lunes, 31 de octubre de 2016

Augusto en la cultura europea

              Augusto, a pesar de no ser uno de los personajes más mediáticos de la antigua Roma, es sin duda alguna una de las personalidades más influyentes de todos los tiempos.


Cartel de Mostra Augustea della Romanitá. Celebrada para celebrar el bimilenario del nacieminto de Augusto. 1937. Roma

Ya en su propia época se le consideraba como uno de los mejores gobernantes que había tenido la Ciudad Eterna, habiendo sido aceptado su sistema de gobierno sin demasiadas objeciones y, él mismo, fue tomado como modelo de buen Príncipe. De ahí que se volviera costumbre que en la fórmula para nombrar a un nuevo emperador se le deseara que fuera mejor que Trajano y más afortunado que Augusto (en referencia en la mala fortuna que tuvo a la hora de la sucesión). Aun así tenía sus detractores, como Tácito que lamenta por encima de todo el final de la República. En la actualidad es el emperador más amado por la propia Roma, que no dudó en celebrar por todo lo alto el bimilenario tanto del nacimiento como de la muerte del hombre que puso los cimientos de su eternidad.
El divino Augusto fue venerado hasta la cristianización del Imperio romano. Al haber nacido Jesucristo durante el Principado en la Edad Media se tendió a asociar la Pax Augustea con la Pax Cristiana.
También en el período moderno los políticos han tratado de buscar paralelismo entre su propio tiempo y el de Augusto: como por ejemplo el Directorio francés que surgió en Francia tras el régimen del terror de los Jacobinos durante la Revolución Francesa o Napoleón Bonaparte que se inspiraba para sus retratos heroicos en los del primer emperador.


Napoleón Bonaparte. Copia en bronce de la escultura de Antonio Cánova. Principios del siglo XIX. Pinacoteca de Brera. Milán 2009

     En el siglo XX, el nuevo fascismo italiano encendió una verdadera fiebre por Augusto, pues Mussolini pretendía devolver a Italia su preponderancia sobre el resto de las naciones restaurando el Imperio romano y recuperando el control del Mediterráneo.
En cuanto a la historiografía contemporánea, aunque en muchas ocasiones se muestra crítica antes las sombras del joven triunviro sin escrúpulos sediento de poder que no dudó en firmar las proscripciones, junto a Marco Antonio y Lépido tras el asesinato de César, en general resalta los méritos de Augusto como político y administrador cuando estuvo asentado en el poder, siendo un Padre de la Patria entregado a su pueblo y amable que dejó a su muerte los cimientos del continente europeo. Al mismo tiempo, elogia los logros de la Pax Augusta que permitió reconstruir muchos territorios devastados y fundar otros nuevos donde aún hoy brilla su legado.
En esta línea de reconocimiento, Michael H. Hart posicionó a Augusto en el puesto 18 en la clasificación de los personajes más importantes de la historia que realizó en su libro Los Cien, en el que el autor estadounidense elaboró un ranking donde se incluyen las figuras más relevantes del mundo según el número de personas en las que influyó, en qué grado, durante cuánto tiempo o cuántos de sus logros han quedado en pie. Augusto es el primer gobernante de la lista por delante de Alejandro Magno (en el puesto 33) o Julio César (en el 67), los dos únicos personajes europeos que en la antigüedad llevaron a cabo gestas parangonables a las suyas.  


Cartel de la Muestra sobre Augusto en commemoración del bimilenario de su muerte. Roma. 2014

En este blog he ido desgranando tantas otras cosas vinculadas a Augusto aún presentes en nuestras vidas: el mes de Agosto, la festividad del 15 de agosto (Ferragosto en Italia), su mención en la Evangelio de San Lucas, etc. lo que pone de manifiesto su enorme influencia dos mil años después
     Muchos fueron los artículos dedicados a mi emperador durante el año 2014 conmemorando el bimilenario de su muerte. Me quedo con el publicado por el diario El País titulado “Lecciones de Augusto para un mundo en crisis”.

