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jueves, 11 de febrero de 2021

Vestales de Roma

En un mundo de hombres como era la sociedad de la antigua Roma, un colectivo de mujeres consiguió un estatus especial: las vestales, sacerdotisas que custodiaban el fuego sagrado de Vesta, la diosa protectora del hogar, cuya llama ardiente simbolizaba la morada de todos los romanos; es decir, Roma, por lo que si ésta se apagaba era preludio de una gran desgracia para la ciudad. En ese caso, la vestal encargada de su custodia era azotada por negligencia.


Vestales custodiando el fuego sagrado


Según la leyenda, la primera vestal fue Rea Silvia, madre de Rómulo y Remo, aunque fue Numa Pompilio (segundo rey de Roma), quien instauró a las vestales como uno de los colegios sacerdotales de la ciudad, el único cuyos miembros eran en su totalidad mujeres.

Las vestales gozaban de múltiples privilegios no al alcance del resto de mujeres romanas. Eran reclutadas entre las familias nobles a muy corta edad, y desde ese momento abandonaban la tutela paterna pasando a depender del Pontifex Maximus. Aun así no estaban bajo la autoridad de ningún hombre, podían disponer de sus bienes y hacer testamento. Su persona era inviolable, poseían escolta y herirlas era un hecho castigado con la muerte. Tenían asientos reservados en los espectáculos públicos, su palabra era considerada ley en un juicio y podían otorgar el perdón a un condenado, en ocasiones.


Escultura de vestal en la Casa de las Vestales


A cambio debían hacer voto de castidad, y en caso de incumplirlo, el castigo era la muerte. Como estaba prohibido verter la sangre de una vestal, la infractora era encerrada viva en una cámara oscura y su amante también era ejecutado. No obstante, este castigo fue raramente impuesto, salvo que aconteciera una gran desgracia y se culpara a la vestal. Sólo el Pontifex Maximus, bajo cuya tutela estaban las vestales, podía aplicarlo y, si aportaba pruebas, pues también era algo funesto condenar a una vestal inocente. En 12 siglos de historia romana únicamente hay 10 casos documentados de juicios a vestales, uno de ellos precisamente en tiempos de Domiciano, aunque no se sabe con certeza el castigo impuesto (algunos autores hablan de que las inculpadas fueron quemadas vivas).

La permanencia en la orden de las sacerdotisas de Vesta duraba 30 años y, cuando finalizaba su sacerdocio, eran liberadas del voto de castidad y se les asignaba una pensión vitalicia. Podían vivir de manera independiente o casarse si lo deseaban, y aunque ya eran mayores para la época (rondaban los 40 años) no les faltaba pretendientes porque casarse con una antigua vestal otorgaba gran prestigio.


Vestales alimentando el fuego sagrado


Los 30 años de sacerdocio se dividían en tres etapas, cada una de las cuales duraba 10 años: novicias, sacerdotisas e instructoras de las nuevas novicias. Normalmente en cada grupo había unas seis vestales. A la cabeza de ellas estaba la Vestal Máxima.

Las novicias eran seleccionadas personalmente por el Pontifex Maximus entre las familias patricias romanas. Debían ser niñas entre 6 y 10 años, cuyos padres estuvieran vivos  y no fueran sacerdotes ni tener una hermana que hubiera sido vestal antes. Más adelante el privilegio se amplió a las familias plebeyas pues ceder una hija a Vesta era perder una posible alianza matrimonial, y los patricios cada vez eran más reacios. Las niñas debían ser perfectas físicas (sin ninguna cicatriz ni lesión permanente) y psíquicamente. Su idoneidad era estudiada por la vestal máxima.

Si alguna de ellas moría, podía ser reemplazada de manera excepcional por alguna chica sin que cumpliera los requisitos exigidos; incluso se aceptaban jóvenes viudas o divorciadas que no fueran vírgenes. Así y todo, mientras durara su sacerdocio debían cumplir el voto de castidad.


Casa de las Vestales en el Foro Romano. Roma 2018


Otra de las funciones de las vestales era custodiar los testamentos de los ciudadanos romanos para asegurarse que éstos no serían modificados ni alterados. No obstante, en una de las etapas más delicadas de la historia de Roma cuando el entonces Octavio y Marco Antonio luchaban por el control del mundo romano, el primero robó el testamento del segundo para demostrar la deslealtad de Marco Antonio a Roma y unir a todo el mundo romano contra Egipto. Algunos autores en ocasiones han atribuido la mala fortuna de Augusto en su vida personal (con la muerte sucesiva de sus herederos) al castigo por este acto, necesario para la supervivencia de Roma, pero sacrílego.

