domingo, 31 de enero de 2021

El Principado de Domiciano

 

Domiciano, Siglo I d.C, Roma, Museos Capitolinos

Domiciano concentró en sus manos todos los poderes, despojando al Senado de su capacidad política. Su papel como emperador abarcaba todos los aspectos de la vida cotidiana, la cultura e incluso pretendía convertirse en el referente moral del Imperio. El emperador se implicó personalmente en todas las ramas de la administración imperial y debido a su tendencia a sospechar de todos consiguió que la corrupción entre los gobernadores provinciales  y funcionarios electos fuera mínima. Esa escrupulosidad también la aplicó en el nombramiento de cargos públicos donde, contrariamente a su padre y hermano, no usó a familiares sino a hombres de confianza de valor demostrado. Sus consejeros eran un pequeño grupo de asesores y caballeros a los que concedió importantes magistraturas; éstos sustituyeron a los libertos en los altos cargos de la administración imperial.

Domiciano permaneció largos períodos fuera de Roma, por lo que el poder se trasladaba dónde él se encontrara. De hecho la Corte Imperial sólo se estableció en Roma cuando se culminó el Palacio Flavio, la Domus Augustana, en el Palatino.


Domus Augustana, Roma, 2018


La tendencia del emperador a supervisarlo todo también se hizo palpable en la economía, dejando las arcas del estado saneadas al fin de su Principado, a pesar de las grandes inversiones que hizo en su política constructora. Las monedas acuñadas durante su Principado son de una gran calidad, constituyendo verdaderas obras de arte.

Se estipula que durante esta época los ingresos anuales de la administración imperial rondaban los 1200 millones de sestercios, destinados en gran parte al mantenimiento del ejército y a la reconstrucción de Roma, muy maltratada tras los incendios y las luchas de poder. Más de 50 edificios fueron restaurados o construidos en época Domiciano, número sólo superado por Augusto. Entre ellos destacan el Arco de Tito, un Estadio y un suntuoso Palacio en la colina palatina. Al mismo tiempo, restauró el Templo de Júpiter, culminó el dedicado a Vespasiano y Tito, añadió el cuarto piso al Anfiteatro Flavio y el hipogeo bajo la arena.

Para proteger la agricultura de la península itálica frente a las provincias, intentó limitar el cultivo de los viñedos en éstas.

También aumentó los donativos a la plebe, resucitó los banquetes públicos y se asignaron grandes cantidades a juegos y espectáculos, creando incluso los Juegos Capitolinos, una prueba deportiva que se celebraba cada 4 años.

En cuanto a la política exterior las guerras que emprendió Domiciano fueron de defensa pues el emperador rechazaba la idea de un gran expansionismo. Su logro más importante fue el desarrollo del Limes Germanicus, una red de caminos, fortalezas y torres de vigilancias construidas a lo largo del Rin para defender la zona. Igualmente se inmiscuyó en la administración del Imperio recibiendo numerosas críticas por sus escasas dotes militares. No obstante, los soldados lo apreciaban por permanecer con ellos 3 años en campaña y por subirles un tercio el salario.

En cuanto a la política religiosa, Domiciano creía firmemente en la religión tradicional romana por lo que puso mucho empeño en recuperar las antiguas costumbres. Aunque su deidad favorita era Minerva, construyó y restauró muchos templos, algunos de ellos destinados a perpetuar la memoria de la Dinastía Flavia, como el dedicado a su padre y hermano.

Recuperó la Lex Iulia de Adulteriis Coercendis que exiliaba a los adúlteros y nuevamente se empeñó con gran diligencia en vigilar su cumplimiento.

Durante su Principado tuvo lugar un hecho muy funesto pues en el año 87 se descubrió que algunas vírgenes vestales habían roto su voto de castidad. Estas sacerdotisas durante el tiempo que durara su ministerio debían permanecer célibes consagradas a Vesta pues de eso dependía la suerte de Roma. A Domiciano no le tembló el pulso a la hora de condenar a muerte a las implicadas y, según algún autor, ordenó quemar viva a las vestales, aunque no quedó claro si había pruebas suficientes.


Muerte de una Vestal, Jean Raoux, 1727, Lille, Museo de Bellas Artes


“Castigó los desórdenes sacrílegos de las vestales, que hasta su padre y su hermano habían pasado por alto, de diversas formas y con severidad, primero con la pena capital, y después según la antigua costumbre. En efecto, permitió a las hermanas Oculata, así como a Varronila, elegir libremente el tipo de muerte que quisieran, y relegó a sus seductores; pero más tarde ordenó que Cornelia, la vestal máxima, que había sido absuelta en otro tiempo y luego, después de un largo intervalo, juzgada de nuevo y condenada, fuera enterrada viva, y sus amante azotados hasta la muerte en el Comicio” (Suetonio, Vida de Domiciano, 8, 4).

