miércoles, 22 de abril de 2020

Política exterior de Vespasiano: La guerra judaica


Vespasiano. Siglo I d.C., Florencia, Galería degli Uffizi


Los Flavios se mantuvieron fieles a la política de Augusto de mantener la paz en el Imperio y reducir los gastos militares. Vespasiano nada más asumir el poder absoluto licenció cuatro legiones  para sustituirlas por sólo tres.
Para abaratar costos, comenzó a reclutar soldados en áreas próximas a los campamentos. Además para dar rentabilidad al ejército, cuando los soldados no estaban inmersos en alguna campaña bélica fueron empleados en la construcción de vías, puentes y otras obras públicas.
Los principales focos de conflicto a los que tuvieron que hacer frente los Flavios durante el Principado de Vespasiano fueron la guerra galo-germánica, el asunto de Britania y la guerra judaica.
Como consecuencia de la participación de las legiones germanas en las guerras civiles que tuvieron lugar tras la muerte de Nerón, Julio Civil, líder de los bátaros, se levantó en el año 69 contra Vitelio pero pronto se le unieron algunos pueblos galos y germanos, lo que dio un espíritu nacionalista al ejército rebelde. Julio Civil inició una campaña abierta contra ciudades romanizadas obteniendo algunos éxitos iniciales. Vespasiano tuvo que destinar 8 legiones para aplacar el levantamiento. Petilio Cerial acabó con él durante el año 70. Posteriormente se tuvieron que realizar varias campañas en el Rin, incluso años después con Domiciano.

Britania en época Flavia
Fuente: De my work - Based on Frere's Britannia and Jones' & Mattingly's Atlas of Roman Britain — sources are cited in the image legendThe topographical map is from a sub-region of File:Uk topo en.jpg, with the copyright notice {{Bild-GFDL-GMT|migration=relicense}} and original date of 7 July 2006, copy made in 2008, with the annotations removed by myself., CC BY-SA 3.0, 

Por otro lado, en Britania también se vio perjudicado el orden a raíz de las guerras civiles. Vespasiano solucionó el problema nombrando gobernador de la región a su general de confianza, Petilio Cerial que acabó temporalmente con la revuelta. No obstante, la estabilidad no se conseguiría hasta el año 77 cuando fue nombrado gobernador Julio Agrícola, que no sólo mantuvo a raya a las tribus rebeldes sino que amplió el dominio romano hacia el norte, hasta las tierras bajas de Escocia.
Sin embargo, el conflicto que consagró a los Flavio fue la  guerra judaica, la primera de las tres importantes rebeliones de los hebreos de Judea contra el poder Imperial. Desde hacía un tiempo, la provincia se había convertido en una región muy turbulenta. El odio a Roma se había incrementado por los robos producidos en sus templos y por la insensibilidad de los romanos hacia su religión.
Los primeros éxitos de la revuelta, incluido la resistencia al sitio de Jerusalén y la batalla de Bet- horón, provocaron que Nerón enviara al general Vespasiano a la zona para sofocarla, algo que consiguió en parte en el año 68. La guerra de Judea fue concluida por su hijo Tito, que recibió bajo su mando un ejército de unos 40.000 hombres.


