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sábado, 19 de diciembre de 2015

Julo Antonio


Julo Antonio (Juan Diego Botto) en un fotograma de la serie Augusto, el primer emperador. 2004

Era el hijo pequeño de Marco Antonio y su tercera esposa Fulvia. Nacido en 43 a.C., tuvo una infancia muy complicada debido a la azarosa vida de sus padres.
En 40 a.C. su madre fue exiliada tras enfrentarse junto con el hermano de su marido, Lucio Antonio y 8 legiones, al entonces triunviro Octavio en la Batalla de Perusia mientras Marco Antonio estaba en Egipto viviendo la primera parte de su romance con la reina Cleopatra. 
Fulvia murió ese mismo año, por lo que el pequeño Julo de sólo tres años pasó a vivir con su padre y su nueva esposa, Octavia, hermana de su colega triunviral, que lo educó junto a su hermano Antilo y al resto de sus hijos propios: tres de su primer matrimonio con Cayo Claudio Marcelo y las dos hijas nacidas de su matrimonio con Marco Antonio. Tras el divorcio de su padre con su bondadosa madrastra, Antilo partió hacia Egipto con él mientras que Julo siguió viviendo con Octavia, que lo quiso y trató siempre como uno más de sus hijos.


Supuesto retrato de Marco Antonio. Siglo I a.c. Roma. Museos Capitolinos 

Tras el suicido de Marco Antonio y Cleopatra en el año 30 a.C., el futuro Augusto mandó asesinar a su hermano Antilo y a Cesarión pues a pesar de su corta edad ya eran hombres de pleno derecho. El primero tenía 16 años y el segundo 17. No obstante, perdonó la vida de Julo aunque ya tenía 13 años, probablemente a instancias de Octavia, que lo protegió especialmente, quizás conmovida por la infortunada infancia del ahora adolescente Julo.
Precisamente gracias a Octavia, Augusto trató siempre al hijo de Marco Antonio con gran consideración otorgándole importantes honores. En 21 a.C. lo casó con su sobrina Marcela la Mayor, recién divorciada de Agripa e hija de Octavia. Así entró de pleno derecho en la familia imperial, en la que quizás hasta ese momento se había sentido como un intruso. Fue retratado incluso en el Ara Pacis Augustae junto a su madrastra Octavia. Con Marcela tuvo tres hijos: Lucio y Cayo Antonio además de Julia Antonia (Augusto y el Senado habían prohibido que ningún varón de la gens Antonia volviera a llevar el praenomen Marco).

Julo Antonio, siguiendo a Octavia, acaricia la cabeza de Julia Menor en el Ara Pacis. 13-9 a.C.

Julo accedió a las más altas magistraturas del Estado: fue pretor en 13 a.C., cónsul en 10 a.C. y procónsul en Asia en 7 a.C. Apreciaba mucho a Augusto hasta el punto que Horacio dedica una Oda referida al instante en que Julo intentó escribir un poema para cantar el regreso del emperador desde la Galia“El que pretende, Julo, rivalizar con Píndaro, se confía en las céreas alas que Dédalo inventó, para dar su nombre a las cristalinas olas. Como río que se despeña del monte y engrosado por las lluvias extiende sus riberas, el gran Píndaro hierve y se precipita con raudal profundo; siempre digno del laurel de Apolo, ya siembre de voces nuevas sus audaces ditirambos en estrofas libres de toda ley, ya ensalce a los dioses o a los reyes, progenie divina, por cuyo valor fueron derribados los Centauros con justa muerte y apagadas las llamas de la espantosa Quimera.
Ya cante al atleta o al caballo vencedor, a quienes la palma de Elea equipara a los inmortales, glorificándolos más que cien estatuas; ya llore la suerte del joven arrebatado a la doliente esposa, y eleve a los cielos la fuerza, el valor y las puras costumbres que las sombras del Orco son impotentes a oscurecer. El cisne Dirceo en su pujante vuelo, ¡Oh Antonio!, consigue remontarse por encima de las nubes; yo, al modo de la abeja de Matina, que liba con afán solicito el oloroso tomillo, forjo humilde y laboriosamente mis canciones cerca del bosque o los húmedos arroyos de Tibur.
Tú cantarás con briosa inspiración las glorias de César (Augusto) cuando ceñido de laureles conduzca los feroces sigambros por la cuesta sagrada del Capitolio; nunca los destinos ni los benévolos dioses han concedido a la tierra príncipe tan excelso y tan justo, ni podrían dárnoslos, aunque tornásemos a la Edad de Oro.
Después cantarás los días venturosos y el júbilo inmenso de la ciudad, con el Foro cerrado a los procesos por la vuelta tan deseada del invencible Augusto. Entonces, si mi voz merece ser oída, se unirá con gusto a tus acentos, exclamando: “Oh día hermoso, día inolvidable que nos devuelves a César!” y durante su marcha solemne los ciudadanos alborozados prorrumpirán conmigo “ triunfo, triunfo!”, y levaremos nubes de incienso a los benignos dioses”. (Odas. Libro IV. II).
Era conocida la afición de Julo a escribir poemas y su fascinación por la cultura griega aunque no se ha conservado nada de lo que escribió.
      Sin embargo, por mucho que estimara a Augusto, la sangre siempre tira a la sangre. Es difícil que Julo hubiera olvidado todo el daño que le causó el Emperador, responsable de la muerte de su madre, de su padre y de su hermano mayor. Así que cuando Julia, la hija adorada del Príncipe se enamoró de él no desaprovechó la ocasión de intentar vengarse.