En cuanto a las religiones extranjeras se toleraban siempre que no causaran conflictos; de hecho durante la dinastía Flavia creció el culto a la religión egipcia como nunca.  Solamente hubo problemas con los judíos, que fueron muy gravados con impuestos, y con los cristianos que según algunas fuentes fueron perseguidos en época de Domiciano, que se consideraba así mismo Dominus et Deus (Señor y Dios), lo que chocaba fuertemente con la creencia de estas religiones monoteístas.

martes, 19 de enero de 2021

Semblanza de Domiciano

 

Domiciano, Siglo I d.C, París, Museo del Louvre

La historiografía clásica encabezada por Tácito, Plinio el joven, Dión Casio y Suetonio es  abiertamente hostil a Domiciano, ya que lo describen como un tirano cruel y paranoico, ubicándole entre los peores emperadores y más odiados al nivel de Calígula y Nerón.

Por su parte, la historiografía moderna, basándose en los logros de su Principado, aunque lo consideran despiadado, también lo consideran eficiente, que sigue las directrices marcadas por su padre y su hermano, aunque quitó peso político al Senado, de ahí el perfil extremadamente negativo plasmado por estos autores antiguos, porque todos pertenecían al orden senatorial, clase que perdió muchos privilegios durante los 15 años que duró el mandato de Domiciano.

Como hemos sugerido en anteriores artículos, Domiciano (nacido el 24 de octubre del año 51), tercer hijo de Vespasiano y Flavia Domitila, pasó una infancia y adolescencia difícil, lejos de su padre y hermano, viviendo en la más absoluta pobreza hasta que quedó huérfano de madre y pasó a habitar con su tío, también bastante ocupado en apoyar la carrera política de su hermano para hacerse cargo del niño. Todas estas circunstancias pueden haber moldeado un carácter inestable, pues siempre sintió celos de Tito y una sensación de abandono en relación a su padre. Así y todo, Domiciano fue instruido como cualquier niño romano en retórica, literatura, leyes y administración.


Siglo I d.C., Roma, Museos Vaticano
Fuente: De Jackknife Barlow - originally posted to Flickr as Emperor Domitian, cropped and color-adjusted by User:Steerpike, CC BY 2.0, 

Tras la muerte de Nerón en las guerras que tuvieron lugar en el año de los cuatro emperadores, Domiciano tuvo que esconderse en el Capitolio con su tío Sabino (que murió en la contienda), siendo testigo del incendio del templo. Pudo escapar por los pelos y sobrevivir gracias a que se hizo pasar por sacerdote de Isis. Se ocultó tan bien, que no lo encontraron, y sólo salió de su escondite cuando su padre Vespasiano ganó la guerra contra Vitelio y quedó como el único emperador de Roma.

Como ya hemos analizado con anterioridad, durante los Principados de su padre y hermano, a pesar de ser nombrado César, ostentó cargos meramente representativos, sin un poder real.

Es difícil hacerse una idea del carácter de Domiciano ante una historiografía tan adversa que lo definen como impetuoso, rápido a la ira, taimado, astuto, cruel, lascivo, que se definía así mismo como Dominus et Deus (Señor y Dios). Estas mismas fuentes nos dicen que en los primeros años de su gobierno mostró moderación y clemencia, afirmando que era tan aprensivo ante la vista de la sangre que estuvo a punto de prohibir los sacrificios de animales. “Apenas dio pie tampoco, ni jamás cuando era un simple particular, ni durante un tiempo siendo ya emperador, a que se sospechara de él la menor ansia de lucro ni avaricia; muy al contrario, a menudo dio importantes pruebas de desinterés e incluso de liberalidad. Trató con la mayor generosidad a todas las personas de su entorno, aconsejándolas, sobre todo, encarecidamente que evitaran cualquier actuación mezquina” (Suetonio. Vida de Domiciano, 9, 1-2).


Siglo I d.C., Munich, Gliptoteca
Fuente: De Desconocido - User:Bibi Saint-Pol, own work, 2007-02-08, Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=1981958

Los historiadores antiguos también señalan el gusto del Domiciano por la soledad y su dificultad para las relaciones emocionales, rechazando en ocasiones incluso el contacto físico, al mismo tiempo que inciden en que no sentía afecto ni confianza por casi ninguna persona. Todas estas actitudes pueden ser el fruto de su convulsa infancia.

Su obra, en cambio, nos habla de un emperador eficiente que reconstruyó Roma después de varios incendios, administró justicia atenta y celosamente, llevó a cabo importantes reformas económicas, ofreció al pueblo grandes espectáculos y puso los cimientos de lo que sería el próspero siglo II, en el que gobernaron los conocidos como “cinco buenos emperadores”.