http://cultura.elpais.com/cultura/2014/11/06/babelia/1415264706_716396.html

Antes de finalizar quiero una vez más expresar mi solidaridad y mi intenso amor hacia un pueblo italiano nuevamente herido por la violencia sísmica que ha vuelto a poner de rodillas los días 26 y 30 de octubre a muchas localidades del centro de Italia que han quedado devastadas. En esta ocasión, afortunadamente no ha habido víctimas mortales, pero los habitantes de Norcia, Castelluccio, Visso, Castelsantangelo sul Nera, Preci y Ussita entre otros lo han perdido todo. Los que hasta hace una semana eran unos preciosos pueblos italianos hoy sólo son montañas de escombros formadas por los cascotes de un patrimonio histórico único.
         Estos nuevos terremotos se han sentido con relativa intensidad en mi amada Roma que, aunque de manera leve, ha visto dañadas tres de sus joyas arquitectónicas: la columnata de la basílica de San Paolo Fuera le Mure, la de San Lorenzo y la cúpula de Sant'Ivo alla Sapienzza, obra del genial arquitecto barroco, Francesco Borromini. Afortunadamente a esta hora no se han apreciado daños importantes en las áreas arqueológicas de la capital, sin duda alguna las más frágiles, a la vez que las más valiosas; no obstante, en las zonas del Coliseo pendiente de restauración las fisuras ya existentes se han ampliado. Esperemos que pronto cese la mala racha y que Italia, encabezada como siempre por Roma, pueda volver a levantarse para mostrar al mundo el esplendor del legado histórico artístico más impresionante del mundo.

Grietas en los arcos del Pórtico de San Paolo

domingo, 23 de octubre de 2016

Augusto en la literatura y el cine

La figura de Augusto, a pesar de su enorme influencia en la cultura europea posterior, ha sigo desgraciadamente muy maltratada por la literatura en general y, sobre todo, por la televisión y el cine. Eso se debe esencialmente a que Augusto, dentro de su estatus de poder, era una persona de gustos normales que carecía del anhelo conquistador de Alejandro y Julio César y, al contrario que éstos, no tuvo una muerte trágica, sino que murió de anciano plácidamente en su cama. A ello se une que tampoco vivió una historia de amor épica a lo Marco Antonio y Cleopatra, ni basó su vida en la realización de atrocidades y escándalos que rodean a Calígula, Nerón o Cómodo, que son sin duda los personajes más mediáticos de la antigua Roma.
La historiografía latina nos describe al primer emperador como un hombre de su época (en la que nadie era del todo bueno o malo), es decir, justo pero con la falta de escrúpulos necesarios para sobrevivir en el sangriento mundo que le tocó vivir. La mayoría coinciden en que fue un buen  gobernante.
Ya en los inicios del siglo XVII, William Shakespeare, lo convierte en un personaje secundario en sus obras Julio César y Antonio y Cleopatra. Sobre todo en ésta última, retrata a un hombre manipulador que persigue el poder a toda costa, responsable de arruinar la historia de amor de los protagonistas. Así y todo, el poeta inglés refleja al final de la tragedia el buen corazón del aún llamado Octavio, que consiente en que los amantes reciban sepultura juntos.

Octavio. 40 a.C. Roma, Museos Capitolinos y Roddy McDowall como Octavio en Cleopatra. 1963

Este patrón es el que se ha reiterado en muchísimas ocasiones en la filmografía, en la que siempre aparece Augusto en su etapa de triunviro. Ejemplos importantes son la Cleopatra de J.L. Mankiewicz (interpretado por Roddy McDowall) o la miniserie, nuevamente sobre la reina egipcia de 1999, al que da vida Rupert Graves.

Rupert Graves como Octavio en Cleopatra, 1999

 Ya como emperador romano, tenemos en 1979 la famosísima serie Yo, Claudio, basada en las novelas de Robert Graves. Tanto en la versión televisiva como en el libro, Augusto (Brian Blessed), nuevamente un personaje secundario, se nos presenta como buen gobernante, simpático y cercano, aunque títere en manos de su esposa Livia.

Brian Blessed en Yo, Claudio, 1979

Más actual es la serie Roma (2005). En ella el personaje del Príncipe va tomando protagonismo a medida que avanzan los capítulos;  al principio es retratado como un niño que se mueve entre bambalinas (interpretado por Max Pirkis) pero poco a poco se va convirtiendo en un joven cada vez más despiadado, manipulador, frío e incluso sádico (en la segunda temporada el personaje es interpretado por Simon Woods).

El adolescente Octavio. Siglo I a.C. Roma. Museos Vaticanos y Mark PIrkis en Roma, 2005

Sólo hay una miniserie, Augusto, el primer emperador (2003) en el que el protagonista absoluto es un anciano Augusto (Peter O’toole) que recuerda a través de flashbacks los acontecimientos de su vida, centrándose sobre todo en a relación conflictiva con su hija Julia. En su juventud Octavio es interpretado por Benjamin Sadler.

