jueves, 25 de febrero de 2021

Las mujeres de Domiciano

 

Domiciano y Domicia Longina en una moneda

Cuenta Suetonio que Domiciano “era de una lascivia exagerada, y así, llamaba a sus constantes ayuntamientos carnales combates de cama, como si se tratara de un tipo de ejercicio físico; se creía asimismo que depilaba a sus concubinas con sus propias manos, y que nadaba entre las más vulgares meretrices” (Vida de Domiciano, 22). Esto contrasta con otras afirmaciones que dicen que el hijo menor de Vespasiano era en ocasiones reacio al contacto físico y que huía de las relaciones con otras personas siempre que podía.

Por su parte Dión Casio afirma que “no había ser humano por quien [Domiciano] sintiera verdadero afecto, excepto por algunas mujeres”. (Historia Romana, LXVII). Entre ellas se encontraban (al menos por un tiempo) la que fue su única esposa Domicia Longina y su sobrina Julia Flavia.


Domicia Longina, siglo I d.C., San Petesburgo, Museo Ermitage

Domicia Longina (que contaba más o menos la misma edad de Domiciano) era hija del general Gneo Domicio Corbulón, muy querido entre las masas por sus exitosas campañas en Germania y Oriente; esta popularidad suscitó las suspicacias de Nerón quien le obligó a quitarse la vida, tras haberlo acusado de participar en la Conspiración de Pisón.

Casada en primeras nupcias con Lucio Elio Lamia, Domicia se divorció para contraer matrimonio en el año 71 con el hijo menor de Vespasiano, que estaba locamente enamorado de ella. El emperador se opuso en principio a esta unión pues deseaba que Domiciano se casara con Julia Flavia (13 años más joven), única hija de Tito, quien también alentaba esta unión. Vespasiano acabó cediendo ante la obstinación de su hijo menor y el amor que decía profesar a Domicia intentando ver las ventajas políticas que este matrimonio podía suponerle pues le ayudaría a restablecer las relaciones con aquellos sectores de oposición senatorial.

En los primeros tiempos la pareja fue feliz, siendo bendecidos en el año 73 con el nacimiento de su primer hijo de nombre Vespasiano y en el 77 con el de una niña; ambos pequeños murieron a muy corta edad.

Sin embargo, siempre estuvieron envueltos en rumores de infidelidad, incluido el que relacionaba a la propia Domicia Longina con Tito, al que el propio Suetonio no da excesiva credibilidad afirmando que “Domicia juraba por lo más sagrado que no había tenido ninguna relación con él [Tito]; y no lo habría negado, caso de haber existido, antes bien, se habría jactado de ella, como solía hacer sin el menor reparo en todos los escándalos que protagonizaba” (Vida de Tito, 10, 2). Por su parte, Domiciano sedujo a su sobrina Julia Flavia (a la que había rechazado) incluso en vida de su hermano y estando casada con otro.


El triunfo de Tito. Alma Tadema.1885. 
En primer plano aparece Vespasiano como Pontifex Maximus, seguido por Domiciano y su esposa Domicia Longina que dirige su mirada a Tito que  les sigue vestido con atavío religioso.
Fuente: De Lawrence Alma-Tadema - http://www.artrenewal.org/asp/database/image.asp?id=108, Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=2334600


En venganza Domicia Longina inició una relación con un actor llamado Paris. Cuando Domiciano descubrió la relación ilícita planeó matar a su esposa, pero al final la repudió y la exilió a una isla, después de mandar asesinar a su amante.

Fue en este período, y habiéndose quedado Julia Flavia huérfana y viuda, cuando  Domiciano se unió a ella abiertamente profesándole una gran amor y una ardiente pasión que no se molestaba en ocultar. Se la llevo junto a él al Palacio Flavio y vivía con su sobrina como si fueran marido y mujer.