Algo que puede haber afectado a Domiciano enormemente fue una sublevación que tuvo lugar entre los años 85 y 87 d.C.,  encabezada por Saturnino, gobernador de Germania Superior que se hizo con el mando de dos legiones y estableció una alianza con los germanos del norte del Rin para levantarse contra el emperador. Domiciano pudo resolver favorablemente la situación, gracias en parte a un golpe de suerte, pero su ánimo quedó afectado para siempre por una enfermiza obsesión por conspiraciones en su contra.


Siglo I d.C, Roma, Museos Capitolinos

Algunos historiadores han sugerido que este miedo extremo de Domiciano hacia las conjuras pudo ser causa de un trastorno psicológico. Se ha buscado incluso una explicación médica a su supuesta demencia, fundamentada en la ingestión de plomo procedente de las tuberías de las viviendas. Según mi opinión no creo que Domiciano estuviera loco ni tuviera pérdida de consciencia de la realidad. Además, otros estudios han demostrado que los romanos no ingerían más plomo que el que nosotros consumimos en la actualidad.

En conclusión, yo me adhiero a la línea de la historiografía contemporánea, de quitar importancia a la opinión de los clásicos. Pienso que Domiciano no era bonachón, amable ni sociable como su padre y su hermano, que tenía un carácter complicado, pero no por eso era un tirano ni estaba loco, pues llevó las riendas del Imperio con suma eficacia durante 15 años. Hay que reseñar que Calígula, con quien lo parangonan, sólo gobernó tres. A pesar de eso no supo hacerse querer porque al igual que él no amaba a nadie, a él tampoco lo amaban.


Reconstrucción del rostro de Domiciano por el artista canadiense Daniel Voshart a través de una app

En cuanto al aspecto físico, las fuentes describen a Domiciano como de gran estatura, muy atractivo durante su juventud, de grandes ojos. Su rostro denotaba al mismo tiempo modestia y timidez pues solía ruborizarse con frecuencia. Con la edad su aspecto físico cambió bastante debido a la gordura y a la calvicie parcial, algo que como Julio César llevaba muy mal, por lo que pasaba mucho tiempo arreglándose los cabellos. Suetonio cuenta que casi siempre iba en litera, nunca a pie y ni siquiera a caballo pues no soportaba el cansancio. En cuanto a la alimentación era frugal y sobrio. Sus mayores aficiones eran el tiro con arco y el juego de dados.

domingo, 10 de enero de 2021

Domiciano, emperador de Roma

             

Domiciano recibe a su padre. Siglo I d.C, Roma, Museo Gregoriano Profano

         Sólo un día después de la muerte de Tito, el Senado y la Guardia Pretoriana nombraron emperador a su hermano Tito Flavio Domiciano. Era el 14 de octubre del año 81 d.C. Al mismo tiempo le concedió Potestad Tribunicia, el cargo de Pontifex Maximus y los títulos de Augusto y Padre de la Patria. Domiciano tenía 30 años y apenas poseía experiencia política pues desde su presentación pública en el Triunfo sobre los judíos que celebraron su padre y hermano, a los que él seguía sobre un caballo blanco, sólo obtuvo cargos nominativos y exentos de una verdadera responsabilidad. En esa línea, a pesar de ejercer siete consulados sólo uno fue ordinario en el año 73, gracias a que se lo cedió su hermano.

No obstante, adquirió gran experiencia en relacionarse con el Senado y en las intrigas del palacio imperial. Aunque las fuentes clásicas lo definen como un tirano cruel y los historiadores antiguos le son totalmente hostiles, la historiografía moderna está revisando su figura pues su Principado duró 15 años (siendo el más largo desde el de Tiberio) y  siguió con la política que había marcado los Principados de su padre y su hermano, consiguiendo un período de prosperidad tanto económicamente como culturalmente precursores del espléndido siglo II. Domiciano se embarcó en una serie de ambiciosos proyectos que buscaban recuperar la gloria alcanzada por Augusto.


