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viernes, 16 de diciembre de 2016

Juicio por la muerte de Germánico

“Germánico viendo próximo su fin habló a los amigos que lo rodeaban en estos términos: si yo muriera por disposición del hado, tendría derecho a dolerme incluso frente a los dioses, por arrebatarme a mis padres, a mis hijos, a mi patria, en plena juventud con una muerte tan prematura. Pues bien, ahora, detenido en mi carrera por el crimen de Pisón y Plancina, confío mis últimos ruegos a vuestros pechos: que hagáis saber a mi padre y a mi hermano por qué crueldades desgarrado, por qué asechanzas rodeado he terminado mi desdichada vida con la peor de las muertes. Si a algunos movían hacía mí en vida mis esperanzas, si a alguno la comunidad de sangre, si a alguno incluso la envidia, llorarán el que yo, antaño floreciente y tras haber sobrevivido a tantas guerras, haya caído víctima del dolo de una mujer. Tendréis ocasión de quejaros ante el Senado, de invocar las leyes. No es la principal obligación de los amigos el acompañar al que muere con una inútil lamentación, sino el recordar su voluntad y cumplimentar sus mandados. Llorarán a Germánico incluso los desconocidos, lo vengaréis vosotros, si erais amigos míos más que de mi fortuna. Mostrad al pueblo romano a la que es nieta del divino Augusto y esposa mía, contadle mis seis hijos: la misericordia se pondrá del lado de los acusadores, y a los que traten de fingir órdenes criminales, o no los creerán los hombres o no se lo perdonarán. Juraron los amigos estrechando la diestra del moribundo, perder antes la vida que la venganza”.
Tácito. Anales. Libro II, 71.

La muerte de Germánico. Nicolás Poussin. 1627. Mineápolis. Mineápolis Institute of Art

El año  19 d.C. Germánico murió en extrañas circunstancias en Siria. El gobernador de Siria, Marco Calpurnio Pisón, fue desde el primer momento el principal sospechoso de su muerte debido a la rivalidad entre ambos y entre sus esposas. Enterado en Cos de la noticia del fallecimiento del hijo adoptivo de Tiberio acudió a los templos mostrando una gran alegría y ofreciendo sacrificios en acción de gracia a los dioses. Su mujer, Plancina, incluso abandonó el luto que llevaba por una hermana.
Por su parte, la viuda Agripina, fue recibida en Roma con gran solidaridad por parte de todos, incluidos los dos hermanos de Germánico: el adoptivo Druso el Menor y el futuro emperador Claudio. El pueblo romano y las legiones lloraron al joven como nunca antes había llorado a nadie. Sólo Tiberio y Livia faltaron al igual que su madre Antonia, rota de dolor. Hasta tales extremos llegó el duelo por Germánico que Tiberio irritado publicó un edicto poniendo punto y final al mismo en que decía que “muchos ilustres romanos habían muerto por la República, y que ninguno había sido honrado con tanto sentimiento; que eso era un honor para su persona y para todos, pero siempre que hubiera un sentido de la mesura. Es cierto, decía, no eran unas mismas actitudes las que estaban bien a los príncipes y al pueblo imperial que las que cuadraban a las casas o naciones modestas. El luto había sido adecuado al reciente dolor, y bien estaba buscar solaz en la pena; pero era ya hora de hacer volver el ánimo a la firmeza, al igual que antaño el divino Julio al perder a su única hija, al igual que el divino Augusto cuando le fueron arrebatados sus nietos, habían ahogado su tristeza. No había por qué recurrir a ejemplos más antiguos, de cuántas veces el pueblo romano había sobrellevado con entereza los desastres de sus ejércitos, las muertes de  sus caudillos, la desaparición total de nobles familias. Los príncipes eran mortales, la República eterna. Por tanto, debían volver a sus ocupaciones habituales y, ya que se acercaba el tiempo de los Juegos Megalenses, también a las diversiones” (Tácito. Anales. Libro III, 6).


