domingo, 19 de julio de 2020

La erupción del Vesubio del año 79 d.C.

“Todo yace sumergido en llamas y triste ceniza. Ni los dioses hubieran tenido poder para hacer algo parecido”
              Marco Valerio Marcial, Epigramas


Erupción del Vesubio y destrucción de Pompeya

Finales de octubre del año 79 d.C.
              El emperador Tito recibe consternado la noticia que tres prósperas ciudades del sur de Italia han desaparecido bajo una capa de lava y cenizas en una catástrofe natural sin precedentes, difícil de asimilar por la mentalidad de la época. Con toda celeridad comienza a preparar un viaje a Campania para estar cerca de los afectados y ofrecerles su ayuda.
Antes ha enviado a dos ex cónsules que lo preceden para que evalúen los daños y empiecen a plantear la reconstrucción de la zona. El Vesubio ha estallado y el mismo fuego del Averno lo ha envuelto todo y se ha llevado por delante la vida de más de 5000 personas, aunque sólo se han encontrado restos de 1500 fallecidos.
Años 62-64 d.C.             
El 5 de febrero del año 62 d.C., un terrible terremoto causa una gran destrucción en el Golfo de Nápoles afectando particularmente a la ciudad de Pompeya. Muchos de sus principales edificios públicos y villas se ven dañados gravemente.
Séneca, por su parte, en esa misma época recoge en sus escritos la muerte de centenares de ovejas en las cercanías de Pompeya debido a aire contaminado.
Sólo dos años después, en el año 64, tanto Suetonio como Tácito relatan que cuando Nerón cantó por primera vez en un teatro público en Nápoles ocurrió otro movimiento sísmico que provocó la destrucción del teatro una vez había sido evacuado.
Plinio el joven también cuenta que eran frecuentes los pequeños temblores en la zona y que sus habitantes estaban acostumbrados; por eso unos días antes del 24 de octubre del año 79 no les dieron demasiada importancia a los sucesivos movimientos sísmicos que se estaban produciendo en esos días.
“Hacía muchos días había sufrido un terremoto no muy alarmante, ya que es algo muy frecuente en Campania. Pero aquella noche fue tan fuerte que parecía que todo más que moverse se venía abajo. Mi madre entró precipitadamente en mi habitación en el preciso momento que yo salía con intención de despertarla si dormía. Nos sentamos en la explanada que había entre los edificios y el mar. No sé si por provocación o por imprudencia, pues aún no tenía dieciocho años, me llevé un volumen de Tito Livio, y para distraerme, me puse a leerlo y a tomar notas, como había hecho antes. De pronto se acercó un amigo de mi tío, que recientemente había llegado de España para visitarlo, y al vernos ahí sentados, y a mí que aún estaba leyendo, reprochó a mi madre su paciencia y a mí mi confianza. No obstante, yo seguí ocupado con mi libro”. (Plinio el joven, Carta a Tácito).
Los vulcanólogos actuales relacionan toda esa actividad sísmica y el asunto de las ovejas con el despertar del gigante dormido y la emisión de gases volcánicos.
22 de octubre del año 79



Erupción pliniana. Grabado de 1822
Fuente: De George Julius Poulett Scrope - In G. Julius Poullet Scrope, Masson, 1864. Historical Drawing by George Julius Poulett Scrope (1797-1876), Dominio público, 

              La mañana amanece tranquila, pero sobre la una de la tarde, del Vesubio comienza a salir violentamente una columna de gran altura de la que cae ceniza y piedra pómez. La gente, atemorizada, empieza a huir del lugar. No obstante, muchos no prestan atención pues otras veces el volcán también ha expulsado una columna de humo.
“Llegó la primera hora del día y no era todavía claro. Los edificios de los alrededores estaban tan agrietados que en aquel lugar descubierto y angosto el miedo crecía por momentos. Entonces nos pareció oportuno abandonar la villa. La multitud nos seguía admirada, pues en los momentos de pánico uno se suele guiar por las decisiones de los demás, y todos empujaban a los fugitivos. Al llegar al campo, nos paramos. Nos sorprendían muchas cosas dignas de admiración y de temor. Entre otras, ocurría que los vehículos que habíamos ordenado que nos precedieran, a pesar de estar en un campo llanísimo, emprendían diversas direcciones y no era posible mantenerlos quietos”  (Plinio el joven, Carta a Tácito).
23 de octubre del año 79
En algún momento de la noche o por la mañana temprano empiezan a salir del volcán flujos piroclásticos (efusiones compuestas por gases y material sólido capaces de fluir a grandes temperaturas y velocidades). Los flujos avanzan a gran velocidad y arrasan todo lo que se encuentra a su paso. Ha cambiado incluso la estructura de la costa, debido a un pequeño maremoto en el Golfo de Nápoles.

Ciudades afectadas por la erupción del Vesubio
Fuente: De MapMaster - Trabajo propio, CC BY-SA 3.0, 

“Veíamos que el mar se recogía en sí mismo, como si temiese los temblores de la tierra. La playa se había ensanchado y muchos animales marinos habían quedado en seco sobre la arena. Por otro lado una negra y horrible nube, rasgada por torcidas y vibrantes sacudidas de fuego, se abría en largas grietas de fuego, que semejaban relámpagos, pero eran mayores” (Plinio el joven, Carta a Tácito).
24 de octubre del año 79



El último día de Pompeya, Karl Briullov, 1830-33, San Petesburgo, Museo Estatal
Fuente: De Karl Briullov - here / здесь, Dominio público, 

La erupción se desarrolla en dos fases: una primera, llamada pliniana (con una duración de entre 18 y 20 horas) que produce una caída de piedra pómez y ceniza; a continuación se produce una segunda en la que el flujo piroclástico llega incluso a Miseno (donde se encontraba Plinio a 30 kilómetros de distancia). Pompeya se ve envuelta por dos de estos flujos piroclásticos que asfixian y queman a todas las personas que aún se encuentran en la ciudad. Antes una finísima capa de cenizas seguida de una lluvia de piedras y de vapores de azufre envuelven la ciudad. Muchas personas mueren también aplastadas por las rocas o por el derrumbe del techo de las estancias donde se habían ocultado.
Por su parte, Herculano se ve sepultado por una marea de fango, mezcla de ceniza, lava y lluvia.


