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domingo, 17 de abril de 2016

Agripina la mayor

Agripina la mayor. Siglo I d.C. Roma. Museos Capitolinos

Vipsania Agripina nació en Atenas en el año 14 a.C. Era la cuarta hija de Agripa y de Julia la mayor, por tanto nieta de Augusto.
La niña fue educada, al igual que su hermana Julia, bajo la estricta supervisión del emperador y de su esposa Livia. Se la instruyó en todas las disciplinas tanto como en las actividades propias de las matronas romanas como las labores de la lana; de hecho Augusto sólo vestía prendas tejidas por las mujeres de su casa.
A pesar de vivir con muy corta edad la deshonra y el exilio tanto de su madre como de sus hermanos (Julia Menor y Póstumo), ordenados por el emperador, Agripina siempre estuvo muy unida a su abuelo, que la consideraba su nieta favorita.
        Con 18 años, se casó con Germánico, el nieto de Livia y de su tía abuela Octavia, con quien se había criado y de quien siempre estuvo enamorada. Ese mismo año su marido fue adoptado por Tiberio mediante orden de Augusto, por lo que el joven matrimonio se convirtió en serio candidato al trono imperial en un futuro. Ese era el gran anhelo de Augusto, frustrado por el cruel destino en varias ocasiones: que sólo su descendencia heredara su legado.
De la unión, nacieron 9 hijos, tres de los cuales murieron en la más tierna infancia. Sobrevivieron 6: Nerón, Druso, Cayo (Calígula), Agripina, Drusila y Livila.

Germánico: Siglo I d.C. París. Museo del Louvre

Mujer de gran carácter, acompañó siempre a su marido en todas sus campañas militares, siendo protagonista en alguna ocasión de algún hecho heroico más propio de soldados. Por ejemplo durante el motín de las legiones de Germania bajo el mando de su esposo, Agripina, que estaba embarazada, se vio obligada a abandonar el campamento romano por motivos de seguridad en dirección a la Galia. Estando en el campamento galo de los treviros corrió el rumor que una expedición romana había sido derrotada por los germanos y que éstos se disponían a invadir la Galia. La noticia era falsa pero los legionarios estaban dispuestos a cortar el puente sobre el Rin que unía las dos orillas. Agripina con gran valentía impidió que se llevara a cabo la acción de destruir el puente y recibió a los soldados que regresaban dedicándole halagos. Habíase esparcido tanto la fama del ejército sitiado, y que los germanos iban con el suyo sobre las Galias, que si Agripina no hubiera prohibido romper el puente sobre el Rin, no faltara quien de puro miedo se hubiera atrevido a tal vileza; mas aquella generosa mujer, haciendo aquellos días oficio de capitán, dio a los soldados, según que se hallaban desnudos o heridos, vestidos o medicamentos. Refiere Cayo Plinio, escritor de las guerras de Germania, que se puso a la entrada del puente, y que allí alababa y engrandecía el valor de las legiones cuando a su vuelta iban pasando”. (Tácito. Anales. I, 69, 1).

Agripina la mayor. Siglo I d.C. Roma. Busto encontrado en el Foro de Trajano

Este tipo de comportamiento por parte de una mujer irritaba mucho al nuevo emperador Tiberio que era muy conservador. Penetraron estas cosas más vivamente el ánimo de Tiberio, pareciéndole que no se tomaban aquellos cuidados con sencillez, y que no era posible que Agripina procurase el favor de los soldados para servirse de ellos contra extranjeros. ¿Por ventura -decía- quédale algo que hacer al emperador, si una mujer reconoce los manípulos, visita las banderas, ofrece donativos, como si no le bastase para prueba de su ambición el traer consigo al hijo del general en hábito de soldado, haciéndole llamar César Calígula? Que tenía ya Agripina más poder y autoridad en los ejércitos que los legados y que los generales, pues ella sola había quietado la sedición, a quien no pudo resistir el nombre y la autoridad del príncipe. Agravaba y acriminaba estas cosas Seyano, y conociendo el natural de Tiberio encendía a lo largo los odios para que, reteniéndolos en sí, los pudiese desfogar después a su tiempo más gravemente” (Tácito. Anales. I, 69, 1).
Sin embargo, Germánico y Agripina eran adorados por un pueblo romano que detestaba a Tiberio. Sin embargo, ellos eran leales al emperador y se movían lo más discretamente posible para no alentar al pueblo.

Camafeo conmemorativo de la boda entre Claudio y Agripina la menor con Germánico y Agripina la mayor Siglo I d.C. Viena. Kunsthistorisches Museum.