Agripina desembarca en Brindisi con las cenizas de Germánico.  Gavin Hamilton. 1765-72

Desde ese momento se abandonó el luto pero Agripina, que había jurado vengar la muerte de su marido, movilizó a las masas y a los numerosos amigos de Germánico, para que  Pisón y Plancina fuera juzgados oficialmente por su asesinato. La Familia del gobernador de Siria había sido partidaria de los Claudio desde siempre, de ahí que las sospechas recayeran también sobre Tiberio, quien  de hecho había mandado vigilar a su hijo adoptivo en Oriente.
El Juicio fue muy desagradable. Tiberio en su discurso evitó ponerse a favor o en contra del acusado lo que aún confirmó aún más las dudas sobre su participación en el crimen. “El día en que el Senado se reunió el César pronunció un discurso estudiadamente moderado. Recordó que Pisón había sido legado y amigo de su padre, y que él mismo se lo había puesto a Germánico como ayudante para la administración de Oriente. Si allí con su rebeldía o su enemistad había amargado al muchacho y se había alegrado con su muerte, o si además la había causado de manera criminal, había que juzgarlo con ánimo íntegro”. Así se manifestó “pues si un legado se ha saltado los límites de su deber y la subordinación que debe a su general,  y se ha alegrado con su muerte y con mi luto, lo odiaré y lo alejaré de mi casa, pero no vengaré con la fuerza del príncipe mis enemistades privadas; ahora bien, si se descubre un crimen punible en caso de que hubiera perecido cualquier mortal, vosotros debéis dar a los hijos de Germánico y a nosotros sus parientes a los justos consuelos. Examinad también estos otros puntos: si Pisón se condujo con el ejército en términos de turbulencia o sedición, si se buscó por medios ilícitos la adhesión de los soldados, si trató de volver a entrar en las provincias por las armas, o bien si todo esto son exageraciones divulgadas por sus acusadores. Yo, en verdad, no puedo por menos que censurar el celo excesivo de éstos. Pues ¿a qué venía desnudar el cuerpo de Germánico, y el exponerlo al manoseo de los ojos del vulgo, y el esparcir incluso entre los extranjeros en el sentido de que había sido envenenado, si se trata de cuestiones todavía inciertas y por investigar?. Cierto que lloro a mi hijo y que lo lloraré siempre, pero no le impido al acusado todo cuando pueda apoyar su inocencia e incluso, si hubo injuria por parte de Germánico, hacer a éste culpable; y a vosotros os ruego que no porque la causa esté ligada a mi dolor toméis las acusaciones que se le imputan como cosa probada. Si los vínculos de sangre o su crédito han proporcionado a Pisón defensores, en la medida de vuestra elocuencia y celo ayudad todos al que está en peligro. A la misma tarea, a la misma firmeza exhorto a los acusadores. Sólo ese privilegio habremos concedido a Germánico. que la investigación sobre su muerte se haga en la curia en lugar de en el Foro, ante el Senado en lugar de ante los jueces; en lo demás debe haber la misma mesura. Que nadie mire a las lágrimas de Druso (el Menor), nadie a mi tristeza y tampoco a lo que se pueda inventar sobre nosotros” (Tácito. Anales. Libro III, 12).


Tiberio César. Siglo I d.C, París. Museo del Louvre

           El Senado, independientemente de la postura de Tiberio, enseguida empezó a acorralar a Pisón, que en algún momento del Juicio amenazó con presentar alguna correspondencia que implicaba al emperador en el crimen, aunque esta historia el mismo Tácito la considera incierta. Lo cierto es que Pisón se suicidó arrojándose sobre su espada. Su mujer Plancina, que poco a poco fue apartándose de su causa por consejos de Livia, fue absuelta.
  Varias fueron las consecuencias del proceso contra Pisón: en primer lugar, Tiberio nunca pudo quitarse de encima la sospecha de que él había sido quien había dado la orden de asesinar a Germánico y, como consecuencia de ello, su impopularidad se acrecentó sin límite. Por otro lado, Tiberio empezó a nutrir un odio sin límite hacia la viuda y nieta de Augusto, Agripina, que tuvo funestas consecuencias para ésta y sus hijos mayores en años sucesivos. Por último, la muerte de Germánico abrió el camino de la sucesión a Druso el menor, que a pesar de ser el hijo natural de Tiberio hasta ese momento se mantuvo en un segundo plano, pues como la mayoría del mundo romano, era incapaz de sentir ningún mal sentimiento hacia Germánico, con quien prefirió colaborar en lugar de provocar enfrentamientos.