Busto de Domiciano del siglo I d.C sobre cuerpo del siglo XVIII, París, Museo del Louvre


La principal diferencia con entre Domiciano y sus predecesores Flavios fue que concentró en sus manos todos los poderes, convirtiendo al  Senado abiertamente en un mero títere, derribando la fachada falsa de democracia republicana. Eso le granjeó numerosos enemigos en esa institución. Él pensaba que el Imperio debía ser gobernado por una monarquía divina encabezada por él y se implicó personalmente en todas las ramas de la administración imperial.

domingo, 20 de diciembre de 2020

Reabre el Mausoleo de Augusto

 


Nos vamos acercando lentamente al final de un año aciago en el que la pandemia que ha devastado nuestra forma de vida y mentalidad, ha supuesto también un parón en muchas excavaciones arqueológicas y restauraciones de monumentos; no obstante, 2020 acaba con la mejor de las noticias: después de 14 años y un gran número de vicisitudes, el 18 de diciembre la alcaldesa de Roma Virginia Raggi ha anunciado a los pies del Ara Pacis Augustae que el 1 de marzo de 2021 se reabrirá al público el Mausoleo de Augusto como “un regalo que devolvemos a Roma, a Italia y al mundo entero”.

Las obras, que comenzaron en 2017, gracias a la colaboración entre el sector público y Tim Italia, permitirán las visitas al que aún hoy es el monumento funerario circular más grande del mundo, lugar de enterramiento de Augusto y muchos miembros de la familia imperial. Estas visitas serán previa reserva, que podrán ya efectuarse a partir del próximo lunes 21 de diciembre a través de la web www.mausoleodiaugusto.it. Desde su apertura hasta el 21 de abril (día del nacimiento de Roma) la visita será gratuita, algo que continuará así para los residentes en Roma durante todo el año 2021.




Aunque la rehabilitación ha sido a veces cuestionada por el uso de materiales modernos, supone el inicio de la recuperación de una zona de Roma bastante abandonada desde hace años, pues lleva implícita la de la Piazza Augusto Imperatore que lo rodea. El Ayuntamiento romano prevé modernizar con jardines y un nuevo diseño urbanístico toda el área y exponer los restos hallados; incluso se pretende permitir el acceso a una cavidad con ábsides recientemente localizada. La restauración de la plaza está prevista que finalice a finales de 2024, 2010 años después que fuese sepultado el fundador del Imperio y Padre de la Patria.

Después de la primera fase de conservación del monumento se pasó a la fase de valorización con la restauración del complejo. Y no sólo eso, sino también se ha realizado una completa musealización del edificio a partir de contenidos digitales que harán hincapié en la historia e importancia histórica del Mausoleo.

Precisamente el 16 de diciembre de 2013 hace ya 7 años publiqué mi primera entrada de este blog dedicado a Augusto y su obra con el único objetivo de conmemorar el bimilenario de su muerte, que tendría lugar el 19 de agosto del año 2014. En el puente de la Inmaculada de ese año 2013, me desplacé hasta Roma para visitar la gran exposición que se organizó en honor del primer emperador romano, viaje que aproveché en exclusiva para explorar en profundidad la Roma de Augusto. Aún recuerdo como en silencio ante un Mausoleo en total abandono reflexioné unos instantes sobre la obra del Príncipe y sobre el anhelo de poder volver a rendirle pleitesía en su lugar de último reposo como ya hice en el año 2005. Hoy ese sueño es una realidad y cuando la pandemia me lo permita volveré a Roma y al Mausoleo con la plena satisfacción de saber que toda la obra de Augusto está a salvo y que él sigue siendo el amo de Roma, su segundo fundador, pues aún hoy es imposible desligar los nombres de Augusto y Roma, pues ambos caminan juntos en la eternidad.

Fuentewww.lavanguardia.com

Fuentewww.artribune.com


Augusto de Prima Porta, Siglo I d.C., Roma, Museos Vaticanos

Con la imagen victoriosa e inmortal de Augusto quiero desear una Feliz Navidad y un Próspero año 2021 a todos los lectores de este blog. Esperemos que el año nuevo suponga el final de la pandemia y que podamos recuperar nuestra normalidad. Igual que el Príncipe, a pesar de todos los sinsabores de su vida dejó el legado más impresionante que ha podido dejar un gobernante, nosotros también saldremos de ésta más fuertes y con más ganas de disfrutar cada momento que la vida nos brinde.




miércoles, 16 de diciembre de 2020

Tito y Domiciano

 

Moneda que muestra a Vespasiano en el anverso y a Tito y Domiciano en el reverso

La relación de Tito y Domiciano viene en gran parte marcada por la diferencia de edad entre los dos. Cuando el segundo nació, Tito tenía 12 años y había asumido la toga virilis dejando atrás su infancia. Por lo que tanto Vespasiano como Tito, volcados en el Cursus Honorum del Pater Familiae, no dedicaron mucho tiempo a la educación del pequeño, que se crio en una relativa pobreza, lejos de cualquier autoridad paterna. Huérfano de madre a muy tierna edad y alejado de sus familiares más cercanos, Domiciano quedó al cuidado de su tío paterno Tito Flavio Sabino, que también se hallaba muy ocupado ayudando a la carrera política de su hermano.