Tito. Siglo I d.C. Nápoles, Museo Arqueológico

El asedio de Jerusalén fue más duro de lo que Tito habría esperado. Al no poder romper la defensa de la ciudad en un solo ataque, el ejército romano se vio forzado a sitiarla, por lo que cortó el suministro de alimentos y agua a una ciudad abarrotada pues habían llegado peregrinos en centenares para la celebración de la Pascua judía. La gente moría por millares a causa del hambre y las enfermedades, pero los judíos no estaban dispuestos a rendirse y arrojaban desde arriba de las murallas a los pacifistas.
Tito recurrió también a la guerra psicológica desplegando todo el poder de su ejército delante de las murallas, y asimismo, apeló al ex prisionero judío Flavio Josefo (protegido de los Flavios) para que mediara en el conflicto. Josefo no tuvo éxito por mucho que intentó hacer razonar a sus compatriotas con frases como “Dios que hace pasar el imperio de una nación a otra, está ahora con Italia” (Guerra de los judíos V, 367), “¿Creéis que Dios permanece aún entre los suyos convertidos en perversos?” (Guerra de los judíos V, 413) o “nuestro pueblo no ha recibido nunca el don de las armas, y para él hacer la guerra acarreará forzosamente ser vencido en ella” (Guerra de los judíos V, 399).
El conflicto finalizó con la conquista de Jerusalén en el año 70, cuando los romanos derribaron las murallas de la ciudad, que fue saqueada y el templo incendiado, según Flavio Josefo contra la voluntad de Tito, que “deseando guardar la ciudad y conservar el templo, compelió a los rebelados a pedir la paz y concordia” (Guerra de los judíos, prólogo)
Dos legiones fueron transferidas al río Éufrates. Los últimos focos se opusieron a Roma por algún año más, lo que llevó al asedio de Masada en el año 73 y al segundo sitio de Jerusalén. Como castigo e indemnización de guerra, los judíos se vieron obligados a pagar al Fisco el diezmo que destinaban anualmente al Templo. Así y todo, los hebreos del resto del Imperio fueron siempre vigilados de cerca por los romanos.


Tito pasea en su carro triunfal. Relieve del Arco de Tito. Siglo I d.C., Roma 2011

Tito volvió a Roma en el año 71 disponiendo que los líderes del levantamiento (Simón y Juan) junto a otros 700 prisioneros fueran enviados a Roma para desfilar encadenados a su carro triunfal. A pesar de que el Senado decretó un triunfo para Vespasiano y otro para Tito, el emperador decidió celebrar un único triunfo para los dos.
La guerra judaica quedó eternamente inmortalizada en uno de los monumentos más hermosos del Foro romano, el arco que Domiciano construyó en honor de su hermano Tito que aún hoy se alza imponente sobre la Vía Sacra.


Arco de Tito, Siglo I d.C., Roma 2013

Pocos años después Vespasiano cerró las puertas del templo de Jano (permanecían abiertas siempre que Roma estaba en guerra) y el mundo romano estuvo en paz durante el resto de su Principado.

domingo, 12 de abril de 2020

El Principado de Vespasiano


Vespasiano. Siglo I d.c. Nápolés. Museo Arqueológico
Fuente: Di Miguel Hermoso Cuesta - Opera propria, CC BY-SA 4.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=37409081

El nuevo emperador inició una novedosa línea en relación al ascenso al poder basada en la profesionalidad y la buena gestión. Compartió el poder con sus hijos Tito (que tenía 30 años cuando su padre obtuvo el cargo) y Domiciano (que contaba sólo 18). Por este motivo a veces es difícil diferenciar la política de uno y otros.
Vespasiano llevó a cabo desde el principio una serie de medidas para consolidar su poder. En el orden interno ofreció regalos a los ciudadanos y al ejército para evitar motines y reestructuró el orden senatorial y ecuestre reemplazando a sus enemigos por hombres afines a él. Así y todo, el Senado perdió capacidad política y se centró más en tareas administrativas. También realizó  una campaña propagandística sobre su predestinación al trono imperial  y una gran difusión de sus victorias militares través de las monedas.
Licenció a los pretorianos que habían servido a anteriores emperadores y los sustituyó por soldados de su ejército. Adoptó medidas para limitar  la relevancia que habían alcanzado los miembros de este cuerpo a nivel político destacando entre ellas el reclutar soldados en las provincias, disminuir el número de cohortes y situar a su hijo Tito como prefecto del pretorio.