Flujos piroclásticos sobre Pompeya

“Apenas había dicho esto cuando anocheció, no como en las noches sin luna o nubladas sino con una oscuridad igual a la que se produce en un sitio cerrado en el que no hay luces. Allí hubieras oído chillidos de mujeres, gritos de niños, vocerío de hombres: todos buscaban a voces a sus padres, a sus hijos, a sus esposos, los cuales también a gritos respondían. Unos lamentaban su desgracia, otros la de sus parientes, y había quienes que por miedo a la muerte la imprecaban. Muchos eran los que elevaban las manos hacia los dioses, y otros se habían convencido de que los dioses no existen, creían que era la última noche del mundo. No faltaban los que con terror falso y fingido exageraban los peligros reales. Algunos notificaban a los crédulos con falsedad que se había desmoronado e incendiado el Miseno. Cuando aclaró un poco nos pareció que no amanecía sino que el fuego se iba aproximando; pero se detuvo un poco lejos y luego volvieron las tinieblas y otra vez la densa y espesa ceniza. De cuando en cuando nos levantábamos para sacudirnos las cenizas, de lo contrario nos hubiera cubierto y ahogado con su peso. Me podría envanecer de no haberme lamentado y no haber proferido ningún grito fuerte en medio de tantos peligros, pero me consolaba, en mi mortalidad, la idea de que todos y todo acababa conmigo” (Plinio el joven, Carta a Tácito).
26 de octubre del año 79
Dos días después el sol vuelve a salir en el cielo, del Vesubio apenas sale una débil columna de humo. A sus pies, sólo ceniza y paisajes chamuscados, llenos de muerte y destrucción. Las cenizas llegaron hasta África.
“Aquel vaho caliginoso, no obstante, se desvaneció en humo y niebla, y pronto amaneció de veras y hasta lució el sol, aunque algo sombrío, como cuando se produce un eclipse. Ante nuestros ojos parpadeantes todo parecía distinto y cubierto de espesa ceniza, como si fuera nieve. Tras haber curado como pudimos nuestros cuerpos volvimos a Miseno y pasamos una noche angustiosa y terrible entre la esperanza y el miedo. Prevaleció el miedo, porque todavía duraba el terremoto, y eran muchos los que añadían a las desventuras propias y ajenas terroríficos vaticinios” (Plinio el joven, Carta a Tácito).

Habitante de Pompeya muerto al caerle una enorme piedra encima

Aunque muchas investigaciones sostienen que los fallecidos por la erupción lo fueron en su mayor parte por asfixia, recientes estudios desvelan que murieron abrasados por una nube volcánica con temperatura entre 300 y 600 grados.
La mayoría murieron boca arriba tapándose la cara con las manos, otros acuclillados mostrando un terror absoluto, otros en su intento de huida intentando proteger a sus hijos… En la escuela de gladiadores se encontraron varios cuerpos escondidos junto a una mujer joven muy engalanada que no sabemos si buscaba sus servicios (los gladiadores eran muy deseados por las mujeres patricias) o si la desventurada chica se escondió allí intentando salvarse. Otros agarran con fuerza sus pertenencias  o un esclavo lucha por quitarse los grilletes. También se han encontrado restos de animales: caballos, mulas y perros, como el que se expone en el Foro que murió retorcido tratando de zafarse de su cadena. Testimonios desgarradores que han llegado hasta nosotros gracias a la técnica empleada por Giuseppe Fiorelli en 1860 de inyectar yeso líquido entre los huesos y la capa de ceniza.




Pompeya 2011

           Tradicionalmente se ha venido considerando la fecha de la erupción del Vesubio del año 79, el 24 de agosto a partir de la interpretación de las cartas de Plinio que habla de “el noveno día antes de las Kalendas de septiembre”. No obstante, los escritos que han llegado hasta nosotros son cartas transcritas en la Edad Media, por lo que seguramente hubo un error de traducción. Esa fecha siempre había sido puesta en duda pues se encontraron muchos indicios que sugerían otra: frutos propios del otoño, los restos de gruesas vestiduras hallados en los cuerpos, braseros en las puertas de las casas etc. Confirma la fecha del 24 de octubre una inscripción hecha a carboncillo hallada recientemente en Pompeya en una casa que se estaba construyendo que indica que fue escrita el “decimosexto día antes de las kalendas de noviembre”, o sea el 17 de octubre, 7 días antes de la erupción. Por tanto, el 24 de agosto, Pompeya seguía en pie.