Así, que mientras Tito y Vespasiano triunfaban en Judea, Domiciano intentaba sobrevivir en Roma esquivando a los enemigos de su padre. Y cuando Vespasiano asumió la púrpura, a pesar de que éste nombró Césares a los dos, Tito actuaba de co-emperador mientras que a Domiciano, debido a su juventud, sólo se le otorgaron cargos nominales, con ninguna función importante detrás, aunque le sirvieron para adquirir experiencia en política y en las relaciones con el Senado.


Domiciano. Siglo XVII-XVII, Madrid, Museo del Prado

Las fuentes antiguas ponen de manifiesto una gran animadversión de Domiciano hacia Tito, que le llevó incluso a conspirar contra él, a pesar de que Tito se empeñaba en proteger y demostrar afecto a su hermano pequeño. “[Tito] a pesar de que su hermano no cesaba de conspirar contra él e incluso, casi sin disimulo, soliviantaba a los ejércitos y preparaba la huida, no fue capaz de matarle ni relegarle, ni tan siquiera de rebajar sus honores, sino que, como había hecho desde el primer día de su Imperio, continuó declarándole compañero y sucesor suyo, pidiéndole a veces, cuando se hallaban solos, entre súplicas y lágrimas, que consintiera al fin en corresponder a su afecto” (Suetonio. Vida del divino Tito, 9, 3).

Dión Casio recoge que tras la muerte de Tito (que algunos historiadores clásicos atribuyen a Domiciano por omisión de socorro o participación activa) el nuevo emperador se empeñó en boicotear todo lo que era cercano a Tito: persiguió y llevó a la ruina a sus amigos y a los de Vespasiano. “Él [Domiciano] los odiaba porque no le habían concedido todos sus numerosas e irrazonables exigencias, así como haber ostentado algún honor, pues consideraba enemigo suyo a cualquiera que hubiera disfrutado de algún aprecio fuera de lo común de su padre o de su hermano” (Historia Romana, LXVII, 2). También continúa Dión Casio diciendo que Domciano aunque proclamaba entre lágrimas su amor por su hermano y lloraba su muerte, abolió las carreras de caballos que conmemoraban el cumpleaños de Tito e incluso planeó la muerte de su esposa (supuesta amante de Tito).

De los escritos de estos mismos escritores se deduce que Tito protegía a su hermano y deseaba a toda costa ganarse el afecto de Domiciano. Suetonio señala nuevamente que de los seis consulados que ejerció Domiciano, “sólo uno fue ordinario, y eso porque su hermano se lo cedió y le prestó su apoyo” (Vida de Domiciano, 2,1).

Así, tanto Suetonio como Dión Casio reflejan que mientras que Tito quería y protegía a su hermano pequeño, por el que sentía cierta debilidad debido a su dura infancia (de la que puede intuirse que de alguna manera sentía cierta culpabilidad), Domiciano se movía por la envidia y los celos hacia su hermano mayor, habiendo sido partícipe de una u otra forma de su muerte. De todas maneras estos dos historiadores junto con Plinio el joven eran totalmente hostiles a Domiciano, por lo que es difícil de separar la verdad de la exageración.


Tito, Siglo I d.C, Roma, Museos Vaticano

Es cierto que entre los dos hermanos no podía haber un amor fraternal intenso ni una gran confianza pues apenas se conocían ni habían compartido experiencias juntos, pero otra lectura diferente nos la dan los vestigios arqueológicos. Éstos nos dicen (igual que las fuentes escritas) que una de las primeras intervenciones de Domiciano como emperador fue nombrar dios a Tito. En este caso no necesitaba reforzar su imagen como hermano de un dios pues ya era hijo de un dios.

Por otro lado, el lugar que ha inmortalizado la memoria de Tito, más que ningún otro, sigue en pie en el Foro romano recordando las gestas del malogrado emperador y no es otro que el arco que lleva su nombre. Aunque quizás se empezará a construir durante el Principado de Tito fue culminado e inaugurado por Domiciano. La inscripción va completamente dedicada a Tito: “El Senado y el pueblo de Roma al divino Tito, hijo del Divino Vespasiano, Vespasiano Augusto”. No aparece en ella ninguna referencia a Domiciano, que podía haberla llevado porque él la ordenó y era muy común en la antigüedad que los gobernantes borraran la memoria de sus antecesores o se quisieran atribuir gestas de otros. Asimismo, el Templo que se estaba construyendo en el Foro para honrar a su padre, fue dedicado a los divinos Vespasiano y Tito.