Julo Antonio (Juan Diego Botto) y Julia (Vittoria Belvedere) en un fotograma de la serie Augusto, el primer emperador. 2004

Los dos jóvenes se habían criado juntos. Luego la vida los llevó por diferentes caminos volviendo a coincidir ahora en los mismos círculos, formados por intelectuales con ideas contrarias a las del Principado. Se hicieron amantes al instante. Independientemente del amor que se tuvieran, mientras que Julo comenzaba a albergar ideas monárquicas basadas en un matrimonio con Julia, ésta probablemente sólo pensaba en divorciarse de Tiberio y buscar un aliado para proteger a sus hijos Cayo y Lucio, aún muy pequeños, frente a la facción de Livia y Tiberio en caso de que muriera Augusto. Por ello, ambos se unieron a una conjura que pretendía acabar con la vida del emperador en el 30 aniversario de la batalla de Accio, que tendría lugar el año siguiente (1 a.C.). Estarían claras las connotaciones románticas que tendría para Julo tal objetivo: vengar la memoria de su padre y recuperar su legado. Mientras que Julia casi con total seguridad desconocería el objetivo último de la conspiración.
Descubierta ésta, salieron a la luz todos los adulterios cometidos por Julia por lo que la joven fue desterrada a la isla de Pandataria. Sus numerosos amantes fueron condenados igualmente al exilio, salvo Julo Antonio que fue acusado de alta traición y condenado a muerte. El joven siguió el camino de su padre y acabó suicidándose. Este fue el triste epílogo para el último hijo varón de Marco Antonio que seguía con vida (los hijos egipcios habían muerto en su infancia). Un final sombrío para un año 2 a.C. que había sido hasta ese momento tan glorioso. Augusto vivió con gran amargura el doble dolor que le habían ocasionado en el propio seno de su familia.

domingo, 13 de diciembre de 2015

La deshonra de Julia

 "Cuando se gobierna no se puede admitir ningún tipo de debilidad a pesar de tu propio sufrimiento y del que puedas inflingir a los tuyos"
Augusto a Julia en la MIniserie Augusto, el primer emperador, 2004.

Julia la Mayor. Siglo I a.C. Berlín. Altes Museum

        El año 2 a.C., que tan brillantemente se había desarrollado en su primer semestre, acabó de la peor manera posible, pues tuvo lugar una conspiración contra Augusto liderada por Julo Antonio (el único hijo superviviente del matrimonio entre Marco Antonio y Fulvia) y la propia hija del emperador, Julia.
Con su marido Tiberio en el exilio voluntario, Julia (que siempre había mantenido una vida disoluta fuera del matrimonio) se volvió más descuidada. Tomó como amante a Julo Antonio, con el que se había criado (el pequeño había sido acogido en casa de su tía Octavia a la muerte de sus padres) y a quien había vuelto a reencontrar en los círculos que ambos frecuentaban (reunión de un grupo de intelectuales que pacíficamente mostraban su disconformidad con la pérdida de libertades que había supuesto el gobierno de Augusto). Desde ese momento ambos no hicieron nada por ocultar su pasión. 


Julia (Vittoria Belvedere) junto a Julo Antonio (Juan Diego Botto) en la miniserie Augusto, el primer emperador. 2004