Aun así, presionado por el pueblo, Domiciano se reconcilió con Domicia Longina, haciéndola volver del exilio, aunque ya nada fue lo mismo entre ellos, pues el emperador siguió con su relación con Julia abiertamente.

En el año 90 Domicia le dió un segundo hijo varón a Domiciano, pero murió también pronto, mientras Julia moría tras un aborto en el año 91, aunque algunos autores indican que fue Domiciano quien la obligó a abortar. La joven fue deificada.


Julia Flavia, Siglo I d.C.
Fuente: De Desconocido - own work by Wolfgang Sauber, CC BY-SA 3.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=3962769

Por su parte, Domicia Longina según Suetonio, entre otros, participó en la conjura que acabó con la vida de Domiciano en el año 96. Desde entonces vivió retirada bajo la protección de Nerva y Trajano. Murió durante el Principado de Adriano entorno al año 130 cuando rondaba los 80 años, tras haber conocido el Principado de 8 Césares.

El mismo Suetonio indica que la nodriza que había criado tanto a Julia Flavia como a Domiciano mezcló las cenizas de ambos en el Templo de Tito y Vespasiano donde estaban enterrados.

miércoles, 17 de febrero de 2021

El Arco de Tito

 

Arco de Tito. Roma 2011

En el año 81 d.C., Domiciano construyó el Arco dedicado a las victorias de su hermano Tito en Oriente que culminaron con la conquista de Jerusalén en el año 70, una joya arquitectónica que aún se conserva sobre la Vía Sacra en el Foro Romano.

El de Tito es el más majestuoso de los arcos que se conservan en el mundo romano y su modelo se difundió desde el siglo XVI con gran éxito. Posee una pureza clásica y elegancia extrema. La principal finalidad de este tipo de obras era la propaganda política de las victorias del emperador, con la intención de recordar al mundo que el poder de Roma residía en el triunfo de sus legiones.


Arco de Tito. Roma 2011

De un solo vano y realizado en mármol del pentélico (las restauraciones se hicieron en mármol travertino para diferenciarlo), el monumento, de 15,40 metros de altura, está dividido en tres cuerpos: el cuerpo inferior es un podio sobre el que se eleva el arco; el segundo lo componen dos pilares decorados con sendas columnas adosadas de orden compuesto (mezcla hojas de acanto y volutas) en cada uno de ellos. Entre las columnas se disponen vanos ciegos rectangulares. En las enjutas se colocaron relieves que representan a victorias aladas que se dirigen a la clave del arco; una de ellas porta una corona de laurel para colocarla en las sienes de emperador. Sobre la clave se eleva una figura masculina en el lado este y otra masculina en el oeste, que probablemente representen la virtud y el honor respectivamente.


Enjutas y clave del arco
Fuente: De Cassius Ahenobarbus - Trabajo propio, CC BY-SA 4.0,

La estructura culmina con el tercer cuerpo en el cual encontramos el friso, donde se colocan las inscripciones conmemorativas que homenajean a Tito. Sólo se ha conservado  la original de una cara que dice “El Senado y el Pueblo al Divino Tito Vespasiano Augusto, Hijo del divino Vespasiano”. En la otra aparece una inscripción posterior realizada por el Papa Pio VII, restaurador del arco en 1821. Remataba el arco una escultura en bronce de una cuadriga tirada por elefantes que portaba al emperador deificado. El friso, por su parte, aparece decorado con unas representaciones en alto relieve que escenifican una procesión triunfal de las legiones romanas, entre las que puede verse el río Jordán personificado portado por tres hombres.


Inscripción original del Arco de Tito. Roma 2011

Procesión triunfal del friso, a la izquierda tumbado está el río Jordán
Fuente: De Cassius Ahenobarbus - Trabajo propio, CC BY-SA 4.0,

El vano del arco está coronado por una bóveda de cañón decorada con casetones en cuyo centro encontramos un relieve que refleja la apoteosis de Tito montado sobre un águila, símbolo de Júpiter y de Roma, evocando el momento en que el alma del emperador subió al cielo.