Augusto Bevilacqua. Siglo I a.C. Munich, Gliptóteca (Foto propiedad de Francisco Javier Díaz Benito. 2016)
y Benjamin Sadle como Octavio en Augusto el primer emperador

Según mi opinión ninguna de estas películas o series están a la altura del personaje pues tratan de debilitar su figura para ensalzar otras, ya sea la de Marco Antonio, la de Cleopatra o incluso la de Livia. En cuanto a los actores escogidos, físicamente siempre están acorde con la descripción de Augusto que nos han legado los cronistas de la época, en especial  Suetonio: son hombres de cabellos dorados y aspecto delicado (salvo Brian Blessed que con su corpulencia nos da una imagen del emperador muy poco creíble). Sin embargo, ninguno transmite el aura y el magnetismo que le atribuyen sus biógrafos y que aún hoy podemos contemplar en sus múltiples retratos.

Simon Woods en la serie Roma, 2005 y Augusto Pontifex Maximus. Siglo I d.C., Roma, Museo de las Termas

En cuanto a la literatura moderna, hay muchas obras, algunas biográficas otras noveladas en diferentes idiomas sobre el emperador algunas más afortunadas que otras, y en muchas protagonizadas por Cleopatra o Marco Antonio vuelve a ser un secundario vil y manipulador.
De entre las biografías centradas en él, me quedo con la de Anthony Everitt (2006)  aunque de ella no me gusta el hecho que, al estilo Robert Graves, el autor acusa nuevamente a Livia de envenenar a Augusto en su lecho de muerte o la más reciente de Adrián Goldsworthy publicada en 2014 para honrar el bimilenario de la muerte del emperador.

Peter 0’toole como un anciano Augusto en Augusto el primer emperador

No obstante, sólo en la serie de novelas sobre la Antigua Roma de Colleen McCullough puedo reconocer al personaje que tanto he estudiado y a quien tanto admiro. La autora nos lo refleja como un joven tenaz que conquistó con su inteligencia y perspicacia la admiración de su tío abuelo, César, que no dudó en nombrarlo como su heredero y único hijo reconocido. También se captan las sombras del personaje, que no hay que olvidar, saltó a la primera línea política con tan sólo 17 años, soportando una carga sobre sus hombros que la mayoría de adolescentes de nuestra época sería incapaz de sobrellevar. Lástima que el relato de la escritora acabe tras la batalla de Accio. Me hubiera gustado una lectura del Principado a través de su pluma.
También aparece el personaje de Augusto en cómics como Las Águilas de Roma de Enrico Marini (2006) o Alix senator (2012) de Jacques Martin, o incluso en videojuegos como Shadow of Rome (que coprotagoniza con Agripa) o Civilization IV o V junto a César.

Las Águilas de Roma. Enrico Marini

miércoles, 12 de octubre de 2016

La Administración provincial

El Principado de Augusto supuso una prosperidad hasta ahora desconocida en las provincias, propiciada sobre todo por el final de las guerras civiles y que se puso de manifiesto esencialmente en el gran número de edificios mandados construir por el emperador en múltiples puntos del Imperio que no sólo dieron un nuevo perfil a las ciudades sino que muchos de ellos propiciaron un aumento de la calidad de vida de la población.

Imperio romano en tiempos de Augusto. 30 a.C. 6 d.C.

Por ello, la gratitud que muchas provincias sentían por el emperador ha quedado reflejada en numerosas inscripciones halladas que se expresan en el mismo tono que una datada en el año 9 a.C. descubierta en Asia transcrita por Ehrenberg y Jones, “La divina providencia que guía nuestra existencia demostró su celo y bondad al ordenar para nuestra vida el bien más perfecto, ya que nos concedió a Augusto, a quien ella llenó de virtudes para beneficio de la humanidad, pues lo empleó como salvador nuestro y de nuestros descendientes, a ese que puso fin a las guerras y aseguró la paz; César (Augusto), habiéndosenos manifestado, sobrepaso las esperanzas de todos aquellos que antes trajeron buenas nuevas, no sólo al superar a todos los benefactores que vivieron antes que él, sino también al no dejar esperanza alguna de poder superarlo a aquellos que vendrán después de él; de modo que el día del nacimiento del dios es el comienzo de todas la buenas nuevas que él trajo al mundo”.
Y es que Augusto además de reconstruir y dotar de nuevas estructuras a tantos lugares asolados por la guerra realizó algunas reformas para mejorar la administración de las provincias. La primera de ellas fue sustituir el sistema impositivo provincial por uno más justo suprimiendo la figura de los publicanos, que se quedaban con todo lo que recaudaban por encima de lo estipulado, por lo que cometían serios abusos.