Las vestales vivían en el Foro Romano en una casa muy amplia con tres pisos, atrio  en el que se ubicaba una doble piscina. Rodeando el atrio y bajo el pórtico se disponen estatuas de las vestales máximas colocadas sobre un podio donde se enumeran las virtudes de cada una de ellas. Sobre cada uno de los cuatro lados del patio se disponen algunas habitaciones con suelo de mármol cuya función no está muy clara. También han quedado restos de un molino para fabricar mola salsa, que se ofrecía en ritual a la diosa.


Reconstrucción de la Casa de las Vestales


Durante la Republica el Pontifex Maximus habitaba junto a ellas en la Domus Pública, pero cuando Augusto asumió el Pontificado prefirió seguir viviendo en su Casa del Palatino y cedió la Domus Publica (donde Julio César había vivido) a las vestales, por lo que las vestales gozaron de mayor independencia.


Templo de Vesta. Roma 2018


El complejo incluía el templo de Vesta, uno de los más antiguos de Roma, en cuyo interior se custodiaba el fuego sagrado. De pequeñas dimensiones y planta circular, se elevaba sobre un podio de de 15 metros de diámetro y estaba rodeado por veinte columnas corintias. Probablemente su tejado tenía un hueco por donde salía el humo. El templo se conservó en buen estado hasta el Renacimiento, época en la que fue demolido. Los escasos restos que aún quedan en pie ponen de manifiesto su belleza y majestuosidad, siendo aún al Atrium Vestae uno de los lugares más emblemáticos del Foro Romano.


Grabado con la reconstrucción del Templo de Vesta
Fuente: De Iginio Gentile, Serafino Ricci - Trattato di archeologia (Gentile).djvu, Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=18656256

jueves, 16 de enero de 2014

Augusto Pontifex Maximus

Siglo I d.C. Roma. Museo Nazionale Romano. Palazzo Massimo alle Terme

Augusto Pontifex Maximus
           
           Una obra de arte me cautiva cuando su contemplación en vivo me descubre sensaciones diferentes a aquellas que nacen de admirarla en una fotografía. El arte no puede reducirse a una sucesión de objetos ejemplares expuestos en un museo; por el contrario, debe emocionar, mover sentimientos capaces de llegar hasta lo más profundo del alma. Una de las veces que he vivido esa experiencia fue en junio de 2011, la primera vez que contemplé en el Museo de las Termas la conmovedora majestuosidad de la escultura de Augusto que allí se conserva en un ambiente más íntimo, un poco al margen de la vorágine turística que cada día invaden los Museos Vaticanos.
           Representa a Augusto como Pontifex Maximus, es decir, como máximo representante de la religión romana, cargo que obtuvo en el 12 a.C. La escultura actual es una copia en mármol de tiempos de Tiberio. Fue encontrada en 1910 en la ladera de la Colina Oppio, en la Via Labicana, en la misma Roma.

Detalle frontal

El emperador aparece vestido con la toga, una vestimenta que se adaptaba perfectamente a una silueta menuda como la suya, calzado con  los zapatos propios de los patricios (calcei) y con la cabeza cubierta con un velo como signo de pietas religiosa posando en actitud oferente. El brazo derecho, extendido, debía portar en su mano una pátera, plato ritual para el derramamiento de vino durante un sacrificio. Los pliegues de la toga están muy cuidados. La cabeza y los brazos fueron esculpidos de manera independiente.


Detalle de los zapatos y el plegado de la toga

          El rostro vuelve a presentar el clasicismo propio del arte augusteo. Los rasgos son ligeramente más humanizados que en Prima Porta, pero a la vez de una belleza sublime y armónica evocando una gran espiritualidad.

 Detalle del rostro. Perfil izquierdo

Detalle del rostro. Perfil derecho

           La  religiosidad de Augusto, como casi todo en él, era de un carácter moderado. Se puede decir que usó la religión como un instrumento para gobernar. Era un hombre piadoso pero no tuvo ningún escrúpulo en realizar un acto sumamente impío como fue robar el testamento de Marco Antonio de las dependencias de las sagradas Vírgenes Vestales, hecho que resultó decisivo para propiciar la batalla final contra su máximo rival cuya victoria lo convirtió en dueño absoluto del mundo romano. Sin embargo, aquí se nos muestra como el sacerdote devoto, en un tipo de representación muy repetida, pues la propaganda del Principado era muy consciente, como apuntó P. Zanker, del poder de las imágenes.

Atrio de la Casa de las Vestales en el Foro Romano. Roma 2013

           Una de las copias más logradas de esta escultura podemos admirarla en el Museo Nacional de Arte Romano de Mérida. Desgraciadamente sólo ha llegado hasta nosotros la cabeza; sin embargo, es suficiente para expresar una grandeza similar a la de la incomparable obra romana.

Cabeza de Augusto velada. S. I d.C. Museo Nacional de Arte Romano. Mérida


Augusto de Via Labicana. Detalle de la cabeza