Inscripción que demuestra que la erupción del Vesubio no fue en agosto

Me he conmovido en cada frase que he escrito para este artículo, sintiendo la misma emoción que me embargó cuando recorrí cada palmo de Pompeya aquel junio de 2011. Pocos lugares en el mundo me han causado una impresión tan profunda, porque cuando estás allí, además de admirar la belleza del yacimiento arqueológico más espectacular del mundo,  no eres capaz de dejar de pensar en la fugacidad de la vida, en cómo en un instante se puede derrumbar todo un mundo. Ni siquiera fui capaz de mirar los moldes de los fallecidos, porque pensar en la tragedia que vivieron y en su dolor, es algo que me supera.
El gigante, hoy aletargado, te recuerda cada vez que alzas la vista y, lo ves, majestuoso y eterno, dominando el horizonte, la fragilidad de nuestra existencia, que hoy más que nunca en la situación de pandemia mundial que estamos viviendo vuelve a poner de manifiesto la insignificancia del ser humano en un Universo, que nunca podremos dominar, y que cuando quiere nos devuelve a nuestro lugar como especie, aunque a veces nos creamos más superiores que los propios dioses.

El Vesubio en la actualidad

domingo, 5 de julio de 2020

El Principado de Tito


Busto de Tito, siglo I d.C., Roma, Museos Capitolinos
Fuente: By Sailko - Own work, CC BY 3.0, 

El breve Principado de Tito (duró sólo dos años) se caracterizó por continuar la política de su padre, aunque el nuevo Príncipe se mostró más moderado que Vespasiano pues no condenó a nadie a muerte a pesar de sufrir varios intentos de conjura.
Tito se centró en mejorar la calidad de vida de los ciudadanos: así promulgó un edicto confirmando las donaciones de otros emperadores para que los ciudadanos no tuvieran que volver a tramitar la misma petición. Además, suspendió los juicios por traición y lesa majestad y expulsó de Roma a los delatores.
No hizo gastos innecesarios y en cuanto a obras públicas finalizó e inauguró el edificio más espectacular del mundo romano: el Anfiteatro Flavio. También construyó unas termas para el pueblo junto a él: las Termas de Tito.
El Principado de Tito fue bastante tranquilo en cuestiones bélicas. Aunque surgieron algunos conflictos en Britania, Cneo Julio Agrícola, al mando de las legiones de las islas acabó sometiendo todo el territorio britano, no tanto por su capacidad militar sino por su habilidad para romanizarlo pacíficamente. Según Dión Casio, Agrícola “fue el primero de los romanos que descubrió el hecho de que Britania está rodeada por agua” (Historia Romana, LXVI, 20)
También tuvo que hacer frente a varias conjuras; una muy curiosa surgió en las provincias del Este capitaneada por Terencio Máximo, un asiático que se hizo pasar por Nerón pues se parecía al último emperador julio claudio tanto en su aspecto como en su voz e incluso tocaba la lira. Consiguió algunos seguidores, incluido el apoyo del rey parto Artabano II, que estaba encolerizado contra Tito. No obstante, Terencio fue ejecutado al desvelarse su verdadera identidad.

Vespasiano, Tito y Domiciano en una moneda

En Roma también hubo un complot, en el que estuvo implicado el mismo Domiciano; Tito no tomo represalias contra él. “A pesar de que su hermano no cesaba de conspirar contra él e incluso, casi sin disimulo, soliviantaba a los ejércitos y preparaba la huida, no fue capaz de matarle ni relegarle, sino, como había hecho desde el primer día de su imperio, continuó declarándole compañero y sucesor suyo, pidiéndole a veces, cuando se hallaban solos, entre súplicas y lágrimas, que consintiera al fin en corresponder a su afecto” (Suetonio, Vida de Tito, 9, 3).

Erupción de Vesubio. William Turner, 1817, New Haven, Centro Yale de Arte Británico

Sin embargo, el Principado de Tito ha pasado a la historia por encadenar una serie de catástrofes que mostraron aún más la generosidad y entrega del emperador: un incendio grave en Roma, una pestilencia y el mayor desastre natural de la Antigüedad: la erupción del Vesubio, que provocó la destrucción de Pompeya, Herculano y Estabia. “En este cúmulo de adversidades de semejante calibre mostró no sólo la solicitud de un Príncipe, sino el cariño que sólo un padre puede demostrar ya consolando al pueblo por medio de edictos, ya prestándole toda la ayuda de que era capaz. Eligió por sorteo a unos ex cónsules para que se ocuparan de reconstruir Campania; los bienes de las personas que habían fallecido en la erupción del Vesubio sin dejar herederos los empleó en la reconstrucción de las ciudades siniestradas” (Suetonio, Vida de Tito, 8, 3-4).

sábado, 27 de junio de 2020

Semblanza de Tito


Cabeza colosal de Tito, Siglo I d.C. Munich. Gliptoteca
Fuente: De Desconocido artist - User:Bibi Saint-Pol, own work, 2007-02-08, Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=1888196

Tito es uno de los emperadores que las fuentes clásicas tratan con más benevolencia; así Suetonio empieza el relato de su vida diciendo que “fue el amor y la delicia del género humano: tan grande eran sus dotes naturales, su habilidad o su fortuna para captarse la voluntad de los hombres, y, lo que es sumamente difícil, durante su Imperio, pues mientras fue un simple particular, e incluso durante el Principado de su padre, no se libró del odio y menos aún de la difamación pública” (Vida de Tito, 1). De todos modos, como todo, su opinión está sujeta a matices.
Tito Flavio Vespasiano nació el 30 de diciembre del año 39 d.C., y recibió el mismo nombre de su padre, que por entonces era un simple tribuno militar que aspiraba a ascender en el cursus honorum y que el mismo año del nacimiento de Tito había sido nombrado edil curul.

Cabeza de Tito encontrada en la Isla de Pantelleria. Siglo I d.C.
Fuente: De Ed Uthman from Houston, TX, USA - Titus, CC BY-SA 2.0.