Arco de Tito, 81 d.C., Roma, 2018

Según mi opinión, estos dos últimos testimonios hablan más alto que cualquier opinión subjetiva de algún escritor, e indican que a pesar de que Domiciano no sintiera por Tito un gran amor,  honró su muerte y su obra como un buen hermano. Al mismo tiempo, quitan peso a los rumores de su participación en la muerte de Tito, que los mismos historiadores antiguos no son capaces de confirmar, al igual que la supuesta relación ilícita entre Tito y su cuñada que el mismo Suetonio pone en duda diciendo que “Domicia juraba por lo más sagrado que no había tenido ninguna relación con él; y no la habría negado, caso de haber existido, antes bien, se habría jactado de ella, como solía hacer sin el menor reparo en todos los escándalos que protagonizaba” (Vida del divino Tito, 10, 2).


Detalle de la inscripción del Arco de Tito, Roma, 2011

domingo, 6 de diciembre de 2020

La muerte de Tito

             “Murió en la misma casa de campo que su padre, en los idus de septiembre, dos años, dos meses y veinte días, después de haberlo sucedido a los 42 años de edad. Cuando se divulgó la noticia, todo el mundo se lamentó públicamente como habría hecho en caso de haber perdido un familiar, el Senado corrió a la curia sin esperar a ser convocado por un edicto, y, mientras las puertas estaban aún cerradas, y luego cuando fueron abiertas, tributó al difunto tantas muestras de gratitud y lo colmó de tantas alabanzas como nunca le había dedicado estando vivo y en su presencia”.

Suetonio. Vida del Divino Tito, 11

 

Tito, siglo I d.C., Munich, Gliptoteca
Fuente: De Desconocido - User:Bibi Saint-Pol, own work, 2007-02-08, Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=1888196

Al finalizar los juegos de inauguración del Coliseo, Tito dedicó el Anfiteatro junto con unas termas que llevaban su nombre al pueblo romano. Acto seguido partió de viaje, alojándose en la misma villa donde murió su padre en Reate. Cayó enfermo durante la travesía por lo que hubo de ser trasladado en litera hasta la casa de campo, y a los pocos días murió a causa de unas fiebres. Era el 13 de septiembre del año 81 d.C., y contaba sólo con 42 años de edad.

A pesar de que casi todo el mundo acepta la muerte de Tito debida a causas naturales, los historiadores no han dejado de especular sobre la causa de la enfermedad que contrajo y sobre el hecho de si su hermano Domiciano estuvo implicado de alguna manera en la muerte. Algún escritor antiguo sugiere que fue envenenado por Domiciano, mientras que otros como Dión y Suetonio lo único que afirman es que Domiciano no prestó el auxilio médico que necesitaba su hermano, dejándolo morir.


Domiciano, siglo I d.C., Roma, Museos Capitolinos

Ambos historiadores confirman que la única frase que pronunció Tito al morir fue “sólo he cometido un error”. Mientras Suetonio divaga sobre si se refiere a la posible infidelidad del emperador con la esposa de su hermano, Domicia, Dión señala que aludía a que debía haber mandado asesinar a Domiciano cuando descubrió la conjura que preparaba contra él. “Mientras aún respiraba y todavía tenía posibilidad de recuperarse, Domiciano para acelerar su final, lo habría puesto en un baúl lleno de nieve, haciendo creer quizá que la enfermedad requería de la administración de frío. En cualquier caso, entró en Roma a caballo mientras Tito aún estaba vivo, fue al campamento [de la guardia pretoriana], y allí recibió el título y la autoridad de emperador, tras dar a los soldados todo cuanto su hermano les había dado. Tito, al expirar, dijo: “sólo he cometido un error”. No aclaró cuál fue ni nadie más supo identificarlo con certeza. Se han conjeturado una y otras cosas. El punto de vista predominante es el de los que dicen que se refería a haber seducido a la esposa de su hermano, Domicia. Otros- y son estos a los que yo me inclino a seguir- dicen que lo que quiso señalar como su error fue el no haber matado a Domiciano cuando le descubrió conspirando abiertamente contra él, sino haber elegido por el contrario cumplir su destino a manos de su rival, y haber entregado así el Imperio de los romanos a un hombre como Domiciano". (Dión Casio, Historia Romana, Libro LXVI, 26).

Según el Talmud (obra judía) Tito murió a causa de un mosquito que se le introdujo por la nariz y anidó en su cerebro causándole grandes dolores como venganza divina por la toma de Jerusalén. Esta teoría tampoco está comprobada, y es probablemente fruto del odio que sentían los escritores judíos hacia el emperador que había destruido el Templo de Jerusalén.


