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miércoles, 17 de marzo de 2021

La revuelta de Saturnino

 

Domiciano, siglo I d.C, Sevilla, Museo Arqueológico

A finales del año 88, el gobernador de Germania Superior, Lucio Antonio Saturnino, se puso al frente de dos legiones, la XIX Gemina y la XX Rapax, al mismo tiempo que estableció una alianza con los germanos del norte del Rin para alzarse en armas contra Domiciano. El origen de la revuelta parece estar en la oposición que existía hacia la política del emperador de querer fortificar la frontera germana en vez de atacar a las tribus fronterizas que daban problemas continuamente.

Saturnino fue aclamado emperador por sus legiones. Domiciano reaccionó rápidamente y al frente de los pretorianos se puso en marcha en dirección a Germania. Por otro lado, mandó al futuro emperador Marco Ulpio Trajano a que se reuniese con él con la legión VII Geminia que estaba en Hispania.

Un golpe de suerte favoreció a Domiciano pues muchos germanos murieron al hundirse el hielo del Rin mientras pasaban debido al peso del ejército. El resto de las huestes fueron derrotadas por el gobernador de la Germania Inferior, Máximo Normano. En esa batalla murió Saturnino. La revuelta había durado sólo 24 días. Las legiones de Saturnino fueron enviadas a Iliria y las triunfantes generosamente recompensadas.

Esta revuelta no fue tan importante por sus resultados sino por el cambio que provocó en el carácter de Domiciano que desde entonces se volvió sumamente desconfiado sintiendo un miedo atroz a las conjuras y a ser asesinado. Para prevenir futuras situaciones similares aumentó el estipendio de los soldados y buscó traidores y conspiraciones por todas partes, que costaron la vida a algunos aristócratas.


Reconstrucción de una de las atalayas de la frontera germánica
Fuente: De Haselburg-müller - Trabajo propio, CC BY-SA 3.0, 


Estas acciones, unidas a la progresiva pérdida de poder experimentada desde que Domiciano accedió al trono imperial, crearon en el Senado una firme oposición hacia el emperador. A Domiciano no le gustaba la aristocracia, y no dudó en demostrarlo cada vez que tuvo ocasión. Esta oposición concluyó con la Damnatio Memoriae aprobada por el Senado cuando Domiciano fue asesinado; es decir, la condena de la memoria que se decretaba a los considerados enemigos del Estado, lo que significaba que su nombre fuera borrado de todas las inscripciones y todas sus estatuas destruidas hasta eliminar cualquier vestigio de su Principado.