Interior del arco


Apoteosis de Tito en el centro de la bóveda
Fuente: De Cassius Ahenobarbus - Trabajo propio, CC BY-SA 4.0, 

No obstante, los relieves más espectaculares del arco son los que decoran el interior de los pilares que conmemoran el Triunfo celebrado por Tito en Roma tras volver victorioso de Jerusalén. Suponen la cumbre del relieve histórico, una creación genuinamente romana.

Sobre el pilar meridional se representa el traslado de los objetos del Templo de Jerusalén, entre los que destaca el candelabro de siete brazos o Menorá, las Trompetas de Oro o la Mesa del Pan de la proposición. Según estudios recientes se sabe que en su origen los relieves estuvieron coloreados y todos estos objetos sagrados estaban pintados en oro sobre fondo azul.


Roma 2011

En el otro pilar aparece Tito como triunfador sobre una cuadriga coronado de laureles por una victoria alada, en una escena que pone de manifiesto por primera vez la mezcla de lo real y lo divino en una misma composición, ya que en el Ara Pacis las divinidades están separadas de los personajes históricos. Estos es un claro ejemplo de cómo a medida que se sucedían los emperadores se reforzaba cada vez más su carácter divino. Rodean la cuadriga los lictores, identificados con sus fasces y laureles. Las lanzas se disponen de forma desordenada, lo que sirvió de inspiración a Velázquez durante su estancia en Roma para su famoso cuadro “La Rendición de Breda”.


Roma 2011

La alternancia del bajo, medio y alto relieve consigue crear profundidad y la sensación de atmósfera que lo envuelve todo dando lugar a una ilusión espacial sin precedentes y una perspectiva perfectamente lograda.


Arco de Tito, Giovanni Battista Piranesi, 1756

Arco de Tito, anónimo, copia de Piranesi, siglo XVIII

En la Edad Media la familia Frangipani lo convirtió en una torre fortificada, con una habitación sobre la arcada. La influencia arquitectónica del arco de Tito es inmensa, estando presente tanto en los grandes maestros del Renacimiento como León Battista Alberti, que se inspiró en él para la fachada de San Andrés de Mantua, o en arcos posteriores como el de París o incluso en otros ejemplos en Estados Unidos y la India.


Fachada de San Andrés, León B. Alberti, 1462, Mantua
Fuente: De Anna Zacchi - Transferido desde en.wikipedia a Commons por Art-top usando CommonsHelper.; Wikimedia Commons(Texto original: «photo taken by en:User:AnnaZac»), CC BY 2.5,


Arco del Triunfo, 1896, París
Fuente: De Alvesgaspar - Trabajo propio, CC BY-SA 3.0, 

 
Arco de los Soldados y Marineros, 1892, Brooklyn
Fuente: De I, Jeffrey O. Gustafson, CC BY-SA 3.0, 


Restauración del Arco de Tito de 2019

jueves, 11 de febrero de 2021

Vestales de Roma

En un mundo de hombres como era la sociedad de la antigua Roma, un colectivo de mujeres consiguió un estatus especial: las vestales, sacerdotisas que custodiaban el fuego sagrado de Vesta, la diosa protectora del hogar, cuya llama ardiente simbolizaba la morada de todos los romanos; es decir, Roma, por lo que si ésta se apagaba era preludio de una gran desgracia para la ciudad. En ese caso, la vestal encargada de su custodia era azotada por negligencia.


Vestales custodiando el fuego sagrado


Según la leyenda, la primera vestal fue Rea Silvia, madre de Rómulo y Remo, aunque fue Numa Pompilio (segundo rey de Roma), quien instauró a las vestales como uno de los colegios sacerdotales de la ciudad, el único cuyos miembros eran en su totalidad mujeres.