Pero Tiberio no podía vivir tranquilo con Germánico tan cerca, por eso tras ordenarle el regreso de Germanía para apagar sus ansias de gloria, lo envío a Oriente bajo la supervisión de un hombre de su confianza, Cneo Calpurnio Pisón. Enseguida surgió la rivalidad entre ellos y entre Agripina y la mujer de Pisón, Plancina. En octubre del año 19 d.C., Germánico murió en extrañas circunstancias, convencido de que había sido envenenado por Pisón y Plancina. Agripina en su inmenso dolor expuso el cuerpo de su marido en el Foro de Antioquía para que todos constataran las señales de envenenamiento sobre él. Una vez incinerado volvió a Roma acompañado de sus hijos para depositar las cenizas de Germánico en el Mausoleo de Augusto.

Agripina desembarca en Brindisi con las cenizas de Germánico.  Gavin Hamilton. 1765-72

El dolor de las provincias y sobre todo del pueblo romano fue desgarrador. Las masas apoyaron a Agripina desde el primer momento. El hecho de que Tiberio no acudiera al funeral (escudado en su gran pena) encendió aún más los ánimos del populacho dando lugar incluso a un conato de rebelión aplacada por la guardia pretoriana. El día que las cenizas (de Germánico) se enterraron en el sepulcro de Augusto parecía Roma, ora un desierto por el silencio, ora un infierno por los llantos. Las calles ocupadas, el campo de Marte lleno de hachas encendidas, los soldados armados, los magistrados sin sus insignias ordinarias, el pueblo, dividido en sus tribus, gritando que era llegada la ruina de la República y que ya no les quedaba esperanza; y esto tan pronta y descubiertamente como si del todo se hubieran olvidado de que tenían un emperador. Pero ninguna cosa penetró más el corazón de Tiberio que el aplauso de la gente en general para con Agripina, a quien llamaban honra de la patria, única descendiente de sangre de Augusto, único ejemplo de la antigüedad; y vueltos al cielo rogaban salud para su descendencia y que viviese más que los ruines”. (Tácito. Anales. III,4,2).
      Agripina, cegada por sus ansias de venganza, puso a Tiberio contra las cuerdas obligándole a juzgar y a condenar a Pisón y a Plancina por traición. El primero, se vio obligado a suicidarse mientras que  la mujer quedó absuelta. De todas maneras la actitud de Tiberio durante el proceso ratificó la sensación de que él mismo hubiera ordenado a Pisón la muerte de su sobrino, quizás sólo debida a pura mala suerte.
A raíz de todo esto la relación entre Tiberio y Agripìna quedó seriamente dañada, incrementándose  el odio del emperador por la gran veneración que sentía el pueblo hacia la única nieta de Augusto.

Tiberio y Agripina la mayor. Pedro Pablo Rubens. 1614. Washington. National Gallery of Art

Varios incidentes acrecentaron las diferencias entre ellos. En una ocasión invitada a comer por Tiberio, Agripina no probó la comida, lo que le valió la acusación del emperador de tacharlo de envenenador. Otra vez, Agripina amargada ante la persecución a sus amigos y conocidos, le recriminó que hiciera sacrificios ante el dios Augusto mientras perseguía a sus descendientes; Tiberio le contestó haciendo suyos los famosos versos de la Iliada: ¿Y tú porque te ofendes? ¿Por qué no eres reina?. “Agripina, mal sufrida siempre, se va a Tiberio, y hallándolo que sacrificaba a su abuelo, tomando de aquí ocasión para desfogar su enojo: ¿Qué sentido -dijo- tiene el adorar a Augusto mientras se persigue a sus descendientes? Aquel divino espíritu no se ha transportado a las estatuas mudas; mas su verdadera imagen, nacida de la sangre celeste, siente bien mis peligros y participa de mis miserias. Sin justicia es proceder contra Pulcra (amiga de Agripina), siendo todos sus delitos haber tenido amor a Agripina, si ya no lo es la imprudencia con que se ha olvidado del reciente ejemplo de Sosia (Otra de sus amigas), afligida por la misma causa. Sacaron estas razones de aquel pecho hondo y escondido unas claras y descubiertas palabras, pocas veces dichas por él; y reprendiéndola ásperamente, la amonestó con un verso griego, que dice: ¿Por qué te das por ofendida; por qué no reinas? (Tácito. Anales. IV,52).

