. A partir de aquí la ruptura fue total.