Las vestales gozaban de múltiples privilegios no al alcance del resto de mujeres romanas. Eran reclutadas entre las familias nobles a muy corta edad, y desde ese momento abandonaban la tutela paterna pasando a depender del Pontifex Maximus. Aun así no estaban bajo la autoridad de ningún hombre, podían disponer de sus bienes y hacer testamento. Su persona era inviolable, poseían escolta y herirlas era un hecho castigado con la muerte. Tenían asientos reservados en los espectáculos públicos, su palabra era considerada ley en un juicio y podían otorgar el perdón a un condenado, en ocasiones.


Escultura de vestal en la Casa de las Vestales


A cambio debían hacer voto de castidad, y en caso de incumplirlo, el castigo era la muerte. Como estaba prohibido verter la sangre de una vestal, la infractora era encerrada viva en una cámara oscura y su amante también era ejecutado. No obstante, este castigo fue raramente impuesto, salvo que aconteciera una gran desgracia y se culpara a la vestal. Sólo el Pontifex Maximus, bajo cuya tutela estaban las vestales, podía aplicarlo y, si aportaba pruebas, pues también era algo funesto condenar a una vestal inocente. En 12 siglos de historia romana únicamente hay 10 casos documentados de juicios a vestales, uno de ellos precisamente en tiempos de Domiciano, aunque no se sabe con certeza el castigo impuesto (algunos autores hablan de que las inculpadas fueron quemadas vivas).

La permanencia en la orden de las sacerdotisas de Vesta duraba 30 años y, cuando finalizaba su sacerdocio, eran liberadas del voto de castidad y se les asignaba una pensión vitalicia. Podían vivir de manera independiente o casarse si lo deseaban, y aunque ya eran mayores para la época (rondaban los 40 años) no les faltaba pretendientes porque casarse con una antigua vestal otorgaba gran prestigio.


Vestales alimentando el fuego sagrado


Los 30 años de sacerdocio se dividían en tres etapas, cada una de las cuales duraba 10 años: novicias, sacerdotisas e instructoras de las nuevas novicias. Normalmente en cada grupo había unas seis vestales. A la cabeza de ellas estaba la Vestal Máxima.

Las novicias eran seleccionadas personalmente por el Pontifex Maximus entre las familias patricias romanas. Debían ser niñas entre 6 y 10 años, cuyos padres estuvieran vivos  y no fueran sacerdotes ni tener una hermana que hubiera sido vestal antes. Más adelante el privilegio se amplió a las familias plebeyas pues ceder una hija a Vesta era perder una posible alianza matrimonial, y los patricios cada vez eran más reacios. Las niñas debían ser perfectas físicas (sin ninguna cicatriz ni lesión permanente) y psíquicamente. Su idoneidad era estudiada por la vestal máxima.

Si alguna de ellas moría, podía ser reemplazada de manera excepcional por alguna chica sin que cumpliera los requisitos exigidos; incluso se aceptaban jóvenes viudas o divorciadas que no fueran vírgenes. Así y todo, mientras durara su sacerdocio debían cumplir el voto de castidad.


Casa de las Vestales en el Foro Romano. Roma 2018


Otra de las funciones de las vestales era custodiar los testamentos de los ciudadanos romanos para asegurarse que éstos no serían modificados ni alterados. No obstante, en una de las etapas más delicadas de la historia de Roma cuando el entonces Octavio y Marco Antonio luchaban por el control del mundo romano, el primero robó el testamento del segundo para demostrar la deslealtad de Marco Antonio a Roma y unir a todo el mundo romano contra Egipto. Algunos autores en ocasiones han atribuido la mala fortuna de Augusto en su vida personal (con la muerte sucesiva de sus herederos) al castigo por este acto, necesario para la supervivencia de Roma, pero sacrílego.