Escultura sedente de Agripina la mayor. Siglo I d.C. Nápoles. Museo Arqueológico

Agripina temía por la vida de sus hijos varones (únicos descendientes de Augusto) a quien Tiberio ya había presentado ante el Senado. Buscando protección, rogó al emperador que le concediese un nuevo marido, algo a lo que éste se negó, por temor a que algún varón noble pudiera hacer suyas las reivindicaciones de Agripina. La nieta de Augusto no se equivocaba, pues a partir del año 29 d.C. la muerte de la emperatriz Livia (que aunque apartada por su hijo, inspiraba aún gran temor en él) desencadenó la ira de Tiberio sobre Agripina y sus hijos, a los que Livia protegía.
Instigado por Sejano, su mano derecha y amante de la viuda del hijo de Tiberio, Druso el menor (a quien la pareja había asesinado años antes para despejarse el camino hacia el trono), Agripina fue acusada de traición junto a su hijo mayor Nerón ante el Senado, quien rechazó los cargos. Pero Tiberio reaccionó reclamando el juicio para sí mismo y condenó a ambos al destierro: a Agripina a la isla de Pandataria, donde pasó los primeros año de exilio su madre Julia, y a Nerón a Pontia. Antes de partir un nuevo enfrentamiento con el emperador le supuso la pérdida de un ojo a manos de un centurión.

Calígula. Siglo I d.C. Napoles. Museo Arqueológico Nacional.

 El año 31 Nerón fue mandado asesinar por Sejano quien puso en conocimiento de Agripina las circunstancias de la muerte de su hijo predilecto. Idéntica suerte corrió el segundo de sus hijos, Druso, confinado en una celda hasta que murió de hambre. Sólo Calígula consiguió sobrevivir de los hijos de Germánico, la historia demostraría por qué.
           Agripina, obligada a comer por Tiberio durante un tiempo, se dejó morir de hambre en el año 33 d.C. Sus restos fueron rescatados por su hijo Calígula  a la muerte de Tiberio en el 37 d.C. y depositados en el Mausoleo de Augusto.

Calígula trasladando las cenizas de su madre. Eustache Le Seur. 1647. Londres. Collección Real del Castillo de Windsor.
Fuente: De Eustache Le Sueur - Web Gallery of Art:   Image  Info about artwork, Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=15462540

Como hemos venido esbozando Agripina, digna heredera de la belleza de los Julio, era una mujer muy temperamental que nunca temió decir lo que pensaba. Dice Tácito, “tenía un carácter más bien excitable aunque era virtuosa, y por amor a su marido procuraba contener su natural indómito” (Anales. I, 33). Honrada y sincera, no sólo Tiberio sino también muchos historiadores de la época le reprocharon las atribuciones que se tomaba siendo sólo una mujer. Esposa amante y leal, dio su vida por vengar la muerte de su amado Germánico. Del mismo modo, adoraba a sus hijos, si bien la falta de autoridad paterna la llevo a consentirlos en exceso, en especial a Calígula. A pesar de ello, Agripina, todo un ejemplo de matrona romana fue una de las grandes mujeres de su tiempo.

Lápida funeraria de Agripina. Siglo I d.C. Roma. Museos Capitolino

domingo, 13 de marzo de 2016

Rebelión en Panonia 6-10 d.C.


Tiberio con armadura militar. Siglo I d.C. Nápoles. Museo Archeologico Nazionale
Fotografía de Bill Storage y Laura Maish
En el año 6 d.C., Panonia volvió a levantarse en armas contra Roma a causa de los abusos de los gobernadores de sus provincias. La insurrección tuvo su origen en la zona sudoriental del Ilírico. Tiberio se desplazó hacia allí desde Germania para intentar pacificar la región lo antes posible.
Sin embargo, con la amenaza de otras rebeliones en varias partes del Imperio el reclutamiento de tropas fue complicado, por lo que Augusto tuvo que volver a imponer el servicio militar obligatorio y grabar a la población con nuevos impuestos para poder hacer frente a tal situación de emergencia.
Tiberio envió una avanzadilla con sus lugartenientes para que bloquearan los caminos en caso de que el enemigo decidiera marchar en dirección a Italia, algo que era realmente improbable. El hijo de Livia llegó al centro de los acontecimientos a final del año, cuando gran parte del territorio estaba en manos de los rebeldes.
      Era la guerra más importante desde Accio y en ella se luchó con mucha dureza. Se corría el riesgo de perder una provincia por lo que se reunió un ejército enorme formado por 10 legiones, 70 cohortes auxiliares, 14 alas de caballería auxiliar, 10.000 veteranos así como aliados como el rey de Tracia. En total eran unos 100.000 hombres.