Copa de Augusto recibiendo honores de los dioses y las provincias del Imperio. Tesoro de Boocoreale (cerca de Pompeya). Siglo I d.C. París. Museo del Louvre.

Otros cambios fueron la estipulación de un sueldo fijo para los gobernadores provinciales para evitar arbitrariedades así como la creación de un correo público para facilitar las comunicaciones entre las provincias y Roma. El emperador dispuso un sistema novedoso de carros y troncos a lo largo del camino para facilitar que el mismo mensajero fuera el que entregara el mensaje, siendo la información transmitida de forma más fidedigna.
Augusto también inició la práctica de juzgar casos de extorsión en las provincias no ante el corrupto tribunal público sino por el Senado, pues aunque éste órgano no estaba libre de corrupción si Augusto asistía a la sesión se podía asegurar un veredicto justo.
Hacia finales del Principado había un gran número de colonias, municipalidades romanas y comunidades latinas en muchas provincias. Éstas no estaban bajo las órdenes del gobernador aunque éste sí debe haber tenido autoridad sobre los tribunales.
Así y todo, Augusto, empeñado en respetar los conceptos republicanos, no introdujo grandes cambios en la organización de las provincias. Por ello, el mandato de los procónsules y sus legados y cuestores seguía siendo de 1 año. Del mismo modo los ex-consules, ex-pretores y cuestores continuaban obteniendo sus provincias por sorteo, aunque en casos muy concretos el emperador elegía a alguien afín al cometido a llevar a cabo en alguna de ellas.

miércoles, 5 de octubre de 2016

Política Social

                En 18 a.C., Augusto implantó sus leyes para proteger y fomentar el matrimonio, pilar de la sociedad romana, la lex Iulia de maritandis ordinibus, modificada posteriormente por la lex Papia Poppaea, ya analizadas en reseñas anteriores. Ambas tuvieron un éxito relativo.


Matrimonio entre dos ciudadanos romanos. Museo de Capodimonte

         Otro problema social era la excesiva manumisión de esclavos a través de testamentos, lo que supuso un número muy elevado de libertos en el cuerpo de ciudadanos romanos. La legislación al respecto no la propuso Augusto, sino los cónsules Fufio Gémino y Canidio Galo. La lex Fufia Caninia limitaba la manumisión testamentaria que solía ser muy injusta, pues el testador podía dar muestras de su generosidad sin que le costara nada. A partir de ahora para evitar que se sobrepasara el límite legal, en el testamento debían figurar los nombres de los esclavos.
              En cuanto a la otra forma de manumisión, la llamada inter vivos, estipulaba que ningún ciudadano menor de 20 años podía ser manumitido. Otra cláusula de la ley regulaba que todo esclavo estigmatizado por antecedentes criminales o que hubiera sido gladiador cuando era manumitido era incluido en un grupo diferente de libertos, los peregrini dediticii, los cuales se veían privados de la ciudadanía romana.

Esclavos en un mosaico romano. Siglo II d.C. Dougga. Túnez
Fuente: De Pascal Radigue - Trabajo propio, CC BY 3.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=4966082

              Como demuestran muchas anécdotas proporcionadas por sus biógrafos, Augusto no era especialmente racista, pero toda esta situación le preocupaba pues no deseaba una afluencia masiva de antiguos esclavos y provincianos dentro del estrato social destinado a los ciudadanos romanos.
            Pues Augusto, al igual que la mayoría de romanos de clase alta, creía en una sociedad estratificada según el nacimiento y la fortuna, y con un limitado grado de movilidad social. Los grupos sociales a grandes rasgos eran tres:
  • Senadores.-  Su función consistía en guiar el Estado, gobernar las provincias y liderar el ejército. Augusto fue el primero en imponer un requisito de propiedad para acceder al Senado y en sancionar oficialmente el principio hereditario, permitiendo a los hijos de los senadores vestir la banda  púrpura  en sus togas y asistir a las diferentes sesiones.