Las vestales vivían en el Foro Romano en una casa muy amplia con tres pisos, atrio  en el que se ubicaba una doble piscina. Rodeando el atrio y bajo el pórtico se disponen estatuas de las vestales máximas colocadas sobre un podio donde se enumeran las virtudes de cada una de ellas. Sobre cada uno de los cuatro lados del patio se disponen algunas habitaciones con suelo de mármol cuya función no está muy clara. También han quedado restos de un molino para fabricar mola salsa, que se ofrecía en ritual a la diosa.


Reconstrucción de la Casa de las Vestales


Durante la Republica el Pontifex Maximus habitaba junto a ellas en la Domus Pública, pero cuando Augusto asumió el Pontificado prefirió seguir viviendo en su Casa del Palatino y cedió la Domus Publica (donde Julio César había vivido) a las vestales, por lo que las vestales gozaron de mayor independencia.


Templo de Vesta. Roma 2018


El complejo incluía el templo de Vesta, uno de los más antiguos de Roma, en cuyo interior se custodiaba el fuego sagrado. De pequeñas dimensiones y planta circular, se elevaba sobre un podio de de 15 metros de diámetro y estaba rodeado por veinte columnas corintias. Probablemente su tejado tenía un hueco por donde salía el humo. El templo se conservó en buen estado hasta el Renacimiento, época en la que fue demolido. Los escasos restos que aún quedan en pie ponen de manifiesto su belleza y majestuosidad, siendo aún al Atrium Vestae uno de los lugares más emblemáticos del Foro Romano.


Grabado con la reconstrucción del Templo de Vesta
Fuente: De Iginio Gentile, Serafino Ricci - Trattato di archeologia (Gentile).djvu, Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=18656256

domingo, 31 de enero de 2021

El Principado de Domiciano

 

Domiciano, Siglo I d.C, Roma, Museos Capitolinos

Domiciano concentró en sus manos todos los poderes, despojando al Senado de su capacidad política. Su papel como emperador abarcaba todos los aspectos de la vida cotidiana, la cultura e incluso pretendía convertirse en el referente moral del Imperio. El emperador se implicó personalmente en todas las ramas de la administración imperial y debido a su tendencia a sospechar de todos consiguió que la corrupción entre los gobernadores provinciales  y funcionarios electos fuera mínima. Esa escrupulosidad también la aplicó en el nombramiento de cargos públicos donde, contrariamente a su padre y hermano, no usó a familiares sino a hombres de confianza de valor demostrado. Sus consejeros eran un pequeño grupo de asesores y caballeros a los que concedió importantes magistraturas; éstos sustituyeron a los libertos en los altos cargos de la administración imperial.

Domiciano permaneció largos períodos fuera de Roma, por lo que el poder se trasladaba dónde él se encontrara. De hecho la Corte Imperial sólo se estableció en Roma cuando se culminó el Palacio Flavio, la Domus Augustana, en el Palatino.


Domus Augustana, Roma, 2018


La tendencia del emperador a supervisarlo todo también se hizo palpable en la economía, dejando las arcas del estado saneadas al fin de su Principado, a pesar de las grandes inversiones que hizo en su política constructora. Las monedas acuñadas durante su Principado son de una gran calidad, constituyendo verdaderas obras de arte.

Se estipula que durante esta época los ingresos anuales de la administración imperial rondaban los 1200 millones de sestercios, destinados en gran parte al mantenimiento del ejército y a la reconstrucción de Roma, muy maltratada tras los incendios y las luchas de poder. Más de 50 edificios fueron restaurados o construidos en época Domiciano, número sólo superado por Augusto. Entre ellos destacan el Arco de Tito, un Estadio y un suntuoso Palacio en la colina palatina. Al mismo tiempo, restauró el Templo de Júpiter, culminó el dedicado a Vespasiano y Tito, añadió el cuarto piso al Anfiteatro Flavio y el hipogeo bajo la arena.

Para proteger la agricultura de la península itálica frente a las provincias, intentó limitar el cultivo de los viñedos en éstas.