Guardia pretoriana. Relieves del arco de Claudio. Siglo I d.C. París. Museo del Louvre

Otro cambio en la administración fue la sustitución en los altos cargos de los poderosos libertos imperiales por caballeros, muchas veces reclutados en las provincias. Los libertos comenzaron a ocupar puestos inferiores y de subordinados.
El Principado de Vespasiano se caracteriza sobre todo por la austeridad económica que la mayoría achaca a la tacañería del emperador. Sin embargo, algunos lo justifican diciendo que Vespasiano recuperó las maltratadas arcas del Estado, exhaustas tras los continuos despilfarros de Nerón. De hecho, Vespasiano comentó a los inicios de su Principado que necesitaba “cuarenta mil millones de sestercios para que el Estado pudiera sostenerse” (Suetonio. Vida del Divino Vespasiano, 16, 3).
Para conseguir ese dinero se vio obligado a incrementar el número de impuestos tanto en la capital como en las provincias. En relación a la agricultura, la actuación más significativa estuvo orientada a la recuperación para el Estado de tierras que estaban en manos de particulares sobre las que tenía el derecho de propiedad y, en segundo lugar, poner en explotación nuevas tierras, obtenidas por el control de nuevos dominios territoriales, como por ejemplo en el área renana que comenzaron ya a ser organizadas por Vespasiano.
Se perfeccionó también la gestión de los recursos mineros explotados directamente por el Estado. Se encarga la gestión de los mismos a libertos imperiales.
Vespasiano también suprimió la inmunidad concedida por Nerón a algunas ciudades griegas y recomendó a sus agentes fiscales exigir las obligaciones fiscales de la población.
Nuevo también fue el impuesto sobre los judíos tras la guerra judeo-romana: el diezmo que pagaban al Templo de Jerusalén pasó a ser un impuesto obligado para destinarlo al fisco.
Todas estas medidas y, sobre todo, una eficaz gestión fiscal propiciaron una mejora del Tesoro Público y de la economía en general.


Traslado del tesoro del Templo de Jerusalén. Relieve del Arco de Tito. Roma 2011

Así y todo, en la ciudad de Roma, Vespasiano trató de mantener el compromiso del poder con la plebe a través de las distribuciones gratuitas de alimentos, donativos extraordinarios de dinero y abundantes espectáculos públicos. Al mismo tiempo, tanto Vespasiano como sus hijos llevaron a cabo una gran tarea constructiva en Roma en la que además de reparar acueductos, templos y otros edificios públicos como el tabularium, pavimentaron las calles de Roma. También levantó el nuevo emperador unos grandes depósitos para el almacenamiento de víveres: los horrea Vespasiani. Construyó el Foro de la Paz y en el lugar donde se encontraba el lago de la Domus Aurea, junto al Coloso de Nerón inició la construcción del mayor anfiteatro del Imperio. Con esta política los Flavio dejaban clara su intención de dotar a Roma del mayor esplendor, algo que se pudieron permitir con los botines de guerra, sobre todo de la victoria sobre los judíos.


Foro de la Paz. Roma
Fuente: De Jordiferrer - Trabajo propio, CC BY-SA 4.0, 

A nivel provincial, Vespasiano, al contrario que sus predecesores, comenzó una política que incluía la atención continuada a las provincias para irlas equiparando progresiva y coherentemente a Italia.
Estuvo muy pendiente de todos los territorios del Imperio pero especialmente de Oriente y de Hispania.  Reorganizó Egipto para garantizar la llegada del trigo a Roma y adoptó otras medidas para pacificar Oriente, donde desde el año 66 se luchaba para acabar con la rebelión judía que comenzó Vespasiano y culminó Tito en el año 70, tras sitiar y conquistar Jerusalén. Implantó medidas económicas y fiscales que permitieron el crecimiento económico, pero que fueron impopulares y en algunos casos provocaron nuevamente sentimientos antiromanos en algunas ciudades como Pérgamo o Alejandría.
No obstante, la provincia más mimada por Vespasiano fue Hispania, donde concedió el Ius Latii para romper con los privilegios de los ciudadanos de Italia. Esta concesión permitía a muchas ciudades hispanas obtener la municipalidad, lo que conllevaba múltiples beneficios,  como permitir a las personas que accedían a una magistratura acceder a la ciudadanía romana, y no sólo él, sino todas las personas que estuvieran bajo su patria potestad.