El triunfo de Tito. Alma Tadema.1885. 
En primer plano aparece Vespasiano como Pontifex Maximus, seguido por Domiciano y su esposa Domicia Longina que dirige su mirada a Tito que  les sigue vestido con atavío religioso.
Fuente: De Lawrence Alma-Tadema - http://www.artrenewal.org/asp/database/image.asp?id=108, Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=2334600

Así Tito murió sin que su Principado dejara nada digno de mención salvo varios desastres naturales de gran entidad y la inauguración del Coliseo. Uno de los primeros actos de Domiciano como emperador fue deificar a su hermano, algo aceptado por unanimidad pues Tito era muy querido por todos, incluido los historiadores romanos que han dejado una visión muy favorable de él.

lunes, 23 de noviembre de 2020

Gladiadores de Roma

 


Aunque el origen de los juegos de gladiadores es incierto, algunos escritores antiguos remontan esta práctica a ritos funerarios etruscos. Por su parte, Tito Livio escribió que luchas entre hombre armados se celebraron por primera vez en el año 310 a.C. para festejar una victoria de los campanos contra los samnitas, algo que corroboran unas pinturas del siglo IV a.C., halladas en la ciudad campana de Paestum, que escenifican combates entre luchadores. No obstante, el mismo Livio sitúa la celebración de los primeros juegos de gladiadores como tales durante la primera guerra púnica contra Cartago, cuando Decimus Iunios Brutus Scaeva para honrar a su difunto padre, hizo que tres parejas de gladiadores lucharan a muerte en el Foro Boario de Roma. De ahí que este tipo de luchas tomen el nombre de munera (deber de honrar los manes de un antepasado muerto). El desarrollo de la munera y los tipos de gladiadores viene determinado por el apoyo de Samnio a Anibal, que provocó una dura campaña de Roma contra sus antiguos aliados campanos. Por este motivo, el tipo de gladiador más antiguo es el samnita.


Mosaico de Zliten, Siglo II d. C, Leptis Magna (Libia)
Fuente: De Desconocido - Livius.org, Dominio público, 


La mayoría de los gladiadores eran esclavos, pero a veces su fama en la arena era tal que suscitaban la admiración y el reconocimiento popular (incluso muchas mujeres nobles perdían la cabeza por yacer con ellos). El comercio de gladiadores se desarrollaba en todo el Imperio y estaba sujeto a supervisión oficial. Muchos de los prisioneros de guerra eran vendidos como tales. También eran reclutados como gladiadores los criminales, los condenados a trabajos forzosos y los voluntarios remunerados. Para los pobres y los no ciudadanos ingresar en una escuela de gladiadores suponía obtener un oficio, comida, alojamiento y era además una forma de adquirir fama y forjarse una fortuna, pues se quedaban con el dinero de los premios y los regalos que recibían. Además, cobraban un sueldo por combatir. Cada grupo era tatuado de una manera diferente, por ejemplo, los condenados en la cara mientras los soldados eran marcados en la mano.

La primera escuela de gladiadores fue probablemente la de Aurelius Scaurus en Capua, uno de los únicos lanistas cuyo nombre se conoce. El lanista era quien dirigía la escuela y tenía poder sobre la vida o muerte de todos sus gladiadores. Todos ellos, ya fueran voluntarios o condenados, estaban obligados a cumplir un juramento sagrado (sacramentum). Los novatos se entrenaban con maestros, probablemente gladiadores ya retirados. En la escuela se usaban armas de madera sin filo. Los entrenamientos podían extenderse durante nueve horas diarias, los seis días de la semana.


Reconstrucción de la Escuela de gladiadores de Carnutum (Austria)


Sus condiciones de vida eran duras, pero vivían mejor que la mayoría de la población. Se alojaban en celdas, en diferentes secciones dependiendo de su status, que se ubicaban alrededor del campo de entrenamiento. Había varios cuerpos: primus palus, secundus palus  o rudiarii según la categoría del luchador. La disciplina era férrea, incluso letal a veces, pues se han encontrado celdas de castigo tan pequeñas que era imposible estar de pie o sentado. A pesar de ello estaban bien alimentados y cuidados pues para el lanista perder alguno suponía grandes pérdidas económicas. Recibían masajes con regularidad y revisión médica continua y recibían una buena alimentación basada principalmente en cereales y leguminosas, con poca carne

Los combates como tales no eran encuentros salvajes en lo que todo valía, sino que existían unas reglas bien definidas y en la mayoría de los casos los luchadores tenían más posibilidades de salir con vida que de morir. Las luchas más sangrientas que acababan en muerte eran sobre todo las que enfrentaban a los condenados a muerte. El resto de gladiadores muchas veces sobrevivían a los combates pues ni al lanista ni al organizador de los juegos, el editor (que pagaba por el alquiler de gladiadores) le interesaba que muriesen. Ni siquiera el público quería la mayoría de las veces la muerte de un gladiador si luchaba bien y demostraba valor en el combate. Incluso si perdían, en ocasiones el público era favorable a perdonarle la vida pues Roma valoraba el valor en la lucha más que nada en este mundo.