También aumentó los donativos a la plebe, resucitó los banquetes públicos y se asignaron grandes cantidades a juegos y espectáculos, creando incluso los Juegos Capitolinos, una prueba deportiva que se celebraba cada 4 años.

En cuanto a la política exterior las guerras que emprendió Domiciano fueron de defensa pues el emperador rechazaba la idea de un gran expansionismo. Su logro más importante fue el desarrollo del Limes Germanicus, una red de caminos, fortalezas y torres de vigilancias construidas a lo largo del Rin para defender la zona. Igualmente se inmiscuyó en la administración del Imperio recibiendo numerosas críticas por sus escasas dotes militares. No obstante, los soldados lo apreciaban por permanecer con ellos 3 años en campaña y por subirles un tercio el salario.

En cuanto a la política religiosa, Domiciano creía firmemente en la religión tradicional romana por lo que puso mucho empeño en recuperar las antiguas costumbres. Aunque su deidad favorita era Minerva, construyó y restauró muchos templos, algunos de ellos destinados a perpetuar la memoria de la Dinastía Flavia, como el dedicado a su padre y hermano.

Recuperó la Lex Iulia de Adulteriis Coercendis que exiliaba a los adúlteros y nuevamente se empeñó con gran diligencia en vigilar su cumplimiento.

Durante su Principado tuvo lugar un hecho muy funesto pues en el año 87 se descubrió que algunas vírgenes vestales habían roto su voto de castidad. Estas sacerdotisas durante el tiempo que durara su ministerio debían permanecer célibes consagradas a Vesta pues de eso dependía la suerte de Roma. A Domiciano no le tembló el pulso a la hora de condenar a muerte a las implicadas y, según algún autor, ordenó quemar viva a las vestales, aunque no quedó claro si había pruebas suficientes.


Muerte de una Vestal, Jean Raoux, 1727, Lille, Museo de Bellas Artes


“Castigó los desórdenes sacrílegos de las vestales, que hasta su padre y su hermano habían pasado por alto, de diversas formas y con severidad, primero con la pena capital, y después según la antigua costumbre. En efecto, permitió a las hermanas Oculata, así como a Varronila, elegir libremente el tipo de muerte que quisieran, y relegó a sus seductores; pero más tarde ordenó que Cornelia, la vestal máxima, que había sido absuelta en otro tiempo y luego, después de un largo intervalo, juzgada de nuevo y condenada, fuera enterrada viva, y sus amante azotados hasta la muerte en el Comicio” (Suetonio, Vida de Domiciano, 8, 4).

En cuanto a las religiones extranjeras se toleraban siempre que no causaran conflictos; de hecho durante la dinastía Flavia creció el culto a la religión egipcia como nunca.  Solamente hubo problemas con los judíos, que fueron muy gravados con impuestos, y con los cristianos que según algunas fuentes fueron perseguidos en época de Domiciano, que se consideraba así mismo Dominus et Deus (Señor y Dios), lo que chocaba fuertemente con la creencia de estas religiones monoteístas.

martes, 19 de enero de 2021

Semblanza de Domiciano

 

Domiciano, Siglo I d.C, París, Museo del Louvre

La historiografía clásica encabezada por Tácito, Plinio el joven, Dión Casio y Suetonio es  abiertamente hostil a Domiciano, ya que lo describen como un tirano cruel y paranoico, ubicándole entre los peores emperadores y más odiados al nivel de Calígula y Nerón.

Por su parte, la historiografía moderna, basándose en los logros de su Principado, aunque lo consideran despiadado, también lo consideran eficiente, que sigue las directrices marcadas por su padre y su hermano, aunque quitó peso político al Senado, de ahí el perfil extremadamente negativo plasmado por estos autores antiguos, porque todos pertenecían al orden senatorial, clase que perdió muchos privilegios durante los 15 años que duró el mandato de Domiciano.