Moneda con Vespasiano en el anverso y Tito y Domiciano en el reverso

Cada nuevo municipio se organizaba a semejanza de los de Italia y cada uno contaba con una ley que reglamentaba su funcionamiento.
El Ius Latii puso las bases para la integración en la ciudadanía romana de grandes masas de población hispana, lo que abrió las puertas a los futuros emperadores oriundos de esta provincia. También posibilitó que estas ciudades abandonaran su derecho local tradicional y se pusieran bajo las reglas del Derecho romano.

martes, 31 de marzo de 2020

Perfil de Vespasiano

“Se le consideraba emperador sólo por su supervisión de los asuntos públicos, mientras que en todos los demás aspectos era democrático y vivía en igualdad de condiciones que sus súbditos”.
Dión Casio. Historia Romana, Libro LXV, 11, 1)

Tito Flavio Vespasiano. Siglo I d.C. Museo Pushkin. San Petesburgo

Tito Flavio Vespasiano descendía de una familia del orden ecuestre que alcanzó el rango senatorial durante la dinastía Julio-Claudia. Nació el 17 de noviembre del año 9 d.C. y murió el 23 de junio del año 79.
Fue nombrado cónsul en el año 51 y empezó a ganar fama como comandante militar, destacando en la invasión de Britania al mando de la Legio II Augusta. En el año 66, Nerón lo envío a Judea a poner orden en la zona debido a una revuelta surgida de las tensiones entre griegos y judíos. Sus éxitos militares le hicieron granjearse el favor de las tropas que lo proclamaron emperador el 1 de julio del año 69, cuando contaba con 60 años de edad; fue corroborado por el Senado en diciembre de ese mismo año tras vencer a Vitelio.


Retrato de Vespasiano. Siglo I d.C. Roma, Museos Capitolinos

Contrajo matrimonio con Flavia Domitila, de origen africano y que consiguió la ciudadanía romana después de nacer. Con ella engendró a sus tres hijos: Tito, Domiciano y Domitila. Perdió a su mujer y a su hija antes de proclamarse emperador, pero no volvió a casarse; en cambio reanudó sus relaciones con una antigua amante, Cenis, liberta de Antonia (madre del emperador Claudio), a la que se consideró como esposa legítima, aun cuando no se casó nunca con ella. Cenis acumuló una gran riqueza e influencias, tanto que algunos pensaban que el emperador la usaba para enriquecerse más.
De carácter sencillo, nunca ocultó la mediocridad de sus orígenes. Según los historiadores clásicos era de buen carácter y campechano, muy dado a acabar sus conversaciones con algún dicho gracioso, pues era muy ocurrente. Le gustaban las bromas incluso si iban dirigidas a su persona. También comentan que no era rencoroso ni propenso a vengar las ofensas y enemistades. Además cuentan que era una persona muy prudente.
El gran defecto que todos destacan de él es su avaricia y tacañería. Instauró nuevos impuestos, incluso uno que llamó mucho la atención sobre la orina. “Al reprocharle su hijo Tito que hubiera ideado incluso un impuesto sobre la orina, le puso ante las narices la suma que había obtenido del primer pago de este impuesto, preguntándole si le desagradaba el olor; y al responder aquél que no, replicó “pues ha salido de la orina” (Suetonio. Vida del divino Vespasiano, 23, 3). Hay que decir al respecto  que los bataneros y los curtidores empleaban la orina en su oficio, por lo que era muy requerida. Además, continúa Suetonio que “esta insaciable avaricia era innata en él, tal como se lo echó en cara un viejo boyero que, al serle negada la libertad gratuita que le pedía entre súplicas una vez llegado Vespasiano al poder, exclamó que una zorra podía cambiar de pelo, pero no de costumbres” (Vida del divino Vespasiano, 16, 3). Otra anécdota que cuenta al respecto Dion Casio es que “cuando algunas personas votaron para erigirle una estatua que costaba un millón, extendió la mano y dijo: Dame el dinero, éste es su pedestal” (Historia Romana, Libro LXV, 14, 5). Continúa Dión Casio diciendo que “aunque Vespasiano no mató a nadie por dinero,  sí salvó la vida de muchos que lo dieron” (Historia Romana, Libro LXV, 14, 4).