Muchas veces los combates no eran a muerte, sino que duraban hasta que uno de los combatientes perdía sus armas o se rendía. Esto se indicaba alzando el brazo izquierdo con el dedo índice extendido, soltando el escudo o colocándose la espada tras la espalda. En este momento correspondía decidir la suerte del vencido, aunque influido por la reacción del público. A pesar del mito extendido, el veredicto no se hacía generalmente con el puño cerrado y el pulgar extendido hacia arriba o hacia abajo. El gesto existía, y sobre todo lo llevaba cabo el editor, aunque lo más común era que se hiciera con palabras: mite (liberalo) o iugula (dególlalo). La mortalidad de gladiadores oscilaba entre el 10 y el 20%, bastante menor que en otros espectáculos como las carreras de caballos. Aunque hay que decir que un gladiador sólo luchaba entre dos y cinco veces al año, siendo menos frecuentes los juegos gladiatorios que las carreras de cuadrigas en el Circo Máximo. Otro de los mitos,  la famosa frase Ave Caesar morituri te saluntant, tampoco está confirmado que se usara pues sólo la recoge Suetonio y en un contexto diferente.


Pollice verso, Jean Leon Gerome, 1872, Phoenix Art Gallery


Los gladiadores podían conseguir su libertad de dos maneras: comprándola con lo que hubieran podido ahorrar o conquistándola en la arena como premio extraordinario junto a una espada de madera denominada rudis.

En cuanto a los tipos eran variados:

  • Samnita: como indicamos arriba era el más antiguo. Iban armados con casco, yelmo, un escudo grande rectangular, espada corta y brazo derecho y pierna izquierda protegidos.
  • Reciario: llevaba una red en la mano derecha, un tridente y un puñal, además de un protector en el brazo izquierdo. Su táctica era mantener alejado al rival para apresarlo con la red.

  • Secutor: también conocido como contraretiarius. Portaba una espada corta un casco liso, escudo grande rectangular y protecciones en el brazo y pierna derechos.
  • Mirmillón: armado con espada, un casco en forma de pez, escudo de grandes dimensiones y protecciones en el brazo derecho y pierna izquierda.

  • Tracio: iba armado con una espada generalmente curva y llevaba un casco rematado con un grifo, escudo pequeño, grebas altas en las piernas y manica en el brazo derecho.
  • Hoplomaco: iba armado con lanza y puñal, un casco con visera adornado con plumas, grebas altas, manicas y escudo.

  • Provocator: portaba una espada, casco, armadura en el pecho adornada con la efigie de la Gorgona, escudo grande, grebas y protector en el brazo derecho. Sólo se enfrentaban entre ellos.
  • Equite: luchaba a caballo. Llevaba una espada larga, casco, escudo redondo y protección para las piernas.
  • Paegniarius: usaba como arma un bastón curvo por uno de sus extremos y vestía túnica y casco abierto.
  • Sagittario: usaba arco y flechas.
  • Dimachareus: portaba dos cuchillos, protegía tanto los brazos como las piernas porque no llevaba escudo. Se piensa que Espartaco pertenecía a este tipo.

  • Essedari: luchaba sobre un carro imitando a los guerreros bretones.
  • Andabatae: eran los obligados a combatir. Luchaban a ciegas porque sus cascos no tenían agujeros. Eran los condenados a morir en la arena que no habían pasado por ninguna escuela. Cuando acababa el combate se les machacaba la cabeza para asegurarse que moría.
  • Gladiatrix: eran mujeres gladiadoras, que existieron desde siempre y luchaban a muerte en la arena, aunque no eran muy frecuentes.

Fuente: http://lasarenasderoma.blogspot.com/2014/12/gladiatrix.html


En el año 73 a.C., 200 gladiadores se rebelaron contra Roma bajo el mando de Espartaco. Armados con utensilios de cocina huyeron de la Escuela de Capua. En su fuga asaltaron un convoy con armas y se atrincheraron en el Monte Vesubio, uniéndosele multitudes de esclavos hasta formar un ejército de 80.000 hombres. Durante 3 años mantuvieron en jaque a las legiones romanas, hasta que Cneo Pompeyo Magno y Licinio Lúculo se unieron con Craso (incapaz por si solo de sofocar la rebelión) para cercar al ejercito de esclavos. Murieron 60.000 de ellos. El cuerpo de Espartaco nunca apareció.


Espartaco (Kirk Douglas) al frente de su ejército en un fotograma de la película del mismo nombre dirigida por Stanley KubricK en 1960