Como hemos sugerido en anteriores artículos, Domiciano (nacido el 24 de octubre del año 51), tercer hijo de Vespasiano y Flavia Domitila, pasó una infancia y adolescencia difícil, lejos de su padre y hermano, viviendo en la más absoluta pobreza hasta que quedó huérfano de madre y pasó a habitar con su tío, también bastante ocupado en apoyar la carrera política de su hermano para hacerse cargo del niño. Todas estas circunstancias pueden haber moldeado un carácter inestable, pues siempre sintió celos de Tito y una sensación de abandono en relación a su padre. Así y todo, Domiciano fue instruido como cualquier niño romano en retórica, literatura, leyes y administración.


Siglo I d.C., Roma, Museos Vaticano
Fuente: De Jackknife Barlow - originally posted to Flickr as Emperor Domitian, cropped and color-adjusted by User:Steerpike, CC BY 2.0, 

Tras la muerte de Nerón en las guerras que tuvieron lugar en el año de los cuatro emperadores, Domiciano tuvo que esconderse en el Capitolio con su tío Sabino (que murió en la contienda), siendo testigo del incendio del templo. Pudo escapar por los pelos y sobrevivir gracias a que se hizo pasar por sacerdote de Isis. Se ocultó tan bien, que no lo encontraron, y sólo salió de su escondite cuando su padre Vespasiano ganó la guerra contra Vitelio y quedó como el único emperador de Roma.

Como ya hemos analizado con anterioridad, durante los Principados de su padre y hermano, a pesar de ser nombrado César, ostentó cargos meramente representativos, sin un poder real.

Es difícil hacerse una idea del carácter de Domiciano ante una historiografía tan adversa que lo definen como impetuoso, rápido a la ira, taimado, astuto, cruel, lascivo, que se definía así mismo como Dominus et Deus (Señor y Dios). Estas mismas fuentes nos dicen que en los primeros años de su gobierno mostró moderación y clemencia, afirmando que era tan aprensivo ante la vista de la sangre que estuvo a punto de prohibir los sacrificios de animales. “Apenas dio pie tampoco, ni jamás cuando era un simple particular, ni durante un tiempo siendo ya emperador, a que se sospechara de él la menor ansia de lucro ni avaricia; muy al contrario, a menudo dio importantes pruebas de desinterés e incluso de liberalidad. Trató con la mayor generosidad a todas las personas de su entorno, aconsejándolas, sobre todo, encarecidamente que evitaran cualquier actuación mezquina” (Suetonio. Vida de Domiciano, 9, 1-2).


Siglo I d.C., Munich, Gliptoteca
Fuente: De Desconocido - User:Bibi Saint-Pol, own work, 2007-02-08, Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=1981958

Los historiadores antiguos también señalan el gusto del Domiciano por la soledad y su dificultad para las relaciones emocionales, rechazando en ocasiones incluso el contacto físico, al mismo tiempo que inciden en que no sentía afecto ni confianza por casi ninguna persona. Todas estas actitudes pueden ser el fruto de su convulsa infancia.

Su obra, en cambio, nos habla de un emperador eficiente que reconstruyó Roma después de varios incendios, administró justicia atenta y celosamente, llevó a cabo importantes reformas económicas, ofreció al pueblo grandes espectáculos y puso los cimientos de lo que sería el próspero siglo II, en el que gobernaron los conocidos como “cinco buenos emperadores”.

Algo que puede haber afectado a Domiciano enormemente fue una sublevación que tuvo lugar entre los años 85 y 87 d.C.,  encabezada por Saturnino, gobernador de Germania Superior que se hizo con el mando de dos legiones y estableció una alianza con los germanos del norte del Rin para levantarse contra el emperador. Domiciano pudo resolver favorablemente la situación, gracias en parte a un golpe de suerte, pero su ánimo quedó afectado para siempre por una enfermiza obsesión por conspiraciones en su contra.