Vespasiano. Siglo I d.C. Roma. Museo de las Termas
Fuente: Di Carole Raddato from FRANKFURT, Germany - Vespasian, from Minturnae (Minturno, Italy), 69-79 AD, Palazzo Massimo alle Terme, Rome, CC BY-SA 2.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=37882033

No obstante, también fue generoso con quien debió serlo “extraordinariamente liberal con todo tipo de personas, completó el censo a los senadores, concedió a los consulares carentes de recursos un subsidio de 500.000 sestercios anuales, reconstruyó, dotándolas de mejores condiciones, un gran número de ciudades de todo el Imperio que habían sufrido los efectos de terremotos o de incendios, y fomentó ante todo los talentos y las artes” (Suetonio. Vida del divino Vespasiano, 17).
Según Dión Casio vivió muy poco en el Palacio Imperial y pasó su mayor tiempo en los Jardínes de Salustio donde seguía reuniéndose con sus amigos y con cualquiera que quisiera verlo, y otras veces acudía él a visitar a sus amigos íntimos. Igualmente acudía con asiduidad al Senado y mantenía buenas relaciones con sus miembros. Si no podía acudir, enviaba a alguno de sus hijos para que leyeran sus comunicaciones. Igualmente se encargaba personalmente de impartir justicia en el Foro.
En cuanto a su físico según Suetonio era de talla proporcionada, robusto y su gesto parecía que siempre estuviera haciendo un gran esfuerzo, como se aprecia en sus retratos, que a diferencia de los emperadores de la dinastía Julio- Claudia representan a un hombre no a un dios. Gozó de gran salud toda su vida. 

miércoles, 18 de marzo de 2020

Vespasiano emperador

Vespasiano en una moneda
Fuente: De Classical Numismatic Group, Inc. http://www.cngcoins.com, CC BY-SA 3.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=2264120


         La llegada de Vespasiano al trono imperial supuso el fin del año de inestabilidad que tuvo lugar tras el suicidio de Nerón.
En general las fuentes antiguas reflejan una buena opinión del nuevo emperador que puso orden en el Imperio romano tras el convulso año 69. Tácito, Suetonio, Plinio el joven y Flavio Josefo fueron contemporáneos de la dinastía Flavia, por lo que es difícil encontrar reseñas negativas, sobre todo dedicadas a Vespasiano y Tito. De todos modos, la historiografía en general coincide en que los Flavios se caracterizaron por la coherencia y el buen gobierno.
No obstante, hay un cambio sustancial con la era anterior, pues ya no existe la ambigüedad de revestir de formar republicanas el poder. Vespasiano se presenta como un verdadero gobernante con el poder supremo. Un hecho significativo es que él se considera emperador desde que fue proclamado como tal por las legiones de Oriente (en julio del año 69) y no en diciembre de ese mismo año cuando el Senado corroboró ese nombramiento.
En ese sentido la Lex de Imperio Vespasiani concedía al emperador todos los poderes, incluso el derecho a ampliar el pomerium, el de convocar al Senado y el de la consideración del emperador como persona no sujeta a las leyes. Aunque algunas de estas prerrogativas ya existieran con anterioridad, nunca se habían plasmado por escrito con tanta contundencia.