Debido a la influencia que Antonia Cenis (amante de Vespasiano) tenía en la corte del emperador Claudio, Tito fue educado junto a Británico (hijo del César), del que se convirtió en gran amigo.
Desde muy pequeño demostró muchas capacidades físicas e intelectuales pues del mismo modo que era muy diestro en el manejo de las armas, en la práctica de ejercicios militares y en montar a caballo, también lo era en oratoria. Escribía poemas en griego con gran soltura e incluso tocaba la cítara. “Según he sabido por numerosas fuentes, solía asimismo escribir en taquigrafía con una enorme velocidad, compitiendo en broma con sus secretarios para divertirse, y podía imitar cualquier tipo de letra que hubiera visto, lo que le hacía declarar a menudo que habría podido ser el más grande falsificador” (Suetonio, Vida de Tito, 3, 2).

Tito. Siglo I d.C. Nápoles, Museo Arqueológico

Durante los años 57-59, Tito sirvió como tribuno militar en Germania Inferior y en el año 60 en Britania. Después obtuvo el cargo de censor. No obstante, su gran fama la consiguió durante la campaña de Judea, primero como ayudante de su padre, y cuando éste marchó a Roma para ser proclamado emperador, en solitario culminó la conquista de Jerusalén.  A pesar de los rumores que empezaron a circular sobre que Tito deseaba independizarse de su padre, éste corrió a Roma para ponerse al servicio de Vespasiano.
Ya allí fue recompensado con un  triunfo en el año 71 que celebró junto a su padre y su hermano Domiciano. Ambos herederos fueron nombrados Césares. El pueblo romano se rindió a Tito. A partir de ese momento fue nombrado cónsul en siete ocasiones, y se convirtió en la mano derecha de Vespasiano, que lo nombró Prefecto del pretorio.

Tito. Siglo I d.C. Nápoles, Museo Arqueológico

Tito estuvo casado en dos ocasiones: en primeras nupcias con Arrecina Tertula, que murió al poco tiempo, siendo probablemente la madre de la única hija de Tito que sobrevivió, Flavia Julia y en el año 63 casó con Marcia Furnila de la que se divorció al conocerse que varios familiares suyos estaban implicados en la conspiración de Pisón contra Nerón. No volvió a casarse ni sobrevivieron más hijos suyos; Su gran pasión fue la reina oriental Berenice de Cilicia, hija del rey Herodes Agripa I, a la que tuvo de concubina durante cerca de 20 años y a la que incluso pensaba convertir en su esposa legítima.
En cuanto al carácter de Tito, a pesar de las palabras de Suetonio, todos los historiadores coinciden en un drástico cambio de personalidad desde la violencia y la agresividad cuando trabajaba al servicio de su padre a la magnanimidad y la generosidad cuando se convirtió en emperador.

Tito con toga, siglo I d.C., Roma, Museos Vaticanos

De hecho durante el Principado de su padre, Tito se ganó fama de brutal como jefe de la guardia pretoriana pues no dudó en sentenciar a muerte a cualquier persona que le resultara sospechosa. Igualmente, al destapar una conjura liderada por Aulo Cecina en el año 79, lo invitó a cenar ordenando que fuera asesinado a sangre fría antes de abandonar la casa. También se ha ganado fama de violento por las campañas judaicas y la toma de Jerusalén, aunque el historiador Flavio Josefo (que era judío) nos narra que Tito ordenó que no se saqueara la ciudad ni el templo, siendo ignorado por sus soldados.
También se le criticaba el gusto por los festines hasta largas horas de la madrugada y las extravagancias, por lo que se temía que fuera un nuevo Nerón. Y era muy impopular su relación con Berenice, pues cualquier reina oriental cercana al corazón de sus dirigentes, despertaba en Roma el fantasma de la odiada Cleopatra. De este modo, según Suetonio que tanto lo admira afirma que “apenas se encontrara persona que haya ascendido al Principado con unos rumores tan adversos y más contra la voluntad de todos” (Vida de Tito, 6, 2).


Tito. siglo I d.C., Roma, Villa Borghese

Sin embargo, coinciden las fuentes que Tito cambió por completo su comportamiento cuando empezó a gobernar y según Dión Casio “después de convertirse en gobernante, no cometió ningún asesinato ni se dejó llevar de la pasión amorosa, sino que se mostró honesto, pese a los complots contra él, y moderado, aunque Berenice regresó nuevamente a Roma. Esto puede deberse a que cambiase verdaderamente; de hecho, para los hombres resulta muy diferente ejercer un gran poder en nombre de otros a ejercer la autoridad independientemente por sí mismos” (Historia Romana, LXVI, 18). A Berenice la envió de vuelta a Oriente contra su voluntad y no dio muerte a nadie durante su Principado; él mismo afirmó que “resulta imposible que se me insulte o se abuse de mí en modo alguno. Pues nada hago que merezca censura y no me preocupo de lo que se afirme falsamente. Pues en cuanto a los emperadores que han muerto , ya ellos se vengarán en caso de que alguien les haga algún mal, si en verdad son semidioses y tienen algún poder” (Dión Casio. Historia Romana, LXVI, 18). Con esta afirmación queda claro que Tito abolió los juicios de lesa majestad contra su figura o la de otros emperadores.
En cuanto a su físico, según Suetonio era agraciado y poseedor de una belleza peculiar en la que no faltaba autoridad ni gracia. Era de baja estatura y tenía tendencia a engordar. Gozaba también de un gran vigor y  de una memoria prodigiosa. Era generoso y de muy buen carácter. Durante su Principado ocurrieron varias catástrofes importantes como la erupción del Vesubio, un  grave incendio en Roma y una pestilencia, y él actúo como un padre, dando todo el consuelo y ayuda que podía. De hecho se desplazó dos veces a Campania para estar cerca de los afectados por la violencia del volcán.