Germánico. siglo I d.C. Museo de las Termas. Roma 2013

 Augusto, inquieto, como temía que Tiberio se demorase en la resolución del conflicto, en el año 7 envió a Germánico, el hijo de Druso el Mayor, algo que no sentó bien a su ahora hijo adoptivo, comenzando así su animadversión hacia su joven sobrino. El mismo emperador, aunque acababa de cumplir 70 años se desplazó hasta Ariminum (actual Rímini) en la frontera con Iliria para seguir de cerca las acciones militares. Tiberio entretanto reconstruía las fronteras infringiendo numerosas derrotas a los enemigos de Roma, restableciendo la hegemonía de la zona y consolidando lo reconquistado mediante la construcción de algunos fuertes.
En el año 8, pasado el invierno, Tiberio retomó las maniobras militares y derrotó en agosto a un nuevo ejército panonio. Del mismo modo, ya en el 9 continuó la campaña subdividiendo el ejército en tres columnas, poniéndose junto con Germánico al frente de una de ellas. Capturados los últimos líderes rebeldes se puso fin al conflicto 4 años después de haberse iniciado
A Tiberio, que una vez más demostró ser un extraordinario general se le concedió un triunfo mientras que a Germánico le correspondieron ornamentos triunfales.

domingo, 31 de enero de 2016

Razón de Estado


Augusto (Brian Blessed) contempla con pesar los bustos de Cayo y Lucio ya fallecidos en un fotograma de la serie Yo, Claudio, 1976

A pesar del profundo golpe que le supuso la muerte de Cayo y con ella el hundimiento de sus planes dinásticos, Augusto encontró aún fuerzas para reorganizar la familia y buscar una alternativa satisfactoria que solventara el dilema de la sucesión.
Con el convencimiento claro que no era lo que él hubiera deseado para regir el destino de su amada Roma, buscó la solución que permitiera una mayor continuidad. Y así, el 26 de mayo del 4 d.C. Augusto adoptó a Tiberio, que con 45 años se convirtió en Tiberio Julio César. Ciertamente era el miembro de su familia con más experiencia de gobierno y un competente militar, aunque tuvo que ser difícil para el Príncipe anteponer sus cualidades a la animadversión que sentía hacia su hijastro. De hecho no dudó en afirmar que su decisión obedecía a “razón de Estado” (Suetonio. Vida de Tiberio, 21,3). Por eso, previamente, había obligado al hijo de Livia a adoptar al hijo mayor de su hermano Druso, Germánico (de 19 años), digno heredero de las virtudes de su padre y al que Augusto adoraba tanto como a su malogrado progenitor. Esto lo hizo a pesar de que Tiberio tenía un hijo propio, Druso menor (nacido de su matrimonio con Vipsania). Éste último contraería matrimonio con Livila (la otra hija de su tío Druso y viuda de Cayo César). Augusto, a pesar de la circunstancias, confiaba en que el trono imperial acabara siendo ocupado por su propia descendencia pues al año siguiente casaría a Germánico con su nieta Agripina la Mayor (cuarta hija de Agripa y Julia).


Cayo Julio César Germánico. Siglo I d.C. París. Museo del Louvre

Al mismo tiempo adoptó al hijo pequeño de Agripa y Julia, Agripa Póstumo, para no irritar a la facción Juliana. No sabemos los motivos por lo que Augusto nunca trató a Póstumo del mismo modo que a sus hermanos mayores. Incluso en este momento tan delicado no intentó acelerar su carrera pública. Nada dicen las fuentes sobre la actitud del emperador hacia su nieto menor, que hubiera debido ser el primero en la línea sucesoria tras la muerte de sus hermanos, tan venerados por Augusto desde su nacimiento.


Tiberio César. Siglo I d.C. Copenhage. Gliptoteca

Tiberio recibió la tribunicia potestas por diez años elevándolo a la posición que sólo había gozado Agripa. Igualmente recibió imperium para emprender una campaña militar en Germania, hacía donde partió enseguida. Aunque la estabilidad de la zona seguía siendo importante, hay quien dice que Augusto alejó a Tiberio para evitar de algún modo tener que tratarlo cotidianamente. No obstante, Tiberio visitaba Roma con frecuencia pues según Dión Casio “temía que se aprovechase de su ausencia para mostrar su preferencia por otro” (Historia Romana. 55, 27, 5). A pesar de que las cartas que se conservan de estos años entre Augusto y Tiberio son cordiales, la desconfianza entre ambos era palpable.