Tito. Siglo I d.C., 
Fuente: De Desconocido - Urban (Dec. 2004), from fr.wikipedia, CC BY-SA 3.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=1665552

Desde un primer momento Vespasiano asoció al poder a su hijo Tito quien fue cónsul junto a su padre así como censor. Tanto él como su hermano Domiciano fueron nombrados Príncipes de la Juventud y ejercieron magistraturas durante el Principado de su padre. De hecho, fue Tito quien completó la tarea de someter a los judíos. Entre los años 73-74, Vespasiano y Tito compartieron la censura por la cual pudieron elegir un nuevo Senado libre de contrarios a su régimen. Vespasiano nombró su propio consejo de asesores por lo que el Senado poco a poco fue siendo delegado a tareas administrativas, perdiendo su capacidad política. El nuevo Senado Flavio incluía a muchos hombres de las provincias,  cualificados para el desempeño de su cargo. Los senadores procedentes de la Bética fueron consiguiendo gran peso, lo que allanaría años después el camino del trono imperial a Trajano y Adriano.
Los más destacable del Principado de Vespasiano es su reforma financiera, su exitosa campaña en Judea culminada por Tito y sus ambiciosos proyectos del construcción como el Foro de la Paz o el monumento más grandioso de la civilización romana: el Anfiteatro Flavio o Coliseo.

jueves, 5 de marzo de 2020

El año de los cuatro emperadores


Galba
Fuente: De Ursus - Trabajo propio, CC BY-SA 3.0, 

Tras la muerte de Nerón, en el año 68 d.C., Galba se convirtió en el dueño y señor del mundo romano, aunque su ascenso al poder fue tan breve como convulso. De edad avanzada, Galba fue víctima de la sucesión de medidas impopulares que adoptó: no pagó a la guardia pretoriana lo prometido, marginó a Ninfidio Sabino (cuyo apoyo como Prefecto del Pretorio había sido fundamental para ganarse la confianza de la guardia), impuso graves sanciones a ciudades que no lo habían apoyado, ejecutó a muchos senadores y equites sin pruebas, además de nombrar a cargos de gran responsabilidad atendiendo sólo a criterios de amistad personal. En pocos meses fue odiado por todos los sectores: Senado, pueblo y pretorianos. Así, fue asesinado en enero del año 69 en el Foro Romano por la guardia pretoriana.

Otón. Siglo I a.C.
Fuente: De http://ancientrome.ru/art/artworken/img.htm?id=383, Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=1244490

El otrora marido de Popea y amigo de Nerón, Marco Salvio Otón fue nombrado emperador por el Senado, mientras Vitelio marchaba hacia Roma con las legiones de Germania. Otón fue derrotado y se suicidó tres meses después de su proclamación.

Vitelio. Siglo I a.C. París. Museo del Louvre
Fuente: De Desconocido - Jastrow (2008), CC BY 2.5, 

Vitelio fue automáticamente reconocido como emperador por el Senado, pero inmediatamente demostró ser un gran despilfarrador a la vez que ordenó asesinatos indiscriminados para afianzar su poder.
Mientras, las legiones de Judea y Siria aclamaban a Vespasiano como nuevo emperador, y éste marchó hacia Roma. Cuando estaba a sus puertas, Vitelio fue asesinado por hombres suyos. El 21 de diciembre del año 69, Tito Flavio Vespasiano accedió al trono imperial, instaurando una nueva dinastía, la Flavia, sin ningún vínculo de sangre con los Julio- Césares. Los Flavio ostentaría el poder absoluto durante 27 años, y a ellos debemos la obra arquitectónica más impresionante de la Antigüedad: el Coliseo.

Tito Flavio Vespasiano. Siglo I d.C. Museo Pushkin. San Petesburgo

lunes, 24 de febrero de 2020

Tras la tumba de Rómulo



La pasada semana tuvo lugar un descubrimiento excepcional en el Foro Romano ligado a los orígenes de la ciudad, y más en concreto a Rómulo, el mítico fundador de Roma. Bajo la escalera de acceso a la Curia Julia ha aparecido un sarcófago de 1,40 metros realizado en toba, que se ha asociado con Rómulo. Según los arqueólogos del Parco Colosseo no se trataría de su tumba (pues no se ha encontrado ningún resto humano) pero sí afirman que estaríamos ante un cenotafio dedicado a la memoria del héroe, levantado en el siglo VI (en fechas próxima a su muerte) junto al Lapis Niger para honrar su memoria. El Lapis Niger está asociado funestamente a Rómulo pues algunos creen que marcaba el lugar de la tumba o el lugar donde fue asesinado, aunque otras fuentes sitúan este suceso en el Campo de Marte.
Los antiguos romanos afirmaban que Rómulo había sido asesinado por un grupo de senadores y que su cuerpo había sido despedazado. No obstante, la leyenda recogida por algunos historiadores clásicos afirmaba que Romulo había ascendido a los cielos convirtiéndose en el dios Quirino. Ambas versiones refuerzan la idea de que el sarcófago esté vacío.



