“En mi sexto consulado (28 a .C), llevé a cabo, con
Marco Agripa como colega el censo del pueblo. Celebré la ceremonia lustral después
de que no se hubiera celebrado en 42 años; en ellas fueron censados 4.063.000
ciudadanos romanos. Durante el consulado de Cayo Censorino y Cayo Asinio (8 a .C) llevé a cabo el censo
por mi solo, en virtud de mi poder consular, en cuya lustración se contaron
4.233.000 ciudadanos romanos. Hice el censo por tercera vez, en virtud de mi
poder consular y teniendo por colega a mi hijo adoptivo Tiberio César, en el
consulado de Sexto Pompeyo y Sexto Apuleyo (14 d.C); con ocasión de este censo
conté 4.937.000 ciudadanos romanos”.
Augusto. Res Gestae Divi Augusti.
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El Censo de Belén. Pieter Brueghel el joven. 1566. Bruselas. Museos
Reales de Bellas Artes de Bélgica.
Como él mismo señala, Augusto
durante su mandato ordenó realizar varios censos a fin de controlar el número
de habitantes de su Imperio para establecer tributos directos e indirectos, y con
fines militares. ¿Es alguno de estos censos el que recoge San Lucas en el Nuevo
Testamento que propició el nacimiento de Jesús de Nazareth en Belén?. “Sucedió
que en aquellos días salió un decreto de César Augusto para que se empadronara
todo el mundo. Este primer censo tuvo lugar siendo Quirino procurador de Siria.
Marchaban todos a empadronarse, cada uno a su propia ciudad. Subió también José
desde Galilea, de la ciudad de Nazareth, a Judea, a la ciudad de David, llamada
Belén, por ser él de la casa y de la estirpe de David, para empadronarse con su
esposa María que estaba encinta” (Evangelio
según San Lucas, 2,1-5). Los historiadores ponen en duda las palabras
del evangelista.
Existen muchas
divergencias al respecto pues Augusto, en sus Res Gestae, se refiere exclusivamente al empadronamiento de
ciudadanos romanos, aquellos que se conocen como censos universales; no
obstante otras fuentes hablan de otros censos provinciales, como el que nombra
Flavio Josefo que vivió entre el 37 y 101 d.C. Augusto los ordenaba con la
finalidad de determinar la riqueza de los territorios bajo su mando. Entre los
provinciales queda constancia histórica de un censo realizado en Judea en el 6
d.C. siendo Quirino gobernador de Siria tras el exilio impuesto por el
emperador al rey de Judea, Herodes Arquelao, quedando esta zona bajo tutela
directa de Roma: “Entretanto Quirino, un
senador que ya había ejercido todas las magistraturas y que luego de pasar por
todos los grados honrosos obtuvo el consulado, además de haber ejercido otras
dignidades, llegó a Siria enviado por César (Augusto), para administrar
justicia en esta provincia y hacer el censo de los bienes. Lo acompañaba
Coponio, de la orden ecuestre, para que quedara al frente de los judíos con
plenos poderes. Quirino pasó a Judea, que había sido anexada a Siria, para
llevar a cabo el censo de los bienes y liquidar los de Arquelao. Aunque los
judíos al principio no quisieron acceder a la declaración, luego, por consejo
del pontífice Joazar, dejaron de oponerse. Aceptando las razones de Joazar,
permitieron que se hiciera el censo de los bienes” (Antigüedades Judías. XVIII).
Hasta aquí todo cuadra
con las Sagradas Escrituras. El problema es que el rey Herodes el Grande bajo
cuyo reinado también afirma la
Biblia que nació Jesucristo, murió en el año 4 a .C. y no es muy probable que
el censo se hiciera en dos fases (como apuntan algunos escritores cristianos)
pues en tiempos de Herodes el Grande, Judea no estaba bajo dominio romano.
Tampoco es probable que el censo durara 10 años.
La mayoría de
historiadores modernos, tanto laicos como cristianos, sostienen que San Lucas
cometió un error al hacer coincidir el censo de Quirino (que tiene lugar
durante el 6 d.C) y los hechos que rodearon al nacimiento de Jesús, que San Mateo
en su Evangelio sitúa en tiempos del rey
Herodes (4 a .C).
El fallo fue cometido por el deseo de San Lucas de dar un cariz histórico al hecho
de que el nacimiento del Mesías se produjera en Belén, tal y como proclamaba el
Antiguo Testamento.
Esto saca a la luz otro
hecho polémico: ¿por qué José y María (en un avanzado estado de gestación) se
desplazaron a empadronarse a su lugar de origen y no lo hicieron donde vivían?
Esta circunstancia no es muy común en los censos romanos provinciales, aunque
se tiene constancia de censos de este tipo a inicios del siglo II d.C en
Egipto, por lo que no se puede descartar del todo que Roma respetara las
costumbres de un pueblo como el judío tan apegado a sus tradiciones con el fin
de evitar revueltas.