Siglo I d.C, Roma, Museos Capitolinos

Algunos historiadores han sugerido que este miedo extremo de Domiciano hacia las conjuras pudo ser causa de un trastorno psicológico. Se ha buscado incluso una explicación médica a su supuesta demencia, fundamentada en la ingestión de plomo procedente de las tuberías de las viviendas. Según mi opinión no creo que Domiciano estuviera loco ni tuviera pérdida de consciencia de la realidad. Además, otros estudios han demostrado que los romanos no ingerían más plomo que el que nosotros consumimos en la actualidad.

En conclusión, yo me adhiero a la línea de la historiografía contemporánea, de quitar importancia a la opinión de los clásicos. Pienso que Domiciano no era bonachón, amable ni sociable como su padre y su hermano, que tenía un carácter complicado, pero no por eso era un tirano ni estaba loco, pues llevó las riendas del Imperio con suma eficacia durante 15 años. Hay que reseñar que Calígula, con quien lo parangonan, sólo gobernó tres. A pesar de eso no supo hacerse querer porque al igual que él no amaba a nadie, a él tampoco lo amaban.


Reconstrucción del rostro de Domiciano por el artista canadiense Daniel Voshart a través de una app

En cuanto al aspecto físico, las fuentes describen a Domiciano como de gran estatura, muy atractivo durante su juventud, de grandes ojos. Su rostro denotaba al mismo tiempo modestia y timidez pues solía ruborizarse con frecuencia. Con la edad su aspecto físico cambió bastante debido a la gordura y a la calvicie parcial, algo que como Julio César llevaba muy mal, por lo que pasaba mucho tiempo arreglándose los cabellos. Suetonio cuenta que casi siempre iba en litera, nunca a pie y ni siquiera a caballo pues no soportaba el cansancio. En cuanto a la alimentación era frugal y sobrio. Sus mayores aficiones eran el tiro con arco y el juego de dados.

domingo, 10 de enero de 2021

Domiciano, emperador de Roma

             

Domiciano recibe a su padre. Siglo I d.C, Roma, Museo Gregoriano Profano

         Sólo un día después de la muerte de Tito, el Senado y la Guardia Pretoriana nombraron emperador a su hermano Tito Flavio Domiciano. Era el 14 de octubre del año 81 d.C. Al mismo tiempo le concedió Potestad Tribunicia, el cargo de Pontifex Maximus y los títulos de Augusto y Padre de la Patria. Domiciano tenía 30 años y apenas poseía experiencia política pues desde su presentación pública en el Triunfo sobre los judíos que celebraron su padre y hermano, a los que él seguía sobre un caballo blanco, sólo obtuvo cargos nominativos y exentos de una verdadera responsabilidad. En esa línea, a pesar de ejercer siete consulados sólo uno fue ordinario en el año 73, gracias a que se lo cedió su hermano.

No obstante, adquirió gran experiencia en relacionarse con el Senado y en las intrigas del palacio imperial. Aunque las fuentes clásicas lo definen como un tirano cruel y los historiadores antiguos le son totalmente hostiles, la historiografía moderna está revisando su figura pues su Principado duró 15 años (siendo el más largo desde el de Tiberio) y  siguió con la política que había marcado los Principados de su padre y su hermano, consiguiendo un período de prosperidad tanto económicamente como culturalmente precursores del espléndido siglo II. Domiciano se embarcó en una serie de ambiciosos proyectos que buscaban recuperar la gloria alcanzada por Augusto.


Busto de Domiciano del siglo I d.C sobre cuerpo del siglo XVIII, París, Museo del Louvre


La principal diferencia con entre Domiciano y sus predecesores Flavios fue que concentró en sus manos todos los poderes, convirtiendo al  Senado abiertamente en un mero títere, derribando la fachada falsa de democracia republicana. Eso le granjeó numerosos enemigos en esa institución. Él pensaba que el Imperio debía ser gobernado por una monarquía divina encabezada por él y se implicó personalmente en todas las ramas de la administración imperial.