domingo, 10 de abril de 2016

Germánico, la última esperanza de Roma


Busto de Germanico. Siglo I d.C, París, Museo del Louvre

Julio César Germánico nació el 24 de mayo del año 15 a.C. siendo llamado con el nombre de Nerón Claudio Druso Germánico. Era el primogénito del matrimonio formado por Druso el mayor y Antonia la menor, por tanto era sobrino nieto de Augusto, nieto de Livia y sobrino de Tiberio.
Germánico quedó huérfano de padre cuando sólo contaba 6 años. Desde ese momento junto con su madre y sus hermanos (Livila de 4 años y el futuro emperador Claudio de 1 año) se trasladaron con su abuela Livia a su casa del Palatino. Allí, los niños recibieron la misma educación que los nietos y nietas de Augusto, el cual siempre sintió una especial predilección por Germánico, al igual que antes la había sentido por su padre Druso, pues el pequeño era la viva imagen de su progenitor y el digno heredero de sus virtudes. Siempre fue también el preferido de su madre Antonia.

El pequeño Germánico entre sus padres en el Ara Pacis. 13-9 a.C. Roma 2013

No obstante, sólo a la muerte de sus nietos Cayo y Lucio consideró Augusto a Germánico como futuro heredero al trono imperial, poniéndolo por delante de su nieto Póstumo.  Por ello, en el año 4 d.C., al mismo tiempo que adoptó a Tiberio, obligó a éste último a adoptar a Germánico, aún cuando Tiberio ya tenía un hijo de más o menos la misma edad: Druso el menor.
Para dejar constancia de sus expectativas, al año siguiente el emperador casó a Germánico con su nieta favorita, Agripina la mayor, esperando que tras el paréntesis de Tiberio, su legado pasara a su propia descendencia, es decir, a los hijos nacidos de esta unión.

Agripina la mayor. Siglo I d.C. Roma, Museos Capitolinos

A pesar de ser un matrimonio por motivos políticos, Germánico y Agripina se habían criado juntos y estaban enamorados desde siempre, convirtiéndose en una de las parejas más sólidas del momento, hasta el punto que Augusto siempre los ponía de ejemplo de verdaderos romanos en el cumplimiento de sus leyes sobre el matrimonio. Tuvieron 9 hijos, de los que sobrevivieron 6: Nerón, Druso, Calígula, Agripina la menor, Drusila y Livila. “Como aun así, el estamento ecuestre, durante un espectáculo público, reclamaba insistentemente la abolición (de la leyes matrimoniales), Augusto mandó a buscar a los hijos de Germánico y, situados unos a su lado, otros en el regazo de su padre, los mostró ostentosamente, dando a entender a los caballeros, con su gesto y su expresión que no rehusaran imitar el ejemplo del joven” (Suetonio. Vida de Augusto. 34,2).
La adopción de Germánico supuso una aceleración de su cursus honorum y de su instrucción militar, campo en el que siguiendo la estela de su padre, comenzó pronto a sobresalir. Por ello, cuando contaba con sólo 22 años, en 7 d.C., Augusto lo envío a Panonia para que ayudara a su padre adoptivo Tiberio en una rápida resolución del conflicto que había estallado en aquel territorio. El hijo de Livia no pudo disimular su disgusto ante lo que él consideró una nueva falta de confianza por parte de Augusto hacia su persona, comenzando a sentir cierta animadversión hacia su sobrino. Así y todo, Germánico, siempre humilde, acataba sus órdenes al tiempo que realizó una buena campaña por la que se le condecoró con ornamentos triunfales frente al triunfo con el que se obsequió a Tiberio.