Tito arengando las tropas, Siglo I d.C.
Fuente: De Desconocido author - Urban (Dec. 2004), from fr.wikipedia, CC BY-SA 3.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=1665552

En conclusión, y según mi opinión, Tito fue una gran persona para la época, y al igual que Augusto tuvo a veces que mostrar dureza para consolidar su poder (en este caso el ascenso de la Dinastía Flavia), pero finalmente ambos cuando estuvieron seguros en el trono se permitieron ser generosos y gobernar sabiamente, sin represiones contra sus enemigos. De hecho Dión compara a los dos emperadores “A este respecto, en verdad, se le recuerda como habiendo igualado el largo Principado de Augusto, pues se sostiene que Augusto nunca habría sido amado de haber vivido menos tiempo, ni Tito de haber vivido más. Ya que Augusto, aunque al principio se mostró más duro a causa de las guerras y las luchas entre facciones, pudo más tarde, en el transcurso del tiempo, lograr una brillante reputación por sus actos bondadosos; Tito, por otra parte, gobernó con suavidad y murió en el apogeo de su gloria, mientras que si hubiese vivido largo tiempo, puede que hubiera resultado que debía su fama presente más a la buena fortuna que al mérito” (Historia Romana, LXVI, 18). En realidad el Principado de Tito duró sólo 2 años y medio y Dión afirma que fue tan breve que no le dio tiempo a hacer mal alguno. En eso difiero, porque en sólo tres años Calígula se convirtió en uno de los gobernantes más crueles de la historia.

miércoles, 17 de junio de 2020

Vespasiano y Tito

Vespasiano y Tito mantuvieron siempre una profunda relación en la que predominó el afecto mutuo y una gran complicidad. De hecho el primer emperador Flavio lo tuvo clarísimo: no buscó su mano derecha y más cercano colaborador en ningún sitio, sino que desde el primer momento depositó la máxima responsabilidad y confianza en su primogénito. Lo cierto es que Vespasiano tuvo una gran predilección por Tito, ya fuera porque éste era su primer hijo, por los 12 años que le llevaba a Domiciano que impedían que pudiera contar con él o por la diferencia de caracteres entre los dos herederos.

Vespasiano, Tito y Domiciano en un denario

Aun así, algunas fuentes apuntan un poco de manera infundada algunas discrepancias entre ellos o posibles deslealtades de Tito hacia su padre. Este primer recelo surgió tras la toma de Jerusalén por parte del hijo del emperador, pues era tal la devoción que le profesaban sus soldados que “suscitó la sospecha de que había intentado independizarse de su padre y reclamar para sí el reino de Oriente; sospecha que se vio incrementada cuando, de camino a Alejandría, consagró en Menfis al buey Apis llevando en la cabeza una diadema, según la costumbre y el ritual de esta antigua religión, pero no faltaban quienes lo interpretaran de otro modo. Por este motivo se apresuró a regresar a Italia, arribando a Regio y luego a Pozzuoli en una nave de carga; de allí se dirigió a Roma con la mayor rapidez, y dijo a su padre, que no lo esperaba, como para demostrar la insignificancia de los rumores esparcidos sobre él: Ya estoy aquí, padre, ya estoy aquí (Suetonio, Vida de Tito, 5, 2-3). Como vemos el mismo Suetonio descarta la traición de Tito y la respuesta de Vespasiano también lo confirma: cubrió a Tito de honores y no sólo compartió con él el gobierno del Imperio sino que lo  nombró prefecto del pretorio, un cargo de suma importancia desde que los pretorianos eran los que ponían o quitaban emperadores. Si Vespasiano hubiera desconfiado de su hijo, jamás lo hubiese nombrado en ese cargo.

El triunfo de Tito y Vespasiano. Giulio Romano, 1537, París, Museo del Louvre

Incluso el triunfo por la victoria sobre los judíos lo celebraron juntos. Y como continúa Suetonio, Tito “desde ese momento no dejó de actuar como partícipe e incluso como protector de Imperio” (Vida de Tito, 6). Además ejerció la censura y la potestad tribunicia junto a Vespasiano, y ambos compartieron siete consulados.
Hasta el último momento Tito estuvo al lado de su padre. Por eso también es infundada la acusación que recoge Dión Casio en su Historia Romana que hiciera el emperador Adriano, acusando a Tito de estar implicado en la muerte de su padre (LXVI, 17, 1). Todos los historiadores, incluso Dión, coinciden que la muerte de Vespasiano fue por causas naturales y él mismo deja claro que el rumor lo crearon para dañar la imagen impoluta de Tito. “Vespasiano cayó enfermo; a decir verdad, no fue a causa de su acostumbrada gota, sino de una fiebre, falleciendo en Cotilia, en territorio sabino. Algunos, sin embargo, en el intento engañoso de incriminar a Tito (entre otros el emperador Adriano), propagaron la información de que fue envenenado en un banquete”.