           Por ello, los amantes se unieron a una conjura para acabar con la vida de Augusto en la fecha que se conmemoraba el 30 aniversario de la Batalla de Accio (que tendría lugar en el año 1 a.C.). Julo probablemente albergaba la romántica idea de vengar la memoria de su padre Marco Antonio, aún cuando éste lo abandonó y a Augusto debía todo lo que tenía, pues siempre había sido tratado como un miembro más de la familia imperial y había recibido una esmerada educación y un cursus honorum a la altura de su clase. Julia, por su parte, seguramente ignoraba la finalidad última de la rebelión, pues es dudoso que tuviera intención alguna de asesinar a su padre; ella sólo anhelaba poder obtener el divorcio para contraer matrimonio con Julo y asegurar el futuro de sus hijos, en caso de que Augusto falleciera pronto, frente a la facción de Tiberio y Livia. Esto se puso de manifiesto en una orgía nocturna por las calles de Roma, en las que la joven subida en los hombros de Julo Antonio, coronó una estatua de Marsias (símbolo de la libertad) para reivindicar su propia libertad. Precisamente Marsias era un sátiro que sufrió castigo por enfrentarse a Apolo (dios tutelar del emperador).
Cuando se descubrió la conjura, Julia fue acusada de traición y adulterio. En ese momento todas sus relaciones extramatrimoniales salieron a la luz. Augusto, rígido como siempre era a la hora de aplicar las leyes y de dar ejemplo, a pesar del inmenso dolor que sintió, no tuvo más remedio que desterrar a Julia, tal y como estipulaba la ley que en el 17 a.C. había promulgado para castigar severamente la infidelidad. Sus amantes y demás implicados en la conjura (que no llegó a ser más que una mera intención) fueron juzgados y condenados al destierro, a excepción de Julo Antonio que fue obligado a suicidarse.


Julia (Vittoria Belvedere) es llevada al exilio en la miniserie Augusto, el primer emperador. 2004

Julia partió hacia el exilio a la Isla de Pandataria acompañada de su madre, Escribonia, con la que apenas había tenido trato y que se ofreció a compartir el destino de su hija. En la pequeña isla, tenía prohibido el contacto con cualquier hombre incluso con los soldados encargados de vigilarla. No disponía de lujos ni siquiera en lo referente a la alimentación. Las pocas visitas que podía recibir eran supervisadas por Augusto que solicitaba incluso informes sobre el aspecto físico de los hombres para que no le resultaran atractivos a Julia.
Algunas fuentes hostiles a Livia apuntan la implicación de la emperatriz en la caída en desgracia de Julia con la intención de favorecer el regreso de su hijo. No obstante, es poco probable una intervención suya más allá de intentar advertir a Augusto sobre el comportamiento de su hija.


Augusto (Peter O'toole) y Julia (Vittoria Belvedere) en la miniserie Augusto, el primer emperador. 2004

El Príncipe soportó mucho peor la deshonra de Julia que la muerte de sus seres queridos, pues acostumbrado a imponer su voluntad se sintió humillado y ridiculizado además de ser consciente que había fracasado como padre. "Eres incapaz de querer a nadie. Sólo te importa tu Imperio Romano. Haz conquistado el mundo pero has perdido tu alma". Con esta palabras se despide Julia de Augusto en la MIniserie Augusto, el primer emperador.
       El emperador estuvo largo tiempo recluido y alejado de la vida pública. Incluso no compareció en el Senado para acusarla sino que envío una carta con los delitos que se le atribuían y con los nombres de todos los implicados en la conjura. Cuando se enteró que la liberta encargada del cuidado de su su hija, Febe, se había suicidado, exclamó que “Desearía haber sido el padre de Febe”. (Suetonio. Vida de Augusto. 65,2-3). Augusto comunicó a Tiberio el divorcio de su hija, pero ni le perdonó su abandono ni le permitió volver del exilio, pues en el fondo lo culpaba de la degeneración de la conducta de Julia al no haber sabido llevar las riendas de su matrimonio.
A pesar de todo, los muchos seguidores de Julia continuamente reclamaban a Augusto su perdón. Este contestaba airado “¡que los dioses os castiguen con hijas o mujeres que se comporten del mismo modo!” (Dion Casio. Historia Romana. 55,13,1) o “antes se mezclarán el fuego y el agua que se le permita volver”;  algunos seguidores de Julia lanzaron antorchas encendidas al Tíber en señal de protesta (Suetonio. Vida de Augusto. 65,3).
Después de cinco años, Augusto cedió un poco y la trasladó a una isla de mayores dimensiones, Reghium a la vez que ordenó que se suavizaran un poco sus condiciones de vida. Aún así nunca volvió a pronunciar su nombre y dejó estipulado en su testamento que si le sobrevivía no la enterraran en su mausoleo.


Julia con Cayo César en el Ara Pacis Augustae. 13-9 a.C. Roma 2013

No sabemos como afectó el escándalo a Cayo y a Lucio César porque las fuentes no lo mencionan. Aunque era su progenitora, realmente habían pasado poco tiempo con ella desde el momento que fueron adoptados por su abuelo. No obstante, Julia amaba mucho a sus hijos y siempre estuvo pendiente de ellos y luchando por sus intereses por lo que no debían haber sido totalmente indiferentes a la desgracia de su madre, aunque públicamente intentaran esconder sus sentimientos para no contradecir a Augusto.