Germánico. Siglo I d.C. Roma. Fondazione Sorgente Group

Sin embargo, las campañas que encumbraron a Germánico fueron las dos que llevó a cabo en Germania; el objetivo de las mismas fue recuperar el control de la provincia (tras el desastre que supuso la pérdida de 15.000 legionarios romanos en la batalla del bosque de Teutoburgo acaecida en el 9 a.C.)
La primera de ellas emprendida junto a Tiberio se desarrolló entre los años 10 y 13 d.C. En ella Tiberio, demostrando nuevamente su genialidad en el campo de batalla, sofocó la gravísima situación que se había originado en Germania.
En el año 12 d.C., Germánico regresó a Roma, donde fue nombrado cónsul con 28 años, 5 años antes de la edad legal. En el 13 fue nombrado como comandante en jefe de las legiones del Rhin, partiendo nuevamente a Germania acompañado por su mujer Agripina y del pequeño Cayo (nacido en 12 d.C), que con sólo 1 año se paseaba por el campamento vestido con su uniforme de soldado y sus pequeñas caligae (sandalias militares), de ahí que fuera adoptado por las tropas como su talismán, su muñequito, siendo apodado por ellas con el nombre por el que sería conocido desde entonces: Calígula.
El año 14 estando en Germania, el joven general recibió la noticia de la muerte de Augusto y el nombramiento de Tiberio como nuevo emperador; éste concedió a Germanico imperio proconsular dándole autonomía plena en sus intervenciones en la provincia. Por su parte, el hijo de Druso prestó juramento de fidelidad a Tiberio.

Tiberio. Siglo I d.C. Museos Vaticano. Roma 2018

 No obstante, la muerte de Augusto sumió al Imperio en un período de incertidumbre. En Germania se sucedieron una serie de motines de las legiones allí acantonadas. Germánico que se encontraba en la Galia partió de inmediato hacía allí. Los soldados le exigían el licenciamiento de los veteranos y un mayor sueldo para los jóvenes. Germánico se dirigió a ellos sin temor, desde la primera línea. Los legionarios entregados ante su discurso le ofrecieron el Imperio si él quería; él contestó que prefería darse muerte antes que faltar a su juramento de fidelidad hacia Tiberio. Como no lo dejaban retirarse a deliberar, pues le exigían que aceptara marchar hacia Roma para hacerse con el trono imperial, Germánico se colocó su espada en el corazón y amenazó atravesarse el pecho con ella hasta que le permitieron retirarse a su tienda.
Al no cesar la oleada de violencia, el general ordenó a su mujer Agripina y al pequeño Calígula que marchasen hacia lugares más seguros. Las tropas se reunieron entonces en torno a ellos implorando que no dejaran marchar a los descendientes del entonces divino Augusto, y sobre todo al pequeño, adorado por las legiones. Finalmente en nombre de Tiberio, Germánico concedió el licenciamiento a los soldados que llevaran más de 20 años de servicio y dobló el sueldo a quienes lo reclamaban. Tiberio refrendó esta decisión. Aunque Agripina partió (al encontrarse en avanzado estado de gestación), Calígula permaneció con las legiones a condición de que entregaran a los precursores de la sedición para que fueran debidamente castigados.