Las tres columnas de los estos del templo de Vespasiano y Tito en el Foro Romano, Siglo I d.C., Roma 2018

Por tanto no hay nada que haya podido empañar la relación tan sólida y entrañable entre Vespasiano y Tito, no muy común en una época en las que las luchas por el poder y las traiciones estaban por encima de los lazos familiares, como se demostró después con el segundogénito Domiciano.

domingo, 7 de junio de 2020

Muerte de Vespasiano. Tito Emperador


Monumento a Vespasiano en Castro Urdiales, ciudad cántabra fundada por él

A pesar que según las fuentes antiguas tuvo que hacer frente a varias conspiraciones que pretendían acabar con su gobierno, Vespasiano logró consolidar y devolver la calma al Imperio romano tras el convulso año que siguió a la muerte de Nerón. Él no perdió nunca la fe en su predestinación al trono imperial y en su anhelo de establecer una dinastía; así que “se atrevió a afirmar al Senado que o le sucederían sus hijos o nadie” (Suetonio. Vida de Vespasiano, 25).
Después de 10 años de Principado, en junio del año 79, cuando se encontraba en Campania se sintió indispuesto. Consciente de su gravedad y, sin perder el sentido del humor, que le había acompañado toda su vida. exclamó “ ¡Ay!, creo que voy a convertirme en dios” (Suetonio. Vida de Vespasiano, 23,4), aludiendo a su probable deificación tras su muerte. Volvió inmediatamente a Roma y se retiró a Reate, donde solía veranear, y aunque padecía fiebre y diarrea, no dejó de ejercer sus funciones, llegando a dar audiencias desde su misma cama. “De repente sufrió una diarrea que lo dejó exhausto, tras lo cual exclamó que un emperador debía morir de pie; y mientras se esforzaba por levantarse, falleció en brazos de quienes lo sostenían, el noveno día antes de las calendas de julio (el 23 de junio), a la edad de 69 años, 7 meses y 7 días” (Suetonio. Vida de Vespasiano, 24). De esta forma, 55 años después de la muerte de Augusto, un emperador moría de muerte natural.

El triunfo de Tito. Alma Tadema.1885. 
En primer plano aparece Vespasiano como Pontifex Maximus, seguido por Domiciano y su esposa Domicia Longina. Tito les sigue vestido con atavío religioso.
Fuente: De Lawrence Alma-Tadema - http://www.artrenewal.org/asp/database/image.asp?id=108, Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=2334600

Junto a él probablemente se encontraba su hijo Tito, que de manera instantánea y con naturalidad se convirtió en emperador, el día siguiente de la muerte de Vespasiano. Tenía 39 años. Esto deja patente el éxito del fallecido emperador al  fundar una dinastía. De hecho, Tito ya había sido nombrado César por su padre (junto a su hermano Domiciano) y desde los inicios del Principado de aquel se hizo cargo de múltiples tareas de gobierno, dictando cartas en nombre de Vespasiano, redactando incluso edictos y leyéndolos en el Senado, además de ejercer la prefectura del pretorio. Se puede decir que Tito ya actuaba de co-emperador en vida de Vespasiano.


Tito. Siglo I d.C. Nápoles. Museo Arqueológico

Haciendo honor a las palabras de su padre, Tito deificó a Vespasiano inmediatamente y comenzó en el Foro Romano la construcción de un templo dedicado a su memoria.
No conocía mucho la figura de Vespasiano antes de comenzar los artículos que le he dedicado, pero tengo que reconocer que me ha gustado su personalidad y su dedicación a la hora de recuperar las finanzas, engrandecer y consolidar el Imperio. Siempre tendremos que agradecerle que iniciara la construcción del Coliseo, el mayor legado que nos ha dejado la Antigua Roma a la posteridad. De hecho él pudo contemplarlo casi en su totalidad, pues a su muerte sólo quedaba un año para su inauguración.

sábado, 30 de mayo de 2020

La cultura en época de Vespasiano


Busto de Vespasiano, Siglo I d.C.

Vespasiano inició un apoyo institucional a la cultura en general. El exponente más significativo se encuentra en la creación de cátedras de retórica, una latina y otra griega, costeadas por el Estado. Es de resaltar que al tercer nivel educativo, sólo llegaban los hijos de las familias acomodadas, aquellos que desempeñarían después altos cargos en la Administración.
La cultura de época Flavia se caracteriza por ser acrítica ante el poder. Sólo entre los filósofos surgió cierta oposición. Las escuelas de filósofos del Helenismo seguían teniendo representantes en la capital del Imperio. Vespasiano era amigo personal de algún filósofo como es el caso del estoico Trasea Peto. Pero también persiguió a algunos, como a Elvidio Prisco que fue condenado a muerte por lesa majestad, debido a sus continuos ataques públicos al Principado y su defensa de la República y de devolver el poder al Senado. Pero éste es un caso puntual.
Los principales escritores de época fueron el retórico Quintiliano y el naturalista Plinio el Viejo.