Procesión de senadores en el Ara Pacis Augustae. 13-9 a.C. Roma 2011

  • Orden equestre.- Los requisitos para pertenecer a este grupo eran: haber nacido libre, propiedad mínima de 400.000 sestercios y tener menos de 45 años. Augusto amplío este estrato social de 1.800 integrantes a alrededor de 5.000 y parece que le confirió cierto matiz militar.
                     Augusto empleó a los equites en puestos militares superiores y civiles que él mismo creó, aunque en general se consideraba al orden ecuestre como una clase de hombres de negocios y financistas.

Equites en una batalla. Detalle de Sarcófago. Siglo II d.C. Roma. Museo Nazionale Romano
Fuente:  De Desconocido - User:Folegandros (2010), CC BY-SA 3.0,

  • La Plebe.- En el último grupo social también había una jerarquía entre los nacidos libres y los libertos. Éstos últimos no podían acceder ni al Senado ni al orden ecuestre ni al servicio militar. Augusto mantuvo estas restricciones. Sí los incluyo dentro del cuerpo de vigiles y sólo los alistó en cohortes especiales durante la rebelión panonia y tras el desastre de Varo. Les puso limitaciones en el acceso a cargos públicos y también les impidió el derecho al voto. Sin embargo, no se oponía a que los libertos acaudalados conquistaran cierta relevancia social. Incluso instituyo en muchas ciudades italianas los serviri Augustales (junta anual de libertos encargada del culto de los Lares Augusti).
    Augusto distinguía en Roma dos tipos de plebe: la plebe romana (aquellos que tenían derecho a percibir gratuitamente el suministro de trigo), cuyo número ascendía a 200.000 individuos durante el Principado y la plebe urbana (unas 320.000 personas). Quizás se refiera Augusto al total de habitantes de extracción social baja que habitaban en la gran urbe.
    El emperador trataba a la plebe romana con la indulgencia desdeñosa propia de cualquier romano de clase alta. Sin embargo, no intentó con ella emular las políticas radicales de César (que envío a más de 80.000 personas a las colonias ultramar) sino que la mantuvo tranquila mediante juegos y distribuciones de dinero. El famoso Panem et circenses.

Retrato de panadero y su esposa. 20-30 d.C. Hallado en Pompeya. Nápoles. Museo Archeologico Nazionale

              Los ciudadanos de Italia por su parte florecieron mucho durante el Principado. Los campesinos, que durante siglos habían mostrado grandes signos de hostilidad, se calmaron con Augusto, pues éste creo numerosas colonias de veteranos en las provincias, siendo la mayoría de aquellos campesinos italianos sin tierras. Por otro lado el emperador favoreció muy poco la agricultura. Todo lo que hizo en este terreno fue manejar los negocios teniendo en cuenta más los intereses de los agricultores y mercaderes que los del pueblo. A esto se debe probablemente el hecho de que ordenase al praefectus annonae que comprara trigo italiano, aún cuando fuera más caro que el trigo de las provincias.

miércoles, 28 de septiembre de 2016

La Administración de justicia

Augusto no introdujo grandes cambios en el sistema judicial. Desde los tiempos de la República, los crímenes cometidos en la península italiana se juzgaban en tribunales públicos de Roma, presididos por pretores o ex ediles; el magistrado que regía estos tribunales llamaba iudes quaestionis y el veredicto era pronunciado por jurados de iudices.
      Desde el año 70 a.C., los jurados provenían de tres sectores: los senadores, los equites (ciudadanos nacido libres y poseían un capital superior a 400.000 sestercios, y los tribuni aerarii, con un capital más bajo. Este tercer grupo fue abolido por Julio César. Augusto se empeñó mucho en confeccionar las listas oficiales de los que debían participar en los jurados, encontrándose con grandes dificultades para ello. Por ese motivo, tuvo que modificar el requisito de edad bajándola desde 35 años a 30. Augusto no ejercía un control directo sobre los tribunales salvo el voto Minerva que se le adjudicó en 30 a.C. y que le permitía perdonar a quienes los tribunales habían condenado.
El Príncipe creó dos nuevos tribunales criminales compuestos por los cónsules, el Senado y el propio Augusto. Uno era el consular y otro el imperial. Éstos eran de jurisdicción voluntaria, es decir, el acusador solicitaba a los cónsules o al emperador que aceptaran las causas, y tanto Augusto como los cónsules podían negarse a ello. Este tribunal se dedicaba a juzgar delitos políticos, crímenes comunes llevados a cabo por senadores y las esposas de éstos. El tribunal imperial tenía un campo de acción más amplio.
Augusto también instauró otro tribunal criminal menor: el tribunal del prefecto de la ciudad que se ocupaba de delitos menores, en los que se veían afectados casi siempre ciudadanos humildes, extranjeros y esclavos.
Durante la República la pena de muerte había sido eliminada para los ciudadanos que cuando cometían crímenes capitales eran enviados al destierro a una ciudad extranjera, sin perder sus propiedades. En 12 d.C., Augusto recrudeció las penas; a los desterrados no se les permitía exiliarse en una ciudad en tierra firme ni en ninguna isla a menos de 50 millas de la costa, salvo Cos, Lesbos, Rodas y Cerdeña.