Agripina  la mayor y Calígula. Detalle del Gran Camafeo de Francia. 19 d.C. París. Gabinete de Medallas

Una vez retornada la calma, Germánico preparó la ofensiva contra Arminio (el líder querusco que había dirigido la sublevación de las tribus germánicas que había concluido con la clamorosa derrota romana de Teutoburgo). Llegó al mismísimo lugar de la masacre con sus legiones y allí dio sepultura a los restos esparcidos de los casi 15.000 legionarios que habían perdido la vida 6 años antes.
En el año 16 por fin se enfrentó a Arminio en la batalla de Idistaviso donde consiguió derrotarlo pero no matarlo ni apresarlo. Sin embargo, menoscabó tanto su influencia sobre las tribus germánicas que ellos mismos acabaron dándole muerte algunos años después. Germánico apresó a la mujer de Arminio y recuperó dos de las tres águilas perdidas en el desastre de Varo. Al mismo tiempo devolvió el orden en toda la zona pero no consiguió recuperar los territorios arrebatados pues Tiberio, no sabemos si por celos hacia el joven (a quien creía perfectamente capaz de llegar nuevamente hasta el Elba para su mayor gloria) o por deseo de seguir las indicaciones de Augusto de dejar las fronteras del Imperio en el Rhin, le ordenó volver a Roma donde se le honró con un triunfo, en el que se hizo patente la veneración no sólo de las legiones sino de todo el pueblo romano hacia Germánico.


Arminio lucha en la Batalla del Bosque de Teutoburgo

Por ello, Tiberio prefirió alejarlo de Roma y lo envío a Oriente el año 17. Allí decidió ponerle un hombre de su absoluta confianza para que controlara a Germánico: Cneo Calpurnio Pisón, pues el emperador temía que debido a las dotes militares de su sobrino y a la fascinación que provocaba en todos fuera tentado de querer emular a Alejandro Magno, a quien también le unía cierto parecido físico.
Germánio solucionó con rapidez todos los problemas que hacían temer cualquier rebelión en las provincias orientales: puso un nuevo rey en Armenia al mismo tiempo que convirtió Capadocia en provincia romana, mientras que Cilicia la dejó bajo influencia siria. El invierno decidió pasarlo en Egipto junto a Agripina y sus hijos que lo acompañaban como siempre. De regreso a Siria en el 19 entró en graves conflictos con Pisón que había anulado todas las disposiciones aprobadas por él. Así, Pisón decidió abandonar la provincia y marchar hacia Roma.



Moneda con el perfil de Germánico

Nada más partir Pisón, Germánico comenzó a sentirse indispuesto muriendo el 10 de octubre de ese mismo año. En el lecho de muerte el general confesó a Agripina y a sus amigos su convicción de que Pisón lo había mandado envenenar y les suplicó que vengaran su muerte. Convencida de ello, la nieta de Augusto ordenó que el cuerpo sin vida de su marido fuera expuesto en el Foro de Antioquía para que todos pudieran ver las extrañas manchas de su cuerpo. Sin embargo, no quedó claro si presentaba señales de envenenamiento. El dolor de todos fue inmenso “(La muerte de Germánico) causó gran duelo en la provincia y en los pueblos cercanos. Lo lloraron las naciones y reyes extranjeros; tanta había sido su benevolencia con los enemigos” (Tácito. Anales. Libro II. 72-2).

La muerte de Germánico. Nicolás Poussin. 1627. Mineápolis. Mineápolis Institute of Art

 Después de la incineración, Agripina partió hacia Roma con las cenizas de su marido acompañada de sus hijos. “A todos producía pena ver a aquella mujer, la primera por su alcurnia y que hasta ese momento viviera un maravilloso matrimonio, a quien siempre se había visto rodeada de veneración y gratitud, marchar entonces llevando en su seno aquellos fúnebres despojos” (Tácito. Anales. Libro II. 75, 1-2). La urna con las cenizas de Germánico fueron depositadas en el Mausoleo de Augusto. Su funeral, a pesar de que no tuvo la solemnidad de los entierros pues se celebró sin máscaras funerarias ni grandes pompas, fue memorable por la entrega del pueblo.