Monumento a Quintiliano en Calahorra

 Marco Fabio Quintiliano, nacido en Calahorra (Hispania), llegó a Roma de la mano de Galba que fue gobernador de la Tarraconensis antes que emperador. Vespasiano le confió la primera cátedra oficial y pública de retórica, remunerada con 100.000 sestercios, que ejerció durante 20 años. Asimismo, le encomendó la educación de sus nietos por parte de su hija Domitila. En su Escuela de retórica se formaron Plinio el joven, Juvenal y quizás también Tácito.
Después de una brillante carrera de retórico y abogado se retiró en el año 89 para dedicarse a  escribir. Su obra maestra es De institutione eloquentiae, que recoge todos los elementos necesarios en la formación de un orador, poniendo como modelo supremo a Cicerón.
En los dos libros habla de la educación elemental y de los métodos para la formación básica en el campo de la retórica, destacando que es primordial contar desde el principio de la enseñanza con un buen litterator y un buen grammaticus, maestros olvidados en esa época ante la preponderancia del rhetor. Los siguientes 9 libros están dedicados a los fundamentos y técnicas de la oratoria. El último libro lo dedica a las cualidades, carácter, ética y deontología que debe tener el orador (invención, ordenación, expresión, declamación y memoria). El libro más famoso es el décimo en el que aconseja la lectura como algo fundamental en la formación de un orador y contiene un interesante estudio sobre autores griegos y latinos.
La obra tuvo gran influencia en el Humanismo y el Renacimiento. A pesar de su inspiración en Cicerón destaca por su gran originalidad y por su estilo brillante. Quintiliano tiene unas ideas muy actuales. Afirma que la educación favorece a los más inteligentes pero también a los que no lo son tanto. Añade además, que el entorno en que se desarrolla el niño es también muy importante para una buena educación. También fue el impulsor de empezar la educación del niño antes de los 7 años, edad a la que que empezaba hasta entonces los estudios un romano. Fue el primer gran defensor de la escuela pública siendo el primero que agrupó a los alumnos por niveles de conocimientos
Quintiliano ve bien la competitividad pero siempre que no genere un sentimiento de fracaso en quien no obtiene los mejores resultados. Asimismo, valora mucho que se aspire a todo y no sólo a las metas que se pueden alcanzar. Él ejemplifico esta teoría a la perfección pues llegó a lo más alto siendo un simple provinciano sólo gracias a su esfuerzo y capacidades.
Gozó de gran prestigio ya en vida recibiendo la investidura de cónsul de manos del mismísimo emperador Domiciano. Murió poco antes del asesinato de éste en el año 95.

Grabado de Plinio el Viejo

Gran amigo de Quintiliano era el científico Cayo Plinio Secundo, más conocido como Plinio el Viejo, autor de un gran tratado naturalista Naturalis Historia. Fruto de minuciosos estudios e investigaciones, sus teorías fueron usadas hasta el siglo XVII cuando fueron sustituidas por otras basadas en el método científico y el empirismo modernos. Sus obras fueron muy utilizadas por exploradores occidentales incluidos Cristóbal Colón y Fernando Magallanes.
Perteneciente a la clase social de los eques (caballeros), su madre era hija de un senador. Tuvo una brillante carrera militar que inició en Germania bajo el mando de Corbulón. De esta experiencia escribió una obra De las Guerras de Germania, hoy desaparecida. A partir del año 69 desempeñó varios cargos oficiales al servicio de Vespasiano a quien le unía gran amistad, entre ellos el de procurador romano en la Galia e Hispania en el año 73. Después estuvo en África para luego volver a Italia y convertirse en consejero del emperador. También fue nombrado prefecto de la flota romana en Miseno. En todos los lugares donde vivió recopiló información sobre las costumbres, agricultura, minería…
Naturalis Historia resume todo el saber de la época desde el punto de vista del Imperio romano. Dedicó la obra a Tito Flavio Vespasiano, su gran amigo y señor en el año 77. En ella se recopilan los principales conocimientos científicos de la antigüedad: botánica, zoología, mineralogía, medicina. Geografía, cosmología, metalurgia, ornitología y etnografía, mezclando investigaciones reales con leyendas. En ella ordena la naturaleza como un grupo coherente en forma de guía. Usa la clasificación del mundo natural de Aristóteles (animal, vegetal, mineral).
Plinio es seguidor del estoicismo y su visión de la vida es sombría. Declama contra el lujo y la corrupción moral. Admirador de los tiempos republicanos, sin embargo ve el poder imperial necesario para gobernar tan vasto imperio.
Su afán de investigación fue la causa de su muerte pues se encontraba en Miseno aquel mes de octubre del año 79 d.C. cuando se produjo la erupción del Vesubio que sepultó varias ciudades del Golfo de Nápoles. Queriendo observar el fenómeno más de cerca y con la idea de socorrer a varios amigos partió con su flota hasta Estabia. No pudo sobrevivir al ímpetu del volcán. Desgarrador el relato de su sobrino Plinio el joven que se encontraba con él, pero se quedó en Miseno,  y refirió las circunstancias de la muerte de su tío al historiador Tácito en una cartas (Epistulae VI, 20). Un cráter y un asteroide llevan su nombre, así como en vulcanología se denomina erupción pliniana a la que libera gases violentamente en una columna que puede alcanzar muchos metros de altura.