Augusto pretor, impàrte justicia. Siglo I a.c. París. Museo del Louvre

En las provincias la jurisdicción criminal era ejercida por el gobernador que actuaba con su consilium; el gobernador no podía aplicar un castigo capital a un ciudadano romano, sino que tenía que remitirlo a Roma. En 6 a.C. encontramos también tribunales compuestos por jurados, lo mismo que los iudicia publica creados para administrar una justicia mejor para los ciudadanos de la provincia.
       Por su parte, la justicia civil en Italia, salvo los de importancia menor juzgados por los magistrados de la ciudad, eran tratados primero por el pretor urbano de Roma, quien después de discutir el caso con los litigantes o su abogado redactaba una fórmula en la que definía los puntos legales y nombraba a uno o varios ciudadanos privados para juzgar la causa y dictar sentencia. En las provincias era el gobernador el que aceptaba la causa siguiendo el mismo procedimiento que en Italia. 



Reconstrucción de la Basílica Julia, lugar donde administraba justicia. Siglo I a.C. Roma.

       El propio Augusto ejerció jurisdicción civil en primera instancia. Parece que los que llegaban a él eran personas que no podían obtener solución de los edictos del pretor.
 Augusto también introdujo algunas novedades en relación al nombramiento de jueces, capacitados tanto para actuar en los jurados criminales como en los civiles. En 4 d.C., el emperador creó una cuarta decuria con un requisito de capital menor para juzgar causas más  insignificantes.
       En cuanto a las formas de apelación, existía una muy arcaica: el litigante podía alegar ante el tribuno de la plebe. o ante un magistrado de igual o superior puesto. En las provincias la única forma de alegar era solicitar la revocatio Romae. Y es en esta parcela en la que encontramos la modificación más importante que Augusto introdujo en el sistema judicial: a partir de ahora podía apelarse no sólo ante los magistrados, sino ante los iudices privati, tanto en Italia como en las provincias. La mayoría de alegaciones se hacían ante el propio Príncipe, aunque cuando llegaron a aumentar considerablemente, tuvo que delegar en otros. Augusto consiguió así remediar muchas injusticias y modificar muchas sentencias erróneas.

miércoles, 21 de septiembre de 2016

Política Financiera del Principado

Augusto reorganizó la administración financiera del imperio Romano. En las Res Gestae Divi Augusti aporta abundante información sobre cuánto gastó en fines públicos, puntualizando que en muchas ocasiones usó su propio dinero para ello. En su autobiografía asegura que además de los numerossos edificios que mandó construir, de los juegos que patrocinó y de las donaciones realizadas para ayudar a ciudades que habían sido devastadas por el fuego o terremotos, gastó 2.400 millones de sestercios (unos 3.000 millones de euros) en la plebe romana, en el licenciamiento de soldados y en ingresos al tesoro. Hay que recordar que su inmensa riqueza personal provenía de lo heredado de la gens Octavia junto a la de su padre adoptivo, César. A ello se suman los cuantiosos legados y herencias donados a su nombre por hombres ricos. Del mismo modo creó el ficus Caesaris (un tesoro público controlado exclusivamente por el emperador.