Agripina con las cenizas de Germánico. Benjamín West. 1768. Yale. Museo de de la Universidad
Fuente: De Benjamin West - The Yorck Project: 10.000 Meisterwerke der Malerei. DVD-ROM, 2002. ISBN3936122202. Distributed by DIRECTMEDIA Publishing GmbH., Dominio público,

La consternación de la Ciudad Eterna no tenía límites. “En Roma, desde que se multiplicaron las noticias de la enfermedad de Germánico, y a causa de la distancia todo se exageraba para mal, reinaban el dolor, la ira y estallaban las lamentaciones. Para eso, se decía, se lo había relegado al extremo del mundo; […]. Bien habían dicho los viejos a propósito de Druso (padre de Germánico): a los que reinan les molesta que sus hijos tengan temperamento liberal; Druso y Germánico habían sido interceptados en su carrera sólo porque pretendían organizar al pueblo romano en igualdad de derechos devolviéndole la libertad. El ambiente de estas conversaciones del vulgo se incendió de tal manera con la noticia de la muerte que, acordado el duelo antes del edicto de los magistrados y antes del decreto del Senado, quedaron desiertos los foros y se cerraron las casas. Por todas partes silencio y llanto, sin nada de amañada ostentación, y aunque no se abstenían de las muestras externas de duelo, más profundo era el dolor de los ánimos” (Tácito. Anales. Libro II. 1-4).
Toda esta amargura y rabia se volvió hacia Tiberio (quien ni siquiera participó en las exequias de su hijo adoptivo escudándose en su propia pena); lo acusaban de haber dado la orden a Pisón de eliminar al joven de 34 años. Agripina, sostenida por las masas, no cesó en sus ansias de venganza hasta que Pisón fue llevado a los tribunales y obligado a quitarse la vida, lo que generó un odio atroz de Tiberio hacia ella. A partir de entonces, fuera cierta o no la implicación de Tiberio en la muerte de Germánico, el emperador se volvió enormemente impopular.
Ya he ido apuntando algunas ideas sobre la personalidad de Germánico. Físicamente era muy parecido a su padre y poseía la belleza de la gens Julia, heredada de su madre Antonia. Tácito (quien a pesar de vivir años después que él sentía veneración hacia el hijo de Druso) lo definió como “un joven de talante liberal, de una admirable bondad, tan diferente en el modo de hablar y de mirar de Tiberio, arrogante y sombrío” (Tácito. Anales. Libro I. 33, 2-3). Igualmente dice de él que “verlo y oírlo inspiraba pura veneración, pues conservando la grandeza y gravedad de la suma fortuna, huía de los motivos de envidia y arrogancia” (Tácito. Anales. Libro II. 72-2). Era bondadoso, dulce, un marido virtuoso y un padre excelente. Sólo su pronta desaparición puede explicar la degeneración en la que se educaron sus hijos, que se convirtieron bajo el amparo de Tiberio en lo peor de la dinastía. La alegría del pueblo romano cuando un hijo de Germánico (Caligula) accedió al trono imperial corroboran las opiniones de Tácito.

Germánico. Siglo I d.C. Copenhague. NY Carlsberg Gliptoteca

“Había quienes asimilaban su figura, su edad, el género de su muerte, incluso la cercanía de los lugares donde pereció, al destino de Alejandro Magno. Pues ni uno ni otro, bellos en lo físico y de linaje insigne, habían sobrepasado en mucho los 30 años, y habían muerto por asechanzas de los suyos entre gentes extrañas. Sin embargo Germánico, amable para con los amigos, moderado en los placeres, fiel a una sola esposa, con sólo hijos legítimos, no había sido menos guerrero, aunque no tenía la temeridad de Alejandro, y se le había impedido someter a servidumbre las Germanias abatidas en tantas victorias. Y si hubiera sido el único árbitro del Estado, si hubiera tenido derecho y título de rey, hubiera obtenido la gloria militar tanto antes que Alejandro cuanto lo sobrepasaba en clemencia, templanza y demás buenas cualidades” (Tácito. Anales. Libro II, 1-2).
Con la muerte prematura de Germánico una vez más se puso de manifiesto que la Roma Imperial era un lugar extremadamente peligroso para las buenas personas, pues muy distinto hubiera sido el devenir de la dinastía Julio-Claudia si Druso y Germánico no hubieran desaparecido en la flor de la vida.