Algo que también refuerza las teorías de los arqueólogos es que Varrón escribió en el siglo I a.C. que Rómulo había sido sepultado detrás de la Rostra en la misma posición que se ha encontrado el espacio funerario.
Los investigadores iban tras la pista dejada hace 120 años por el arqueólogo Giacomo Boni que había señalado que en “El Foro Romano a pocos metros del Santuario del Lapis Niger y del Comicio, está la tumba de un héroe”. No sabemos por qué no le dio la debida importancia y la idea se perdió en la memoria del tiempo, ayudada por la construcción de la escalinata de la Curia Julia en 1990 que tapó por completo la zona.
No obstante, hay que ser muy prudentes y esperar a los resultados finales de la investigación que se reanudará en el mes de abril y se pretende que sea visitable dentro de dos años
Independientemente a la leyenda a mí me gusta creer que el primer rey de Roma existió y estos descubrimientos arqueológicos nos acercan a esa teoría. Esperemos que en unos meses podamos tener algo más claro.


La loba Capitolina. Siglo V a.C.  Museos Capitolinos, Roma 2018. Foto propiedd de Francisco Javier Díaz Benito

“Su elevación a la inmortalidad se produjo cuando Rómulo pasaba revista a su ejército en el "Caprae Palus" en el Campo de Marte. Una violenta tormenta se levantó de pronto y envolvió al rey en una nube tan densa que le hizo casi invisible a la Asamblea. Desde ese momento ya no se volvió a ver a Rómulo sobre la Tierra. Cuando los temores de los jóvenes romanos se vieron aliviados por el regreso de un sol brillante y de la calma tras un tiempo tan temible, vieron que el asiento real estaba vacío. Creyendo plenamente la afirmación de los senadores, que habían estado situados cerca de él, de que había sido arrebatado al cielo en un torbellino, todavía quedaron, por el miedo y el dolor, algún tiempo sin habla como hombres repentinamente desconsolados. Por fin, después que algunos tomasen la iniciativa, todos los presentes aclamaron a Rómulo como "un dios, el hijo de un dios, el rey y Padre de la Ciudad de Roma". Suplicaron por su gracia y favor, y rezaron para que fuera propicio a sus hijos y les guardase y protegiese. Creo, sin embargo, que aun entonces hubo algunos que secretamente dieron a entender que había sido descuartizado por los senadores (una tradición en este sentido, aunque ciertamente muy tenue, ha llegado a nosotros).
              La otra, que yo sigo, ha prevalecido debido, sin duda, a la admiración sentida por los hombres y la aprensión causada por su desaparición. Esta creencia generalmente aceptada fue reforzada por la disposición inteligente de un hombre. La tradición cuenta que Próculo Julio, un hombre cuya autoridad tenía peso en los asuntos de la mayor importante, viendo cuán profundamente sentía la plebe la pérdida del rey y lo indignados que estaban contra los senadores, se adelantó en la asamblea y dijo: "¡Quirites! al rayar el alba, hoy, el Padre de esta Ciudad de repente bajó del cielo y se me apareció. Mientras que, emocionado de asombro, quedé absorto ante él en la más profunda reverencia, rogando ser perdonado por mirarle, me dijo: "Ve y di a los romanos que es la voluntad del cielo que mi Roma debe ser la cabeza de todo el mundo". Que en adelante cultiven las artes de la guerra, y hazles saber con seguridad, y que transmitan este conocimiento a la posteridad, que ningún humano podrá resistir las armas romanas".
Es prodigioso el crédito que se dio a la historia de este hombre, y cómo el dolor del pueblo y del ejército se calmó con el convencimiento que él creó sobre la inmortalidad de Rómulo”. (Tito Livio, Ad Urbe Condita, Libro 1).