Erupción del Vesubio del año 79

Aunque es largo, aquí dejo el relato de Plinio el joven, porque me resulta conmovedor.
“Cayo Plinio a Tácito, salud
              Me pides que te describa la muerte de mi tío a fin de que más verazmente se transmita a la posteridad. Te lo agradezco porque estoy convencido de que, si tú conmemoraras su muerte, alcanzará gloria inmortal. Porque, aunque haya perecido en la destrucción de una de las tierras más bellas, con tantos pueblos y ciudades, y aunque aquel inolvidable acontecimiento le asegure una vida inmortal y aunque él mismo haya dejado obras permanentes, la eternidad de tus escritos le añadirá eternidad. Considero felices a los que, por gracia de los dioses, les es dado hacer cosas dignas de ser escritas o escribir cosas dignas de ser leídas, pero felicísimos considero a los que  cupo hacer ambas cosas. Mi tío se contará en el número de estos, tanto por sus libros como por los tuyos. Y así gustosamente me pongo a hacer lo que de mí solicitas.
Estaba en Miseno y mandaba personalmente la escuadra. El noveno día antes de las Kalendas de septiembre (24 de agosto hoy puesto en duda), casi a la hora séptima, mi madre le indicó la aparición de una nube de inusitadas grandeza y forma. Había tomado el sol y se había lavado con agua fresca y luego había comido un poco, y echado, estudiaba. Se calzó las sandalias y subió a un sitio desde donde se podía contemplar mejor aquel portento. Aparecía una nube y los que la miraban desde lejos no sabían desde que montaña salía, pero después se supo que se trataba del Vesubio. La nube tenía un aspecto y una forma que recordaba a un pino, más que a ningún otro árbol, porque se elevaba como si se tratara de un tronco muy largo y se diversificaba en ramas. Creo que ello se debía a que, al debilitarse la corriente que en un principio la impulsaba, la nube, sin esta fuerza impulsora o debido a su propio peso, se desvanecía a lo ancho y tan pronto era blanca como sucia y manchada, según llevara tierra o ceniza. Como hombre muy sabio, le pareció que aquel portento debía ser visto desde más cerca. Hizo preparar una nave libúrnica y me permitió ir con él, si quería, y le contesté que prefería quedarme trabajando, pues me había encargado que le escribiera ciertas cosas. Cuando salía de casa recibió un mensaje de Rectina, la mujer de Tasco, la cual le rogaba que le sacara de aquel trance, pues estaba atemorizada por el inminente peligro, ya que su villa estaba precisamente debajo de la montaña y sólo le era dado huir con navíos. Cambió de opinión y se afanó en llevar a término lo que había empezado con intención de estudio. Se embarca en cuatrirremes con la intención de prestar auxilio no sólo a Rectina sino a muchos, porque aquel litoral era tan agradable que era muy frecuentado. Directamente se dirige ahí donde los demás huían, mantiene el timón en dirección al peligro, y tan ajeno al miedo que tomaba nota de los movimientos de aquella calamidad y de cuanto se ofrecía ante sus ojos. Cuanto más se aproximaba, la ceniza caía en las naves cada vez más caliente y más densa, y también pedruscos y piedras ennegrecidas quemadas y rajadas por el fuego, al paso que el mar se abría como un vado y las playas se veían obstaculizadas por los cascotes. Estuvo a punto de volver atrás, pero dijo al piloto, que se lo aconsejaba: la fortuna favorece a los audaces. Dirígete a la casa de Pomponiano.
Pomponiano vivía en Estabia, y la mitad del Golfo lo separaba de nosotros, porque ahí el mar se interna a causa de una curva del litoral. Aunque por aquella parte el peligro no era tan inminente, por el momento, llevó sus enseres a las naves, dispuesto a escapar si amainaba el viento contrario. Este viento fue favorable a mi tío, que llegó, lo abrazó tembloroso y lo consoló y animó, con la intención de apartar su temor con serenidad. Ordenó que se le preparara el baño, y después se dirigió a la mesa, donde cenó alegremente o, lo que todavía es más digno de admiración, fingiendo estar alegre. Mientras tanto en el Vesubio relucían, en diversos lugares, anchísimas llamas y elevados incendios, cuyo fulgor y cuya claridad se destacaban en las tinieblas de la noche. Mi tío, para excusar el miedo, decía que se trataba de hogueras hechas por campesinos fugitivos o villas abandonadas que ardían. Entonces se fue a dormir y en verdad que durmió con un sueño profundo, pues sus ronquidos eran oídos por los que estaban de guardia en la puerta. Pero el patio por el que se llegaba a la habitación empezó a llenarse de tal modo de ceniza y de pedruscos que si hubiesen permanecido ahí, no hubieran podido salir. Se despertó y se reunió con Pomponiano y los demás que habían estado velando. Deliberaron si se quedarían bajo cubierto o si saldrían al raso, ya que el edificio vacilaba debido a frecuentes y largos temblores y parecía que sus cimientos se corrían de un lado para otro. No obstante, si salían a la intemperie, eran de temer las lluvias de pedruscos, aunque más soportables. Cotejados ambos peligros, se optó por la segunda solución: en mi tío ello constituyó el triunfo de la razón sobre la razón, en los demás, el miedo sobre el miedo. Se pusieron almohadas en la cabeza, sujetas con trapos, única protección contra lo que caía. En otras partes había amanecido ya; allí seguía una noche más negra y más densa que todas las noches, sólo rota por antorchas y luces variadas.
Pareció oportuno ir a la playa y ver qué posibilidades existían en el mar, que estaba desierto y adverso. Allí se echó sobre un lienzo y pidió agua fresca, y la bebió dos veces. A él le despertó y a los demás les hizo huir el olor del azufre, precursor de las llamas y éstas llegaron luego. Se levantó apoyándose en dos siervos, pero cayó en seguida debido, a lo que creo, a que el vaho caliginoso le tapó la respiración y le cerró el estómago, que tenía muy delicado y propenso al vómito. Cuando nuevamente se hizo de día -y era el tercero desde que había dejado de ver- su cuerpo fue hallado intacto y tal como iba vestido; pero más tenía el aspecto de dormir que de estar muerto.
Acabo, pues, añadiendo únicamente que te lo he contado tal como lo vi, o tal como oí relatar inmediatamente después de sucedido, es decir, cuando el recuerdo era reciente. Tú escoge lo que más te convenga, pues no es lo mismo escribir una carta que una historia, ni dirigirse a un amigo que a todos. Ten salud. ".
En cuanto a las otras artes es significativo el gran programa de construcciones que inició Vespasiano y que continuaron sus hijos Tito y Domiciano, que se convirtieron en el espejo donde se miraba la Dinastía Flavia, y que han legado grandes monumentos a la posteridad, siendo el más importante el Coliseo.