Augusto como magistrado. Siglo I d.C. París. Museo del Louvre

Sus Reformas económicas tuvieron una gran influencia sobre el éxito posterior del Imperio. Además de fijar un sueldo estable para los soldados asignó igualmente un salario para los senadores y también para el resto de magistrados, creando de alguna manera una administración pública dependiente del Estado.
Hizo que una gran parte del territorio del Imperio romano pasase a estar bajo control e imposición directa de Roma. La medida aumentó considerablemente los ingresos que Roma percibía de los territorios conquistados regularizando el flujo entre la capital y las provincias. Por otro lado pretendía que las riquezas fueran equitativamente repartidas con las provincias, para que éstas pudieran sentirse parte del Imperio y no población sometida.
Por otro lado, abolió los antiguos impuestos: el stipendium (contribución fija y arbitraria), el diezmo y los derechos de pastoreo. Creo otros nuevos como el aerarium militare (para afrontar el licenciamiento de los soldados).
 Los tributos en época de Augusto iban en función del censo de población, con cuotas fijas para cada provincia en función del número de habitantes. Los ciudadanos de Roma e Italia pagaban impuestos indirectos, mientras que las provincias pagaban impuestos directos. Había dos impuestos: el tributum capitis (pagado en algunas provincias por todos los adultos, y otras sólo por los varones) y el tributus soli (impuesto sobre las tierras y otros bienes materiales).
Otra reforma importante fue la abolición del sistema privado de recolección de impuestos que ejercían los publicanos (contratistas privados que habían llegado a acumular suficiente poder para influir en política) que sería reemplazado por un sistema público de carácter funcionarial de recaudadores de impuestos. Los publicanos se quedaban con todo lo que pudieran recaudar por encima de lo establecido, por lo que al eliminarlos Augusto creó un sistema más justo y regularizado, aunque siguieron existiendo otros impuestos como los derechos de aduana, más imprevisibles.
A su vez, en las provincias adjudicó un sueldo fijo a los gobernadores para evitar los abusos.

Rutas comerciales en la Antigua Roma

Del mismo modo, promovió el renacimiento del comercio y de la industria a través de la unificación del área mediterránea, acabando por completo con la piratería y mejorando la seguridad a lo largo de las fronteras y en las provincias. A ello contribuyó también la creación de una red viaria con un gran nivel de manutención pues su cuidado era llevado a cabo por generales que debían restaurarla con la plata de su botín, lo que dio lugar al origen de los curatores viarum, repartidos por Italia y en las provincias.
Asimismo, instauró nuevos puertos comerciales y novedosas infraestructuras en los mismo como faros, muelles, etc. Financió también excavación de canales y exploraciones a tierras lejanas, a veces de carácter militar y otras veces comercial. 
Igualmente, entre los años 23 y 15 a.C. reorganizó el sistema monetario, fijando la distribución de la moneda áurea en 25 denarios de plata y en 100 sestercios, lo que permaneció casi inalterable durante dos siglos.


Áureo de época de Augusto

Resulta incierto confirmar si Augusto rendía cuentas de las asignaciones recibidas. Constitucionalmente no tenía obligación de hacerlo, pero si damos fe a las palabras de Suetonio probablemente lo haría: "Cayo (Calígula) publicaba las cuentas que Augusto solía hacer públicas, pero que Tiberio dejó de hacer conocer" (Vida de Calígula, 16,1).

miércoles, 14 de septiembre de 2016

La guardia pretoriana


Guardia pretoriana. Relieve de la columna de Trajano. 114 d.C. Roma.


          La guardia pretoriana era la unidad de élite del ejército romano. Aunque ya existía en tiempos de la República como escolta de algunos líderes militares, fue creada de manera permanente por Augusto en torno al año 27 a.C. a partir 9 cohortes, formada cada una por 480 hombres más unos 100 jinetes llamados equites pretoriani. Se encargaban principalmente de custodiar al emperador, tanto dentro de la ciudad de Roma como en los viajes que éste realizaba. En el siglo II d.C. se aumentó a mil el número de integrantes de cada cohorte.
Los guardias pretorianos tenían muchas más ventajas que el resto de los legionarios de ahí que muchos quisieran ingresar en sus filas. No sólo el sueldo era superior (a finales del gobierno de Augusto un pretoriano cobraba 3.000 sestercios frente a los 900 que cobrara un legionario) sino que ingresaban numerosos donativos extraordinarios tanto cuando se nombraba un nuevo emperador como por campañas victoriosas o celebraciones especiales. Por ejemplo, en su testamento Augusto legó 1.000 sestercios a cada pretoriano frente a los 300 que dejó a cada legionario.