domingo, 23 de febrero de 2020

Nerón en la ficción



Nerón ha aparecido en numerosas ocasiones en literatura, cine o televisión ya sea como personaje principal o secundario.
Desde la antigüedad, la imagen de Nerón que se ha difundido es casi siempre negativa, no habiendo llegado hasta nosotros ningún relato de su vida de contemporáneos suyos. Tácito en sus Anales, Suetonio en Vidas de los Doce Césares y Dión Casio en su Historia Romana (que escribieron entre finales del siglo I d.C. y el siglo II) siguen esta línea, aunque se contradicen entre ellos en las versiones de diferentes episodios decisivos. No obstante, Flavio Josefo (siglo I d.C.) y el propio Tácito dudan en ocasiones de la veracidad de los escritos contra Nerón.
Pero fue la tradición cristiana posterior la que difundió la peor leyenda de Nerón siendo reconocido incluso como el Anticristo. Tertuliano (siglo II) consideró a Nerón el primer perseguidor de cristianos. Otros autores como Commodiano difundieron esta teoría en la Edad Media.


En 1613, La tienda de oro de Joost van den Vondel hace comparaciones de personajes colocando a Nerón por encima de Eneas por el asesinato de su madre. En 1693 Jean François Nodot adaptó de forma literaria El Satiricón de Petronio, resaltándose la vida desenfrenada del emperador. Ya en los inicios del siglo XVIII, François de Salignag publica Dialogues des morts en el que Nerón y Calígula conversan intentando dilucidar quien fue más cruel de los dos. A mediados del mismo siglo, Alonso Verdugo Castillo escribe “Al incendio de Roma” donde vuelve a reflejar un emperador sanguinario y caprichoso.


En el siglo XIX tampoco decae el interés por Nerón, cuya vida se desgrana en una serie de obras como Acté de 1841 de Alejandro Dumas o L’Antichrist de 1873 de Ernest Renan. No obstante, la más famosa obra en la que aparece Nerón y que inmortalizó  el retrato que en general tenemos de él en la actualidad es Quo Vadis? de Joseph L. Sienkiewickz de 1894 donde un Nerón histriónico somete a tortura a los primeros cristianos tras culparlos de haber provocado el incendio de Roma. La obra se hace eco de la peor leyenda transmitida desde los clásicos sobre el emperador.
En el siglo XX las novelas más destacables sobre Nerón serán las de Lion Feuchtwanger, Der falsche Nero de 1936 y la de John Richard Hersey de 1972 sobre la conjura de Pisón, The Conspiracy. Otras obras interesantes son Proceso a Nerón y Memorias de Agripina de Pierre Grimao o el Yo, Nerón de Juan Eslava Galán. Esta última está dentro de la corriente histórica dedicada a recuperar la maltratada figura del hijo de Agripina. Estudios de este tipo abundan en la actualidad.

Peter Ustinov como Nerón

En cuanto al cine son múltiples las versiones de Quo Vadis? basada en el best seller de Joseph L. Sienkiewickz, siendo la más lograda la de 1951 dirigida por Mervin Le Roy y que encumbró a Peter Ustinov como la imagen más reconocida de Nerón. Dentro de la temática de persecución de los primeros cristianos se encuadran también El Signo de la Cruz (1932) en el que Nerón es encarnado por Charles Laughton, El Cáliz de plata (1954) interpretado por Jacques Aubuchon o Barrabás (1961), en la que Ivan Triesault da vida al mediático emperador.
Por su parte en televisión, Nerón (Christopher Biggins) aparece al final de la serie Yo, Claudio de 1976  o en la miniserie Imperio (Hans Matheson) de 2004. También aparece como villano en Las pruebas de Apolo de Percy Jackson o en la famosa saga de videojuegos Fate, en la que se exhibe como un personaje femenino que oculta su verdadera identidad de emperador.