Recreación de un pretoriano del Siglo I
Fuente: De Greatbeagle - Trabajo propio, CC BY 3.0, 

Además, al estar acuartelados en Roma los pretorianos no tenían que pagar el suministro de trigo, que sí se detraía del estipendio del legionario. Igualmente, a los pretorianos se les proporcionaban sus armas y al cuerpo de caballería, incluso los caballos y el alimento para éstos, sin coste alguno. También los años de servicio eran menores, 16 en lugar de 20, y gozaban de ventajas judiciales tales como derecho a ser juzgados dentro de su campamento y el derecho de juicios más rápidos cuando eran ellos los demandantes. Asimismo, al jubilarse recibían tierras libres de impuestos o una cantidad de dinero que en el año 6 d.C. Augusto estipuló en 20.000 sestercios.


Estela funeraria del pretoriano Pomponio Próculo. L’Aquila. Museo Nacional de los Abruzzo

Sin embargo, al igual que los legionarios los pretorianos debían ingresar una parte de su sueldo en las arcas de la unidad, así como la mitad de los donativos recibidos, que posteriormente se le devolvían cuando se licenciaban. Del mismo modo tenían prohibido el matrimonio legal durante los años de servicio.
Los candidatos a guardia pretoriano debían ser ciudadanos romanos entre 17 y 20 años, ostentar una buena forma física y una altura mínima de 1,75 metros, aunque era imprescindible una buena carta de recomendación. Hasta el siglo II d.C. los reclutas procedían principalmente de la parte central y septentrional de Italia, de Hispania, Macedonia y Nórico. A partir del siglo III los pretorianos se reclutaban entre los soldados de las legiones acantonadas en las fronteras del Imperio.



Guardia pretoriana. Relieves del arco de Claudio. Siglo I d.C. París. Museo del Louvre

A su mando estaban normalmente dos prefectos del pretorio, que pertenecían generalmente al orden de los caballeros, con gran experiencia militar. Esta figura llegó a acumular mucha influencia y poder, convirtiéndose en ocasiones en los principales consejeros del emperador, como Lucio Elio Sejano con Tiberio o Sexto Afranio Burro primero y Cayo Ofonio Tigelino después con Nerón. Del mismo modo se convirtieron a veces en figuras determinante a la hora de nombrar un nuevo emperador como el caso de Nevio Sutorio Macrón que ayudó a Calígula en su ascenso al poder o el famosísimo caso de Claudio investido emperador por la guardia pretoriana a pesar de la oposición del Senado que ansiaba regresar a la República.
Los pretorianos vivían en el Castra Praetoria, que en tiempos de Tiberio, en el 23 d.C. se trasladó a uno de los lugares más altos del noreste de Roma en las cercanías del monte Viminal. Estaba rodeado por murallas de 3,5 metros de altura jalonadas por torres con una capacidad para 12.000 hombres. Delante del campamento había un campo de entrenamiento que servía también para ceremonias religiosas y desfiles militares.



 Porta Praetoria. Restos de la Castra Praetoria. Siglo I d.C. Roma
Fuente: De No machine-readable author provided. Joris assumed (based on copyright claims). - No machine-readable source provided. Own work assumed (based on copyright claims)., Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=768457

Una vez superado el entrenamiento, el pretoriano tendría que asumir las múltiples funciones derivadas de su puesto. La principal de éstas era la protección del emperador tanto en su palacio como en sus desplazamientos. Cada día una cohorte con sus centuriones y tribuno al mando se dirigía hasta el Palatino. Durante el servicio en Palacio los pretorianos vestían una toga, en cuyos pliegues llevaba una daga oculta. También acompañaban al César en sus desplazamientos fuera de Roma, incluso de enviaba un destacamento que fuera por delante para explorar la ruta. Acompañaban incluso al emperador en su viaje fúnebre. Por ejemplo, el cuerpo de Augusto fue trasladado hasta las puertas de Roma por 40 pretorianos.
No obstante, la guardia pretoriana era también una verdadera fuerza militar. El emperador cuando entraba en campaña les ordenaba acompañarlo o enviaba un destacamento para guiar sus pasos.
De los vestigios arqueológicos se desprende que el equipamiento de los pretorianos era similar al del resto de legionarios si bien llevaban motivos específicos en sus escudos como el rayo alado, la luna, las estrellas o el escorpión, signo zodiacal de Tiberio. Sus portaestandartes llevaban enseñas con las efigies de los diferentes emperadores y eran cubiertos por una piel de león.


Estandarte de la guardia pretoriana